La continuidad metodológica en la obra de Rem Koolhaas

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2020, n.º 12

Resumen

El artículo examina la aparente contradicción que atraviesa la obra de Rem Koolhaas y sostiene que su coherencia no reside en un lenguaje formal reconocible, sino en un procedimiento proyectual del cual el programa y el diagrama son los dos instrumentos operativos principales, no sus categorías equivalentes: es el procedimiento —la operación constante de traducir relaciones programáticas en esquemas diagramáticos— el que sostiene la continuidad de la obra, mientras que programa y diagrama son las herramientas mediante las cuales esa operación se ejecuta en cada encargo. El problema que orienta el estudio puede formularse así: si la crítica coincide en que la producción de OMA carece de un vocabulario formal estable, ¿dónde reside entonces su unidad, si es que existe alguna? El artículo responde a esta pregunta mediante un análisis comparativo de casos —la Très Grande Bibliothèque de París (1989), la Biblioteca Pública de Seattle (1999-2004) y el Axel Springer Campus de Berlín (2016-2020)—, examinados a la luz de categorías teóricas provenientes de Ingrid Böck, Jeffrey Kipnis, Anthony Vidler y Pier Vittorio Aureli, entre otros. El objetivo específico es doble: primero, mostrar que un mismo punto de partida volumétrico —la masa compacta que aloja un programa heterogéneo— da lugar en cada caso a una lógica interna distinta; segundo, argumentar que el Axel Springer Campus no repite sino que recombina de manera original los procedimientos ensayados en los dos proyectos de biblioteca, lo cual constituye la evidencia más sólida de que la persistencia metodológica de Koolhaas no se traduce nunca en la repetición de un esquema formal. El texto concluye que Koolhaas concibe el programa como un campo dinámico de relaciones antes que como una distribución funcional predeterminada, incorporando herramientas provenientes de la sociología, los medios de comunicación y la cultura digital, y que esta perspectiva explica la continuidad intelectual de su producción sin recurrir a categorías estilísticas convencionales.

Palabras clave: Rem Koolhaas, OMA, programa arquitectónico, diagrama arquitectónico, teoría de la arquitectura.

La coherencia metodológica tras las contradicciones de Koolhaas

La producción teórica y proyectual de Rem Koolhaas ha resistido de manera sistemática los intentos de reducirla a una matriz estilística unívoca. La historiografía ha oscilado entre su inscripción en genealogías específicas —como el estructuralismo holandés, el posmodernismo semiótico o el neoconstructivismo formal— y su interpretación como una trayectoria desvinculada de cualquier tradición disciplinar. Sin embargo, la crítica especializada ha convergido progresivamente en una lectura que reconoce el carácter contradictorio de su producción. Ingrid Böck observa que existe un amplio consenso en considerar que la obra y el pensamiento de Koolhaas constituyen una trama de contradicciones o, al menos, de paradojas. Esta condición no representa un obstáculo para el análisis, sino su punto de partida. La coherencia de su arquitectura, si puede identificarse, no depende de la reiteración de un lenguaje formal reconocible, sino de la persistencia de determinados procedimientos proyectuales.

Jeffrey Kipnis advirtió tempranamente la insuficiencia de los marcos críticos convencionales para interpretar la producción de la Office for Metropolitan Architecture. Según el autor, las lecturas de los proyectos de OMA suelen oscilar entre la celebración de su ingenio, el reconocimiento de una renovada atención hacia la ciudad y las responsabilidades sociales, la identificación de un retorno neomoderno o, por el contrario, la crítica a esa misma orientación; también incluyen objeciones a sus diagramas esquemáticos, próximos al dibujo animado, y a una construcción deliberadamente austera. Ninguna de estas interpretaciones explica por qué la arquitectura de Koolhaas se ha convertido en una de las más debatidas e influyentes de su tiempo (Kipnis 1996, 26). Kipnis propone, en cambio, desplazar el análisis desde la forma hacia los efectos que los proyectos producen. La valoración crítica depende menos de su adecuación a categorías disciplinares preestablecidas que de la capacidad de cada proyecto para organizar determinadas experiencias espaciales y programáticas.

Esta perspectiva plantea un problema historiográfico que Böck formula de manera explícita al preguntarse si es posible identificar ideas conceptuales que permanezcan constantes a lo largo del tiempo, comprender cómo se transforman en contextos distintos y precisar la función del arquitecto en la construcción de una relación entre referencia y originalidad (Böck 2015, 10). La cuestión remite a la noción foucaultiana de «función de autor», según la cual la unidad de una obra no reside necesariamente en la identidad de quien la produce, sino en el conjunto de reglas que permiten reconocer determinados enunciados como pertenecientes a un mismo campo discursivo (Foucault 1999, 329-360). Trasladada al ámbito arquitectónico, esta perspectiva orienta el análisis hacia la permanencia de un método de proyecto basado en la articulación entre programa, organización espacial y condiciones contemporáneas de producción cultural, antes que hacia la repetición de soluciones formales.

El proyecto para el Axel Springer Campus, desarrollado entre 2016 y 2020 para el complejo editorial berlinés, constituye un caso particularmente adecuado para examinar esta hipótesis, ya que aplica un procedimiento proyectual consolidado a un programa y a un contexto tecnológico sustancialmente distintos de aquellos que caracterizaron las obras con las que OMA consolidó su reconocimiento disciplinar durante la década de 1990.

Conviene precisar la relación entre los dos conceptos que estructuran este estudio. El programa, entendido como un campo de relaciones potenciales, y el diagrama, concebido como un dispositivo de abstracción que media entre esas relaciones y la configuración espacial, no constituyen categorías equivalentes ni autónomas. Ambos operan como instrumentos de un procedimiento proyectual más amplio, consistente en interpretar un encargo desde sus relaciones funcionales, sociales y espaciales, para traducir esa lectura en una organización arquitectónica específica. El objeto de este artículo es, por tanto, ese procedimiento y no cada uno de sus instrumentos por separado. Desde esta perspectiva, resulta posible comprender por qué recursos desarrollados para un determinado encargo reaparecen, transformados, en proyectos de naturaleza diferente. En consecuencia, el análisis adopta un enfoque comparativo y examina tres proyectos que comparten una misma condición inicial —la masa compacta— con el propósito de mostrar cómo un procedimiento constante produce configuraciones espaciales diferenciadas en función de las exigencias particulares de cada programa.

Rem Koolhaas OMA, Axel Springer Campus
Rem Koolhaas OMA, Axel Springer Campus

El programa arquitectónico como principio organizador del proyecto

El rasgo más constante de la práctica proyectual de OMA reside en la centralidad que adquiere la organización programática como principio de proyecto. Koolhaas no entiende el programa como un conjunto de requerimientos funcionales que deban resolverse mediante una distribución eficiente de usos, sino como un campo de relaciones potenciales susceptible de ser configurado arquitectónicamente. La elaboración de esas relaciones constituye una operación proyectual con el mismo grado de complejidad que la definición formal. Antes de establecer una configuración espacial, sus proyectos organizan vínculos entre las distintas partes del programa y fijan criterios de interacción que orientan el desarrollo posterior. La forma resulta de la traducción espacial de esas relaciones y no de la aplicación de un lenguaje arquitectónico predefinido. Esta lógica explica la reaparición de determinados esquemas conceptuales en encargos de naturaleza diversa: no se trata de una reiteración formal, sino de la adaptación de procedimientos proyectuales previamente desarrollados a nuevas condiciones programáticas.

La historiografía de la arquitectura contemporánea ha identificado el diagrama como uno de los instrumentos fundamentales de este procedimiento. Anthony Vidler sostiene que, desde finales del siglo XX, el diagrama opera como un dispositivo de abstracción capaz de mediar entre la información programática y la configuración arquitectónica sin confundirse con ninguna de ellas (Vidler 2000, 3-8). Su función consiste en representar una estructura de relaciones susceptible de materializarse mediante soluciones espaciales distintas. Esta definición resulta especialmente pertinente para comprender el método de Koolhaas, cuya producción privilegia de manera sistemática la organización relacional sobre la forma final. En el Axel Springer Campus este principio se manifiesta desde la formulación del encargo: el programa asigna un 75 % de la superficie a espacios de trabajo formal y un 25 % a ámbitos de actividad informal. Esta proporción trasciende su dimensión cuantitativa y define la relación entre dos formas de producción del conocimiento: el trabajo individual, asociado a la oficina convencional, y las dinámicas colectivas de intercambio e interacción. El proyecto desarrolla esa tensión mediante una organización espacial capaz de articular ambos regímenes dentro de una estructura unitaria.

R. E. Somol y Sarah Whiting ofrecen una interpretación complementaria al identificar en la arquitectura del denominado «proyecto», en oposición al «crítico», una orientación pragmática centrada en el rendimiento, los efectos y las condiciones operativas del edificio, antes que en la resistencia formal frente a la cultura de masas (Somol y Whiting 2002, 72-74). Esta lectura permite situar la posición de Koolhaas respecto a las transformaciones contemporáneas del capitalismo, el consumo y la cultura mediática. Sus proyectos no plantean una oposición explícita a estos procesos, sino que los incorporan como condiciones de partida del proyecto arquitectónico. Como señala Kipnis, la arquitectura de Koolhaas evita formular una noción universal de libertad porque entiende que únicamente puede producir formas de libertad contingentes y vinculadas a situaciones específicas (Kipnis 1996, 28). La libertad deja así de entenderse como un atributo formal para convertirse en un efecto de la organización programática. En el Axel Springer Campus esta condición adquiere una dimensión precisa: la configuración espacial responde a la fragmentación de la atención provocada por el trabajo mediado por pantallas individuales y propone ámbitos de encuentro capaces de reconstruir formas de interacción colectiva que habían caracterizado a la redacción analógica.

Dos interpretaciones del volumen compacto: París y Seattle

La comparación entre dos de los proyectos más estudiados de Rem Koolhaas —la Très Grande Bibliothèque de París (1989) y la Biblioteca Pública de Seattle (1999-2004)— permite examinar cómo un mismo punto de partida volumétrico produce organizaciones espaciales profundamente distintas. Ambos proyectos parten de un volumen compacto que concentra el programa en un único cuerpo edificado y prescinde de la fragmentación en pabellones independientes. Sin embargo, la organización interna de esa masa responde a lógicas diferentes. Esta divergencia refuerza la hipótesis de que la continuidad en la obra de Koolhaas no reside en la repetición de soluciones formales, sino en la aplicación de un procedimiento proyectual capaz de generar configuraciones específicas según las condiciones de cada encargo.

Rem Koolhaas OMA, Très Grande Bibliothèque
Rem Koolhaas OMA, Très Grande Bibliothèque

En la Très Grande Bibliothèque, el volumen exterior funciona como un contenedor relativamente homogéneo cuya envolvente translúcida alberga una serie de cuerpos programáticos autónomos. Las salas de lectura, los auditorios, los depósitos y las áreas administrativas se configuran como volúmenes independientes suspendidos en el interior de la masa edificada, visibles parcialmente a través de la fachada. Koolhaas describe este procedimiento en S,M,L,XL, donde la biblioteca se concibe como un sólido al que se sustraen espacios específicos, generando un campo continuo de circulación entre ellos (Koolhaas y Mau 1995, 602-641). El edificio se presenta como un volumen unitario que contiene una composición espacial heterogénea, perceptible de forma selectiva mediante su envolvente.

La Biblioteca Pública de Seattle desarrolla un principio distinto. El programa no se organiza mediante cuerpos autónomos, sino a través de una secuencia de plataformas superpuestas que agrupan funciones específicas, entre ellas la espiral continua de libros, las salas de lectura, los espacios administrativos y el auditorio. Cada nivel se desplaza horizontalmente en función de sus requerimientos funcionales, dimensionales y de su relación con el contexto urbano. Estos desplazamientos modifican directamente la geometría del edificio y producen una envolvente facetada que expresa la organización interna de las plataformas. La fachada deja de actuar como un límite homogéneo para convertirse en la consecuencia directa de la configuración espacial. Gargiani señala que, en la Biblioteca de Seattle, la relación entre estructura, programa y superficie exterior alcanza un elevado grado de integración, hasta el punto de que la envolvente funciona como un diagrama de la organización interna del edificio y no como un elemento independiente de ella (Gargiani 2008, 250-270).

Koolhaas, Biblioteca Pública de Seattle vista desde la calle
Rem Koolhaas OMA, Biblioteca Pública de Seattle

El Axel Springer Campus y la reformulación del método proyectual

El Axel Springer Campus amplía esta comparación al introducir una tercera respuesta a un mismo problema proyectual: organizar un programa heterogéneo dentro de una masa edificada unitaria. El edificio adopta un volumen de treinta metros de altura cuya planta reproduce el perímetro irregular de la parcela, una decisión comparable a la de la Très Grande Bibliothèque, donde la geometría exterior también deriva de las condiciones del solar y no de una figura autónoma. Sin embargo, la organización espacial responde a un principio distinto. Mientras la biblioteca parisina estructura su interior mediante la sustracción de cuerpos programáticos contenidos en un volumen homogéneo, el campus berlinés se organiza a partir de una incisión diagonal que atraviesa el edificio y conecta las nuevas instalaciones con las construcciones preexistentes del complejo editorial. Este vacío constituye el elemento ordenador del proyecto. A ambos lados se desarrollan plataformas abiertas que ascienden de manera escalonada hacia el perímetro, configurando una secuencia espacial cuya lógica recuerda el desplazamiento progresivo de las plantas de la Biblioteca Pública de Seattle. La diferencia reside en que, en este caso, el movimiento se articula en torno a un eje diagonal y adquiere una configuración tridimensional de carácter radial.

La organización del Axel Springer Campus reúne procedimientos que, en los dos proyectos de biblioteca, permanecían diferenciados. De la Très Grande Bibliothèque recupera la función estructurante del vacío, concebido como el elemento que articula las relaciones entre las distintas áreas del programa. El pasaje diagonal desempeña un papel comparable al espacio continuo de circulación de la biblioteca parisina al permitir una percepción simultánea de la actividad desarrollada en el edificio. Koolhaas describe este espacio como un valle destinado a crear un escenario informal en el centro del conjunto, capaz de favorecer la transmisión de ideas entre diferentes áreas de la empresa. La circulación adquiere así un papel activo en la organización del programa y deja de entenderse como un espacio exclusivamente distributivo.

Al mismo tiempo, el proyecto incorpora un principio desarrollado en la Biblioteca Pública de Seattle: la correspondencia entre la organización espacial y la expresión de la envolvente. Las fachadas situadas en los extremos del recorrido diagonal se abren mediante amplios planos acristalados que revelan la complejidad del vacío central, mientras que el resto del perímetro, ocupado por los espacios de trabajo más estables, se reviste con una envolvente recorrida por montantes verticales dorados que se inclinan hacia la cubierta. La fachada registra, mediante tratamientos diferenciados, la organización programática del edificio y hace visible la distinción entre los ámbitos destinados al trabajo formal y aquellos concebidos para el intercambio informal. La envolvente deja de funcionar como un límite uniforme para convertirse en la manifestación de la estructura espacial que organiza el conjunto.

Esta convergencia de procedimientos no constituye una repetición ni una autocita. Böck advierte que Koolhaas reutiliza con frecuencia esquemas desarrollados en proyectos anteriores, adaptándolos a programas diferentes mediante la reformulación de sus relaciones internas y no mediante la reproducción de soluciones formales (Böck 2015, 12-15). La continuidad de su trabajo reside, por tanto, en la permanencia de ciertos principios organizativos. En el Axel Springer Campus, ese principio es el vacío como elemento estructurante de la vida colectiva, capaz de hacer visible, desde una única experiencia espacial, la actividad simultánea de los distintos usuarios del edificio.

La función atribuida a ese vacío responde, sin embargo, a un contexto diferente del que dio origen a las dos bibliotecas. Si en aquellos proyectos la organización espacial abordaba la clasificación del conocimiento impreso y las transformaciones derivadas de su digitalización, el campus editorial se enfrenta a las consecuencias espaciales de un entorno laboral marcado por la fragmentación de la atención y la individualización del trabajo frente a la pantalla. La arquitectura propone una organización que favorece el encuentro, la interacción visual y la circulación de información entre equipos. El vestíbulo de planta baja, concebido como una plaza cubierta para eventos y exposiciones, y el puente que atraviesa el edificio a gran altura, desde el cual es posible observar el funcionamiento cotidiano de la empresa, refuerzan esta condición. Ambos dispositivos convierten la actividad editorial en un proceso parcialmente visible y trasladan al ámbito corporativo un principio de transparencia programática que Koolhaas había explorado anteriormente en edificios de uso público.

Autonomía programática e hibridación disciplinar en OMA

La productividad de este método radica en su capacidad para prescindir de modelos tipológicos como punto de partida. Koolhaas no proyecta a partir de una idea previa de biblioteca, oficina o museo que deba adaptarse a un programa específico, sino que construye cada proyecto desde las relaciones particulares que el encargo hace posibles. La organización espacial resulta, por tanto, de la configuración de esas relaciones y no de la aplicación de un tipo arquitectónico preexistente. Esta posición coincide con la interpretación de Aureli sobre una de las derivaciones del proyecto moderno: la producción de artefactos cuya forma responde a una lógica interna antes que a la continuidad de un sistema urbano o tipológico heredado (Aureli 2011, 1-30). Aunque Aureli desarrolla esta lectura principalmente a partir de propuestas tempranas como City of the Captive Globe, su planteamiento resulta igualmente pertinente para comprender obras posteriores de OMA. El Axel Springer Campus constituye un ejemplo elocuente de esta continuidad. La coherencia del edificio no depende de su adscripción a la tradición de la arquitectura de oficinas, sino de la consistencia de las relaciones que organizan el programa, entre ellas la proporción entre espacios de trabajo formal e informal y el papel estructurante del pasaje diagonal.

La independencia respecto de los modelos tipológicos no implica un aislamiento disciplinar. Por el contrario, el método de Koolhaas incorpora herramientas analíticas y conceptuales procedentes de otros campos del conocimiento. La escritura ensayística, el montaje de fuentes heterogéneas, la cartografía, la estadística y el análisis de los medios de comunicación forman parte del proceso de proyecto con la misma relevancia que los instrumentos tradicionales de la disciplina. Esta condición queda explicitada en Content, donde OMA se presenta como una práctica inserta en los flujos contemporáneos de información y producción cultural (Koolhaas 2004). En una dirección similar, Beatriz Colomina sostiene que la arquitectura moderna debe entenderse como un sistema de representación estrechamente vinculado a la fotografía, la publicidad y la prensa, antes que como un campo disciplinar autónomo (Colomina 1994, 13-25). Esta perspectiva permite interpretar el Axel Springer Campus como una respuesta arquitectónica a la transformación del trabajo periodístico en el contexto de la digitalización. La organización espacial no deriva únicamente de requerimientos funcionales, sino de un diagnóstico sobre las nuevas formas de producción intelectual, caracterizadas por la fragmentación de la atención y la sustitución de la redacción colectiva por entornos de trabajo individualizados. La arquitectura interviene sobre esa condición mediante una disposición espacial orientada a favorecer la interacción, la visibilidad recíproca y el intercambio de conocimiento.

Charles Jencks situó este tipo de aproximaciones dentro del nuevo paradigma de la arquitectura contemporánea, definido por la incorporación de conceptos procedentes de la teoría de sistemas, la biología y las ciencias de la complejidad, así como por la creciente permeabilidad entre la arquitectura y otras disciplinas (Jencks 2002, 6-32). Aunque su interpretación no atribuye a Koolhaas una posición singular, sí permite inscribir la producción de OMA en un marco historiográfico más amplio, caracterizado por el desplazamiento del interés desde la autonomía formal del objeto arquitectónico hacia procesos, relaciones y formas de conocimiento externas a la tradición proyectual.

Coherencia metodológica, experimentación y riesgo proyectual

Reconocer la existencia de un método proyectual constante no implica atribuirle una eficacia uniforme. La trayectoria de OMA reúne proyectos de notable consistencia conceptual y espacial junto a otros cuya resolución ha suscitado objeciones críticas o ha permanecido parcialmente inconclusa. Esta diversidad no cuestiona la existencia de un procedimiento común; por el contrario, pone de manifiesto que su aplicación no conduce a resultados predeterminados. La práctica de Koolhaas se caracteriza por la disposición a reformular continuamente sus propios instrumentos de proyecto y a explorar configuraciones espaciales cuyo desenlace permanece abierto durante el proceso de diseño.

El Axel Springer Campus refleja esta condición en algunos aspectos de su resolución arquitectónica. Mientras el vacío diagonal constituye el elemento que articula de manera coherente la organización espacial, la estructura programática y la expresión de la envolvente, el tratamiento del bloque destinado a las oficinas formales presenta un grado menor de integración. La fachada recorrida por montantes verticales dorados introduce un registro compositivo cuya relación con el sistema general del edificio resulta menos convincente que la alcanzada en el sector vinculado al gran pasaje central. El proyecto evidencia así que la consistencia de un planteamiento conceptual no elimina las tensiones derivadas de su materialización arquitectónica.

Véronique Patteeuw sostiene que una de las principales dificultades para evaluar la producción de OMA reside precisamente en su disposición a incorporar el riesgo como parte del proceso de investigación proyectual y no como un defecto susceptible de corregirse una vez concluido el diseño (Patteeuw 2003, 9-21). François Chaslin documenta esta posición a partir de sus conversaciones con Koolhaas, quien manifiesta un marcado escepticismo hacia la arquitectura entendida como un ámbito de expresión personal y defiende, en cambio, una práctica sustentada en la acumulación y reformulación de conocimiento proyectual (Chaslin 2001, 34-56). Esta concepción permite comprender la recurrencia de ciertos principios organizativos en su obra. Como también señala la entrevista con Alejandro Zaera-Polo, la reutilización de esquemas desarrollados en proyectos anteriores responde a la capacidad de adaptar relaciones proyectuales ya ensayadas a contextos programáticos distintos y no a la reproducción de soluciones formales (Zaera-Polo 1996, 18-24).

La recepción crítica del método proyectual de Koolhaas

La historiografía reciente ha sustituido progresivamente las interpretaciones polarizadas de la obra de Koolhaas —oscilantes entre la celebración de su originalidad y la crítica a su aparente arbitrariedad formal— por análisis centrados en la lógica de su proceso proyectual. En su estudio sobre la producción de OMA, Gargiani sostiene que el origen de cada proyecto responde a una combinación de factores programáticos, condicionantes institucionales y referencias culturales que el arquitecto reelabora mediante una construcción conceptual de carácter personal (Gargiani 2008, 8-12). Esta interpretación coincide con el planteamiento desarrollado en este trabajo. La continuidad de la producción de Koolhaas no depende de la permanencia de un repertorio formal, sino de un procedimiento capaz de transformar datos programáticos, referencias culturales y condiciones específicas del encargo en configuraciones espaciales diferenciadas.

La persistencia de este debate confirma que la búsqueda de un principio de coherencia en la obra de Koolhaas continúa siendo una cuestión abierta dentro de la historiografía arquitectónica. Sin embargo, las investigaciones más recientes coinciden en desplazar esa coherencia desde la forma hacia los procedimientos de proyecto. Böck identifica, entre los motivos que atraviesan su producción, la organización programática, el uso de la sección como instrumento de articulación espacial y la flexibilidad con la que cada proyecto interpreta sus propias condiciones de partida, en lugar de la reiteración de un lenguaje arquitectónico reconocible (Böck 2015, 320-340).

La comparación entre la Très Grande Bibliothèque, la Biblioteca Pública de Seattle y el Axel Springer Campus confirma esta interpretación. Los tres proyectos parten de una condición volumétrica semejante, pero desarrollan organizaciones espaciales distintas a partir de un mismo modo de operar sobre el programa. El edificio berlinés añade un aspecto relevante a esta secuencia: demuestra que la continuidad del trabajo de OMA no reside únicamente en la permanencia de determinados principios organizativos, sino también en su capacidad para reinterpretarlos y combinarlos en respuesta a contextos tecnológicos, institucionales y culturales diferentes. Esta capacidad de reformulación, más que la repetición de soluciones formales, constituye el principal elemento de continuidad en la producción proyectual de Rem Koolhaas.

Programa, diagrama y continuidad conceptual en la obra de Koolhaas

La obra de Koolhaas no presenta un hilo conductor formal identificable en la apariencia de sus edificios. Su continuidad reside en un modo de proyectar que entiende el programa como un campo de relaciones potenciales y no como un conjunto cerrado de requerimientos funcionales, incorporando de forma sistemática herramientas conceptuales procedentes de disciplinas como la sociología, los estudios de los medios, la cartografía o la teoría cultural. Este método no produce resultados homogéneos ni configura un repertorio formal reconocible. Genera, por el contrario, respuestas específicas que asumen la contingencia del proceso proyectual y la posibilidad de resultados desiguales como parte de la investigación arquitectónica.

La comparación entre la Très Grande Bibliothèque, la Biblioteca Pública de Seattle y el Axel Springer Campus confirma esta interpretación. Aunque los tres proyectos parten de una masa edificada compacta, cada uno desarrolla una organización espacial diferente en función de las relaciones programáticas que estructuran el encargo. El proyecto berlinés amplía esta secuencia al recombinar principios ensayados previamente —como el vacío organizador o la correspondencia entre la organización interior y la envolvente— para responder a un contexto tecnológico y laboral distinto. La continuidad del método se manifiesta, así, en su capacidad para reformular recursos conocidos sin convertirlos en soluciones tipológicas reiteradas.

La coherencia de la obra de Koolhaas debe situarse, por tanto, en el plano metodológico. Su práctica proyectual sustituye la aplicación de modelos establecidos por la construcción de diagramas relacionales que organizan el programa y orientan la configuración espacial de cada edificio. El Axel Springer Campus demuestra que este procedimiento mantiene su vigencia al enfrentarse a nuevas condiciones de producción del trabajo intelectual, reinterpretando principios desarrollados en proyectos anteriores sin reproducirlos de forma literal. La continuidad de la producción de OMA no depende de la estabilidad de un lenguaje arquitectónico, sino de la persistencia de un método capaz de traducir relaciones programáticas cambiantes en configuraciones espaciales específicas.

Rem Koolhaas OMA, Axel Springer Campus planos
Rem Koolhaas OMA, Axel Springer Campus

Fotografía: ©Laurian Ghinitoiu, Courtesy OMA

TECNNE | Arquitectura, pensamiento crítico y práctica cultural ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con una finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen. Tecnne emplea herramientas de inteligencia artificial generativa como apoyo en tareas de investigación documental y redacción asistida. Todo contenido es revisado, verificado y editado bajo responsabilidad exclusiva del autor. Ver [política editorial].

Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1234