Lectura arquitectónica de la obra moderna de Bonet en Buenos Aires
Resumen
Los Ateliers para Artistas de Suipacha y Paraguay, proyectados en 1938 por Antonio Bonet Castellana, Horacio Vera Barros y Abel López Chas, constituyen una obra clave para analizar la adaptación de la arquitectura moderna al contexto de Buenos Aires. El proyecto articula una estructura regular de hormigón armado con una envolvente ligera de perfiles metálicos y vidrio, mientras incorpora circulaciones abiertas, entreplantas, elementos móviles y bóvedas de hormigón en los ateliers de la terraza. La esquina curva reorganiza la relación entre edificio, calle y parcela, integrando comercio, vivienda y espacios de trabajo dentro de la trama porteña. La fachada opera como un sistema graduado de transparencia, protección y ventilación. En sección, los ateliers superponen trabajo y descanso sin fragmentar el volumen interior. El proyecto combina referencias internacionales, recursos industriales y procedimientos diversos, configurando una modernidad situada en el contexto rioplatense, articulada mediante relaciones entre técnica, programa, sección, envolvente y ciudad.
Palabras clave: Antonio Bonet, Ateliers para Artistas, modernidad rioplatense, arquitectura moderna argentina, Grupo Austral.
Ateliers para Artistas de Antonio Bonet: Lectura de proyecto
Los Ateliers para Artistas de Suipacha y Paraguay constituyen una obra particularmente significativa para comprender la incorporación y transformación de los principios de la arquitectura moderna en Buenos Aires. Proyectado en 1938 por Antonio Bonet Castellana junto con Horacio Vera Barros y Abel López Chas, y construido en 1939, el edificio condensa una serie de búsquedas que exceden la adopción de un lenguaje moderno. Su interés reside, fundamentalmente, en la manera en que articula estructura, programa, envolvente, espacio y ciudad dentro de una propuesta experimental situada en las condiciones concretas del tejido porteño.
La lectura de los planos permite reconocer el edificio como un sistema compuesto por distintas capas que trabajan simultáneamente. La estructura de hormigón armado establece una trama regular que organiza los niveles y libera a las fachadas de su función portante. Sobre esta estructura se incorpora una envolvente ligera de perfiles metálicos y vidrio, mientras que en el nivel superior aparecen las bóvedas de hormigón armado que cubren los ateliers de la terraza. De este modo, la obra no busca expresar una única lógica constructiva, sino poner en relación sistemas diferentes dentro de una misma organización arquitectónica.

Modernidad arquitectónica y continuidad del tejido urbano porteño
La primera operación proyectual se produce en la escala urbana. El edificio ocupa una parcela de esquina dentro de la manzana tradicional de Buenos Aires y, a diferencia de las propuestas modernas basadas en el volumen aislado, mantiene una relación directa con la continuidad de la calle. La altura de la construcción se integra al perfil de las edificaciones vecinas, mientras que la resolución curva de la esquina introduce una modificación perceptiva sobre la geometría ortogonal de la manzana.
La esquina se convierte así en el principal mecanismo de articulación urbana del proyecto. La fachada deja de entenderse como dos planos independientes que simplemente se encuentran y pasa a funcionar como una envolvente continua. La curva se prolonga hacia la planta baja mediante los escaparates comerciales y establece una relación entre el espacio público, los locales y los ateliers ubicados en los niveles superiores.
Esta decisión resulta especialmente relevante porque muestra que la modernidad de Bonet no se plantea como negación de la ciudad existente. El proyecto trabaja dentro de la trama porteña y transforma sus condiciones desde el interior. La arquitectura moderna se incorpora, entonces, mediante operaciones precisas sobre una estructura urbana consolidada.
Planta baja: estructura, comercio y relación con la calle
La planta baja concentra cuatro locales comerciales y constituye el nivel de mayor contacto con la ciudad. Su altura aproximada de 4,05 metros permite generar una relación visual intensa entre interior y exterior. Los grandes paños vidriados y los escaparates curvos prolongan la geometría de la esquina y convierten la fachada comercial en una superficie activa hacia la calle.
La estructura de pilotis participa en esta organización sin producir una liberación absoluta del suelo. Los apoyos no generan una planta baja completamente abierta, sino que se integran a la organización de los locales y a la definición de los accesos. Esta condición permite entender el uso de los pilotis de manera situada: el recurso moderno es adoptado, pero ajustado a las exigencias específicas del programa y de la parcela.
En los planos, esta operación puede leerse como una primera diferenciación entre estructura y cerramiento. Los apoyos establecen una matriz resistente relativamente independiente, mientras que las superficies vidriadas construyen una envolvente vinculada principalmente con la iluminación, la exhibición comercial y la relación visual con la calle.
Ateliers: integración entre trabajo, habitación y espacio colectivo
En los niveles superiores se desarrolla el programa principal del edificio: los estudios para artistas. Cinco ateliers se organizan en la planta principal y dos unidades adicionales se ubican sobre la terraza. Esta distribución permite entender el edificio no como una vivienda colectiva convencional, sino como una combinación entre espacio de trabajo, habitación y relación con la ciudad.
La circulación posterior abierta hacia el patio constituye uno de los elementos fundamentales de la organización. Desde este espacio común se accede a las unidades individuales, estableciendo una transición entre el ámbito colectivo y el interior de cada atelier. La disposición de las unidades hacia las calles permite aprovechar la iluminación y las visuales exteriores, mientras que la circulación se concentra hacia el interior de la parcela.
Esta organización introduce una lógica distinta de la vivienda urbana tradicional. El acceso ya no se produce necesariamente mediante un corredor interior cerrado, sino a través de un espacio intermedio abierto que funciona como extensión de la circulación y como elemento de articulación entre las unidades.
La unidad de esquina adquiere particular importancia. Su planta se adapta a la curvatura de la envolvente y genera una condición espacial diferente de la de los ateliers restantes. La geometría curva no es únicamente una decisión de fachada: modifica la experiencia interior y establece una relación directa entre el espacio de trabajo y la intersección urbana.
La sección arquitectónica como organización del trabajo y el descanso
La sección permite comprender uno de los aspectos más innovadores del edificio. Los ateliers poseen una altura interior aproximada de 4,50 metros, suficiente para incorporar una entreplanta destinada al descanso. El espacio se organiza, por lo tanto, mediante la superposición de funciones en sección.
El área principal conserva su condición de espacio de trabajo de gran altura, mientras que la alcoba se incorpora como un nivel intermedio de menor escala. La escalera de caracol establece la conexión entre ambos ámbitos y permite que la superficie disponible se multiplique sin dividir completamente el volumen interior.
Esta operación resulta fundamental para interpretar la idea de atelier. El espacio no se organiza a partir de habitaciones cerradas, sino mediante diferentes grados de altura, privacidad y uso dentro de una misma unidad espacial. Trabajo y descanso coexisten sin perder continuidad visual.
Los tensores metálicos que sostienen las entreplantas hacen visible esta lógica constructiva. La estructura deja de ser un elemento oculto y pasa a formar parte de la experiencia interior. El detalle constructivo se convierte, simultáneamente, en recurso espacial y expresivo.
La fachada como envolvente modulada y sistema de filtros
Uno de los principales aportes del edificio se encuentra en la concepción de la fachada. La estructura independiente permite liberar el cerramiento y transformarlo en una envolvente ligera compuesta por perfiles metálicos, vidrio, ladrillos de vidrio, paneles y elementos móviles.
La fachada se organiza mediante una retícula que no es completamente homogénea. Dentro de ella aparecen diferentes grados de transparencia, opacidad, apertura y protección. El vidrio transparente establece relaciones visuales directas con la ciudad; los elementos translúcidos y los ladrillos de vidrio modifican la intensidad de la luz; los componentes móviles permiten controlar ventilación y exposición.
Por ello, la envolvente puede interpretarse como un sistema de filtros. No existe una separación absoluta entre interior y exterior, pero tampoco una transparencia permanente. La fachada regula esa relación según las necesidades ambientales y espaciales de cada momento.
En los planos de fachada, esta condición se reconoce en la repetición de módulos y en la diversidad de elementos que componen una misma trama. La racionalización no se expresa mediante la uniformidad absoluta, sino mediante la coordinación de piezas diferentes dentro de un sistema común.
Componentes móviles y regulación ambiental de la envolvente
Los parasoles móviles de la unidad de esquina llevan esta idea un paso más adelante. Su funcionamiento permite modificar la condición de apertura del atelier y controlar simultáneamente iluminación, ventilación, protección solar y relación visual con el exterior.
La fachada adquiere así una dimensión dinámica. No es un límite fijo, sino un dispositivo capaz de transformar las condiciones del espacio. El movimiento de sus componentes modifica la percepción del interior y la manera en que el atelier se vincula con la ciudad.
Este aspecto resulta particularmente significativo dentro del pensamiento del Grupo Austral, ya que introduce una dimensión perceptiva en una arquitectura que, al mismo tiempo, mantiene una rigurosa organización estructural y funcional. La técnica no aparece solamente como una solución constructiva: participa activamente en la configuración de la experiencia arquitectónica.
Bóvedas de hormigón y variación geométrica en la sección
El nivel superior introduce una operación diferente. Los dos ateliers de la terraza se cubren mediante bóvedas de hormigón armado de aproximadamente siete centímetros de espesor. Frente a la regularidad ortogonal de las plantas inferiores, la cubierta introduce una geometría curva que modifica la sección y la percepción volumétrica del conjunto.
La bóveda constituye un punto de encuentro entre modernidad y tradición constructiva. Su lógica resistente permite trabajar con una lámina relativamente delgada, mientras que su geometría aporta una condición espacial diferenciada. En este sentido, el recurso no debe entenderse como una simple referencia formal a la tradición mediterránea, sino como la recuperación de un principio constructivo capaz de integrarse a una arquitectura moderna.
En los planos, la relación entre estructura, sección y cubierta permite identificar con claridad esta condición híbrida. Las losas planas de los niveles inferiores establecen una modulación regular, mientras que las bóvedas del remate introducen una variación que modifica la expresión del edificio sin romper su organización general.
Convergencia de sistemas constructivos, espaciales y formales
La principal característica de los Ateliers puede sintetizarse en la coexistencia de sistemas aparentemente diferentes. Hormigón armado y perfiles metálicos; vidrio y superficies opacas; geometría ortogonal y curvas; componentes industrializados y procedimientos asociados a tradiciones constructivas; espacios de trabajo y ámbitos domésticos; permanencia estructural y elementos móviles.
Estos contrastes no aparecen como contradicciones. El proyecto los organiza mediante una lógica común en la que cada componente responde a una función espacial, técnica o ambiental determinada.
Esta condición permite comprender la obra como una reinterpretación de la modernidad europea desde Buenos Aires. Bonet parte de principios vinculados con Le Corbusier, el GATCPAC y los debates internacionales del movimiento moderno, pero los transforma al enfrentarlos con una parcela concreta, una normativa urbana específica, un programa particular y una cultura constructiva disponible en el contexto rioplatense.
Síntesis proyectual: estructura, técnica, programa y ciudad
Los Ateliers para Artistas pueden entenderse, en consecuencia, como un edificio organizado a partir de una serie de sistemas superpuestos. La estructura establece la matriz; la planta organiza el programa; la sección introduce la dimensión de la experiencia; la fachada regula la relación con el exterior; los elementos móviles incorporan variabilidad; y las bóvedas construyen un remate que sintetiza la dimensión técnica y espacial del proyecto.
Más que representar una arquitectura moderna cerrada sobre un lenguaje formal determinado, la obra propone una modernidad experimental. Su valor está en la capacidad de combinar referencias internacionales con condiciones locales y producir, a partir de esa combinación, una arquitectura propia.
La lectura de los planos permite reconocer que la obra no se define por una única operación. Su identidad surge de la relación entre varias decisiones: mantener la continuidad urbana y transformar la esquina; liberar la fachada y construirla como sistema; concentrar la circulación hacia el interior y abrir los ateliers hacia la ciudad; superponer trabajo y descanso en sección; y contrastar la regularidad estructural con la geometría curva de las bóvedas.
En este sentido, los Ateliers de Suipacha y Paraguay pueden ser leídos como un verdadero laboratorio proyectual. El edificio convierte la arquitectura moderna en un campo de experimentación donde estructura, técnica, programa, percepción y ciudad dejan de funcionar como problemas separados. Su importancia dentro de la modernidad rioplatense reside precisamente en esa capacidad de producir una arquitectura situada: una obra que recibe las ideas de la vanguardia internacional, pero que las reorganiza a partir de las condiciones concretas de Buenos Aires.
Para acompañar los planos, esta lectura permite comprender el edificio no solamente como una secuencia de plantas, cortes y fachadas, sino como un sistema espacial integral. Cada dibujo revela una parte de esa estrategia: la planta muestra la organización y la circulación; el corte evidencia la superposición de usos y la relación entre losas, entreplantas y bóvedas; la fachada hace visible la modulación y el sistema de filtros; y la perspectiva urbana permite comprender cómo la curva de la esquina transforma la presencia del edificio dentro de la manzana.
La obra de Bonet adquiere así una condición ejemplar. Su modernidad no consiste en borrar las diferencias, sino en hacerlas trabajar conjuntamente. Es precisamente en esa convivencia entre racionalidad y experimentación, industria y tradición, regularidad y movimiento, edificio y ciudad, donde se encuentra la principal potencia proyectual de los Ateliers para Artistas.
©tecnne
Planos de los Ateliers para artistas








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