La construcción de la transparencia a través de la geometría y la estructura
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2026, n.º 72
Resumen
La segunda parte de la serie analiza el proyecto construido de la Casa del Fascio de Como a partir de su implantación urbana, generación formal, organización espacial y composición de las fachadas. El estudio sitúa el edificio en relación con la plaza del Duomo y examina su concepción como volumen autónomo, definido por una geometría regular y una voluntad de continuidad entre espacio interior y exterior. La generación formal se aborda mediante la proporción, el cuadrado en planta, el paralelepípedo y la retícula de hormigón armado como sistema métrico y constructivo. El análisis espacial reconstruye la organización en cuatro niveles, el atrio central de doble altura, el Sacrario, las áreas administrativas, las loggias y los dispositivos destinados a la representación pública. Las cuatro fachadas se estudian según sus diferentes relaciones entre estructura, mármol, vidrio, vacíos y profundidad. Finalmente, la lectura de Peter Eisenman interpreta el edificio mediante operaciones de adición y sustracción aplicadas a un volumen primario, desplazando el análisis hacia su proceso de formación geométrica.
Palabras clave: Casa del Fascio Como, Giuseppe Terragni, arquitectura racionalista, estructura de hormigón, composición arquitectónica.
Segunda parte de la serie: Casa del Fascio de Como: racionalismo, transparencia y poder
Implantación urbana y relación con la plaza del Duomo
El lote destinado a la Casa del Fascio se ubica en los márgenes de la ciudad amurallada de Como, en proximidad inmediata con el Duomo, principal referencia histórico-arquitectónica de la ciudad. La amplia plaza donde se implanta el edificio se concebía como una prolongación de la histórica plaza del Duomo, estableciendo una continuidad espacial entre el nuevo centro político y el núcleo religioso y cívico preexistente. El terreno, dispuesto en diagonal respecto del eje de la catedral, tenía originalmente una planta cuadrada y una superficie aproximada de 700 m², considerada insuficiente por Terragni para albergar el programa previsto. Tras diversas negociaciones con la administración comunal, el arquitecto consiguió ampliar el lote hasta alcanzar los 1.101 m².
Desde las primeras etapas del proyecto, Terragni planteó la Casa del Fascio como un volumen aislado y autónomo, cuya relación con el entorno debía establecerse mediante la configuración geométrica y la articulación de sus planos, antes que mediante la reproducción de formas históricas. La pureza volumétrica y la abstracción formal permitían, así, introducir una pieza arquitectónica contemporánea en un contexto dominado por referencias monumentales preexistentes. Su implantación respondía también a una operación de carácter urbano: consolidar, junto al Duomo, un nuevo centro representativo de carácter político, vinculado simultáneamente a las dimensiones fascista, religiosa y civil de la ciudad. Terragni describió esta relación en los siguientes términos:
En la zonificación del territorio del Municipio está presente el concepto de un centro político representativo: la plaza de la Casa del Fascio que, situada en los márgenes de la ciudad amurallada, se encuentra en proximidad del monumento histórico-arquitectónico más significativo de la ciudad, el Duomo. De este modo se resuelve no sólo un hecho urbanístico; para nosotros, arquitectos de una época exquisitamente política y decididamente social, está aquí delineado de una forma clara y contemporánea un aspecto importante del problema que mantiene viva desde hace ocho años la polémica por una arquitectura entendida como arte de Estado. (Terragni, 2003, p. 98)

Transparencia, representación política y concepción espacial
La configuración de la Casa del Fascio estuvo condicionada por una concepción política de la arquitectura que atribuía al edificio valores de organicidad, claridad y transparencia constructiva. El empleo extensivo de superficies acristaladas respondía a esta búsqueda de apertura y permitía hacer visible parte de la actividad desarrollada en su interior. La transparencia adquiría, por tanto, una dimensión simultáneamente espacial e ideológica: contribuía a establecer una continuidad perceptiva entre la plaza y los espacios interiores, al tiempo que vinculaba la representación del partido con la exposición pública de sus actividades.
La condición de nuevo centro cívico también determinó la organización del proyecto. La Casa del Fascio debía concentrar la actividad política y moral de la provincia e incorporar una función educativa, mientras su lenguaje moderno debía conservar una relación simbólica con la idea de la «casa del pueblo» y con un pasado presentado por el régimen como referencia colectiva (Storchi, 2007).
En este contexto, Terragni formuló el concepto de «casa de cristal» para definir una arquitectura basada en planos permeables y relaciones visuales continuas, capaz de reducir la separación perceptiva entre interior y exterior y de hacer legible la organización espacial desde distintos puntos de observación:
Se perfilan, mientras tanto, el concepto inspirador y las necesidades particulares de esta Casa del Fascio: un amplio espacio cubierto en el centro, al que dan los espacios de paso, los despachos, las salas de reunión. Pero es necesario estudiar las posibilidades de acceder a este amplísimo ambiente en formación conjunta de fascistas y de pueblo, en las concentraciones multitudinarias: es preciso anular toda solución de continuidad entre interior y exterior. He aquí el concepto mussoliniano de que el Fascismo es una casa de cristal: ningún impedimento, ninguna barrera, ningún obstáculo entre jerarquías políticas y pueblo. (Terragni, 2003, p. 95)
La arquitectura debía, en consecuencia, representar al partido mediante recursos formales distintos de la monumentalidad tradicional. Terragni entendía la Casa del Fascio como un tema arquitectónico sin precedentes directos en la historia de la arquitectura representativa y, por ello, susceptible de ser abordado mediante una reducción deliberada de los recursos retóricos. La expresividad del edificio se concentra en la geometría, la proporción, la transparencia y la relación entre estructura y envolvente. La representación política se articula así a través de la abstracción del objeto arquitectónico, cuya presencia institucional deriva de la precisión de su configuración espacial y constructiva.

Geometría, proporción y configuración del volumen arquitectónico
En el diseño de la Casa del Fascio, Terragni articuló dos dimensiones que con frecuencia se presentaban como antagónicas: la carga ideológica de la arquitectura fascista y el rigor formal y constructivo asociado al racionalismo europeo. La abstracción geométrica, la precisión proporcional y la subordinación de la composición a un sistema de reglas permitieron configurar un edificio capaz de asumir simultáneamente una función representativa y una marcada autonomía formal (Eisenman, 2003).
La geometría constituye la matriz fundamental del proyecto. Terragni decidió ocupar la totalidad del solar, definiendo una planta cuadrada de 33,20 m de lado. Esta ocupación completa intensificó la condición unitaria del volumen, pero también planteó dificultades relacionadas con la iluminación natural, la ventilación, la distribución y la independencia de los ambientes, así como con la evacuación de las aguas pluviales. El propio arquitecto reconoció estas restricciones:
Exigencias de planta me han decidido a ocupar la totalidad del solar asignado. Esto suscita como consecuencia un incremento de los problemas de iluminación natural, ventilación, distribución e independencia de los ambientes, y de aquellos otros no menos importantes de la evacuación de las aguas pluviales. (Terragni, 2003, p. 95)
La relación entre las dimensiones horizontales y verticales constituye otro principio ordenador. El edificio alcanza 16,60 m de altura frente a los 33,20 m de lado de la planta, estableciendo una proporción de dos a uno y configurando un paralelepípedo cuya altura equivale a la mitad del lado de su base. Esta relación se proyecta también sobre el espacio interior de mayor jerarquía, el salone delle adunate, de modo que la proporción exterior encuentra correspondencia en la organización espacial interna. La geometría, por tanto, no se restringe a la definición del perímetro, sino que regula diferentes escalas de la composición (Schumacher, 1991).

La retícula de hormigón como matriz formal y espacial
La estructura de hormigón armado constituye el principal sistema ordenador de la Casa del Fascio. Su retícula métrica establece una correspondencia entre estructura, modulación de fachada y organización espacial, convirtiendo el telaio en un mecanismo capaz de definir simultáneamente el volumen y su subdivisión interna. La cadencia regular de siete vanos por lado produce un ritmo homogéneo que articula las cuatro fachadas y proporciona al edificio una unidad perceptiva reconocible (Schumacher, 1991).
Esta condición estructural resulta particularmente significativa porque la forma no se presenta como una envolvente independiente del sistema resistente. La modulación del hormigón organiza la relación entre elementos opacos y transparentes, mientras que las variaciones en profundidad, apertura y cerramiento producen una composición en la que estructura y envolvente permanecen estrechamente vinculadas. La apariencia del edificio deriva, en buena medida, de la exposición controlada de este sistema.
La configuración volumétrica se desarrolla a partir de la tensión entre masa y transparencia. Las superficies opacas, revestidas con mármol calcáreo de Botticino, establecen planos continuos y de escasa expresividad ornamental, mientras que los paños acristalados introducen discontinuidades visuales que permiten percibir el espesor y la organización del edificio. Esta alternancia puede entenderse como una operación de sustracción y recomposición: un volumen inicialmente compacto parece haber sido perforado mediante vacíos y superficies transparentes, hasta producir una composición donde la masa adquiere profundidad y la transparencia contribuye a definir el límite arquitectónico.

La elección del mármol responde también a una concepción específica de la arquitectura representativa. Terragni señaló:
Si para los fines utilitarios y funcionales de un edificio de oficinas sirve tanto una pared revocada como una pared de mármol, al carácter de un edificio representativo sólo puede servir la pared de mármol. Esta necesidad de huir de fórmulas o recetas que prejuzgarían el desarrollo ulterior de las conquistas del campo racionalista no me ha hecho perder de vista los principios fundamentales de la nueva arquitectura. (Terragni, 2003, p. 97)
La materialidad adquiere así una función compositiva y representativa sin recurrir a un repertorio ornamental convencional. El mármol no introduce una referencia historicista directa, sino que aporta densidad y continuidad a los planos opacos que participan de una composición esencialmente geométrica.
La ausencia de la torre littoria constituye otra decisión relevante. Este elemento, frecuente en otras Casas del Fascio, establecía una relación simbólica con los campanarios de la arquitectura religiosa y contribuía a reforzar la presencia vertical del edificio institucional. Terragni prescindió de esa solución y concentró la verticalidad simbólica en la esquina derecha del volumen, donde un plano murario compacto y prácticamente ciego configura una suerte de «torre virtual». La operación modifica el modo convencional de producir monumentalidad: en lugar de añadir un elemento vertical claramente diferenciado, concentra la masa en uno de los extremos del volumen y establece un contraste con las superficies abiertas y transparentes del resto de las fachadas.
El proyecto incorpora, al mismo tiempo, referencias a la tradición del palazzo renacentista, particularmente perceptibles en la condición compacta del volumen y en la presencia del loggiato. Estas relaciones tipológicas adquieren relevancia precisamente porque se integran en una composición regida por principios modernos. La referencia histórica no aparece como reconstrucción estilística, sino como parte de una operación de reinterpretación: determinados elementos reconocibles de la arquitectura italiana se someten a una nueva lógica geométrica, estructural y espacial (Schumacher, 1991; Eisenman, 2003).
El atrio central como núcleo de la organización arquitectónica
La condición de sede del partido y de representación material del poder estatal determinó la organización funcional de la Casa del Fascio. El edificio debía resolver simultáneamente funciones administrativas, cívicas y conmemorativas, entre ellas la memoria de los Caduti per la Rivoluzione. Terragni integró estas exigencias en una composición espacial donde los distintos grados de accesibilidad correspondían a una jerarquía política y ceremonial. El proyecto adquiría así un carácter representativo que lo diferenciaba de la concepción convencional de un edificio administrativo, entendido como un simple «bel e comodo palazzo per uffici» (Storchi, 2007, p. 243).
La planta se organizó alrededor de un gran atrio central cubierto, núcleo distributivo y espacial del conjunto. Su configuración deriva de la interrupción de la modulación estructural en el centro de la planta para producir un vacío de 20,5 × 21,5 m, desarrollado en doble altura como salone delle adunate. Este espacio constituía el principal ámbito colectivo del edificio y el único recinto plenamente accesible al público. Su posición central articulaba una secuencia axial que partía de la plaza, atravesaba el vestíbulo y culminaba en el salón, estableciendo un recorrido longitudinal cuya dimensión procesional adquiría particular relevancia durante las concentraciones públicas.
La fachada principal reforzaba esta continuidad mediante una sucesión de puertas de vidrio sincronizadas que podían abrirse simultáneamente, prolongando el atrio hacia la plaza. La operación permitía ampliar físicamente el espacio disponible durante las reuniones multitudinarias y convertía el límite entre edificio y espacio público en un plano móvil. La cubierta del atrio se resolvió mediante ocho paneles con nervaduras salientes, apoyados sobre cinco vigas principales, mientras un lucernario de vetrocemento introducía iluminación cenital filtrada. El espacio de doble altura quedaba delimitado por un ballatoio perimetral, sostenido por tres vigas de 1,40 m de canto. Su borde inferior, situado a 2,10 m sobre el nivel del primer piso, establecía una línea horizontal continua que ordenaba la posición de puertas, pasarelas y elementos secundarios.




Jerarquía funcional y organización vertical del edificio
La distribución de los cuatro niveles respondía a una gradación de accesibilidad que iba desde los espacios públicos de la planta baja hasta los ámbitos administrativos y de servicio situados en los niveles superiores. El atrio concentraba la dimensión colectiva del edificio, mientras las dependencias laterales y superiores alojaban las funciones administrativas y los órganos internos del partido.
En la planta baja, el Sacrario ocupaba una posición lateral respecto del vestíbulo y establecía un contrapunto espacial con el carácter abierto del atrio. Terragni deprimió su nivel respecto del plano general y recurrió a una materialidad deliberadamente diferenciada, con mármol negro en el cielo raso y granito rojo en los muros. El recinto incorporaba un monolito con los nombres de los militantes caídos y un bloque de vidrio destinado a conservar reliquias vinculadas con la liturgia política fascista. La diferencia de cota, la compresión espacial y el contraste cromático introducían una condición introspectiva dentro de una planta dominada por espacios de reunión y circulación.
La organización administrativa seguía una estructura jerárquica comparable a la de la arquitectura municipal. El eje longitudinal vinculaba la plaza, el vestíbulo y el salón central, mientras un eje transversal relacionaba el memorial con la escalera principal. En el primer piso se concentraban los espacios correspondientes al aparato directivo: la secretaría política, la oficina del secretario federal y el Salone del Direttorio. Este último se situaba directamente sobre la sala per adunate, estableciendo una superposición vertical entre el órgano de dirección y el espacio destinado a la reunión de los militantes y del público. La correspondencia entre ambos niveles introducía una relación espacial que podía interpretarse también en términos de jerarquía institucional.
El segundo piso mantenía la modulación general de la planta e incorporaba la biblioteca, las oficinas del fascio local y organismos complementarios, entre ellos la Opera Nazionale Dopolavoro y la mutua sanitaria. El tercer nivel, al que se accedía únicamente mediante la escalera secundaria, reunía salas destinadas a grupos universitarios y federaciones deportivas, además del archivo y la vivienda del portero. La distribución vertical diferenciaba, por tanto, los espacios de representación pública, los ámbitos directivos, las funciones administrativas y las áreas de servicio sin abandonar la unidad geométrica del conjunto.
Las terrazas completaban la configuración de los niveles superiores. En el ático, dos grandes loggias remataban el volumen, mientras la situada sobre la fachada principal asumía una función ceremonial como plataforma oratoria. El arengario se incorporaba de este modo a la composición arquitectónica y permitía que los gerarchi se dirigieran al público reunido en la Piazza dell’Impero, actualmente Piazza del Popolo. La disposición recuperaba la tradición del loggiato de los palacios renacentistas, pero modificaba su función mediante su incorporación a un dispositivo de representación política contemporánea.

La dimensión propagandística también se extendía a los espacios interiores. Terragni convocó a Mario Radice para desarrollar un programa visual destinado principalmente al salone delle adunate y a otros ámbitos colectivos. Radice incorporó composiciones abstractas, inscripciones y una efigie fotográfica de Mussolini montada sobre vidrio. Las declaraciones del Duce aparecían grabadas sobre distintos soportes, haciendo de las superficies arquitectónicas un medio de transmisión de contenidos políticos y didácticos. La iluminación artificial, mediante reflectores orientados hacia el público, reforzaba esta función visual y convertía la experiencia del espacio colectivo en un dispositivo integrado de arquitectura y propaganda (Ciucci, 1996; Rifkind, 2006; Casero, 2010). Los muros del salone delle adunate, revestidos con piedra de Trani filetto rosso, completaban esta composición mediante una superficie pétrea continua.
Estructura, materialidad y profundidad de la envolvente
La Casa del Fascio se configura como un bloque compacto cuya expresividad depende de la articulación entre estructura, material y profundidad de la envolvente. Terragni sustituyó el repertorio ornamental tradicional por una serie de «articulaciones plásticas» que desdoblan el plano murario y producen diferentes niveles de profundidad. La fachada deja así de funcionar como una superficie aplicada y adquiere espesor mediante la alternancia de planos opacos, elementos estructurales y superficies transparentes.
Las cuatro fachadas se revisten con caliza de Botticino, cuya tonalidad y discretas vetas proporcionan una superficie continua y de apariencia sobria. Las delgadas juntas de colocación introducen una cuadrícula ortogonal que establece una correspondencia visual con la retícula estructural de hormigón armado. Sobre esta base común, cada elevación desarrolla una composición específica a partir de la posición de los paños de vidrio, los planos murarios y los elementos del telaio. La cadencia de siete tramos por lado mantiene así una unidad métrica general sin imponer una solución idéntica en las cuatro fachadas.

La relación entre mármol y vidrio resulta fundamental para comprender la condición espacial de la envolvente. El primero aporta continuidad, masa y espesor; el segundo introduce transparencia, profundidad visual y conexión con el espacio exterior. Ambos materiales quedan subordinados a la modulación estructural, de modo que la fachada puede leerse simultáneamente como cerramiento, sistema compositivo y expresión visible de la organización interna. Esta correspondencia entre armazón y superficie produce una arquitectura en la que la tradición material del revestimiento pétreo convive con una concepción moderna de la estructura y de la transparencia (Schumacher, 1991).
La fachada principal: loggiato, vidrio y masa muraria
La fachada principal, orientada hacia la actual Piazza del Popolo, constituye el frente urbano de mayor carga representativa. Su composición articula dos condiciones volumétricas contrastantes: la apertura del loggiato, definido por una estructura de hormigón armado expuesta, y la masa pétrea continua situada a su derecha. En lugar de recurrir a elementos clásicos explícitos, Terragni concentra la expresión del alzado en la relación entre estructura, transparencia y superficie muraria.

El loggiato cumple simultáneamente funciones espaciales y ambientales. La estructura portante establece el orden de la fachada, mientras sus elementos horizontales y verticales contribuyen al control de la radiación solar. Detrás de esta trama, dieciocho hojas de vidrio pivotantes pueden abrirse de manera conjunta y prolongar el espacio interior hacia la plaza. La secuencia plaza-atrio-patio central adquiere así una continuidad visual y física que modifica la condición convencional del cerramiento: el plano acristalado funciona como límite cuando permanece cerrado, pero puede desaparecer prácticamente como separación cuando las hojas se abren.
La masa muraria adyacente concentra la condición más compacta del frente y puede interpretarse como una «torre virtual». El plano estaba destinado originalmente a recibir paneles fotomecánicos diseñados por Marcello Nizzoli, concebidos como soporte iconográfico de contenido político, aunque finalmente nunca fueron instalados (Ghirardo, 1980b; Rifkind, 2006). Su presencia permite entender la fachada como una composición de dos campos complementarios: uno abierto y transparente, vinculado a la reunión pública, y otro cerrado y masivo, asociado a la representación institucional.
La implantación del edificio, situado detrás del Duomo y desplazado respecto del eje histórico, establece además una relación visual con la Cattedrale di Santa Maria Assunta. La rotación aproximada de 25 grados respecto del norte expone la fachada suroeste a una intensa radiación solar durante la tarde. Terragni respondió a esta condición mediante la profundidad de la estructura y el retranqueo de la carpintería, incorporando el control ambiental a la propia configuración del alzado (Poghosyan, 2018).
Estratificación volumétrica y expresión de la retícula estructural
La fachada noroeste desarrolla una composición más explícita de la profundidad y de la modulación estructural. El alzado se divide en tres segmentos que combinan muros opacos, paneles de vetrocemento y aberturas de proporciones diversas. La alternancia entre superficies salientes y retranqueadas introduce diferentes planos de lectura, mientras las ventanas horizontales y las bandas verticales modifican el ritmo dentro de una trama estructural constante.

En la franja central, los elementos del telaio quedan expuestos y enmarcan las superficies acristaladas. Los paneles situados bajo las ventanas se alinean con la trama de pilares, haciendo perceptible la correspondencia entre cerramiento y estructura. La fachada adquiere de este modo una condición próxima a una gabbia reticolata: la retícula resistente deja de funcionar únicamente como soporte y se convierte en un componente visible de la composición. El contraste entre los macizos pétreos y las superficies traslúcidas acentúa esta lectura tectónica y hace perceptible el espesor del cerramiento.
Horizontalidad, vaciado y continuidad del plano murario
La fachada sudeste adopta una solución diferente. En este frente, la estructura queda menos expuesta y la composición se organiza predominantemente mediante líneas horizontales que articulan las aberturas correspondientes a las cuatro crujías centrales. Las ventanas configuran una figura en forma de «L» aparentemente excavada en la masa muraria, de modo que el vacío se percibe como una sustracción practicada sobre un plano continuo.

Los parapetos y dinteles, resueltos mediante láminas de hormigón de escaso espesor, reducen visualmente la presencia de los elementos portantes. La estructura permanece, por tanto, activa en la organización del alzado, pero su expresión resulta menos directa que en la fachada noroeste. El efecto es el de una superficie continua atravesada por incisiones horizontales y verticales, donde la profundidad se percibe principalmente a través de la relación entre el muro y las aberturas.
Perforación, iluminación y ritmo estructural en la fachada posterior
La fachada posterior combina operaciones de perforación y vaciado vinculadas tanto a las necesidades funcionales como a la modulación estructural. La loggia del nivel ático establece el remate superior del alzado y define una transición entre la masa construida y el vacío. En el cuerpo principal, un paño vertical de vidrio interrumpe el muro portante para proporcionar iluminación natural a la circulación de servicio.

En la zona central reaparece la configuración de ventanas en forma de «L», utilizada para regular la entrada de luz y hacer perceptible el espesor de la envolvente. A diferencia de la fachada principal, donde el atrio permanece oculto detrás de una composición más abierta y representativa, este frente permite reconocer con mayor claridad determinados componentes internos. La relación entre vacío, cerramiento y estructura produce una secuencia alternada de apoyos y luces que puede describirse mediante el patrón A-B-A-B-A-B. El ritmo no funciona como una decoración aplicada, sino como consecuencia visible de la modulación estructural y de las necesidades de iluminación y circulación.
Adición, sustracción y transformación del volumen primario
La interpretación de Eisenman (2003) permite trasladar el análisis desde la descripción de las fachadas hacia la lógica geométrica que las articula. Su lectura parte de la hipótesis de un cubo inicial entendido como una condición abstracta susceptible de transformarse mediante dos operaciones fundamentales: sustracción y adición.
En la primera, el volumen se concibe como una masa continua sobre la que se practican retiradas sucesivas. Estas operaciones generan concavidades y vacíos que modifican la relación entre perímetro y núcleo sin eliminar por completo la condición unitaria del volumen original. En la segunda, el cubo se entiende como una matriz vacía sobre la que se incorporan cuerpos, planos y elementos capaces de definir progresivamente su estructura interna. Ambas operaciones producen configuraciones espaciales diferentes, pero pueden coexistir dentro de una misma secuencia proyectual.
La Casa del Fascio puede interpretarse, desde esta perspectiva, como el resultado de una serie de transformaciones que alternan adición y sustracción. El interés de esta lectura reside en que desplaza la atención desde la apariencia terminada hacia las operaciones geométricas que la producen. La forma arquitectónica deja de entenderse exclusivamente como una composición final y pasa a considerarse como el registro de una serie de desplazamientos, perforaciones, superposiciones y vaciados.

Eisenman denomina «traza» o «residuo» al elemento que permite reconocer las huellas de estas operaciones y diferenciar el resultado de una transformación específica respecto de una definición arquitectónica general (Eisenman, 1970, p. 28). En la Casa del Fascio, esta condición puede asociarse a la persistencia de la matriz geométrica inicial dentro de una envolvente progresivamente modificada. Los cambios de profundidad, las concavidades y los vacíos no eliminan el volumen primario, sino que hacen legible su transformación.
Unidad geométrica y estratificación del plano de fachada
Las distintas configuraciones de los alzados pueden comprenderse, por tanto, como variaciones sobre una misma matriz geométrica. El volumen conserva su unidad general, aunque su percepción oscila entre dos condiciones: la de un cuerpo macizo sometido a fracturas y la de una estructura ensamblada mediante planos y piezas superpuestas. Esta ambivalencia surge de la distancia entre la geometría global y las operaciones locales que modifican cada fachada.
La envolvente constituye el lugar donde esta tensión se hace más evidente. Los llenos y vacíos producen diferentes grados de profundidad, mientras la retícula estructural mantiene una continuidad métrica que vincula las cuatro elevaciones. En la fachada suroeste, la secuencia A-B-A organiza el plano mediante dos bandas laterales opacas que flanquean un vacío central relacionado con la articulación entre la caja exterior y el patio interior. La composición introduce así una relación entre concavidad y masa en la que el vacío no aparece como ausencia de materia, sino como una operación que modifica la percepción del volumen.

La Casa del Fascio puede entenderse, en consecuencia, como una unidad geométrica sometida a transformaciones diferenciadas según cada frente. La regularidad de la matriz no produce fachadas idénticas, sino variaciones de profundidad, transparencia, masa y apertura. La coherencia del conjunto procede precisamente de esta combinación entre una estructura métrica común y una manipulación específica de cada plano, condición que permite interpretar el edificio como un sistema espacial estratificado antes que como un volumen estático (Eisenman, 2003).
Continúa en la tercera parte: Casa del Fascio de Como: Ideología, crítica e historiografía →
Definida la lógica formal y espacial del edificio, la tercera y última entrega examina su dimensión ideológica, las lecturas críticas e historiográficas que ha suscitado y su destino tras la caída del régimen, donde la lectura de la Casa del Fascio como texto disonante alcanza su formulación plena.
Las referencias citadas en esta entrega se consignan en la bibliografía completa que acompaña a la tercera y última parte de la serie.
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