Una intervención sobre arquitectura moderna, trabajo, circulación y reutilización
Resumen
La sede de Unilever Benelux, proyectada por Mecanoo en Rotterdam, reutiliza un edificio corporativo construido en 1960 según el proyecto de C. A. Abspoel. La intervención conserva la retícula regular de hormigón armado y reorganiza su interior mediante perforaciones de forjados, conexiones verticales, nuevos recorridos y espacios colectivos. El proyecto incorpora seis plantas para aproximadamente 750 empleados y articula áreas laborales, servicios y lugares de encuentro dentro de una estructura originalmente concebida bajo otra lógica programática. El acceso, situado en la sexta planta junto al Lipton Bar, establece un vínculo visual con la ciudad, mientras el Town Hall funciona como núcleo colectivo. La denominada “Unilever City” introduce una calle central, escaparates interiores y unidades departamentales concebidas como pequeñas tiendas. Este sistema se relaciona con un modelo de Activity-Based Working, que sustituye los puestos fijos por espacios adaptados a distintas actividades. La materialidad combina hormigón visto, acero negro, madera, suelo de fundición y cerámica, articulando permanencia y transformación.
Palabras clave: Mecanoo Unilever Benelux, reutilización arquitectura moderna, arquitectura corporativa, Activity-Based Working, Rotterdam Hofplein.
Hofplein y la reutilización de una estructura moderna
La sede de Unilever Benelux, proyectada por Mecanoo en Rotterdam, se inserta en un edificio preexistente construido en 1960 según el proyecto del arquitecto C. A. Abspoel. El emplazamiento, situado en Hofplein, forma parte de uno de los puntos de mayor intensidad urbana de Rotterdam, caracterizado por la convergencia de flujos peatonales, vehiculares y metropolitanos. En este contexto, la intervención no plantea la sustitución del edificio existente, sino su adaptación a un programa corporativo contemporáneo.
La estructura original, resuelta mediante una retícula regular de hormigón armado, establece una condición tectónica precisa para la intervención. Mecanoo conserva esta matriz y reorganiza su interior mediante operaciones que introducen nuevas relaciones entre los niveles, los recorridos y las áreas de trabajo. El hormigón visto mantiene su presencia como elemento estructural y visual, mientras que las nuevas intervenciones incorporan una mayor diversidad programática y espacial.
El proyecto ocupa seis plantas y alberga aproximadamente a 750 empleados. Esta escala exige una organización capaz de compatibilizar áreas de trabajo, espacios colectivos, servicios y zonas de encuentro dentro de una estructura concebida originalmente bajo una lógica diferente. La intervención adquiere así interés desde la perspectiva de la reutilización de la arquitectura moderna: la retícula estructural de 1960 permanece como soporte físico, mientras el programa se modifica para responder a formas contemporáneas de trabajo.
La operación puede entenderse como una relación entre permanencia y transformación. La estructura existente aporta regularidad y continuidad; las nuevas perforaciones, conexiones verticales y piezas de equipamiento introducen variaciones dentro de esa modulación. El proyecto trabaja, por tanto, sobre la capacidad de una estructura moderna para admitir nuevos usos sin perder su legibilidad constructiva.

La sexta planta como umbral de acceso y conexión vertical
La organización del acceso principal constituye una de las operaciones espaciales más significativas del proyecto. El vestíbulo y el Lipton Bar se sitúan en la sexta planta, de modo que el ingreso se produce desde una posición elevada respecto del espacio urbano inmediato. Esta configuración establece una relación directa entre el acceso y las vistas sobre Rotterdam, al tiempo que concentra en el nivel superior algunos de los espacios de recepción y representación de la sede.
La incorporación de luz natural adquiere especial importancia en este punto del recorrido. La iluminación y las visuales hacia la ciudad contribuyen a definir el carácter del vestíbulo y del Lipton Bar, vinculando el espacio corporativo con su contexto urbano. El acceso deja así de funcionar exclusivamente como área de distribución para convertirse en un espacio de transición entre la ciudad y la organización interna del edificio.
La conexión entre plantas se resuelve mediante perforaciones localizadas en los forjados de hormigón. Estas operaciones generan vacíos verticales que establecen relaciones visuales y funcionales entre distintos niveles. La eliminación parcial de los forjados permite introducir entrepisos y espacios interconectados, modificando la condición originalmente estratificada del edificio.
Los vacíos cumplen además una función ambiental. Al atravesar una planta de considerable profundidad, permiten introducir luz y ampliar las relaciones visuales entre áreas que, bajo una organización convencional, permanecerían separadas. La circulación vertical deja de depender exclusivamente de los núcleos de comunicación y se incorpora a la experiencia cotidiana del espacio de trabajo. La estructura existente conserva su modulación, pero los vacíos introducen una condición más permeable en su interior.
El Town Hall como núcleo colectivo de la sede
El denominado Town Hall ocupa una posición central dentro de la organización colectiva de la sede. Su proximidad al acceso de la sexta planta y al restaurante permite articular diferentes escalas de uso, desde acontecimientos corporativos hasta reuniones de menor dimensión. El espacio se concibe, por tanto, como una pieza de uso variable dentro del sistema general de circulación y encuentro.
La relación entre auditorio, restaurante y áreas de trabajo permite superponer actividades que habitualmente se organizan en espacios independientes. Esta disposición favorece una continuidad funcional entre los usos colectivos y las actividades laborales cotidianas. El Town Hall puede interpretarse, en este sentido, como una plaza interior: un espacio de concentración que también funciona como punto de distribución y encuentro dentro del edificio.
Su configuración admite diferentes disposiciones según las necesidades del programa. Puede acoger presentaciones ante un número elevado de usuarios, pero también integrarse en actividades de menor escala, como reuniones informales o encuentros alrededor de las áreas de restauración. La flexibilidad no depende únicamente del mobiliario, sino de la posición del espacio dentro de la estructura general del edificio.
Esta condición introduce una dimensión pública en el interior corporativo. La sede se organiza mediante una gradación entre espacios de concentración individual, áreas de trabajo compartido y lugares de reunión colectiva. El Town Hall ocupa uno de los puntos de mayor intensidad dentro de esta secuencia.




La “Unilever City”: calle interior, circulación y exposición
La reorganización interior se estructura a partir de la idea de la “Unilever City”, una concepción que traslada determinadas formas de organización urbana al espacio de trabajo. La principal operación consiste en establecer una calle central que articula los recorridos y distribuye las diferentes áreas departamentales.
Los armarios multifuncionales situados entre la retícula estructural desempeñan un papel fundamental en esta configuración. Su dimensión y posición permiten definir los límites de circulación sin introducir particiones convencionales de gran altura. Funcionan simultáneamente como elementos de almacenamiento, piezas de equipamiento y dispositivos de organización espacial.
La profundidad de estos elementos incorpora cabinas acústicas, nichos de reunión y pequeños espacios destinados al trabajo individual o a consultas rápidas. La sección del mobiliario se convierte así en una oportunidad para alojar funciones que, en otros modelos de oficina, requerirían superficies independientes. La infraestructura de apoyo queda integrada en los propios elementos que delimitan la circulación.
La calle central también funciona como espacio de exposición. Los productos de las distintas marcas de Unilever se incorporan a los recorridos cotidianos mediante escaparates interiores y áreas de presentación. De este modo, la circulación adquiere una dimensión adicional: además de conectar los departamentos, establece una relación permanente entre los usuarios y la producción de la empresa.
La referencia urbana no se reduce a una cuestión formal. La calle organiza jerarquías, recorridos y puntos de encuentro dentro de una planta de oficinas, transformando una estructura basada en una retícula regular en un sistema espacial con diferentes grados de actividad.
Departamentos corporativos como unidades espaciales diferenciadas
A lo largo de la calle central se distribuyen los distintos departamentos de la corporación, concebidos como unidades con una identidad espacial diferenciada. Entre ellos se encuentran Belleza y Cuidado Personal, Cuidado del Hogar, Refrescos, Alimentos y Soluciones Alimenticias. Cada área incorpora recursos de mobiliario, iluminación y ambientación relacionados con las actividades y productos de su correspondiente división.
La diferenciación permite reconocer los departamentos dentro de una organización de gran escala sin recurrir a una compartimentación rígida. Las áreas mantienen una relación directa con la calle central, por lo que su identidad se percibe desde los recorridos comunes y, al mismo tiempo, conserva cierto grado de autonomía funcional.
El departamento de Alimentos incorpora espacios destinados a la degustación y presentación de productos, mientras que Belleza y Cuidado Personal desarrolla una configuración asociada a la precisión y a la limpieza visual. Las demás divisiones adoptan recursos propios, aunque permanecen integradas en la materialidad y en la modulación general del proyecto.
Estas unidades pueden entenderse como “tiendas” interiores debido a su relación con el espacio de circulación y exposición. La denominación resulta pertinente porque cada departamento se presenta hacia un espacio común del mismo modo que un local se relaciona con una calle. La diferencia entre áreas se produce mediante cambios de atmósfera y uso, no mediante una ruptura del sistema espacial general.
La organización permite introducir escalas intermedias dentro de una sede que reúne a aproximadamente 750 empleados. El usuario reconoce su área de trabajo como una unidad específica, pero permanece vinculado visual y funcionalmente al conjunto.




Activity-Based Working y diversidad de situaciones laborales
La sede adopta un modelo de Activity-Based Working, basado en la sustitución de los puestos fijos por una variedad de espacios asociados a diferentes actividades. La planta combina áreas de reunión, espacios de consulta, zonas destinadas a presentaciones y lugares de concentración individual. El usuario puede desplazarse entre estas áreas según las características de la tarea que desarrolla.
Este sistema modifica la relación tradicional entre trabajador y puesto de trabajo. La permanencia deja de estar vinculada a una posición fija dentro de la planta y pasa a depender de las condiciones espaciales requeridas en cada momento. La arquitectura proporciona diferentes grados de privacidad, concentración e interacción mediante una combinación de espacios abiertos, cabinas, nichos y áreas colectivas.
La movilidad también afecta a las relaciones entre departamentos. Los recorridos hacia las áreas comunes, el Lipton Bar, las escaleras o los espacios de reunión generan oportunidades de contacto entre usuarios que no comparten necesariamente una misma unidad de trabajo. En este sentido, la circulación adquiere una función organizativa además de estrictamente distributiva.
La configuración espacial se vincula así con una concepción del trabajo basada en la diversidad de situaciones. El edificio no determina un único modo de ocupación, sino que ofrece una infraestructura capaz de admitir diferentes patrones de uso durante la jornada. La flexibilidad reside tanto en el programa como en la capacidad de la planta para modificar las relaciones entre ocupación, circulación y encuentro.
Materialidad, estructura existente y continuidad tectónica
La materialidad del proyecto establece una relación directa con la estructura preexistente. Mecanoo emplea acero negro, madera de roble, suelo de fundición y baldosas cerámicas, materiales que mantienen una afinidad visual y táctil con el carácter industrial del edificio de 1960. El hormigón visto permanece como referencia constructiva, mientras los nuevos elementos introducen variaciones de textura y temperatura material.
El acero negro refuerza la presencia lineal de la modulación estructural y de los elementos de equipamiento. La madera de roble introduce una superficie de mayor calidez en aquellos componentes que establecen contacto directo con los usuarios, como mesas, escritorios y asientos. La combinación de ambos materiales genera una diferencia perceptible entre estructura, equipamiento y superficies de uso.
El suelo de fundición proporciona continuidad visual a las áreas de circulación y trabajo, contribuyendo a la lectura unitaria de la “Unilever City”. Sobre esta base relativamente neutra, los productos y elementos gráficos asociados a las diferentes marcas adquieren mayor visibilidad.
Las baldosas cerámicas aparecen en áreas vinculadas con alimentos y limpieza, donde sus características superficiales resultan compatibles con actividades que requieren superficies resistentes y de fácil mantenimiento. La selección material responde, por tanto, a una combinación de criterios funcionales, constructivos y perceptivos.
La intervención no oculta la condición industrial del edificio existente. Por el contrario, utiliza su estructura de hormigón y su modulación como referencia para introducir una nueva capa de ocupación. La coexistencia entre materiales originales y nuevos permite leer el edificio como una estructura temporalmente estratificada.
Reutilización arquitectónica y nueva organización espacial
La intervención de Mecanoo en la sede de Unilever Benelux plantea una operación de reutilización arquitectónica en la que la estructura moderna existente constituye el soporte de una organización laboral contemporánea. La retícula de hormigón de 1960 conserva su presencia y su capacidad ordenadora, mientras las perforaciones de los forjados, los nuevos recorridos y los elementos de equipamiento modifican las relaciones espaciales entre las plantas.
El proyecto adquiere especial interés por la manera en que articula diferentes escalas dentro de una misma estructura: la escala urbana de Hofplein, la escala colectiva del Town Hall, la escala intermedia de la calle central y los departamentos, y la escala individual de los espacios destinados a concentración o reunión. Esta superposición permite que el edificio funcione como un sistema continuo, aunque compuesto por situaciones espaciales diferenciadas.
La metáfora de la “Unilever City” adquiere sentido precisamente a partir de esta organización. Calles, espacios colectivos, escaparates y unidades departamentales estructuran una pequeña red urbana dentro de la sede corporativa. La referencia a la ciudad no depende únicamente de su apariencia, sino de la manera en que el proyecto organiza circulación, permanencia, intercambio y especialización.
Desde la perspectiva de la reutilización del patrimonio moderno, la intervención demuestra la capacidad de una estructura concebida para un programa diferente de admitir nuevas formas de ocupación. La arquitectura existente no se conserva como una pieza aislada, sino como una matriz que puede ser perforada, equipada y reprogramada. En este proceso, la continuidad estructural y la transformación programática se convierten en los dos principios que articulan el proyecto.
©tecnne




Fotografías: ©Ossip van Duivenbode
Artículo sugerido: Bernard Bühler, Seguin
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