El Parc de la Villette, proyectado por Bernard Tschumi, se organiza mediante la superposición de tres sistemas autónomos: puntos, líneas y superficies, que estructuran el parque a partir de una lógica no jerárquica. La retícula de folies, dispuestas a intervalos regulares, establece un orden abstracto que contrasta con la variabilidad programática de cada elemento. Las líneas, materializadas en recorridos y ejes de circulación, articulan desplazamientos y conexiones, mientras que las superficies definen áreas de uso específico vinculadas a actividades culturales y recreativas. Esta composición disociada introduce una tensión entre estructura y evento, donde el espacio se concibe como soporte de acciones cambiantes. La materialidad, dominada por estructuras metálicas y elementos prefabricados, refuerza la legibilidad del sistema. Desde una perspectiva teórica, el proyecto redefine el parque urbano como un campo de relaciones abiertas.
Bernard Tschumi: estructura y programa en La Villette
En la formulación teórica de Bernard Tschumi, la relación entre regla y concepto se establece como un principio disciplinar fundamental. Las reglas —técnicas, normativas o compositivas— pueden ser objeto de transgresión, siempre que dicha operación no comprometa la integridad del concepto, entendido como una abstracción capaz de sintetizar múltiples conocimientos en una estructura coherente. Concebir implica, en este sentido, un proceso de articulación entre realidades diversas, cuya convergencia da lugar a una entidad nueva, no derivada de tipologías preexistentes sino de una lógica interna de organización.
El proyecto del Parc de la Villette puede leerse como la materialización de este principio. La propuesta configura un parque que se desvincula de los modelos históricos del jardín urbano, tradicionalmente subordinados a criterios estéticos o recreativos, para definirse como un sistema abierto de relaciones espaciales. El espacio se concibe como soporte de experiencias, donde el usuario asume un papel activo en la construcción del recorrido y en la interpretación del entorno. La organización del conjunto responde a un concepto rector que regula la interacción entre elementos heterogéneos sin imponer una secuencia predeterminada.
El origen del proyecto se sitúa en el proceso de reconversión del sector de La Villette, localizado en el noreste de París, anteriormente ocupado por infraestructuras industriales vinculadas al abastecimiento cárnico, clausuradas en 1974. En 1978 se convocó un concurso internacional para su transformación, en continuidad con un primer intento fallido en 1976, evidenciando la dificultad de articular una propuesta coherente para un vacío urbano de gran escala.
El jurado del concurso —presidido por Roberto Burle Marx e integrado por arquitectos como Renzo Piano, Arata Isozaki y Vittorio Gregotti, junto con especialistas en paisaje— seleccionó nueve propuestas entre un total de 472 para una segunda fase. En marzo de 1983, el proyecto de Tschumi fue declarado ganador por mayoría de votos, sin alcanzar unanimidad, circunstancia que pone de manifiesto su carácter disruptivo dentro del contexto disciplinar.
La intervención conserva elementos preexistentes como la Grande Halle y el canal de l’Ourcq, integrándolos dentro de una estructura que se aparta de las convenciones del diseño de espacios públicos vigentes hasta ese momento. La propuesta introduce una reorganización del parque basada en sistemas abstractos y en la activación del usuario, cuestionando los principios compositivos del jardín parisino y estableciendo un nuevo marco para la relación entre espacio, programa y experiencia.

El proyecto del Parc de La Villette
La arquitectura del Parc de la Villette es definida por Bernard Tschumi como una “arquitectura del significante más que del significado”, formulación que desplaza el énfasis disciplinar hacia la capacidad generativa de la forma en tanto sistema. En este marco, la arquitectura se concibe como un campo de relaciones donde el sentido no se encuentra previamente determinado, sino que emerge de la interacción entre elementos y usos. Tal como se señala en «Arquitectura y Acontecimiento», esta condición introduce una fricción que desborda la dicotomía forma/función, situando el espacio en una dimensión operativa vinculada a la experiencia y al acontecimiento.
Bajo esta premisa, el proyecto se estructura mediante la superposición de tres sistemas autónomos —puntos, líneas y superficies—, cada uno dotado de reglas propias y de una lógica interna específica. La integración de estos sistemas no responde a un principio de síntesis jerárquica, sino a una coexistencia controlada, en la que las intersecciones y discontinuidades adquieren un papel constitutivo en la configuración del conjunto:
El modelo organizativo del Parc de la Villette se articula mediante tres sistemas autónomos, cuya diferenciación responde a categorías espaciales y operativas específicas:
- Un sistema de objetos, representado por puntos, que introduce referencias construidas dentro del territorio a través de elementos discretos y repetidos, capaces de establecer una modulación constante.
- Un sistema de movimientos, representado por líneas, que define trayectorias, recorridos y flujos, configurando una red de desplazamientos que atraviesa y conecta el conjunto sin someterse a una jerarquía centralizada.
- Un sistema de espacios, representado por superficies, que delimita áreas de uso y permanencia, donde se desarrollan programas diversos mediante configuraciones paisajísticas y tratamientos materiales diferenciados.
El sistema de puntos del Parc de la Villette se estructura a partir de una retícula ortogonal de 120 metros de módulo, cuya implantación introduce un orden homogéneo que neutraliza las jerarquías espaciales del sitio. Las intersecciones de esta trama determinan la localización de las construcciones denominadas folies, concebidas como unidades discretas que funcionan simultáneamente como referencias espaciales, nodos programáticos y elementos de modulación territorial. La repetición sistemática del punto establece una lógica de distribución no jerárquica, en la que la continuidad del conjunto se construye por reiteración y no por centralidad.
Este procedimiento admite una lectura en paralelo con las investigaciones pictóricas de Paul Cézanne en su etapa final, donde la organización del lienzo mediante tramas subyacentes permitía extender la composición de forma uniforme, evitando la dependencia de un punto de fuga único. A través de este recurso, Cézanne lograba estructurar paisajes complejos mediante un principio ordenador constante, capaz de integrar múltiples percepciones en una unidad coherente. Aunque esta relación no es explícitamente formulada por Bernard Tschumi, la analogía resulta pertinente en tanto pone de relieve el papel del concepto como dispositivo de síntesis, mediante el cual experiencias y conocimientos heterogéneos se articulan en una estructura operativa capaz de sostener la complejidad espacial.

El sistema de líneas del Parc de la Villette se materializa en galerías, pasarelas y pérgolas que introducen una organización basada en el desplazamiento, sin someterse de manera estricta a la ortogonalidad de la retícula de puntos. Estas líneas operan como vectores de conexión entre elementos dispersos, articulando recorridos que estructuran la experiencia del visitante. Su trazado, frecuentemente sinuoso, intensifica la percepción del movimiento y construye una lectura secuencial del espacio, en la que la continuidad se define por la trayectoria más que por la alineación geométrica. De este modo, el sistema establece una fenomenología del recorrido donde el tiempo y la variación perceptiva adquieren un papel central.
El sistema de superficies se despliega en los espacios intersticiales delimitados por la retícula y las líneas de circulación. Jardines temáticos, áreas pavimentadas y masas arboladas configuran un conjunto de unidades diferenciadas, cada una con condiciones materiales y programáticas específicas. Estas superficies no responden a una lógica de homogeneidad paisajística, sino a una diversificación controlada que promueve usos múltiples y situaciones espaciales heterogéneas. La articulación secuencial de estos ámbitos introduce el concepto de paseo cinemático, en el que la experiencia del usuario se construye como una sucesión de episodios, análoga a la concatenación de escenas en un montaje fílmico.
La superposición de los sistemas de puntos, líneas y superficies genera un campo de interacciones caracterizado por la coexistencia de órdenes independientes. Las intersecciones entre estos sistemas producen discontinuidades, solapamientos programáticos y tensiones formales que no son resueltas mediante síntesis compositiva, sino incorporadas como parte constitutiva del proyecto. Este enfoque desplaza la noción de diseño hacia una estructura abierta, donde la variabilidad y la indeterminación se integran dentro de un marco conceptual riguroso.
En este sentido, la propuesta de Bernard Tschumi plantea una reconsideración del diseño arquitectónico como proceso mutable, condicionado por reglas operativas que permiten ajustes y transformaciones sin comprometer la coherencia del conjunto. El concepto actúa como instancia reguladora, garantizando la consistencia del sistema frente a la contingencia. La arquitectura se define así como un campo de relaciones en permanente actualización, donde la estabilidad no depende de la fijación formal, sino de la solidez del principio que organiza la interacción entre sus componentes.
En esta reflexión surge un mensaje: si no se alcanza el objetivo, las reglas pueden romperse, pero nunca a costa del concepto.
Marcelo Gardinetti


«El diseño del Parque de la Villette fue seleccionado entre más de 470 competidores internacionales. Los objetivos del concurso eran tanto marcar la visión de una época como actuar sobre el futuro desarrollo económico y cultural de una zona clave de París. Como se describió en el concurso, La Villette no pretendía ser una simple réplica del paisaje; por el contrario, el encargo de este «parque urbano para el siglo XXI» desarrollaba un complejo programa de instalaciones culturales y de entretenimiento. La Villette podía concebirse como uno de los edificios más grandes jamás construidos – un edificio discontinuo pero una sola estructura, sin embargo, que se superponía a las características existentes del sitio y articulaba nuevas actividades. Se opone a la noción paisajística de Olmstead, muy extendida durante el siglo XIX, de que «en el parque, la ciudad no debería existir». En cambio, propone un parque social y cultural con actividades que incluyen talleres, instalaciones de gimnasio y baños, patios de recreo, exposiciones, conciertos, experimentos científicos, juegos y concursos, además del Museo de Ciencia y Tecnología y la Ciudad de la Música en el sitio. Por la noche, durante el verano, los amplios campos de juego se convierten en un cine al aire libre para 3.000 espectadores. El parque actualmente alberga alrededor de ocho millones de visitantes al año».
“El concurso para el Parque de La Villette fue el primero en la historia reciente de la arquitectura en proponer un nuevo programa – el de un parque urbano que plantea que la yuxtaposición y la combinación de varias actividades, promoverá nuevas actitudes y perspectivas. Este programa representa una importante ruptura. La década de 1970 fue testigo de un periodo de renovado interés en la constitución formal de la ciudad, sus tipologías y morfologías. Mientras los análisis que se desarrollaron se enfocaban en la historia de la ciudad, ésta estuvo completa- mente carente de justificaciones programáticas. Ningún análisis dictaminó la cuestión de cuáles actividades ocurrirían en la ciudad. Tampoco ayudó en dicho dictamen el hecho de que la organización de funciones y eventos fue de un problema arquitectónico tanto como lo fue la postulación de formas y estilos. El Parque de La Villette, por el contrario, representa una política programática alentadora e integrada, relacionada tanto con las necesidades de la ciudad como con sus limitaciones” Bernard Tschumi, Citado en Vicent Ducatez, Sandra Bustos “El jardín del placer de OMA” Bitácora Urbano-Territorial, ISSN-e 0124-7913, Vol. 9, Nº. 1, (2005), 11
Fotografía: ©Marcelo Gardinetti
Dibujos: ©Bernard Tschumi









Parc de La Villette / Bernard Tschumi Architects
Resumen:
El enfoque de Bernard Tschumi en el diseño del Parc de la Villette refleja una filosofía arquitectónica donde el significante, o la forma, prevalece sobre el significado, o la interpretación. Esta idea se manifiesta a través de tres sistemas autónomos que se superponen para crear la estructura del parque: los puntos, las líneas y las superficies.
- Sistema de puntos: Este sistema está representado por una cuadrícula de 120 metros de lado que elimina cualquier jerarquía dentro del sitio. En los puntos de intersección de esta cuadrícula se ubican las «Folies», estructuras que actúan como referencias construidas. Este enfoque recuerda al concepto de Cézanne en sus últimas obras, donde utilizaba una trama para extender la composición de manera unitaria en toda la tela, dominando así los paisajes abiertos. Aunque Tschumi no menciona explícitamente esta influencia, el paralelismo refuerza el valor del concepto en la creación de un espacio coherente y controlado.
- Sistema de líneas: Representado por las galerías, este sistema organiza el espacio sin seguir la cuadrícula ortogonal. Las líneas conectan elementos heterogéneos y permiten al visitante moverse por el parque. Las formas ondulantes de las pérgolas acentúan la sensación de movimiento, definiendo el concepto de dinamismo en el Parc de la Villette.
- Sistema de superficies: Aquí se incluyen los jardines, pavimentos, parques y árboles que se desarrollan entre los ejes de la cuadrícula y las referencias lineales. Cada jardín tiene su propio diseño y propone diferentes actividades, creando un «paseo cinemático» que evoca la secuencia de imágenes en una película. Esta diversidad de superficies permite explorar las posibilidades de los espacios naturales, añadiendo riqueza y complejidad al parque.
- La superposición de estos sistemas crea situaciones impredecibles y tensiones dentro del espacio, pero siempre con un respeto al concepto original. El Parc de la Villette se convierte así en un lugar dinámico e innovador, donde el diseño específico puede cambiar, pero siempre en función de una idea clara y definida. Tschumi invita a una reflexión arquitectónica en la que, si bien se pueden romper las reglas, esto nunca debe hacerse a expensas del concepto central.
Fotografías: ©Marcelo Gardinetti
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