La revisión del purismo corbusieriano en la arquitectura de Charles Gwathmey
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2026, n.º 64
Resumen
La Casa Estudio Gwathmey, proyectada entre 1965 y 1967 en Amagansett, constituye un caso relevante para analizar la revisión norteamericana del legado moderno durante la segunda mitad del siglo XX. El estudio examina su relación con el purismo corbusieriano mediante el análisis de la composición volumétrica, la organización seccional, la materialidad y el sistema constructivo. Se plantea que Charles Gwathmey reformula la tensión dialéctica característica de las villas de Le Corbusier mediante una composición orientada hacia una mayor cohesión formal, aunque la ampliación de 1967, dispuesta con una rotación de 45°, introduce una discontinuidad que complejiza esta interpretación. El revestimiento de cedro establece continuidad material entre interior y exterior y vincula la obra con la tradición constructiva de Long Island, mientras el sistema de entramado ligero de madera (wood frame) permite desarrollar con precisión su configuración geométrica. El análisis sitúa asimismo la vivienda dentro del debate de los New York Five, atendiendo a cuestiones de autonomía disciplinar, transparencia fenomenal y experimentación arquitectónica en la escala doméstica.
Palabras clave: Charles Gwathmey, Casa Estudio Gwathmey, New York Five, purismo corbusieriano, arquitectura residencial norteamericana.
Introducción: hipótesis y método para interpretar la Casa Gwathmey
La Casa Estudio Gwathmey, construida entre 1965 y 1967 en Amagansett, Long Island, ocupa un lugar relevante en la historiografía de la arquitectura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Su inclusión en Five Architects (Eisenman et al. 1972), publicación acompañada por una introducción de Colin Rowe, contribuyó a consolidarla como una obra de referencia del grupo. Sin embargo, esta inscripción historiográfica ha tendido a enfatizar su pertenencia a un programa colectivo antes que sus condiciones específicas como proyecto arquitectónico. Una lectura centrada en su configuración formal, material y espacial permite precisar esa singularidad y examinar su posición frente al legado del purismo corbusieriano.
La Casa Gwathmey puede entenderse como una reinterpretación del purismo de Le Corbusier en la que algunos de sus principios compositivos adquieren una relación diferente entre sí. Las villas puristas corbusierianas se estructuran mediante oposiciones entre estructura portante y planta libre, volumen cerrado y terraza abierta, opacidad y transparencia. En la Casa Gwathmey, esas relaciones tienden a integrarse dentro de una composición de mayor continuidad formal. Los mismos recursos geométricos y espaciales producen aquí una articulación más cohesionada entre estructura, envolvente y organización interior. Esta lectura constituye una hipótesis interpretativa, no un dato verificable, y encuentra su principal dificultad en la ampliación de 1967, cuya rotación geométrica introduce una discontinuidad que obliga a matizar la idea de unidad compositiva.
El análisis combina dos aproximaciones. En el plano formal, examina la composición volumétrica, la sección, la materialidad y el sistema constructivo; en el plano historiográfico, relaciona la obra con el purismo, la recepción de Le Corbusier y la formación del grupo de los Five Architects. La documentación gráfica y los textos publicados por el estudio constituyen las principales fuentes primarias. Entre las fuentes secundarias se encuentran los trabajos de Rowe (1972), Tafuri (1976), Colquhoun (1981) y Fox (2011), complementados por estudios sobre la arquitectura vernácula de Long Island y por aproximaciones fenomenológicas a la escala doméstica.
El análisis distingue tres niveles de afirmación: los datos verificables relativos a dimensiones, materiales, cronología y autoría; las interpretaciones formales derivadas de la observación de la obra; y las lecturas críticas que relacionan su configuración con marcos teóricos más amplios. Esta distinción resulta relevante porque permite diferenciar la descripción arquitectónica de la interpretación. Cuando una conclusión depende de una relación formal susceptible de diversas lecturas, se emplean formulaciones como “puede interpretarse”, “permite sostener” o “resulta consistente con”.

Neomodernismo norteamericano y revisión crítica de Le Corbusier
A mediados de la década de 1960, la arquitectura norteamericana atravesaba una transformación de sus referencias disciplinares. El Movimiento Moderno había perdido parte de su capacidad institucional para formular nuevos problemas, mientras el funcionalismo aplicado a la arquitectura corporativa tendía a reducir las cuestiones formales a procedimientos constructivos y programáticos. En este contexto, un grupo de arquitectos formados principalmente en las escuelas del Este estadounidense comenzó a revisar los fundamentos de la arquitectura moderna mediante una recuperación selectiva de sus categorías geométricas y compositivas. La crítica identificaría posteriormente esta posición con el New York Five o, por su uso recurrente del blanco como superficie de autonomía formal, con los Whites (Rowe 1972).
La publicación Five Architects, editada en 1972, reunió proyectos de Peter Eisenman, Michael Graves, Charles Gwathmey, John Hejduk y Richard Meier bajo una lectura que establecía vínculos de distintos grados de intensidad, con el purismo europeo de entreguerras. Rowe identificó en estos arquitectos una preocupación por la autonomía compositiva de la forma frente al funcionalismo dominante. El repertorio empleado incluía figuras elementales y operaciones espaciales asociadas con la primera arquitectura racionalista: cubos, cilindros, rampas, planos continuos y relaciones de interpenetración volumétrica. Su empleo trasladaba estos recursos a problemas contemporáneos de programa, emplazamiento y experiencia espacial.
Manfredo Tafuri (1976), en “European Graffiti. Five x Five = Twenty-five”, desplazó la interpretación desde la recuperación estilística hacia la condición disciplinar de estas operaciones. Desde su perspectiva, la referencia a la arquitectura moderna podía entenderse como un intento de restituir reglas internas a la disciplina en un contexto marcado por la expansión del formalismo comercial y por la aparición del historicismo posmoderno. Esta recuperación contenía, sin embargo, una contradicción. La autonomía formal podía representar una reafirmación de la disciplina, pero también un repliegue frente a las condiciones históricas y sociales de la arquitectura contemporánea.
Colquhoun (1981) desarrolló una lectura complementaria al interpretar la relación de los Five con Le Corbusier como un proceso de apropiación crítica. Los recursos formales del Movimiento Moderno eran extraídos de su contexto original y empleados para formular problemas distintos. En este sentido, la relación con Le Corbusier puede entenderse como una operación de transferencia y transformación, más que como una reproducción estilística. La Casa Gwathmey resulta particularmente pertinente para examinar este proceso, puesto que su composición retoma principios geométricos reconocibles del purismo y los somete a condiciones espaciales, materiales y topográficas propias del contexto doméstico norteamericano.
La posición de Gwathmey dentro de este grupo presenta, además, características específicas. La Casa Estudio fue proyectada cuando Charles Gwathmey tenía 26 años, para sus padres, el pintor Charles Gwathmey Sr. y la fotógrafa Rosalie. El proyecto condensa algunas de sus primeras investigaciones sobre geometría, sección y organización espacial. Su formación en la University of Pennsylvania bajo la influencia de Louis Kahn y Paul Rudolph resulta significativa en este proceso. Kahn había situado la distinción entre espacios servidos y sirvientes, junto con la expresión material de la estructura, en el centro de su pensamiento arquitectónico; Rudolph, por su parte, había desarrollado una investigación intensa sobre la textura, la profundidad espacial y la complejidad de la sección. Estas referencias proporcionaron a Gwathmey un marco en el que la forma podía abordarse simultáneamente como organización espacial, estructura y materia.
A esta formación se sumó un viaje a Francia destinado al estudio directo de la obra de Le Corbusier y su experiencia profesional junto a Shadrach Woods, arquitecto vinculado a Team X. Ambas experiencias contribuyeron a situar su trabajo en relación crítica con la tradición moderna y con la revisión de los principios del CIAM. La escala doméstica adquirió en este contexto una importancia particular, porque permitía trasladar problemas de composición, estructura y circulación a una arquitectura de dimensiones reducidas y con un programa definido.
Richard Siegel, formado en el Pratt Institute y en la Harvard Graduate School of Design, se incorporó en 1968 al estudio que Gwathmey había fundado cuatro años antes. La asociación dio origen a Gwathmey Siegel & Associates Architects y marcó una nueva etapa profesional. La Casa de Amagansett, por tanto, pertenece al período anterior a esa consolidación institucional y permite observar con mayor claridad las preocupaciones formales iniciales de Gwathmey.
Dentro de los Five, su posición también se diferencia por la continuidad de sus principios compositivos. Eisenman desarrolló posteriormente una investigación centrada en la descomposición y transformación de las relaciones formales, vinculada a planteamientos teóricos derivados de la lingüística estructural. Graves, en cambio, incorporó durante la segunda mitad de la década de 1970 referencias históricas y figurativas que conducirían hacia el lenguaje posmoderno. Gwathmey mantuvo una relación más estable con la geometría abstracta y con la economía formal del modernismo. La Casa de 1965 y los proyectos residenciales posteriores muestran esa continuidad, documentada por Fox (2011), y permiten situar su producción dentro de una línea específica del neomodernismo norteamericano.
Esta posición no implicó una indiferencia respecto del contexto. En la arquitectura de Gwathmey, la relación con el emplazamiento se manifestó principalmente mediante la elección de materiales, la escala y la articulación entre el volumen abstracto y las condiciones domésticas del lugar. La geometría mantuvo un grado elevado de autonomía, mientras la materialidad introdujo una relación más directa con el entorno de Long Island. Esta combinación constituye una de las claves para comprender la Casa Estudio: su arquitectura se apoya en un repertorio formal derivado del modernismo europeo, pero lo reorganiza mediante una relación específica entre volumen, sección, materia y paisaje doméstico.
Amagansett: sitio, paisaje y condiciones programáticas
El terreno corresponde a un lote llano de aproximadamente 4.000 m² en Amagansett, pequeña localidad costera situada al este de Nueva York, en Long Island. La topografía pertenece a la franja litoral característica de la zona: una superficie predominantemente arenosa, cubierta por vegetación baja, con vistas abiertas hacia el Atlántico y escasas obstrucciones visuales. En este contexto, el volumen construido adquiere una presencia particularmente definida. El acceso se produce desde el sur, mientras los espacios principales se orientan hacia las vistas del océano, situadas al norte.
La ausencia de preexistencias urbanas reduce los condicionamientos derivados de medianeras, alineamientos y relaciones con edificaciones contiguas, pero traslada a la arquitectura la responsabilidad de establecer sus propios referentes espaciales. La casa define internamente su orientación, su escala y su relación con el horizonte. Fox (2011) considera que esta libertad de implantación fue determinante para el desarrollo de una composición de carácter escultórico, concebida como un objeto arquitectónico autónomo dentro del paisaje. Se trata, sin embargo, de una interpretación retrospectiva de Fox y no de una declaración documentada de Gwathmey acerca del proceso proyectual.
El programa inicial comprendía aproximadamente 110 m², distribuidos entre sala de estar, comedor, cocina, cuarto de trabajo, dormitorio principal con estudio integrado y un dormitorio adicional. La reducida superficie condicionó directamente la organización espacial. La complejidad de las relaciones entre interior y exterior, las variaciones de altura y las transiciones entre ámbitos dependían de una distribución vertical rigurosa y de un control preciso de los umbrales espaciales. En este sentido, el proyecto puede relacionarse con la interpretación de Rowe (1972) de las villas puristas de Le Corbusier como ejercicios de alta densidad espacial dentro de volúmenes relativamente compactos.
La condición aislada de la vivienda también permite establecer una relación con las reflexiones de Norberg-Schulz (1980) sobre el genius loci. La arquitectura no recibe una estructura espacial previamente definida por el tejido urbano; debe construirla mediante sus propios límites, recorridos, orientaciones y relaciones visuales. En la Casa Gwathmey, esta autonomía espacial se manifiesta en la manera en que el volumen organiza simultáneamente la experiencia interior y la percepción del paisaje.
El cubo transformado: composición, sección y organización espacial
La operación formal fundamental parte de un volumen cúbico utilizado como referencia geométrica y sometido posteriormente a sustracciones, desplazamientos de planos y creación de vacíos. El cubo puede entenderse, por tanto, como una condición inicial más que como una forma final. El proyecto combina operaciones de adición y sustracción, de modo que la masa construida mantiene una relación constante con los vacíos que la perforan y con los planos que sobresalen de su perímetro.
En la tradición corbusieriana, el cubo y el prisma funcionan como formas primarias que estructuran el proyecto sin necesidad de reproducirse literalmente. Constituyen referencias proporcionales y geométricas susceptibles de ser modificadas mediante perforaciones, desplazamientos y operaciones de recorte. En la Casa Gwathmey, esta condición resulta particularmente visible: el volumen terminado no coincide con un cubo perfecto, pero conserva la geometría primaria como referencia latente frente a las transformaciones que configuran su perímetro y su sección.
Las cuatro caras del volumen presentan configuraciones diferenciadas mediante la alternancia de superficies opacas y transparentes. Las fachadas orientadas hacia el paisaje marítimo incorporan una proporción mayor de superficies vidriadas, mientras aquellas relacionadas con el acceso y los espacios de servicio recurren a cerramientos de tablones de cedro. La modulación no responde a una simetría global. Cada plano exterior sintetiza condiciones específicas de orientación, programa y relación visual, por lo que la percepción del edificio varía considerablemente según el punto desde el que se lo observe. Fox (2011) interpreta esta diversidad de las fachadas como una consecuencia directa de la organización interior y no como una operación superficial independiente del programa.
La sección adquiere una importancia equivalente a la composición de las fachadas. En la planta baja, vinculada directamente con el terreno, se ubican el taller y el dormitorio de huéspedes, ámbitos asociados con funciones específicas y con un mayor grado de privacidad. El nivel intermedio concentra el comedor y la cocina, espacios vinculados con las actividades colectivas y diurnas. En el tercer nivel se sitúan el dormitorio principal y el estudio, que ocupan la posición más elevada y reciben las vistas más amplias sobre el paisaje.
Esta disposición modifica la jerarquía habitual de la vivienda unifamiliar, en la que los dormitorios superiores suelen responder principalmente a criterios de privacidad respecto del espacio público. Aquí, la elevación se relaciona de manera directa con la posibilidad de construir una relación visual privilegiada con el paisaje. La sección se convierte así en un instrumento de orientación y jerarquización. Una terraza situada en el nivel intermedio introduce, a su vez, una condición de transición entre el volumen construido y el terreno abierto.
El espacio interior se articula alrededor de una doble altura que vincula visualmente el nivel del estudio con el ámbito colectivo intermedio. El vacío atraviesa dos niveles y establece una relación espacial que no puede comprenderse únicamente mediante la lectura de las plantas. La operación amplía la percepción del interior sin incrementar proporcionalmente la superficie construida y permite establecer relaciones visuales entre habitantes situados en niveles diferentes.
La escalera adquiere en este sistema una función espacial que excede la circulación entre plantas. El desplazamiento vertical produce variaciones sucesivas en el campo visual, en la incidencia de la luz y en la percepción de las relaciones entre los distintos niveles. Desde el estudio, el espacio colectivo aparece como un volumen continuo; desde la planta inferior, el borde de la plataforma superior introduce una referencia elevada que modifica la percepción de la sección. La operación puede relacionarse con la promenade architecturale corbusieriana, entendida como una secuencia espacial en la que el recorrido construye progresivamente la percepción de la arquitectura.
Pallasmaa (2005) ha señalado la importancia de la dimensión corporal de la sección y de la experiencia espacial frente a una comprensión exclusivamente visual de la arquitectura. En la Casa Gwathmey, la doble altura y la continuidad visual entre niveles permiten interpretar la sección como un instrumento perceptivo. El espacio vertical no constituye únicamente una consecuencia de la organización funcional, sino una condición que modifica la experiencia corporal y visual del interior.
La relación con Le Corbusier se vuelve particularmente significativa en la articulación entre las partes del volumen. En las villas puristas, la composición suele producir una tensión deliberada entre elementos diferenciados: masa y vacío, estructura y cerramiento, volumen y terraza, opacidad y transparencia. En la Casa Gwathmey, esas relaciones tienden a integrarse dentro de una configuración formal más continua. Los planos desplazados, los volúmenes salientes y las sustracciones del cuerpo principal mantienen diferencias geométricas, pero participan de una composición que busca establecer correspondencias entre sus componentes.
Fox (2011) caracteriza esta condición mediante la expresión “suavidad cohesionadora”, en contraste con la tensión compositiva que identifica en determinadas obras de Le Corbusier. La distinción permite formular una hipótesis sobre el carácter específico de la arquitectura de Gwathmey: los recursos derivados del purismo permanecen reconocibles, pero sus relaciones internas se reorganizan mediante una mayor continuidad geométrica y espacial.
Esta interpretación admite, sin embargo, una lectura alternativa. La coexistencia de vacíos, planos salientes y sustracciones también puede entenderse como una forma de conflicto contenido, en la que las partes conservan diferencias y tensiones aunque el conjunto produzca una percepción unitaria. Desde una posición crítica próxima a la planteada por Tafuri (1976) respecto de los Five, la aparente cohesión podría interpretarse como el resultado de una tensión cuidadosamente controlada, antes que como su desaparición. Ambas lecturas encuentran respaldo en la configuración formal de la obra.
La interpretación de la cohesión resulta particularmente útil para relacionar composición, sección y materialidad, pero su alcance debe mantenerse abierto. La Casa Gwathmey no elimina las oposiciones propias del repertorio moderno; las reorganiza mediante una relación más estrecha entre geometría, estructura espacial, envolvente y recorrido. Esa condición constituye uno de los principales puntos de diferencia respecto del modelo corbusieriano y permite comprender la obra como una reformulación específica de la tradición purista en el contexto doméstico norteamericano.




La ampliación de 1967: rotación, autonomía y tensión geométrica
Un año después de la finalización de la vivienda, en 1967, se incorporó una segunda estructura de aproximadamente 45 m² destinada a un estudio de pintura y un dormitorio adicional. La ampliación posee una configuración formal diferenciada y plantea una modificación sustancial de la composición inicial: el nuevo cuerpo se dispone con una rotación de 45° respecto del eje ortogonal de la vivienda.
Geométrica y espacialmente, esta rotación altera el sistema de relaciones establecido por el primer volumen. El giro introduce un eje diagonal que modifica las conexiones entre ambos cuerpos, el terreno y el horizonte. El estudio no se dispone como prolongación directa de la vivienda ni como pieza frontalmente contrapuesta. Su posición intermedia genera un espacio exterior angular entre las dos construcciones, cuya condición ambigua funciona como transición entre el acceso y el conjunto doméstico. Al mismo tiempo, las nuevas orientaciones producen perspectivas oblicuas que no estaban presentes en la configuración de 1965.
La incorporación del segundo cuerpo introduce así una relación dinámica entre volúmenes de distinta escala y orientación. La vivienda principal conserva su estructura ortogonal y vertical, mientras el estudio, de menor altura y girado respecto de ella, establece una geometría alternativa. Esta disposición modifica los recorridos y las perspectivas a medida que el observador se desplaza por el terreno. Desde el punto de vista funcional, la separación favorece la autonomía acústica y visual del estudio, cuyas condiciones de trabajo requieren cierto aislamiento respecto de las actividades domésticas. Desde el punto de vista compositivo, la ampliación transforma la condición de objeto aislado de la vivienda original en una composición de dos cuerpos relacionados.
La rotación de 45° introduce una dificultad importante para la hipótesis de la cohesión formal planteada anteriormente. Si la arquitectura de Gwathmey tiende a integrar los recursos geométricos del repertorio corbusieriano, la ampliación incorpora una discontinuidad que no estaba presente con la misma intensidad en el volumen de 1965. La continuidad del revestimiento de cedro y del sistema constructivo permite interpretar esa diferencia geométrica dentro de una identidad material común. En esta lectura, la cohesión no depende de la eliminación de las diferencias entre los cuerpos, sino de la existencia de relaciones compartidas que permiten mantener su pertenencia a un mismo conjunto.
También resulta posible sostener una interpretación contraria. La rotación puede entenderse como una afirmación de autonomía formal que impide reducir la ampliación a una prolongación del volumen inicial. Desde esta perspectiva, el conjunto construido entre 1965 y 1967 presenta una condición más compleja y contradictoria que la vivienda original. La primera interpretación resulta compatible con la evolución posterior de la obra de Gwathmey Siegel, aunque la segunda permite reconocer con mayor precisión el grado de independencia geométrica que adquiere el estudio.
La diagonal posee, además, antecedentes significativos dentro de la arquitectura moderna. Le Corbusier recurrió a relaciones angulares en distintos proyectos, entre ellos la Villa Stein en Garches (1927), donde determinados elementos de la planta introducen desviaciones respecto de la trama ortogonal. Entre los Five Architects, Peter Eisenman exploró la diagonal de manera más sistemática, utilizándola como instrumento para cuestionar la estabilidad de la geometría ortogonal. En Gwathmey, la operación parece responder de forma más directa a las condiciones del sitio, el programa y las relaciones visuales, aunque la posibilidad de una intención compositiva deliberada no puede descartarse.
Frampton (1980) plantea, desde una lectura tectónica de la arquitectura moderna, que una ampliación constituye una prueba para la coherencia del sistema formal de una obra. La incorporación de un nuevo cuerpo permite identificar los principios que estructuraban el proyecto inicial y, al mismo tiempo, comprobar hasta qué punto esos principios admiten transformaciones. En la Casa Gwathmey, la ampliación puede interpretarse tanto como confirmación de una identidad basada en la autonomía relativa de los volúmenes como evidencia de la tensión que esa autonomía introduce dentro del conjunto.
El cedro como continuidad material entre arquitectura y paisaje
El revestimiento de cedro natural constituye uno de los principales elementos de continuidad de la Casa Estudio Gwathmey. Su presencia se extiende a las superficies exteriores y, en determinados sectores, al interior, estableciendo una relación material constante entre envolvente, espacio doméstico y paisaje litoral. Esta elección diferencia la vivienda de la imagen predominantemente blanca asociada al neomodernismo norteamericano y la vincula con las tradiciones constructivas de Long Island y Cape Cod.
El cedro presenta propiedades adecuadas para un entorno marítimo: resistencia a la humedad, grano relativamente fino y una superficie cuyo color cambia progresivamente con la exposición solar y ambiental, desde tonalidades rojizas hacia una apariencia gris plateada. Su utilización también posee una dimensión regional. La madera y, particularmente, el shingle de cedro forman parte de la tradición constructiva de Long Island desde el siglo XIX, por lo que el material introduce una relación reconocible con la arquitectura vernácula local.
En términos compositivos, el cedro establece una continuidad entre los dos volúmenes, independientemente de la diferencia geométrica introducida por la ampliación. La misma materialidad permite que cuerpos de distinta orientación sean percibidos como componentes de una obra común. A su vez, la textura, las variaciones cromáticas y el envejecimiento de la madera introducen una dimensión temporal en una arquitectura definida por una geometría precisa y abstracta. Fox (2011) identifica esta relación entre rigor geométrico y cualidad material como una característica recurrente de la obra de Gwathmey Siegel.
La interpretación de estas funciones requiere, sin embargo, distinguir entre las propiedades verificables del material y las intenciones que la crítica le atribuye. La elección del cedro pudo responder parcialmente a condiciones económicas, disponibilidad regional y tradición constructiva, además de sus cualidades técnicas. El encargo provenía de los propios padres de Gwathmey y se desarrolló con recursos relativamente limitados. Por ello, las interpretaciones que atribuyen al material una función compositiva o simbólica específica deben considerarse hipótesis críticas y no declaraciones inequívocas de la intención original.
La arquitectura doméstica de los Hamptons y de Amagansett había desarrollado desde el siglo XIX un uso extendido del shingle, compuesto por tablillas de madera superpuestas. Vincent Scully (1955), en The Shingle Style, estudió esta tradición como una de las manifestaciones significativas de la arquitectura residencial norteamericana, en la que la continuidad de la envolvente y la integración material con el paisaje adquirieron un papel central. La Casa Gwathmey puede relacionarse con este antecedente mediante una operación de abstracción: conserva la madera como materia constructiva, pero reduce la expresión de la tablilla superpuesta y la reemplaza por superficies planas que acentúan la geometría del volumen.
La extensión del cedro hacia el interior profundiza esa continuidad. Allí donde el revestimiento exterior se prolonga en las superficies interiores, el cruce entre arquitectura y paisaje adquiere una expresión material directa. La textura y la tonalidad de la madera acompañan el recorrido desde el exterior hacia los espacios domésticos y reducen el contraste perceptivo que habitualmente establece el cerramiento entre ambos ámbitos.
Esta continuidad puede relacionarse con la noción de “identidad háptica” desarrollada por Pallasmaa (2005), para quien la materialidad arquitectónica participa en la experiencia corporal mediante textura, temperatura, escala y contacto, además de sus cualidades visuales. En la Casa Gwathmey, el cedro contribuye a construir esa dimensión sensorial mediante una presencia material constante. La geometría organiza el espacio; la madera introduce en esa estructura abstracta variación, textura y envejecimiento. La relación entre ambas dimensiones permite comprender cómo la obra articula una composición rigurosa con las condiciones materiales y ambientales específicas de su emplazamiento.
Wood frame: construcción ligera y expresión tectónica
La Casa Estudio Gwathmey se construyó mediante un sistema de entramado ligero de madera (wood frame), habitual en la arquitectura residencial norteamericana. El sistema está compuesto por montantes y vigas de madera de pequeña sección, dispuestos a intervalos regulares, generalmente de 40 o 60 cm, que conforman la estructura de los planos de cerramiento. Su carácter liviano y su ejecución en seco permiten reducir los tiempos de obra y prescindir de operaciones de encofrado y fraguado. También ofrecen un margen considerable para resolver mediante carpintería las variaciones geométricas del proyecto.
En la Casa Gwathmey, esta tecnología resulta compatible con una arquitectura basada en desplazamientos de planos, retranqueos, salientes y vacíos de geometría precisa. Determinadas configuraciones que en hormigón armado habrían requerido encofrados específicos pueden resolverse mediante una estructura de madera y elementos secundarios ejecutados con técnicas tradicionales de carpintería. La elección del sistema, por tanto, puede relacionarse tanto con las condiciones económicas del encargo como con las posibilidades constructivas disponibles en Long Island, donde el entramado ligero formaba parte de una tradición residencial consolidada.
La relación entre el wood frame y el revestimiento de cedro establece una continuidad tectónica que atraviesa la envolvente. La madera no aparece únicamente como una superficie exterior independiente de la estructura, sino que forma parte de un sistema constructivo en el que estructura, cerramiento y acabado mantienen una relación material estrecha. Esta condición establece una diferencia significativa respecto de las villas corbusierianas, donde la expresión exterior de la superficie blanca se asociaba principalmente con una estructura de hormigón armado y con una separación más marcada entre soporte y envolvente.
Frampton (1995), al desarrollar la noción de tectónica como categoría de la teoría arquitectónica, distingue entre una expresión en la que la construcción participa activamente en la configuración formal y otra en la que la envolvente adquiere una autonomía predominantemente escenográfica. La Casa Gwathmey puede aproximarse a la primera condición: la expresión material del cedro mantiene una relación directa con el sistema constructivo y contribuye a definir la percepción del volumen. La precisión de esta lectura depende, no obstante, de reconocer que la apariencia exterior no permite reconstruir por sí sola todas las relaciones entre estructura portante, subestructura y revestimiento.
La ampliación del estudio reproduce el mismo sistema constructivo. La continuidad tecnológica entre ambas etapas refuerza la relación material entre los cuerpos, incluso cuando su geometría y orientación difieren. El cedro proporciona una continuidad perceptiva, mientras el wood frame establece una continuidad constructiva. De este modo, la unidad del conjunto no depende de la coincidencia geométrica entre los volúmenes, sino de la persistencia de determinados principios materiales y técnicos.




Transparencia literal y fenomenal en la composición tridimensional
El concepto de transparencia ocupa un lugar central en la interpretación de la arquitectura de Gwathmey Siegel, aunque su aplicación requiere distinguir entre diferentes fenómenos perceptivos. En “Transparency: Literal and Phenomenal”, publicado en 1963, Colin Rowe y Robert Slutzky diferenciaron la transparencia literal, producida materialmente por superficies que permiten la visión a través de ellas, de la transparencia fenomenal, asociada con la superposición de planos y con la percepción simultánea de diferentes estratos espaciales.
En la Casa Gwathmey, ambas condiciones aparecen de manera diferenciada. La transparencia literal se produce mediante las superficies acristaladas que vinculan los espacios interiores con el paisaje. Su intensidad varía según la orientación y el programa de cada fachada. Las superficies orientadas hacia el océano presentan una apertura visual considerablemente mayor, mientras los planos asociados con el acceso y las áreas de servicio adquieren un carácter más opaco.
La transparencia fenomenal se produce, en cambio, mediante la relación entre planos y volúmenes. Los cuerpos salientes, los retranqueos y las superficies desplazadas generan situaciones en las que distintos estratos de la composición pueden percibirse simultáneamente. El observador identifica planos que se superponen visualmente, aunque se encuentren separados en profundidad. La experiencia no depende de la transparencia física de los materiales, sino de la manera en que la composición organiza las relaciones entre figura, fondo, profundidad y ocultamiento parcial.
Rowe y Slutzky (1963) desarrollaron esta distinción a partir de ejemplos vinculados con la arquitectura de Le Corbusier y con la pintura purista de Ozenfant y Le Corbusier. En la Casa Gwathmey, el principio adquiere una dimensión espacial más directamente tridimensional. La lectura de las relaciones entre planos depende de la posición del observador y cambia a medida que este se desplaza alrededor del edificio. La transparencia fenomenal, por tanto, no se concentra en una fachada determinada, sino que se construye mediante una secuencia de percepciones.
Desde el acceso sur, la vivienda puede percibirse como un volumen relativamente compacto, en el que las perforaciones y superficies acristaladas establecen relaciones puntuales con el exterior. Desde el norte, la apertura hacia el océano adquiere mayor protagonismo y la terraza, los planos retranqueados y las superficies horizontales producen una composición estratificada. En las vistas laterales, los volúmenes salientes y las sombras proyectadas modifican la lectura de la profundidad y hacen perceptible la condición cambiante de la envolvente.
La incorporación del estudio rotado introduce una variable adicional. Dependiendo de la posición del observador, ambos cuerpos pueden aparecer parcialmente superpuestos o manifestarse como piezas claramente diferenciadas. La rotación de 45° modifica así la percepción de las distancias y de los límites entre las construcciones. La composición deja de ofrecer una única lectura frontal y exige un desplazamiento alrededor del conjunto para reconocer sus relaciones tridimensionales.
En este sentido, el recorrido constituye un instrumento fundamental para comprender la obra. La promenade architecturale no se reduce a una secuencia interior de circulación, sino que incluye la aproximación al edificio, el desplazamiento por el terreno y la modificación continua de las relaciones visuales entre los volúmenes. La transparencia fenomenal adquiere así una condición temporal: cada posición revela una configuración distinta de planos, vacíos y superposiciones. El edificio se comprende como una composición tridimensional cuya forma no se agota en una vista única.
La Casa Gwathmey en el debate de los New York Five
La publicación de Five Architects en 1972 situó a Gwathmey dentro de uno de los debates centrales de la arquitectura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. El volumen, que reunía obras y textos de Peter Eisenman, Michael Graves, Charles Gwathmey, John Hejduk y Richard Meier junto con una introducción de Colin Rowe, recibió una respuesta crítica inmediata. En 1974, Robert A. M. Stern y otros arquitectos vinculados a la revisión posmoderna publicaron Five on Five en Architectural Forum, donde cuestionaron la autonomía formal de los llamados Whites y defendieron una arquitectura atenta a la memoria histórica, la contextualidad urbana y la dimensión comunicativa de la forma.
Tafuri (1976) formuló una de las interpretaciones historiográficas más incisivas sobre el grupo. En “European Graffiti. Five x Five = Twenty-five”, situó su producción dentro de la crisis del proyecto moderno y entendió la referencia a Le Corbusier como una recuperación de las fuentes formales de la modernidad para restituir especificidad disciplinar al proyecto. Al mismo tiempo, señaló una contradicción: la autonomía formal podía conducir a un repliegue hacia el ámbito académico y hacia la vivienda privada de alto nivel, desplazando las cuestiones urbanas y colectivas que habían formado parte de las preocupaciones del Movimiento Moderno.
Esta observación introduce una tensión relevante en la interpretación de la Casa Gwathmey. Desde el punto de vista formal, la cohesión entre geometría, sección, materialidad y recorrido puede entenderse como una reformulación productiva del repertorio corbusieriano. Desde una perspectiva histórica, en cambio, esa misma cohesión puede interpretarse como una reducción del alcance crítico de dicho repertorio al trasladarlo a una vivienda privada emplazada en un paisaje suburbano. Ambas lecturas pertenecen a niveles diferentes de análisis. La primera examina la coherencia interna de la obra; la segunda, sus condiciones históricas y sociales.
La escala doméstica ocupó una posición particular dentro de las investigaciones de los Five. Durante los primeros años de sus carreras, la vivienda unifamiliar, y especialmente la casa de fin de semana, proporcionó un campo de experimentación adecuado para estudiar geometría, sección, circulación y relación con el paisaje. La menor complejidad programática y administrativa de estos encargos permitía desarrollar operaciones formales difíciles de incorporar en edificios institucionales de mayor escala. Al mismo tiempo, esta condición establecía límites evidentes. El objeto residencial aislado ofrecía pocas posibilidades para abordar directamente problemas relativos a la ciudad, el espacio público o el hábitat colectivo, una limitación que la crítica posmoderna convirtió en uno de sus principales argumentos contra la posición de los Whites.
La Casa Gwathmey permite observar esa doble condición con especial claridad. Su reducido programa posibilita una elaboración precisa de la sección, de las relaciones visuales y de la composición volumétrica, mientras su emplazamiento aislado restringe el campo de intervención a la parcela y al paisaje inmediato. La misma autonomía que favorece la investigación formal reduce su incidencia sobre estructuras urbanas de mayor escala.
La obra posterior de Gwathmey Siegel mantuvo un interés sostenido por la manipulación de elementos geométricos como el plano, el volumen, la curva y la diagonal. Su relación con Le Corbusier permaneció reconocible, aunque los recursos heredados fueron sometidos a una reorganización propia. Mientras determinadas composiciones corbusierianas establecen contrastes intensos entre elementos estructurales y planos independientes, Gwathmey tendió a relacionar esos componentes mediante una continuidad geométrica y material mayor. Colquhoun (1981) ha descrito operaciones de este tipo como formas de “distancia crítica”: apropiaciones de lenguajes precedentes que conservan sus instrumentos formales mientras modifican sus condiciones de uso. La Casa de Amagansett constituye uno de los primeros ejemplos en los que esta relación puede observarse de manera integrada.

Recepción crítica, desarrollo posterior y legado arquitectónico
La Casa Estudio Gwathmey recibió atención crítica desde finales de la década de 1960 y fue incorporada progresivamente a las publicaciones dedicadas a la arquitectura residencial norteamericana. Su difusión en revistas especializadas contribuyó a situarla dentro de la discusión sobre la renovación del lenguaje moderno en la vivienda. Posteriormente, el proyecto apareció en monografías y catálogos dedicados a la obra de Gwathmey Siegel, entre ellos los materiales vinculados con la exposición de la Yale School of Architecture y el catálogo de Sprunt (2009), que incluye estudios de Fox (2011).
Su importancia puede examinarse en distintos niveles. En términos formales, la casa anticipa recursos que Gwathmey Siegel desarrollaría en proyectos residenciales y culturales posteriores: composición mediante cuerpos geométricos diferenciados, articulación entre planos opacos y superficies transparentes, empleo de revestimientos continuos y una atención particular a la sección como instrumento de organización espacial. La experiencia de Amagansett proporcionó un campo reducido en el que estas operaciones podían estudiarse con precisión.
En el plano disciplinar, el proyecto contribuyó a reafirmar la vivienda unifamiliar como ámbito legítimo de investigación arquitectónica. La casa permitió concentrar en una escala doméstica problemas de geometría, estructura, materialidad, circulación y relación con el paisaje que posteriormente podían trasladarse a programas de mayor complejidad. En este sentido, puede establecerse una relación con la interpretación de Wittkower (1949) sobre las villas palladianas como campos de experimentación disciplinar: edificios de escala relativamente limitada que permiten desarrollar principios susceptibles de adquirir posteriormente una aplicación más amplia.
Su dimensión cultural también está vinculada con el contexto específico de Long Island. Durante el siglo XX, la región funcionó como escenario de numerosas investigaciones sobre la vivienda moderna y su relación con el paisaje. La Casa Gwathmey participa de esta tradición mediante una combinación particular de abstracción geométrica y especificidad material. El terreno llano, la apertura visual hacia el Atlántico, el uso del cedro y la relación entre interior y exterior constituyen condiciones concretas del proyecto; la geometría, en cambio, conserva un grado elevado de autonomía respecto del paisaje.
Esta coexistencia define buena parte de la singularidad de la obra. El contexto no determina directamente la forma, pero interviene mediante la orientación, la apertura de las fachadas, la selección material y la organización de los espacios. El resultado es una arquitectura en la que la referencia al lugar se produce principalmente a través de relaciones espaciales y tectónicas, mientras la composición mantiene la abstracción geométrica característica de la posición neomoderna.
La Casa Estudio Gwathmey ocupa así una posición intermedia entre dos tradiciones. Por una parte, prolonga el interés moderno por la forma primaria, la planta libre, la transparencia y la promenade architecturale; por otra, incorpora condiciones materiales y ambientales específicas de la arquitectura residencial de Long Island. Su importancia histórica no depende únicamente de su pertenencia a los Five Architects, sino de la manera en que concentra, en una obra de escala reducida, las tensiones entre autonomía formal, contexto, técnica y experiencia espacial que atravesaron la arquitectura norteamericana de las décadas de 1960 y 1970.
Conclusión: cohesión formal, contradicción y vigencia disciplinar
La Casa Estudio Gwathmey condensa, en aproximadamente 155 m² distribuidos en dos volúmenes, una investigación arquitectónica de considerable densidad. La hipótesis que ha orientado este análisis, según la cual la obra reinterpreta el purismo corbusieriano mediante una tendencia hacia la cohesión formal antes que hacia la tensión dialéctica entre elementos, encuentra respaldo en la composición volumétrica, la continuidad material del cedro y la relación entre estructura y envolvente. Esta interpretación, sin embargo, no puede considerarse una propiedad objetiva e inequívoca del edificio. La rotación de 45° introducida en la ampliación de 1967 y la lectura historiográfica propuesta por Tafuri (1976) permiten reconocer discontinuidades que matizan la idea de unidad y abren otras posibilidades de interpretación.
Esta condición resulta significativa para comprender la relación de la obra con Le Corbusier. Mientras las villas puristas desarrollan oposiciones entre estructura portante y planta libre, masa y vacío, opacidad y transparencia, la Casa Gwathmey tiende a articular esas diferencias dentro de una composición de mayor continuidad. El conflicto formal no desaparece, pero cambia de intensidad y de modo de manifestación. La geometría de la ampliación, la relación entre cuerpos y la superposición de planos conservan tensiones que el sistema material y constructivo integra parcialmente. La obra puede entenderse, por tanto, como una reorganización de las contradicciones modernas más que como su eliminación.
Su interés para la arquitectura contemporánea también reside en las condiciones concretas que hicieron posible esta investigación. La vivienda de pequeña escala y recursos económicos limitados permitió concentrar problemas de geometría, sección, materialidad y relación con el paisaje en un proyecto de dimensiones reducidas. Esta condición resulta pertinente frente a la renovada atención que la arquitectura presta actualmente a la vivienda, tanto por las dificultades de acceso a ella como por las transformaciones de los modos de habitar y por la incidencia ambiental de la construcción residencial. La Casa Gwathmey muestra que la investigación formal no depende necesariamente de la escala del encargo, aunque sus conclusiones permanecen vinculadas a las condiciones específicas que las produjeron.
La relación entre autonomía formal y emplazamiento constituye otro de los aspectos relevantes. La casa reconoce las características de Amagansett mediante la orientación hacia el océano, la apertura de las superficies vidriadas, el empleo del cedro y la continuidad entre arquitectura y paisaje. Al mismo tiempo, mantiene una composición geométrica que no deriva directamente de las formas del entorno. El lugar interviene mediante orientación, materialidad, luz y experiencia espacial, mientras la geometría conserva una lógica propia.
La ampliación de 1967 plantea, finalmente, un problema de particular interés disciplinar. La incorporación de un segundo volumen obliga a reconsiderar la integridad de una composición previamente consolidada. Gwathmey responde mediante un cuerpo autónomo, orientado según un eje propio y separado del volumen principal por una distancia espacial que adquiere valor compositivo. La continuidad del cedro y del sistema constructivo establece relaciones de pertenencia entre ambos cuerpos, mientras la rotación de 45° preserva su diferencia geométrica. La ampliación demuestra así que la unidad arquitectónica puede construirse mediante relaciones entre piezas diferenciadas, sin exigir coincidencia formal entre ellas.
Persisten, no obstante, cuestiones que la documentación disponible no permite resolver de manera concluyente. La medida en que la elección del cedro respondió a una intención expresiva consciente, frente a factores como el presupuesto, la disponibilidad regional del material y las prácticas constructivas locales, permanece abierta. Lo mismo ocurre con la intención específica detrás de la rotación del segundo volumen. La evidencia permite establecer sus efectos formales y espaciales, pero no determinar con certeza el grado de premeditación teórica que los sustentó. Mantener esta distinción evita convertir interpretaciones posteriores en declaraciones de intención arquitectónica.
La Casa Estudio Gwathmey conserva su relevancia, por tanto, no únicamente como obra asociada a los Five Architects, sino como un caso preciso de interacción entre forma, técnica, materialidad y lugar. En una superficie reducida, el proyecto articula geometrías primarias transformadas, una sección compleja, relaciones variables entre opacidad y transparencia y una continuidad tectónica basada en la madera. Su valor historiográfico deriva de la posición que ocupa dentro del neomodernismo norteamericano; su interés arquitectónico, de la capacidad de esos recursos para producir distintas lecturas sin quedar agotados por una única interpretación.
La obra de Amagansett puede situarse así dentro de una tradición moderna que entiende el proyecto como investigación sobre las relaciones entre volumen, espacio, estructura y paisaje. Su especificidad reside en la manera en que Gwathmey reorganiza ese repertorio bajo condiciones domésticas, técnicas y territoriales concretas. La casa permanece abierta a interpretaciones divergentes porque sus operaciones formales contienen tanto continuidad como diferencia. Esa coexistencia constituye una de las condiciones que explican su permanencia dentro de la historia de la arquitectura residencial norteamericana.
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Imagenes: ©Gwathmey Siegel
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