Villa Rambouillet: ensayo proyectual en la etapa purista de Le Corbusier

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2013, n.º 21

Resumen

La Villa Rambouillet, proyectada por Le Corbusier en 1923 y presentada en el Salón de Otoño del mismo año, permite examinar un momento experimental del periodo purista anterior a la consolidación doctrinal de su arquitectura. El proyecto organiza el programa mediante dos volúmenes rectangulares jerarquizados, cuya autonomía geométrica establece una composición por partes diferenciadas. La exteriorización de la rampa y la escalera introduce la circulación como componente visible de la configuración arquitectónica, mientras la rampa incorpora el desplazamiento continuo y modifica progresivamente la percepción del espacio. La terraza-jardín amplía el programa doméstico hacia la cubierta y establece una relación directa entre circulación y superficie habitable exterior. El acceso, mediante un recorrido desviado, incorpora una demora perceptiva antes del ingreso. Al tratarse de una obra no construida, la maqueta de yeso adquiere especial relevancia como instrumento de representación y registro proyectual. Rambouillet documenta así la integración progresiva de composición, estructura, circulación, programa y representación.

Palabras clave: Le Corbusier, Villa Rambouillet, arquitectura purista, promenade architecturale, maqueta arquitectónica.

La Villa Rambouillet como ensayo del periodo purista

La Villa Rambouillet, también documentada como Maison à Rambouillet o Maison Niestlé, pertenece al conjunto de proyectos no construidos del período purista de Le Corbusier. El arquitecto la presentó en el Salón de Otoño de 1923, junto con la Villa Besnus y la Maison La Roche-Jeanneret, en una exposición que reunía maquetas de yeso a escala 1:20 realizadas por Charles Lasnon (Alonso Pereira, 2018). La presencia simultánea de estos tres proyectos permite observar, dentro de un mismo momento de su trayectoria, la exploración de distintas configuraciones a partir de un repertorio formal todavía en proceso de consolidación. El terreno destinado a la vivienda carece de accidentes topográficos significativos, por lo que la composición depende principalmente de decisiones internas del proyecto y no de la adaptación a condiciones particulares del relieve.

La localización del encargo, en las proximidades de París, corresponde al ámbito territorial en el que se desarrollaron varios de los primeros encargos residenciales de Le Corbusier. Se trataba de un contexto periurbano asociado a clientes vinculados con los círculos intelectuales y editoriales de la capital francesa, donde las residencias de fin de semana podían implantarse sobre parcelas con menor presión normativa que los solares urbanos consolidados. La ausencia de medianeras, alineaciones estrictas y restricciones volumétricas ofrecía condiciones favorables para experimentar con relaciones entre masas, proporciones y orientación. La Villa Rambouillet puede situarse así dentro de una serie de proyectos domésticos que funcionaron como campo de investigación para procedimientos compositivos que posteriormente alcanzarían mayor desarrollo en otros programas.

La condición no construida del proyecto también modifica la naturaleza de su lectura crítica. Una obra ejecutada registra necesariamente las transformaciones producidas durante el proceso constructivo: ajustes económicos, decisiones técnicas, modificaciones solicitadas por el cliente y condicionantes derivados de la normativa o de la ejecución material. La Villa Rambouillet conserva, en cambio, un estado proyectual anterior a esas negociaciones. El plano y la maqueta documentan un conjunto de decisiones ya formuladas, aunque todavía no confrontadas con las exigencias de la construcción. Su valor reside, por tanto, en permitir observar el procedimiento compositivo en una instancia específica de su desarrollo. La cuestión central no consiste en determinar qué elementos anticipa respecto de obras posteriores, sino en identificar qué problema arquitectónico abordaba Le Corbusier en 1923 y cómo lo resolvía mediante los recursos disponibles en ese momento.

Le Corbusier, Maison de week end Rambouillet
Le Corbusier, Maison de week-end Rambouillet ©FLC-ADAGP

Composición jerárquica entre volumen principal y cochera

El programa se organiza mediante dos volúmenes rectangulares de dimensiones diferentes, dispuestos de manera independiente y enfrentados por sus lados menores. El cuerpo de mayor tamaño contiene la vivienda, mientras que el volumen secundario corresponde a la cochera. Ambos se sitúan a ambos lados de un eje horizontal que atraviesa el terreno, aunque la diferencia de escala establece una jerarquía inequívoca entre ellos. El volumen residencial concentra la presencia arquitectónica del conjunto; la cochera conserva su autonomía geométrica, pero queda subordinada visualmente al cuerpo principal.

Esta relación puede entenderse como una hipotaxis formal: cada volumen mantiene una identidad propia, pero su posición, dimensión y función determinan una relación jerárquica dentro de la composición general. El término permite describir una organización en la que las partes no se integran mediante la continuidad de una masa única, sino mediante relaciones de dependencia entre cuerpos diferenciados. La composición adquiere así una estructura comparable a una construcción sintáctica en la que cada elemento conserva cierta autonomía sin perder su posición dentro de un orden superior.

La disposición de los dos cuerpos refuerza esta diferenciación. Al enfrentarse por sus caras menores, los volúmenes evitan constituir un frente longitudinal continuo y conservan fachadas principales claramente individualizadas. La configuración impide que la vivienda y la cochera sean percibidas como partes de un bloque único, ya que cada masa mantiene una silueta propia y una orientación específica. La diferencia dimensional contribuye a consolidar esta lectura: mientras el volumen residencial concentra la mayor superficie y contiene la totalidad del programa doméstico, la cochera presenta una masa más reducida, correspondiente a una función secundaria.

La jerarquía compositiva se manifiesta, por tanto, a través de tres relaciones simultáneas: dimensión, función y posición. El cuerpo principal domina por escala y contenido programático, mientras que el volumen menor establece una relación de dependencia sin desaparecer como entidad arquitectónica. La unidad del conjunto no procede de la continuidad física entre ambos, sino de la tensión controlada entre sus diferencias.

En el interior, el programa doméstico presenta una organización relativamente convencional. Un vestíbulo situado sobre el eje transversal de la vivienda, enfrentado a la cocina, establece una separación entre las áreas sociales y privadas. La complejidad del proyecto se concentra, por ello, en la configuración volumétrica antes que en una distribución interior particularmente elaborada. La organización funcional encuentra su expresión arquitectónica en la composición exterior, donde la diferenciación entre cuerpos permite establecer una correspondencia perceptible entre programa, masa y jerarquía.

Esta condición también se reconoce en la maqueta de yeso presentada en 1923. Sobre las superficies blancas aparecen líneas negras incisas que delimitan aberturas y componentes constructivos, introduciendo una segunda capa de información gráfica sobre la geometría de los volúmenes. El contraste entre superficie y trazado permite distinguir con precisión los elementos llenos y vacíos de cada prisma. La maqueta no representa únicamente la masa arquitectónica; construye también una lectura bidimensional de sus fachadas, mediante la cual la composición puede analizarse simultáneamente como organización volumétrica y como sistema de planos.

En la Villa Rambouillet, esta articulación entre masas independientes, jerarquía dimensional y definición gráfica de las fachadas permite reconocer un problema central del período purista: cómo construir unidad arquitectónica a partir de elementos diferenciados. La respuesta de Le Corbusier no depende de la continuidad del volumen, sino de la coordinación geométrica entre partes que conservan distintos grados de autonomía. El proyecto convierte así la relación entre cuerpos en el principal instrumento de composición.

Le Corbusier, Maison de week end Rambouillet
Le Corbusier, Maison de week-end Rambouillet ©FLC-ADAGP

Circulación vertical como componente exterior de la arquitectura

Uno de los aspectos relevantes de la Villa Rambouillet es la incorporación de dos sistemas de circulación vertical: una rampa situada sobre la elevación orientada hacia la calle y una escalera de un tramo ubicada en la fachada posterior. Ambos elementos se proyectan hacia el exterior de la caja arquitectónica, en lugar de quedar absorbidos por el volumen habitable. Esta disposición puede relacionarse con las posibilidades espaciales introducidas por el sistema Dom-Ino, desarrollado por Le Corbusier junto con Max Dubois en 1914 como estructura de hormigón armado concebida para responder a las necesidades de reconstrucción del norte de Francia (De la Cova, 2020).

El sistema Dom-Ino se basa en un esqueleto independiente de pilares y losas horizontales que libera a los cerramientos de su función portante. Esta separación entre estructura y envolvente amplía las posibilidades de organización de la planta y permite resolver la circulación vertical con mayor independencia respecto de la matriz estructural. Sin embargo, el precedente técnico no determina por sí mismo la configuración formal adoptada en Rambouillet. La estructura independiente proporciona una condición de posibilidad; la decisión de convertir la rampa y la escalera en elementos visibles, diferenciados del volumen principal y expresados sobre las fachadas, pertenece al ámbito de la composición arquitectónica.

Esta distinción resulta fundamental para comprender la relación entre técnica y forma en el proyecto. El hormigón armado y la estructura independiente amplían el repertorio de soluciones disponibles, pero no establecen una correspondencia necesaria entre sistema constructivo y configuración espacial. En la Villa Rambouillet, Le Corbusier utiliza esa libertad para transformar los elementos de conexión entre plantas en componentes reconocibles de la composición. La circulación deja así de permanecer subordinada al interior de la caja y adquiere una presencia arquitectónica propia.

La rampa como dispositivo espacial y temporal

Según el orden cronológico establecido en las obras completas de Le Corbusier, la Maison de week-end en Rambouillet constituye el primer proyecto en el que el arquitecto incorpora una rampa como elemento de conexión entre plantas (Le Corbusier, 1995). Su importancia reside menos en su condición de precedente que en la transformación que introduce dentro de la concepción espacial del período purista. La composición comienza a incorporar una dimensión temporal que no estaba contenida de la misma manera en la percepción de los volúmenes geométricos considerados desde un punto de observación estático.

La diferencia respecto de la escalera resulta significativa. Mientras esta organiza el ascenso mediante una sucesión de peldaños y descansos que segmentan el desplazamiento, la rampa establece un plano continuo cuya pendiente modifica progresivamente la posición del observador. El recorrido produce, de este modo, una sucesión gradual de relaciones visuales: a medida que el habitante asciende, varían el ángulo de visión, la relación con las fachadas y la percepción del espacio inmediato. El desplazamiento deja de ser únicamente una operación funcional y comienza a adquirir una dimensión perceptiva susceptible de ser proyectada.

Esta condición introduce una tensión específica dentro de la arquitectura de Le Corbusier en ese momento. La composición purista había otorgado un papel central a la articulación de volúmenes geométricos definidos, cuya percepción podía organizarse mediante relaciones de proporción, superficie y posición. La rampa incorpora a ese sistema una variable diferente: el edificio comienza a ser comprendido también a través del movimiento del observador.

La Villa Rambouillet ocupa así una posición intermedia entre dos concepciones espaciales. Por un lado, conserva la claridad volumétrica y la autonomía de los cuerpos característica de la investigación purista; por otro, introduce un recorrido continuo capaz de modificar la experiencia del espacio durante el desplazamiento. En proyectos posteriores, esta relación entre circulación, percepción y composición alcanzará una formulación más sistemática mediante la promenade architecturale. En Rambouillet, sin embargo, resulta más preciso reconocer el momento inicial de una transformación: la circulación comienza a integrarse en la construcción perceptiva del edificio y deja de constituir exclusivamente un componente funcional del programa.

Le Corbusier, Maison de week end Rambouillet
Le Corbusier, Maison de week-end Rambouillet ©FLC-ADAGP

La terraza-jardín y la ampliación del programa doméstico

En los ensayos iniciales de las casas Citrohan, la terraza funcionaba principalmente como extensión de las habitaciones situadas en el nivel superior, sin constituir todavía un ámbito programático autónomo. En la Villa Rambouillet, esta condición se transforma con la incorporación de una terraza-jardín, cuyo emplazamiento se relaciona directamente con el sistema de circulación vertical que conduce hasta ella. La cubierta deja así de funcionar exclusivamente como elemento de protección climática y adquiere una condición habitable vinculada al programa doméstico.

Esta operación modifica la relación entre edificio y suelo. Al ocupar una superficie del terreno, el volumen construido reduce el área disponible para las actividades exteriores; la cubierta transitable recupera parte de esa superficie en altura y la incorpora al sistema de espacios utilizables de la vivienda. El hormigón armado proporciona las condiciones técnicas para esta transformación, pero su importancia excede la resolución constructiva. La cubierta pasa a formar parte del programa y establece una continuidad entre los espacios interiores, la circulación vertical y el exterior elevado.

La terraza-jardín se integra, además, en la lógica espacial de la vivienda mediante las circulaciones que conducen hacia ella. La rampa exteriorizada no conecta únicamente diferentes niveles interiores, sino que prolonga el recorrido hasta una superficie abierta situada sobre el volumen construido. La circulación y el espacio exterior quedan así articulados dentro de una misma secuencia arquitectónica.

Le Corbusier, Maison de week end Rambouillet
Le Corbusier, Maison de week-end Rambouillet ©FLC-ADAGP

El acceso y la construcción perceptiva del umbral

El acceso principal se sitúa entre el arranque de la rampa y un muro que envuelve parcialmente el vano de ingreso. Esta configuración impide una aproximación frontal y obliga al visitante a modificar su dirección para alcanzar la puerta. El acceso adquiere así una secuencia espacial específica: aproximación, giro y entrada. El umbral deja de ser un punto de transición inmediata entre exterior e interior y se convierte en un espacio de preparación perceptiva.

Esta operación anticipa procedimientos que Le Corbusier desarrollará posteriormente con distintas configuraciones, mediante elementos capaces de interrumpir o desviar la trayectoria directa, como columnas situadas en el recorrido o puertas pivotantes que modifican la percepción del vano. En Rambouillet, sin embargo, el interés reside en la relación entre varios componentes que participan de una misma construcción temporal del espacio. La circulación exteriorizada introduce el desplazamiento; la rampa convierte el ascenso en una secuencia continua; y el acceso modifica deliberadamente la trayectoria antes de alcanzar el interior.

La vivienda comienza así a organizar la experiencia del habitante mediante una sucesión de posiciones y cambios de dirección. El recorrido no se incorpora únicamente después del ingreso, sino que comienza en el exterior y establece desde allí las condiciones de percepción del edificio.

La maqueta como instrumento de proyecto y representación

La condición no construida de la Villa Rambouillet otorga particular importancia a los medios utilizados para formular y comunicar el proyecto. La maqueta presentada en el Salón de Otoño de 1923, realizada en yeso blanco por Charles Lasnon mediante la técnica de moulage de ronde-bosse, incorporaba líneas negras que delimitaban aberturas y componentes constructivos, estableciendo un código gráfico destinado a enfatizar la autonomía de los volúmenes y la definición de sus superficies (De la Cova, 2020). La combinación entre el carácter monocromático del yeso y el trazado lineal reducía la información material de la representación y concentraba la atención en la geometría, las proporciones y las relaciones entre llenos y vacíos.

Este procedimiento se diferenciaba de una maqueta concebida como reproducción mimética del edificio, en la que la representación intenta reproducir materiales, texturas y acabados. En Rambouillet, la maqueta opera como una construcción abstracta del proyecto. Su superficie blanca homogeneiza la materia y permite que las líneas incisas funcionen como información gráfica superpuesta a la volumetría. El resultado se aproxima a un modelo tridimensional analítico en el que la representación no reproduce únicamente un objeto arquitectónico, sino que hace legible su sistema compositivo.

La correspondencia entre maqueta y proyecto adquiere una dimensión particular en la comunicación de Le Corbusier con M. Niestlé, comitente de la vivienda. En una carta, el arquitecto describe la maqueta como una casa ya existente en yeso y señala que, ante una eventual construcción, las modificaciones respecto del modelo serían reducidas (De la Cova, 2020):

La afirmación permite reconsiderar el estatuto de la maqueta dentro del proceso proyectual. El objeto de yeso no aparece únicamente como una representación preliminar de una obra futura, sino como una formulación material suficientemente precisa del edificio proyectado. La eventual construcción en materiales definitivos se plantea como una traducción relativamente directa de decisiones ya verificadas en la maqueta.

Le Corbusier, Maison de week end Rambouillet
Le Corbusier, Maison de week-end Rambouillet ©FLC-ADAGP

Esta relación resulta especialmente significativa en un proyecto que nunca llegó a construirse. Ante la ausencia de una obra material que permita contrastar las decisiones representadas en planos y modelos, la maqueta adquiere un valor documental específico. Registra la configuración volumétrica, la relación entre superficies y aberturas, la expresión de las circulaciones y la organización general del conjunto en un estado avanzado de definición. Por ello, las maquetas de este período constituyen documentos relevantes para el estudio del proceso proyectual de Le Corbusier, especialmente cuando permiten reconstruir proyectos que permanecieron fuera del ámbito de la arquitectura construida (Alonso Pereira, 2018).

En la Villa Rambouillet, la maqueta no se limita a comunicar una arquitectura ausente. Permite observar cómo el proyecto articula volumen, circulación, acceso y terraza dentro de un sistema espacial que ya había alcanzado un grado considerable de definición. Su condición de objeto intermedio entre representación y construcción convierte al modelo en parte activa del proceso mediante el cual la arquitectura adquiere forma.

Villa Rambouillet y la construcción progresiva del método

La Villa Rambouillet suele interpretarse como un antecedente de obras posteriores de Le Corbusier, dentro de una secuencia que comprende la Maison La Roche-Jeanneret, la Villa Stein-de Monzie y, finalmente, la Villa Savoye. Esta relación encuentra fundamento en determinadas correspondencias formales y espaciales. La Maison La Roche-Jeanneret, construida al año siguiente, verifica en obra algunas de las operaciones ensayadas en Rambouillet: un vocabulario geométrico sustentado en relaciones proporcionales precisas, una fuente principal de iluminación concentrada en una de las caras del volumen, paños de carpintería dispuestos a ras del muro para conservar la continuidad de las superficies y una composición axial asimétrica que contrapone formas curvas a la regularidad del prisma dominante.

Sin embargo, interpretar Rambouillet exclusivamente como una etapa preliminar de obras posteriores introduce una lectura retrospectiva que puede ocultar las condiciones específicas de 1923. En lugar de considerar el proyecto desde aquello que posteriormente llegará a formularse con mayor claridad, resulta más productivo examinar los problemas que Le Corbusier abordaba en ese momento y las relaciones que comenzaban a establecerse entre ellos.

El proyecto reúne un conjunto de operaciones que todavía no constituyen un sistema completamente integrado: la composición mediante volúmenes jerarquizados, la estructura independiente como condición para liberar los cerramientos, la exteriorización de la circulación vertical, la rampa como dispositivo de recorrido, la transformación de la cubierta en superficie habitable y la configuración del acceso como secuencia espacial. Cada decisión responde a un problema específico, pero su coexistencia dentro de una misma vivienda permite observar cómo comienzan a establecerse relaciones entre composición, estructura, circulación, programa y percepción.

La importancia de Rambouillet reside precisamente en esa condición intermedia. El proyecto no presenta todavía un sistema doctrinal cerrado, pero reúne operaciones que posteriormente adquirirán mayor articulación en la arquitectura de Le Corbusier. La villa permite observar, por tanto, un momento de integración progresiva en el que distintas soluciones proyectuales dejan de aparecer como procedimientos independientes y comienzan a funcionar dentro de una estructura espacial común.

Un proyecto no construido como registro del proceso proyectual

La condición no construida de la Villa Rambouillet resulta especialmente significativa para comprender la formación del método proyectual de Le Corbusier. Al no haber atravesado las transformaciones propias de la ejecución material, el proyecto conserva con particular claridad las relaciones establecidas entre volumen, estructura, circulación, programa y representación. Planos y maqueta permiten estudiar estas decisiones antes de su confrontación con las restricciones económicas, técnicas y constructivas propias de una obra edificada.

Esta condición también permite cuestionar una interpretación lineal de la evolución arquitectónica. El desarrollo del lenguaje de Le Corbusier no puede entenderse únicamente como una sucesión de obras construidas en las que un principio previamente definido encuentra aplicaciones cada vez más complejas. Los proyectos no construidos desempeñan un papel relevante en ese proceso porque permiten ensayar soluciones sin que todas ellas deban alcanzar inmediatamente una formulación definitiva.

La Villa Rambouillet constituye un ejemplo preciso de esta dinámica. En ella, la composición volumétrica, la circulación exterior, la rampa, la terraza-jardín y la construcción del acceso aparecen como operaciones diferenciadas que progresivamente establecen relaciones entre sí. El proyecto registra, de este modo, un proceso de elaboración en el que el método se configura mediante la acumulación, confrontación y ajuste de decisiones sucesivas.

Esta lectura adquiere especial relevancia en relación con la terraza-jardín. La transformación de la cubierta en una superficie exterior habitable introduce una reconsideración de la relación entre vivienda y suelo, al incorporar al programa doméstico un espacio abierto situado en altura. La operación adquiere posteriormente una importancia central en la formulación de la arquitectura moderna y mantiene vigencia en debates contemporáneos sobre la relación entre densidad, superficie construida y disponibilidad de espacios exteriores en la vivienda colectiva.

La Villa Rambouillet permite, en consecuencia, estudiar el método proyectual antes de su formulación como sistema plenamente reconocible. Su interés no depende únicamente de las soluciones que anticipa, sino de la posibilidad de observar cómo distintas operaciones arquitectónicas comienzan a relacionarse dentro de un mismo proceso. La composición organiza los volúmenes; la estructura libera los cerramientos; la circulación introduce el movimiento; la terraza amplía el programa hacia el exterior; y la maqueta convierte estas decisiones en una representación material verificable.

El proyecto ocupa así una posición específica dentro de la trayectoria de Le Corbusier: no constituye todavía la formulación completa de un sistema, pero tampoco puede reducirse a un ensayo aislado. Su valor histórico y disciplinar reside en registrar una fase de elaboración en la que el lenguaje arquitectónico se construye mediante aproximaciones sucesivas. Los proyectos no construidos adquieren, bajo esta perspectiva, una función documental fundamental, porque permiten estudiar aquellas instancias en las que las ideas todavía se encuentran en proceso de organización y en las que la arquitectura se define mediante la relación progresiva entre problemas, instrumentos y decisiones.

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1254

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