Arquitectura y deconstrucción en La Villette: revisión crítica de las Folies y su matriz territorial

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El texto aborda el problema de la reformulación del espacio público contemporáneo frente al agotamiento de los modelos funcionalistas y paisajísticos heredados de la modernidad, interrogando la capacidad de la arquitectura para operar como sistema abierto de significación. El análisis se centra en el Parc de la Villette proyectado por Bernard Tschumi, con especial énfasis en las Folies como dispositivos arquitectónicos insertos en una matriz territorial abstracta. A partir de la articulación teórica con Jacques Derrida, el texto examina la noción de deconstrucción aplicada al proyecto, destacando la disolución de jerarquías compositivas mediante una retícula de puntos, líneas y superficies. La investigación revisa los procesos morfológicos y operativos que configuran las Folies, entendidas como unidades modulares sometidas a transformaciones geométricas y programáticas, cuya repetición establece una red de nodos urbanos. Se concluye que el proyecto demuestra la viabilidad de integrar una estructura geométrica rigurosa con un alto grado de indeterminación funcional, configurando el espacio urbano como campo de interacción entre orden y acontecimiento, donde la arquitectura actúa como mediadora entre sistema y contingencia.

Palabras clave: deconstructivismo arquitectónico, Parc de la Villette, Bernard Tschumi, teoría de la arquitectura, espacio público contemporáneo

La arquitectura como sistema de signos

El proyecto del Parc de la Villette se formula como una respuesta crítica al agotamiento de los modelos funcionalistas asociados a la modernidad. En este contexto disciplinar, Bernard Tschumi desplaza el centro del proyecto arquitectónico desde la utilidad programática hacia una lectura semiótica del espacio construido. El parque se concibe entonces como un sistema de relaciones entre signos, cuya lógica remite a los marcos teóricos del posestructuralismo. La arquitectura deja de entenderse exclusivamente como soporte de funciones y se examina como un dispositivo capaz de producir significado mediante la articulación espacial de elementos heterogéneos. Desde esta perspectiva, el proyecto se configura como un campo de interacción donde el sentido no se encuentra previamente determinado, sino que surge de la relación entre estructuras, recorridos y eventos.

El marco conceptual del proyecto se apoya en la disolución de la jerarquía formal tradicional a través de procesos de fragmentación y recomposición. Tschumi reorganiza el territorio mediante una matriz abstracta que cuestiona las nociones clásicas de centro y unidad compositiva. La transformación del modelo de parque romántico o decimonónico hacia una estructura territorial vinculada a la metrópolis contemporánea se articula mediante una grilla virtual de 120 metros de lado. Esta retícula introduce una modulación regular que ordena el sitio sin establecer jerarquías espaciales fijas y permite la superposición de tres sistemas autónomos que operan simultáneamente:

Puntos: materializados en las Folies, estructuras situadas en las intersecciones de la grilla que funcionan como nodos dentro de una red de acontecimientos y referencias espaciales.
Líneas: recorridos y flujos peatonales que atraviesan el parque, configurando trayectorias independientes respecto de la disposición de los objetos arquitectónicos.
Superficies: áreas verdes y espacios destinados a actividades públicas, que constituyen la base programática del conjunto y se desarrollan sin subordinación directa a las edificaciones.

Dentro de esta organización, el empleo sistemático del color rojo adquiere un carácter conceptual. El color se introduce como un elemento de identificación abstracta que refuerza la coherencia del sistema. Al aplicar una misma tonalidad a todas las Folies, Tschumi enfatiza el valor del significante dentro de la estructura compositiva. La uniformidad cromática permite que estas piezas se perciban como componentes de una misma matriz conceptual, independientemente de su materialidad o estado físico. La grilla, definida por una modulación rigurosa, establece así el marco en el que se inscribe esta red de elementos. En ese punto de convergencia entre orden métrico y contingencia programática se sitúa la referencia teórica a la noción de folie desarrollada por Jacques Derrida, cuya interpretación introduce una dimensión filosófica en la lectura del conjunto.

Folies del Parc de La Villette planta de conjunto

Jacques Derrida, Point de folie

La colaboración intelectual entre Bernard Tschumi y Jacques Derrida constituye un episodio significativo en la relación entre teoría filosófica y producción arquitectónica contemporánea. En el contexto del Parc de la Villette, la noción de deconstrucción, formulada en el campo de la filosofía y de la crítica textual, se desplaza hacia una experimentación espacial concreta. Derrida interpreta las Folies como puntos de interrupción dentro del discurso arquitectónico convencional: elementos que introducen discontinuidades en la lógica compositiva heredada de la tradición clásica. La arquitectura se configura como un campo operativo donde determinadas hipótesis conceptuales se verifican mediante la organización material del espacio.

La interpretación del término folie exige una precisión conceptual. En el ámbito psicoanalítico, la palabra remite a la idea de desorden mental o de ruptura con la racionalidad normativa. En el proyecto de La Villette, sin embargo, Tschumi y Derrida emplean el término con un sentido distinto, asociado a una forma de subversión disciplinar. La folie no corresponde a una extravagancia formal ni a un recurso ornamental propio del eclecticismo historicista. Se define como un dispositivo arquitectónico que establece combinaciones espaciales abiertas y programas potencialmente variables. La autonomía relativa entre forma y función introduce una condición de indeterminación programática: el objeto construido no prescribe un uso único, sino que admite la aparición contingente de acontecimientos y actividades.

Desde el punto de vista constructivo, la folie se materializa mediante un volumen elemental que rechaza la articulación tectónica tradicional. Cada unidad adopta la forma de un cubo de aproximadamente 10,80 metros de lado, resuelto mediante una estructura metálica revestida con paneles rojos. La repetición sistemática de este módulo dentro de la retícula general del parque establece una relación particular con el sitio: la forma mantiene una escala constante y una geometría invariable, mientras que su posición dentro de la grilla define variaciones espaciales y programáticas. La tensión entre permanencia formal e indeterminación funcional puede sintetizarse a través del siguiente esquema comparativo:

Arquitectura inmutableArquitectura de lo inesperado y aleatorio
Basada en principios de composición académica y en referencias históricas reconocibles.Basada en procesos de descomposición formal y en procedimientos lógicos o matemáticos.
Busca la estabilidad del significado y la correspondencia directa entre forma y función.Permite combinaciones programáticas variables y usos no predeterminados.
La forma arquitectónica posee un contenido simbólico relativamente estable.La forma deriva de operaciones procesuales cuya interpretación permanece abierta.
Organización jerárquica con centros compositivos y ejes dominantes.Estructura territorial definida por una matriz regular que reduce las jerarquías espaciales.

La articulación entre reflexión filosófica y ejecución arquitectónica permite comprender las Folies como dispositivos operativos dentro del sistema general del parque. Aunque su configuración formal es constante, su significado depende de la relación con los recorridos, las superficies programáticas y los eventos que ocurren en el lugar. La lógica procedimental basada en repetición, modulación y variación que adopta Tschumi, actúa como mecanismo de traducción entre el plano conceptual y la realidad construida.

Folies del Parc de La Villette type

Bernard Tschumi, Folies Parc de La Villette

La metodología proyectual aplicada en el Parc de la Villette introduce un desplazamiento respecto de la tradición compositiva heredada del modelo Beaux-Arts. En lugar de una composición formal determinada por la voluntad del autor, Bernard Tschumi establece un conjunto de reglas operativas que organizan la generación de las formas. El propio arquitecto describe este procedimiento como un “Big Bang” formal, expresión que remite a un proceso de expansión controlada dentro de un sistema de transformaciones sucesivas. La configuración final del objeto arquitectónico surge a partir de operaciones lógicas que regulan la fragmentación, la recomposición y la distribución espacial de los elementos. El proceso proyectual sustituye así la composición clásica por una secuencia de transformaciones que mantiene abierto el sistema formal.

La manipulación del cubo de 10,80 metros de lado se articula mediante una serie de operaciones encadenadas que modifican progresivamente su configuración inicial:

  1. Desfragmentación de la figura. El volumen cúbico se descompone en componentes geométricos elementales, separando planos, aristas y subvolúmenes que permiten intervenir la forma original.
  2. Inserción de elementos de circulación. Rampas, escaleras y pasarelas se incorporan al sistema volumétrico, introduciendo recorridos verticales y horizontales que integran la dimensión temporal del desplazamiento dentro de la estructura.
  3. Recomposición programática. Los fragmentos resultantes se reorganizan para alojar funciones diversas, como cafeterías, espacios expositivos, talleres o miradores, sin establecer una correspondencia rígida entre forma y uso.
  4. Diseminación territorial. Las unidades transformadas se distribuyen sobre la retícula de 120 metros que organiza el parque, estableciendo una red de relaciones espaciales basada en repetición y variación.

El estudio sistemático del cubo establece un diálogo con las investigaciones del arte conceptual desarrolladas por Sol LeWitt, especialmente en relación con el empleo de la retícula como dispositivo generativo. Tanto en la obra del artista como en el proyecto de Tschumi, la grilla funciona como una estructura lógica que permite permutaciones potencialmente ilimitadas. En el caso de las Folies, la construcción enfatiza la lectura de las aristas y de la estructura metálica, mientras que los planos se presentan con mayor neutralidad visual. Esta inversión perceptiva dirige la atención hacia el vacío interior del volumen. El espacio contenido adquiere así un papel activo dentro de la definición arquitectónica, desplazando el interés desde la masa edificada hacia la relación entre estructura y vacío.

En la escala urbana, la realización de 26 de las 35 Folies previstas inicialmente configura una red de referencias espaciales distribuidas sobre el territorio del parque. Cada pieza funciona como punto de orientación dentro de una estructura territorial definida por la retícula abstracta. La repetición de la modulación y del color rojo establece una continuidad visual que facilita la lectura del sistema, mientras que la disposición dispersa de los volúmenes evita la consolidación de centros dominantes. El conjunto produce una forma particular de organización espacial: una red de nodos que estructura el desplazamiento del visitante y que introduce una lógica de navegación basada en la repetición, la distancia regular y la relación entre objetos autónomos. En este marco, las Folies operan como mediadoras entre el rigor geométrico de la grilla y la contingencia de los eventos que se desarrollan en el parque.

El estado actual del campo y problemáticas abiertas

Las Folies del Parc de la Villette constituyen una de las materializaciones más consistentes de los principios asociados al deconstructivismo arquitectónico. El proyecto trasciende la condición de parque urbano para operar como una investigación construida sobre la reorganización del orden compositivo tradicional. La relevancia disciplinar de la intervención radica en demostrar que un sistema espacial puede incorporar grados significativos de indeterminación programática sin abandonar una estructura geométrica rigurosa. En este marco, el espacio público se configura como un campo experimental donde estructura, evento y recorrido establecen relaciones variables dentro de una matriz territorial estable.

La solidez conceptual del proyecto no elimina las interrogantes que surgen con el paso del tiempo y con la transformación de las prácticas urbanas contemporáneas. La evolución de los usos, la presión social sobre los espacios públicos y las mutaciones tecnológicas del urbanismo contemporáneo plantean nuevas líneas de análisis en torno a la operatividad del sistema propuesto por Bernard Tschumi. Entre ellas pueden señalarse las siguientes:

Vigencia de la grilla virtual en el urbanismo digital. Resulta pertinente examinar en qué medida la retícula abstracta que estructura el parque anticipa modelos de organización territorial basados en redes distribuidas, hoy presentes en los debates sobre ciudades inteligentes y sistemas urbanos gobernados por datos.

Persistencia de la identidad cromática como principio conceptual. El uso sistemático del rojo en las Folies funciona como mecanismo de identificación dentro del conjunto. La evaluación de su eficacia a largo plazo exige considerar el envejecimiento de los materiales, los procesos de mantenimiento y la capacidad del color para conservar su valor referencial en contextos urbanos cambiantes.

Adaptabilidad programática frente a nuevas prácticas colectivas. El carácter abierto del sistema plantea la posibilidad de absorber transformaciones sociales y culturales no previstas en el programa original de la década de 1980. El estudio de estas adaptaciones permite valorar el grado de flexibilidad real de las estructuras construidas.

En conjunto, la intervención de Tschumi en La Villette continúa alimentando la discusión sobre la relación entre orden geométrico e indeterminación funcional. El proyecto propone una forma de organización espacial basada en la coexistencia de una matriz rigurosa y una dimensión contingente vinculada al uso, al recorrido y al acontecimiento urbano. De este modo, la arquitectura se presenta como un sistema abierto que integra la previsión estructural con la variabilidad inherente a la vida pública de la ciudad.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1219