BIBLIOTECAEscritos

Daniel Libeskind, X al revés

Libeskind, Berlin City Edge, Bauausstellung Site Model, tecnne

Upside Down X, Countersigns

La arquitectura, la propia palabra, ha perdido su reputación: ¿cómo va a defenderse? Los días «buenos y malos» ya han pasado. El arquitecto cotidiano ha muerto. Su cuerpo es inútil si no se convierte en abono o en leña para el fuego que, al fin y al cabo, se basa en lo que «no es mejor».

Lo que no está solo está entero, a la vez que quiere y no quiere ser nombrado objeto. Una vez numerado y multiplicado, este todo creció a costa de los ceros en los que se ha metido. Se conoce la construcción por la destrucción y los códigos desde que Eiffel cambió el ocio por la fatiga. El camino de la Arquitectura no tiene dos direcciones sino una sola – lo que significa que los ojos son mejores transformadores que los engranajes, cuando nuestro entendimiento ralla sobre materias que serán siempre resistentes, incompletas. Siendo lo incompleto la prueba de la psique; puente sobre la habilidad y la inteligencia…

¿Qué es entonces la Arquitectura? No se nota. Sin embargo, al suponer que la fuerza se relaciona con las miradas, es decir, con los instrumentos musicales que aún albergan armas, se puede desencajar el diseño de las cosas y de las ciudades, liberando lo «más armonioso que se ve» en cada dispositivo arquitectónico cuya vida reside en matar. Pensamiento mortal: el día en la noche…

Si cada construcción fuera sólo humo la percepción de uno no estaría restringida. Pero las fechas mismas son sentidos que dan y reciben las pequeñas locuras de cada uno. ¿Cómo resistir el deseo del corazón -ya que la edición consigue lo que quiere- a costa del alma? . . .

La vida es a la Arquitectura como la Tierra a una fuerza física acuosa. El arquitecto ha sido encerrado en un baúl mientras la Arquitectura se tambalea sin sentido para levantar la carga de vuelta a casa. Ahora, o pronto, el sudor se evaporará y se perderá para siempre (los cubos siempre han sido prehistóricos). Así surge el maravilloso orden de un mundo que ya no se ve como la reunión aleatoria de cosas que sólo son significativas cuando son torpes. Un mundo en el que cada horquilla, arcada o tribu ya no puede posar en el sensus communis. Las formas son frías, manuscritas, secas; simplemente no se puede encontrar su límite en el Este o en el detector de hadas profundas con un brazo siempre extendido.

Permanecerá Incontable, débilmente susurrante – claro de la ilógica y la lógica, seguro de razonar sobre el curso de los cuerpos celestes, el factor n, los hombres respetuosos de la ley tratando de derivar la ausencia de las canciones. Lo que penetra la satisfacción de los tontos. La humanidad descansa mientras los poderosos defensores luchan contra la locura en las palabras, orígenes sombríos del iglú, el áspero milenio cuyo rayo milenario parece una estatua de un héroe que cotillea detrás de la casa caída.

La comprensión es despistada. El diseño invisible: un sedimento inorgánico. Los efesios bien podrían descansar, dejando que su ciudad sea gobernada por niños.

Sin terminar (ya que lo anterior no es ni teoría ni objeto), creo que hasta la arquitectura más fea va a ser más clara que el nombre más bonito o el rostro más sabio. Porque lo que es menos ancho es más bello. Por decirlo de forma sencilla: dios a distancia parece una construcción o un edificio, pero sólo para aquellos que han adquirido la forma. Lo calculable siempre es igual a dos veces dios. «…»

Contraseñas

Sólo la anticipación moviliza la equívoca poesía de la construcción y, de paso, plantea el motivo de «Babel». Más allá del inmenso y audaz desafío de la obra contemporánea, se percibe la proliferación del desprendimiento. ¿Es posible que ahora no le toque vivir a nadie? Más. Lo que se construye es en sí mismo un instrumento de revuelta. Un «turno» en el que no se puede entrar. Porque ¿quién puede volver a decir ‘he visto las colgaduras con forma de luna creciente, pero sin su simetría definitiva en el cuaternario’?

La relación ambigua, promiscua y violenta que se tiene con la arquitectura funciona como una admisión torturada: el sello libera al sellar: el signo borra al diseñar. La firma de la arquitectura expropia, ya no se puede pensar en términos de presencia. La arquitectura como no más/no más/no más. Arquitectura bella sin belleza.

Daniel Libeskind

Fuente: Daniel Libeskind: Countersigns, Architectural Monographs No 16, Academy Editions, (London) 1991, 9-10/135, Extracto.

Imagen de portada: Berlin City Edge, Bauausstellung Site Model, 1987 ©Olivier Martin-Gambier / Frac Ventre.fr