Planos CCTV Beijing OMA

Nota editorial

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Sobre este documento

Planos de la sede de la CCTV en Beijing, proyectada por OMA. El edificio replantea la tipología tradicional del rascacielos mediante una configuración en bucle continuo que sustituye la organización vertical convencional por un sistema espacial integrado. La propuesta articula funciones de producción, administración y circulación pública dentro de una secuencia tridimensional única, apoyada en un sistema estructural *diagrid* que resuelve las exigencias sísmicas y geométricas derivadas de la inclinación de las torres y del gran voladizo superior.

Fuente original: OMA, www.oma.eu

Palabras clave: OMA CCTV Beijing, planos, dibujos arquitectónios, documentación técnica.

Lectura del proyecto

La sede de la CCTV en Beijing, diseñada por OMA bajo la dirección de Rem Koolhaas y Ole Scheeren, constituye una de las reflexiones arquitectónicas más elaboradas sobre la vigencia del rascacielos en el contexto contemporáneo. Concebido a partir del concurso internacional convocado en 2002 y finalizado en 2012, el proyecto no se limita a resolver un programa institucional de gran complejidad, sino que plantea una revisión crítica de los principios espaciales, formales y simbólicos que han definido históricamente al edificio en altura. En este sentido, la obra puede entenderse como una materialización construida de las ideas desarrolladas por Koolhaas en torno a la obsolescencia del rascacielos convencional y a las posibilidades proyectuales derivadas de la condición de gran escala.

La premisa central del proyecto consiste en cuestionar la lógica tipológica dominante del rascacielos moderno. Desde finales del siglo XIX, la torre en altura se consolidó como una respuesta eficiente a la densificación urbana, basada en la repetición vertical de plantas equivalentes organizadas alrededor de un núcleo de circulación. Esta solución permitió maximizar la superficie útil y se convirtió progresivamente en el modelo dominante de la arquitectura corporativa. Sin embargo, Koolhaas identificó en esta estructura una limitación fundamental: la reducción del edificio a una acumulación de niveles independientes, donde la altura se transforma en un objetivo en sí mismo y la relación con la ciudad queda subordinada a la presencia icónica de la torre.

La propuesta de la CCTV responde directamente a esta crítica mediante una transformación radical de la organización espacial. En lugar de una torre exenta, el proyecto adopta la forma de un circuito continuo compuesto por dos torres inclinadas conectadas en altura por un gran volumen en voladizo y articuladas mediante una plataforma común. Esta configuración genera una figura cerrada que organiza el conjunto alrededor de un vacío central, desplazando el protagonismo de la verticalidad hacia la continuidad espacial. La operación modifica la relación tradicional entre masa construida y espacio libre, ya que el vacío deja de ser un espacio residual para convertirse en el elemento ordenador de la composición arquitectónica.

Desde una perspectiva urbana, esta decisión permite integrar el edificio dentro de una estructura espacial más compleja que la de la torre convencional. La plataforma inferior establece una relación directa con el espacio público, mientras que el gran vacío central introduce una dimensión cívica que transforma la percepción del conjunto desde la escala de la ciudad. El edificio ya no aparece como un objeto autónomo implantado sobre el suelo, sino como una infraestructura que articula diferentes niveles de relación entre programa, circulación y espacio urbano.

La organización funcional refuerza esta interpretación. El proyecto reúne en una única estructura actividades que anteriormente se encontraban dispersas en diferentes localizaciones de Beijing: administración, producción informativa, estudios de grabación, emisión televisiva y espacios públicos vinculados a la institución. En lugar de distribuir estas funciones mediante una secuencia de plantas independientes, la CCTV propone un recorrido continuo que conecta los distintos sectores a través de una circulación tridimensional. El desplazamiento se convierte así en un instrumento de articulación programática y en una herramienta de comprensión del funcionamiento interno del edificio.

Esta condición remite a la noción de “condensador social”, desarrollada por la vanguardia constructivista soviética durante la década de 1920 para describir edificios capaces de organizar nuevas formas de interacción colectiva mediante su configuración espacial. En la CCTV, la circulación pública atraviesa áreas vinculadas a la producción televisiva, permitiendo una lectura integrada de los procesos institucionales. La arquitectura establece una relación directa entre espacio, trabajo y representación, transformando el recorrido en parte constitutiva de la experiencia del edificio.

La viabilidad de esta operación dependió de una resolución estructural igualmente excepcional. La inclinación de las torres y el gran voladizo superior generaban esfuerzos de flexión, torsión y cortante incompatibles con los sistemas convencionales utilizados en edificios de altura. Para responder a estas exigencias, Arup desarrolló una estructura perimetral basada en una retícula diagonal de acero o diagrid, cuya densidad varía según la concentración de cargas. Esta solución convierte la envolvente en un elemento resistente continuo capaz de absorber las solicitaciones derivadas de la geometría del conjunto y de las condiciones sísmicas de Beijing.

La estructura adquiere además una dimensión expresiva. La trama diagonal permanece visible en la fachada y revela la distribución de esfuerzos que atraviesa el edificio. De este modo, el sistema portante deja de constituir un componente oculto para integrarse en la identidad visual de la obra. Forma, estructura y comportamiento mecánico se articulan dentro de una misma lógica proyectual.

Sin embargo, la relevancia de la CCTV no reside únicamente en su capacidad para reformular la tipología del rascacielos. El edificio también plantea interrogantes sobre la condición de la arquitectura icónica en el siglo XXI. Aunque la propuesta cuestiona la repetición formal de la torre corporativa, mantiene una extraordinaria capacidad de representación institucional. Su imagen singular, su escala urbana y su difusión mediática la convierten en un símbolo reconocible a nivel global. En consecuencia, la obra no elimina la dimensión simbólica históricamente asociada al rascacielos, sino que la reconfigura mediante una sintaxis formal diferente.

La CCTV demuestra que la crítica tipológica formulada por Koolhaas produce resultados efectivos en términos espaciales, programáticos y estructurales. El proyecto sustituye la lógica de la repetición vertical por una organización continua capaz de integrar ciudad, programa y circulación. Sin embargo, también evidencia que la función representativa del edificio en altura permanece vigente. La transformación afecta a la forma arquitectónica del rascacielos, pero no cancela su condición como instrumento de visibilidad institucional y proyección de poder. En esa tensión entre innovación tipológica y permanencia simbólica reside gran parte de la relevancia crítica de la obra.

Rem Koolhaas OMA, CCTV Beijing, bosquejo

Planos CCTV Beijing

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1231

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