Estructura suspendida, tectónica y tipología en la arquitectura moderna argentina
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2026, n.º 60
Resumen
El artículo examina el Edificio suspendido de oficinas proyectado por Amancio Williams para Hileret en 1946 como una reformulación tipológica del rascacielos moderno. El estudio sostiene que la singularidad del proyecto no reside exclusivamente en su sistema estructural suspendido, sino en la reorganización de las relaciones entre estructura, programa y forma arquitectónica. A partir del concepto de «verdad técnica», definido por el propio Williams, se analiza la articulación entre tectónica, expresión estructural y configuración tipológica mediante un diálogo crítico con la teoría de Kenneth Frampton, la historiografía de la arquitectura moderna argentina y los estudios recientes dedicados a la obra del arquitecto. La investigación integra fuentes primarias del Archivo Amancio Williams con aportes historiográficos y marcos conceptuales sobre el rascacielo de oficinas. Se concluye que el proyecto constituye un manifiesto disciplinar donde la estructura suspendida opera como principio organizador del tipo arquitectónico y como formulación crítica frente al modelo convencional del edificio en altura.
Palabras clave: Amancio Williams, rascacielo moderno, verdad técnica, tectónica arquitectónica, tipología arquitectónica.
Planteamiento del problema, objetivos y metodología
El Edificio suspendido de oficinas constituye una de las reformulaciones tipológicas más significativas del rascacielos en la arquitectura moderna argentina, aun cuando permaneció como un proyecto no construido. Su relevancia historiográfica trasciende la resolución estructural basada en un sistema colgado, ya que dicha solución reorganiza la relación entre basamento, fuste y coronamiento, componentes que definen la configuración tipológica de la torre. En este proyecto, la estructura adquiere un papel constitutivo: además de soportar el edificio, redefine la organización y el significado de sus partes.
Este artículo examina en qué medida el proyecto de 1946 reformula el tipo del rascacielos porteño, antes que limitarse a proponer una variación tectónica, y analiza cómo su condición de prototipo no construido permite interpretarlo como un manifiesto disciplinar. Esta categoría se adopta como marco conceptual para describir el estatuto del proyecto, entendido como el resultado de un proceso que articula la experimentación proyectual con la investigación tipológica, y no como una denominación intercambiable con otras categorías historiográficas.
Desde el punto de vista metodológico, el estudio articula tres conjuntos documentales que conservan su especificidad analítica y se interpretan de manera complementaria, sin integrarse en una síntesis única. En primer lugar, se examinan fuentes primarias de archivo, entre ellas la memoria descriptiva del proyecto y la correspondencia entre Amancio Williams y Jean Prouvé (Archivo Amancio Williams), utilizadas como evidencia documental para sustentar datos cuantitativos y aspectos verificables del proyecto. En segundo lugar, se incorpora la historiografía específica sobre el caso, particularmente la interpretación tectónico-semántica propuesta por Müller (2023), complementada por su análisis del hormigón armado desde una perspectiva material (2019) y por la reconstrucción biográfica y genética desarrollada en su tesis doctoral (2018). Finalmente, se recurre a un corpus comparativo de doble alcance: por un lado, los estudios sobre la evolución tipológica del rascacielos porteño, su marco normativo y la teoría económica del edificio de oficinas (Liernur 2004; Bonicatto 2011; Montaldo 2019; Willis 1995); por otro, las investigaciones sobre antecedentes internacionales de la arquitectura suspendida (Pawley 1991), interpretadas a través del marco conceptual de la tectónica formulado por Frampton (1995). Las afirmaciones que no derivan de estas fuentes corresponden a interpretaciones desarrolladas en este trabajo y se presentan explícitamente como hipótesis cuando exceden la evidencia documental disponible.

La noción de verdad técnica en la obra de Amancio Williams
Williams empleó la expresión “verdad técnica” para definir el proyecto (Williams 1946), concepto que requiere distinguirse de otras categorías próximas con las que suele asociarse. En primer lugar, difiere del racionalismo estructural entendido en sentido amplio, según el cual la forma deriva del análisis funcional y constructivo del problema. Este principio admite soluciones en las que la estructura permanece subordinada a la envolvente arquitectónica y no adquiere necesariamente una dimensión expresiva. También se diferencia de la honestidad constructiva formulada por Viollet-le-Duc (1863-1872), para quien la coherencia entre sistema constructivo y forma constituía el fundamento de un estilo arquitectónico. En este caso, el énfasis recae en la consistencia interna del sistema antes que en su capacidad para comunicar un significado.
La noción de “verdad técnica” presenta una mayor afinidad con el concepto de tectónica desarrollado por Frampton (1995), aunque ambos términos pertenecen a registros distintos. La tectónica constituye una categoría analítica aplicable a obras y períodos diversos, mientras que la “verdad técnica” corresponde, en Williams, a una formulación proyectual explícita que orienta las decisiones de diseño. En este trabajo, dicha formulación se interpreta retrospectivamente desde una perspectiva tectónica, sin asumir una equivalencia conceptual entre ambos enfoques.
Estado de la investigación
La historiografía sobre el edificio puede organizarse en cuatro líneas de investigación cuyas diferencias interpretativas constituyen un insumo para este estudio. La primera, de carácter histórico-tipológico, sitúa el proyecto dentro de la evolución del rascacielos porteño y de su marco normativo (Liernur 2004; Bonicatto 2011; Montaldo 2019). La segunda desarrolla una reflexión teórico-tipológica sobre las relaciones entre el edificio de oficinas, la economía y la transformación de los tipos arquitectónicos (Willis 1995). La tercera corresponde a la interpretación tectónico-semántica propuesta por Müller (2023), construida a partir de la formulación de Van Doesburg (1930) sobre el arte concreto. La cuarta examina el proyecto desde una perspectiva material e histórica, apoyándose en el estudio de Müller (2019) sobre el hormigón armado en la obra de Williams y en la reconstrucción biográfica y genética desarrollada en su tesis doctoral (2018).
Estas líneas de investigación responden a problemas distintos. La primera inscribe la obra en una secuencia normativa y morfológica de alcance local. La segunda ofrece un marco conceptual para comprender la transformación del edificio de oficinas desde la interacción entre economía, regulación y organización espacial. La tercera interpreta el proyecto como un enunciado disciplinar, mientras que la cuarta analiza las condiciones materiales que sustentan esa formulación. A partir de este conjunto de antecedentes, el presente artículo adopta la perspectiva teórico-tipológica como eje de discusión, ya que permite precisar el problema central de la investigación. Si, como sostiene Willis (1995), la evolución del edificio de oficinas responde principalmente a factores económicos y normativos, entendidos como «vernáculos del capitalismo», el proyecto de Williams adquiere un interés particular porque invierte esa relación causal: la transformación tipológica deriva aquí de una decisión estructural con implicancias formales y semánticas, antes que de condicionantes de mercado o de regulación urbana.

Contexto arquitectónico y génesis del proyecto
El Edificio suspendido de oficinas, denominado inicialmente Obra Buenos Aires (variantes A y B), fue proyectado en 1946 para la firma Hileret sobre un lote de esquina ubicado en las calles Esmeralda y Paraguay, próximo a la Plaza San Martín y al edificio Kavanagh. El proyecto se inserta en un contexto urbano en el que apenas una decena de edificios de Buenos Aires superaba los 50 metros de altura y solo el Kavanagh, con 120 metros, excedía el umbral de los cien metros. En consecuencia, el perfil de la ciudad permanecía definido por un tejido edilicio cuya altura media rondaba los 35 metros (Williams 1946; Müller 2023).
En ese contexto, la propuesta de Williams se aparta de la tradición local del rascacielos escalonado de amplia ocupación en planta, vinculada a los modelos desarrollados en Nueva York y Chicago y representada, entre otros ejemplos, por el Kavanagh, el Comega y el Safico. En su lugar, plantea una torre exenta, desvinculada de las medianeras y suspendida sobre el nivel del suelo, cuya configuración altera las relaciones convencionales entre edificio, estructura y espacio urbano. La reformulación alcanza así la organización tipológica de la torre y no únicamente su resolución constructiva.
El proyecto forma parte del ciclo inicial de obras desarrolladas por el estudio Williams-Gálvez, integrado también por la Sala para el espectáculo plástico y el sonido (1942), Viviendas en el espacio (1943), el Aeropuerto de Buenos Aires (1945) y la Casa sobre el arroyo (1943-1945). Estos trabajos comparten un marcado interés por la experimentación proyectual y abordan cada problema arquitectónico desde una reconsideración de sus condiciones de partida (Müller 2023). Müller (2018) identifica en esta modalidad de trabajo un rasgo central del pensamiento de Williams. Dado que el arquitecto produjo escasos textos teóricos, sus proyectos constituyen la principal fuente para reconstruir la evolución de sus ideas sobre la técnica, la estructura y la forma arquitectónica.
El encargo surgió por iniciativa de la familia Hileret en el contexto de expansión económica que atravesaba la Argentina durante la posguerra. Las condiciones del mercado internacional abrían la posibilidad de incorporar componentes metálicos producidos por industrias europeas con capacidad instalada disponible y de importarlos sin gravámenes, circunstancia que favoreció la adopción de un sistema mixto compuesto por una macroestructura de hormigón armado y una superestructura metálica prefabricada. En este marco, Williams consultó a Jean Prouvé acerca de la factibilidad industrial del proyecto, según consta en una carta fechada el 18 de febrero de 1948 conservada en el Archivo Amancio Williams. Esta correspondencia evidencia el interés del arquitecto por integrar los procesos de diseño con las posibilidades de la producción industrial, en sintonía con los planteamientos formulados por Prouvé (1971).
Sistema estructural y transformación del tipo arquitectónico
El edificio se organiza mediante una macroestructura perimetral de hormigón armado compuesta por cuatro grandes columnas ahuecadas y vigas Vierendeel que conforman pórticos de gran luz. De esta estructura principal se suspenden, mediante tensores metálicos, tres bloques de oficinas de ocho niveles cada uno, complementados por un cuarto volumen superior destinado a usos sociales y gerenciales. En su versión de mayor desarrollo, el conjunto alcanza aproximadamente 115 metros de altura y sitúa las primeras plantas de oficinas a 18 metros sobre el nivel del suelo (Williams 1946).
Esta configuración estructural constituye el aspecto central del proyecto porque modifica la organización tipológica de la torre. Al concentrar el sistema resistente en el perímetro, Williams desplaza la estructura portante fuera del volumen edificado y reorganiza la relación entre sus componentes. El recorrido de las cargas deja de responder al esquema convencional de transmisión directa hacia el terreno: los esfuerzos ascienden hasta las vigas superiores, desde donde se redistribuyen hacia las columnas comprimidas, mientras los entrepisos metálicos funcionan como diafragmas rígidos suspendidos mediante barras de tracción. Esta inversión del recorrido resistente hace posible la posterior reformulación de la secuencia basamento-fuste-coronamiento heredada del rascacielos clásico, cuestión que se desarrolla en el apartado 6.
Esta interpretación se apoya en el concepto de tectónica formulado por Frampton (1995), entendido como la condición en la que los elementos constructivos adquieren una dimensión expresiva a partir de su propia lógica material y estructural. Desde esta perspectiva, el Edificio suspendido de oficinas constituye un caso particularmente significativo. La configuración colgada restringe el margen para introducir variaciones formales sin alterar el principio constructivo que Williams definía como «verdad técnica». En consecuencia, puede plantearse, con carácter hipotético, que los tensores cumplen una doble función: resolver el problema resistente y expresar el principio tipológico que organiza el edificio.
Los tensores fueron dimensionados con secciones mínimas, que en los casos de mayor solicitación alcanzan aproximadamente 0,10 × 0,16 m, aprovechando la elevada resistencia a tracción del acero y la reducida carga propia de los entrepisos metálicos (Williams 1946). La macroestructura de hormigón funciona como un gran pórtico capaz de absorber tanto las cargas gravitatorias como las acciones horizontales del viento. Esta solución anticipa problemas estructurales que Goldsmith (1953) sistematizaría posteriormente en The Tall Building: The Effect of Scale, en particular el desplazamiento de la resistencia frente a cargas laterales hacia el perímetro de la torre sin recurrir a un núcleo estructural macizo. La comparación permite reconocer una convergencia disciplinar entre ambos planteamientos: la redistribución de las funciones resistentes modifica la jerarquía de los elementos estructurales y, con ello, redefine la organización tipológica del edificio en altura.
El hormigón armado como fundamento material y expresivo
La interpretación tectónico-semántica puede matizarse a partir de la perspectiva material desarrollada por Müller (2019) sobre el empleo del hormigón armado en la obra de Williams. Según este enfoque, cada componente del edificio expresa de manera directa su función estructural: las columnas sostienen las vigas Vierendeel, de las cuales se suspenden los tensores que mantienen en tracción los bloques metálicos (Müller 2019). Desde esta lógica constructiva, cabe plantear como hipótesis que una solución íntegramente resuelta en acero, técnica y materialmente viable en 1946, habría limitado las posibilidades formales que ofrece el hormigón para configurar piezas continuas y columnas ahuecadas. Esta diferencia habría facilitado distinguir visualmente la estructura comprimida de los volúmenes suspendidos, reforzando la legibilidad del sistema resistente. Se trata, sin embargo, de una inferencia que excede la evidencia documental disponible y que se propone aquí como una hipótesis de interpretación.
Organización funcional y configuración tipológica
La definición estructural determina la organización funcional del edificio, articulada en tres niveles. El primero corresponde a un plano de suelo prácticamente libre destinado a espacio público y accesos; el segundo reúne los subsuelos para estacionamientos y depósitos; el tercero comprende los bloques suspendidos de oficinas, rematados por un volumen superior destinado a club, confiterías y dependencias directivas (Williams 1946). En el nivel de acceso, la presencia construida se reduce a las cuatro columnas exentas y a un volumen vidriado que contiene el hall de ingreso, liberando la mayor parte de la superficie para el uso peatonal.
Esta organización adquiere particular interés cuando se examina desde la teoría tipológica del edificio de oficinas desarrollada por Willis (1995). Según esta autora, la evolución del rascacielos responde principalmente a variables económicas, como el valor del suelo, la normativa urbana y la rentabilidad de la superficie locativa, antes que a decisiones proyectuales autónomas. Desde esta perspectiva, el Edificio suspendido de oficinas constituye un caso singular. Aunque el proyecto surge de un encargo comercial promovido por la firma Hileret, la reorganización del tipo no deriva de condicionantes económicos ni regulatorios, sino de una decisión estructural que reorganiza simultáneamente la forma del edificio y su significado arquitectónico.
Esta condición permite comprender el proyecto como una anticipación de principios que la Ordenanza 4110 de 1957 consolidaría once años más tarde al reglamentar los edificios en torre de perímetro libre y basamento diferenciado (Montaldo 2019). Entre ellos se encuentran la liberación del perímetro del lote, el empleo de envolventes vidriadas y una mayor exposición al asoleamiento y a las vistas. Sin embargo, la diferencia entre ambos modelos resulta sustancial. Mientras las torres construidas durante la década de 1960 conservan un basamento macizo que ocupa la totalidad del terreno, Williams elimina ese volumen y lo reemplaza por un plano de suelo continuo y atravesable. La operación modifica la organización tradicional de la torre y lleva hasta sus últimas consecuencias la separación entre estructura, programa y espacio público.
La comparación con el edificio Kavanagh permite precisar esta diferencia. Su volumetría escalonada responde tanto a las restricciones normativas sobre retiros como a la influencia del rascacielos neoyorquino desarrollado durante las primeras décadas del siglo XX (Liernur 2004). En cambio, el Edificio suspendido de oficinas concentra el programa en una serie de prismas regulares suspendidos cuya separación mediante vacíos enfatiza la autonomía de cada volumen y hace visible la lógica estructural que articula el conjunto.

Espacio, vacío y transformación de la tripartición clásica del rascacielos
Frente al bloque continuo que ocupa la parcela hasta las líneas oficiales, Williams propone una torre exenta que libera el perímetro en el nivel de acceso y configura un espacio público circundante concebido como plaza para esculturas contemporáneas (Williams 1946). Esta disposición introduce una discontinuidad en la trama edilicia de la esquina de Esmeralda y Paraguay y anticipa principios que posteriormente adquirirían amplia difusión en la arquitectura moderna, como la separación entre edificio y espacio público mediante el retiro de la línea de edificación, presente en obras como el Seagram Building (Müller 2023).
La separación entre los bloques suspendidos, iniciada a partir de los 18 metros de altura, incorpora vacíos que organizan la percepción del conjunto mediante la alternancia de masa y espacio. La volumetría deja de entenderse como un cuerpo continuo y pasa a estructurarse como una secuencia de piezas independientes vinculadas por la macroestructura resistente.
Esta configuración permite reinterpretar la organización tradicional del rascacielos a partir de la secuencia basamento-fuste-coronamiento. El basamento deja de manifestarse como un volumen macizo y se transforma en un plano abierto y permeable; el fuste abandona su continuidad para descomponerse en tres bloques suspendidos; y el coronamiento coincide con la macroestructura que concentra el sistema resistente. La reorganización de estos componentes altera también la correspondencia habitual entre composición y comportamiento estructural. En el rascacielos convencional, el basamento expresa la acumulación de las cargas de compresión transmitidas por el edificio. En el proyecto de Williams, en cambio, la mayor intensidad resistente se concentra en la macroestructura perimetral situada en la parte superior, mientras el nivel de acceso permanece prácticamente liberado de elementos portantes visibles. La secuencia compositiva continúa siendo reconocible, pero su lógica estructural se invierte. En esa inversión reside la principal transformación tipológica propuesta por el proyecto.
Expresión formal, tipología y lenguaje tecnológico
La expresión arquitectónica del edificio se apoya en la exposición de su sistema resistente y en la combinación de una macroestructura de hormigón armado con una superestructura metálica industrializada. Los pórticos de hormigón enmarcan los bloques de oficinas y constituyen la estructura portante del conjunto, mientras que los volúmenes suspendidos se presentan como cuerpos livianos definidos por fachadas modulares de cerramiento (Müller 2023). Esta diferenciación material y constructiva trasciende el plano expresivo, ya que hace visible la reorganización de los componentes de la torre analizada en el apartado 6 y permite reconocer, desde el exterior, la redistribución de las funciones estructurales y espaciales del edificio.
Las vigas Vierendeel superiores, caracterizadas por grandes aberturas de contorno redondeado, constituyen el elemento más distintivo del proyecto. El calado responde a requerimientos estructurales asociados al aligeramiento de la pieza y al paso de los tensores, antes que a una intención ornamental. El tratamiento del hormigón confirma, además, una constante identificada por Müller (2019) en la obra de Williams: el material recibe un grado de elaboración formal equivalente al de los elementos de cerramiento. Esta solución presenta afinidades con estructuras posteriores de hormigón perforado, entre ellas el Banco de Londres y América del Sur de Clorindo Testa y SEPRA, donde las bandejas interiores también se suspenden de una estructura superior. En ambos casos, la organización resistente adquiere una traducción arquitectónica perceptible y modifica la configuración del edificio en altura.

Referencias internacionales e interpretación semántica
El proyecto incorpora la industrialización como un componente constitutivo de su concepción arquitectónica. La prefabricación de los entrepisos metálicos, su fabricación en taller, el transporte por etapas y el montaje mediante suspensión permiten entender el edificio como un sistema ensamblado, más próximo a una infraestructura que al modelo tradicional del inmueble de renta. La consulta realizada por Williams a Jean Prouvé (1971) constituye una evidencia documental de esta orientación hacia los procesos industriales.
En el contexto de las experiencias internacionales sobre estructuras suspendidas, el proyecto presenta diferencias sustanciales respecto de dos antecedentes habitualmente citados. La Dymaxion House de Buckminster Fuller (1927-1929) organiza la suspensión mediante un mástil central del que se desprenden radialmente la cubierta y los pisos del volumen hexagonal (Pawley 1991). Las propuestas de viviendas suspendidas de los hermanos Rasch responden a un principio semejante, al disponer cuerpos habitables circulares sostenidos por mástiles o torres de reducida sección (Müller 2023). En ambos casos, la transmisión de las cargas converge en un único elemento vertical. Williams reemplaza ese esquema por una macroestructura perimetral desde la cual los bloques se suspenden lateralmente. Esta diferencia modifica el alcance del sistema resistente: mientras Fuller y los Rasch desarrollan soluciones orientadas a la vivienda ligera y transportable, el proyecto de Williams adapta el principio de la suspensión a un edificio de oficinas en altura capaz de resolver grandes luces y múltiples niveles.
La organización estructural adquiere, en consecuencia, una dimensión semántica. Al hacer visible el funcionamiento resistente del edificio, la estructura comunica el principio que ordena la totalidad del proyecto. Del mismo modo, la liberación casi completa del nivel de acceso introduce una nueva relación entre edificio y ciudad, al sustituir el basamento construido por un espacio continuo destinado a la circulación y la permanencia (Müller 2023).
Desde esta perspectiva, el edificio puede interpretarse como un manifiesto disciplinar desde su formulación inicial. El proyecto adopta la forma de un prototipo destinado a un programa comercial y utiliza la investigación tipológica como procedimiento de diseño; ambas condiciones operan como instrumentos de una misma formulación disciplinar y no como categorías sucesivas o equivalentes. Esta interpretación resulta consistente con la hipótesis desarrollada por Müller (2018), según la cual la producción de Williams se caracteriza por una búsqueda sistemática de tipos arquitectónicos susceptibles de reproducirse, con independencia de que llegaran o no a construirse.
Proyección disciplinar y continuidad teórica
La persistencia del esquema suspendido puede rastrearse en la propia trayectoria de Williams. Dos décadas después, en el concurso para la sede de la Unión Industrial Argentina en Catalinas Norte (1968), desarrollado junto a Guillermo González Ruiz y Luis Santos, retoma la idea de pisos suspendidos de una estructura superior de hormigón, aunque con una resolución más híbrida y menos integrada desde el punto de vista estructural, según señaló el jurado del concurso (Schere 2008).

Más allá de esta continuidad directa, resulta necesario precisar el alcance histórico del esquema en la arquitectura en altura latinoamericana posterior. No se trata de una línea de influencia documentada, sino de la persistencia de un problema disciplinar que reaparece en contextos diversos: la articulación entre eficiencia estructural, exoesqueleto y liberación del plano urbano. El proyecto de Williams formula tempranamente esta relación, aunque su posterior presencia en otros casos responde a una convergencia de problemas antes que a una cadena verificable de transmisión formal o conceptual. En ese sentido, su interés histórico reside en haber planteado una serie de interrogantes que posteriormente adquirirían relevancia en los debates sobre densidad urbana, espacio público y optimización estructural.
Conclusiones
El Edificio suspendido de oficinas de 1946, aun en condición de proyecto no construido, integra estructura, programa, espacio y forma dentro de una propuesta que reformula el tipo del rascacielos de oficinas. La suspensión no constituye únicamente una resolución técnica, sino el mecanismo mediante el cual Williams reorganiza la relación entre basamento, fuste y coronamiento, modificando la lógica compositiva y estructural de la torre.
Frente a la lectura tectónico-semántica del caso desarrollada por Müller (2023), este artículo propone una ampliación interpretativa basada en la articulación de fuentes documentales, análisis tipológico y comparación histórica. De esta triangulación surgen cuatro precisiones principales.
En primer lugar, una precisión conceptual. La expresión “verdad técnica” utilizada por Williams (1946) no corresponde al racionalismo estructural en sentido amplio ni a la tradición decimonónica de la honestidad constructiva formulada por Viollet-le-Duc (1863-1872). Su relación con la tectónica de Frampton (1995) resulta más próxima, aunque no equivalente: en Williams constituye una formulación proyectual específica, mientras que en Frampton funciona como una categoría analítica. Desde esta perspectiva, la correspondencia entre expresión formal y lógica constructiva, próxima a la formulación de Van Doesburg (1930), puede entenderse como resultado de decisiones materiales concretas y no como una declaración autónoma de carácter visual (Müller 2019).
En segundo lugar, una precisión tipológica. La lectura del proyecto desde la teoría del tipo desarrollada por Willis (1995) permite observar una inversión respecto del proceso habitual de transformación del edificio de oficinas. Mientras los cambios tipológicos suelen responder a condicionantes económicos y normativos, en este caso la modificación del tipo precede a las condiciones de mercado y regulación urbana que posteriormente influirían en la arquitectura en torre.
En tercer lugar, una precisión normativa. La relación entre el proyecto y la Ordenanza 4110 de 1957 debe entenderse como una anticipación parcial y específica de ciertos principios, entre ellos el perímetro libre, la diferenciación entre estructura y espacio público y la liberación del nivel de acceso (Montaldo 2019). Esta relación no implica una correspondencia directa, sino una coincidencia entre problemas arquitectónicos formulados desde ámbitos distintos.
En cuarto lugar, una precisión comparativa. Frente a los antecedentes internacionales de arquitectura suspendida, como la Dymaxion House de Fuller y las viviendas colgantes de los hermanos Rasch (Pawley 1991), el proyecto de Williams desplaza el principio de suspensión desde una escala doméstica y concentrada hacia la escala de la torre de oficinas. La sustitución del mástil central por un pórtico perimetral modifica la organización resistente y amplía las posibilidades programáticas del sistema.
Estas precisiones permiten interpretar la contribución del proyecto más allá de su resolución estructural aislada o de su dimensión semántica. Su interés reside en la integración de ambos registros dentro de una misma operación arquitectónica: una estructura que modifica la forma del edificio y, simultáneamente, redefine su relación con el suelo urbano. En este sentido, el Edificio suspendido de oficinas puede comprenderse como un manifiesto disciplinar formulado mediante los instrumentos del prototipo y la investigación tipológica. Su condición de proyecto no construido no reduce su alcance histórico; por el contrario, permite examinar cómo la arquitectura puede producir modelos conceptuales capaces de intervenir en debates posteriores sobre técnica, forma y ciudad. La revisión de nuevas fuentes documentales, especialmente del archivo epistolar Williams-Prouvé, ofrece una vía para profundizar en las condiciones materiales e intelectuales que dieron origen a esta propuesta.
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