Composición, recorrido y transformación de las estructuras existentes
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2013, n.º 18
Resumen
El ensayo analiza la Villa Church de Le Corbusier, construida entre 1927 y 1929 en Ville d’Avray y demolida en 1963, a partir de su relación con una preexistencia neoclásica y con las transformaciones de la arquitectura moderna. El estudio plantea que la geometría constituye el principal instrumento de mediación entre ambos momentos históricos: eje, simetría, proporción y jerarquía de niveles se trasladan desde el orden existente hacia un vocabulario compuesto por planos lisos, ventanas horizontales, terrazas y losas en voladizo. El análisis aborda sucesivamente la composición volumétrica, el recorrido, la ventana como dispositivo constructivo, visual y espacial, la transformación de un pabellón existente y el equipamiento diseñado junto con Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret. La investigación considera además las condiciones documentales derivadas de la desaparición de la obra. Villa Church aparece así como un caso de intervención en el que restauración, transformación y nueva construcción se articulan mediante una estructura geométrica común.
Palabras clave: Villa Church, Le Corbusier, arquitectura moderna, preexistencia arquitectónica, geometría arquitectónica.
La preexistencia como problema
Villa Church: una obra reconstruida desde el archivo
La Villa Church pertenece al conjunto de obras de Le Corbusier que ya no existen. Fue construida entre 1927 y 1929 en Ville d’Avray y demolida en 1963 (Gardinetti, 2017). Su estudio actual depende, por tanto, de una documentación fragmentaria: planos y fotografías conservados en la Fondation Le Corbusier, la descripción publicada en la Œuvre complète (Le Corbusier y Jeanneret, 1995 [1929]) y un reducido número de investigaciones que han reconstruido las distintas etapas del proyecto (Reichlin, 1983; Benton, 2007; Andrade Junior et al., 2019).
Esta condición documental incide directamente en el método de análisis. Colomina (2010) ha señalado que la arquitectura moderna se constituyó también a través de sus medios de difusión, en particular mediante la fotografía y la publicación, que contribuyeron a fijar la manera en que las obras eran conocidas e interpretadas. En la Villa Church, esa mediación adquiere una importancia particular: la obra desaparecida sólo puede ser restituida a partir de las representaciones que produjo el estudio y de los documentos que el archivo preservó. Las descripciones que siguen distinguen, por ello, entre aquello que puede atribuirse directamente a las fuentes y aquello que corresponde a una inferencia derivada de ellas.
El encargo presenta, además, una condición específica dentro de la producción doméstica de Le Corbusier durante la década de 1920. Henry Church y su esposa solicitaron una nueva residencia vinculada a una construcción neoclásica existente. El proyecto debía responder, en consecuencia, a una preexistencia que establecía condiciones de emplazamiento, escala y composición. La hipótesis de este ensayo sostiene que el estudio de la rue de Sèvres articuló esa relación mediante la geometría. En lugar de reproducir literalmente el lenguaje neoclásico, el proyecto trasladó algunas de sus propiedades de orden, como la axialidad, la proporción y la regularidad, hacia una organización espacial compatible con los principios de la arquitectura moderna. La geometría se convierte así en el medio a través del cual se relacionan dos sistemas formales y constructivos pertenecientes a momentos históricos distintos.
Los apartados siguientes examinan esta relación en escalas sucesivas: composición, recorrido, percepción, transformación de las construcciones existentes y equipamiento. En cada escala se identifica el modo en que la organización geométrica estructura la relación entre la arquitectura nueva y la preexistente.

Un encargo compuesto: restauración, transformación y nueva construcción
La Œuvre complète presenta el encargo mediante una descripción sintética. Señala la restauración de un edificio antiguo y la incorporación de una villa de carácter clásico, a la que se suma una nueva construcción destinada a garajes y dependencias de servicio en planta baja, mientras que el primer piso reúne habitaciones, comedor, sala de estar con loft, biblioteca y acceso directo a la terraza jardín (Le Corbusier y Jeanneret, 1995 [1929], p. 201). La misma fuente precisa que «el pabellón es la transformación de la casa antigua»: en planta baja se disponen un gran vestíbulo con armarios, cocina y aseo; en el primer nivel, una sala de recepción, biblioteca, sala de juegos y bar, con apertura directa hacia un jardín colgante.
La investigación de archivo permite precisar la complejidad de esta operación. La propiedad habitada por Henry Church y su esposa, Barbara, comprendía inicialmente dos construcciones antiguas, una residencia y un establo. A ellas se incorporó posteriormente una edificación arruinada situada en el terreno vecino, adquirida por los propietarios. Le Corbusier intervino sobre los tres pabellones en distintos momentos entre 1927 y 1929, y los dibujos conservados permiten seguir las sucesivas versiones de cada intervención (Andrade Junior et al., 2019). El proyecto, por tanto, no se desarrolló como una operación única sobre un objeto arquitectónico homogéneo, sino mediante una serie de intervenciones sucesivas condicionadas por construcciones y situaciones preexistentes.
Restaurar, transformar y construir implicaban operaciones arquitectónicas diferentes. La Villa Church las reunió dentro de una misma propiedad y exigió establecer relaciones entre estructuras, escalas y grados de permanencia distintos. La unidad del conjunto no dependía, en consecuencia, de la homogeneidad material de sus edificios, sino de la capacidad del proyecto para establecer correspondencias entre ellos.
El programa incorporaba, además, un espacio destinado a audiciones musicales y eventos sociales, según la descripción recogida por Reichlin (1983, p. 101) en la investigación de Andrade Junior et al. (2019). La bibliografía también relaciona a Church con la revista literaria Mesures (Paulhan, 2006). Estos datos permiten plantear, aunque no demostrar documentalmente, que la vivienda fue concebida como escenario de una actividad cultural además de residencia privada. La organización del programa resulta compatible con esta interpretación: mientras la planta baja concentra garajes, servicios y espacios de acceso, el primer nivel reúne las principales funciones de representación y sociabilidad.
Villa Church entre el programa complejo y el orden clásico
Benton (2007) organiza las villas parisinas de la década de 1920 en cuatro categorías: el mundo del purismo, la promenade architecturale, los programas complejos y las casas «clásicas». La Villa Church se incorpora al grupo de los programas complejos, junto con los estudios Lipchitz y Miestchaninoff, la casa Ternisien y la casa Planeix. En cambio, la Villa Stein-de Monzie y la Villa Savoye, contemporáneas del proyecto, aparecen dentro del grupo de las casas clásicas. Esta clasificación resulta relevante porque permite observar una tensión interna en la Villa Church: aunque su programa responde a una composición compleja, la documentación disponible atribuye al pabellón principal una organización geométrica próxima al orden clásico.
En este caso, la presencia de una arquitectura neoclásica vecina proporciona una condición específica para esa organización. Sus ejes, simetrías y proporciones establecían un sistema formal previo con el que la nueva construcción debía relacionarse. La geometría de la Villa Church puede entenderse, por tanto, como una respuesta a una estructura espacial existente. La preexistencia no sólo restringía el proyecto mediante sus dimensiones o posición en el terreno; también introducía relaciones de orden que podían ser retomadas, desplazadas o transformadas por la nueva arquitectura.
Los cinco puntos de una arquitectura nueva, formulados por Le Corbusier y Jeanneret entre 1926 y 1927, ofrecen un marco adicional para analizar esa relación. Los pilotis, la terraza jardín, la planta libre, la fachada libre y la ventana horizontal presuponen una estructura de pórticos de hormigón armado en la que columnas y losas reciben las cargas y permiten independizar los cerramientos de su función portante. La Villa Church presenta con claridad la terraza jardín y la ventana horizontal. La presencia efectiva de los otros tres principios, en cambio, debe considerarse con mayor cautela, ya que las fuentes disponibles no permiten documentar de manera exhaustiva el grado de independencia estructural de cada pabellón.
Esta precisión resulta particularmente importante en un conjunto que conserva estructuras anteriores. Allí donde los muros existentes continúan condicionando la organización espacial y constructiva, la libertad de planta y de fachada propia de los cinco puntos no puede asumirse como una condición absoluta. El proyecto introduce, entonces, una relación gradual entre estructura heredada y estructura nueva. La preexistencia interviene tanto en la configuración formal del conjunto como en las posibilidades técnicas de su transformación.

Geometría y composición: la traducción del orden neoclásico
La composición mediante volúmenes autónomos
La expresión «volúmenes asociados» designa una composición formada por cuerpos diferenciados que se yuxtaponen sin perder su autonomía formal. En Hacia una arquitectura, Le Corbusier definió la arquitectura como «el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz» (Le Corbusier, 1998 [1923]; traducción propia). En la Villa Church, esta formulación encuentra una aplicación precisa: el conjunto se organiza mediante un volumen principal orientado hacia la calle de acceso, un cuerpo de menor altura destinado a los servicios, un volumen perpendicular y un pabellón anexo. Cada pieza presenta una función, una altura y una posición determinadas.
Esta configuración resulta particularmente adecuada para un proyecto condicionado por construcciones existentes. La fragmentación volumétrica permite establecer relaciones diferenciadas con cada parte del conjunto, en lugar de someterlas a una única envolvente. Altura, orientación, distancia y posición pueden ajustarse en función de las condiciones específicas de cada encuentro. La composición adquiere así un carácter relacional: la autonomía de los cuerpos no impide su articulación, sino que permite graduar el contacto entre ellos.
La disposición por piezas también introduce una jerarquía. El volumen principal concentra la presencia arquitectónica hacia el acceso, mientras los cuerpos secundarios adquieren una posición subordinada, tanto por sus dimensiones como por su relación con la circulación. El conjunto no se percibe como una masa homogénea, sino como una secuencia de volúmenes cuya proximidad establece diferentes grados de continuidad.
Eje, simetría y proporción como estructura de continuidad
La fuente base califica el orden del pabellón principal como geométrico y casi clásico, y señala que la armonía formal y las preocupaciones estéticas del proyecto se vieron reforzadas por el carácter neoclásico de la construcción existente. La afirmación permite plantear una cuestión más precisa: qué propiedades del orden clásico intervienen en la nueva arquitectura y mediante qué recursos son reformuladas.
Las fuentes consultadas no permiten reconstruir con suficiente detalle la geometría del edificio neoclásico como para establecer una correspondencia métrica entre ambas construcciones. Por ello, la relación debe plantearse como una hipótesis susceptible de verificación sobre los planos de archivo. En ese marco, eje, simetría y proporción pueden entenderse como propiedades abstractas transferidas al nuevo edificio y reformuladas mediante planos lisos, ventanas horizontales y losas en voladizo. La fuente documenta en el pabellón principal una composición axial y una organización simétrica; ambas, sin embargo, se encuentran sometidas a ajustes que impiden interpretarlas como una reproducción literal del modelo existente.
Conviene distinguir aquí entre dos formas de relación con la tradición clásica. Un clasicismo de repertorio se reconoce mediante elementos como cornisas, molduras y órdenes columnarios; un clasicismo de disposición se manifiesta en la organización de ejes, proporciones, simetrías y relaciones geométricas. El edificio neoclásico reúne ambas dimensiones. El proyecto de Le Corbusier conserva la segunda y sustituye la primera por un vocabulario basado en la abstracción del plano, la continuidad horizontal y la autonomía de los elementos estructurales y de cerramiento.
Rowe (1999 [1947]) mostró, a partir de la comparación entre la Villa Stein-de Monzie y la Villa Malcontenta de Palladio, cómo Le Corbusier podía establecer una relación con la arquitectura clásica mediante la transferencia de estructuras geométricas sin reproducir su vocabulario formal. Esta comparación resulta pertinente para la Villa Church, aunque introduce una diferencia sustancial: aquí la arquitectura clásica no constituye únicamente un referente histórico, sino una presencia material localizada en la misma parcela.
Reichlin, según la reseña de Freigang (2025), interpreta la relación de Le Corbusier con la tradición como una transformación de conceptos y procedimientos del pensamiento proyectual, antes que como una reproducción de estilos o tipologías. La Villa Church permite observar esa operación bajo una condición específica. La tradición neoclásica no aparece como una referencia distante, sino como una construcción concreta cuyas proporciones, posición y presencia visual intervienen en la configuración del nuevo proyecto.
La fachada como sistema de equilibrio geométrico
La fachada principal concentra las operaciones de orden y equilibrio que caracterizan al pabellón. Su composición se organiza a partir de un eje ligeramente desplazado hacia la izquierda del volumen, mientras que la geometría del jardín de acceso refuerza la percepción de simetría. Un pequeño balcón señala el eje y establece una referencia para el acceso al vestíbulo de planta baja. A media altura, una ventana horizontal introduce una dirección transversal que contrasta con la verticalidad implícita del eje. En el remate, dos losas dispuestas a modo de baldaquino, una a cada lado de la terraza superior, completan la composición.
La simetría no se produce mediante la repetición de elementos equivalentes. La losa situada a la derecha presenta una mayor extensión que la izquierda para compensar la menor dimensión del portón inferior correspondiente. La relación entre ambos elementos muestra que el equilibrio se establece mediante diferencias calculadas de tamaño y posición. La simetría funciona, por tanto, como una estructura de relaciones y no como una correspondencia estricta entre partes.
Esta operación permite precisar qué dimensión del orden clásico se incorpora al proyecto. La composición mantiene la noción de equilibrio axial, pero modifica los medios mediante los cuales se alcanza. Las piezas no necesitan ser idénticas para producir una organización simétrica; basta con que sus dimensiones, posiciones y pesos visuales establezcan una relación compensada.
Las losas superiores admiten, en este sentido, una comparación con la cornisa de una fachada clásica. Ambas definen un límite superior, proyectan sombra sobre el plano inferior y establecen un borde arquitectónico asociado al remate del volumen. Esta correspondencia pertenece al campo de la interpretación y no permite atribuir una intención específica al proyecto. Su interés reside en mostrar cómo una pieza característica de la arquitectura moderna puede asumir funciones compositivas que, en otro sistema formal, correspondían a elementos de naturaleza diferente.
El pabellón principal se sitúa junto a la calle de acceso y presenta un ligero desplazamiento respecto del eje perpendicular del conjunto, de modo que concentra la visión desde el ingreso. Las construcciones existentes quedan parcialmente relegadas detrás del nuevo volumen. La secuencia visual resulta significativa: desde el acceso, la arquitectura nueva aparece en primer término y la antigua se descubre posteriormente. El proyecto establece así una relación ambivalente con la preexistencia. Comparte con ella determinadas reglas de orden, pero modifica su posición dentro de la experiencia espacial del conjunto.

Articulación volumétrica y contacto entre cuerpos
En el lado izquierdo de la fachada, el plano curvo correspondiente a la escalera establece la transición entre el volumen principal y el cuerpo de menor altura destinado a los servicios. Entre ambos se dispone un muro bajo que, situado delante de la superficie curva, enmarca el acceso al hall de la escalera. Hacia el mismo sector, la prolongación de la circulación posterior conecta con el volumen perpendicular, mientras una terraza de borde curvo establece un punto de contacto entre la elevación principal y ese cuerpo.
La reducida superficie de contacto resulta determinante para conservar la lectura independiente de las piezas. Cuando dos prismas comparten una arista extensa, la percepción tiende a integrarlos en un único cuerpo; cuando el contacto se concentra en un punto o se desplaza hacia una conexión posterior, cada volumen mantiene una identidad formal diferenciada. En la Villa Church, la continuidad funcional se produce principalmente a través de la circulación posterior, mientras que la fachada conserva una separación visual mayor.
La organización permite que cada cuerpo responda de manera específica a las condiciones del conjunto. Las diferencias de altura, orientación y posición no se corrigen mediante una envolvente común, sino que se hacen visibles como parte de la composición. La curva desempeña aquí una función de transición: articula superficies pertenecientes a volúmenes de distinta altura, concentra el acceso y relaciona espacialmente el muro bajo con la escalera. Su presencia introduce una variación geométrica dentro de una composición dominada por prismas y planos rectos.
La autonomía volumétrica y la continuidad funcional quedan, de este modo, resueltas mediante recursos diferentes. Los cuerpos permanecen legibles como unidades independientes, mientras la circulación establece entre ellos una continuidad espacial. La composición no elimina las diferencias entre las piezas; las organiza.
Geometría y recorrido: el urbanismo doméstico
Terrazas, cotas y circulaciones como sistema de articulación
La fuente base sitúa la Villa Church sobre un terreno irregular y señala que Le Corbusier vinculó los nuevos pabellones con las construcciones existentes mediante terrazas y circulaciones. El término «irregular» puede referirse tanto a una parcela cuya geometría se aparta de la ortogonalidad como a un terreno con diferencias de nivel. La documentación de archivo permite sostener principalmente esta segunda interpretación, ya que sitúa el pabellón construido sobre las ruinas de la antigua casa del terreno vecino en una cota inferior respecto de la residencia principal (Andrade Junior et al., 2019, a partir de Reichlin, 1983, p. 101).
Las diferencias de nivel introducen una condición topográfica que el proyecto incorpora mediante planos horizontales y recorridos de conexión. Las terrazas establecen superficies habitables en las cotas correspondientes a cada pieza, mientras las circulaciones articulan esos planos sin eliminar las diferencias entre los edificios. La continuidad del conjunto se produce, por tanto, mediante relaciones de nivel y desplazamiento, no mediante la unificación de sus volúmenes.
Esta operación adquiere una dimensión específica en la terraza jardín. Se trata del segundo de los cinco puntos de una arquitectura nueva formulados por Le Corbusier y Jeanneret, según los cuales la cubierta debía recuperar como superficie habitable el suelo ocupado por la construcción (Le Corbusier y Jeanneret, 1995 [1929]). En la Œuvre complète, la descripción del proyecto menciona un jardín colgante vinculado con la primera planta y una terraza jardín con acceso directo desde el nivel de las habitaciones; la fuente base señala, además, que esta superficie corona el edificio. La cubierta deja así de funcionar como simple remate constructivo y pasa a integrarse en la secuencia espacial de la vivienda.
El sistema de terrazas adquiere una función intermedia entre arquitectura y topografía. Cada plano establece una condición de estancia y, al mismo tiempo, una referencia para el desplazamiento. La circulación deja de ser exclusivamente interior y se prolonga hacia superficies abiertas que permiten relacionar las distintas cotas de la propiedad.

La vivienda como fragmento de tejido urbano
Después de la adquisición del terreno vecino, la propiedad Church reunía dos construcciones antiguas y una edificación en ruinas dentro de un suburbio de París (Andrade Junior et al., 2019). La diversidad de las piezas y sus diferencias de nivel exigían establecer relaciones espaciales entre edificios que no formaban originalmente un conjunto unitario. El proyecto respondió mediante accesos diferenciados, circulaciones y espacios intermedios, entre ellos terrazas, jardín colgante y superficies de borde curvo.
En este contexto puede utilizarse la expresión «urbanismo doméstico» para describir una forma de organización que traslada a la escala de la vivienda ciertos mecanismos propios de la estructura urbana: recorridos, espacios de transición, umbrales y relaciones entre piezas edificadas. El término pertenece a la interpretación desarrollada en este ensayo y no a una denominación utilizada por las fuentes. Su fundamento se encuentra en tres condiciones documentadas: la ampliación de la propiedad mediante la adquisición del terreno vecino, las diferencias de cota entre las construcciones y su conexión mediante terrazas y circulaciones.
El volumen principal establece la relación más directa con la calle de acceso y configura un frente reconocible. El jardín de entrada introduce un espacio de transición entre el exterior y la vivienda, mientras las circulaciones interiores y posteriores conectan las distintas construcciones. La parcela se organiza así mediante una sucesión de espacios con grados variables de apertura, privacidad y continuidad.
La geometría desempeña en esta organización una función comparable, en términos abstractos, a la que cumplen los trazados en la estructura urbana. No ordena una serie de calles y parcelas, sino edificios existentes y nuevos, diferencias topográficas y espacios intermedios. La unidad del conjunto procede de las relaciones que se establecen entre estas partes, no de su semejanza formal.
Esta lectura modifica la posición habitual de la Villa Church dentro de la producción doméstica de Le Corbusier. Considerada como una villa aislada, puede analizarse en relación con las transformaciones del tipo residencial moderno. Considerada como un fragmento de tejido construido, adquiere relevancia el problema específico que planteaba el encargo: articular piezas de distinta procedencia, posición y altura dentro de una misma propiedad.
La promenade architecturale entre volúmenes y jardines
En planta baja, el vestíbulo conduce hacia una circulación horizontal situada en el lado opuesto al acceso. Una escalera perpendicular a ese recorrido establece la conexión con el piso principal. El desplazamiento no se desarrolla mediante un eje continuo, sino mediante cambios sucesivos de dirección: el visitante avanza por el pasillo, gira noventa grados y asciende. Cada giro modifica la orientación corporal y reorganiza el campo visual.
El primer nivel concentra las principales actividades sociales de la vivienda y puede relacionarse, en términos programáticos, con la posición del piano nobile en la tradición residencial, es decir, el nivel destinado a los espacios de representación y recepción. Un conjunto de locales de servicio separa las habitaciones de la circulación y establece un filtro entre áreas de distinta privacidad. La planta organiza así el desplazamiento y, simultáneamente, jerarquiza los usos domésticos. En el extremo izquierdo, una escalera de un solo tramo conduce al segundo nivel, donde se encuentra la terraza jardín.
El itinerario presenta afinidades con la noción de promenade architecturale desarrollada por Le Corbusier. Benton (2007) dedica un apartado específico a esta cuestión dentro de su estudio de las villas, con la Villa La Roche-Jeanneret como uno de los casos centrales. Reichlin (2022, citado en Freigang, 2025) ha diferenciado, a su vez, los movimientos del cuerpo y de la mirada, así como la condición variable de las imágenes producidas durante el recorrido, que pueden aparecer próximas o distantes, directamente perceptibles o encuadradas.
La comparación con la Villa La Roche-Jeanneret permite precisar la particularidad de la Villa Church. En aquella, el recorrido se desarrolla fundamentalmente dentro de un volumen continuo y encuentra en la galería y la rampa sus principales dispositivos espaciales. En la Villa Church, en cambio, el desplazamiento relaciona cuerpos independientes, terrazas y jardines. El recorrido no concluye en el interior del edificio, sino que se prolonga hacia los espacios exteriores de la parcela.
Esta continuidad entre arquitectura y jardín permite considerar el recorrido como un mecanismo de composición del conjunto. El visitante no percibe simultáneamente todos los edificios; los descubre de manera sucesiva a medida que cambia de posición, cota y dirección. La percepción del conjunto depende, por tanto, de una secuencia temporal.
La promenade architecturale y el urbanismo doméstico pueden entenderse, desde esta perspectiva, como dos dimensiones de una misma organización espacial. El primero describe la experiencia del desplazamiento; el segundo, la estructura física que hace posible esa experiencia. Terrazas, circulaciones, cambios de nivel y volúmenes autónomos componen un sistema en el que la vivienda se percibe progresivamente, como una pequeña estructura espacial articulada por recorridos y espacios intermedios.
Geometría y percepción: la ventana como dispositivo
La ventana horizontal y la independencia estructural
La ventana horizontal recorre el plano de fachada del primer nivel, donde se concentran las principales actividades sociales, y establece una relación continua entre los espacios interiores y las vistas exteriores. Le Corbusier incorporó la ventana horizontal entre los cinco puntos de una arquitectura nueva. Su formulación estuvo vinculada, además, con el debate sostenido con Auguste Perret, quien defendía la ventana vertical por su correspondencia con la proporción del cuerpo humano. Reichlin (1984) documentó este intercambio y analizó sus implicaciones arquitectónicas.
La discusión tiene una dimensión directamente constructiva. En una arquitectura de muros portantes, cada abertura interrumpe la continuidad del muro y requiere resolver la transmisión de cargas mediante dinteles o elementos equivalentes. Esta condición favorece una sucesión de vanos verticales separados por tramos de fábrica. En una estructura independiente, en cambio, columnas y losas reciben las cargas y permiten que el cerramiento exterior pierda su función portante. La abertura puede entonces extenderse horizontalmente y recorrer una mayor longitud de fachada.
La ventana horizontal expresa, por tanto, una relación entre percepción y sistema estructural. Su forma no depende únicamente de una decisión compositiva, sino de una determinada concepción de la estructura y del cerramiento. En la Villa Church, sin embargo, esta correspondencia requiere una precisión metodológica. Las fuentes consultadas no documentan cada pabellón con el grado de detalle necesario para afirmar que la independencia estructural se resolvió de manera homogénea en todo el conjunto. Allí donde permanecen muros de construcciones anteriores, la aplicación de los cinco puntos puede haber sido necesariamente parcial.
La reconstrucción de las sucesivas versiones del proyecto realizada a partir del archivo constituye, en este sentido, el punto de partida para un estudio constructivo más preciso (Andrade Junior et al., 2019). La ventana horizontal puede identificarse con claridad como principio formal y perceptivo; su correspondencia exacta con una estructura independiente debe establecerse, en cambio, mediante el análisis de los documentos gráficos disponibles.

La ventana como marco de percepción del paisaje
La ventana cumple también una función de encuadre. La banda acristalada selecciona una porción determinada del exterior y establece sus límites mediante una geometría horizontal. El paisaje deja de aparecer como una extensión continua y se presenta como un campo visual delimitado. La ventana construye así una imagen.
Colomina (2010) ha interpretado las ventanas de Le Corbusier en relación con los dispositivos fotográficos. Desde esta perspectiva, el vano funciona como un mecanismo de selección visual que transforma la vista exterior en una imagen y sitúa al habitante en una posición próxima a la del espectador. La arquitectura no sólo permite mirar; determina las condiciones geométricas de esa mirada.
En la Villa Church, este encuadre establece una relación directa entre el espacio de recepción y el jardín. El paisaje visible desde el interior forma parte del territorio de la propiedad, ampliado mediante la adquisición del terreno vecino. La ventana convierte ese territorio en un campo visual organizado desde el interior de la vivienda. El jardín no aparece únicamente como espacio exterior, sino como una superficie perceptiva incorporada a la experiencia de las habitaciones.
La proporción horizontal del vano resulta fundamental para esta operación. Frente a una abertura vertical, que enfatiza una porción acotada del campo visual, la ventana en banda favorece una lectura lateral del paisaje y permite relacionar diferentes puntos de la escena exterior dentro de un mismo encuadre. La geometría del vano condiciona así la forma en que el territorio es percibido.
Encuadre, reflejo y continuidad entre interior y exterior
Reichlin ha distinguido diferentes modalidades de relación entre interior y exterior en la arquitectura de Le Corbusier. Las ventanas en banda de Garches, Poissy o Corseaux tienden a reducir la percepción del límite entre ambos ámbitos, mientras que las ventanas enmarcadas pueden convertir la naturaleza exterior en una imagen contenida dentro de la arquitectura (Reichlin, 2022, citado en Freigang, 2025). La Villa Church introduce una condición adicional: el plano situado detrás de la ventana enmarcada estaba revestido con espejo, de modo que el interior se reflejaba sobre sí mismo y la abertura adquiría una presencia visual ambigua. Reichlin relacionó este efecto con las pinturas de Magritte (Reichlin, 2022, citado en Freigang, 2025).
El espejo duplica la operación del encuadre. La ventana organiza la percepción del exterior; el plano reflectante devuelve una imagen del interior. Ambas imágenes se superponen dentro del mismo campo visual y dificultan una separación inmediata entre habitación, jardín y reflejo. El límite arquitectónico conserva su espesor físico, pero pierde estabilidad como límite perceptivo.
Esta condición resulta coherente con la organización de una vivienda destinada también a la recepción y a la actividad social. La mirada puede dirigirse simultáneamente hacia el jardín y hacia los ocupantes de la habitación, mientras las terrazas y el jardín colgante prolongan las áreas de estancia hacia el exterior. La continuidad entre ambos ámbitos no depende de su desaparición mutua, sino de la superposición de vistas, reflejos y recorridos.
La ventana articula así tres dimensiones relacionadas. Es, en primer lugar, un elemento del cerramiento condicionado por la estructura; en segundo término, un marco que organiza el campo visual; finalmente, un dispositivo espacial que modifica la percepción de la relación entre interior y exterior. La geometría interviene en cada nivel al establecer las dimensiones del vano, su posición en el plano y la proporción del fragmento de paisaje que queda incorporado a la experiencia interior.
Transformación geométrica de una construcción preexistente
Del edificio existente al pabellón transformado
El pabellón anexo constituye una operación diferente de la sustitución o de la conservación literal. La construcción anterior proporciona una base física y una posición dentro de la parcela, mientras el proyecto modifica su configuración, apariencia y programa. Reichlin dedicó a esta operación un estudio sobre la relación entre lo antiguo y lo nuevo en Le Corbusier (1983). La investigación de archivo identifica, dentro del conjunto, un pabellón de música construido sobre las ruinas de una antigua casa neoclásica situada en el terreno vecino, a una cota inferior respecto de la residencia principal (Andrade Junior et al., 2019). La correspondencia exacta entre esta pieza y las distintas descripciones de la fuente base requiere cotejar las versiones conservadas en los planos, pero el procedimiento general de transformación queda inscrito en la documentación del proyecto.
La intervención modifica la percepción del volumen mediante un tratamiento diferenciado de sus superficies. Un revestimiento oscuro de listones horizontales cubre la planta baja, mientras los muros blancos del primer nivel incorporan las carpinterías a ras del paramento. El contraste entre ambos niveles altera la lectura del peso del edificio: la base aparece visualmente más densa y oscura, mientras el volumen superior adquiere una presencia más ligera.
La colocación de las carpinterías a ras del muro resulta determinante. Al reducir el retranqueo de la abertura, desaparece buena parte de la sombra producida por el espesor del cerramiento. El paramento se percibe entonces como un plano continuo interrumpido por vanos, antes que como una masa excavada. La operación establece una continuidad formal con la fachada principal, donde la relación entre plano, abertura y profundidad también depende de la reducción del espesor visual del cerramiento.

Repetición formal y unidad del conjunto
La elevación del pabellón retoma además el recurso del plano saliente para jerarquizar el acceso a la planta baja, destinada a locales de servicio. Un elemento que avanza respecto del plano de fachada señala la entrada y establece una referencia compositiva comparable con el balcón del volumen principal.
La repetición de este recurso permite establecer una relación formal entre edificios de diferente origen. El pabellón transformado no reproduce la fachada del volumen principal, pero incorpora algunos de sus procedimientos compositivos: planos salientes, contraste entre superficies y una definición precisa de los accesos. La unidad del conjunto se construye mediante correspondencias parciales entre elementos, no mediante una uniformidad completa de las fachadas.
Esta condición resulta significativa para comprender la transformación de la preexistencia. El edificio anterior conserva su posición y parte de su condición material, pero sus relaciones formales son reorganizadas según un sistema común al resto del proyecto. La intervención modifica, por tanto, tanto la apariencia del pabellón como su posición dentro de la composición general.
Programa, memoria y transformación de uso
En la planta alta se concentran la biblioteca y la sala de juegos, mientras los servicios se mantienen en el nivel inferior. Esta distribución reproduce la jerarquía programática que organiza el conjunto: las funciones de apoyo se sitúan en la base y las actividades sociales y de ocio ocupan los niveles superiores.
La transformación también afecta al significado de la construcción existente. Según la descripción recogida por Reichlin (1983, p. 101, citado por Andrade Junior et al., 2019), el pabellón estaba destinado a audiciones musicales y eventos sociales. Una construcción vinculada al pasado material de la parcela se incorpora así a un programa cultural contemporáneo al proyecto.
La operación no conserva el edificio como testimonio estático ni lo reemplaza por completo. Mantiene su localización y su condición de soporte físico, pero modifica su imagen, organización y uso. La preexistencia queda incorporada al nuevo sistema arquitectónico mediante una transformación que afecta simultáneamente a la geometría, al programa y a la percepción del conjunto.
Del edificio al mobiliario: la continuidad del orden geométrico
El mobiliario proyectado para la Villa Church prolonga, a escala del objeto, el problema que organiza el proyecto arquitectónico: establecer relaciones entre elementos de procedencia y condición diferentes mediante un sistema común de orden. Charlotte Perriand se incorporó al estudio de la rue de Sèvres en octubre de 1927 y colaboró con Le Corbusier y Pierre Jeanneret hasta 1937. Entre 1928 y 1929, los tres desarrollaron para la Villa Church un conjunto de muebles que constituye un antecedente directo de la colección de mobiliario tubular presentada en el Salón de Otoño de 1929 (McLeod, 2003).
El conjunto comprendía un sillón de respaldo basculante, un sillón individual de gran confort y una chaise longue, posteriormente catalogados como LC1, LC2-LC3 y LC4 (Gardinetti, 2017). Los ejemplares diseñados para la villa no coincidían todavía con las versiones que se producirían posteriormente. El sillón basculante incorporaba superficies acolchadas en respuesta a las exigencias de confort de los propietarios, mientras que las estructuras del sillón de gran confort presentaban un acabado pintado. El cromado se incorporaría después en las versiones destinadas a exposición y comercialización (Gardinetti, 2017, a partir de McLeod, 2003 y Rüegg, 2012).
La relación entre mobiliario y arquitectura puede observarse en la manera en que ambos hacen legible su estructura. El armazón tubular de los sillones permanece expuesto y organiza visualmente el objeto, del mismo modo que el sistema estructural independiente de hormigón concebido por Le Corbusier permite separar estructura y cerramiento. La analogía no implica una equivalencia constructiva entre ambos sistemas, sino una coincidencia conceptual: la estructura adquiere presencia formal en lugar de quedar oculta bajo el revestimiento .
Von Moos (2009, citado en Gardinetti, 2017) ha interpretado la producción de Le Corbusier como una síntesis entre pintura, arquitectura, interiorismo y diseño de objetos, articulada mediante principios compartidos de proporción, composición y organización. En la Villa Church, esta continuidad se manifiesta también en la disposición interior. Los muebles y armarios apoyados contra los muros (Le Corbusier y Jeanneret, 1995 [1929], p. 201), junto con las estanterías empotradas y los tabiques correderos de la biblioteca, participan directamente en la configuración espacial. El equipamiento no aparece como una capa posterior aplicada a la arquitectura, sino como parte de su orden interno.
Esta concepción se relaciona con la clasificación desarrollada por Le Corbusier en El arte decorativo de hoy. Allí distingue entre necesidades-tipo, muebles-tipo y objetos-miembro, estos últimos concebidos como extensiones directas del cuerpo (Le Corbusier, 2013 [1925]). Los «muebles de serie» mencionados en la Œuvre complète trasladan esa concepción tipológica a una vivienda concreta. La secuencia territorio, edificio, habitación y objeto puede entenderse, por tanto, como una progresión de escalas en la que los principios de proporción y organización se ajustan a dimensiones cada vez menores.
La atribución de estas piezas requiere, sin embargo, una consideración historiográfica. Durante décadas, su desarrollo se presentó principalmente como una derivación del pensamiento de Le Corbusier. McLeod (2003) y Cruz (2008) documentaron la participación de Perriand en la transformación de los espacios habitables de la arquitectura moderna, mientras Gardinetti (2017) destacó específicamente su intervención en la chaise longue y en el sillón de gran confort. La Œuvre complète de 1929 ya atribuía el mobiliario a los tres autores. La revisión posterior afecta, por tanto, principalmente a la interpretación de las autorías y de los procesos de diseño, no a la atribución establecida en la documentación contemporánea al proyecto.
La producción industrial posterior permite observar otra tensión dentro de este proceso. Thonet comenzó a fabricar la colección en 1930 bajo las denominaciones de catálogo B301 a B307, pero el costo de las estructuras tubulares restringió su difusión. Entre 1930 y 1935 se produjeron aproximadamente 172 ejemplares de la chaise longue en Europa (Gardinetti, 2017, a partir de Rüegg, 2012). La reedición de Cassina, iniciada en 1964-1965, poco después de la demolición de la Villa Church, consolidó estas piezas dentro de la historia del diseño moderno y les otorgó una particular importancia como objetos supervivientes de un edificio desaparecido.
La expresión «banco de pruebas», utilizada para caracterizar la Villa Church, puede entenderse en este contexto como una descripción de la condición experimental del conjunto, no como una afirmación sobre las decisiones internas del estudio. La vivienda permitió desarrollar simultáneamente soluciones arquitectónicas, espaciales y objetuales que posteriormente adquirirían una circulación independiente de la obra para la que habían sido concebidas.

La geometría como método de intervención sobre la preexistencia
El interés de la Villa Church dentro de la producción de Le Corbusier reside, en parte, en que permite observar la relación con la tradición desde una situación concreta de intervención sobre lo existente. La evidencia reunida permite plantear que el proyecto retoma determinadas propiedades geométricas asociadas al edificio neoclásico, entre ellas eje, simetría, proporción y jerarquía de niveles, y las reformula mediante planos lisos, bandas de vidrio, superficies en voladizo y volúmenes autónomos. La continuidad no se establece mediante la reproducción de un repertorio histórico, sino mediante la transformación de relaciones formales.
Esta lectura permite considerar la geometría como un instrumento de articulación entre sistemas arquitectónicos diferentes. El edificio existente aporta determinadas condiciones de orden; la nueva construcción las reorganiza mediante recursos propios de la arquitectura moderna. La relación no depende, por tanto, de una semejanza estilística inmediata, sino de la posibilidad de reconocer correspondencias entre estructuras formales.
Para la práctica contemporánea de intervención sobre edificios y tejidos heredados, el caso permite formular una cuestión metodológica concreta: qué propiedades de una construcción existente pueden conservarse como relaciones abstractas y cuáles deben transformarse para responder a un nuevo programa, sistema constructivo o contexto de uso. La respuesta no puede deducirse únicamente de la imagen de la obra. En el caso de la Villa Church, sería necesario confrontar sistemáticamente los planos del edificio neoclásico con las diferentes versiones del proyecto para determinar con precisión las correspondencias geométricas planteadas aquí como hipótesis.
El programa introduce una dimensión complementaria. La casa distribuye las funciones familiares, de recepción y de servicio según diferentes niveles y reserva uno de sus espacios para audiciones musicales y eventos sociales, según la documentación recogida por Reichlin (1983, p. 101, citado por Andrade Junior et al., 2019). La relación de Church con la revista literaria Mesures aporta un contexto cultural compatible con esta organización, aunque no permite establecer por sí sola una intención programática específica. La disposición de los espacios muestra, en cualquier caso, que la vivienda fue concebida para albergar distintos grados de privacidad y sociabilidad.
La ampliación de la propiedad mediante la adquisición del terreno vecino y la articulación de las construcciones a diferentes cotas trasladan este problema al ámbito del predio. Terrazas, circulaciones y jardines establecen continuidad entre piezas que conservan su diferenciación volumétrica. La geometría interviene aquí como principio de relación entre edificios, niveles y recorridos.
La condición de obra desaparecida determina, finalmente, el modo en que este análisis puede construirse. La Villa Church no puede ser estudiada mediante su experiencia directa, sino a través de planos, fotografías, publicaciones y reconstrucciones de archivo. La investigación de las diferentes versiones del proyecto amplía ese corpus documental y permite distinguir entre estados sucesivos del diseño (Andrade Junior et al., 2019). El mobiliario introduce una condición adicional: algunas de las piezas concebidas para la vivienda sobrevivieron a su demolición y conservan materialmente una parte de la investigación desarrollada en ella.
El estudio conjunto de arquitectura, archivo y mobiliario permite reconstruir, en distintas escalas, un mismo problema de proyecto. La relación entre preexistencia y nueva construcción se formula en el territorio mediante volúmenes, cotas y recorridos; en el edificio, mediante ejes, proporciones, fachadas y ventanas; y en el interior, mediante equipamiento y objetos. La geometría atraviesa estas escalas como un sistema de relaciones que permite articular elementos heterogéneos sin reducirlos a una única forma.
©tecnne

Bibliografía
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Von Moos, Stanislaus. 2009. Le Corbusier: Elements of a Synthesis. Róterdam: 010 Publishers.
Ficha técnica
| Obra | Villa Church (reforma y ampliación de una casa existente) |
| Localización | Ville d’Avray, Francia |
| Arquitectos | Le Corbusier y Pierre Jeanneret |
| Comitentes | Henry Church y su esposa |
| Período | 1927–1929 |
| Programa | Vivienda vinculada a una villa neoclásica existente: vestíbulo, garajes y dependencias de servicio en planta baja; salas de recepción, biblioteca, sala de juegos, bar y terraza jardín en los niveles superiores |
| Equipamiento | Le Corbusier, Pierre Jeanneret y Charlotte Perriand |
| Estado | Demolida en 1963 (Gardinetti, 2017) |
| Fuente documental principal | Le Corbusier y Jeanneret, Œuvre complète 1910–1929 (1995 [1929]), p. 201 |
| Imágenes de archivo | ©FLC/ADAGP – Fondation Le Corbusier |
Villa Churchen Ville d’Avray, Francia, Le Corbusier entre 1927 y 1929:
- Se trata de una estructura atípica en la carrera de Le Corbusier, ya que debía integrar nuevos pabellones a una construcción neoclásica existente.
- Le Corbusier resuelve el programa mediante una composición de volúmenes asociados, con un claro orden geométrico y una búsqueda de la armonía formal.
- El volumen principal de la villa se ubica desplazado del eje, enfatizando su presencia, mientras que las construcciones existentes quedan en segundo plano.
- La fachada muestra un diseño simétrico pero ligeramente asimétrico, con elementos como un balcón, ventana horizontal y terrazas que componen la composición.
- En planta, se organiza con un vestíbulo y circulaciones que articulan los distintos espacios, entre ellos zonas sociales, privadas y de servicio.
- Un pabellón anexo reformula una estructura preexistente, con un lenguaje de muros blancos y oscuros que transmite ligereza.
- El mobiliario diseñado por Le Corbusier, Jeanneret y Perriand para la villa tuvo carácter experimental.
Fotografías: ©FLC/ADAGP – Fondation Le Corbusier
Nota: Texto original 2013, ampliado y mejorado en 2026
Artículo relacionado: La Villa Church y el mobiliario tubular de Le Corbusier y Perriand
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