CONICET y arquitectura sostenible: investigación edilicia en Argentina

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La investigación sobre arquitectura sostenible en Argentina se desarrolló en estrecha relación con la consolidación del sistema científico estatal y, en particular, con el CONICET y las universidades nacionales. El artículo reconstruye este proceso desde una perspectiva institucional, examinando cuatro líneas de investigación: materiales reciclados, construcción con tierra, diseño biomimético y eficiencia energética. Los casos del CEVE, el CRIATIC, el ITDAHu y el Laboratorio de Arquitectura y Hábitat Sustentable de La Plata permiten observar cómo la continuidad de equipos, las carreras científicas y la formación doctoral favorecieron la producción y transferencia de conocimiento hacia municipios, organismos de vivienda, normas técnicas y prácticas constructivas. El análisis también identifica límites: concentración geográfica, dependencia de liderazgos individuales, dificultades de transferencia tecnológica, criterios de evaluación científica poco adaptados a la disciplina y discontinuidades institucionales. La sostenibilidad edilicia aparece así como un campo cuya consolidación depende tanto de desarrollos técnicos como de infraestructuras científicas capaces de sostener investigación a largo plazo.

Palabras clave: arquitectura sostenible argentina, CONICET e investigación arquitectónica, sostenibilidad edilicia, transferencia tecnológica, infraestructura científica.

CONICET y arquitectura sostenible: institucionalización de la investigación edilicia

En un taller del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), en Córdoba, un molino tritura botellas y tapas plásticas descartadas. El material resultante se mezcla con cemento, se prensa y se transforma en bloques y placas destinados a cerramientos. En 2023, estos componentes fueron utilizados para construir un módulo sanitario en Arroyito, en el marco de un programa que articuló la recolección de residuos municipales con la fabricación de componentes para vivienda (Sánchez Amono et al. 2024). El caso permite observar una de las dimensiones específicas que la investigación pública ha incorporado al desarrollo de la arquitectura sostenible en Argentina: la producción de tecnologías constructivas vinculadas con condiciones materiales y sociales concretas, desarrolladas dentro del sistema científico estatal.

Ese sistema tiene un origen institucional definido. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fue creado en 1958, en un contexto de consolidación de las estructuras destinadas a la investigación científica en Argentina (Hurtado de Mendoza 2010). Durante las décadas siguientes, sus centros e institutos, muchos de ellos vinculados a universidades nacionales mediante estructuras de doble dependencia, incorporaron progresivamente problemas relacionados con la sostenibilidad edilicia. En ese proceso se consolidaron líneas de investigación sobre materiales reciclados, construcción con tierra, diseño biomimético y eficiencia energética.

El desarrollo de estas investigaciones permite formular una hipótesis central: la arquitectura sostenible argentina no puede comprenderse únicamente a partir de sus edificios, materiales o procedimientos constructivos. También requiere considerar las condiciones institucionales que hicieron posible la continuidad de determinadas investigaciones, la formación de especialistas y la transferencia de resultados hacia programas de vivienda y políticas públicas.

Esta perspectiva permite abordar una cuestión todavía poco explorada por la historiografía de la arquitectura argentina: ¿qué papel desempeñó la existencia de un organismo público de ciencia y técnica, con financiamiento propio y una carrera de investigador estable, en la formación de un campo de investigación sobre sostenibilidad edilicia? La bibliografía ha estudiado, por un lado, la historia institucional del CONICET (Hurtado de Mendoza 2010) y, por otro, las tecnologías constructivas sostenibles desarrolladas en el país. La relación entre ambos procesos ha recibido menor atención. El presente trabajo propone reconstruir ese vínculo y examinar cómo las condiciones institucionales del sistema científico incidieron en la producción y continuidad de determinadas investigaciones arquitectónicas.

A diferencia de los estudios centrados principalmente en tecnologías, obras o procedimientos proyectuales, este trabajo plantea una lectura institucional del campo. Su objeto no es la arquitectura sostenible considerada de manera aislada, sino el proceso mediante el cual la investigación sobre sostenibilidad edilicia adquirió estructuras, recursos y continuidad dentro del sistema científico nacional. En este sentido, los casos analizados, entre ellos el CEVE, el CRIATIC, el ITDAHu y el laboratorio platense de eficiencia energética, se consideran indicios de un proceso de consolidación institucional y no como un inventario de soluciones tecnológicas.

Metodología: fuentes, casos y reconstrucción institucional

El trabajo combina una revisión bibliográfica de publicaciones científicas, institucionales e históricas sobre el CONICET y sus líneas de investigación en sostenibilidad edilicia con un análisis documental de informes técnicos, patentes y normas derivadas de esos trabajos. Sobre la base de este corpus se reconstruyen cuatro estudios de caso: materiales reciclados, construcción con tierra, diseño biomimético y eficiencia energética.

La selección responde a dos criterios: el grado de consolidación de cada línea dentro del sistema y la disponibilidad de documentación que permita reconstruir su desarrollo. El análisis institucional del CONICET se articula así con la revisión comparada de los casos, con el propósito de establecer en qué medida la investigación sobre sostenibilidad edilicia alcanzó continuidad, especialización y capacidad de transferencia en cada área.

El CONICET y la incorporación de la arquitectura al sistema científico

El CONICET no fue creado específicamente para la investigación arquitectónica. Su fundación, en 1958, formó parte de un proceso más amplio de institucionalización de la ciencia argentina, cuyos antecedentes pueden rastrearse hasta la creación de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias en 1933 (Hurtado de Mendoza 2010). El desarrollo del sistema estuvo atravesado por sucesivos cambios políticos e institucionales. La alternancia entre gobiernos civiles y militares produjo modificaciones en las políticas científicas y afectó de manera recurrente la estabilidad de las estructuras de investigación.

La arquitectura se incorporó de manera tardía a este sistema en comparación con disciplinas como la física y la química. Su integración se produjo, en buena medida, mediante institutos de doble dependencia vinculados con universidades nacionales. Esta modalidad institucional favoreció la conformación de equipos interdisciplinarios en los que arquitectos e ingenieros trabajaron junto con especialistas en ciencias ambientales y otras áreas técnicas. La investigación comenzó así a desarrollarse en estructuras diferentes de las facultades de arquitectura tradicionales, cuyo funcionamiento había estado históricamente más ligado a la enseñanza del proyecto, la práctica profesional y la producción disciplinar.

Esta condición institucional resulta relevante para comprender la posterior configuración de la investigación en arquitectura sostenible. Una parte significativa de las investigaciones se desarrolló en institutos dependientes simultáneamente del CONICET y de universidades nacionales, donde la arquitectura quedó integrada a estructuras científicas de carácter interdisciplinario. La incorporación tardía de la disciplina, por tanto, no constituye únicamente un dato cronológico. También permite examinar cómo su posición dentro del sistema científico condicionó la formación de grupos de investigación, la definición de líneas temáticas y la relación entre producción científica, desarrollo tecnológico y práctica arquitectónica.

El CEVE y la investigación sobre materiales constructivos reciclados

Dentro de este entramado institucional, el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) constituye uno de los casos de mayor continuidad. Con sede en Córdoba y más de cinco décadas de actividad, funciona bajo una estructura de doble dependencia del CONICET y de la Asociación de la Vivienda Económica (AVE). Su trayectoria se ha concentrado en el desarrollo de tecnologías constructivas destinadas a la vivienda de interés social, con particular atención a los materiales, los procedimientos de fabricación y las condiciones de transferencia hacia contextos de recursos limitados.

La investigadora Rosana Gaggino, responsable del área de Nuevos Materiales del centro, publicó en 2008 un trabajo que estableció las bases de una de sus principales líneas de investigación: la producción de ladrillos y placas prefabricadas a partir de plásticos reciclados, destinados a procesos de autoconstrucción (Gaggino 2008). El desarrollo articulaba tres dimensiones. En términos constructivos, buscaba obtener piezas livianas, con capacidad de aislación térmica y resistencia mecánica suficiente para conformar muros. Desde el punto de vista ambiental, incorporaba residuos plásticos a un ciclo productivo en lugar de destinarlos a disposición final. En el plano social, consideraba procedimientos de fabricación y montaje compatibles con la participación de los propios usuarios, reduciendo la dependencia de mano de obra especializada.

La investigación se trasladó posteriormente a una escala territorial y municipal. Entre 2019 y 2023, un proyecto financiado por el CONICET relevó los sistemas de gestión de residuos sólidos urbanos de cinco municipios de Córdoba, Arias, Arroyito, Laborde, Las Varillas y Juárez Celman, y desarrolló circuitos de reciclaje vinculados con los residuos disponibles en cada localidad, entre ellos plásticos, caucho y materiales provenientes de la construcción (Sánchez Amono et al. 2024). En Arroyito, este proceso derivó en la construcción de un módulo sanitario mediante bloques elaborados con plástico reciclado. El recorrido del material permite observar una secuencia que conecta investigación, procesamiento industrial y aplicación constructiva a escala local.

La línea de trabajo se extendió posteriormente a otros residuos y componentes. El CEVE desarrolla tejas y cumbreras elaboradas con caucho proveniente de neumáticos en desuso, ladrillos de PET y componentes producidos a partir de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Parte de estos desarrollos fue protegida mediante patentes de invención nacional y varias de las tecnologías alcanzaron certificados de aptitud técnica otorgados por la autoridad nacional de vivienda. Este reconocimiento modifica su condición dentro del campo constructivo: el componente deja de operar exclusivamente como prototipo experimental y puede incorporarse a sistemas constructivos formalmente reconocidos para programas de vivienda, municipios y cooperativas.

Los resultados también muestran límites técnicos que impiden reducir el problema a una relación directa entre reciclaje y mejora del desempeño. Los ensayos indican que la incorporación de plástico a mezclas cementicias puede disminuir la resistencia mecánica, aunque simultáneamente reduce el peso de los elementos y mejora su comportamiento térmico. La investigación se concentra, por tanto, en ajustar proporciones, composición y prestaciones para compatibilizar las exigencias estructurales con las ventajas ambientales y físicas del material. La sostenibilidad aparece aquí como un problema de equilibrio entre variables de desempeño, y no como una propiedad inherente al uso de residuos.

Esta trayectoria se inscribe en el debate sobre economía circular aplicada a la construcción, que cuestiona el modelo lineal basado en extracción, producción, uso y descarte (Kibert 2016; Ghisellini, Cialani y Ulgiati 2016). En el ámbito edilicio, esta perspectiva requiere relacionar las decisiones de diseño con los procesos de producción, reutilización y gestión de residuos, así como con las políticas públicas que regulan esos circuitos (Pomponi y Moncaster 2017). La especificidad del CEVE reside en la escala y el destinatario de sus desarrollos. Su investigación se orienta principalmente hacia componentes de bajo costo, reproducibles y adaptables a programas de vivienda de interés social, en lugar de concentrarse en edificios demostrativos de alto desempeño ambiental.

Esta continuidad también permite observar una característica institucional relevante. El desarrollo de estas tecnologías depende de la permanencia de equipos de investigación, infraestructura experimental y mecanismos de transferencia que exceden la duración de un proyecto individual. La trayectoria del CEVE muestra así cómo una línea tecnológica puede consolidarse cuando existe una estructura capaz de acumular resultados, formar investigadores y mantener vínculos con organismos públicos y comunidades locales.

Al mismo tiempo, esta concentración plantea una cuestión para el análisis institucional: si la continuidad de centros, infraestructura y carreras de investigación constituye una condición importante para el desarrollo sostenido de estas tecnologías, ¿por qué experiencias de características comparables no alcanzaron una presencia semejante en otras regiones del país? La distribución territorial de los centros de investigación y la concentración de determinados liderazgos científicos ofrecen una posible explicación, que será retomada posteriormente.

Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) en Córdoba
Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) Córdoba

Construcción con tierra: investigación científica y saberes vernáculos

La construcción con tierra constituye otra línea consolidada dentro de la investigación arquitectónica vinculada con el sistema científico nacional. Rotondaro (2020) identifica un campo amplio de estudios que comprende desde la conservación de edificios históricos de adobe hasta el desarrollo de nuevas viviendas de interés social, con investigaciones centradas en durabilidad, comportamiento sísmico, propiedades materiales y confort térmico. En el noroeste argentino, una de las instituciones de referencia es el Centro Regional de Investigación en Arquitectura de Tierra Cruda (CRIATIC), con sede en Tucumán, dedicado al registro de técnicas constructivas tradicionales y al estudio de sus posibilidades de aplicación contemporánea.

El objeto de investigación presenta aquí una condición diferente respecto de los materiales reciclados. La academia no parte de un residuo industrial para desarrollar un nuevo componente, sino de técnicas constructivas preexistentes, vinculadas con prácticas campesinas y comunitarias que fueron transmitidas durante generaciones al margen de las instituciones universitarias. El trabajo científico interviene sobre un conocimiento material ya existente: lo documenta, caracteriza sus propiedades, analiza su comportamiento y evalúa las condiciones necesarias para su incorporación a obras contemporáneas.

Esta relación plantea problemas epistemológicos y culturales específicos. María Rosa Mandrini, investigadora del CEVE, analizó la enseñanza de la construcción con tierra en universidades de Argentina y Uruguay y señaló el riesgo de que la investigación académica incorpore saberes populares sin reconocer adecuadamente a las comunidades que los desarrollaron y conservaron (Mandrini 2022). La autora utiliza el concepto de extractivismo epistémico para describir un proceso mediante el cual una institución académica toma un conocimiento colectivo, lo sistematiza y lo transforma en objeto de investigación, tesis o normativa sin establecer necesariamente mecanismos equivalentes de reconocimiento y participación para sus productores históricos.

La observación introduce una dimensión crítica dentro del proceso de institucionalización. La investigación científica puede contribuir a mejorar la caracterización técnica de la tierra, establecer parámetros de comportamiento y ampliar las posibilidades de utilización de estos sistemas constructivos. Pero esa formalización también modifica el régimen de conocimiento en el que esas técnicas habían circulado. La transformación de una práctica vernácula en objeto académico implica seleccionar, clasificar y normalizar procedimientos que originalmente se transmitían mediante la experiencia constructiva y la memoria comunitaria.

La consolidación de esta línea depende, como ocurre con los materiales reciclados, de estructuras capaces de sostener equipos, laboratorios y programas de investigación durante períodos prolongados. El CRIATIC y los institutos de doble dependencia proporcionan esa infraestructura institucional. Sin embargo, el caso de la construcción con tierra introduce una cuestión que excede la disponibilidad de recursos científicos: la relación entre producción académica y autoría colectiva. La institucionalización de un saber puede fortalecer su documentación y conservación, pero también puede desplazar a las comunidades que históricamente lo produjeron del lugar que ocupaban en su transmisión y definición. En este sentido, Mandrini (2022) permite incorporar al análisis una dimensión que resulta central para evaluar el alcance de la investigación sostenible: las condiciones bajo las cuales el conocimiento técnico se produce, se legitima y se transfiere.

Centro Regional de Investigación en Arquitectura de Tierra Cruda (CRIATIC)
Centro Regional de Investigación en Arquitectura de Tierra Cruda (CRIATIC)

Biomimética y diseño ambiental en el ITDAHu

En Resistencia, Chaco, el Instituto de Investigaciones Tecnológicas para el Diseño Ambiental del Hábitat Humano (ITDAHu), dependiente de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), desarrolla desde 2017 una línea de investigación centrada en la aplicación de principios biomiméticos al proyecto arquitectónico. La biomimética parte de la observación de los sistemas naturales para identificar procedimientos capaces de responder a problemas de estructura, ventilación, regulación térmica y eficiencia material, y posteriormente traducirlos a criterios de diseño arquitectónico (Yeang 1995).

La línea se consolidó a partir de la cooperación entre el ITDAHu y el Politécnico de Turín. Entre 2017 y 2018, ambas instituciones organizaron dos seminarios-taller, uno en Turín y otro en la Facultad de Arquitectura de la UNNE, bajo el proyecto “Tecnologías para la construcción sostenible: el enfoque biomimético”. Los encuentros reunieron investigadores de ambos países para estudiar edificios y sistemas constructivos basados en principios observados en organismos vivos, así como para explorar herramientas digitales aplicadas al diseño bioinspirado (Vedoya et al. 2018).

La cooperación produjo resultados que excedieron el intercambio académico. Los trabajos desarrollados durante los seminarios dieron lugar a una serie de estudios de caso publicados posteriormente en una edición especial de la revista Arquitecno, donde se abordaron los fundamentos de la biomimética, las herramientas digitales de diseño bioinspirado y distintas aplicaciones arquitectónicas vinculadas con procesos naturales de regulación térmica y estructural (Vedoya et al. 2018).

Entre los desarrollos derivados de esta línea se encuentran las envolventes verdes. Un equipo del ITDAHu integrado por Florencia Galizzi, Claudia Pilar y Daniel Vedoya estudió su aplicación en Resistencia y analizó el comportamiento térmico de fachadas vegetales en las condiciones climáticas del nordeste argentino. Los resultados indican que la vegetación puede reducir la temperatura superficial de las fachadas, contribuir a disminuir el efecto de isla de calor urbana y mejorar las condiciones de confort interior mediante procesos de evapotranspiración (Galizzi, Pilar y Vedoya 2021). El estudio también planteó sistemas de pieles verdes modulares, capaces de aplicarse tanto en unidades residenciales como en tramos de fachada urbana.

La relevancia del caso reside en la adaptación de un marco metodológico internacional a condiciones ambientales específicas. La biomimética se ha desarrollado como campo interdisciplinario con importantes aportes procedentes de Europa y Estados Unidos, pero su aplicación arquitectónica depende de las características climáticas, materiales y constructivas de cada contexto. En el ITDAHu, la investigación se orienta hacia el clima cálido-húmedo del nordeste argentino y examina cómo los principios bioinspirados pueden adquirir una expresión material y ambiental pertinente para esa región.

La trayectoria también muestra dos formas de articulación institucional. Por un lado, la continuidad del instituto proporciona una estructura estable para el desarrollo de la investigación. Por otro, la cooperación con el Politécnico de Turín amplía el acceso a metodologías, intercambios y redes internacionales. La combinación de ambos factores favorece la consolidación de una agenda específica, aunque introduce una cuestión recurrente en los sistemas de investigación de escala relativamente pequeña: la dependencia de investigadores concretos para sostener determinadas líneas de trabajo. La continuidad de la agenda biomimética frente al recambio generacional constituye, en este sentido, un aspecto relevante para evaluar su grado de institucionalización.

Instituto de Investigaciones Tecnológicas para el Diseño Ambiental del Hábitat Humano (ITDAHu), de la Universidad Nacional del Nordeste
Instituto de Investigaciones Tecnológicas para el Diseño Ambiental del Hábitat Humano (ITDAHu), Universidad Nacional del Nordeste

Eficiencia energética: medición térmica y normas IRAM

La eficiencia energética de la vivienda constituye un cuarto campo de investigación, estrechamente vinculado con la producción de criterios técnicos y herramientas para la política habitacional. En este ámbito se destaca el trabajo de Jorge Daniel Czajkowski, investigador del CONICET en el Laboratorio de Arquitectura y Hábitat Sustentable de la Universidad Nacional de La Plata. Desde comienzos de la década de 1990, Czajkowski desarrolló junto con Elías Rosenfeld estudios sobre el comportamiento térmico de las viviendas características del área metropolitana de Buenos Aires (Rosenfeld y Czajkowski 1992). Posteriormente, esta línea incorporó el análisis de las relaciones entre desempeño energético y emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al sector edilicio (Czajkowski 2017).

La continuidad de estas investigaciones durante varias décadas se vinculó con el desarrollo y aplicación de criterios normativos para la evaluación térmica de los edificios. Entre ellos se encuentran las normas IRAM de la serie 11.600, que establecen parámetros para el comportamiento térmico de los componentes de la envolvente edilicia. La normativa organiza el territorio argentino en zonas bioambientales y define valores de referencia para las pérdidas y ganancias de calor a través de cerramientos, cubiertas y otros elementos de la envolvente.

La incorporación de estos criterios modificó el marco técnico disponible para evaluar el desempeño térmico de una vivienda. El problema dejó de depender exclusivamente de apreciaciones cualitativas sobre las condiciones de habitabilidad y pasó a formularse mediante variables medibles, valores límite y procedimientos de cálculo. Esta transformación resulta especialmente significativa en la vivienda de interés social, donde las decisiones sobre aislamiento, orientación, materialidad y sistemas de acondicionamiento inciden directamente sobre el consumo energético y los costos de uso.

Los estudios de Andersen, Discoli, Viegas y Martini (2017) permiten observar cómo estos criterios se trasladan al comportamiento efectivo de los edificios. Sus investigaciones sobre viviendas sociales ubicadas en regiones de clima frío incorporan mediciones del consumo de calefacción y evalúan intervenciones de bajo costo destinadas a mejorar el desempeño térmico. El aislamiento de cubiertas y la mejora de la estanqueidad de carpinterías, por ejemplo, pueden reducir la demanda energética sin requerir transformaciones sustanciales en la estructura constructiva de las viviendas.

A esta línea se vincula también el desarrollo de indicadores de sustentabilidad edilicia. Álvarez y Buigues Nollens (2018) analizaron metodologías de evaluación ambiental desarrolladas originalmente para contextos europeos y estudiaron su adaptación a las condiciones climáticas y constructivas de las regiones áridas argentinas. Al relacionarlas con los criterios establecidos por las normas IRAM, su investigación plantea la posibilidad de construir sistemas de indicadores ajustados a las características de la vivienda social de esos territorios.

El proceso muestra una cadena de transferencia particularmente clara: la investigación produce métodos de medición; esos métodos contribuyen a establecer parámetros normativos; y los parámetros pueden incorporarse a instrumentos de evaluación y gestión pública. La producción científica adquiere así una dimensión operativa que excede el ámbito del laboratorio o de la publicación especializada.

Sin embargo, la existencia de una norma técnica no garantiza su incorporación efectiva al parque construido. Diversos estudios han registrado viviendas, incluidas obras recientes, cuyo comportamiento térmico se encuentra por debajo de los valores recomendados por la serie IRAM 11.600. La situación evidencia una discontinuidad entre tres instancias que suelen presentarse como consecutivas: investigación, regulación y construcción. La existencia de conocimiento técnico y de instrumentos normativos constituye una condición necesaria, pero su incidencia sobre la calidad edilicia también depende de los mecanismos de aplicación, control y transferencia hacia los procesos concretos de proyecto y obra.

Formación científica y transferencia del conocimiento arquitectónico

La continuidad de estas líneas de investigación depende también de una infraestructura institucional menos visible: la carrera del investigador científico y los sistemas de becas doctorales y posdoctorales del CONICET. Este esquema permite que arquitectos e investigadores como Gaggino o Vedoya desarrollen agendas de trabajo durante períodos prolongados, acumulen resultados y consoliden equipos. La continuidad temporal adquiere particular importancia en un campo en el que la investigación suele requerir sucesivas etapas de experimentación, validación, certificación y transferencia.

El sistema de formación contribuye, además, a la renovación de los grupos. Los investigadores en formación trabajan junto a equipos consolidados, incorporan metodologías, desarrollan redes de colaboración con municipios y organismos de vivienda y, posteriormente, pueden asumir responsabilidades dentro de los mismos centros o iniciar nuevas líneas de investigación. La estructura de los equipos del CEVE y del ITDAHu permite observar esta coexistencia de generaciones y la acumulación progresiva de conocimiento especializado.

Esta dinámica ayuda a explicar la permanencia de líneas de trabajo en el CEVE, el CRIATIC, el ITDAHu y el Laboratorio de Arquitectura y Hábitat Sustentable de la Universidad Nacional de La Plata. Sin embargo, los casos analizados también muestran una dependencia significativa respecto de investigadores que concentraron durante períodos prolongados la dirección científica de determinadas agendas. La formación de nuevos especialistas favorece la continuidad, pero no garantiza por sí misma la reproducción de una línea cuando desaparecen las condiciones institucionales y personales que la sostuvieron.

Discusión: límites y condiciones de la institucionalización científica

Los cuatro casos permiten identificar distintas condiciones que intervienen en la consolidación de la investigación arquitectónica sobre sostenibilidad. La primera corresponde a la distribución territorial y a la concentración de capacidades científicas. Los principales grupos estudiados se localizan en un número reducido de provincias, entre ellas Córdoba, Buenos Aires, Mendoza y las jurisdicciones del nordeste, y varias de estas experiencias se encuentran asociadas durante largos períodos con investigadores específicos. La permanencia de esos liderazgos favorece la acumulación de conocimiento y la formación de equipos, pero también puede generar una estructura vulnerable frente al recambio generacional.

Esta concentración permite formular una pregunta sobre la capacidad del sistema para reproducir capacidades científicas fuera de los núcleos ya consolidados. La existencia de un organismo nacional de investigación proporciona financiamiento, mecanismos de formación y reconocimiento institucional, pero estos instrumentos no producen automáticamente nuevos centros de investigación. La consolidación de una línea requiere infraestructura, equipos especializados, redes de colaboración y trayectorias acumulativas que se desarrollan durante períodos prolongados.

Una segunda cuestión corresponde a la transferencia de los resultados hacia el sector productivo y las políticas públicas. La obtención de una patente o de un certificado de aptitud técnica constituye una etapa dentro de un proceso más extenso. Para que un componente desarrollado en un centro de investigación alcance una aplicación sistemática, también se requieren decisiones de organismos públicos, empresas, municipios, cooperativas y otros actores capaces de incorporarlo a proyectos y procesos de construcción. La literatura sobre transferencia tecnológica muestra que estos resultados dependen de condiciones políticas, económicas y organizacionales que no se encuentran completamente bajo el control de los investigadores (Bozeman 2000).

El problema puede observarse también en la relación entre investigación y regulación. Una tecnología puede encontrarse técnicamente validada y, sin embargo, permanecer con una presencia limitada en el mercado si los pliegos de contratación, los sistemas de certificación o las normas vigentes no facilitan su incorporación. Del mismo modo, la existencia de parámetros de eficiencia energética no asegura su cumplimiento efectivo en las obras. La transferencia, por tanto, constituye un proceso con múltiples instancias de validación y adopción, y no una consecuencia automática de la producción científica.

Una tercera dimensión se relaciona con las condiciones de adopción por parte del sector privado de la construcción. La industria opera sobre redes de proveedores, sistemas de certificación, procedimientos de obra y conocimientos profesionales que tienden a favorecer materiales y tecnologías ya incorporados al mercado. La introducción de componentes reciclados, sistemas biomiméticos o procedimientos constructivos alternativos puede implicar costos de adaptación y riesgos comerciales que dificultan su adopción cuando no existe una demanda suficientemente consolidada.

La literatura sobre transiciones sociotécnicas describe esta persistencia de las tecnologías dominantes mediante el concepto de lock-in o bloqueo de régimen: una tecnología se mantiene no solo por sus características de desempeño, sino también por la infraestructura productiva, las regulaciones, los proveedores y las prácticas profesionales que se articulan en torno a ella (Geels 2011). En este contexto, las políticas públicas pueden intervenir mediante instrumentos de regulación, contratación y generación de demanda. Mazzucato (2013) ha analizado este tipo de intervención estatal en otros sectores de innovación, donde la creación de condiciones de mercado puede resultar determinante para tecnologías que todavía no cuentan con una demanda privada suficiente.

La cuarta cuestión se refiere a las propias condiciones de evaluación y financiamiento del sistema científico. Los criterios de productividad utilizados para evaluar la investigación fueron desarrollados en buena medida a partir de modelos propios de las ciencias experimentales y presentan dificultades cuando se aplican a una disciplina proyectual. En arquitectura, parte de los resultados puede materializarse en prototipos, componentes, sistemas constructivos, normas o instrumentos de evaluación, productos que no siempre encuentran una correspondencia directa con los indicadores bibliométricos tradicionales (Hurtado de Mendoza 2010). A esto se suma la fragilidad institucional y presupuestaria que históricamente ha afectado al sistema científico argentino.

Estas condiciones adquieren una dimensión historiográfica específica. La historia de la arquitectura argentina se ha concentrado con frecuencia en autores, edificios y movimientos, atendiendo a las relaciones entre producción formal, contexto cultural y circulación de lenguajes arquitectónicos. El enfoque institucional propuesto aquí desplaza el centro del análisis hacia las condiciones científicas, organizacionales y políticas que permiten desarrollar conocimiento arquitectónico de manera sostenida.

Este desplazamiento no reemplaza la historia de las obras. La complementa. Permite examinar los laboratorios, institutos, carreras científicas, redes interdisciplinarias y mecanismos de transferencia que preceden o acompañan la aparición de determinados materiales, sistemas constructivos y criterios de desempeño. Desde esta perspectiva, una parte significativa de la historia reciente de la arquitectura sostenible argentina puede reconstruirse a partir de las instituciones que produjeron y acumularon el conocimiento que posteriormente llegó a la obra.

Conclusión: infraestructura científica y consolidación de la arquitectura sostenible

Los ladrillos elaborados con plástico reciclado en Arroyito, las investigaciones sobre construcción con tierra en el noroeste, los estudios de envolventes bioinspiradas desarrollados en Resistencia y los criterios utilizados para evaluar el comportamiento térmico de las viviendas forman parte de trayectorias de investigación prolongadas. Su existencia se relaciona con una infraestructura científica estatal integrada por el CONICET y las universidades nacionales, capaz de sostener equipos, formar investigadores y establecer vínculos con organismos públicos y actores del sector de la construcción.

La principal conclusión de los casos analizados se refiere, por tanto, a la importancia de la continuidad institucional. En un sector donde las nuevas tecnologías constructivas requieren períodos extensos de experimentación, validación y adopción, la investigación pública puede asumir etapas de desarrollo que presentan dificultades para atraer financiamiento privado inmediato. Esta condición resulta especialmente relevante en tecnologías cuyos beneficios ambientales, sociales o territoriales no se traducen necesariamente en una rentabilidad comercial de corto plazo.

El análisis también modifica la manera de abordar la relación entre ciencia y arquitectura. La arquitectura sostenible no surge exclusivamente de decisiones proyectuales tomadas en estudios profesionales o facultades de arquitectura. Una parte de sus condiciones materiales se encuentra en laboratorios, institutos de investigación, programas de formación científica y redes de cooperación que permiten desarrollar y verificar conocimientos durante períodos prolongados. La institucionalización de estas estructuras constituye, en consecuencia, una dimensión necesaria para comprender la formación del campo.

Argentina presenta, en este sentido, una configuración particular dentro de la investigación internacional sobre sostenibilidad edilicia. Mientras la agenda contemporánea avanza hacia metodologías de evaluación del ciclo de vida y hacia una mayor consideración del carbono incorporado en los materiales y procesos constructivos (Röck et al. 2020), el sistema científico argentino mantiene como desafío la consolidación y expansión territorial de líneas de investigación ya existentes. La incorporación de metodologías de ciclo de vida, el desarrollo de sistemas de economía circular aplicados al sector edilicio y la continuidad del financiamiento de los centros especializados constituyen áreas relevantes para la evolución futura del campo (Hurtado de Mendoza 2010).

La sostenibilidad edilicia puede estudiarse, por tanto, como un problema arquitectónico y tecnológico, pero también como un proceso institucional. Materiales, sistemas constructivos, normas y herramientas de evaluación son el resultado de investigaciones acumulativas, estructuras de formación, mecanismos de financiamiento y procesos de transferencia. Incorporar estas dimensiones amplía la historiografía arquitectónica y permite reconstruir la sostenibilidad como un campo de conocimiento producido a lo largo del tiempo, en la intersección entre arquitectura, ciencia, tecnología y política pública.

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1243