The Interlace: transformación tridimensional del bloque residencial

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2014, n.º 4

Resumen

The Interlace, proyectado por Ole Scheeren junto con OMA en Singapur, reformula el bloque residencial mediante una agregación tridimensional de treinta y un volúmenes horizontales. El proyecto reúne 1.040 viviendas sobre aproximadamente ocho hectáreas y alcanza una densidad equivalente a una estructura de veinticuatro niveles, aunque cada bloque conserva seis pisos. Su organización desplaza la densificación desde la repetición vertical hacia una sección compleja, donde apilamientos, voladizos, terrazas y patios construyen una topografía residencial artificial. Esta operación prolonga problemas de la arquitectura moderna vinculados con la célula repetible y la agregación, pero modifica la relación entre masa, vacío y escala perceptiva. El análisis examina su respuesta al clima ecuatorial desde el regionalismo crítico, considerando asoleamiento, vegetación y drenaje, junto con una relación menos explícita con la tradición tectónica local. Finalmente, el régimen privado de propiedad introduce una tensión entre espacio colectivo, comunidad y acceso, condicionando el alcance social del modelo.

Palabras clave: The Interlace, Ole Scheeren, vivienda colectiva, densidad residencial, arquitectura tropical.

Densidad y escala en la vivienda colectiva contemporánea

Mil cuarenta unidades que no se organizan como una torre; treinta y un bloques que funcionan como un único organismo; seis pisos que, superpuestos y desplazados, alcanzan la escala vertical de una estructura de veinticuatro niveles sin que el habitante abandone perceptivamente la escala del bloque bajo. Esa es la condición arquitectónica específica que plantea The Interlace, el conjunto residencial que Ole Scheeren proyectó para la Office for Metropolitan Architecture (OMA) en el sur de Singapur entre 2007 y 2013. Antes que su geometría o su imagen exterior, es esta relación entre densidad, escala y organización espacial la que estructura el proyecto.

Toda obra de vivienda masiva plantea una cuestión disciplinar recurrente: cómo multiplicar una unidad habitacional sin que la repetición anule las condiciones de la vida colectiva. The Interlace aborda el problema mediante una operación que, examinada desde su genealogía formal, puede entenderse menos como una ruptura que como una reformulación de procedimientos propios de la arquitectura moderna. El proyecto ha sido presentado por su autor y por buena parte de la crítica internacional como una alternativa a la torre aislada, dominante en el paisaje residencial de Singapur (Lehmann, 2016). Sin embargo, el análisis de su genealogía, su sección, su programa y sus condiciones de producción permite situarlo dentro de una tradición disciplinar más amplia: la del bloque habitacional seriado, desarrollado desde el primer tercio del siglo XX para conciliar la repetición industrial con la diversidad de las condiciones domésticas.

El análisis de The Interlace se articula en cinco dimensiones relacionadas. La primera aborda su genealogía combinatoria y su vínculo con la célula habitacional repetible; la segunda examina la sección y el modo en que el desplazamiento y el apoyo entre bloques construyen una topografía residencial; la tercera estudia la transformación tipológica mediante la cual la torre aislada se sustituye por una configuración de bloques horizontales superpuestos; la cuarta considera la respuesta del conjunto al clima ecuatorial de Singapur desde la perspectiva del regionalismo crítico, así como sus implicaciones tectónicas y culturales; la quinta introduce una lectura materialista centrada en las condiciones de propiedad, promoción y acceso que hicieron posible la obra. La relación entre estas dimensiones permite observar tanto las posibilidades formales y ambientales del proyecto como las tensiones que persisten entre su configuración espacial y las condiciones económicas que determinan su uso.

Ole Scheeren, The Interlace ©Iwan Baan
Ole Scheeren, The Interlace ©Iwan Baan

Implantación, programa y configuración del conjunto

The Interlace ocupa un terreno elevado de aproximadamente ocho hectáreas entre Alexandra Road y la autopista Ayer Rajah Expressway, en el sector meridional de Singapur. El sitio había albergado anteriormente el conjunto residencial Gillman Heights y forma parte de un corredor verde relacionado con los parques de Kent Ridge, Telok Blangah Hill y Mount Faber. Sobre una superficie construida aproximada de 170.000 metros cuadrados, el conjunto reúne 1.040 unidades habitacionales de diferentes dimensiones, desde apartamentos de una habitación hasta penthouses de gran superficie. Estas unidades se distribuyen en treinta y un bloques de seis pisos, equivalentes en longitud, que se apilan y desplazan alrededor de ocho patios de escala urbana.

El proyecto fue encargado por CapitaLand Singapore y Hotel Properties Limited y desarrollado bajo la dirección de Scheeren mientras este era socio de OMA. Su finalización tuvo lugar en 2013, cuando la obra quedó vinculada al estudio propio de Scheeren, Büro Ole Scheeren (Scheeren, 2018). En 2014 recibió el primer Urban Habitat Award del Council on Tall Buildings and Urban Habitat y, en 2015, fue distinguido como World Building of the Year en el World Architecture Festival. Estos reconocimientos contribuyeron a situarlo en el debate internacional sobre densidad residencial y vivienda en contextos tropicales.

La escala territorial y el número de unidades permiten establecer desde el inicio las condiciones cuantitativas del proyecto. The Interlace concentra más de mil viviendas en una única operación residencial y, por tanto, enfrenta simultáneamente problemas de densidad, repetición, circulación, espacio colectivo y relación con el paisaje. La geometría surge de esa organización programática: los bloques no constituyen piezas autónomas, sino elementos de un sistema que redistribuye la masa edificada mediante desplazamientos, apoyos y vacíos. La cuestión central, por tanto, no reside únicamente en cómo alojar una determinada cantidad de unidades, sino en cómo esa concentración puede producir una estructura espacial legible a escala doméstica, colectiva y urbana.

De la célula repetible a la agregación espacial

La operación formal que estructura The Interlace parte de la repetición de un bloque prismático de seis niveles y de su desplazamiento en el espacio. Los volúmenes se superponen, se apoyan parcialmente entre sí y, al hacerlo, delimitan ocho patios de proporciones diversas. La continuidad histórica de esta operación requiere, sin embargo, una precisión. Una comparación directa con el sistema estructural Dom-ino que Le Corbusier patentó en 1914 podría sugerir una filiación formal inexistente. Ambos proyectos pertenecen, en realidad, a momentos distintos de una misma tradición disciplinar.

El Dom-ino no constituía un edificio acabado, sino un procedimiento basado en una estructura independiente: losas horizontales sostenidas por pilares que permitían organizar la distribución interior con relativa autonomía respecto del sistema portante. Este principio hizo posible concebir la unidad habitacional como un elemento repetible y combinable, susceptible de agregarse en serie sin quedar determinada por una configuración interior única (Le Corbusier, 1929-1934). De esta abstracción derivaron distintas formas de organización residencial: la célula repetible, el bloque como agregado de células y las operaciones de agrupamiento desarrolladas por el urbanismo funcionalista de entreguerras. The Interlace prolonga esa lógica hasta una condición tridimensional en la que la repetición deja de producir únicamente una serie horizontal o vertical y pasa a construir una estructura espacial compleja.

Los Immeubles-Villas desarrollados por Le Corbusier constituyen otro antecedente relevante. Su organización agrupaba unidades residenciales en torno a jardines colectivos y vinculaba la densificación con la liberación de suelo, la ventilación y la reorganización de las circulaciones urbanas. The Interlace recupera el principio de agregación, pero modifica sustancialmente la relación entre masa edificada y vacío. El patio adquiere una función organizadora: no constituye el espacio residual producido por la disposición de los bloques, sino el vacío alrededor del cual se articula el conjunto. Al mismo tiempo, el bloque de seis niveles deja de operar como una pieza autónoma y se convierte en un componente tridimensional cuya posición determina nuevas relaciones entre cubiertas, terrazas, sombras y espacios colectivos.

Esta diferencia resulta significativa para comprender la genealogía del proyecto. En los conjuntos de bloque abierto de la primera mitad del siglo XX, las piezas edificadas podían conservar una autonomía formal considerable aun cuando participaran de una composición urbana común. En The Interlace, en cambio, la relación entre las piezas constituye el principio organizador. El apoyo parcial de un bloque sobre otro, la continuidad de las superficies ajardinadas y la proyección de las sombras sobre los patios producen una dependencia espacial y constructiva que transforma la repetición en un sistema de relaciones. La continuidad histórica no reside, por tanto, en la semejanza entre formas específicas, sino en la persistencia de una operación disciplinar: producir diversidad espacial mediante la combinación de elementos relativamente idénticos. Lo que cambia entre el Dom-ino, los conjuntos residenciales modernos y The Interlace es la complejidad espacial alcanzada por esa operación.

Ole Scheeren, The Interlace ©Iwan Baan
Ole Scheeren, The Interlace ©Iwan Baan

Sección y topografía: apilamiento, desplazamiento y soporte

Si la genealogía combinatoria permite situar The Interlace dentro de una historia tipológica, es la sección la que permite comprender con mayor precisión su funcionamiento arquitectónico. Una lectura basada exclusivamente en la planta tiende a reducir el proyecto a una configuración de bloques dispuestos según relaciones geométricas regulares. Sin embargo, la operación generativa es tridimensional. Los prismas rectangulares se desplazan en distintas direcciones y se apilan alrededor de vacíos colectivos, de modo que la geometría reconocible en planta constituye la proyección de una organización espacial cuya lógica se define principalmente en el corte.

Cada bloque se apoya parcialmente sobre los elementos situados debajo. Esta condición produce voladizos que extienden la masa edificada sobre los patios y permiten establecer relaciones verticales entre las distintas capas del conjunto. Las cubiertas de los bloques inferiores adquieren así una condición intermedia entre cubierta y suelo: algunas funcionan como superficies ajardinadas y terrazas vinculadas a las viviendas situadas en los niveles superiores. La sección deja de representar únicamente la distribución de plantas y pasa a organizar una secuencia de superficies habitables a diferentes cotas.

El resultado es una sección escalonada cuya altura varía según la posición de los bloques. Los puntos más elevados alcanzan el equivalente a veinticuatro niveles, mientras otras zonas permanecen próximas a la escala de los bloques de seis pisos. Esta variación produce una topografía construida en la que la percepción de altura depende tanto de la posición del observador como de la relación entre masa, vacío y vegetación. La condición vertical del conjunto, por ello, no se manifiesta como una extrusión continua, característica de la torre, sino como una sucesión de planos habitables superpuestos y desplazados.

La complejidad de esta sección también tiene consecuencias constructivas y ambientales. La superposición de bloques exige resolver con precisión la transferencia de cargas, los encuentros entre voladizos, la impermeabilización, el drenaje y la incorporación de sustratos vegetales sobre las superficies superiores. En un contexto de clima ecuatorial, la gestión del agua de lluvia y la protección solar forman parte de las condiciones que afectan directamente a la configuración de estas capas. La sección articula así dimensiones estructurales, espaciales y climáticas que en una torre convencional suelen resolverse mediante una organización vertical más homogénea.

La operación de densificación cambia, en consecuencia, de naturaleza. La torre concentra las plantas sobre una huella relativamente estable y multiplica la superficie habitable mediante la repetición vertical. The Interlace distribuye esa densidad mediante la multiplicación de superficies de apoyo a distintas alturas: cada bloque introduce una nueva cota de suelo, cubierta o terraza dentro del sistema. La densidad se construye entonces mediante la superposición de fragmentos horizontales y no mediante la simple prolongación de una planta hacia arriba. Es esta condición seccional la que permite comprender el proyecto como una topografía residencial artificial y, al mismo tiempo, como una reformulación del bloque habitacional dentro de una estructura de alta densidad.

Transformación tipológica: de la torre a la agregación residencial

Si la lectura seccional permite explicar cómo se genera la forma, el análisis tipológico permite determinar qué posición ocupa The Interlace dentro de la evolución de la vivienda colectiva en Singapur. Desde la década de 1960, la torre exenta de planta compacta se consolidó como uno de los modelos predominantes, tanto en la vivienda pública administrada por el Housing and Development Board como en una parte significativa de la promoción privada. Su reproducción seriada en las llamadas towns satélite produjo un paisaje compuesto por prismas verticales relativamente autónomos, eficiente en términos de ocupación del suelo y gestión, pero caracterizado con frecuencia por una relación débil entre las unidades habitacionales, los espacios intermedios y el nivel del terreno (Chua, 1997). The Interlace modifica esta organización al sustituir la concentración vertical de piezas independientes por un sistema continuo de bloques vinculados mediante patios, terrazas y recorridos colectivos. Scheeren lo describe como una red horizontal de espacios destinados a la vida cotidiana y al encuentro (Scheeren, 2018).

La transformación tipológica puede formularse con mayor precisión a partir de la relación entre altura, densidad y percepción espacial. Cada bloque conserva una altura de seis pisos, mientras la agregación tridimensional permite que el conjunto alcance una densidad comparable a la de edificaciones considerablemente más altas. El procedimiento mantiene una unidad residencial reconocible a escala del bloque y, simultáneamente, incrementa la superficie construida mediante la superposición de piezas. Para el habitante, la percepción de la altura queda mediada por esta fragmentación: la vivienda pertenece a un bloque de seis niveles, aunque ese bloque forme parte de una estructura cuya cota máxima alcanza el equivalente a veinticuatro pisos.

Esta operación introduce una separación entre densidad edificatoria y percepción de la escala. La investigación sobre vivienda en altura en Singapur ha señalado que la relación entre la densidad de la unidad doméstica y la densidad del entorno residencial incide en la calidad de vida percibida por los habitantes (Appold y Yuen, 2007). En The Interlace, ambas dimensiones se articulan mediante una configuración que concentra un número elevado de viviendas sin trasladar esa concentración a una única masa vertical. La tipología funciona, por tanto, como un mecanismo de redistribución de la densidad: la superficie construida aumenta, pero la altura de la unidad edificada que el habitante reconoce como propia permanece relativamente contenida.

La denominación de “aldea vertical”, empleada por Scheeren y retomada por parte de la crítica, requiere una distinción entre representación formal y estructura efectiva de relaciones vecinales. Una aldea, entendida como organización espacial, no depende únicamente de la escala de sus edificios ni de la existencia de espacios compartidos. También requiere una red de recorridos reconocibles, umbrales entre ámbitos públicos y privados, espacios intermedios de permanencia y lugares de encuentro con distintos grados de centralidad. The Interlace incorpora algunos de estos componentes. Los patios adquieren funciones próximas a las de plazas interiores y las terrazas ajardinadas producen transiciones entre las viviendas y los espacios colectivos. La circulación, sin embargo, presenta una condición diferente: buena parte de los desplazamientos entre bloques depende de núcleos verticales de acceso controlado, mientras que los recorridos peatonales continuos no constituyen una trama pública equivalente a la de una aldea convencional.

Esta diferencia resulta relevante porque la forma arquitectónica no determina por sí sola la intensidad de las relaciones vecinales. Los estudios sobre la vida cotidiana en viviendas en altura han mostrado que estas relaciones también dependen de la composición social del conjunto, las formas de administración del condominio y los patrones culturales de utilización de los espacios compartidos (Nethercote y Horne, 2016). The Interlace construye una configuración espacial que favorece determinadas formas de proximidad, encuentro y visibilidad entre residentes, pero la existencia efectiva de una comunidad no puede deducirse exclusivamente de esa configuración. La “aldea vertical” funciona con mayor precisión como descripción de una organización espacial que como equivalencia literal de una estructura social.

Regionalismo crítico: clima, tectónica y cultura local

The Interlace debe analizarse también desde su condición tropical. Singapur se encuentra aproximadamente a un grado de latitud del ecuador, en un contexto caracterizado por temperaturas elevadas, alta humedad, lluvias intensas y una incidencia solar relativamente constante. Estas condiciones afectan directamente a la arquitectura residencial: la protección solar, la ventilación, el drenaje y la presencia de vegetación adquieren una importancia estructural en la configuración del espacio exterior y en sus condiciones de uso.

El concepto de regionalismo crítico desarrollado por Kenneth Frampton proporciona un marco útil para examinar esta dimensión, siempre que se evite reducirlo a una respuesta climática. Para Frampton, la arquitectura regionalista contemporánea articula las condiciones ambientales con la tectónica, la topografía, la memoria cultural y una posición crítica frente a la homogeneización tecnológica de la arquitectura (Frampton, 1983, 2007). Desde esta perspectiva, la adaptación climática constituye solo uno de los componentes de una arquitectura vinculada al lugar.

The Interlace presenta una respuesta específica a las condiciones ambientales de Singapur. La separación entre bloques, su disposición escalonada y la orientación de los patios fueron definidas, según la documentación del proyecto, mediante el estudio de las condiciones de asoleamiento, viento y microclima del emplazamiento (Scheeren, 2018). Esta afirmación corresponde a los criterios de diseño declarados por el propio proyecto; su contraste con mediciones de desempeño posteriores a la ocupación requeriría un análisis ambiental independiente. La distinción resulta importante, especialmente cuando se atribuyen cualidades de ventilación o confort a una configuración arquitectónica a partir de sus intenciones de diseño.

Los balcones y terrazas ajardinadas desempeñan, además, funciones ambientales concretas. Su disposición escalonada genera superficies capaces de proporcionar sombra a niveles inferiores y permite incorporar vegetación en distintas cotas de la sección. La vegetación participa así de la definición espacial del conjunto y de su relación con el clima. Su presencia no constituye únicamente un recurso visual: modifica las condiciones de exposición solar y contribuye a establecer una transición gradual entre las superficies construidas y el paisaje.

Sin embargo, la adaptación climática no agota los principios del regionalismo crítico. La literatura especializada ha señalado que la aplicación de este concepto a edificios residenciales de gran altura presenta dificultades particulares, dado que las formulaciones iniciales de Frampton se desarrollaron principalmente a partir de obras de escala doméstica e institucional intermedia (Zahiri, Dezhdar y Foroutan, 2017). The Interlace permite observar esa tensión con claridad. Su respuesta ambiental está integrada en la organización volumétrica y seccional del proyecto, pero su dimensión tectónica y cultural mantiene una relación menos directa con las tradiciones constructivas de Singapur.

El vínculo con el shophouse colonial, el kampung y las primeras formas de vivienda pública desarrolladas por el Housing and Development Board no constituye una referencia formal dominante. El lenguaje del conjunto procede, en mayor medida, de un repertorio internacional de arquitectura contemporánea y de las operaciones geométricas propias de la oficina de Scheeren. Por ello, su regionalismo opera de manera selectiva: el clima y la vegetación participan activamente en la configuración arquitectónica, mientras que la memoria constructiva y la cultura material local tienen una presencia menos explícita. The Interlace puede entenderse, en consecuencia, como una obra cuya relación con el lugar se construye principalmente mediante condiciones ambientales y espaciales, antes que mediante la continuidad directa con una tradición tectónica singapurense.

Magnitud, programa y orientación espacial del conjunto

Un cuarto nivel de análisis, de carácter programático, permite situar The Interlace dentro de la reflexión desarrollada por OMA sobre la relación entre magnitud y organización arquitectónica. Rem Koolhaas ha planteado que, a partir de determinada escala, un edificio deja de estar gobernado por una única decisión compositiva y que el programa adquiere una autonomía creciente respecto de la coherencia formal de su envolvente (Koolhaas y Mau, 1995). En The Interlace, la cuestión no consiste simplemente en determinar si el conjunto es grande, sino en examinar cómo una organización de 1.040 unidades mantiene condiciones de orientación, identificación y reconocimiento espacial.

Scheeren aborda esta cuestión mediante una estructura jerárquica de espacios colectivos. Los ocho patios centrales organizan distintos sectores del conjunto y concentran recorridos, vegetación y superficies de agua. Según la explicación del propio arquitecto, estos espacios funcionan como referencias de orientación y como ámbitos de encuentro, hasta el punto de que la identificación cotidiana del residente puede establecerse con el patio y el sector antes que con el bloque específico que contiene su vivienda (Scheeren, 2018). La jerarquía espacial resulta, por tanto, relativamente clara: el patio constituye la principal unidad de reconocimiento colectivo, mientras el bloque opera como unidad edificatoria y residencial.

Esta organización intermedia permite absorber parte de la magnitud del desarrollo sin fragmentarlo en edificios autónomos. Los patios introducen intervalos espaciales entre los bloques y proporcionan referencias estables dentro de una composición que, observada en su totalidad, presenta una considerable complejidad geométrica. El proyecto transforma así una cantidad elevada de unidades residenciales en una secuencia de ámbitos reconocibles, donde la experiencia del conjunto se produce por aproximaciones sucesivas y no por una percepción simultánea de su totalidad.

También resulta pertinente considerar las observaciones de Koolhaas sobre la capacidad de determinados contextos urbanos no occidentales para admitir prototipos y escalas de intervención difíciles de trasladar a ciudades europeas o norteamericanas. Aplicada a Singapur, esta consideración permite identificar algunas de las condiciones que hacen posible The Interlace: una parcela de aproximadamente ocho hectáreas, una elevada aceptación de la vivienda colectiva en altura, un marco regulatorio capaz de admitir configuraciones morfológicas complejas y un mercado residencial dispuesto a absorber un desarrollo de esta escala. Su replicabilidad, por tanto, depende tanto de la organización arquitectónica como de las condiciones urbanas, económicas y regulatorias que la sostienen.

Propiedad, acceso y condiciones de la vida colectiva

El análisis de una obra de vivienda masiva requiere considerar las condiciones económicas y jurídicas que determinan su producción y utilización. The Interlace fue promovido por CapitaLand Singapore y Hotel Properties Limited sobre un terreno obtenido mediante la venta colectiva del antiguo conjunto Gillman Heights. Se trata, por tanto, de un desarrollo residencial privado y no de un conjunto de vivienda pública administrado por el Housing and Development Board.

La distinción adquiere especial relevancia en el contexto singapurense. La vivienda pública ha desempeñado históricamente un papel central en las políticas estatales de planificación residencial e integración social, mientras que la expansión de los condominios privados ha introducido formas de ocupación y gestión diferenciadas dentro del tejido urbano. Pow ha documentado cómo la condominización del paisaje habitacional singapurense se relaciona con sistemas de control de acceso y administración privada de los espacios comunes, en contraste con los principios de acceso y composición social asociados a la vivienda pública (Chua, 1997; Pow, 2009).

Esta condición modifica el alcance de la idea de comunidad presente en el discurso de Scheeren. Los patios, jardines y terrazas son espacios compartidos en términos arquitectónicos, pero pertenecen a un desarrollo sometido a un régimen condominial. Su utilización queda vinculada, por tanto, a quienes poseen o arriendan una vivienda dentro del conjunto y a las reglas que regulan sus áreas comunes. La arquitectura puede producir proximidad espacial, lugares de encuentro y recorridos compartidos; no puede, por sí sola, convertir esos espacios en bienes de acceso público ni determinar las relaciones sociales que allí se desarrollan.

La comparación con Pinnacle@Duxton resulta especialmente significativa porque ambos proyectos, pese a responder a regímenes de propiedad diferentes, exploran la conectividad horizontal y la incorporación de espacios colectivos en altura como alternativas al modelo convencional de torre aislada (Lehmann, 2016). Pinnacle@Duxton pertenece al sistema de vivienda pública del Housing and Development Board, mientras The Interlace se inscribe en el mercado residencial privado. Las similitudes formales adquieren así un significado diferente en cada caso: una misma preocupación por la conectividad y el espacio colectivo puede responder a estructuras institucionales, económicas y sociales distintas.

La comparación también permite precisar los límites de una posible generalización de The Interlace. Sus soluciones espaciales dependen de un régimen de propiedad específico, de una escala de parcela determinada y de condiciones regulatorias que no son universalmente disponibles. La arquitectura residencial no puede analizarse únicamente desde la forma construida, porque las relaciones de propiedad y acceso intervienen directamente en la definición de quién puede utilizar el espacio colectivo y bajo qué condiciones.

Tensiones entre repetición, densidad, comunidad y clima

La articulación de los análisis anteriores permite identificar cuatro tensiones que atraviesan The Interlace. No se trata necesariamente de fallas del proyecto, sino de relaciones que permanecen abiertas y que permiten evaluar con mayor precisión el alcance de sus operaciones arquitectónicas.

Repetición tipológica y diversidad espacial. El conjunto parte de un único bloque prismático repetido treinta y una veces, pero la disposición relativa de esas piezas produce una configuración espacial que difícilmente puede percibirse como una repetición convencional. La variación procede de la posición de cada bloque dentro del sistema, no de modificaciones del tipo. La diferencia aparece, por tanto, como resultado de la agregación y no de la individualización de las unidades.

Densidad edificatoria y escala perceptiva. El proyecto concentra 1.040 unidades sobre aproximadamente ocho hectáreas y alcanza una altura equivalente a veinticuatro niveles en sus puntos máximos. Sin embargo, cada bloque conserva seis pisos y mantiene una escala perceptiva relativamente próxima a la del edificio residencial convencional. La operación separa así dos magnitudes que suelen coincidir en la vivienda en altura: la densidad urbana aumenta mientras la unidad edificatoria mantiene una altura moderada. La baja percepción de escala convive, en consecuencia, con una elevada concentración residencial.

Espacio colectivo y régimen de propiedad. Los patios, jardines y terrazas construyen espacios colectivos desde el punto de vista espacial, pero permanecen inscritos en un régimen de propiedad privada. La proximidad entre residentes y la disponibilidad de lugares de encuentro son condiciones arquitectónicas verificables; el carácter de comunidad constituye, en cambio, una condición social y jurídica más compleja. El proyecto favorece determinadas formas de interacción, pero su estructura condominial establece los límites de acceso y pertenencia.

Adaptación climática y continuidad cultural. The Interlace incorpora las condiciones ambientales del trópico en su volumetría, orientación, sección, vegetación y protección solar. La relación con la cultura constructiva local es menos explícita. La obra responde con mayor intensidad al clima como condición física que a las tradiciones tectónicas y materiales de Singapur. Esta diferencia delimita el alcance de su regionalismo crítico: la adaptación ambiental forma parte constitutiva de la arquitectura, mientras la continuidad cultural permanece en un segundo plano.

Alcances y límites de la transformación tipológica

Examinado a través de las cinco dimensiones desarrolladas, The Interlace puede entenderse como una transformación del bloque residencial antes que como su sustitución. El proyecto conserva la lógica de repetición propia de la vivienda colectiva moderna, pero modifica las relaciones entre sus unidades mediante el desplazamiento, el apilamiento y la incorporación sistemática de vacíos colectivos. Su aporte más consistente se encuentra, por tanto, en el plano espacial y tipológico: la sección se convierte en el principal instrumento para redistribuir la densidad y separar la magnitud del conjunto de la escala perceptiva del bloque habitacional.

Esta operación adquiere relevancia porque modifica una relación tradicional de la vivienda en altura. En la torre exenta, el incremento de densidad suele coincidir con el aumento de la altura y con la concentración de las circulaciones y servicios en una estructura vertical. The Interlace introduce una condición distinta: mantiene bloques de seis niveles y utiliza su agregación tridimensional para alcanzar una densidad elevada sin concentrar toda la masa edificada en una única pieza vertical. La complejidad formal deriva de esta organización y no constituye un fin autónomo.

El análisis también muestra los límites de esta operación. La estructura espacial del conjunto favorece la proximidad entre residentes mediante patios, terrazas y recorridos compartidos, pero esos espacios se encuentran inscritos en un régimen de propiedad privada. La arquitectura construye las condiciones físicas para determinadas formas de convivencia, mientras que el acceso, la administración y las modalidades efectivas de apropiación dependen de estructuras jurídicas y económicas externas al diseño. La tensión entre comunidad espacial y propiedad privada constituye, en este sentido, una de las condiciones centrales para evaluar el proyecto.

The Interlace resulta relevante para la cultura arquitectónica contemporánea menos como un modelo formal susceptible de reproducción literal que como una demostración de que la vivienda colectiva de alta densidad todavía puede constituir un campo de investigación tipológica. Su configuración depende de condiciones específicas de suelo, mercado, regulación y cultura residencial que dificultan su traslado directo a otros contextos. Sin embargo, la operación disciplinar que plantea sí puede ser objeto de discusión: la posibilidad de alcanzar densidades metropolitanas mediante sistemas de agregación que preserven una escala intermedia, diversifiquen las relaciones entre vivienda y espacio colectivo e integren las condiciones climáticas del territorio.

La cuestión que permanece abierta se sitúa entonces en la relación entre forma arquitectónica y régimen de producción. Si una organización espacial de esta complejidad puede producir una experiencia residencial distinta dentro del mercado privado, cabe preguntarse qué transformaciones experimentaría al trasladarse a programas de vivienda pública, cooperativa o accesible. El interés de The Interlace no reside en ofrecer una respuesta definitiva a esa pregunta, sino en hacer visible una posibilidad: que la densidad residencial pueda pensarse simultáneamente como problema tipológico, espacial y social, y que la innovación de la vivienda colectiva dependa tanto de la configuración del edificio como de las condiciones que determinan quién puede habitarlo.

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Olé Scheeren The Interlace:

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1255

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