Las villas Marcel, Casa Fuerte y Mongermon como laboratorio de la sección vertical
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2021, n.º 5
Resumen
La serie de proyectos Marcel, Casa Fuerte y Mongermon, desarrollada por Le Corbusier y Pierre Jeanneret en Auteuil entre 1923 y 1925, permite estudiar la vivienda urbana sobre parcelas de frente extremadamente reducido. El análisis muestra cómo la geometría irregular y la estrechez del lote desplazaron la investigación proyectual desde la organización horizontal hacia la sección vertical. Las sucesivas variantes ensayaron distintas formas de circulación, desde la escalera de caracol hasta la rampa, mientras incorporaban entrepisos, dobles alturas, plantas libres, subsuelos y terrazas. La condición de proyecto-muestra vinculó estas propuestas con una operación simultáneamente arquitectónica, comercial y urbana, orientada a sostener la continuidad del conjunto La Roche-Jeanneret. Aunque ninguna llegó a construirse, su documentación conserva una secuencia precisa de experimentación sobre la promenade architecturale, la organización vertical del programa y la relación entre circulación y espacio. La serie constituye así un documento relevante para comprender la formación de principios que Le Corbusier sistematizaría posteriormente.
Palabras clave: Le Corbusier, vivienda en parcela angosta, promenade architecturale, arquitectura moderna, Auteuil.
Auteuil y la configuración urbana de las parcelas angostas
A comienzos de la década de 1920, el barrio de Auteuil, en el distrito XVI de París, conservaba parcelas sin edificar dentro de un tejido urbano consolidado por el trazado haussmanniano y por las posteriores subdivisiones burguesas de fines del siglo XIX. El Square du Docteur Blanche, una vía en cul-de-sac de trazado irregular, ofrecía a Le Corbusier y Pierre Jeanneret la posibilidad de intervenir sobre varias parcelas contiguas. Esta condición, poco frecuente en la vivienda unifamiliar parisina del período, permitió al estudio plantear un conjunto de viviendas alineadas como una operación arquitectónica unitaria, en lugar de resolver cada lote de manera independiente. La producción doméstica parisina de Le Corbusier durante estos años se relaciona así con las condiciones específicas de la trama decimonónica heredada, cuya estructura parcelaria condicionó tanto la implantación como las posibilidades de continuidad formal entre las distintas obras (Bergdoll 2013).
El encargo inicial, documentado por Tim Benton en su estudio sobre las villas parisinas del período 1920-1930, reunía a dos comitentes: Raoul La Roche, coleccionista de arte y banquero suizo radicado en París, y el matrimonio formado por Albert Jeanneret, hermano del arquitecto, y la violinista Lotti Raaf. Le Corbusier proyectó ambas viviendas como un cuerpo edilicio continuo, con fachadas alineadas y una cornisa común, de manera que la composición pudiera leerse como una unidad volumétrica pese a la autonomía de los programas domésticos (Benton 1987). La operación establecía, por tanto, una relación precisa entre parcela, fachada y volumen construido, anticipando el modo en que el estudio intentaría extender esta continuidad hacia los terrenos vecinos.
La negativa inicial de la Banque Immobilière de Paris a vender una fracción de terreno situada a la izquierda de los lotes destinados a Raaf y La Roche obligó a modificar el proyecto. Le Corbusier redujo entonces la longitud de la fachada común a treinta metros y renunció a uno de los clientes previstos, según consta en la carta dirigida a la entidad bancaria el 21 de septiembre de 1923 (Forster 1979). El episodio permite observar hasta qué punto la configuración física del conjunto dependía de las condiciones de propiedad del suelo. En Auteuil, la disponibilidad de parcelas no respondía a una retícula regular, sino a operaciones particulares de compraventa y subdivisión en las que intervenían propietarios, entidades inmobiliarias y arquitectos. La parcela que posteriormente daría lugar a los proyectos Marcel, Casa Fuerte y Mongermon surgió de esta negociación y de las modificaciones introducidas a partir de ella.
El 25 de octubre de 1923, Le Corbusier solicitó a Plousey una opción de compra por un mes sobre el terreno de Lemasson, situado a 5,45 metros de la vivienda de Lotti Raaf. La operación fue finalmente concretada por un tercero, Mr. Marcel, quien adquirió el terreno en 1924, aparentemente con el propósito de contribuir a la realización del proyecto de viviendas alineadas que Le Corbusier había previsto para el conjunto (Benton 1987, 77). La intervención de Marcel resulta relevante porque introduce una relación particular entre propiedad del suelo y proyecto arquitectónico: la adquisición de la parcela no respondía únicamente a una necesidad habitacional, sino que contribuía a mantener abierta la posibilidad de una operación compositiva de mayor extensión. En este sentido, la historia del conjunto muestra cómo la arquitectura de las parcelas angostas dependió tanto de decisiones proyectuales como de una compleja negociación sobre la continuidad del suelo disponible.

La geometría del lote como condicionante proyectual
El terreno adquirido por Marcel tenía apenas 5,45 metros de ancho y una geometría de paralelogramo, con ambos laterales inclinados respecto de la perpendicular de la calle. Esta configuración condicionó las decisiones formales y espaciales que Le Corbusier desarrolló en las tres variantes sucesivas. Un frente de poco más de cinco metros restringía la posibilidad de organizar la planta mediante la yuxtaposición horizontal de ambientes y desplazaba la resolución del programa hacia la sección. La vivienda debía crecer principalmente en altura, mediante una estratificación vertical en la que cada nivel asumía una función determinada y la circulación adquiría un papel central en la articulación espacial.
La condición del lote se inscribe en un problema que la arquitectura doméstica europea había abordado con creciente sistematicidad desde fines del siglo XIX: la resolución de la vivienda urbana sobre parcelas angostas, vinculadas a la tradición del hôtel particulier parisino y, al mismo tiempo, sometidas a procesos de subdivisión del suelo. En la vivienda entre medianeras del siglo XIX, una respuesta habitual consistía en disponer la escalera lateralmente para liberar el área principal de cada planta y reproducir una organización relativamente estable entre niveles. Le Corbusier modifica esta relación entre circulación y espacio doméstico. En las tres variantes para la parcela Marcel, la circulación vertical adquiere una presencia estructurante: primero mediante una escalera de caracol y posteriormente mediante una rampa, ambos recursos destinados a establecer una continuidad espacial entre los distintos niveles.
William Curtis señala que, entre 1920 y 1925, el estudio de la rue d’Astorg consolidó un repertorio reconocible de volúmenes prismáticos blancos, fenestración horizontal y terraza-jardín, elementos que reaparecen con diferentes configuraciones según las condiciones de cada encargo. Sin embargo, la investigación proyectual del período también se concentró en la organización interna de las viviendas y, particularmente, en la relación entre planta y sección frente a condiciones de sitio diversas (Curtis 1987). Los proyectos para la parcela Marcel permiten observar este problema con especial claridad. La estrechez del terreno reduce el margen disponible para la expansión horizontal y desplaza la resolución arquitectónica hacia la sección vertical, donde las alturas, los niveles y los dispositivos de circulación determinan la continuidad espacial de la vivienda. La geometría del lote se convierte así en un parámetro activo de la composición, capaz de incidir simultáneamente sobre la distribución, la estructura espacial y la experiencia del recorrido.
Villa Marcel: organización vertical y estratificación programática
El proyecto desarrollado para la parcela Marcel organiza el programa doméstico en cuatro niveles sobre un subsuelo, articulados mediante una escalera de caracol ligeramente desplazada hacia la derecha respecto del eje central de la planta. Esta posición permite liberar una franja continua junto a la medianera opuesta y reservarla para los ambientes principales, evitando que la circulación vertical interrumpa su desarrollo longitudinal. En una parcela de dimensiones mínimas, la ubicación de la escalera adquiere así una incidencia directa sobre la organización espacial: un elemento asociado a la circulación y al servicio pasa a determinar la continuidad del espacio habitable.

El nivel de acceso se plantea como una planta libre, entendida aquí como una superficie con escasas subdivisiones permanentes. La disposición responde principalmente a una decisión funcional y todavía no a la independencia estructural que el sistema de pilotis y la losa plana permitiría formular con mayor precisión algunos años después. Ingreso, vestíbulo y eventualmente garaje comparten el nivel sin una compartimentación capaz de fragmentar su lectura espacial. El primer piso alberga un atelier, programa frecuente entre los comitentes relacionados con el círculo purista de Le Corbusier, entre ellos pintores, coleccionistas y profesionales vinculados a las artes. El arquitecto tendía a resolver estos espacios mediante alturas generosas y superficies acristaladas de gran dimensión, capaces de establecer una relación directa entre iluminación y trabajo.
El segundo nivel incorpora un entrepiso que ocupa aproximadamente la mitad posterior de la planta. Esta operación mantiene hacia el frente un espacio de doble altura destinado a las áreas sociales, mientras concentra en la parte posterior los ambientes que requieren una mayor subdivisión. La disposición tiene antecedentes en otras viviendas del período, entre ellas la Villa La Roche, donde la doble altura de la galería articula el recorrido y proporciona un ámbito adecuado para la exhibición de obras de arte. En la Villa Marcel, el vacío central cumple una función espacial comparable: introduce una proporción vertical generosa en una planta condicionada por su escasa anchura y establece una diferencia jerárquica entre los espacios sociales, asociados a la mayor altura y luminosidad, y aquellos vinculados a la circulación y los servicios.
El último nivel reúne dormitorios y servicios y se relaciona directamente con una terraza situada sobre el espacio social de doble altura. La terraza-jardín aparece aquí como una cubierta practicable asociada a la organización volumétrica de la vivienda. Su formulación precede a la definición sistemática que Le Corbusier realizaría posteriormente de los cinco puntos, por lo que conviene entenderla dentro de una investigación progresiva sobre la relación entre cubierta, volumen construido y espacio exterior. La sección resultante organiza una secuencia precisa: acceso, atelier, espacio social de doble altura, dormitorios y terraza. Sobre una superficie reducida, la vivienda concentra diferentes condiciones espaciales mediante variaciones de altura, entrepisos y relaciones visuales entre niveles. La sección se convierte, en consecuencia, en el principal instrumento de articulación del programa.
La relación con el conjunto La Roche-Jeanneret introduce otra condición de proyecto. Parte de los servicios se incorpora al subsuelo para permitir que la altura total de la Villa Marcel se aproxime a la del volumen contiguo. El plano FLC 30990 documenta esta voluntad de continuidad: la cornisa y los paramentos de la terraza mantienen su alineación entre ambos cuerpos, de modo que la nueva vivienda se integra en la composición existente sin establecer una autonomía volumétrica marcada. La continuidad de cornisas, antepechos y líneas de terraza permite coordinar parcelas y programas diferentes mediante una misma lectura del frente urbano. En este caso, la unidad compositiva no depende de la identidad funcional de las viviendas, sino de la correspondencia entre sus planos y alturas principales.

El proyecto-muestra entre investigación arquitectónica y mercado
Tim Benton propone una interpretación relevante para establecer el estatuto de la Villa Marcel: resulta poco probable que el proyecto estuviera destinado al uso personal de Marcel, y los planos conservados parecen haber servido para mostrar a un comprador potencial las posibilidades de una vivienda sobre una parcela particularmente estrecha (Benton 1987, 77). Bajo esta perspectiva, el proyecto adquiere un carácter demostrativo. La documentación gráfica no responde exclusivamente a un programa doméstico definido, sino que presenta una solución arquitectónica capaz de acreditar la viabilidad de una vivienda en condiciones geométricas restrictivas.
Esta condición permite comprender la continuidad entre las variantes Marcel, Casa Fuerte y Mongermon. El esquema espacial podía modificarse según el eventual comitente sin perder su problema central: resolver una vivienda sobre un lote angosto e irregular y, al mismo tiempo, mantener su relación compositiva con el conjunto La Roche-Jeanneret. Cada versión funciona entonces como una reformulación del mismo problema arquitectónico bajo distintas condiciones de uso y representación. El hecho de que la parcela finalmente no llegara a edificarse refuerza esta lectura. La operación permaneció abierta durante aproximadamente un año y medio, mientras el proyecto se adaptaba a posibles compradores y conservaba su relación con la composición urbana mayor.
Esta dimensión comercial del dibujo arquitectónico formaba parte de la práctica profesional de Le Corbusier durante los años veinte. El proyecto podía funcionar simultáneamente como definición espacial, instrumento técnico y medio de presentación ante posibles comitentes. Stanislaus von Moos ha señalado que la producción del estudio de la rue d’Astorg durante este período combinaba la investigación formal con una intensa difusión de sus principios arquitectónicos mediante publicaciones como L’Esprit Nouveau y a través de la circulación de proyectos entre clientes vinculados al círculo purista (von Moos 1979). La serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon participa de esta condición híbrida. Cada variante desarrolla una solución concreta para el lote y, al mismo tiempo, presenta ante un grupo potencial de comitentes la capacidad del estudio para transformar una parcela estrecha en una vivienda articulada mediante sección, continuidad volumétrica y control preciso de la circulación.
Villa Casa Fuerte: ampliación del frente y complejización funcional
A fines de 1924, mientras Le Corbusier continuaba desarrollando la Villa Marcel, el comitente comunicó su intención de vender el terreno. El potencial comprador, identificado como Mr. Casa Fuerte, condicionó la operación a la incorporación de una franja adicional de dos metros al ancho de la parcela. Para concretarla, Le Corbusier intervino directamente ante la familia Stern, propietaria del terreno contiguo. Una carta fechada en agosto de 1924 registra la negociación y señala que la Srta. Stern había aceptado ceder la franja, con lo que el frente disponible pasaba de 5,45 a 7,45 metros (Benton 1987, 79).

La ampliación era reducida en términos absolutos, pero modificaba de manera apreciable las posibilidades de organización de la planta. Sobre un frente de 7,45 metros, Le Corbusier mantuvo la altura general planteada para la Villa Marcel e introdujo un segundo subsuelo destinado a las habitaciones de servicio, además de la cocina prevista en el primer nivel subterráneo. La planta baja se dividía entre cochera y comedor, con la escalera situada en el extremo derecho del lote. Sobre este nivel se disponía un estar de doble altura, mientras los pisos superiores reunían los dormitorios en torno a una escalera de caracol ligeramente desplazada respecto del centro de la planta. La organización conservaba así la lógica vertical del proyecto anterior, pero disponía de una superficie transversal mayor para distribuir funciones y circulaciones.
La incorporación de la cochera introduce una modificación relevante en el programa doméstico. Durante la década de 1920, el automóvil comenzaba a adquirir una presencia específica en la vivienda de sectores sociales vinculados a las profesiones liberales, las artes y los nuevos circuitos industriales. En los proyectos de Le Corbusier, el vehículo no aparece únicamente como un objeto asociado al modo de vida de los comitentes, sino como un elemento capaz de modificar la relación entre acceso, planta baja y espacio urbano. La disposición de la cochera en contacto directo con la calle anticipa problemas que adquirirían mayor importancia en el pensamiento urbano del arquitecto durante la década siguiente. Reyner Banham ha señalado que el interés de Le Corbusier por el automóvil, el transatlántico y el avión se vinculaba a una reflexión más amplia sobre los objetos técnicos y sus consecuencias espaciales, que trascendía su presencia retórica en las publicaciones de L’Esprit Nouveau (Banham 1960).
La documentación gráfica confirma, además, la continuidad de la operación compositiva respecto del conjunto La Roche-Jeanneret. En las Obras Completas aparece un dibujo a mano alzada en el que la Villa Casa Fuerte se incorpora a la volumetría general mediante la prolongación de la cornisa y de los paramentos de la terraza, manteniendo las principales líneas horizontales de las viviendas contiguas (Le Corbusier 1995). La ampliación del lote, por tanto, no modificaba el principio de integración urbana que había orientado las versiones anteriores. Las variaciones en la distribución interior y en la complejidad programática se subordinaban a una condición compositiva más estable: la nueva vivienda debía participar de un frente continuo y reconocible.
La operación volvió a quedar inconclusa a comienzos de 1925. En enero, Marcel comunicó a Le Corbusier la inminencia de la venta del terreno y, poco después, Casa Fuerte se retiró de la negociación. La parcela quedó nuevamente disponible. La sucesión de estos cambios permite observar que las distintas configuraciones de la vivienda dependían de manera directa de las condiciones de propiedad y de las exigencias de cada comprador potencial, mientras el problema arquitectónico de fondo permanecía constante: ampliar las posibilidades programáticas de una parcela estrecha sin perder la continuidad volumétrica con el conjunto existente.

Villa Mongermon: rampa, planta libre y recorrido espacial
El tercer comprador potencial, Monsieur Mongermon, pertenecía al círculo de patrocinadores de L’Esprit Nouveau y dirigía Automobiles Voisin, empresa vinculada a Le Corbusier en el contexto de sus investigaciones sobre la relación entre arquitectura, técnica y movilidad. El proyecto Mongermon parte de una modificación de los planos de la Villa Casa Fuerte y conserva buena parte de su organización general, pero introduce dos transformaciones decisivas: sustituye la escalera de caracol por una escalera de dos tramos situada en el ángulo posterior derecho de la parcela e incorpora una rampa que conecta la sala con la biblioteca ubicada en el entrepiso.

La planta baja mantiene la cochera en el lado derecho y una habitación de servicio. La cocina se traslada al sótano y se vincula con los niveles superiores mediante un montacargas, liberando el acceso de una parte considerable de las funciones de servicio. El primer piso adquiere una condición próxima a la planta libre que Le Corbusier formularía pocos años después como uno de sus cinco puntos: un espacio continuo, sin subdivisiones estructurales internas, organizado alrededor de una sala de doble altura. Sobre el lado derecho, un entrepiso alberga la biblioteca. El nivel superior contiene el dormitorio, dispuesto en voladizo hacia la fachada y relacionado con el jardín posterior. La distribución muestra cómo la ampliación del frente obtenida para la variante Casa Fuerte permitía ahora establecer relaciones espaciales más complejas entre niveles sin abandonar la concentración vertical característica de la serie.
La rampa constituye la modificación espacial más significativa del proyecto. Frente a la escalera de caracol, que concentra el desplazamiento en un elemento compacto, la rampa introduce un recorrido continuo y de pendiente moderada entre la sala, la biblioteca y los niveles superiores. El desplazamiento deja de ser únicamente un medio de conexión vertical y pasa a organizar la percepción sucesiva de los espacios. La doble altura de la sala, el entrepiso y la relación con el jardín posterior quedan vinculados mediante una trayectoria que articula visual y físicamente diferentes cotas de la vivienda.
Este procedimiento anticipa la idea de promenade architecturale, mediante la cual Le Corbusier describiría posteriormente la experiencia espacial producida por el recorrido a través de una obra. La rampa permite construir una secuencia perceptiva en la que el espacio se descubre progresivamente a medida que cambia la posición del observador. La importancia del recurso reside, por tanto, en su capacidad para transformar la circulación en un componente de la composición espacial. En una parcela de dimensiones reducidas, donde la expansión horizontal encuentra límites estrictos, el recorrido vertical ofrece un medio para introducir variaciones de perspectiva, altura y relación visual entre ambientes.
Jacques Lucan señala que la rampa interior aparece de manera intermitente en la producción del estudio durante los años veinte, inicialmente en proyectos domésticos y antes de adquirir una presencia más sistemática en obras posteriores (Lucan 1987). La Villa Mongermon ocupa un lugar relevante dentro de esta secuencia porque vincula la rampa con una organización programática concreta: sala, biblioteca y jardín quedan integrados mediante un recorrido único que atraviesa diferentes condiciones de altura y profundidad. La solución no depende de un espacio monumental. Surge, precisamente, de las restricciones de una vivienda estrecha y de la necesidad de articular sus niveles mediante una continuidad espacial perceptible.
También esta variante quedó sin construir. Al formalizarse la compra de las dos fracciones de terreno necesarias para ampliar la parcela, Mr. Stern desistió de ceder la franja comprometida y Mongermon abandonó la operación. El solar originalmente adquirido por Marcel fue finalmente comprado por el arquitecto Soulé, sin que se concretara una propuesta edificatoria. La parcela permaneció vacante, mientras los proyectos desarrollados durante aproximadamente un año y medio dejaron documentada una secuencia de ensayos sobre un mismo problema: cómo convertir un lote estrecho e irregular en una vivienda donde la sección, la circulación y la continuidad espacial asumieran un papel determinante.

La promenade architecturale como principio articulador
Tim Benton reúne los proyectos Marcel, Casa Fuerte y Mongermon en el mismo capítulo dedicado a las villas La Roche y Jeanneret-Raaf, bajo el título La promenade architecturale (Benton 1987). Esta clasificación establece una continuidad entre las investigaciones desarrolladas en el lote angosto y aquellas ensayadas en la Villa La Roche, donde la rampa interior conecta el vestíbulo con la galería de doble altura y convierte el desplazamiento del usuario en un componente fundamental de la composición espacial. La agrupación permite interpretar los tres proyectos como parte de una investigación más amplia sobre circulación, percepción y articulación entre niveles.
El concepto de promenade architecturale, utilizado explícitamente por Le Corbusier en sus escritos de la década de 1920, plantea una concepción del espacio basada en la experiencia sucesiva del recorrido. La arquitectura se comprende a partir del desplazamiento del observador y de los cambios que este experimenta en altura, dirección, iluminación y campo visual. Bajo esta lógica, la planta deja de operar únicamente como esquema distributivo y participa de una secuencia espacial que se desarrolla en el tiempo. Cada apertura, cambio de nivel o variación de altura contribuye a definir una percepción progresiva del conjunto.
Colin Rowe, en su comparación entre la Villa Malcontenta de Andrea Palladio y la Villa Stein-de Monzie de Le Corbusier, señaló que esta concepción dinámica no implica una ruptura completa con los procedimientos compositivos clásicos. La regularidad geométrica y la organización estructural continúan proporcionando un orden subyacente, mientras la experiencia del espacio adquiere mayor autonomía respecto de esa estructura formal (Rowe 1976). La relación entre sistema geométrico y percepción resulta particularmente útil para analizar los proyectos Marcel, Casa Fuerte y Mongermon, aunque aquí las dimensiones del lote reducen considerablemente las posibilidades de una organización bidimensional extensa.
En un frente de entre 5,45 y 7,45 metros, la investigación proyectual se desplaza hacia la sección. La promenade se desarrolla principalmente mediante el ascenso entre niveles, articulado sucesivamente por la escalera de caracol, la escalera de dos tramos y, finalmente, la rampa. Estos elementos no cumplen únicamente una función circulatoria. Su posición determina la distribución de los ambientes, establece relaciones visuales entre cotas diferentes y permite introducir variaciones de altura dentro de una superficie de planta limitada. En la Villa Mongermon, esta condición alcanza una formulación especialmente clara: la rampa vincula la sala, el entrepiso destinado a biblioteca y el jardín posterior mediante un recorrido continuo.
La secuencia Marcel-Casa Fuerte-Mongermon puede entenderse, por tanto, como una investigación acumulativa sobre la relación entre sección, circulación y percepción. Cada variante modifica aspectos concretos de la anterior, como la posición de la escalera, la dimensión de los entrepisos o la incorporación de la rampa, pero mantiene una estructura programática basada en la estratificación vertical. La progresión de los proyectos no reside únicamente en la sustitución de un dispositivo circulatorio por otro. Se encuentra en la manera en que esos dispositivos adquieren una capacidad creciente para organizar el espacio, orientar el recorrido y establecer relaciones entre ambientes que, debido a la estrechez de la parcela, difícilmente podrían desarrollarse mediante una expansión horizontal.
La arquitectura no construida como documento historiográfico
Ninguno de los tres proyectos llegó a construirse y la parcela sobre la que fueron desarrollados permanece vacante desde mediados de la década de 1920. Esta circunstancia plantea un problema historiográfico que excede el caso particular: cuál es el estatuto de un conjunto de proyectos que nunca abandonó la condición de dibujo y que, sin embargo, registra con precisión un proceso sostenido de investigación arquitectónica. La historiografía especializada sobre Le Corbusier ha reconocido en estos documentos un valor propio. Tim Benton, al dedicar un capítulo específico a la serie en su estudio de las villas parisinas, la incorpora dentro de la evolución de las investigaciones espaciales del arquitecto, independientemente de su concreción material (Benton 1987).
La cuestión remite al debate sobre el lugar del proyecto dentro de la historia de la arquitectura moderna. Manfredo Tafuri distinguió entre una historiografía operativa, orientada a extraer del pasado modelos aplicables al presente, y una investigación histórica centrada en reconstruir las condiciones ideológicas, económicas y disciplinares que determinaron la producción de una obra o un proyecto (Tafuri 1980). Desde esta perspectiva, la serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon adquiere interés como documento de un proceso específico de producción arquitectónica. Sus planos permiten estudiar la relación entre condiciones parcelarias, organización programática, circulación y representación, así como la dimensión comercial que acompañó su desarrollo. El valor historiográfico del conjunto no depende, por tanto, de su capacidad para proporcionar un modelo formal, sino de la información que contiene sobre las decisiones y condiciones que estructuraron el proceso proyectual.
La ausencia de construcción también modificó las condiciones en las que Le Corbusier pudo desarrollar estas variantes. La posible función demostrativa de los proyectos, vinculada a la búsqueda de compradores para una parcela estrecha, permitía reformular con relativa rapidez aspectos de la distribución y de la sección. La rampa interior, la planta libre del primer piso y la articulación entre subsuelo y vivienda mediante un montacargas aparecen así como soluciones sometidas a sucesivos ajustes, sin quedar vinculadas a un proceso constructivo definitivo. Kenneth Frampton ha señalado, en términos generales, que una parte significativa de las investigaciones más experimentales de Le Corbusier durante los años veinte se desarrolló en proyectos cuya concreción era incierta, donde determinadas hipótesis espaciales podían explorarse antes de incorporarse a encargos con mayores condicionantes de ejecución (Frampton 2001).
El destino de la parcela permite situar esta secuencia dentro de las condiciones concretas del mercado inmobiliario parisino. Marcel, Casa Fuerte y Mongermon abandonaron sucesivamente las operaciones, mientras la ampliación del terreno dependía de acuerdos con propietarios vecinos, en particular con la familia Stern. La serie evidencia así una tensión entre las posibilidades arquitectónicas que el estudio podía desarrollar sobre el lote y las condiciones efectivas de adquisición y ocupación del suelo. La dificultad no residía exclusivamente en resolver una vivienda sobre una parcela estrecha, sino también en reunir las condiciones de propiedad necesarias para modificar sus dimensiones y mantener la continuidad con el conjunto La Roche-Jeanneret.
La conservación de los planos en los archivos de la Fondation Le Corbusier, identificados mediante referencias como FLC 30979, FLC 30980, FLC 30990 y FLC 30992, permite reconstruir con precisión considerable la secuencia temporal y las modificaciones introducidas entre las distintas versiones. En este aspecto, el proyecto no construido presenta una condición documental específica. Al no haber atravesado las transformaciones derivadas de la ejecución, el uso, las reformas o el deterioro material, los dibujos conservan de manera directa las decisiones registradas por el estudio en cada etapa del proceso. Su valor para la investigación reside precisamente en esa capacidad de hacer visible un estado del pensamiento arquitectónico que la obra construida, sometida posteriormente a modificaciones y contingencias de uso, puede conservar de manera parcial.
La serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon adquiere así relevancia no por la ausencia de construcción en sí misma, sino por la densidad de información que esa condición preserva. Los planos permiten seguir la evolución de un mismo problema arquitectónico a través de diferentes configuraciones de parcela, programas y dispositivos de circulación. La arquitectura no construida funciona, en este caso, como un registro material del proceso proyectual y como evidencia de las relaciones entre investigación disciplinar, condiciones inmobiliarias y práctica profesional en el París de la década de 1920.
La vivienda en parcela angosta como problema tipológico
El problema que articula la serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon consiste en organizar un programa doméstico complejo sobre un frente reducido mediante una estratificación vertical y un dispositivo de circulación capaz de asumir funciones distributivas y espaciales. Esta cuestión no pertenece exclusivamente a la arquitectura parisina de los años veinte. La vivienda urbana en parcela angosta, presente bajo distintas denominaciones y tradiciones constructivas como casa de frente estrecho, townhouse, casa chorizo o vivienda entre medianeras, constituye un problema tipológico recurrente en contextos de densificación urbana y fragmentación del suelo.
Alan Colquhoun proporciona un marco adecuado para interpretar esta continuidad. En su análisis del método tipológico en el diseño moderno, sostiene que la creación arquitectónica establece una relación entre componentes relativamente estables, vinculados a convenciones existentes, y otros susceptibles de modificación bajo nuevas condiciones técnicas y programáticas (Colquhoun 1981). Desde esta perspectiva, la vivienda en parcela angosta puede entenderse como una configuración tipológica en la que ciertas invariantes mantienen su presencia a través de distintos contextos: la estratificación vertical del programa, la concentración de la circulación y la necesidad de establecer relaciones entre niveles. Los componentes variables corresponden a los dispositivos mediante los cuales estas condiciones se resuelven. En la serie estudiada, la sucesión de escalera de caracol, escalera de dos tramos y rampa permite observar distintas respuestas a una misma condición espacial, con variaciones en la continuidad del recorrido y en la relación entre circulación y ambientes.
Esta relación entre permanencia y transformación permite situar los proyectos dentro de una historia más amplia de la vivienda sobre lotes estrechos. Durante el siglo XX, la densificación de los tejidos centrales y el incremento del valor del suelo volvieron a plantear el problema en numerosos contextos urbanos. En estas situaciones, la sección adquiere una importancia comparable a la planta, ya que permite distribuir el programa mediante superposición vertical y establecer relaciones espaciales entre niveles. Los proyectos Marcel-Casa Fuerte-Mongermon anticipan esta condición al utilizar la circulación vertical como componente de la organización espacial y no únicamente como conexión funcional entre pisos.
También resulta significativa la condición prototípica de la serie. Los proyectos no respondían a un programa doméstico estable durante un proceso de encargo convencional, sino que podían adaptarse a diferentes compradores potenciales. Esta circunstancia aproxima su funcionamiento a una modalidad de investigación tipológica en la que el proyecto sirve para demostrar las posibilidades de una determinada configuración arquitectónica. La distinción entre encargo individual y exploración de un tipo todavía no estaba formalizada en la práctica de Le Corbusier durante los años veinte, pero la serie permite reconocer una relación temprana entre investigación proyectual y producción de soluciones susceptibles de ser transferidas a distintos comitentes.
En este contexto, la formulación posterior de los cinco puntos de una arquitectura nueva —pilotis, planta libre, fachada libre, ventana longitudinal y terraza-jardín— puede interpretarse como la sistematización de investigaciones desarrolladas durante los años precedentes. La definición de estos principios hacia 1926-1927, asociada a proyectos como la Villa Stein-de Monzie y las viviendas del Weissenhof de Stuttgart, reunió en una formulación teórica procedimientos que habían sido ensayados previamente en diferentes escalas y condiciones de proyecto. La serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon participa de ese proceso, aunque sus documentos no permitan atribuirle por sí sola el origen de dichos principios.
La Villa Mongermon ofrece, en particular, un antecedente relevante para estudiar la planta libre. El primer piso se organiza como un espacio continuo, mientras la estructura y las divisiones interiores adquieren una relación menos determinante sobre la distribución que en la vivienda tradicional entre medianeras. Sin embargo, la documentación disponible no permite equiparar esta solución con la independencia estructural que caracterizará la formulación posterior del principio. Su interés reside precisamente en ese estado intermedio: el proyecto ensaya una mayor autonomía del espacio interior respecto de la compartimentación convencional y, al mismo tiempo, mantiene condiciones constructivas propias de una vivienda urbana estrecha de la década de 1920.
La serie permite así observar la vivienda en parcela angosta como un campo de experimentación tipológica. La restricción dimensional no determina una única solución, sino que establece un marco dentro del cual Le Corbusier modifica sucesivamente la circulación, los entrepisos, las alturas y las relaciones entre espacios. El resultado es una investigación centrada en la sección, donde las limitaciones del lote se convierten en parámetros para estudiar nuevas formas de continuidad espacial y organización doméstica.
Conclusiones: sección, circulación y proyecto no construido
La parcela del Square du Docteur Blanche ocupó a Le Corbusier y Pierre Jeanneret entre 1924 y 1925 mediante tres proyectos sucesivos que nunca llegaron a construirse. Su estudio permite observar, a través de un caso acotado, algunas de las relaciones entre condiciones parcelarias, organización doméstica, circulación y experimentación proyectual presentes en la producción del estudio de la rue d’Astorg durante esos años. Del análisis desarrollado pueden desprenderse varias conclusiones.
- El proyecto-muestra como documento historiográfico. La condición de proyecto-muestra no reduce el interés de una arquitectura que permaneció en el plano. Al contrario, permite examinar un proceso de diseño sometido a menores condicionantes contractuales y observar con mayor claridad las decisiones mediante las cuales el estudio exploró distintas posibilidades de organización espacial.
- La sección como instrumento proyectual. Cuando el frente disponible se reduce a dimensiones mínimas, las posibilidades de expansión horizontal disminuyen y la organización del programa se desplaza hacia la sección. En los proyectos estudiados, la circulación vertical adquiere entonces una función compositiva: distribuye los niveles, determina la posición de los ambientes y construye relaciones visuales y espaciales entre ellos.
- La variante como proceso acumulativo. Marcel, Casa Fuerte y Mongermon no constituyen soluciones aisladas. Cada versión modifica condiciones concretas de la anterior: la posición de la escalera, la ampliación del frente, la distribución de los servicios, la configuración del entrepiso y, finalmente, la incorporación de la rampa. La serie registra así una investigación progresiva sobre un mismo problema arquitectónico.
- La rampa y la promenade architecturale. En la Villa Mongermon, la rampa aparece como un dispositivo destinado a vincular sala, biblioteca y jardín mediante un recorrido continuo. Su importancia radica en que convierte la circulación en una experiencia espacial articulada por cambios de altura, dirección y percepción. En este sentido, el proyecto constituye un antecedente doméstico de las investigaciones que Le Corbusier desarrollaría posteriormente en torno a la promenade architecturale.
- La vivienda en parcela angosta como problema tipológico. La serie permite reconocer ciertas constantes en la resolución de la vivienda sobre un frente reducido: estratificación vertical del programa, concentración de la circulación y utilización de la sección para compensar las limitaciones de la planta. Estas condiciones pueden reaparecer en contextos históricos y técnicos diferentes, mientras que los dispositivos concretos de organización espacial se modifican según las necesidades del programa y las posibilidades constructivas.
- El valor documental del proyecto no construido. La ausencia de ejecución preservó los planos como registros directos de distintas etapas del proceso proyectual. La documentación conservada en la Fondation Le Corbusier permite reconstruir modificaciones, relaciones entre versiones y decisiones espaciales que, en una obra construida, podrían haber quedado alteradas por la ejecución, el uso o transformaciones posteriores. Su valor historiográfico reside, por tanto, en la posibilidad de estudiar el proyecto como proceso y no únicamente como resultado material.
La relevancia de la serie Marcel-Casa Fuerte-Mongermon se encuentra, en consecuencia, en la articulación de estas dimensiones. La estrechez del lote no produjo una única respuesta formal, sino que impulsó una investigación sobre la sección, la circulación y la continuidad espacial. La escalera de caracol, la escalera de dos tramos, los entrepisos y la rampa constituyeron diferentes medios para resolver un mismo problema: organizar un programa doméstico complejo dentro de una geometría parcelaria restrictiva.
El carácter no construido de los proyectos también modifica su posición dentro de la historia de la obra corbusierana. Su interés no depende de haber anticipado de manera lineal principios posteriormente formulados como los cinco puntos, sino de mostrar cómo algunos de sus componentes fueron sometidos a ensayos parciales dentro de situaciones concretas. La planta libre, la terraza-jardín, la continuidad entre niveles y la circulación como experiencia espacial aparecen aquí en estados todavía abiertos, vinculados a las condiciones particulares de una parcela urbana estrecha.
El vacío que actualmente ocupa el antiguo terreno de Marcel constituye, en este sentido, el soporte físico de una investigación que permaneció en el ámbito del proyecto. La ausencia de arquitectura construida contrasta con la densidad de la documentación conservada y permite reconstruir un momento en el que Le Corbusier exploraba, mediante sucesivas variantes, nuevas relaciones entre programa, sección, circulación y espacio doméstico. La parcela adquiere así relevancia historiográfica no por la obra que llegó a contener, sino por el conjunto de posibilidades arquitectónicas que sobre ella fueron dibujadas.
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Ficha técnica
| Obra | Proyectos Marcel, Casa Fuerte y Mongermon (variantes sucesivas sobre una misma parcela) |
| Arquitectos | Le Corbusier y Pierre Jeanneret |
| Ubicación | Square du Docteur Blanche, Auteuil, distrito XVI, París, Francia |
| Conjunto de referencia | Villas La Roche y Jeanneret-Raaf (1923-1925) |
| Año de proyecto | 1924 (Marcel) — 1924-1925 (Casa Fuerte) — 1925 (Mongermon) |
| Estado | No construidos. La parcela permanece vacía desde su adquisición final por el arquitecto Soulé |
| Comitentes sucesivos | Mr. Marcel · Mr. Casa Fuerte · Mr. Mongermon (director de Automobiles Voisin) |
| Ancho de parcela | 5,45 m (proyecto Marcel) · 7,45 m (Casa Fuerte y Mongermon, tras ceder la familia Stern una franja de 2 m) |
| Programa | Vivienda urbana unifamiliar en altura: atelier, áreas sociales en doble espacio, dormitorios y terraza-jardín |
| Documentación | Fondation Le Corbusier (FLC), planos 30979, 30980, 30990, 30992, 23015-23020 |
Bibliografía
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