Hacia una arquitectura plástica

El texto Hacia una arquitectura plástica de Theo van Doesburg desarrolla una formulación teórica que replantea los fundamentos de la arquitectura moderna a partir de los principios del neoplasticismo, desplazando la noción de forma preconcebida hacia un proceso proyectual basado en la articulación de relaciones espaciales, funcionales y temporales. En este marco, la arquitectura se concibe como una estructura abierta, organizada por la interacción controlada de elementos constructivos esenciales —masa, plano, luz, color, espacio y tiempo— cuya combinación define un sistema relacional dinámico, ajeno a la simetría axial y a los esquemas compositivos repetitivos. Van Doesburg propone abandonar los modelos históricos como referencia formal y concentrar el proyecto en la lógica interna de sus componentes, entendidos no como partes aisladas, sino como variables interdependientes dentro de una composición plástica. Este enfoque sustituye la noción de monumentalidad por una concepción plástica del espacio, en la que el equilibrio se alcanza mediante la disparidad proporcional y la tensión entre planos, volúmenes y cromatismos. El color, incorporado como elemento estructurante y no ornamental, adquiere un rol activo en la definición espacial, mientras que la disolución de los límites entre interior y exterior, a través de plantas abiertas y configuraciones discontinuas, refuerza una continuidad perceptiva y funcional. Desde esta perspectiva, la arquitectura se define como una síntesis de las artes plásticas, en la que espacio y tiempo se integran como dimensiones constitutivas del proyecto. La obra arquitectónica deja de responder a esquemas formales preexistentes y se configura a partir de una organización neoplástica que privilegia la coherencia relacional, la simultaneidad de percepciones y la construcción de una experiencia espacial determinada por su estructura compositiva y por el desplazamiento del observador.

Hacia una arquitectura plástica, Theo van Doesburg

Forma.

La abolición de todo concepto de forma en el sentido de un tipo preestablecido tiene una importancia esencial para el sano desarrollo de la arquitectura y el arte en general. En vez de utilizar e imitar estilos anteriores como modelos, se debe plantear completamente de nuevo el problema de la arquitectura.

La nueva arquitectura es elemental, es decir, se desarrolla a partir de los elementos de la construcción en el sentido más amplio. Estos elementos — como función, masa, superfi­cie, tiempo, espacio, luz, color, material, etc. — son plásticos.

La nueva arquitectura es económica, es decir, emplea sus medios elementales de la forma más eficaz y menos dispendiosa posible y no despilfarra estos medios ni el material.

La nueva arquitectura es funcional, es decir, se desarrolla a partir de una exacta determinación de las exigencias prácticas, que establece en esquemas claros.

La nueva arquitectura es informe aunque exactamente definida, es decir, que no está sometida a ningún tipo de forma estética establecida. No posee ningún molde (como los de los pasteleros) para elaborar las superficies funcionales resultantes de exigencias prácticas, vivas. […]

Ese espacio funcional está dividido estrictamente en superficies rectangulares, que no po­seen ninguna individualidad por sí mismas.

Aun cuando cada una está definida en función de las demás, pueden concebirse como si se extendieran hasta el infinito. Constituyen, por tanto, un sistema coordinado, en el cual todos los puntos corresponden a un número igual de puntos en el universo. De ello se desprende que las superficies tienen una relación directa con el espacio infinito.

La nueva arquitectura ha independizado el concepto de monumental de lo grande y lo pequeño (puesto que la palabra «monumental» está deteriorada, se sustituye por la palabra «plástico»). Ha demostrado que todo existe sobre la base de las interdependencias de relaciones.

La nueva arquitectura no posee ningún factor pasivo. Ha superado la abertura (en la pared). La ventana con su abertura desempeña un papel activo en oposición al cerramiento de la superficie de los muros. En ninguna parte aparece una abertura o un vano en primer plano, todo está rigurosamente determinado por contraste. Compárense las diversas contra construcciones en las cuales los elementos de que consta la arquitectura (superficie, línea y masa) se hallan libremente situados en una relación tridimensional.

hacia una arquitectura plástica
Hacia una arquitectura plástica, Maison d artiste, Van Doesburg y Van Eesteren

La planta.

La nueva arquitectura ha abierto las paredes y ha eliminado así la división entre el interior y el exterior. Las paredes han dejado de ser portantes, sólo son puntos de apoyo suplementarios. El resultado es una planta nueva, abierta, completamente distinta de la clásica, pues el interior y el exterior se interpenetran.

La nueva arquitectura es abierta. El conjunto está formado por un espacio dividido de acuerdo con las diversas exigencias funcionales. (…)  En la próxima fase de desarrollo de la arquitectura, la planta debe desaparecer por completo. La composición bidimensional del espacio, que se establece en esa planta, se sustituirá por un cálculo exacto de la construcción — un cálculo mediante el cual la capacidad de carga quedará limitada a los puntos de apoyo más simples, pero también más resistentes […].

Espacio y tiempo.

La nueva arquitectura tiene en cuenta no sólo el espacio, sino también la magnitud tiempo. A través de la unidad de espacio y tiempo el exterior arquitectónico adquirirá un aspecto nuevo y completamente plástico.

La nueva arquitectura es anticúbica, es decir, no trata de combinar todas las células espaciales funcionales en un cubo cerrado, sino que proyecta las células espaciales funcionales (así como las superficies que las cubren, balcones, etc.) centrífugamente desde el centro del cubo. De este modo la altura, la longitud y la pro­fundidad más el tiempo adquieren una expre­sión plástica completamente nueva en espacios abiertos. De esta manera, la arquitectura logra un aspecto más o menos fluctuante (corresponde al ingeniero saber hasta qué punto ello es posible desde el punto de vista cons­tructivo), que contrarresta por así decirlo la fuerza de gravedad de la naturaleza.

Simetría y repetición.

La nueva arquitectura ha eliminado tanto la monótona repetición como la rígida regularidad de las dos mitades — la imagen en el espejo, la simetría —. Un bloque de casas es un conjunto en el mismo sentido que lo es la casa individual.

Las leyes que son válidas para la casa individual, también lo son para el bloque de viviendas y para la ciudad. En vez de simetría, la nueva arquitectura ofrece una relación equilibrada entre partes dispares, es decir, de partes que se diferencian unas de otras por su posición, dimensiones, proporción y situación, en virtud de sus peculiaridades funcionales. La equivalencia de estas partes se basa en el equilibrio de su desigualdad y no en su igualdad. Además, la nueva arquitectura ha convertido las partes delantera, trasera, derecha, superior e inferior en factores de igual valor.

Color.

La nueva arquitectura ha abolido la pintura como expresión separada e imaginaria de armonía […]. La nueva arquitectura admite el uso orgánico del color, como medio directo de expresión de sus relaciones en el espacio y el tiem­po. Sin color, estas relaciones no son reales, sino invisibles.

El equilibrio de las relaciones orgánicas sólo adquiere realidad visible por medio del color. La tarea del pintor moderno consiste en crear con ayuda del color un conjunto armónico en el nuevo campo espaciotemporal de cuatro dimensiones, y no una super­ficie de dos dimensiones. En una posterior fase de desarrollo el color también se podrá sustituir por un material desnaturalizado que tenga su propio color específico (problema para el químico), pero sólo en el caso de que exigencias prácticas requieran este material.

La nueva arquitectura es antidecorativa. El color (y esto es algo que los temerosos del mismo deben tratar de comprender) no es una parte decorativa de la arquitectura, sino un medio orgánico de expresión suyo.

La arquitectura como síntesis del neoplasticismo.

La construcción es una parte de la nue­va arquitectura que, al reunir todas las artes en sus manifestaciones más elementales, reve­la su verdadera esencia. […]

Dado que la nueva arquitectura no admite imágenes de ningún género (como pinturas o esculturas como elementos separados), su propósito de crear un conjunto armónico con todos los medios esenciales es evidente desde el principio. De este modo, todo elemento arquitectónico contribuye a que se alcance un máximo de expresión plástica sobre una base práctica y lógica, sin que por ello se descuiden las exigencias prácticas.

Theo Van Doesburg, 1924

Theo van Doesburg, Hacia una arquitectura plástica, De Stijl, vol. VI, nº 6-7, 1924

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