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Niemeyer, el arquitecto del siglo, documental

Oscar Niemeyer, documental, tecnne

 


Niemeyer, O arquiteto do século

Niemeyer: La poética de una experimentación creadora

Introducción

Desde el hombre de las cavernas hasta el presente, la arquitectura evidenció, sin cesar, que la imaginación creadora es infinita, como lo expresan las invenciones formales y espaciales que renovaron el lenguaje expresivo de cada época. Sin embargo, subsiste la paradoja del respeto a la tradición y al mismo tiempo la ansiedad por la innovación. El histórico debate sobre el origen de la cabaña vitruviana, esencia básica de la disciplina –en las dos opciones de Marc-Antoine Lauger y Godofredo Semper–, no alteró la pregnancia estética de su expresión original a lo largo de los siglos, como lo demostraron Herzog & de Meuron en la casa Rudin y en el reciente edificio de exhibiciones Vitra. Pero al mismo tiempo, hoy, nuestro imaginario del hábitat está más próximo de las cápsulas espaciales que nos permitirán vivir en la Luna o en Marte, cuando sea insostenible la existencia en la sufrida Tierra.

Durante más de dos milenios la arquitectura estuvo sometida al férreo sistema de los órdenes clásicos y a la trilogía vitruviana –firmitas, utilitas, venustas–; principios que aún mantienen una obsesiva vigencia. Pero si la utilitas coincide con la adecuación a las necesidades biológicas básicas –que esencialmente no cambiaron desde el hombre de Cromañón–; y la firmitas todavía responde a las implacables leyes de la gravedad; la venustas se transformó de modo radical. Los principios rectores del diseño académico que perduraron hasta la primera mitad del siglo XX, basados en la herencia de los tratados renacentistas y en las normativas de la enseñanza elaboradas por Durand y Guadet, fueron prolongados por los maestros del Movimiento Moderno, tanto en la importancia otorgada por Le Corbusier a los “Trazados reguladores” –explicados en Vers une Architecture–, como en el carácter esencial de la planta cartesiana, aplicada rigurosamente por Mies van der Rohe. Enunciados que heredaban, según Oscar Niemeyer, el respeto a “las razones permanentes de las leyes eternas de equilibrio, proporción y armonía”, [1] todavía presentes en el último gran tratado de arquitectura escrito por André Lurçat, uno de los protagonistas del Movimiento Moderno francés: Formes, composition et lois d’harmonie. Eléments d’une science de l’esthétique architecturale. Si bien a lo largo del siglo XX existieron sucesivas experiencias que se propusieron invalidar dichas tesis, cabe asumir como símbolo del cambio radical ocurrido en la venustas contemporánea, el museo Guggeheim de Frank Gehry en Bilbao.

El predominio ancestral del lápiz sobre la implacable hoja blanca; la esencia generadora del proyecto contenida en el croquis, en el esbozo, en el dibujo manual, representación de la capacidad imaginativa de la mente humana, fueron progresivamente substituidas por las técnicas de diseño por computador, el láser, el método de los diagramas, los nuevos instrumentos de cálculo, el uso de materiales inéditos que substituyeron la indispensable expresión del dibujo, tan significativo en los Cuadernos de Le Corbusier como “expresión sucesiva de una fuerza interior”, y aún presentes en los cromáticos croquis de Aldo Rossi, Santiago Calatrava y Steven Holl. Este instrumental técnico multiplicó infinitamente la creatividad de los arquitectos, quienes serían integrados, según Shakespeare –Sueño de una noche de verano– en la categoría de locos y amantes, cuya fantasía imaginativa les permite percibir lo que la fría razón jamás podría comprender. Constituye el universo formal y espacial concretado en las décadas recientes, cuyo lenguaje innovador fue anticipado por los surrealistas franceses, los expresionistas alemanes y los constructivistas rusos. Es el conjunto de obras producidas por Frank Gehry, Zaha Hadid, Daniel Libeskind, Coop Himmelbau, Eric Miralles, Santiago Calatrava, Renzo Piano, Jean Nouvel, Cristian de Portzamparc, Bernard Tschumi, Peter Eisenman, John Hejduk, Ben van Berkel, Steven Holl, Rem Koolhaas, Norman Foster, Álvaro Siza, entre otros.

Sin embargo, la crisis económica que azota el mundo capitalista en esta primera década del siglo XXI; el incremento de las tensiones sociales; la dimensión inusitada de las megalópolis; los problemas ecológicos y ambientales que han desatado las incontrolables fuerzas de la naturaleza, generaron una fuerte crítica contra la exuberancia formal de los proyectos faraónicos de los miembros del jet set internacional –en algunos casos identificados con el derroche de recursos, el gasto excesivo de energía, la dudosa funcionalidad–, planteada en diversos foros internacionales. Recordemos, en el año 2010, el Seminario en Pamplona, España, sobre el tema “Arquitectura: más por menos”; la Bienal de Venecia, organizada por Kazujo Sejima sobre el tema “La gente se encuentra en la arquitectura”, y la exposición en el MoMA de Nueva York dedicada a los aportes de los profesionales de la periferia: “Small Scale, Big Changes”. Demuestran las preocupaciones existentes sobre el incierto futuro de la humanidad, la supervivencia de la creciente especie humana, la angustia por el agotamiento de los recursos naturales disponibles que imponen la imperiosa necesidad de una arquitectura, quizás más tradicional pero más sensata y realista en la que se incluyen las tendencias regionalistas y minimalistas de Peter Zumthor, Tadao Ando, Glenn Murcutt, Rafael Moneo, entre otros, a los que se suman algunos protagonistas jóvenes de África –Débedo Francis Kéré y Peter Rich–, y en América Latina, Alejandro Aravena y Giancarlo Mazzanti.

Cabe reconocer que asistimos a un profundo cambio de paradigmas metodológicos, formales y espaciales, que acabaron definitivamente con la ancestral herencia académica que rigió durante siglos el proceso de diseño. Se trata de una revolución estética que acompaña las aceleradas transformaciones tecnológicas y científicas que ocurren en la actualidad. Ya Bruno Zevi y Sigfried Giedion habían preanunciado la nueva significación del espacio en la arquitectura, una vez asimiladas las innovaciones de la percepción cubista, y el cuestionamiento a las tesis tradicionales de la ciencia por la teoría de la relatividad. A su vez, los aportes alcanzados en la segunda mitad del siglo XX por el conocimiento científico –biología, antropología, biónica, física, matemáticas–, la tecnología y la filosofía, crearon disímiles formas de interpretar y de actuar sobre una realidad, cada vez más dilatada y cambiante. El mundo de la arquitectura, tradicionalmente restringido a la civilización occidental, integra hoy un universo de experiencias inherentes a culturas marginadas y desconocidas. Surge así la respuesta multifacética, urbana y arquitectónica, al mundo cibernético e internáutico que domina nuestra existencia cotidiana. Estos cambios, no acontecen por generación espontánea ni son ajenos a la historia y a la memoria. Se trata del eterno proceso de cambio impulsado por las vanguardias artísticas y culturales que en cada época intentan abrir nuevos paradigmas culturales que invaliden las manifestaciones de un presente que se desea cambiar. Así nació la fantasía y la utopía que unos pocos lograron materializar: los monstruos de Bomarzo, las angustias de Borromini, los sueños de Fisterlin, las premoniciones de Melnikov, la futurología de Fuller. Y en este camino definido históricamente por la imaginación, la creatividad y la pasión por la arquitectura se encuentra Oscar Niemeyer, referencia innegable de los cambios expresivos del lenguaje del siglo XX, cuya obra ejerció una fuerte influencia en los protagonistas que generan la poiesis e innovación en el aparecer de la forma del futuro en el siglo XXI.

Roberto Segre y José Barki

Bibliografía

Roberto Segre y José Barki, “Niemeyer: La poética de una experimentación creadora” Arquitectura y Urbanismo, vol. XXXII, no 3, (2011), 9

Documental:

O arquiteto do século, Polo de Imagen