Le Corbusier

Obras y proyectos de Le Corbusier

Los textos e imágenes que completan esta página corresponden a obras y proyectos realizados por Le Corbusier. Los artículos basan su interés en analizar la técnica compositiva, la cualidad poética y la virtud plástica de su obra, en la línea de investigación editorial el sitio, que propone indagar la arquitectura como el campo de expresión de un tiempo y una idea.

Permanencias y retornos de Le Corbusier

Le Corbusier

Purismo y espíritu nouveau

«El traslado de Jeanneret a París en 1917 fue ante todo una huida de las intrigas de su ciudad natal. Pero empezar en la Francia de la guerra no era fácil para un extranjero. Jeanneret alquiló lo que él llamaba un «cuarto de servicio» no lejos de Saint Germain-des-Prés, en el número 20 de la rue Jacob, abrió un estudio en el número 13 de la rue de Belzunce y empezó a trabajar como arquitecto asesor para una serie de empresas dirigidas por su amigo Max Dubois. Una de ellas era una pequeña empresa de construcción dedicada a proyectos de defensa nacional (S.A.B.A., Société d’application du beton armé), para la que Jeanneret diseñó una torre de agua de hormigón armado cerca de Burdeos -su primer proyecto construido en Francia-, así como un matadero supertecnológico: un ejercicio de vernáculo industrial, con énfasis en las rutas de acceso y un sistema de transporte visualmente dramatizado y dispuesto axialmente.

Además, se unió a Dubois como socio de la S.E.I.E. (Société d’études indus trielles et techniques) que dirigía una pequeña fábrica de ladrillos en Alfortville, cerca de París. Aunque modesta en alcance y éxito (una vez al año, la briquetería se inundaba por el Sena, como recordaba Le Corbusier, y a veces los ladrillos se convertían en polvo y escombros durante el transporte a la obra), esta corta carrera empresarial introdujo sin embargo al joven arquitecto «inmigrante» en los problemas de la producción y la gestión industriales, e incluso en el «taylorismo, la horrible e inevitable vida del futuro, como él mismo decía». Aunque todo esto tuvo una importancia evidente para su posterior perspectiva como arquitecto y urbanista, no le proporcionó ingresos suficientes. Al final, fue la pintura lo que le mantuvo a flote, tanto en lo moral como en lo económico.

En mayo de 1918, Auguste Perret había presentado a Jeanneret al pintor Amédée Ozenfant en una cena del grupo Art et Liberté. En 1918, Ozenfant, propietario de una pequeña tienda de modas que abastecía a la haut monde parisina, ya había adquirido una sólida reputación en París como pintor y crítico. A su vez, Jeanneret no veía la hora de hacer realidad su vieja ambición, hasta entonces frustrada, de ser pintor. Así, cuando Ozenfant le animó a pintar con más regularidad, empezó de inmediato. El amplio abanico de intereses de Ozenfant y su estilo y estilo de vida sofisticados -estudiaba la elegante revista automovilística Omnia no menos intensamente que la obra de Platón y Bergson- debieron de ejercer una extraordinaria fascinación sobre Jeanneret, que compartía su creencia olímpica en la mecánica y el humanismo. En junio de 1918, sumido en dificultades económicas, escribe a Ozenfant: «En mi confusión intento evocar su voluntad tranquila, sensible y clara. Me siento en el umbral de los descubrimientos, mientras que usted se ocupa de su realización».4

El encuentro con Ozenfant dio una nueva orientación a los objetivos y perspectivas de Jeanneret. En septiembre de 1918, los dos amigos se unieron para revisar la introducción del catálogo de su primera exposición conjunta, que se celebraría en la Galerie Thomas en otoño de ese mismo año. Probablemente, Ozenfant terminó la mayor parte del texto antes de asociarse con Jeanneret, ya que éste se preocupó de que su nombre figurase en segundo lugar a pesar de su prioridad alfabética.

Resultó ser un gran manifiesto, comparable en ambición al Du Cubisme de Gleizes y Metzinger de 1912. El título, Aprés le cubisme (Después del cubismo, o mejor, Más allá del cubismo) es deliberadamente ambiguo, lo que indica, por un lado, la ambición de los autores de establecer una tradición dentro de la vanguardia y, por otro, una actitud crítica hacia ese movimiento puntero del arte moderno francés. La crítica a la teoría cubista iba mucho más allá de los argumentos esgrimidos por grupos de vanguardia anteriores, como el Groupe de Puteaux o la Section d’Or.» von Moos, Stanislaus y Jan de Heer, “Le Corbusier: elements of synthesis” ISBN: 9789064506420 y 9064506426 Rotterdam: Editorial:010, 2009

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