Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
The Broad es analizado como una operación arquitectónica fundada en la tensión entre apertura perceptiva y hermetismo urbano. El proyecto de Diller Scofidio + Renfro organiza su lógica espacial mediante la articulación entre el “velo”, envolvente porosa de hormigón reforzado con fibra de vidrio, y la “bóveda”, núcleo estereotómico destinado al almacenamiento y soporte técnico del museo. Esta dualidad redefine las jerarquías museográficas tradicionales al convertir la infraestructura de conservación en el principal organizador de la experiencia arquitectónica. El recorrido ascendente, mediado por dispositivos de compresión espacial y control lumínico, intensifica la percepción corporal del visitante hasta desembocar en una planta expositiva continua y flexible. Sin embargo, la autonomía volumétrica del edificio y la limitada permeabilidad de su envolvente producen una relación urbana restrictiva. El museo alcanza así una elevada coherencia fenomenológica interior, aunque mantiene una integración parcial con el espacio colectivo de la ciudad.
Palabras clave: The Broad, Diller Scofidio + Renfro, arquitectura museográfica contemporánea, fenomenología arquitectónica, tectónica y percepción espacial.
La arquitectura museográfica de Diller Scofidio + Renfro en The Broad
El Museo Broad se inserta en el tejido central de Los Ángeles como una respuesta a la creciente autonomización formal de la arquitectura cultural contemporánea. El proyecto, desarrollado por Diller Scofidio + Renfro, se organiza a partir de un sistema dual compuesto por el “velo” y la “bóveda”, dos entidades complementarias que estructuran tanto la lógica espacial como la experiencia perceptiva del edificio. Esta operación permite diferenciar los ámbitos de almacenamiento, circulación y exhibición mediante una secuencia cuidadosamente modulada de compresión y apertura espacial.
La envolvente perforada funciona como un filtro lumínico y climático que regula la relación entre interior y exterior. Su geometría continua, resuelta mediante paneles de hormigón reforzado con fibra de vidrio, configura una fachada de carácter monolítico cuya porosidad introduce variaciones controladas de iluminación natural en las salas superiores. En contraste, la bóveda central concentra el archivo y las áreas de conservación, constituyéndose como un volumen opaco suspendido dentro de la sección del edificio. La disposición de ambos elementos produce una organización vertical en la que el recorrido ascendente adquiere un papel determinante en la construcción de la experiencia arquitectónica.
El acceso principal conduce hacia una secuencia de espacios de transición donde la escalera mecánica, encapsulada entre superficies oscuras y de geometría curva, opera como un dispositivo escenográfico orientado a intensificar la percepción del visitante antes de alcanzar la galería superior. En este punto, la arquitectura desplaza parcialmente su función contenedora para asumir una condición atmosférica, apoyada en el control de la luz cenital, la continuidad visual y la neutralidad material de los entrepisos expositivos. La experiencia interior evidencia una precisión proyectual vinculada a tradiciones museográficas contemporáneas donde circulación, iluminación y percepción se integran como una unidad operativa.
Sin embargo, la relación del edificio con la Grand Avenue presenta una condición más restrictiva. La continuidad de la envolvente y la limitada permeabilidad visual hacia el espacio público producen un borde urbano relativamente hermético, cuya escala y tratamiento tectónico reducen las posibilidades de interacción espontánea con el entorno inmediato. Aunque la plaza de acceso introduce un plano de transición peatonal, el edificio mantiene una autonomía volumétrica que refuerza su condición de objeto aislado dentro de la ciudad.
Esta tensión entre apertura fenomenológica interior y cierre urbano exterior constituye uno de los aspectos centrales del proyecto. Mientras el museo desarrolla una experiencia espacial de notable sofisticación técnica y sensorial, su implantación reproduce ciertas dinámicas asociadas a la institucionalización y privatización de sectores estratégicos del espacio público contemporáneo. El edificio alcanza así una fuerte coherencia interna, aunque su capacidad de integrarse activamente a la dimensión colectiva de la ciudad permanece parcialmente limitada.

Arquitectura perceptiva y crítica espacial
La práctica de Diller Scofidio + Renfro se articula a partir de una aproximación crítica que cuestiona las convenciones espaciales y programáticas de la arquitectura contemporánea, evitando consolidarse bajo un lenguaje formal estable o una identidad estilística unívoca. En lugar de privilegiar la producción de signos reconocibles, la oficina entiende la arquitectura como un dispositivo operativo que interviene sobre las relaciones entre cuerpo, técnica y espacio, aproximándose a lo que Certeau (1980) define como una práctica capaz de actuar sobre los mecanismos culturales que organizan la experiencia cotidiana. Desde esta perspectiva, el proyecto arquitectónico adquiere una dimensión analítica: no representa la realidad, sino que la examina mediante operaciones espaciales, visuales y perceptivas.
La obra de DS+R desplaza así el interés desde la autonomía del objeto arquitectónico hacia las condiciones de percepción del sujeto. Sus proyectos introducen secuencias de circulación, montajes visuales y mecanismos de mediación tecnológica que alteran la relación convencional entre observador y espacio observado. La arquitectura deja de funcionar exclusivamente como contenedor programático para asumir una condición instrumental, en la que materiales, superficies, iluminación y recorridos participan activamente en la construcción de determinadas experiencias corporales y cognitivas.
En este marco, la dimensión sensorial se convierte en uno de los principios organizativos centrales de la propuesta arquitectónica. Montaner (2015) y Teyssot (1994) sitúan este enfoque dentro de una línea proyectual interesada en la fenomenología de la percepción y en la capacidad del espacio para producir efectos físicos y psicológicos sobre el usuario. La experiencia arquitectónica se construye entonces mediante una cuidadosa modulación de estímulos lumínicos, acústicos y espaciales, articulados para intensificar la conciencia corporal del visitante dentro del edificio.
Esta aproximación busca revisar la separación moderna entre interioridad psíquica y realidad material, cuestión abordada por Waldenfels (2017, p. 414) al analizar las formas contemporáneas de experiencia espacial. En los proyectos de DS+R, dicha revisión se manifiesta mediante arquitecturas que operan como interfaces perceptivas, donde el cuerpo es continuamente orientado, comprimido, expuesto o desviado a través de dispositivos de circulación y control visual. La experiencia sensorial, por lo tanto, constituye una herramienta proyectual que organiza la relación entre sujeto, espacio y representación artística.

La bóveda como núcleo programático y soporte espacial
En The Broad, el extenso programa de almacenamiento adquiere un papel estructurador dentro de la concepción arquitectónica del edificio. Lejos de resolverse como un componente técnico subordinado a las áreas expositivas, el depósito se consolida como una masa estereotómica central que organiza la lógica espacial, programática y circulatoria del proyecto. Esta “bóveda”, concebida como un volumen opaco de gran densidad material, introduce una inversión respecto de la jerarquía museográfica convencional, donde las áreas de conservación suelen permanecer relegadas a zonas periféricas o invisibles dentro de la composición arquitectónica.
La bóveda ocupa el núcleo del edificio y concentra tanto las colecciones almacenadas como los sistemas de soporte institucional. Su presencia determina la sección general del proyecto y regula la distribución de vacíos y recorridos que se desarrollan a su alrededor. Mediante operaciones de sustracción y horadado, el volumen central incorpora el vestíbulo principal y las circulaciones verticales, integrando funcionalmente infraestructura y experiencia pública dentro de una misma operación espacial. Estas incisiones permiten que el visitante atraviese parcialmente el espesor del depósito, transformando un ámbito habitualmente oculto en un componente activo de la secuencia arquitectónica.
Desde el punto de vista tectónico y estructural, la superficie superior de la bóveda funciona como plataforma portante para las galerías del tercer nivel. Esta decisión condensa almacenamiento y exhibición dentro de un único sistema constructivo, optimizando las cargas y reduciendo la fragmentación programática del edificio. La masa del depósito define así el vacío perimetral contenido por la envolvente exterior, estableciendo una relación directa entre estructura, circulación y espacialidad interior.
La configuración resultante desplaza la noción tradicional del depósito como soporte pasivo del museo. En The Broad, la infraestructura de conservación se convierte en el elemento generador de la experiencia arquitectónica, determinando proporciones, recorridos y relaciones visuales. La arquitectura reorganiza de este modo la relación entre espacios servidos y servidores, aproximándose a ciertas exploraciones desarrolladas por la arquitectura institucional de finales del siglo XX, donde la exposición de los sistemas operativos del edificio adquiere un papel central en la construcción de significado espacial.

Envolvente, estructura y control ambiental en The Broad
La envolvente de The Broad se configura como un sistema tectónico de hormigón prefabricado que articula la relación entre el edificio y el contexto urbano inmediato. Concebido como un “velo” continuo, este elemento excede la condición de revestimiento para asumir funciones estructurales, ambientales y perceptivas dentro de la organización general del proyecto. Su geometría alveolar, compuesta por módulos triangulados de hormigón reforzado con fibra de vidrio, conforma una estructura autoportante que transfiere las cargas hacia el perímetro, liberando las plantas expositivas de apoyos intermedios y permitiendo una configuración interior de alta flexibilidad programática.
La ausencia de columnas en las galerías superiores responde tanto a una necesidad funcional como a una intención espacial precisa. El sistema perimetral concentra el espesor estructural en la fachada y transforma la envolvente en un mecanismo capaz de definir simultáneamente límite, soporte y filtro ambiental. Esta integración entre estructura y cerramiento remite a una tradición tectónica en la que la expresión constructiva surge directamente de la resolución material y estática del edificio, evitando la superposición entre ornamento y soporte.
La modulación geométrica del velo responde además a criterios de control lumínico. Los ángulos y profundidades de la trama perforada fueron calibrados para reducir la incidencia directa de la radiación solar sobre las salas de exhibición, permitiendo el ingreso de una iluminación homogénea y difusa en la galería superior. La luz natural deja de operar como un fenómeno incidental y pasa a integrarse como componente activo de la composición arquitectónica, regulando atmósferas, intensidades visuales y condiciones perceptivas dentro del recorrido museográfico.
La porosidad de la envolvente establece una relación visual fragmentaria con la ciudad. Desde el interior, las perforaciones permiten percepciones parciales y oblicuas del contexto urbano, evitando una apertura panorámica continua y favoreciendo una experiencia de introspección espacial. Esta mediación visual refuerza la autonomía perceptiva del interior, donde el visitante permanece simultáneamente conectado y separado del entorno metropolitano.
En términos espaciales, el velo opera como un dispositivo de transición entre la densidad opaca de la bóveda central y la luminosidad expansiva de las galerías. La arquitectura organiza así una secuencia de gradaciones entre compresión y apertura, oscuridad y claridad, masa y transparencia. La envolvente no actúa únicamente como límite físico del edificio, sino como un mecanismo de regulación ambiental y fenomenológica que condiciona la experiencia corporal y visual del usuario dentro del museo.

Secuencia perceptiva y construcción atmosférica del recorrido
El recorrido del visitante en The Broad se organiza como una secuencia espacial cuidadosamente coreografiada, donde circulación y percepción conforman una experiencia continua de intensificación sensorial. El acceso se produce bajo la masa excavada de la bóveda central, en un vestíbulo comprimido cuya escala y penumbra enfatizan el carácter denso y estereotómico del volumen superior. Desde este punto, una escalera mecánica atraviesa longitudinalmente el núcleo opaco del edificio, configurando un trayecto ascendente que transforma el desplazamiento vertical en un episodio arquitectónico autónomo.
El recorrido se desarrolla dentro de un conducto curvo y cerrado que interrumpe deliberadamente la relación visual con el exterior. Esta condición de aislamiento perceptivo concentra la atención del visitante sobre la progresión espacial y la expectativa del espacio expositivo superior. A lo largo del trayecto, aperturas puntuales permiten observar fragmentos de las áreas de almacenamiento, incorporando el depósito a la experiencia pública mediante una relación visual parcial y controlada. La infraestructura museográfica deja así de permanecer oculta y pasa a integrarse en la narrativa arquitectónica del edificio.
Headthcote (2016) describe este ascenso como un desplazamiento gradual hacia la luz, percepción que se intensifica al alcanzar el tercer nivel. Allí, el recorrido desemboca en una galería continua de aproximadamente 4.000 metros cuadrados y siete metros de altura libre, configurada como una gran planta expositiva sin apoyos intermedios. La espacialidad resultante recupera ciertos principios de la planta libre moderna, aunque reinterpretados desde una lógica contemporánea de flexibilidad museográfica y control ambiental.
La resolución estructural desempeña un papel central en esta configuración. El techo de la galería se sostiene mediante vigas de acero de gran canto que permiten salvar amplias luces y liberar completamente el espacio interior de columnas. Esta decisión técnica posibilita una organización equipotencial del plano expositivo, donde las obras pueden disponerse sin condicionamientos estructurales rígidos y donde el visitante construye recorridos variables dentro de un campo espacial continuo.
La iluminación cenital filtrada por el velo perimetral contribuye a reforzar la homogeneidad atmosférica de la sala. La luz se distribuye de manera difusa sobre superficies neutras y continuas, reduciendo contrastes y favoreciendo una percepción estable de las obras expuestas. La combinación entre amplitud estructural, control lumínico y continuidad visual produce una espacialidad de marcada abstracción, en la que la arquitectura minimiza la presencia de elementos disruptivos para intensificar la relación entre cuerpo, recorrido y percepción artística.
Esta organización interior ha demostrado una notable capacidad de adaptación a formas contemporáneas de consumo cultural. La flexibilidad programática de la planta libre, junto con la construcción de una experiencia espacial fuertemente secuenciada, ha favorecido una recepción amplia y diversa por parte del público, particularmente entre visitantes jóvenes. En este sentido, la eficacia del proyecto depende de la precisión con que estructura la experiencia espacial y perceptiva del usuario dentro del museo.




Autonomía institucional y fragmentación del espacio público
A pesar de la precisión espacial y técnica alcanzada en su interior, The Broad presenta una relación ambigua con el tejido urbano de Grand Avenue. Inserto en un contexto caracterizado por la concentración de edificios culturales concebidos como objetos autónomos, el museo se incorpora a una dinámica urbana donde la singularidad arquitectónica opera como mecanismo de legitimación institucional y económica. La proximidad con obras de fuerte presencia formal, como las desarrolladas por Frank Gehry en el corredor cultural de Los Ángeles, intensifica esta condición de competencia visual entre edificios que privilegian su autonomía compositiva frente a la continuidad del espacio público.
En este escenario, The Broad adopta una posición de relativa neutralidad volumétrica. Su envolvente porosa y continua evita los contrastes formales agresivos, aunque esta contención expresiva no se traduce necesariamente en una apertura efectiva hacia la ciudad. A nivel peatonal, el velo perimetral se separa parcialmente de la fachada acristalada para conformar una arcada sombreada de escala reducida que, si bien introduce una transición climática entre exterior e interior, ofrece escasas posibilidades de apropiación colectiva o permanencia urbana. Headthcote (2016) identifica en esta resolución una condición residual que limita la capacidad del edificio para constituirse como espacio público activo.
La relación entre museo y ciudad queda así mediada por una lógica de control y autonomía institucional. Aunque el edificio incorpora transparencia puntual y continuidad visual fragmentada, la experiencia arquitectónica permanece fundamentalmente orientada hacia el interior. La envolvente funciona como un filtro que regula accesos, vistas e intercambios, consolidando una separación relativamente estricta entre el espacio museográfico y la dinámica urbana circundante.
Esta condición adquiere particular relevancia frente a las reflexiones de Liz Diller sobre los procesos contemporáneos de privatización urbana. El proyecto parece materializar parcialmente ese diagnóstico al concentrar sus principales cualidades espaciales y fenomenológicas dentro de un sistema arquitectónico introspectivo, cuya capacidad de extenderse hacia el dominio colectivo resulta limitada. La sofisticación tectónica y ambiental del interior contrasta con una presencia urbana más contenida, donde el edificio mantiene una autonomía operativa antes que una integración activa con el espacio público.
La paradoja del proyecto reside precisamente en esa disociación. Mientras la arquitectura interior desarrolla una experiencia espacial compleja y rigurosamente articulada, la resolución urbana del edificio reproduce ciertas dinámicas asociadas a la fragmentación contemporánea de la ciudad institucional. The Broad alcanza así una notable coherencia programática y perceptiva, aunque su contribución al espacio colectivo permanece subordinada a la lógica insular que caracteriza buena parte de la arquitectura cultural contemporánea en Los Ángeles.
Accesibilidad cultural y sostenibilidad operativa del museo
La relevancia de The Broad también puede evaluarse a partir de sus criterios de sostenibilidad operativa y del alcance social asociado a su modelo institucional. El edificio obtuvo la certificación LEED Gold mediante la incorporación de sistemas de eficiencia ambiental orientados a la reducción del consumo energético e hídrico. Entre estas medidas se incluyen dispositivos sanitarios de bajo consumo y un sistema de gestión de aguas pluviales destinado al riego de áreas ajardinadas, lo que permite disminuir significativamente la demanda de agua potable dentro del funcionamiento cotidiano del museo. La sostenibilidad se integra así como una dimensión técnica vinculada al desempeño operativo y al control de recursos del edificio.
Estas condiciones se complementan con una política de acceso gratuito que ha favorecido una amplia participación pública dentro del contexto cultural de Los Ángeles. El museo ha conseguido atraer una audiencia diversa tanto en términos etarios como étnicos, ampliando el alcance habitual de las instituciones artísticas de gran escala en la ciudad. En este sentido, el proyecto articula una forma de accesibilidad cultural que trasciende parcialmente las limitaciones económicas asociadas al consumo institucional del arte contemporáneo.
Sin embargo, estos indicadores de desempeño conviven con una condición urbana más restrictiva. La sostenibilidad del edificio se manifiesta principalmente en el ámbito interno de su funcionamiento técnico y administrativo, mientras que su relación territorial mantiene una lógica relativamente autónoma respecto del espacio público circundante. Aunque el museo ha contribuido al incremento de circulación peatonal sobre Grand Avenue y ha consolidado la actividad cultural del sector, dicha activación urbana no deriva necesariamente de una integración espacial abierta o de una continuidad efectiva entre edificio y ciudad.
La envolvente mantiene un régimen de control perceptivo y físico que limita la permeabilidad social del conjunto. El velo filtra accesos, visuales y permanencias, consolidando una experiencia centrada en el interior institucional antes que en la expansión del espacio colectivo. La arquitectura produce un entorno altamente calibrado desde el punto de vista sensorial y ambiental, aunque esa misma precisión refuerza la autonomía del edificio como objeto contenido y autorreferencial.
La principal tensión del proyecto se sitúa, por lo tanto, en la coexistencia entre apertura cultural y cierre urbano. Mientras el museo desarrolla mecanismos eficaces de accesibilidad institucional y sostenibilidad técnica, su capacidad de intervenir activamente en la construcción de un espacio público más integrado permanece limitada. The Broad logra consolidarse como una infraestructura cultural de alto rendimiento operativo y perceptivo, aunque sin alterar de manera sustancial las dinámicas fragmentarias que caracterizan su entorno metropolitano inmediato.

Coherencia fenomenológica y límites urbanos de The Broad
The Broad se consolida como una obra de notable precisión técnica y programática, capaz de transformar la infraestructura de almacenamiento en el núcleo organizador de la experiencia arquitectónica. La operación desarrollada por Diller Scofidio + Renfro reorganiza las jerarquías tradicionales del museo mediante un sistema en el que depósito, circulación y exhibición se integran dentro de una misma secuencia espacial. Como observa Merrick, el edificio puede entenderse como una “arquitectura de partes”, donde la articulación entre elementos diferenciados adquiere mayor relevancia que la lectura del objeto como forma unitaria y autónoma.
La relación entre la masa opaca de la bóveda y la envolvente porosa del velo constituye el principio central de esta organización. Ambos sistemas operan simultáneamente en términos estructurales, ambientales y perceptivos: la bóveda concentra densidad, soporte y almacenamiento, mientras el velo regula iluminación, escala y relación visual con el exterior. La tensión entre peso y ligereza, oscuridad y luminosidad, compresión y expansión, produce una espacialidad cuidadosamente calibrada que sitúa al proyecto dentro de las exploraciones fenomenológicas y tectónicas más relevantes de la arquitectura museográfica contemporánea.
En términos técnicos, el edificio recupera y actualiza ciertos principios asociados a la planta libre moderna. La liberación estructural de las galerías, la flexibilidad programática y la continuidad espacial permiten adaptar el museo a distintas configuraciones curatoriales sin comprometer la coherencia atmosférica del conjunto. Esta capacidad de integrar infraestructura, estructura y experiencia perceptiva constituye uno de los principales logros del proyecto.
Sin embargo, el alcance urbano de la obra permanece atravesado por una contradicción persistente. Aunque el edificio alcanza una elevada sofisticación espacial y ambiental en su interior, su relación con el espacio público mantiene una condición relativamente autónoma y contenida. La arquitectura concentra sus principales cualidades dentro de una envolvente controlada, limitando la transferencia de esa riqueza espacial hacia el tejido colectivo de la ciudad.
El legado de The Broad se construye precisamente sobre esta dualidad. Por un lado, representa una síntesis rigurosa entre eficiencia técnica, control fenomenológico y claridad programática. Por otro, evidencia las limitaciones que enfrenta la arquitectura institucional contemporánea al operar en contextos urbanos marcados por procesos de fragmentación y privatización. El edificio demuestra que una obra de alta complejidad espacial puede alcanzar una notable coherencia interna y, al mismo tiempo, mantener una relación parcial con la dimensión pública de la ciudad que la contiene.
Marcelo Gardinetti
Bibliografía:
Certeau, Michel. L’invention du quotidien, I: Arts de faire. París: U.G.E., 1980.
Foster, Hal. El complejo arte – arquitectura. Madrid: Turner, 2013.
Hawthorne, Christopher. «Critic’s notebook: Broad museum design pointed in the right direction». Los Angeles Times, 2011.
Heathcote, Edwin. «Broad Museum in Los Angeles, USA, by Diller Scofidio + Renfro». Architectural Review, 2016.
Montaner, Josep Maria. La condición contemporánea de la arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 2015.
Teyssot, Georges. «Mutant Body of Architecture». En Flesh. The mutant body of architecture: architectural probes. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1994.
Waldenfels, Bernhard. «Fenomenología de la experiencia en Edmund Husserl». Areté, Revista de filosofía, Vol. XXIX, N° 2, 2017.
Fotografías: ©Iwan Baan excepto foto aérea ©Jeff Duran
Planos: ©DS+R
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