Una abertura producida en un muro es un acontecimiento de la arquitectura. El vano incide en la capacidad de observación del usuario, porque condiciona su campo visual a la superficie […]

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En la Casa Curutchet, el mecanismo compositivo ordena la generación de los cuerpos volumétricos y favorece el modo en que esas entidades se articulan para asistir las diferentes variables arquitectónicas. Le Corbusier compone una grilla tridimensional que es horadada para alcanzar respuestas sutiles a los requerimientos funcionales. La ocupación o vaciamiento de las superficies sucede, más allá de resolver esas cuestiones, para establecer una idea de profundidad.

En esta obra, Le Corbusier plantea una tensión determinante entre lo individual y lo colectivo, que se expresa en la representación de una unidad repetitiva para la celda monástica y la libre disposición de los espacios colectivos. Haciendo “uso” de la irregular topografía el convento ofrece contrastes determinantes, mediando una fachada palpitante sobre el valle, donde las celdas privadas ubicadas en los dos últimos pisos, modelan con sus balcones un carácter que no se repite en el resto del edificio.

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La nominación de “La obra arquitectónica de Le Corbusier, una contribución excepcional al Movimiento Moderno”, presentado como un bien cultural, es una aplicación transnacional que agrupa a siete Estados que forman parte de la Convención del Patrimonio Mundial (Argentina, Bélgica, Francia, India, Japón, Suiza), impulsada por Francia.