La visión urbana de Ron Herron y la transformación del asentamiento moderno
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
Walking City, concebida por Ron Herron en 1964 dentro del colectivo Archigram, constituye una de las propuestas más influyentes de la arquitectura visionaria del siglo XX. El proyecto imagina una megaestructura móvil capaz de desplazarse sobre distintos territorios mediante sistemas mecánicos autónomos, sustituyendo el modelo tradicional de ciudad fija por una forma de habitar basada en la movilidad permanente. A través de una combinación de referencias procedentes de la biología, la ingeniería aeroespacial y la cultura tecnológica de los años sesenta, la propuesta redefine la relación entre arquitectura, infraestructura y territorio. Su relevancia reside en el empleo del dibujo, el collage y la representación gráfica como instrumentos de investigación arquitectónica, capaces de formular hipótesis sobre la adaptabilidad urbana, la obsolescencia programada y la organización sistémica de la ciudad. El proyecto cuestiona categorías históricas como permanencia, arraigo y memoria urbana, anticipando debates contemporáneos vinculados a la movilidad, la flexibilidad programática y la transformación continua de los entornos habitados.
Palabras clave: Walking City, Archigram, Ron Herron, megaestructuras urbanas, arquitectura visionaria.
Contexto y objetivos de Walking City
Walking City ocupa una posición singular dentro de la producción de Archigram. Concebida por Ron Herron en 1964, la propuesta imagina una ciudad móvil capaz de desplazarse sobre la superficie terrestre, sustituyendo la lógica del asentamiento permanente por una condición itinerante. La imagen que consolidó su presencia en el imaginario arquitectónico muestra una estructura de apariencia biomórfica y mecánica a la vez, situada entre el organismo y la máquina, que avanza mediante patas telescópicas sobre un paisaje devastado. Esta representación sintetiza algunas de las principales inquietudes tecnológicas de la década de 1960, cuando la técnica era entendida como un instrumento capaz de redefinir las formas de vida contemporáneas. Agudo-Martínez (2013) identifica Walking City como la propuesta más radical desarrollada por Archigram y señala que su principal aportación consiste en incorporar el movimiento como condición constitutiva de la forma urbana.
El proyecto pertenece al ámbito de la arquitectura dibujada. No fue concebido para su materialización constructiva, sino como una especulación crítica desarrollada a través de la representación gráfica. Su relevancia reside en la capacidad del dibujo para formular hipótesis sobre la ciudad y transformar los marcos conceptuales desde los que se interpreta el entorno construido. Según Sadler (2005), gran parte de la producción de Archigram se desarrolló sobre el papel, y sus imágenes se encuentran entre las más influyentes de la arquitectura del siglo XX. Esta condición exige una lectura que considere simultáneamente las operaciones formales de la representación y el contexto cultural e intelectual en el que surgió. En este sentido, el presente ensayo analiza Walking City desde sus dimensiones formales, espaciales, funcionales y técnicas, situándola al mismo tiempo dentro de la tradición historiográfica que permite comprender su alcance disciplinar.
La naturaleza especulativa de la propuesta plantea, además, una cuestión relevante para la historiografía arquitectónica. Una disciplina tradicionalmente orientada al estudio de obras construidas, fechadas y localizables encuentra dificultades para incorporar proyectos cuya existencia se circunscribe al dibujo. Sadler (2005) observa que, durante años, Archigram fue interpretado principalmente como una manifestación cultural asociada a la estética de los años sesenta, mientras que sus aportaciones teóricas recibieron una atención limitada. La posterior revisión crítica de su legado permitió reconocer la arquitectura dibujada como una forma legítima de producción de conocimiento disciplinar. Desde esta perspectiva, Walking City puede entenderse como una investigación proyectual que utiliza la imagen para formular una tesis sobre la movilidad, la tecnología y las transformaciones del habitar contemporáneo.

Archigram y la cultura tecnológica de los años sesenta
Archigram surgió a comienzos de la década de 1960 como una agrupación informal de jóvenes arquitectos vinculados al contexto cultural londinense. Su nombre, resultado de la contracción entre architecture y telegram, sintetizaba una voluntad de comunicación rápida, directa y visual. La revista homónima, publicada por primera vez en 1961 con una circulación limitada, se convirtió en una plataforma para difundir proyectos experimentales, investigaciones gráficas y manifiestos que encontraban escaso espacio en los canales editoriales británicos tradicionales (Agudo-Martínez, 2013). Sus integrantes —Warren Chalk, Peter Cook, Dennis Crompton, David Greene, Ron Herron y Michael Webb— compartían una postura crítica frente a las convenciones profesionales dominantes y una confianza explícita en la tecnología como motor de transformación arquitectónica y urbana (Sadler, 2005).
La aparición del grupo coincidió con un período de profundas transformaciones económicas, sociales y culturales. La reconstrucción de la posguerra europea dio paso a una etapa de crecimiento sostenido, marcada por la expansión industrial, el desarrollo de nuevas infraestructuras y la consolidación de la cultura de masas. La exploración espacial, la producción seriada de bienes de consumo, la publicidad, el cómic y el arte pop configuraron un repertorio visual que Archigram incorporó activamente a su imaginario proyectual. Como señala Sadler (2005), las referencias del grupo procedían de ámbitos diversos, entre ellos la carrera espacial, el constructivismo, la biología, la electrónica y los sistemas industriales de producción. Esta ampliación del campo disciplinar desplazó la arquitectura desde una concepción centrada en la permanencia material hacia otra orientada a la adaptabilidad, la obsolescencia programada y la transformación continua de los entornos habitados.
En este contexto, la confianza en el progreso tecnológico constituyó uno de los fundamentos conceptuales de la obra de Archigram. Para esta generación, los avances técnicos ofrecían la posibilidad de reconsiderar problemas históricos de la ciudad moderna, como la movilidad, la vivienda o la distribución de recursos. Banham (1976), crítico e historiador estrechamente vinculado al debate arquitectónico de la época, situó estas propuestas dentro del fenómeno de las megaestructuras: sistemas urbanos de gran escala concebidos como soportes capaces de integrar múltiples funciones y admitir procesos continuos de crecimiento, sustitución y reconfiguración. Walking City radicaliza esta lógica al eliminar la dependencia de una localización fija y convertir la propia megaestructura en un artefacto móvil. La infraestructura deja de actuar como soporte estable del asentamiento para asumir la condición de objeto autónomo, capaz de desplazarse y reorganizar su relación con el territorio.
Antecedentes conceptuales: futurismo, metabolismo y megaestructuras
Walking City se inscribe en una tradición de exploraciones arquitectónicas desarrollada a lo largo del siglo XX en torno a la movilidad, la transformación tecnológica y la escala urbana. Entre sus antecedentes más relevantes se encuentra el futurismo italiano. En los dibujos de la Città Nuova (1914), Antonio Sant’Elia representó una metrópoli organizada mediante complejos sistemas de circulación superpuestos, ascensores exteriores e infraestructuras capaces de expresar la aceleración de la vida moderna (Da Costa Meyer, 1995). Aunque aquellas visiones permanecían vinculadas a un emplazamiento fijo, introducían una concepción dinámica de la arquitectura, entendida como expresión material del movimiento, la velocidad y el cambio. Walking City retoma estos principios y los desplaza hacia una nueva escala conceptual: el movimiento deja de ser una cualidad representada en la ciudad para convertirse en una propiedad inherente al propio organismo urbano.
Otro antecedente fundamental corresponde al desarrollo de las megaestructuras, fenómeno ampliamente estudiado por Banham (1976). Esta línea de pensamiento reúne propuestas que, desde diferentes posiciones teóricas, concibieron la ciudad como un sistema abierto compuesto por una infraestructura de gran escala capaz de albergar programas variables y transformaciones sucesivas. Las visiones urbanas de Le Corbusier, las estructuras espaciales de Yona Friedman y las investigaciones del metabolismo japonés comparten la diferenciación entre un soporte permanente —encargado de la estructura, los servicios y las redes técnicas— y componentes habitacionales susceptibles de ser reemplazados, ampliados o modificados. Dentro de esta genealogía, Archigram incorporó una dimensión gráfica estrechamente vinculada a la cultura tecnológica y al imaginario del consumo contemporáneo. Walking City lleva esta lógica hasta su formulación más extrema al desvincular la megaestructura de cualquier emplazamiento estable y convertirla en una entidad autónoma capaz de desplazarse sobre el territorio.
La comparación con otros proyectos desarrollados por Archigram permite precisar la singularidad de la propuesta. En Plug-In City (1962-1964), Peter Cook concibió una infraestructura fija que concentraba circulaciones, servicios y elementos estructurales, sobre la cual podían ensamblarse y sustituirse unidades habitacionales mediante sistemas mecánicos de gran escala. La adaptabilidad residía en las partes, mientras que el soporte permanecía inalterado. Walking City invierte esta relación. Conserva la lógica de los módulos intercambiables, pero extiende la movilidad al conjunto de la estructura urbana. La ciudad deja de concebirse como un marco estable para transformarse en un organismo desplazable, cuya infraestructura y sus unidades habitacionales forman parte de un mismo sistema dinámico. Como observa Agudo-Martínez (2013), esta reformulación de la relación entre cápsula y megaestructura constituye uno de los aspectos que distinguen la propuesta de Herron dentro del repertorio de Archigram y explica su posición singular en la evolución conceptual del grupo.

Configuración formal de la ciudad andante
La hibridación entre organismo y máquina
La comprensión de Walking City requiere comenzar por su configuración formal. Herron concibió un volumen de gran escala, de perfil curvilíneo y desarrollo longitudinal, apoyado sobre un sistema de patas telescópicas articuladas que le permitirían desplazarse por distintos medios y superficies. Su morfología combina referencias biológicas y mecánicas: una envolvente segmentada, un cuerpo principal claramente identificable y una serie de extremidades que funcionan simultáneamente como soporte estructural y mecanismo de locomoción. Agudo-Martínez (2013) describe esta imagen como una hibridación entre insecto y máquina, señalando que su apariencia zoomórfica constituye una de las claves interpretativas del proyecto. La analogía biológica no cumple únicamente una función representativa; propone una forma alternativa de comprender la arquitectura, concebida como un organismo capaz de interactuar con su entorno y modificar su posición dentro del territorio.
La incorporación de modelos biológicos responde a una preocupación recurrente en el imaginario de Archigram. Sadler (2005) identifica la biología como una de las principales fuentes conceptuales del grupo, junto con la electrónica, la manufactura industrial y la cultura popular. Desde esta perspectiva, el edificio deja de entenderse exclusivamente como una máquina técnica para asumir atributos asociados a los sistemas vivos: metabolismo, crecimiento, adaptación y renovación constante (Santos Feliciano, 2008). Walking City traslada estas categorías al ámbito urbano al imaginar una estructura capaz de intercambiar recursos, modificar su configuración y establecer relaciones temporales con otras unidades similares. La referencia orgánica introduce así una interpretación de la ciudad como sistema dinámico, sometido a procesos continuos de transformación.
Cápsulas habitacionales y estructura urbana móvil
El volumen principal integra la totalidad de las funciones urbanas. En su interior se disponen cápsulas habitacionales, espacios de trabajo, áreas comerciales, equipamientos colectivos e infraestructuras de servicio. Estas cápsulas constituyen unidades autónomas, prefabricadas y desmontables, concebidas para acoplarse a una estructura portante de mayor escala y ser sustituidas cuando las necesidades funcionales lo requieran. La relación entre cápsula y megaestructura ocupa un lugar central dentro de la producción de Archigram y encuentra en Walking City una formulación particularmente compleja (Agudo-Martínez, 2013). Mientras la cápsula conserva su capacidad de reemplazo y actualización, la propia megaestructura adquiere movilidad, incorporando una segunda escala de desplazamiento que afecta al conjunto del organismo urbano.
El sistema se complementa mediante una red de conductos y conexiones externas que garantizan el suministro de energía, agua, comunicaciones y otros recursos esenciales. Estos elementos permiten, además, el acoplamiento temporal entre diferentes unidades móviles. Cuando varias ciudades andantes entran en contacto, pueden intercambiar recursos, ocupantes e información, configurando una red urbana variable y descentralizada (Agudo-Martínez, 2013). La importancia otorgada a estas conexiones revela una concepción de la ciudad definida por la circulación de flujos materiales e informacionales antes que por la permanencia de formas construidas. La infraestructura deja de operar como un soporte fijo para convertirse en un sistema de relaciones móviles y reconfigurables.
La representación gráfica desempeña un papel fundamental en la construcción de esta hipótesis. Banham (1976) destacó el grado de detalle presente en los proyectos de Archigram, particularmente en comparación con otras propuestas megaestructurales contemporáneas. Frente a los esquemas generales característicos de buena parte de la arquitectura visionaria de la época, los dibujos del grupo desarrollan con precisión componentes estructurales, cápsulas habitacionales, mecanismos de ensamblaje, redes técnicas y sistemas de circulación. Este nivel de definición refuerza la consistencia interna de la propuesta y aproxima la especulación proyectual al terreno de la factibilidad técnica. El dibujo funciona así como un instrumento de argumentación arquitectónica capaz de conferir verosimilitud a una idea que, en términos constructivos, permanecía deliberadamente abierta.
Infraestructura, conexiones y redes de intercambio
La organización espacial interna responde al principio de autonomía que estructura todo el proyecto. El volumen móvil debe concentrar en una única entidad arquitectónica los programas y servicios que la ciudad convencional distribuye sobre una superficie extensa. La sección puede interpretarse como una superposición jerarquizada de estratos funcionales, donde las áreas habitables, los espacios de trabajo, los equipamientos colectivos y las infraestructuras técnicas se articulan mediante sistemas internos de circulación. Esta concentración programática genera una condición de interioridad permanente. La experiencia del habitante queda mediada por el equipamiento técnico del artefacto y por una envolvente que regula el intercambio con el entorno exterior.
La definición de estas estructuras como “máquinas para vivir”, recogida por Agudo-Martínez (2013), establece una relación directa con la conocida formulación de Le Corbusier sobre la vivienda moderna. Sin embargo, la comparación pone de manifiesto diferencias significativas. Mientras la máquina de habitar corbusierana se apoyaba en los principios de racionalización, permanencia y orden espacial, Walking City introduce variables asociadas a la movilidad, la sustitución continua de componentes y la transformación constante de las condiciones de implantación. La referencia moderna permanece presente en el vocabulario técnico y en la confianza depositada en la tecnología, aunque reinterpretada a través de una visión urbana basada en la adaptabilidad y el desplazamiento.
Sistema estructural, adaptabilidad y transformación continua
Analizar Walking City desde una perspectiva estructural exige diferenciar entre la información explícita del dibujo y las implicaciones conceptuales del proyecto. La representación muestra una gran envolvente portante sostenida por patas telescópicas articuladas, capaces de garantizar estabilidad y desplazamiento sobre diversos tipos de superficie. Su configuración remite tanto a la ingeniería de vehículos de exploración como a las infraestructuras móviles desarrolladas durante la carrera espacial. Agudo-Martínez (2013) vincula directamente la propuesta con el imaginario tecnológico generado por los programas de la NASA y las primeras misiones de exploración extraterrestre. En este contexto, la cápsula espacial aparece como una referencia fundamental: una estructura autónoma que integra soporte vital, movilidad y protección ambiental dentro de un único sistema técnico.
Indeterminación programática y renovación de componentes
La lógica constructiva del proyecto se articula a partir de un principio de indeterminación programada. La megaestructura funciona como un soporte capaz de admitir modificaciones continuas sin alterar su organización general. Las unidades habitacionales, los equipamientos y otros componentes pueden ser sustituidos, actualizados o reconfigurados según las necesidades de cada momento. Esta condición abierta desplaza la atención desde la forma terminada hacia los procesos de transformación que la arquitectura es capaz de albergar. Steiner (2009) identifica en la obra de Archigram una concepción proyectual basada en la metamorfosis, donde el cambio deja de entenderse como una alteración excepcional para convertirse en una condición permanente del sistema arquitectónico.
La obsolescencia adquiere, dentro de este marco, un papel central. Procedente de la lógica industrial y de la cultura del consumo, el concepto se incorpora al pensamiento arquitectónico como un mecanismo de adaptación continua. Los componentes dejan de concebirse como elementos destinados a perdurar indefinidamente y pasan a formar parte de ciclos de renovación periódica. Esta posición supone una revisión crítica de uno de los principios históricos de la disciplina: la asociación entre arquitectura y permanencia material. En Walking City, la capacidad de actualización se convierte en un valor prioritario, mientras que la duración pierde su condición de criterio dominante. Sadler (2005) interpreta esta postura como una redefinición del papel de la arquitectura, orientada menos a la producción de formas estables que al suministro de infraestructuras capaces de acompañar modos de vida cambiantes.
Pensamiento sistémico y ciudad como organismo dinámico
Estas ideas guardan una estrecha relación con el desarrollo del pensamiento sistémico durante la década de 1960. La cibernética y la teoría de sistemas introdujeron modelos de análisis basados en la interacción entre componentes, la circulación de información y los mecanismos de autorregulación. Steiner (2009) ha señalado que Archigram incorporó estas nociones al concebir la arquitectura como una organización abierta compuesta por flujos de energía, recursos, personas e información. Desde esta perspectiva, la ciudad deja de entenderse como una agregación de objetos estáticos para convertirse en un sistema dinámico de intercambios. Walking City lleva esta interpretación a una formulación literal: el organismo urbano se desplaza, intercambia recursos, modifica su configuración interna y adapta continuamente sus relaciones con el entorno.
Sin embargo, el proyecto mantiene una deliberada indefinición en relación con su viabilidad técnica. El dibujo no explica los mecanismos concretos que permitirían movilizar una estructura de escala urbana, ni detalla las fuentes energéticas necesarias para garantizar su funcionamiento, ni resuelve las exigencias estructurales derivadas de su enorme masa. Esta ausencia de resolución técnica forma parte de la naturaleza especulativa de la propuesta. El objetivo del proyecto no consiste en demostrar una solución constructiva, sino en explorar un horizonte tecnológico mediante la representación arquitectónica. La precisión gráfica proporciona coherencia interna al artefacto y lo sitúa en un territorio intermedio entre la factibilidad y la imaginación. Como observó Banham (1976), el interés de estas visiones radica precisamente en su capacidad para anticipar escenarios posibles y ampliar los límites desde los cuales la disciplina piensa sus propios medios y objetivos.

Movilidad urbana, nomadismo y pérdida del arraigo territorial
La ciudad móvil como modelo de ocupación del territorio
El término Nómadas sintetiza uno de los principios fundamentales de Walking City: la sustitución del asentamiento permanente por una forma de habitar basada en el desplazamiento continuo. En este modelo, la ciudad deja de constituir un marco territorial estable para convertirse en una infraestructura móvil que acompaña a sus habitantes a través de distintos contextos geográficos. El nomadismo, tradicionalmente asociado a formas preindustriales de ocupación del territorio, reaparece aquí reinterpretado mediante la tecnología. Según Agudo-Martínez (2013), estas estructuras robóticas recorren el planeta transportando sus recursos y poblaciones, deteniéndose únicamente para reabastecerse o intercambiar ocupantes con otras unidades similares. La movilidad deja de ser una condición excepcional para convertirse en el principio organizador de la vida urbana.
Esta transformación afecta directamente a la noción de lugar. Históricamente, la ciudad ha mantenido una relación indisociable con su emplazamiento, construyendo vínculos duraderos con la topografía, el clima, las infraestructuras y los procesos históricos de cada territorio. Walking City cuestiona esta relación al proponer una arquitectura desvinculada de cualquier localización permanente. La implantación deja de ser una condición definitoria de la forma urbana y pasa a entenderse como una situación transitoria. El territorio se reduce a soporte físico y fuente de recursos, mientras que la identidad de la ciudad se concentra en la autonomía técnica de su estructura. Desde esta perspectiva, la arquitectura deja de expresar las singularidades del lugar para afirmar la independencia operativa del artefacto que la contiene.
Memoria colectiva y desterritorialización urbana
La desterritorialización planteada por el proyecto tiene implicaciones que trascienden la dimensión física. Al imaginar comunidades que se desplazan de manera continua y establecen relaciones temporales entre sí, Walking City replantea las bases tradicionales de la vida colectiva. Los encuentros entre ciudades móviles generan intercambios de recursos, información y habitantes, pero no producen necesariamente estructuras sociales permanentes. La conocida formulación de una civitas sin historia asentada sobre los vestigios de la historia resume esta condición con particular claridad. La comunidad tecnológica circula sobre territorios cargados de memoria sin establecer con ellos una relación duradera. El proyecto introduce así una tensión entre movilidad y continuidad cultural que atraviesa buena parte del pensamiento urbano contemporáneo.
La cuestión de la memoria adquiere, en este contexto, una relevancia particular. La ciudad histórica ha funcionado tradicionalmente como un depósito material de experiencias colectivas, donde calles, plazas, monumentos y edificios conservan las huellas acumuladas de distintas generaciones. En Walking City, esa dimensión temporal queda profundamente alterada. La movilidad permanente limita la capacidad de la arquitectura para establecer relaciones estables con un territorio específico y dificulta la construcción de referencias espaciales duraderas. El proyecto plantea, aunque sin resolverla explícitamente, una interrogante central para la cultura urbana del siglo XX: hasta qué punto una comunidad puede sostener mecanismos de identidad y pertenencia cuando el lugar deja de constituir el soporte material de la memoria colectiva.
La autosuficiencia tecnológica en escenarios de crisis
La representación de paisajes devastados introduce una dimensión adicional en esta reflexión. Concebida durante los años de la Guerra Fría, la propuesta se desarrolla en un contexto marcado por la amenaza de un conflicto nuclear y por la incertidumbre respecto al futuro de los asentamientos humanos. La autosuficiencia técnica de la ciudad móvil puede interpretarse, en este sentido, como una respuesta arquitectónica a escenarios de crisis territorial. La capacidad de desplazarse, producir recursos y mantener condiciones de habitabilidad independientes del entorno inmediato convierte a la megaestructura en un mecanismo de adaptación frente a contextos potencialmente hostiles. La movilidad adquiere así una función vinculada a la supervivencia, complementando su dimensión tecnológica y urbana.
La comparación con Instant City permite comprender con mayor precisión el alcance conceptual de Walking City. En el proyecto desarrollado posteriormente por Peter Cook, la movilidad se concentra en los dispositivos culturales y comunicativos que se desplazan temporalmente hacia comunidades existentes, activando de forma transitoria determinados lugares antes de retirarse (Cook, 1972). El asentamiento permanece estable; lo que circula es la experiencia urbana. Walking City propone la operación inversa. Aquí son la infraestructura, los programas y la población los que se desplazan conjuntamente, suprimiendo la dependencia de un emplazamiento fijo. Ambas propuestas cuestionan la relación tradicional entre ciudad y territorio, aunque lo hacen desde posiciones distintas: una introduce movilidad en los acontecimientos urbanos; la otra traslada la ciudad completa al ámbito de la circulación permanente.

Consumo, obsolescencia y crítica de la utopía tecnológica
Arquitectura y cultura de consumo en Archigram
Walking City incorpora de manera explícita las lógicas de consumo propias de la sociedad industrial avanzada y las traslada al campo arquitectónico. La propuesta asume categorías como la obsolescencia, el reemplazo de componentes y la renovación constante de los sistemas materiales, integrándolas en la organización de la ciudad. Esta posición constituye uno de los aspectos más discutidos de la producción de Archigram, particularmente en relación con la aparente convergencia entre la radicalidad formal de sus proyectos y su aceptación de los principios culturales y económicos dominantes. Como señala Sadler (2005), el grupo adoptó conceptos procedentes de la producción industrial y del mercado de consumo, incorporándolos como elementos constitutivos de su pensamiento urbano.
Esta cuestión ha ocupado un lugar central dentro de la historiografía crítica de la arquitectura. Tafuri (1973) sostuvo que muchas de las utopías arquitectónicas desarrolladas durante el siglo XX anticipaban formas espaciales compatibles con las necesidades de expansión y reorganización del capitalismo avanzado. Desde esta perspectiva, la experimentación formal no necesariamente implica una posición crítica frente al sistema económico que la produce. Aplicada a Walking City, esta interpretación permite entender la propuesta como una representación arquitectónica de una sociedad caracterizada por la circulación permanente de bienes, personas y recursos. La vivienda, concebida como cápsula intercambiable, participa de la misma lógica que los objetos industriales sometidos a ciclos continuos de actualización y reemplazo. En este sentido, el proyecto no cuestiona las dinámicas del consumo contemporáneo, sino que las convierte en principios operativos de la forma urbana.
Entre la especulación tecnológica y la crítica cultural
Sin embargo, una lectura exclusivamente ideológica resulta insuficiente para explicar la complejidad de la propuesta. Sadler (2005) subraya que el carácter lúdico de Archigram constituyó también una reacción frente a ciertos presupuestos del Movimiento Moderno, especialmente aquellos vinculados a la planificación totalizadora y a la confianza en modelos universales de organización espacial. La utilización del cómic, la cultura popular, la ilustración técnica y la exageración gráfica introdujo nuevos registros de representación dentro de la disciplina. Estas herramientas permitieron explorar escenarios alternativos mediante un lenguaje deliberadamente híbrido, situado entre la especulación tecnológica y la crítica cultural. La ambigüedad resultante forma parte de la riqueza interpretativa de Walking City: la propuesta participa del imaginario consumista de su tiempo y, simultáneamente, lo amplifica hasta convertirlo en objeto de reflexión.
Esta posición encuentra antecedentes en el contexto cultural británico de la posguerra. Los debates impulsados por el arte pop, el diseño industrial y los estudios sobre cultura de masas contribuyeron a legitimar la incorporación de imágenes procedentes de la publicidad, los medios de comunicación y los productos de consumo dentro de las prácticas artísticas y proyectuales. Sadler (2005) sitúa a Archigram dentro de este entorno intelectual, caracterizado por una reconsideración crítica de los límites tradicionales entre alta cultura y cultura popular. La iconografía de Walking City refleja claramente esta sensibilidad. Cápsulas habitacionales, estructuras mecánicas, referencias aeroespaciales y sistemas tecnológicos se integran en una representación que combina el lenguaje de la ingeniería con el imaginario visual de la sociedad de consumo.
El alcance de la propuesta trasciende, no obstante, el contexto específico en el que fue concebida. Walking City forma parte de una tradición de proyectos especulativos que utilizan la representación arquitectónica como instrumento de investigación disciplinar. Su relevancia no depende de la posibilidad inmediata de construcción, sino de su capacidad para replantear cuestiones fundamentales acerca de la relación entre arquitectura, tecnología y sociedad. El proyecto interroga la estabilidad del asentamiento, la duración de los edificios, la condición material de la vivienda y el papel de las infraestructuras en la organización de la vida colectiva. Al formular estas cuestiones mediante una imagen arquitectónica de gran intensidad conceptual, Walking City desplaza el proyecto desde el ámbito de la resolución técnica hacia el de la reflexión crítica, consolidándose como una de las exploraciones más significativas de la arquitectura visionaria de la segunda mitad del siglo XX.

Representación gráfica y arquitectura dibujada
Dado que Walking City existe fundamentalmente como representación, el análisis de sus recursos gráficos resulta inseparable de la comprensión del proyecto. En la producción de Archigram, el dibujo no opera como una fase preliminar destinada a la construcción, sino como el soporte principal de la investigación arquitectónica. Para desarrollar la propuesta, Ron Herron recurrió al fotomontaje y al collage, integrando las estructuras móviles en contextos urbanos reconocibles, entre ellos el perfil de Manhattan. Esta superposición de elementos reales e imaginarios genera un efecto de extrañamiento que constituye uno de los mecanismos centrales de la imagen. La coexistencia de referencias familiares y artefactos imposibles desplaza la percepción habitual de la ciudad y plantea interrogantes sobre sus posibles transformaciones futuras. En este sentido, la representación adquiere una función argumentativa: el montaje visual se convierte en un instrumento de especulación arquitectónica.
La construcción de estas imágenes se vincula con una tradición gráfica que remite tanto a las vanguardias históricas como a los lenguajes visuales de la cultura de masas. El collage, heredado de las experiencias artísticas de entreguerras, permite establecer relaciones inéditas entre objetos, escalas y contextos, mientras que el fotomontaje aporta una apariencia de verosimilitud que aproxima la ficción al campo de lo posible. Herron explota deliberadamente esta ambigüedad. La precisión técnica del dibujo y la presencia de referencias urbanas identificables contribuyen a otorgar credibilidad a una propuesta cuya viabilidad material permanece abierta.
La importancia de estas representaciones excede el ámbito de la producción individual. Steiner (2009) ha señalado que las imágenes de Archigram circularon ampliamente a través de revistas, exposiciones, publicaciones especializadas y redes internacionales de arquitectos, convirtiéndose en vehículos fundamentales para la difusión de nuevas formas de pensamiento proyectual. Su influencia se manifestó tanto en la cultura arquitectónica como en los modos de representación adoptados por generaciones posteriores. La eficacia de Walking City dependió, en gran medida, de esta capacidad de circulación. La propuesta alcanzó relevancia disciplinar no por su construcción física, sino por la difusión de sus imágenes y por su inserción en los debates internacionales sobre tecnología, urbanismo y futuro.
La adopción de recursos procedentes del cómic, la ilustración técnica y la divulgación científica respondió igualmente a una voluntad de ampliar los registros tradicionales de comunicación arquitectónica. Frente a las convenciones gráficas dominantes en buena parte de la arquitectura moderna, Archigram desarrolló un lenguaje visual narrativo, accesible y altamente reconocible. La representación incorpora secuencias, artefactos, personajes y sistemas de información que facilitan la lectura de escenarios complejos sin renunciar a la especulación conceptual. Esta combinación de claridad narrativa y densidad proyectual explica en parte la permanencia de Walking City dentro del imaginario arquitectónico contemporáneo y su influencia sobre numerosas representaciones posteriores vinculadas a la ciencia ficción, el diseño industrial y la cultura visual tecnológica.
Steiner (2009) interpreta este registro mediante la noción de *pintoresquismo tecnológico*, una categoría que permite relacionar la obra de Archigram con ciertas tradiciones visuales británicas caracterizadas por la búsqueda de variedad, contraste y complejidad compositiva. En Walking City, estos principios se trasladan al universo de la infraestructura y de la máquina. La silueta fragmentada de la megaestructura, la acumulación visible de componentes, la articulación de cápsulas y conductos, y su inserción en paisajes urbanos o territorios en ruinas generan una experiencia visual basada en la tensión entre orden técnico e irregularidad formal. La representación produce así un efecto comparable al de las composiciones pintorescas históricas, aunque sustituye los motivos naturales o monumentales por artefactos tecnológicos de gran escala.
Desde esta perspectiva, la imagen no constituye una simple ilustración de la propuesta, sino el espacio donde se articulan sus principales argumentos arquitectónicos. La reflexión sobre la movilidad, la infraestructura, la tecnología y el futuro urbano se construye simultáneamente a través del contenido conceptual y de los procedimientos gráficos empleados para representarlo. En Walking City, la forma de comunicar la idea resulta inseparable de la idea misma, lo que explica la posición central que ocupa el dibujo dentro de la producción teórica y proyectual de Archigram.


Legado e influencia de Walking City en la arquitectura contemporánea
La disolución de Archigram a mediados de la década de 1970 coincidió con el declive del interés disciplinar por las megaestructuras. La crisis económica internacional, la revisión crítica de los modelos de crecimiento expansivo y la creciente preocupación por los impactos sociales y ambientales de las grandes infraestructuras modificaron las prioridades de la arquitectura y el urbanismo. Banham (1976) registró este proceso cuando muchas de las propuestas asociadas a aquel imaginario comenzaban a perder centralidad dentro del debate arquitectónico. Sin embargo, Walking City sobrevivió a las condiciones históricas que motivaron su aparición y se consolidó como una de las imágenes más influyentes de la arquitectura visionaria del siglo XX.
Una parte significativa de su legado puede identificarse en la arquitectura High-Tech británica. Sadler (2005) ha señalado la continuidad existente entre las investigaciones de Archigram y las obras desarrolladas posteriormente por Richard Rogers, Norman Foster y Nicholas Grimshaw. La exposición de sistemas estructurales e instalaciones, la diferenciación visible de componentes y la comprensión del edificio como un ensamblaje técnico susceptible de transformación encuentran antecedentes claros en las propuestas del colectivo. El Centre Pompidou, proyectado por Richard Rogers y Renzo Piano, constituye uno de los ejemplos más citados de esta transferencia conceptual, al convertir las redes de circulación, los conductos y los servicios técnicos en elementos determinantes de la expresión arquitectónica.
Otro vínculo relevante se establece con el metabolismo japonés, movimiento que desarrolló algunas de las ideas exploradas por Archigram desde una perspectiva constructiva. Según Lin (2010), los metabolistas concibieron la ciudad como un organismo capaz de crecer mediante la incorporación y sustitución de unidades modulares conectadas a infraestructuras permanentes. La Torre de Cápsulas Nakagin representa la materialización más conocida de este principio. Su organización mediante módulos prefabricados ensamblados sobre núcleos estructurales permanentes evidencia una proximidad conceptual con la relación entre cápsula y megaestructura desarrollada por Archigram. La diferencia fundamental reside en la condición del soporte. Mientras el metabolismo mantuvo el vínculo entre arquitectura y emplazamiento, Walking City extendió la lógica de la movilidad al conjunto de la infraestructura urbana.
La reconsideración historiográfica de Archigram durante las últimas décadas del siglo XX contribuyó a ampliar el reconocimiento de estas aportaciones. Sadler (2005) sitúa este proceso en un contexto de creciente interés por las formas experimentales de producción arquitectónica y por el papel del dibujo como medio de investigación disciplinar. La concesión de la Royal Gold Medal del Real Instituto de Arquitectos Británicos al colectivo, en 2002, confirmó institucionalmente esta reevaluación crítica. El reconocimiento resultó especialmente significativo porque legitimó una producción cuyo impacto se había desarrollado principalmente a través de publicaciones, exposiciones y representaciones gráficas. La trayectoria de Archigram demuestra así que la influencia arquitectónica no depende exclusivamente de la construcción material de edificios.
Parte de esta herencia se manifiesta también en la evolución de los medios de proyecto contemporáneos. Steiner (2009) interpreta la obra del grupo como un antecedente de formas de pensamiento que adquirieron nuevas posibilidades operativas con la incorporación de herramientas digitales. La atención a la transformación continua, la organización de componentes intercambiables y la comprensión de la arquitectura como sistema relacional anticipan enfoques posteriormente desarrollados mediante modelos paramétricos, simulaciones computacionales y procesos de diseño basados en información. Desde esta perspectiva, Walking City puede entenderse como un precedente conceptual de una arquitectura concebida en términos de organización dinámica y adaptación continua.
La vigencia de la propuesta resulta especialmente evidente al observar algunos de los desafíos contemporáneos. Los desplazamientos masivos de población, las migraciones asociadas a conflictos y crisis ambientales, la creciente provisionalidad de ciertos modelos residenciales y la necesidad de infraestructuras capaces de responder a contextos cambiantes han reactivado debates que la ciudad andante formuló de manera temprana. Del mismo modo, la reflexión sobre la vida útil de los edificios, la reutilización de componentes y los ciclos materiales de la construcción ha devuelto actualidad a cuestiones vinculadas con la adaptabilidad y la transformación de los sistemas arquitectónicos.
La relevancia de Walking City reside, por tanto, en su capacidad para operar como instrumento crítico dentro de la cultura arquitectónica. La propuesta no ofrece una solución aplicable ni un modelo urbano transferible de forma directa. Su aportación consiste en cuestionar categorías que durante siglos estructuraron el pensamiento disciplinar, entre ellas la estabilidad del emplazamiento, la permanencia de la construcción y la identificación entre ciudad, territorio y memoria. A través de la representación de una megaestructura móvil, Herron formuló una serie de interrogantes que continúan siendo pertinentes para comprender las transformaciones contemporáneas del habitar.
Considerada en conjunto, la obra revela una condición esencialmente ambivalente. Por una parte, expresa la confianza tecnológica característica de la cultura de los años sesenta y su expectativa de que la innovación técnica pudiera redefinir las formas de vida urbana. Por otra, plantea interrogantes sobre las consecuencias territoriales, sociales y culturales de una existencia desvinculada de referencias espaciales estables. Entre movilidad y arraigo, entre transformación y permanencia, entre autonomía técnica y memoria colectiva, Walking City construye un campo de tensiones que explica la persistencia de su interés historiográfico. Su importancia no radica únicamente en lo que propone, sino en las preguntas que mantiene abiertas acerca de la relación entre arquitectura, tecnología y sociedad.
Marcelo Gardinetti

Bibliografía
Agudo-Martínez, M. J. «La casa como cápsula: planteamientos conceptuales del Grupo Archigram (1961-1974)». En Jornadas Internacionales de Investigación en Construcción / International Conference on Construction Research, 1-9. Madrid: Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, 2013.
Banham, Reyner. Megastructure: Urban Futures of the Recent Past. Londres: Thames & Hudson; Nueva York: Harper & Row, 1976.
Cook, Peter, ed. Archigram. Londres: Studio Vista, 1972. Edición facsímil, Nueva York: Princeton Architectural Press, 1999.
Da Costa Meyer, Esther. The Work of Sant’Elia: Retreat into the Future. New Haven: Yale University Press, 1995.
Lin, Zhongjie. Kenzo Tange and the Metabolist Movement: Urban Utopias of Modern Japan. Londres y Nueva York: Routledge, 2010.
Sadler, Simon. Archigram: Architecture without Architecture. Cambridge, MA: The MIT Press, 2005.
Santos Feliciano, A. M. «La metáfora del organismo en las arquitecturas visionarias de los años sesenta: la obra del Grupo Archigram como reinvención de un nuevo habitar». Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2008.
Steiner, Hadas A. Beyond Archigram: The Structure of Circulation. Londres y Nueva York: Routledge, 2009.
Tafuri, Manfredo. Progetto e utopia. Architettura e sviluppo capitalistico. Roma-Bari: Laterza, 1973. Edición en castellano: Proyecto y utopía. Arquitectura y desarrollo capitalista. Barcelona: Gustavo Gili, 1973.
Ficha técnica
| Proyecto | Walking City (Ciudad andante / Cities: Moving) |
| Autor | Ron Herron |
| Colectivo | Archigram (Cook, Chalk, Crompton, Greene, Herron, Webb) |
| Año | 1964 |
| Condición | Proyecto visionario no construido. Arquitectura dibujada |
| Emplazamiento | Itinerante; representado sobre Manhattan y frentes costeros |
| Programa | Ciudad móvil autosuficiente: cápsulas residenciales, oficinas, comercio y servicios públicos y privados |
| Sistema portante | Megaestructura ambulante sobre patas telescópicas; cápsulas intercambiables conectables (plug-in) |
| Infraestructura | Conductos en forma de tentáculos para suministros; unidades complementarias de asistencia |
| Medios de representación | Dibujo, fotomontaje y collage |
| Difusión | Revista Archigram (Londres, 1961-1974) |
| Fuentes | Cook (1972); Tafuri (1973); Banham (1976); Da Costa Meyer (1995); Sadler (2005); Santos Feliciano (2008); Steiner (2009); Lin (2010); Agudo-Martínez (2013) |
Dibujos: ©Ron Herron
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