Análisis de la obra de OMA desde la teoría del rascacielos contemporáneo
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El edificio de la CCTV en Beijing, diseñado por OMA bajo la dirección de Rem Koolhaas y Ole Scheeren entre 2002 y 2012, constituye una revisión crítica de la tipología del rascacielos contemporáneo. El artículo examina cómo el proyecto sustituye la organización vertical convencional por una estructura continua formada por dos torres inclinadas unidas mediante un gran voladizo y una plataforma común. A partir de los conceptos de Bigness, condensador social y edificio icónico, se analiza la relación entre programa, estructura y forma, así como el papel del sistema estructural diagrid desarrollado por Arup para responder a las exigencias sísmicas y geométricas del conjunto. El estudio también aborda la recepción crítica de la obra, marcada por el reconocimiento internacional y por las controversias políticas surgidas en China. Se concluye que la CCTV no elimina la dimensión simbólica del rascacielos, sino que reformula sus principios espaciales, estructurales y urbanos mediante una organización arquitectónica continua y una representación institucional adaptada al contexto contemporáneo.
Palabras clave: Rem Koolhaas; OMA; CCTV Beijing; rascacielos; arquitectura icónica; estructura diagrid; Bigness, tipología del rascacielos.
La evolución del rascacielos y la crítica tipológica de Rem Koolhaas
Pocas tipologías arquitectónicas han condensado de forma tan persistente la representación de la modernidad urbana como el rascacielos. Desde su aparición en el Chicago y el Nueva York de finales del siglo XIX, el edificio en altura se configuró como una respuesta técnica frente a la escasez y el elevado valor del suelo urbano, al mismo tiempo que adquirió una dimensión simbólica asociada al poder corporativo, financiero y estatal (Willis, 1995; Goldberger, 1981). Esta doble condición, vinculada tanto a la resolución funcional como a la construcción de una imagen de autoridad, definió gran parte de su evolución durante el siglo XX.
Sin embargo, la expansión internacional del rascacielos produjo una tensión dentro de la disciplina arquitectónica: mientras la tipología alcanzaba una difusión global, sus posibilidades formales y espaciales tendían a concentrarse en modelos repetitivos basados en la superposición de plantas libres organizadas alrededor de un núcleo vertical de circulación. La lógica de eficiencia estructural y aprovechamiento del suelo favoreció una progresiva estandarización del volumen en altura, reduciendo en muchos casos la exploración tipológica del edificio a variaciones sobre un esquema consolidado.
Rem Koolhaas desarrolló esta crítica en el capítulo “Kill the Skyscraper” de su libro Content, donde planteó que el rascacielos había perdido parte de su potencial arquitectónico a causa de su reproducción masiva y de la transformación de sus principios iniciales en fórmulas convencionales (Koolhaas, 2004). Esta reflexión antecede al proyecto que posteriormente definiría una posición crítica frente a la tipología: la sede de la Central de Televisión China (CCTV) en Beijing, diseñada por OMA tras ganar el concurso internacional de 2002 y finalizada en 2012.
El edificio de la CCTV permite analizar una reformulación del rascacielos tradicional mediante la sustitución de la organización vertical convencional por una composición espacial continua, articulada a través de dos torres inclinadas conectadas por un volumen superior en voladizo y una base común. El proyecto cuestiona la relación entre altura, jerarquía funcional y representación institucional que históricamente ha caracterizado al edificio en torre. Al mismo tiempo, su configuración estructural y su presencia urbana introducen debates sobre la relación entre arquitectura, poder político y producción simbólica en el contexto contemporáneo chino.

Fundamentos teóricos para interpretar la sede de la CCTV
El proyecto de la CCTV debe interpretarse dentro del marco teórico desarrollado por Rem Koolhaas en torno a la condición de la metrópoli contemporánea y las transformaciones espaciales derivadas de la gran escala arquitectónica. En Delirious New York, Koolhaas analizó el rascacielos de Manhattan como un dispositivo capaz de concentrar programas diversos dentro de una misma envolvente, produciendo una condición de “congestión” en la que actividades heterogéneas coexistían sin una relación funcional directa entre sí (Koolhaas, 1978/1994). La torre moderna aparecía entonces como una estructura urbana vertical donde la independencia entre organización interna y forma exterior permitía una alta densidad programática.
Esta línea de pensamiento se desarrolla posteriormente en el ensayo “Bigness, or the Problem of Large”, incluido en S,M,L,XL, donde Koolhaas plantea que los edificios de gran escala, al superar determinados límites dimensionales, dejan de responder a los principios tradicionales de composición arquitectónica. En estas condiciones, la relación entre estructura, envolvente y programa adquiere una autonomía particular, generando una separación entre la lógica espacial interna y la expresión formal de la fachada (Koolhaas & Mau, 1995). Esta formulación resulta fundamental para comprender la configuración de la CCTV, ya que el edificio abandona la organización basada en la repetición vertical de niveles independientes y propone una continuidad espacial tridimensional mediante un circuito arquitectónico que integra producción, circulación y espacios administrativos dentro de un sistema único.
Otra referencia conceptual significativa corresponde a la noción de “condensador social”, desarrollada por la vanguardia constructivista soviética durante la década de 1920 para definir aquellos edificios cuya organización espacial buscaba favorecer nuevas formas de interacción colectiva (Cooke, 1995). Koolhaas retoma esta tradición en la producción teórica y proyectual de OMA, trasladando la discusión hacia el edificio contemporáneo como una infraestructura capaz de articular relaciones entre usuarios, actividades y procesos productivos. Desde esta perspectiva, la sede de la CCTV se concibe como una estructura compleja donde el programa institucional queda integrado dentro de una secuencia espacial continua.
La dimensión simbólica del proyecto también puede analizarse a partir del debate sobre la arquitectura icónica contemporánea. Jencks (2005) estudió el edificio icónico como una forma arquitectónica cuya presencia concentra significados culturales que exceden su función inmediata, mientras que Sklair (2017) examinó estos edificios como instrumentos vinculados a la globalización económica y a la representación política de los Estados. Este marco permite evaluar la posición de la CCTV dentro de la producción arquitectónica reciente: su configuración formal cuestiona la geometría convencional del monumento vertical, aunque al mismo tiempo participa de los mecanismos de representación institucional asociados a las grandes arquitecturas públicas contemporáneas.

Metodología para el análisis tipológico y arquitectónico del caso de estudio
Este artículo desarrolla un estudio de caso de carácter documental e historiográfico-crítico centrado en el proceso de diseño, construcción y recepción de la sede de la CCTV. La reconstrucción del proyecto se fundamenta en la documentación técnica producida por OMA y por los equipos de ingeniería participantes, complementada con estudios especializados sobre estructuras de gran altura (Moon, Connor y Fernández, 2007) y con investigaciones históricas y críticas sobre la evolución del rascacielos como tipología arquitectónica (Willis, 1995; Goldberger, 1981; Jencks, 2005).
El análisis del pensamiento arquitectónico de Koolhaas se articula a partir de sus propios escritos, entre ellos Delirious New York (Koolhaas, 1978/1994), S,M,L,XL (Koolhaas & Mau, 1995) y Content (Koolhaas, 2004), junto con la bibliografía crítica dedicada a la producción de OMA y a sus planteamientos disciplinares (Lucan, 1998; Lootsma, 2000; Koolhaas, Chung, Inaba y Leong, 2001). Estas fuentes permiten establecer una relación entre las formulaciones teóricas del arquitecto y las decisiones espaciales, estructurales y programáticas desarrolladas en el edificio.
El procedimiento metodológico establece una comparación sistemática entre la configuración de la CCTV y los principios asociados al rascacielos convencional que Koolhaas había cuestionado en sus escritos. Cada apartado examina la relación entre organización espacial, sistema estructural, programa y expresión formal, con el propósito de determinar hasta qué punto la propuesta del edificio modifica las condiciones tradicionales de la tipología en altura y cómo ha sido interpretada dentro del debate arquitectónico contemporáneo.

Análisis arquitectónico de la sede de la CCTV
4.1. Concurso, diseño y construcción de la sede de la CCTV (2002-2012)
La sede de la CCTV surgió a partir de un concurso internacional convocado en 2002 por la Beijing International Tendering Company con el objetivo de concentrar en un único complejo las actividades administrativas, de producción informativa, elaboración de programas, radiodifusión y grabación de la cadena estatal, hasta entonces distribuidas en diferentes instalaciones de Beijing. El proyecto planteaba la creación de una infraestructura integral capaz de reorganizar espacialmente los procesos operativos de la institución televisiva mediante una relación directa entre programa, estructura y circulación.
El jurado del concurso, integrado entre otros por el arquitecto Arata Isozaki y el crítico Charles Jencks, seleccionó la propuesta desarrollada por OMA, con Rem Koolhaas y Ole Scheeren como responsables del diseño arquitectónico, en colaboración con la firma de ingeniería Arup, dirigida por Cecil Balmond en el desarrollo estructural, y con el East China Architectural Design & Research Institute como equipo local de apoyo y coordinación técnica.
El edificio alcanzó una superficie construida aproximada de 473.000 metros cuadrados y se organiza mediante dos torres de diferente altura, una de 234 metros con 54 niveles y otra de 210 metros con 44 niveles, conectadas por una plataforma común y articuladas en su parte superior mediante un volumen horizontal en voladizo de 75 metros orientado hacia el oeste. Esta configuración modifica la lógica vertical tradicional del rascacielos, sustituyendo la acumulación independiente de plantas por una composición espacial continua en la que las diferentes áreas funcionales quedan integradas dentro de un sistema tridimensional.
La construcción comenzó en 2004 y enfrentó desafíos técnicos derivados principalmente de las condiciones sísmicas de Beijing, que requirieron el desarrollo de un sistema estructural específico para responder a las solicitaciones generadas por la geometría irregular del conjunto. La complejidad del proyecto implicó una estrecha coordinación entre arquitectura e ingeniería, especialmente en la definición de la retícula estructural diagonal de la envolvente, concebida para distribuir las cargas y estabilizar la configuración inclinada de las torres.
El proceso constructivo también estuvo marcado por un incidente significativo ocurrido el 9 de febrero de 2009, cuando un incendio afectó al edificio anexo TVCC (Television Cultural Center), destinado a albergar un hotel y un centro cultural. El siniestro, provocado durante las celebraciones del Año Nuevo chino por fuegos artificiales lanzados desde el espacio público, ocasionó la muerte de un bombero y generó modificaciones en el calendario de finalización del complejo. La sede principal de la CCTV comenzó sus operaciones en 2012, cuatro años después de la fecha prevista inicialmente para su puesta en funcionamiento durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
En 2013, el edificio recibió el premio al mejor rascacielos del mundo otorgado por el Council on Tall Buildings and Urban Habitat, reconocimiento que incluyó su comparación con otras obras contemporáneas de gran altura, como el Shard de Renzo Piano en Londres. Este resultado introdujo una contradicción conceptual dentro de la trayectoria crítica de Koolhaas, ya que una obra concebida para revisar las limitaciones del rascacielos terminó siendo evaluada dentro de esa misma categoría tipológica.
4.2. Revisión crítica del modelo convencional del rascacielos
La posición de Koolhaas frente al rascacielos contemporáneo forma parte de una reflexión desarrollada durante varias décadas sobre las transformaciones de la arquitectura metropolitana. En Content, el arquitecto planteó que la tipología no había incorporado nuevas ideas o ambiciones significativas desde la construcción del World Trade Center en 1972, y que su expansión internacional había consolidado un modelo repetitivo condicionado por criterios económicos, técnicos y representativos antes que por una exploración espacial renovada (Koolhaas, 2004). Según su formulación, el rascacielos “no ha sido refinado, sino corrompido” por un proceso de reproducción global que convirtió una estructura inicialmente asociada a la densidad urbana en una fórmula arquitectónica estandarizada (Koolhaas, 2004).
Esta crítica se relaciona con tres observaciones centrales dentro de la historiografía del rascacielos. En primer lugar, la búsqueda de mayor altura ha funcionado con frecuencia como un mecanismo de representación ligado a la competencia económica y simbólica, desplazando en algunos casos la relación entre forma arquitectónica, programa y contexto urbano (Goldberger, 1981). En segundo lugar, la organización basada en la repetición de plantas equivalentes superpuestas responde históricamente a la necesidad de maximizar la superficie rentable, pero terminó consolidándose como un esquema formal aplicado de manera indistinta en contextos urbanos diversos (Willis, 1995). Finalmente, esta estandarización afectó la capacidad del edificio en altura para establecer relaciones espaciales complejas con el nivel del suelo y con el espacio público inmediato.
Frente a este diagnóstico, la propuesta de OMA para la sede de la CCTV plantea una reformulación del rascacielos mediante dos operaciones principales. La primera consiste en integrar el edificio dentro de la estructura urbana a través de una relación más activa con el espacio circundante, desplazando la idea de la torre aislada como objeto dominante del paisaje urbano. La segunda se basa en la organización del programa como una secuencia espacial continua, donde las diferentes funciones se distribuyen mediante un recorrido tridimensional que atraviesa el conjunto y reemplaza la lógica convencional de plantas independientes apiladas verticalmente.
Estas decisiones proyectuales trasladan al ámbito formal las reflexiones teóricas de Koolhaas sobre la gran escala arquitectónica. La CCTV plantea una relación distinta entre estructura, programa y volumen, en la que la geometría del edificio surge de la integración de actividades y circulaciones antes que de la repetición modular de niveles horizontales.

4.3. Configuración espacial: vacío central, continuidad y plataforma urbana
La configuración formal de la CCTV se origina a partir de la definición de un vacío central que organiza la totalidad del conjunto, antes que de la composición de una masa edificada convencional. Sobre una plataforma común elevada respecto al nivel de la calle, dos torres ascienden de manera paralela y modifican progresivamente su geometría mediante una inclinación que reduce su sección hacia la parte superior. Ambas piezas se conectan mediante un sistema estructural de vigas horizontales y diagonales que recompone en altura la figura rectangular inicial, generando una composición cerrada y continua reconocida habitualmente como un “bucle” o “lazo” espacial.
Esta configuración modifica la percepción del edificio según la posición del observador. La relación entre volumen, escala y perspectiva produce variaciones significativas en su lectura urbana: desde determinados puntos de vista la estructura adquiere una presencia monumental, mientras que desde otros revela una apariencia más ligera y una mayor exposición de su complejidad geométrica. La forma arquitectónica deja de depender exclusivamente de la verticalidad y establece una relación dinámica entre masa construida, vacío central y recorrido visual.
Desde el marco teórico desarrollado por Koolhaas, esta operación puede interpretarse como una aplicación del concepto de “Bigness”, según el cual los edificios de gran escala desarrollan una autonomía específica entre organización interna y expresión exterior (Koolhaas & Mau, 1995). En la CCTV, la envolvente no funciona como una representación directa del programa, sino como una superficie continua que unifica las diferentes funciones contenidas en el interior. La fachada de vidrio serigrafiado, con una modulación homogénea y una lectura reducida de los niveles interiores, disminuye la percepción de escala humana y refuerza la condición abstracta del volumen arquitectónico frente al paisaje urbano de Beijing.
La organización espacial del edificio se estructura mediante un recorrido continuo que conecta diferentes áreas de producción y recepción pública. El circuito comienza en una de las torres, asciende hacia el mirador ubicado en el ángulo del voladizo y continúa por la torre opuesta, atravesando espacios como el museo de acceso, el auditorio con capacidad para 1.500 personas, salas de cine digital, estudios de grabación y áreas vinculadas a la producción televisiva, hasta alcanzar las zonas de exposición y restauración. El desplazamiento del visitante permite comprender la secuencia operativa de la institución, integrando la experiencia espacial con la lógica productiva del medio televisivo.
Esta organización retoma algunos principios asociados a la noción de “condensador social” desarrollada por la vanguardia constructivista soviética, donde la arquitectura era entendida como un dispositivo capaz de articular relaciones entre actividades colectivas, trabajo y espacio construido (Cooke, 1995). En la CCTV, esta idea se traduce en una estructura donde circulación, programa y producción quedan vinculados dentro de una única configuración tridimensional.
4.4. Sistema estructural diagrid y expresión arquitectónica de la estructura
La resolución técnica de la CCTV dependió de un sistema estructural desarrollado específicamente por Cecil Balmond y el equipo de ingeniería de Arup para responder a las exigencias geométricas y mecánicas del proyecto. Las dos torres presentan una inclinación de seis grados en direcciones opuestas, una condición que genera esfuerzos complejos de flexión, torsión y cortante, intensificados por los requerimientos de resistencia sísmica propios de Beijing.
Frente a estas condiciones, la solución adoptada transformó la envolvente exterior en un tubo estructural continuo compuesto por una retícula diagonal de acero, conocida como sistema diagrid. Esta trama modifica su densidad según la distribución de cargas: las diagonales se concentran en las zonas sometidas a mayores solicitaciones y se espacian en aquellas donde los esfuerzos disminuyen (Moon, Connor y Fernández, 2007). De este modo, la estructura perimetral asume un papel fundamental en la estabilidad del conjunto, sustituyendo la lógica tradicional basada en un núcleo central rígido acompañado por elementos verticales repetitivos.
El sistema diagrid, estudiado en la literatura técnica como una alternativa eficiente para edificios de gran altura debido a su capacidad de absorber cargas laterales y reducir la dependencia de apoyos convencionales (Moon et al., 2007), adquiere en la CCTV una condición arquitectónica particular. La estructura no permanece oculta dentro del edificio, sino que se integra en la expresión exterior de la fachada, donde la retícula diagonal revela visualmente la distribución de fuerzas que sostiene la geometría inclinada de las torres y el gran voladizo superior.
Esta relación directa entre comportamiento estructural y configuración formal convierte al sistema portante en un elemento central de la composición arquitectónica. La fachada funciona simultáneamente como envolvente, soporte y representación del equilibrio mecánico del edificio, articulando una correspondencia entre la lógica resistente de la estructura y la imagen exterior del conjunto.
4.5. Recepción crítica, representación institucional y controversia política
La recepción de la sede de la CCTV estuvo atravesada desde sus primeras etapas por una tensión entre la valoración disciplinar del proyecto y las controversias derivadas de su dimensión política y cultural. Dentro del ámbito arquitectónico internacional, el edificio fue interpretado como una de las obras de mayor relevancia de la arquitectura contemporánea reciente, reconocimiento que alcanzó una expresión institucional con el premio otorgado por el Council on Tall Buildings and Urban Habitat en 2013.
En el contexto chino, sin embargo, la obra generó debates vinculados tanto a sus condiciones técnicas como a su carga simbólica. Las dudas iniciales se concentraron en la complejidad estructural del voladizo y en la capacidad del sistema resistente para responder a las exigencias sísmicas de Beijing. Al mismo tiempo, la participación de un arquitecto extranjero en un proyecto asociado a una de las instituciones estatales de mayor visibilidad produjo discusiones sobre la relación entre representación nacional, identidad arquitectónica y globalización disciplinar.
La apropiación cotidiana del edificio también evidencia la distancia entre la intención conceptual del proyecto y su interpretación social. La denominación popular de “los pantalones grandes”, utilizada en Beijing para referirse a la forma resultante de las dos torres conectadas, expresa una lectura informal de la geometría del conjunto y muestra cómo una obra concebida desde una reflexión crítica sobre la tipología del rascacielos adquiere nuevos significados dentro de la experiencia urbana colectiva.
Esta tensión se amplió con las críticas formuladas posteriormente por el gobierno chino hacia determinadas tendencias de la arquitectura contemporánea internacional. En 2014, las observaciones oficiales sobre la denominada “arquitectura extraña”, asociada a proyectos realizados por estudios extranjeros, incluyeron referencias al edificio de la CCTV. La directiva estatal de 2016 estableció posteriormente criterios orientados hacia edificios considerados “adecuados, económicos, sostenibles y agradables a la vista”, en oposición a soluciones percibidas como excesivamente formales o desvinculadas del contexto cultural local.
El caso de la CCTV revela así una contradicción dentro de la propia trayectoria crítica de Koolhaas. Una propuesta concebida para cuestionar la repetición del rascacielos corporativo y explorar nuevas relaciones entre estructura, programa y ciudad terminó siendo interpretada desde determinados sectores políticos como una manifestación de exceso formal y de influencia arquitectónica externa. La recepción del edificio muestra que las formas arquitectónicas adquieren significados variables según el contexto institucional, cultural y urbano en el que son incorporadas.




La CCTV entre la transformación tipológica y el edificio icónico
La pregunta que estructura este artículo —si la CCTV representa una superación efectiva del paradigma del rascacielos o una reformulación del mismo mediante una configuración formal diferente— requiere una interpretación compleja. Por una parte, el edificio responde de manera directa a las limitaciones que Koolhaas había señalado en relación con la tipología convencional. La propuesta abandona la lógica de la torre aislada como mecanismo de competencia por la altura y desarrolla una composición integrada entre verticalidad, horizontalidad y vacío central. Asimismo, reemplaza la repetición de plantas independientes por un sistema espacial continuo que articula producción, circulación y espacios públicos dentro de un único recorrido arquitectónico.
Desde esta perspectiva, la CCTV puede entenderse como una materialización de los principios asociados a la noción de “Bigness” formulada por Koolhaas y Mau, donde la gran escala permite establecer nuevas relaciones entre programa, estructura y expresión exterior (Koolhaas & Mau, 1995). El edificio también recupera aspectos vinculados a la tradición del condensador social, al organizar una institución productiva mediante una secuencia espacial que integra diferentes actividades dentro de una estructura común (Cooke, 1995).
Sin embargo, el análisis de la obra desde la teoría del edificio icónico contemporáneo introduce una lectura complementaria. Jencks (2005) sostiene que los edificios icónicos adquieren una capacidad simbólica que excede sus funciones específicas, debido a su capacidad para condensar significados culturales y representar la identidad de una institución o una ciudad dentro del imaginario global. En este sentido, la CCTV participa de esta condición mediante una forma reconocible a escala internacional, una geometría cambiante según el punto de observación y una presencia urbana construida también a través de su circulación mediática.
Sklair (2017) plantea que los edificios-icono cumplen una función dentro de los procesos contemporáneos de representación económica y política, ya que concentran capital simbólico y proyectan poder institucional en el escenario internacional. Bajo esta interpretación, la CCTV puede comprenderse como una arquitectura vinculada a la proyección global del Estado chino, especialmente dentro del contexto de modernización urbana asociado a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Su configuración formal cuestiona la imagen tradicional del rascacielos corporativo, pero mantiene una relación con la función representativa que históricamente ha acompañado a los grandes edificios en altura.
La contradicción central del proyecto reside, por lo tanto, en que la crítica de Koolhaas se dirige principalmente hacia la estructura formal del rascacielos convencional —la torre repetitiva orientada a la maximización de altura y superficie rentable—, mientras que la dimensión simbólica del edificio como representación de poder permanece vigente. La CCTV modifica la sintaxis arquitectónica del tipo, aunque conserva algunos de los mecanismos de representación asociados históricamente al monumento urbano contemporáneo.

La CCTV como reinterpretación contemporánea del rascacielos
El edificio de la CCTV en Beijing constituye una revisión crítica de las condiciones formales y programáticas asociadas al rascacielos contemporáneo. Rem Koolhaas y OMA desarrollaron una configuración que sustituye la torre vertical repetitiva por una estructura continua en forma de bucle, donde plataforma urbana, programa productivo y recorrido público quedan integrados dentro de un único sistema espacial. Esta operación fue posible mediante un sistema estructural diagrid desarrollado por Arup, concebido para responder a las exigencias geométricas, sísmicas y constructivas derivadas de la inclinación de las torres y del gran voladizo superior.
No obstante, la reformulación tipológica propuesta por la CCTV mantiene una relación compleja con la condición del edificio-icono propia de la arquitectura contemporánea de gran escala. Su capacidad de concentrar atención internacional y funcionar como representación institucional evidencia que la dimensión simbólica del rascacielos permanece activa, aunque adopte una configuración diferente. Su presencia durante el proceso de modernización urbana asociado a los Juegos Olímpicos de Beijing y las controversias posteriores vinculadas al debate sobre la “arquitectura extraña” en China muestran que el edificio continuó operando como un elemento de representación política y cultural.
Desde esta perspectiva, la crítica formulada por Koolhaas afecta principalmente a la organización formal tradicional del rascacielos: la torre aislada, repetitiva y orientada hacia la maximización de altura. La CCTV modifica esa estructura mediante una geometría continua y una relación distinta entre volumen, programa y espacio urbano, pero conserva la capacidad del edificio en altura para actuar como símbolo de poder y presencia institucional. La transformación del tipo no elimina su función representativa, sino que la desplaza hacia una expresión arquitectónica de mayor complejidad espacial y estructural.
El análisis de la CCTV abre nuevas líneas de investigación relacionadas con la aplicación de los principios de Bigness y continuidad espacial en otros proyectos institucionales de OMA, así como con el estudio de la experiencia cotidiana de los usuarios que habitan y trabajan en el edificio. Esta dimensión de uso diario, menos explorada en la bibliografía disponible, permitiría complementar las lecturas centradas en la forma arquitectónica y en su impacto simbólico.
Marcelo Gardinetti


Referencias bibliográficas
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Koolhaas, Rem, Chuihua Judy Chung, Jeffrey Inaba y Sze Tsung Leong, eds. Great Leap Forward (Harvard Design School Project on the City). Colonia: Taschen, 2001.
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Lootsma, Bart. SuperDutch: New Architecture in the Netherlands. Nueva York: Princeton Architectural Press, 2000.
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Moon, Kyoung Sun, Jerome J. Connor y John E. Fernández. «Diagrid structural systems for tall buildings: Characteristics and methodology for preliminary design». The Structural Design of Tall and Special Buildings 16, n.º 2 (2007): 205-230.
Sklair, Leslie. The Icon Project: Architecture, Cities, and Capitalist Globalization. Oxford: Oxford University Press, 2017.
Willis, Carol. Form Follows Finance: Skyscrapers and Skylines in New York and Chicago. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1995.
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