Reconversión ribereña y producción neoliberal del espacio en Buenos Aires

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2026, n.º 2

Resumen

El artículo examina la reconversión del área de Retiro, en Buenos Aires, denominada en el debate público «Nuevo Puerto Madero», como expresión de una nueva etapa en la producción neoliberal del espacio urbano. A partir de cuatro perspectivas analíticas complementarias —la crítica materialista-histórica, el análisis programático y geopolítico, la lectura semiótica y la tipología del urbanismo de enclave—, sostiene que las transformaciones proyectadas para el borde costero norte de la ciudad no representan una ruptura con el modelo urbano consolidado durante la década de 1990, sino una reformulación adaptada a un contexto caracterizado por una mayor financiarización del desarrollo inmobiliario, la intensificación de la verticalización y el incremento de la presión sobre el suelo central. El análisis identifica que la infraestructura, el diseño urbano y la recuperación del patrimonio arquitectónico operan de manera articulada como mecanismos de valorización del suelo y de legitimación del proyecto urbano. Esta convergencia favorece la producción de espacios de acceso selectivo y refuerza los procesos de fragmentación socioespacial. Como cierre, el artículo formula cinco proposiciones teóricas transferibles que contribuyen a interpretar las relaciones entre arquitectura, capital y derecho a la ciudad en procesos contemporáneos de transformación urbana.

Palabras clave: producción neoliberal del espacio, reconversión ribereña, gentrificación estructural, urbanismo de enclave, Puerto Madero, Buenos Aires, derecho a la ciudad, valorización del suelo.

Producción neoliberal del espacio

Producción del espacio y reconversión urbana: fundamentos teóricos

La transformación de las ciudades portuarias latinoamericanas ha estado vinculada a sucesivos ciclos de obsolescencia funcional y reconversión urbana. Los sectores que concentraron actividades industriales y portuarias durante gran parte del siglo XX se convirtieron posteriormente en el escenario de intervenciones de gran escala orientadas a reconfigurar los frentes costeros. En numerosos casos, estos proyectos fueron presentados como iniciativas destinadas a recuperar espacios degradados y ampliar el acceso ciudadano al borde ribereño. Sin embargo, con distintos grados de intensidad, favorecieron la consolidación de áreas de alta valorización inmobiliaria, caracterizadas por modalidades de acceso selectivo y escasa integración con las condiciones sociales y urbanas de su entorno inmediato. En el contexto latinoamericano, Buenos Aires constituye uno de los antecedentes más tempranos y mejor documentados de este proceso.

El análisis de estas transformaciones requiere un marco conceptual que trascienda la descripción morfológica y la valoración formal de los proyectos. Lefebvre (1991) plantea que el espacio urbano constituye un producto social configurado por relaciones de poder, decisiones económicas y procesos históricos que se materializan en la ciudad. Desde esta perspectiva, el espacio no funciona como un soporte neutral de la vida colectiva, sino como el resultado de relaciones sociales que condicionan sus formas de producción, apropiación y uso. Esta premisa organiza el presente estudio y orienta la interpretación de las intervenciones urbanas como procesos inseparables de las condiciones políticas y económicas que las hacen posibles.

Harvey (2003) profundiza esta interpretación mediante el concepto de acumulación por desposesión, entendido como el proceso a través del cual el capitalismo incorpora nuevas fuentes de rentabilidad mediante la privatización de bienes colectivos, la mercantilización de servicios públicos y la transferencia de activos producidos con inversión estatal hacia circuitos de valorización privada. Las reconversiones de áreas portuarias representan una manifestación recurrente de esta dinámica. Infraestructuras históricamente financiadas con recursos públicos —puertos, redes ferroviarias o equipamientos urbanos— adquieren un nuevo valor económico a partir de procesos de recalificación del suelo que generan importantes plusvalías inmobiliarias. La apropiación de estas rentas responde a una lógica estructural de expansión del capital sobre nuevos territorios de inversión.

Swyngedouw (2009) incorpora a este marco el concepto de ciudad pospolítica para describir los mecanismos mediante los cuales estas operaciones urbanas desplazan el conflicto social hacia un plano estrictamente técnico. Las intervenciones se presentan como respuestas objetivas frente a la obsolescencia funcional, el deterioro ambiental o las deficiencias de infraestructura, mientras que las decisiones relativas al modelo urbano, la distribución de los beneficios y los grupos sociales destinatarios del proyecto quedan parcialmente excluidas del debate público. La construcción de consensos técnicos opera, en este sentido, como un mecanismo de legitimación de decisiones con implicancias territoriales y distributivas.

Desde este marco teórico, las intervenciones proyectadas para Retiro pueden interpretarse como una expresión de un modelo de producción del espacio orientado por la valorización del suelo urbano, en el que el valor de cambio prevalece sobre el valor de uso. El análisis desarrollado en las secciones siguientes aborda esta hipótesis mediante tres dimensiones complementarias: los mecanismos históricos de valorización del suelo, la construcción simbólica y semiótica del proyecto urbano y la configuración tipológica del enclave como forma específica de urbanización contemporánea.

Trayectoria histórica de la producción neoliberal del espacio urbano

La reconversión de Puerto Madero, iniciada durante la década de 1990 bajo la gestión de la Corporación Antiguo Puerto Madero (CAPM 1999), constituyó la primera operación de gran escala de este tipo en Argentina. El proyecto transformó aproximadamente 170 hectáreas de infraestructura portuaria obsoleta en un distrito destinado a oficinas, residencias de alta densidad, hoteles, equipamientos culturales y espacios públicos. El proceso comenzó con la creación de la CAPM en 1989, una sociedad anónima con participación estatal que asumió funciones de desarrollo inmobiliario mediante la venta de suelo público a operadores privados y la reinversión de los recursos obtenidos en la urbanización del área. Garay et al. (2013), en su estudio para el Lincoln Institute of Land Policy, documentan que este mecanismo permitió la transferencia de suelo público sin instrumentos sistemáticos de captura de plusvalías, favoreciendo una significativa valorización privada con escasos mecanismos de redistribución social.

La construcción del Paseo del Bajo constituyó una intervención decisiva dentro de este proceso de transformación territorial. Desde la perspectiva de Lefebvre (1991), la nueva infraestructura creó las condiciones materiales para un nuevo ciclo de valorización del suelo al resolver las limitaciones históricas de accesibilidad del sector portuario norte. En consecuencia, el Estado incrementó la aptitud del área para la inversión inmobiliaria mediante una intervención que modificó de forma sustancial su conectividad y competitividad urbana. Brenner (2004) interpreta este tipo de actuaciones como expresiones de una modalidad de producción del espacio en la que la inversión pública en infraestructura antecede y favorece la valorización privada del suelo.

Las reconversiones desarrolladas en Docklands, Londres; Port Vell, Barcelona; Inner Harbor, Baltimore; y el frente portuario de Rotterdam han sido analizadas como variantes de un mismo modelo de transformación urbana. En estos casos, la infraestructura pública impulsa la inversión privada, los equipamientos culturales contribuyen a la legitimación de las operaciones y el espacio público organiza una transición física y simbólica entre el enclave y el tejido urbano circundante (Sorkin 1992; Zukin 1995). Los estudios retrospectivos coinciden en señalar que los beneficios colectivos derivados de estas intervenciones fueron desiguales, mientras que los procesos de exclusión, incremento del valor del suelo y desplazamiento social se reprodujeron con notable regularidad. En Buenos Aires, la particularidad radica en que las intervenciones proyectadas para Retiro retoman los principios desarrollados en Puerto Madero y los profundizan en un contexto caracterizado por una mayor financiarización del mercado inmobiliario y una creciente presión sobre el suelo central.

Ramírez Casas (2017) identifica a Puerto Madero como la principal representación urbana del proceso de modernización asociado a las políticas neoliberales de la década de 1990. Esta condición simbólica formó parte de la construcción del proyecto desde sus primeras etapas. La rehabilitación de antiguos depósitos portuarios para usos residenciales y comerciales, la incorporación de pasarelas sobre los diques y la implantación de torres de oficinas y viviendas configuraron un lenguaje arquitectónico asociado a la apertura económica, la internacionalización y la renovación urbana. La denominación «Nuevo Puerto Madero», utilizada para referirse a las transformaciones previstas en Retiro, recupera ese repertorio formal y simbólico, reforzando la continuidad entre ambos procesos de reconversión.

Espacio neoliberal y segregación urbana

Programa arquitectónico y valorización inmobiliaria en Retiro

El Distrito Quartier Puerto Retiro constituye uno de los casos más representativos de las intervenciones recientes en el área. Implantado sobre el predio del antiguo Hospital Ferroviario, construido durante la década de 1940 para la atención sanitaria de los trabajadores ferroviarios y sus familias, el proyecto combina la rehabilitación del edificio histórico con la incorporación de torres residenciales de alta densidad, locales comerciales y espacios peatonales. Desde el punto de vista programático y tipológico, esta operación permite examinar los mecanismos de valorización del suelo asociados a la reconversión de infraestructuras públicas en desarrollos inmobiliarios de alta renta.

El hospital respondía a una tipología propia del Estado de bienestar, concebida como infraestructura destinada a garantizar servicios públicos para una comunidad definida por su condición laboral. Su transformación en un complejo inmobiliario orientado al mercado residencial implica una modificación sustancial de su función social y de las formas de apropiación del edificio. Harvey (2003) interpreta este tipo de procesos mediante el concepto de acumulación por desposesión, que comprende no solo la transferencia de activos materiales, sino también la incorporación de sus atributos históricos y culturales a nuevas dinámicas de valorización económica. En este contexto, la memoria del edificio deja de vincularse exclusivamente con su uso original y pasa a integrarse como un componente del valor simbólico del desarrollo inmobiliario.

La conservación de determinados elementos arquitectónicos del edificio histórico, como la concavidad de su composición volumétrica y las texturas originales de la fachada, responde simultáneamente a criterios patrimoniales y de posicionamiento comercial. Zukin (1995) describe este fenómeno como la conversión de la cultura en capital simbólico dentro de los procesos de gentrificación. Los rasgos históricos e industriales del lugar incrementan la singularidad del conjunto y fortalecen su atractivo para segmentos de mayor poder adquisitivo, al tiempo que construyen una narrativa de continuidad entre el edificio original y el nuevo programa. Esta continuidad formal contrasta con la transformación del perfil social de sus usuarios y con las nuevas condiciones de acceso al conjunto.

La composición programática del proyecto puede interpretarse a partir de la lectura desarrollada por Koolhaas (1994) sobre la coexistencia de programas urbanos. La combinación de residencias, locales comerciales, oficinas y espacios públicos configura una mezcla funcional acotada, integrada por actividades orientadas a un perfil de consumo homogéneo. Esta organización difiere de la diversidad funcional presente en el entorno inmediato de Retiro, donde conviven equipamientos metropolitanos, comercio popular, actividades informales y espacios de intercambio cotidiano. La diferenciación entre ambos sistemas urbanos no depende exclusivamente de límites físicos, sino también de los criterios de diseño, gestión y valorización económica que regulan el acceso y los usos del espacio.

La organización volumétrica del conjunto refuerza esta lógica de implantación. El edificio histórico ocupa el frente de mayor exposición hacia el espacio público, mientras que las torres residenciales se disponen en posiciones interiores y privilegiadas respecto de las visuales hacia el río. Esta disposición articula dos objetivos complementarios: consolidar una imagen urbana vinculada al patrimonio recuperado y maximizar el valor inmobiliario de las unidades con mejores condiciones de orientación y paisaje. En este sentido, la configuración arquitectónica y la implantación del proyecto evidencian una estrecha relación entre las decisiones compositivas y los procesos de valorización del suelo urbano, en consonancia con lo señalado por Domínguez Roca (1997).

Programa arquitectónico y valorización inmobiliaria en Retiro

La proliferación de torres residenciales y corporativas en el corredor Retiro–Puerto Madero trasciende la respuesta a una demanda inmobiliaria específica y forma parte de un modelo de producción urbana orientado a fortalecer la competitividad internacional de la ciudad. Brenner (2004) describe este proceso mediante el concepto de «ciudad empresarial», en el que la gobernanza urbana reorganiza sus prioridades para atraer inversiones, capitales y actividades de alto valor agregado. En este contexto, la configuración del skyline adquiere un papel central como componente de la imagen urbana. La verticalización, el empleo de fachadas vidriadas y la localización privilegiada frente al río conforman un repertorio arquitectónico asociado a valores de internacionalización, centralidad y prestigio.

Desde una perspectiva semiótica, Venturi y Scott Brown (1977) demostraron que la arquitectura comunica significados a través de la forma, los materiales y la implantación de los edificios. En las torres desarrolladas en Retiro, el uso predominante del vidrio reflectante, la esbeltez volumétrica y la continuidad visual con el paisaje ribereño construyen una representación vinculada a los imaginarios contemporáneos de modernidad global. Smith (1996) sostiene que la gentrificación incorpora una dimensión cultural además de la económica, al producir nuevas representaciones del lugar que modifican la percepción de su identidad histórica. Desde esta perspectiva, el nuevo perfil urbano proyectado para Retiro participa en la construcción de una narrativa que redefine el significado simbólico del sector dentro de la ciudad.

Los espacios abiertos incorporados a estos desarrollos, como plazas y paseos peatonales, cumplen una función relevante tanto en la organización espacial como en la representación pública de los proyectos. Su presencia refuerza la imagen de accesibilidad y continuidad urbana asociada a las operaciones de reconversión. Sin embargo, diversos estudios han señalado que las condiciones efectivas de uso dependen de factores que exceden la disponibilidad física del espacio. Areco, Baracetti y Barneche (2015) documentan, en el caso de Puerto Madero, que la oferta limitada de equipamientos de acceso gratuito, la escasa integración con los sistemas de transporte de mayor uso cotidiano, la orientación comercial de las actividades y los modelos de gestión y seguridad configuran formas de apropiación diferenciadas. En términos de Sorkin (1992), estos espacios reproducen una concepción de lo público estrechamente vinculada a las dinámicas del consumo urbano.

La proximidad entre estos desarrollos y sectores urbanos con altos niveles de vulnerabilidad, como el barrio Rodrigo Bueno, evidencia que la contigüidad espacial no garantiza procesos de integración social. Brikman (2024) analiza los patrones de movilidad y habitabilidad de sus residentes y muestra que las diferencias en accesibilidad, disponibilidad de servicios públicos y condiciones de inserción territorial persisten pese a la cercanía física con áreas de elevada valorización inmobiliaria. Esta situación coincide con la interpretación de Swyngedouw (2009), quien sostiene que las dinámicas del urbanismo neoliberal producen configuraciones territoriales caracterizadas por una fuerte diferenciación socioespacial. En este marco, la coexistencia entre áreas de alta renta y sectores vulnerables constituye un componente estructural de los procesos contemporáneos de valorización del suelo urbano.

Reconversión ribereña y producción neoliberal del espacio

Estado, gobernanza urbana y valorización del suelo

Una de las principales tensiones presentes en los procesos de reconversión ribereña reside en el doble papel que asume el Estado como garante del interés público y como promotor de las condiciones necesarias para la inversión privada. La experiencia de Puerto Madero constituye un caso representativo de esta relación. La Corporación Antiguo Puerto Madero (CAPM) fue creada como instrumento de gestión pública del desarrollo urbano; sin embargo, su funcionamiento estuvo orientado a la comercialización de suelo, la atracción de inversiones y el financiamiento de las obras de urbanización mediante la venta de tierras públicas, sin incorporar mecanismos sistemáticos de captura de plusvalías ni políticas destinadas a favorecer la integración social (CAPM 1999; Garay et al. 2013).

Tres décadas después, la experiencia de Puerto Madero permite evaluar con mayor perspectiva los alcances de este modelo de intervención. El proyecto consolidó un sector urbano de elevada calidad ambiental, espacial y paisajística, reconocido internacionalmente como referencia en la reconversión de frentes portuarios. Sin embargo, distintos estudios señalan que estos resultados no estuvieron acompañados por procesos equivalentes de integración social, producción de vivienda accesible o articulación funcional con los barrios circundantes. Garay et al. (2013) concluyen que el modelo alcanzó sus objetivos como operación de desarrollo inmobiliario, aunque produjo resultados limitados en materia redistributiva, cuestión que había justificado originalmente la participación del Estado en el proceso. Este diagnóstico ofrece un marco pertinente para interpretar las intervenciones actualmente proyectadas en el área de Retiro.

Brenner (2004) define como «reescalamiento del Estado» el proceso mediante el cual parte de las funciones tradicionalmente vinculadas a la redistribución son desplazadas hacia modalidades de gestión orientadas a fortalecer la competitividad urbana y la captación de inversiones. Las intervenciones previstas para Retiro presentan características compatibles con esta interpretación. La flexibilización de los indicadores urbanísticos que permiten mayores alturas y densidades edificatorias no aparece acompañada, en la misma proporción, por instrumentos orientados a la producción de vivienda asequible, la incorporación de equipamientos públicos o la redistribución de las rentas generadas por la valorización del suelo. En este contexto, las inversiones estatales en infraestructura, como el Paseo del Bajo y las obras de saneamiento del borde costero, incrementan las condiciones de accesibilidad y valorización del área, cuyos beneficios económicos se concentran principalmente en los nuevos desarrollos inmobiliarios.

La interpretación de Swyngedouw (2009) sobre la ciudad pospolítica permite incorporar una dimensión complementaria al análisis. Las intervenciones urbanas suelen presentarse institucionalmente como procesos de recuperación del borde costero, modernización de la infraestructura o renovación de áreas degradadas, formulaciones que privilegian argumentos técnicos y funcionales. Este encuadre desplaza a un segundo plano cuestiones vinculadas con el destino social de las nuevas viviendas, los mecanismos de acceso al suelo urbano y los instrumentos de redistribución de las plusvalías. Desde esta perspectiva, el análisis crítico de la arquitectura y el urbanismo adquiere relevancia al examinar no solo las cualidades formales de los proyectos, sino también las relaciones entre diseño, políticas urbanas y distribución de los beneficios derivados de la transformación territorial.

Gentrificación estructural y urbanismo de enclave

El concepto de gentrificación fue introducido por Ruth Glass (1964) para describir los procesos de sustitución de población trabajadora por grupos de ingresos medios y altos en barrios centrales de Londres. Posteriormente, Smith (1996) desarrolló la noción de gentrificación estructural para explicar aquellas transformaciones impulsadas principalmente por intervenciones estatales o por grandes operadores inmobiliarios, en las que las condiciones de sustitución social se generan mediante procesos planificados de renovación urbana. Las reconversiones de áreas portuarias constituyen una modalidad particular de este fenómeno, ya que suelen desarrollarse sobre sectores industriales o infraestructuras en desuso, produciendo nuevos enclaves de alta renta cuyos efectos se extienden progresivamente sobre el mercado de suelo y el tejido urbano circundante.

Las intervenciones proyectadas para el denominado «Nuevo Puerto Madero» en Retiro presentan características compatibles con esta tipología. Su área de influencia, que comprende sectores de Retiro, San Nicolás y parte de San Telmo, registra procesos de valorización inmobiliaria y transformaciones en la composición de los usos comerciales y residenciales. La ausencia de instrumentos orientados a la producción de vivienda asequible, la regulación del mercado de alquileres o la captura de plusvalías urbanas favorece la consolidación de estas dinámicas. Kabakian y Medica (2025) observaron que las representaciones sociales de los residentes de Puerto Madero refuerzan la percepción del barrio como un ámbito diferenciado respecto del resto de la ciudad. Esta valoración contribuye a consolidar la identidad del enclave como uno de los atributos asociados a su posicionamiento inmobiliario.

La tipología del enclave urbano permite interpretar estas transformaciones desde una perspectiva espacial y funcional. Un enclave se caracteriza por desarrollar una organización interna, un régimen de usos y una estructura de servicios orientados a un grupo específico de usuarios, con vínculos limitados respecto del tejido urbano circundante. Esta condición explica la coexistencia entre elevados estándares de diseño urbano, calidad constructiva e infraestructura y formas de acceso reguladas principalmente por criterios económicos. En este contexto, la calidad espacial adquiere una doble función: mejora las condiciones ambientales y arquitectónicas del conjunto y, simultáneamente, incrementa el valor del suelo y de los desarrollos inmobiliarios. Las modalidades de acceso, aunque formalmente abiertas, quedan condicionadas por mecanismos económicos, funcionales y de gestión que delimitan el perfil de sus usuarios.

La interpretación propuesta por Harvey (2012) sobre el derecho a la ciudad, retomando los planteamientos de Lefebvre, ofrece un marco para analizar las implicancias de este modelo urbano. Desde esta perspectiva, el derecho a la ciudad comprende la capacidad colectiva de intervenir en la producción y transformación del espacio urbano, además del acceso a sus bienes y servicios. En consecuencia, los procesos de reconversión que concentran espacios de alta calidad urbana en sectores de acceso restringido plantean interrogantes acerca de la distribución de los beneficios derivados de la inversión pública, la producción de vivienda y los mecanismos de participación en la construcción de la ciudad. Estas tensiones reflejan la persistencia de un modelo de desarrollo urbano en el que la valorización económica del suelo tiende a prevalecer sobre su función social y su valor de uso.

Producción neoliberal del espacio y segregación urbana

Conclusiones y aportes teóricos sobre reconversión urbana

El análisis del denominado «Nuevo Puerto Madero» en Retiro permite formular un conjunto de proposiciones de alcance teórico que trascienden el caso de estudio y aportan elementos para interpretar las relaciones entre urbanismo, capital y producción del espacio en las ciudades latinoamericanas contemporáneas.

Primera proposición. La calidad formal del diseño urbano constituye un componente central de los procesos de valorización en los enclaves de alta renta. La preservación del patrimonio arquitectónico, el tratamiento del espacio público y la coherencia compositiva del conjunto incrementan el valor simbólico y económico del entorno, contribuyendo a consolidar las condiciones que regulan el acceso al suelo y a la vivienda. En este contexto, las cualidades arquitectónicas del proyecto participan activamente en los procesos de legitimación y valorización del desarrollo urbano.

Segunda proposición. Las intervenciones proyectadas para Retiro representan una continuidad del modelo desarrollado en Puerto Madero, adaptado a un escenario caracterizado por una mayor financiarización del mercado inmobiliario y una presión creciente sobre el suelo central. La persistencia de marcos regulatorios con limitada capacidad redistributiva favorece la reproducción de dinámicas de valorización y exclusión que amplifican las tendencias observadas durante la primera etapa de reconversión.

Tercera proposición. La actuación del Estado desempeña un papel decisivo en la producción de estas transformaciones urbanas. La inversión pública en infraestructura, la recalificación normativa y la provisión de condiciones de accesibilidad incrementan significativamente el valor del suelo y favorecen la rentabilidad de las inversiones privadas. La ausencia o limitada aplicación de mecanismos de captura de plusvalías y redistribución de los beneficios urbanos constituye un aspecto central para comprender los efectos territoriales de este tipo de operaciones.

Cuarta proposición. La presentación de las intervenciones urbanas como respuestas esencialmente técnicas a problemas de obsolescencia, deterioro o déficit de infraestructura tiende a desplazar del debate público las decisiones vinculadas con la distribución de los beneficios derivados de la transformación urbana. Desde esta perspectiva, el análisis arquitectónico y urbanístico requiere incorporar las dimensiones políticas, económicas y sociales que intervienen en la producción del espacio, además de sus atributos formales y funcionales.

Quinta proposición. El caso de Retiro forma parte de un conjunto más amplio de procesos de reconversión ribereña desarrollados en distintas ciudades de América Latina, Europa y Asia Oriental. Aunque cada intervención responde a condiciones locales específicas, la combinación de recuperación patrimonial, producción de espacio público y desarrollos inmobiliarios de alta renta configura un patrón recurrente de transformación urbana. El estudio comparado de estas experiencias permite identificar mecanismos compartidos de valorización del suelo, comprender sus efectos sobre la estructura socioespacial y aportar criterios para el diseño de políticas urbanas que integren calidad arquitectónica, redistribución de las rentas urbanas y ampliación del derecho a la ciudad.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1234