Prefacio II De Stijl

Prefacio II (1919) de De Stijl articula la relación entre la evolución del pensamiento social modernista y una nueva estética artística neoplástica. Postula que la maduración de una conciencia racional colectiva se expresa mediante una oposición explícita a la tradición y el individualismo, visibilizada por artistas mediante textos y obras que encarnan dicho cambio. Reconoce la revista De Stijl como vehículo para difundir estas ideas internacionalmente, ampliando su influencia en públicos diversos. La lógica del prefacio enfatiza el compromiso sostenido con la renovación cultural, estableciendo el estilo como principio estructurante de una civilización estética en formación.

De Stijl en 1919

En octubre de 1919 se inicia el tercer año de publicación de la revista De Stijl (Volumen III), etapa que la historiografía identifica como un periodo de mayor clarificación doctrinal. Aunque la atención crítica se ha concentrado en el Manifiesto I de 1918 y en el Manifiesto II de 1920, el intervalo correspondiente a 1919 resulta decisivo para la consolidación teórica del grupo, en la medida en que se sistematizan postulados previamente enunciados y se afina su marco conceptual.

La conocida formulación “El fin de la naturaleza es el hombre. El fin del hombre es el estilo”, sintetiza con precisión el núcleo filosófico que estructura esta fase. Las fuentes coinciden en señalar que uno de los gestos históricos fundamentales del movimiento consistió en afirmar el pensamiento y el ingenio humanos frente a la contingencia de las fuerzas naturales. En términos formales, esta toma de posición implicaba desplazar la mímesis y la expresión individual hacia una construcción abstracta regida por principios universales, donde la composición, la modulación y la relación ortogonal entre planos sustituyen a la representación orgánica.

La creación del “estilo” se entendía, por tanto, como un proceso de depuración estructural. Theo van Doesburg había formulado ya en 1912 la idea de que, al despojar a la naturaleza de sus formas contingentes, emerge una organización esencial susceptible de convertirse en lenguaje plástico autónomo. En 1919, esta premisa se consolida como fundamento operativo del grupo: la reducción a líneas rectas, planos cromáticos primarios y relaciones proporcionales estrictas no responde a una opción estética aislada, sino a una voluntad de orden que aspira a expresar una conciencia temporal renovada.

El año 1919 marca también una expansión internacional significativa. El movimiento establece vínculos con artistas activos en Francia, Italia, Alemania y Bélgica, ampliando su red de interlocución y situando sus postulados en un debate europeo más amplio sobre abstracción y reconstrucción cultural tras la guerra. En ese mismo contexto se incorpora Gerrit Rietveld, cuya aportación desde el diseño de mobiliario introduce una dimensión espacial y constructiva que refuerza la aspiración a la integración de las artes. La traslación de los principios neoplásticos al objeto y al espacio interior anticipa una concepción arquitectónica basada en la disolución del volumen cerrado, la independencia de los planos y la articulación dinámica de elementos.

Paralelamente, Piet Mondriaan publica en este volumen textos decisivos, entre ellos su diálogo sobre la “Realidad natural y abstracta”, en el que profundiza en la fundamentación filosófica de la Nueva Beelding o neoplasticismo. En estos escritos se establece una distinción sistemática entre la realidad empírica, mutable y particular, y una realidad abstracta que sólo puede ser aprehendida mediante relaciones plásticas puras, estructuradas a partir de verticales y horizontales en equilibrio.

El inicio del tercer año reafirma el compromiso del grupo con una “nueva conciencia del tiempo”, concebida como superación de una cultura dominada por la subjetividad lírica —metafóricamente asociada a un mundo “marrón”, denso y atmosférico— y su sustitución por un orden “blanco”, entendido como claridad estructural, construcción elemental y transparencia compositiva. Esta transición no se plantea como ruptura abrupta, sino como proceso de depuración progresiva, en el que la forma se convierte en instrumento de conocimiento y en modelo para una reorganización integral del entorno visual y arquitectónico.

Prefacio II De Stijl

El fin de la naturaleza es el hombre.

El fin del hombre es el estilo.

Lo que en la nueva plástica se expresa de modo netamente determinado, o sea, las proporciones en equilibrio entre lo particular y lo general, se revela mas o menos también en la vida del hombre moderno y constituye la causa primordial de la reconstrucción social a la que asistimos. Así como el hombre ha madurado para oponerse a la dominación del individuo y al arbitrio, del mismo modo el artista ha madurado para oponerse a la dominación de lo individual en las artes plásticas, es decir, a la forma y a los colores naturales, a las emociones.

Esta oposición, que está basada en la maduración interior del hombre en su plenitud, en la vida en el sentido estricto de la palabra, en la conciencia racional, se refleja en todo el desarrollo del arte, y de modo particular, en el de los últimos cincuenta años.

Así pues, era previsible que partiendo de este desarrollo del arte, produciendo a saltos, se debiera terminar en una plástica completamente nueva, la cual no podía aparecer más que en un periodo capaz de revolucionar desde lo profundo las relaciones materiales y espirituales.

Estos tiempos,  son nuestros tiempos y hoy somos testigos del nacimiento de un nuevo arte plástico. Allí donde de una parte se deja sentir la necesidad, para el arte y la cultura, de una nueva base, ya sea espiritual (en el sentido mas amplio de la palabra), ya sea material, y donde, de otra, la tradición y el convencionalismo que acompañan necesariamente a cada nuevo pensamiento y a cada nueva acción se esfuerzan por mantener en todos los campos las propias posiciones resistiendo a todo lo que es nuevo, la misión de quienes deben testimoniar de la nueva conciencia de la época -con sus obras plásticas y con sus escritos- es importante y difícil. Su tarea exige una energía y una perseverancia, constante, reforzadas y estimuladas, precisamente por la resistencia conservadora. Los que intencionalmente interpretan mal las nuevas concepciones y nociones y consideran las nuevas obras plásticas, del mismo modo que consideran las obras impresionistas, es decir, no mas allá de la superficie, colaboran inconscientemente en la creación de una nueva concepción del arte y de la vida.

No podemos dejar de agradecérselo.

Si dirigirnos nuestra mirada al año que acaba de pasar, debemos de llenarnos de admiración ante el hecho de que artistas creadores hayan sabido formular de manera tan precisa las nociones a las que han llegado a través de su propio trabajo. Ellos han contribuido en gran medida a aclarar la nueva conciencia artística.

Prueba de ello es el interés que va creciendo -incluso en el extranjero, por el contenido de nuestra revista. Contenido que no ha dejado de influir tanto en la joven como en la vieja generación; en efecto, satisface una necesidad del hombre que ha llegado a una conciencia estética mas profunda.

Sirva esto de aliento para proseguir con el mismo empeño nuestra obra estética de civilización, a pesar de las dificultades que obstaculizan la publicación de periódicos como el nuestro.

Prefacio II, octubre de 1919

De Stijl

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Marcelo Gardinetti
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