Sede de DNB Bank en Oslo: arquitectura modular y espacio urbano

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La sede de DNB Bank en Oslo, proyectada por MVRDV en el sector Barcode de Bjorvika, articula arquitectura corporativa, organización modular y continuidad urbana. El edificio concentra las actividades previamente distribuidas en múltiples sedes y alberga aproximadamente a 2.000 trabajadores mediante una estructura de acero basada en módulos cúbicos de seis metros, denominados “píxeles”. Esta retícula coordina estructura, programa y envolvente, mientras el desplazamiento de las unidades produce una volumetría escalonada con terrazas, vacíos y jardines. En planta baja, un pasaje público prolonga la conexión peatonal entre la Estación Central de Oslo y el frente costero. En el interior, escaleras, puentes y recorridos continuos articulan los 17 niveles y favorecen relaciones visuales y encuentros entre áreas de trabajo. La envolvente acristalada introduce iluminación natural y vistas hacia el entorno, complementadas por soluciones de alto rendimiento térmico. El conjunto integra así modulación, sección, circulación y espacio público dentro de una estructura corporativa de gran escala.

Palabras clave: DNB Bank Oslo, MVRDV, arquitectura corporativa, modulación arquitectónica, Bjorvika Barcode.

Introducción: concentración corporativa y transformación urbana

La sede de DNB Bank, proyectada por MVRDV en Oslo, forma parte del desarrollo urbano de Bjorvika, particularmente del sector conocido como Barcode. El edificio concentra en un único complejo las actividades que anteriormente se encontraban distribuidas en aproximadamente veinte sedes, configurando una infraestructura corporativa de gran escala vinculada con la transformación del frente urbano de Oslo.

El proyecto aborda simultáneamente dos condiciones. Por una parte, requiere resolver una organización de oficinas capaz de albergar a aproximadamente 2.000 trabajadores. Por otra, se inserta en un sector urbano donde los nuevos edificios deben establecer relaciones directas con los recorridos peatonales, los espacios públicos y el frente marítimo.

La arquitectura responde mediante una volumetría fragmentada y una organización estructural basada en una retícula de acero. Sobre esta estructura se disponen unidades cúbicas de aproximadamente seis metros de lado, denominadas “píxeles”, cuya agrupación define tanto la configuración general del edificio como la distribución de sus espacios interiores.

El proyecto puede entenderse, por tanto, como una relación entre una estructura regular y una volumetría variable. La primera proporciona una base repetitiva para el funcionamiento de las oficinas; la segunda introduce diferencias de escala, orientación y uso que permiten articular el edificio con su contexto urbano.

El píxel como unidad modular: estructura y flexibilidad

La organización del edificio parte de un bastidor estructural de acero sobre el que se disponen módulos cúbicos de aproximadamente seis metros de lado. Esta unidad dimensional establece una modulación capaz de ordenar simultáneamente estructura, programa y envolvente.

La repetición del módulo permite mantener una base constructiva regular, mientras que su agrupación y desplazamiento producen variaciones en la volumetría exterior. El edificio conserva así una lógica estructural común sin depender de una planta completamente uniforme.

Esta relación entre repetición y variación resulta especialmente significativa en un edificio de oficinas. La retícula proporciona las condiciones necesarias para distribuir los puestos de trabajo, instalaciones y circulaciones, mientras que la disposición variable de los módulos genera espacios colectivos, terrazas y vacíos.

La unidad modular funciona entonces en diferentes escalas:

  • Escala estructural: organiza la posición de los elementos portantes.
  • Escala programática: permite distribuir oficinas y espacios colectivos.
  • Escala volumétrica: determina los desplazamientos y retranqueos de la masa construida.
  • Escala urbana: produce una fachada fragmentada que establece una relación más compleja con el entorno del Barcode.

La arquitectura no depende de una forma exterior independiente de su organización interna. La volumetría resulta de la combinación de módulos y de los vacíos producidos entre ellos.

Planta baja y pasaje público: continuidad del espacio urbano

Uno de los elementos principales de la implantación es la incorporación de un pasaje público a través de la planta baja. Este recorrido conecta el área próxima a la Estación Central de Oslo con el frente costero de Bjorvika, estableciendo una continuidad peatonal a través del edificio.

La planta baja adquiere así una condición diferente de la de los niveles superiores. Mientras las plantas de oficinas están destinadas principalmente a las actividades internas de la institución, el nivel de acceso participa directamente de la estructura del espacio urbano.

La transparencia de la planta baja permite mantener relaciones visuales entre el pasaje y las actividades del interior. El edificio no funciona como un límite compacto sobre el recorrido, sino como una pieza atravesada por una circulación que prolonga el espacio público.

Esta operación resulta particularmente relevante dentro de un distrito caracterizado por la transformación de antiguas áreas portuarias y ferroviarias. El pasaje contribuye a conectar diferentes sectores de la ciudad mediante un recorrido continuo a nivel peatonal.

La relación entre propiedad corporativa y espacio público se resuelve, por tanto, mediante una diferenciación de niveles y usos: la institución mantiene el control de los espacios de trabajo, mientras que la planta baja incorpora un recorrido de carácter urbano.

La volumetría fragmentada: retranqueos, terrazas y espacios exteriores

La configuración exterior del edificio se obtiene mediante el desplazamiento y retranqueo de los módulos que componen su volumen. El resultado es una masa escalonada, con cavidades y terrazas distribuidas a diferentes alturas.

La geometría produce una condición intermedia entre bloque compacto y estructura abierta. Desde el exterior, los retranqueos permiten reconocer la composición modular, mientras que desde el interior generan espacios exteriores vinculados con diferentes sectores de trabajo.

La metáfora utilizada por MVRDV, que describe el edificio como “una roca a la que se puede subir”, encuentra su traducción arquitectónica en esta sección escalonada. La imagen geológica no constituye una condición literal, sino una referencia para comprender la relación entre masa, excavación aparente y terrazas.

Los vacíos introducidos en la volumetría permiten incorporar vegetación y áreas exteriores en distintos niveles. De esta manera, la sección deja de ser una simple acumulación de plantas superpuestas y adquiere una dimensión tridimensional en la que las superficies de trabajo se alternan con espacios abiertos.

La envolvente participa de esta configuración mediante superficies vidriadas que permiten establecer relaciones visuales entre los espacios interiores, las terrazas y el paisaje urbano.

Envolvente y condiciones ambientales

La presencia de superficies vidriadas en diferentes sectores del edificio permite introducir iluminación natural y ampliar las relaciones visuales con el entorno. Al mismo tiempo, las condiciones climáticas de Oslo requieren resolver las pérdidas térmicas asociadas a una envolvente con una proporción considerable de vidrio.

El empleo de vidrio de alto rendimiento permite reducir las pérdidas energéticas y mantener condiciones interiores adecuadas durante los períodos de bajas temperaturas. La envolvente debe entenderse, por tanto, como un sistema de regulación ambiental y no únicamente como un recurso visual.

La combinación entre vidrio, estructura y retranqueos genera diferentes grados de exposición. Algunas superficies quedan protegidas por los propios desplazamientos de los módulos, mientras que otras se relacionan directamente con el exterior.

Los espacios exteriores elevados también adquieren una función ambiental y espacial. Las terrazas y jardines introducen superficies vegetales dentro de una arquitectura predominantemente mineral, al tiempo que proporcionan áreas de permanencia vinculadas con las oficinas.

Circulación interior: una sección concebida para el encuentro

La organización interna incorpora una ruta continua que conecta los diferentes niveles mediante escaleras, terrazas y puentes. Esta circulación complementa el sistema vertical convencional de ascensores y permite establecer relaciones espaciales entre áreas de trabajo que, en una organización exclusivamente basada en corredores y núcleos verticales, podrían permanecer separadas.

La circulación adquiere una dimensión arquitectónica propia. Los cambios de dirección, las conexiones visuales y las áreas de permanencia generan una secuencia de espacios intermedios entre las oficinas y los principales programas colectivos.

El recorrido atraviesa los 17 niveles del edificio y permite reconocer la sección como una estructura tridimensional. Las escaleras y puentes no funcionan únicamente como elementos de conexión, sino como dispositivos que relacionan diferentes cotas y producen encuentros visuales entre usuarios.

Dentro de esta organización se incorporan espacios de carácter informal, como despensas, áreas de reunión y sectores destinados a permanencias breves. Estos ambientes introducen escalas domésticas dentro del edificio corporativo y diversifican las condiciones de uso.

La circulación se convierte así en uno de los principales elementos de articulación entre los distintos departamentos y programas.

Espacios colectivos y organización programática

La sede incorpora programas de diferentes escalas y grados de especialización. Su distribución permite combinar espacios de trabajo intensivo con áreas destinadas a la alimentación, las reuniones y las actividades institucionales.

Entre los principales espacios se encuentran:

Estos programas se incorporan a la lógica modular del edificio, pero adquieren configuraciones específicas de acuerdo con sus necesidades. Los espacios colectivos funcionan como puntos de concentración dentro de una estructura predominantemente destinada a oficinas.

La posición de algunos de ellos en niveles superiores permite aprovechar las condiciones visuales hacia Oslo y el fiordo. Otros se vinculan directamente con el sistema de circulación, haciendo que la actividad colectiva forme parte de la experiencia cotidiana del edificio.

Arquitectura corporativa y espacio urbano

La sede de DNB Bank establece una relación particular entre una institución corporativa de gran escala y el proceso de transformación urbana de Bjorvika. Su implantación introduce un edificio de oficinas que mantiene una presencia institucional definida, pero cuya planta baja participa directamente del sistema de recorridos públicos.

La fragmentación volumétrica también modifica la relación entre edificio y ciudad. En lugar de presentar una fachada completamente uniforme, la composición genera diferentes profundidades, terrazas y orientaciones. El edificio puede leerse así como una secuencia de volúmenes relacionados entre sí.

La condición corporativa permanece claramente identificable en la organización de las plantas de trabajo, pero los espacios colectivos, las circulaciones y el pasaje público introducen diferentes grados de permeabilidad entre la institución y el entorno.

El proyecto puede interpretarse, en consecuencia, como una arquitectura en la que la organización interna y la configuración urbana se encuentran estrechamente relacionadas. La estructura modular permite resolver la escala institucional mientras que la fragmentación volumétrica y la apertura de la planta baja establecen una relación más compleja con la ciudad.

Conclusión: modulación, sección y continuidad urbana

La sede de DNB Bank desarrolla una arquitectura corporativa basada en la combinación de una estructura regular y una volumetría variable. El módulo de seis metros proporciona una unidad de organización capaz de integrar estructura, programa y envolvente, mientras que su desplazamiento produce terrazas, vacíos y variaciones en la masa construida.

Tres operaciones sintetizan las principales características del proyecto:

  1. Modulación estructural: el sistema de acero y los módulos cúbicos establecen una unidad repetitiva que permite organizar las plantas de oficinas y los programas colectivos.
  2. Sección fragmentada: los retranqueos y desplazamientos de los módulos producen terrazas, jardines y espacios exteriores vinculados con diferentes niveles del edificio.
  3. Continuidad urbana: el pasaje público de la planta baja establece una conexión peatonal entre la Estación Central y el frente costero, incorporando el edificio a la estructura de recorridos de Bjorvika.

La sede de DNB Bank puede entenderse así como una pieza en la que estructura, programa, circulación y espacio público se organizan mediante una misma lógica modular. La arquitectura corporativa adquiere una configuración permeable en determinados puntos, mientras conserva una estructura claramente definida para responder a las necesidades de una institución de gran escala.

Fotografía: ©Jeroen Musch – Jiri Havran

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1257

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