Roberto Matta y los Draps Mouillés: Crítica Surrealista al Espacio Moderno

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La teoría de los draps mouillés desarrollada por Roberto Matta en 1938 constituye una de las críticas más tempranas y consistentes al racionalismo dominante dentro de la arquitectura moderna. Formulado tras su experiencia en el estudio de Le Corbusier y su incorporación al círculo surrealista parisino, el concepto propone una arquitectura capaz de adaptarse a las dimensiones psicológicas, perceptivas y emocionales del habitante. A través del manifiesto Mathématique sensible – Architecture du temps, Matta cuestionó la geometría euclidiana y la concepción funcionalista del espacio, planteando entornos elásticos y biomórficos que respondieran a los movimientos del cuerpo y a las dinámicas del inconsciente. El ensayo analiza la genealogía conceptual de esta propuesta, vinculándola con la tradición escultórica del paño mojado, las geometrías no euclidianas y el pensamiento surrealista. Asimismo, examina su influencia en el Grupo Austral argentino y su vigencia contemporánea en debates relacionados con la arquitectura paramétrica, interactiva y sensible a las condiciones humanas.

Palabras clave: Roberto Matta, draps mouillés, surrealismo arquitectónico, arquitectura moderna, espacio psíquico.

La crítica surrealista a la geometría racionalista de la modernidad

La historiografía de la arquitectura moderna ha consolidado una narrativa centrada en la racionalización geométrica, la estandarización constructiva y la depuración formal como factores determinantes de la transformación espacial durante la primera mitad del siglo XX. En este contexto, la machine à habiter formulada por Le Corbusier sintetizó una concepción del entorno construido basada en la eficiencia funcional, el acceso a la luz y la articulación entre estructura, programa y forma arquitectónica. Este modelo se presentó como una respuesta a las condiciones urbanas heredadas del siglo XIX. Sin embargo, su progresiva institucionalización también suscitó críticas dirigidas a la primacía del orden geométrico y a la subordinación de la experiencia subjetiva a principios de organización espacial considerados universales.

Dentro de este marco crítico se inscribe la trayectoria de Roberto Matta Echaurren (1911-2002). Formado como arquitecto en Chile e incorporado posteriormente a los círculos de vanguardia parisinos durante la década de 1930, Matta desarrolló una reflexión sobre el espacio que cuestionó algunos de los fundamentos del racionalismo moderno. Su paso por el taller de la Rue de Sèvres, bajo la dirección de Le Corbusier, resultó decisivo tanto por la influencia recibida como por el posterior distanciamiento intelectual que estableció respecto de ciertos postulados funcionalistas. A partir de esa experiencia elaboró una concepción alternativa del espacio-tiempo arquitectónico, cuya formulación más conocida se encuentra en el concepto de los draps mouillés.

Presentado en el número 11 de la revista Minotaure (1938) mediante el texto Mathématique sensible – Architecture du temps, este concepto opera simultáneamente como una imagen teórica y un modelo espacial. Los draps mouillés describen una arquitectura de geometría variable, caracterizada por superficies continuas, deformables y sensibles a las condiciones físicas y psicológicas del habitar. Frente a la estabilidad de la grilla cartesiana y a la definición rígida del recinto moderno, Matta propone un espacio capaz de modificar su configuración en función de las tensiones, desplazamientos y estados perceptivos de sus ocupantes. La forma deja de entenderse como una condición fija para asumir un carácter dinámico y relacional.

Este ensayo sostiene que los draps mouillés constituyen una formulación teórica coherente dentro de los debates arquitectónicos de entreguerras. Su relevancia puede analizarse a través de tres dimensiones complementarias. En primer lugar, el concepto cuestiona los presupuestos espaciales del racionalismo moderno desde una posición surgida en el interior de la propia cultura de vanguardia. En segundo lugar, anticipa discusiones posteriores sobre continuidad espacial, morfogénesis y geometrías no euclidianas que adquirirían una presencia significativa en la arquitectura orgánica y en los desarrollos digitales de finales del siglo XX. Finalmente, su influencia puede rastrearse en determinados contextos latinoamericanos, particularmente en las exploraciones proyectuales impulsadas por el Grupo Austral en Argentina. A partir de estas tres líneas de análisis, el texto examina la génesis del concepto, sus fundamentos teóricos y visuales, así como su recepción crítica y su proyección dentro de la cultura arquitectónica contemporánea.

Roberto Matta, Project for an Apartment en Mathématique sensible, Architecture du temps
Roberto Matta, Proyecto para un apartamento en Matemáticas Sensibles, Arquitectura del Tiempo

De Le Corbusier al surrealismo: formación y ruptura teórica de Matta

Para comprender la génesis de los draps mouillés, resulta necesario examinar la formación arquitectónica de Roberto Matta y su posterior incorporación a los círculos de vanguardia europeos. Tras graduarse como arquitecto en la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1932, se trasladó a Europa con el propósito de integrarse a los debates disciplinares que, durante ese período, redefinían las relaciones entre arquitectura, técnica y modernidad. Su ingreso al taller de Le Corbusier en 1934 coincidió con una etapa de consolidación de los principios racionalistas que habían caracterizado la producción del arquitecto suizo desde la década anterior, así como con el desarrollo de propuestas urbanas de gran escala destinadas a reorganizar la ciudad moderna.

Durante su permanencia en la Rue de Sèvres, Matta participó en el desarrollo de proyectos vinculados a la Ville Radieuse, experiencia que le permitió familiarizarse con los instrumentos conceptuales y proyectuales del movimiento moderno. La planta libre, la modulación, la estandarización constructiva y la organización funcional del espacio formaron parte de un aprendizaje que resultaría decisivo en su posterior elaboración teórica. Sin embargo, esta proximidad también puso en evidencia ciertas limitaciones del paradigma racionalista. Matta comenzó a cuestionar una concepción del habitar centrada principalmente en variables funcionales y fisiológicas, argumentando que la arquitectura atendía de forma insuficiente aspectos vinculados a la percepción, la imaginación y la experiencia subjetiva del espacio.

Paralelamente a su actividad en el taller de Le Corbusier, estableció vínculos con diversos representantes de las vanguardias artísticas europeas, entre ellos Federico García Lorca, Salvador Dalí, André Breton y Marcel Duchamp. Su acercamiento al surrealismo amplió significativamente su marco de referencia intelectual. Frente al énfasis racional y funcional predominante en buena parte de la arquitectura moderna, el movimiento surrealista proponía una exploración de los procesos inconscientes, el automatismo psíquico, la imaginación y las dimensiones no racionales de la experiencia. Breton definió esta orientación como una investigación destinada a superar la escisión entre sueño y realidad mediante el estudio de los mecanismos profundos del pensamiento (Breton, 1965).

La convergencia entre formación arquitectónica y experimentación surrealista constituyó el núcleo de la reflexión espacial desarrollada posteriormente por Matta. A medida que profundizaba su relación con el movimiento liderado por Breton, fue elaborando una crítica a los modelos espaciales basados en la regularidad geométrica y en la estabilidad funcional. La ortogonalidad, elemento central de la tradición racionalista, comenzó a ser interpretada como una estructura insuficiente para representar la complejidad psicológica y perceptiva del sujeto moderno.

En este contexto, Matta abandonó el taller de Le Corbusier en 1937 y orientó su trabajo hacia la investigación artística y teórica. Su interés se concentró entonces en la formulación de una concepción espacial capaz de incorporar dimensiones afectivas, inconscientes y temporales habitualmente excluidas de la representación arquitectónica. Los draps mouillés surgieron de esta búsqueda, articulando una crítica a la rigidez geométrica del racionalismo y una exploración de formas espaciales continuas, variables y sensibles a las dinámicas de la experiencia humana.

Mathématique Sensible y la formulación de una arquitectura del tiempo

La formulación más acabada de esta ruptura apareció en 1938 con la publicación de Mathématique sensible – Architecture du temps en la revista Minotaure. Aunque breve en extensión, el texto ocupa un lugar singular dentro de los debates arquitectónicos de entreguerras al proponer una traslación explícita de los principios del surrealismo al campo de la concepción espacial. En él, Matta intentó reformular los fundamentos perceptivos y representacionales sobre los que se apoyaba la arquitectura moderna.

El ensayo desarrolla una crítica a los instrumentos tradicionales de representación arquitectónica, especialmente a aquellos derivados de la geometría euclidiana y de la concepción estática del espacio. Según Matta, estos sistemas describen el entorno construido mediante abstracciones incapaces de registrar la complejidad de la experiencia humana. Frente a esta limitación, propone una matemática sensible: un modelo conceptual orientado a incorporar las dimensiones perceptivas, emocionales y temporales que intervienen en la relación entre el sujeto y el espacio habitable.

El núcleo de la propuesta radica en la sustitución de una concepción espacial basada en coordenadas fijas por un continuo dinámico en el que tiempo, movimiento y percepción forman parte de la estructura misma del espacio. Desde esta perspectiva, la arquitectura deja de entenderse exclusivamente como un objeto configurado a través de relaciones geométricas estables y pasa a concebirse como un medio capaz de registrar transformaciones psicológicas y corporales. Matta sintetiza esta idea al afirmar:

“Necesitamos muros como sábanas mojadas que se deformen y se adhieran a nuestros miedos psicológicos… El espacio debe ser un molde del movimiento de nuestro cuerpo, una envoltura elástica que nos proteja y nos estimule en nuestra totalidad psicofísica” (Matta Echaurren, 1938, p. 43).

La metáfora de los draps mouillés introduce una reconsideración profunda de los elementos constitutivos de la arquitectura. El muro deja de definirse únicamente por su función estructural o de cerramiento para adquirir una condición relacional y perceptiva. Su papel consiste en mediar entre el cuerpo y el entorno, configurando un límite variable cuya forma depende de las dinámicas de ocupación y de la experiencia del habitante. La envolvente arquitectónica se aproxima así a la noción de membrana continua, sensible a las fluctuaciones físicas y psicológicas que tienen lugar en el espacio interior.

En este marco, la matemática sensible puede interpretarse como un intento de ampliar el campo de representación de la arquitectura. Su objetivo no es describir exclusivamente dimensiones materiales o geométricas, sino incorporar fenómenos difíciles de codificar mediante los instrumentos convencionales del proyecto: la percepción del movimiento, la intensidad afectiva, la memoria y las asociaciones inconscientes. El interés de Matta radica, precisamente, en trasladar estos procesos al ámbito de la forma espacial, proponiendo una arquitectura concebida como un sistema abierto de relaciones entre cuerpo, tiempo y entorno.

Fuentes conceptuales de los Draps Mouillés

El concepto de los draps mouillés se construye a partir de una genealogía compleja en la que convergen referencias procedentes de la historia del arte, la cultura científica de comienzos del siglo XX y las exploraciones surrealistas sobre la subjetividad. Su formulación puede analizarse a través de tres dimensiones complementarias: la reinterpretación de la tradición escultórica del paño mojado, la incorporación de modelos espaciales derivados de las geometrías no euclidianas y la elaboración de una concepción biomórfica del habitar vinculada a la psicología del espacio.

Del paño mojado clásico a la espacialización del inconsciente

La noción de drap mouillé remite inicialmente a una tradición consolidada dentro de la escultura occidental. Desde los relieves del Partenón hasta las obras de Gian Lorenzo Bernini, el recurso del paño húmedo permitió representar el cuerpo humano mediante una envolvente que, al adherirse a la anatomía, revelaba tensiones musculares, movimientos y relaciones volumétricas. El pliegue actuaba como un dispositivo de mediación entre superficie y corporeidad, haciendo visible una estructura física que permanecía parcialmente oculta.

Matta recupera este procedimiento, aunque desplazándolo desde el ámbito de la representación escultórica hacia el de la configuración espacial. Si en la tradición clásica el tejido se ajusta al cuerpo para describir su morfología exterior, en los draps mouillés es el propio espacio el que adquiere una condición flexible y envolvente. Las deformaciones de la superficie arquitectónica dejan de responder exclusivamente a criterios constructivos o estructurales para convertirse en la expresión de estados perceptivos, afectivos y psicológicos. La envolvente arquitectónica se concibe así como una extensión de la experiencia interior del sujeto, una suerte de piel espacial capaz de registrar variaciones emocionales y corporales.

Geometrías no euclidianas y modelos espaciales de la cuarta dimensión

La elaboración teórica de Matta también se desarrolló en un contexto profundamente marcado por la circulación de nuevas concepciones científicas del espacio. Las geometrías no euclidianas formuladas por Bernhard Riemann y Henri Poincaré, junto con la difusión cultural de la teoría de la relatividad, contribuyeron a cuestionar la idea de un espacio homogéneo, estable y regido por coordenadas absolutas. Aunque estas teorías pertenecían a ámbitos especializados del conocimiento científico, su recepción en los círculos artísticos de vanguardia generó interpretaciones que ampliaron las posibilidades conceptuales de la representación espacial.

La influencia de estas ideas resulta particularmente visible en el entorno intelectual frecuentado por Matta durante la década de 1930. Marcel Duchamp, cuya obra exploró reiteradamente las implicaciones simbólicas de la cuarta dimensión, constituyó una referencia relevante dentro de este contexto. Como ha señalado Henderson (1983), la noción de espacios multidimensionales circuló ampliamente entre artistas y escritores de vanguardia, convirtiéndose en un instrumento para cuestionar los modelos tradicionales de percepción y representación.

Los draps mouillés pueden interpretarse desde esta perspectiva como la traducción arquitectónica de un espacio dinámico y variable. Las superficies curvas, los cambios continuos de sección y la ausencia de una organización ortogonal rígida sugieren una espacialidad definida por relaciones cambiantes más que por formas estables. El pliegue adquiere aquí una función central: no representa únicamente una cualidad formal, sino un mecanismo para expresar la interacción entre cuerpo, movimiento y entorno.

Biomorfismo, refugio espacial y psicología del habitar

La dimensión biomórfica de los draps mouillés encuentra parte de sus fundamentos en las investigaciones surrealistas sobre el inconsciente y en las interpretaciones psicoanalíticas que atravesaron buena parte de la cultura artística de entreguerras. Dentro de este marco, la arquitectura aparece concebida como un medio capaz de acoger experiencias afectivas y perceptivas que exceden los requerimientos funcionales tradicionalmente asociados al programa arquitectónico.

Los dibujos y esquemas desarrollados por Matta durante este período presentan espacios caracterizados por la continuidad de las superficies y la eliminación de las aristas pronunciadas. Suelos, muros y techos tienden a integrarse mediante transiciones curvilíneas, configurando envolventes de geometría fluida. Los elementos de mobiliario surgen frecuentemente como prolongaciones de la propia estructura espacial, mientras que las aberturas abandonan la lógica ortogonal para adoptar configuraciones orgánicas y variables.

Estas características aproximan el trabajo de Matta a las exploraciones biomórficas desarrolladas por artistas como Jean Arp y Henry Moore. Sin embargo, existe una diferencia sustancial. Mientras en ambos casos el biomorfismo se manifiesta principalmente a través del objeto escultórico, Matta traslada estas investigaciones a la escala arquitectónica y ambiental. El resultado es una concepción del espacio interior basada en la continuidad, la deformabilidad y la interacción sensorial, donde la forma arquitectónica se entiende como una condición dinámica vinculada a la experiencia del habitar.

Representación espacial y experimentación gráfica en Minotaure

La dimensión teórica de los draps mouillés encuentra una formulación visual precisa en la serie de dibujos e interiores imaginados que Roberto Matta produjo entre 1937 y 1938. Entre las obras más significativas de este conjunto se encuentran Morphologie psychologique (1938), Espace indicible (1937-1938) y Composition (1938), reproducidas y catalogadas en Matta y Onslow Ford (1985). Estas imágenes no fueron concebidas como proyectos arquitectónicos convencionales ni como documentos técnicos destinados a la construcción. Su función se aproxima más a la de diagramas espaciales especulativos, mediante los cuales Matta explora las posibilidades formales y perceptivas derivadas de su concepción de una arquitectura sensible al movimiento, al tiempo y a los estados psicológicos del habitante.

Uno de los aspectos más relevantes de estas representaciones es la transformación de la envolvente arquitectónica. La organización ortogonal característica de la habitación moderna desaparece en favor de superficies continuas definidas por curvaturas, pliegues y deformaciones. Muros, pisos y cielorrasos dejan de percibirse como elementos diferenciados para integrarse en una única continuidad espacial. Esta condición genera una arquitectura en la que las transiciones sustituyen a los límites precisos y donde la configuración volumétrica parece responder a procesos de expansión y contracción más que a criterios compositivos basados en la modulación geométrica.

La relación entre estructura, equipamiento y espacio también experimenta una redefinición significativa. En los dibujos de Matta, los objetos no aparecen como piezas autónomas insertadas en un recinto previamente definido. Por el contrario, bancos, superficies de apoyo, nichos y áreas de permanencia emergen de la propia geometría de la envolvente, estableciendo una continuidad material y formal entre mobiliario y arquitectura. Esta integración anticipa preocupaciones que décadas más tarde adquirirían relevancia en diversas exploraciones sobre diseño ambiental y espacios de geometría orgánica.

La iluminación ocupa igualmente un papel determinante en la construcción de estas atmósferas espaciales. A diferencia de la iluminación homogénea asociada a los grandes paños vidriados promovidos por buena parte de la arquitectura moderna, Matta representa fuentes lumínicas localizadas e indirectas, integradas en cavidades y repliegues de la envolvente. La luz no se limita a garantizar visibilidad o confort visual; participa activamente en la definición espacial al enfatizar concavidades, profundidades y variaciones de superficie. Como resultado, el espacio adquiere una fuerte dimensión escenográfica y perceptiva, caracterizada por gradaciones de sombra y zonas de intensidad lumínica variable.

Particular interés presenta el tratamiento de la perspectiva. Matta recurre con frecuencia a sistemas de representación que alteran la estabilidad del punto de vista único heredado de la tradición renacentista. Las distorsiones espaciales, la coexistencia de múltiples direcciones visuales y la manipulación de los puntos de fuga producen una percepción dinámica del interior. El dibujo deja de funcionar como una ventana neutral hacia un espacio geométricamente ordenado y se convierte en un instrumento para representar experiencias de inmersión y desplazamiento.

Desde esta perspectiva, las imágenes de los draps mouillés pueden entenderse como ensayos gráficos sobre nuevas formas de concebir el espacio arquitectónico. Su interés no radica en la resolución constructiva de los ambientes representados, sino en la exploración de una espacialidad continua, envolvente y mutable. A través de estos recursos visuales, Matta traslada al dibujo arquitectónico las preocupaciones centrales de su teoría: la integración entre percepción, movimiento y forma, así como la posibilidad de concebir la arquitectura como una extensión dinámica de la experiencia humana.

Las Morfologías Psicológicas como continuidad espacial del proyecto arquitectónico

Hacia finales de 1938 y comienzos de 1939, las investigaciones espaciales desarrolladas por Matta comenzaron a desplazarse progresivamente desde el campo de la arquitectura hacia el de la pintura. Este cambio respondió tanto a circunstancias históricas como a las dificultades inherentes a la materialización de las configuraciones espaciales propuestas en los draps mouillés. Las tecnologías constructivas disponibles en ese momento estaban orientadas principalmente a sistemas basados en hormigón armado, acero y cerramientos estandarizados, mientras que las envolventes continuas, deformables y dinámicas imaginadas por Matta permanecían en gran medida fuera de las posibilidades técnicas habituales de la práctica arquitectónica.

A esta situación se sumaron las transformaciones políticas que marcaron el final de la década. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el posterior traslado de Matta a Nueva York modificaron de manera significativa el contexto en el que se había desarrollado su reflexión arquitectónica. En este nuevo escenario, la pintura pasó a constituir el principal medio para continuar explorando problemas relacionados con la espacialidad, el movimiento y la representación de procesos psicológicos.

Este desplazamiento no implicó un abandono de las preocupaciones arquitectónicas formuladas en Mathématique sensible – Architecture du temps. Por el contrario, muchas de ellas reaparecieron transformadas en la serie de obras posteriormente conocida como Morfologías Psicológicas o Inscapes. Pinturas como Inscape (1939) y Presencia de la Tierra (1940), catalogadas en Matta y Onslow Ford (1985), pueden interpretarse como una extensión de las investigaciones desarrolladas previamente en los draps mouillés. Si los dibujos arquitectónicos exploraban interiores deformables y envolventes habitables, estas pinturas trasladan esas mismas inquietudes a un campo espacial menos condicionado por requerimientos constructivos o programáticos.

En estas composiciones desaparece la referencia explícita a la habitación o al recinto arquitectónico. Sin embargo, persiste el interés por representar espacios en transformación continua, organizados mediante campos de fuerza, gradientes de profundidad y estructuras dinámicas de carácter fluido. Los límites estables son sustituidos por configuraciones abiertas en las que materia, energía y movimiento parecen integrarse en un mismo sistema espacial. La noción de interioridad, central en los draps mouillés, deja de expresarse mediante envolventes arquitectónicas para manifestarse a través de paisajes abstractos que sugieren procesos de formación y metamorfosis permanentes.

Desde el punto de vista técnico, Matta desarrolló procedimientos pictóricos que reforzaban esta condición dinámica. Veladuras, superposiciones, raspados y aplicaciones fluidas de color generaban superficies de profundidad ambigua y contornos inestables, contribuyendo a la representación de espacios en constante transformación. La pintura se convirtió así en un medio particularmente adecuado para investigar fenómenos difíciles de trasladar a la construcción arquitectónica de la época: la continuidad espacial, la mutabilidad de la forma y la representación de procesos perceptivos y psicológicos.

En este sentido, las Morfologías Psicológicas pueden entenderse como una reformulación de los principios contenidos en los draps mouillés. Aunque el soporte cambió y la referencia arquitectónica se volvió menos explícita, la cuestión fundamental permaneció intacta: la búsqueda de una espacialidad capaz de incorporar tiempo, movimiento y experiencia subjetiva dentro de una misma estructura conceptual. La pintura ofreció a Matta un campo de experimentación donde estas investigaciones pudieron desarrollarse con un grado de libertad difícil de alcanzar en la práctica arquitectónica de finales de la década de 1930.

Ferrari Hardoy y Kurchan, Edificio calle O´Higgins Buenos Aires
Ferrari Hardoy y Kurchan, Edificio calle O´Higgins 2319, Buenos Aires

Transferencias conceptuales entre Matta y la modernidad rioplatense

Aunque las propuestas arquitectónicas de Matta no llegaron a materializarse de manera directa, varias de sus inquietudes conceptuales encontraron resonancia en los procesos de transformación de la arquitectura moderna latinoamericana. Uno de los contextos más significativos para examinar esta circulación de ideas fue el del Grupo Austral, colectivo fundado en Buenos Aires en 1938 por Antonio Bonet Castellana, Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy.

La relación entre Matta y los integrantes del grupo posee un fundamento biográfico e intelectual concreto. Bonet, Kurchan y Ferrari Hardoy compartieron con él la experiencia del taller de Le Corbusier en París durante la década de 1930, participando de un ambiente en el que coexistían las discusiones sobre urbanismo moderno, las vanguardias artísticas y los debates impulsados por el surrealismo. Cuando el Grupo Austral publicó su manifiesto Voluntad y Acción (1939), ya era posible advertir una posición diferenciada respecto de las formulaciones más ortodoxas del racionalismo europeo. Sin abandonar los principios técnicos de la arquitectura moderna, el grupo introdujo preocupaciones vinculadas a la flexibilidad espacial, la experiencia del habitante y la relación entre arquitectura, paisaje y percepción.

O’Higgins 2319: adaptabilidad espacial y experimentación tipológica

Uno de los ejemplos más significativos de esta búsqueda puede observarse en el edificio de viviendas de O’Higgins 2319, proyectado por Jorge Ferrari Hardoy y Juan Kurchan en el barrio de Belgrano entre 1940 y 1941 (Fuzs, 2014). La obra constituye una exploración tipológica que revisa algunos de los principios establecidos por la vivienda moderna mediante mecanismos de adaptación espacial y una mayor atención a la variabilidad de los usos domésticos.

Atributo arquitectónicoRacionalismo ortodoxoGrupo Austral
Geometría espacialOrganización ortogonal y modulación regular.Incorporación de superficies curvas y cubiertas abovedadas.
CerramientosDelimitación espacial relativamente estable.Uso de elementos móviles y sistemas de partición flexibles.
Concepción del habitarProgramación funcional relativamente fija.Adaptabilidad de los ambientes a distintas formas de ocupación.
MaterialidadPredominio de hormigón armado, acero y vidrio.Combinación de sistemas modernos con materiales y técnicas locales.

En los interiores del edificio, Ferrari Hardoy y Kurchan desarrollaron recursos que permitían modificar la configuración de determinados espacios mediante paneles móviles, cortinajes y elementos de división transformables (Fuzs, 2012, p. 244). Estas soluciones no reproducen literalmente los draps mouillés, pero sí comparten con ellos una preocupación por la variabilidad espacial y por la posibilidad de que el usuario participe activamente en la definición de los ambientes. La vivienda deja de concebirse como una organización completamente fija para incorporar grados de flexibilidad que alteran la relación entre programa y forma construida.

Ferrari Hardoy y Kurchan, Sábana mojada móvil en la terraza jardín del edificio de calle O´Higgins
Ferrari Hardoy y Kurchan, «Sábana mojada» móvil en la terraza jardín del edificio de calle O´Higgins

Curvatura estructural y biomorfismo en la obra de Antonio Bonet

La obra posterior de Antonio Bonet ofrece otro ámbito de comparación relevante. Diversos proyectos residenciales desarrollados en Argentina y Uruguay, así como intervenciones de mayor escala como la urbanización de Punta Ballena, evidencian un interés sostenido por las posibilidades espaciales de la curva, la continuidad de las superficies y la integración entre arquitectura y paisaje (Katzenstein, Natanson y Schvartzman, 1989).

En estas obras, la cubierta adquiere un papel particularmente significativo. Las bóvedas de hormigón armado y ladrillo generan espacios definidos por secciones curvas y envolventes continuas que se apartan de la composición prismática característica de buena parte del racionalismo internacional. La estructura deja de expresarse exclusivamente mediante planos horizontales y verticales para asumir configuraciones más complejas, capaces de producir efectos espaciales vinculados a la continuidad, la profundidad y la integración con la topografía circundante.

No se trata de una traslación literal de los planteamientos de Matta, sino de una convergencia en torno a problemas compartidos. Tanto los draps mouillés como determinadas obras del Grupo Austral cuestionaron la reducción de la arquitectura a una lógica exclusivamente funcional o geométrica, explorando alternativas basadas en la flexibilidad espacial, la experiencia perceptiva y la capacidad de la forma arquitectónica para establecer relaciones más complejas entre sujeto, espacio y entorno. Desde esta perspectiva, la recepción latinoamericana de estas ideas constituye uno de los episodios más significativos en la reformulación crítica de la modernidad arquitectónica durante las décadas de 1940 y 1950.

Los Draps Mouillés y las genealogías del diseño paramétrico

Vista desde la perspectiva del siglo XXI, la teoría de los draps mouillés adquiere una renovada relevancia dentro de los debates sobre la relación entre forma, tecnología y experiencia espacial. Aunque las propuestas de Matta surgieron en un contexto muy distinto al actual, varios de los problemas que planteó —la adaptabilidad de las envolventes, la continuidad de las superficies, la integración entre espacio y movimiento, y la posibilidad de concebir arquitecturas dinámicas— reaparecen en diversas investigaciones contemporáneas vinculadas al diseño digital y a las tecnologías avanzadas de fabricación.

El desarrollo de herramientas de modelado tridimensional y de sistemas de diseño paramétrico ha ampliado considerablemente la capacidad de proyectar geometrías complejas, superficies continuas y configuraciones espaciales variables. Plataformas como Maya, Rhinoceros o Grasshopper permiten operar mediante procesos generativos que superan muchas de las limitaciones asociadas a la representación ortogonal tradicional. En este contexto, algunas de las imágenes espaciales elaboradas por Matta durante la década de 1930 encuentran paralelos formales con las morfologías exploradas posteriormente por arquitectos como Greg Lynn o con las formulaciones teóricas del parametricismo desarrolladas por Patrik Schumacher.

Sin embargo, las similitudes formales no deben ocultar diferencias fundamentales de enfoque. En gran parte de la arquitectura paramétrica, las transformaciones geométricas suelen derivarse de variables estructurales, ambientales, programáticas o informacionales procesadas mediante algoritmos. En la propuesta de Matta, en cambio, el origen de la forma se sitúa en la experiencia subjetiva, en los procesos perceptivos y en las dimensiones psicológicas del habitar. La cuestión central no consiste en optimizar el comportamiento de un sistema, sino en explorar formas espaciales capaces de registrar estados afectivos, imaginarios y dinámicas vinculadas a la vida interior del sujeto.

Esta diferencia resulta particularmente significativa porque pone de manifiesto dos maneras distintas de comprender la relación entre arquitectura y cambio. Mientras que los modelos digitales contemporáneos suelen abordar la variabilidad desde parámetros cuantificables, Matta la entendía como una condición ligada a la experiencia humana y a la transformación continua de la percepción. Su reflexión desplaza la atención desde el cálculo hacia la fenomenología del espacio.

Al mismo tiempo, ciertos desarrollos recientes permiten reconsiderar aspectos de su pensamiento desde una perspectiva contemporánea. Las investigaciones sobre envolventes adaptativas, fachadas cinéticas, materiales reactivos y entornos digitales inmersivos han introducido formas de interacción entre usuario y espacio que cuestionan la estabilidad tradicional de la arquitectura. Aunque estos desarrollos responden a contextos tecnológicos y conceptuales muy distintos de los que dieron origen a los draps mouillés, comparten el interés por concebir el espacio como una realidad dinámica capaz de modificarse en el tiempo.

La vigencia de la propuesta de Matta no reside, por tanto, en una anticipación literal de las herramientas digitales actuales, sino en la formulación temprana de una pregunta que continúa siendo relevante para la disciplina: de qué manera la arquitectura puede incorporar el cambio, la percepción y la experiencia subjetiva sin reducirlos exclusivamente a parámetros técnicos o funcionales. En este sentido, los draps mouillés constituyen una referencia significativa dentro de una genealogía más amplia de investigaciones orientadas a repensar la relación entre cuerpo, espacio y transformación.

Vigencia crítica de una arquitectura centrada en la experiencia psíquica

El análisis de los draps mouillés permite situar a Roberto Matta en un lugar singular dentro de los debates arquitectónicos de las décadas de 1930 y 1940. Aunque su trayectoria posterior quedó asociada principalmente al surrealismo y a la pintura, sus reflexiones sobre el espacio constituyen una contribución relevante a las críticas formuladas contra las interpretaciones más ortodoxas del funcionalismo moderno. Desde una posición vinculada inicialmente al entorno intelectual de Le Corbusier, Matta desarrolló una concepción alternativa del habitar que incorporó dimensiones perceptivas, psicológicas y temporales habitualmente ausentes en los discursos dominantes de la arquitectura racionalista.

La originalidad de su propuesta radica en la convergencia de referencias procedentes de distintos campos disciplinares. Las teorías espaciales derivadas de las geometrías no euclidianas, las exploraciones surrealistas sobre el inconsciente y la tradición escultórica del pliegue fueron reinterpretadas por Matta como instrumentos para reconsiderar la relación entre cuerpo, espacio y experiencia. A través de los draps mouillés, la arquitectura dejó de concebirse exclusivamente como una organización estable de volúmenes y funciones para presentarse como un medio sensible a procesos de transformación, percepción y movimiento.

Si bien estas ideas permanecieron en gran medida en el terreno de la especulación teórica y de la representación gráfica, su relevancia excede el ámbito de la experimentación artística. La circulación de estas inquietudes dentro de los ambientes de vanguardia vinculados al Grupo Austral contribuyó a la formulación de algunas búsquedas espaciales que caracterizaron determinadas experiencias de la modernidad latinoamericana. En ese contexto, cuestiones como la flexibilidad tipológica, la continuidad espacial, la integración entre arquitectura y paisaje y la reconsideración de la experiencia del habitante adquirieron una importancia creciente dentro del proyecto moderno regional.

La vigencia contemporánea de los draps mouillés no depende de su realización literal ni de una relación directa con las tecnologías digitales actuales. Su interés reside, más bien, en haber formulado tempranamente una serie de interrogantes que continúan presentes en la teoría arquitectónica: cómo representar procesos dinámicos mediante la forma construida, cómo incorporar la dimensión temporal a la experiencia espacial y cómo articular los aspectos técnicos del proyecto con las condiciones perceptivas y culturales del habitar.

Desde esta perspectiva, la obra teórica de Matta puede entenderse como parte de una genealogía crítica que amplió los límites conceptuales de la arquitectura moderna. Su aportación consistió en desplazar la discusión desde la organización funcional del espacio hacia las relaciones complejas entre subjetividad, percepción y forma arquitectónica, abriendo un campo de reflexión que continúa ofreciendo herramientas para interpretar los vínculos entre espacio, experiencia y transformación.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1222