Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
Se examina el manifiesto Voluntad y Acción (1939) como una operación crítica formulada desde el interior del movimiento moderno. El análisis reconoce, en primer término, un diagnóstico de crisis del funcionalismo, entendido como reducción del proyecto arquitectónico a una lógica de adecuación programática y eficiencia técnica. A partir de ese punto, el texto propone una inversión en la relación jerárquica entre forma y función, donde la configuración formal adquiere un papel activo en la producción de sentido y en la organización espacial. Esta relectura se articula con la construcción de una genealogía moderna heterogénea, que incorpora referencias a Frank Lloyd Wright, Antoni Gaudí y Auguste Perret, en coexistencia con la estética surrealista. El manifiesto configura así un campo teórico en el que convergen tradiciones diversas, reordenadas según criterios proyectuales que desplazan las nociones de unidad y coherencia propias del canon moderno.
Palabras clave: Voluntad y Acción, funcionalismo, surrealismo, crítica disciplinar, manifiesto arquitectónico, CIAM, modernidad.
Serie El Grupo Austral · Entrega 02
En junio de 1939, el Grupo Austral publicó el manifiesto Voluntad y Acción en la revista Nuestra Arquitectura. El texto articula una crítica sistemática al estado de la arquitectura contemporánea desde una posición interna al propio movimiento moderno, lo que le otorga una particular densidad conceptual.
Diagnóstico de crisis
El diagnóstico identifica una fase de crisis disciplinar vinculada a la pérdida de los principios que habían orientado a los referentes iniciales de la modernidad. El funcionalismo, entendido como uno de los ejes estructurantes de la arquitectura posacadémica, aparece reducido a un esquema doctrinario incapaz de operar sobre la complejidad del programa arquitectónico. La reiteración de recursos formales —planos continuos, supresión del ornamento, regularidad compositiva— configura un sistema codificado que adquiere carácter normativo.
Esta condición, asimilable a una nueva academia, se sostiene en prácticas proyectuales estandarizadas y en dispositivos formativos desvinculados de las condiciones materiales y territoriales, produciendo una disociación entre lenguaje arquitectónico y realidad. El manifiesto fue firmado por Antonio Bonet, Juan Kurchan, Jorge Ferrari Hardoy y Simón Ungar, y se acompañó de un artículo sobre pintura y un trabajo sobre urbanismo.
La inversión estética
El posicionamiento teórico del grupo introduce una inversión respecto del funcionalismo local. Mientras este último establecía una relación directa entre forma, técnica y función, Austral propone que la reformulación estética constituye una condición para una nueva operación sobre la técnica (Liernur, 1994). La forma deja de ser consecuencia para convertirse en instancia activa dentro del proceso proyectual.
Esta operación amplía el campo disciplinar al incorporar dimensiones vinculadas al inconsciente, la memoria cultural y la experiencia del habitar, desplazando el eje desde la resolución técnica hacia una concepción más compleja del espacio arquitectónico. La referencia a Frank Lloyd Wright, Antoni Gaudí, Gustave Eiffel y Auguste Perret permite inscribir esta revisión en una genealogía moderna no homogénea. Estas figuras operan como antecedentes desde los cuales reexaminar principios estructurales, constructivos y espaciales, más que como repertorios formales.
El surrealismo como marco conceptual
El surrealismo introduce un marco conceptual que incide en la formulación del proyecto en dos niveles. Por un lado, como referencia estética que incorpora operaciones analógicas y asociaciones no lineales en la concepción espacial, en contraste con la lógica racionalista. Por otro, como modelo de práctica cultural que plantea la posibilidad de intervenir en las dimensiones simbólicas y perceptivas de la vida colectiva a través de la producción artística.
Su incorporación al campo arquitectónico implica considerar la disciplina como un medio capaz de incidir en la experiencia y en la memoria. Esta influencia se vincula con los contactos de Antonio Bonet con figuras como Salvador Dalí y Joan Miró, así como con el desarrollo local del movimiento en las obras de Xul Solar, Juan Batlle Planas y Antonio Berni. La difusión del psicoanálisis freudiano en este período aportó un marco teórico que permeó tanto la cultura especializada como los circuitos de divulgación.
La coexistencia entre esta apertura hacia el inconsciente y la racionalidad instrumental derivada del pensamiento de Le Corbusier no se resuelve de manera sistemática en los textos del grupo. Esta superposición produce una ambigüedad que amplía el campo de exploración, pero introduce dificultades para la formalización de procedimientos proyectuales transferibles. En este punto se identifican tanto la potencia como los límites conceptuales de la propuesta austral.
Posición en el debate internacional
En términos comparativos, la posición de Austral se distingue de la adoptada por el grupo TECTON en Londres, cuya exploración formal permaneció inscripta en un marco racionalista, sin incorporar procedimientos analógicos derivados del surrealismo. También se diferencia de la producción de Frank Lloyd Wright, con quien Austral comparte la crítica al funcionalismo doctrinario, pero no la incorporación del inconsciente como instancia operativa en el proceso proyectual.
En este cruce de referencias, la posición austral adquiere una especificidad dentro del panorama de la arquitectura moderna de entreguerras, al introducir una dimensión estética que redefine las condiciones de producción de la forma arquitectónica. La construcción de esta genealogía constituye una operación teórica que reconfigura la narrativa del movimiento moderno, en contraste con la versión estabilizada en el ámbito de los CIAM.