La energía oceánica, caracterizada por su elevada densidad energética —dado que el agua presenta una densidad aproximadamente 800 veces superior a la del aire—, se configura como una fuente renovable de carácter predecible que aprovecha tanto el movimiento ondulatorio como las variaciones mareales. A diferencia de la hidráulica convencional, no requiere infraestructuras de gran escala como presas, sino que se apoya en dispositivos capaces de modular la energía cinética marina en relación directa con la topografía costera existente. Esta condición física del medio acuático, en la que la movilización de volúmenes fluidos genera presiones hidráulicas relativamente estables, permite mitigar de forma parcial los problemas de intermitencia asociados a las fuentes solar y eólica. En este sentido, la energía oceánica se posiciona como un componente complementario dentro de matrices eléctricas diversificadas, contribuyendo a la estabilidad del sistema, como evidencian los escenarios energéticos recientes en los que las renovables de carácter intermitente superan el 50 % de la generación total.
Tecnologías Undimotrices: Mecánica y Eficiencia
En el ámbito undimotriz, sistemas como los desarrollados por Eco Wave Power emplean flotadores anclados a infraestructuras portuarias existentes, como muelles o espigones, para transformar el movimiento oscilatorio de las olas en energía hidráulica. El ascenso y descenso controlado de estos elementos activa pistones que comprimen fluidos biodegradables, los cuales son conducidos hacia generadores situados en tierra firme. Este esquema configura un ciclo cerrado que reduce pérdidas volumétricas y garantiza una reutilización eficiente del medio transmisor, al tiempo que simplifica las operaciones de mantenimiento al concentrar los equipos electromecánicos fuera del medio marino. La estructura incorpora brazos hidráulicos articulados entre el volumen flotante y el sustrato fijo, junto con sistemas de elevación automática que retraen los dispositivos ante oleajes superiores a cinco metros, preservando la integridad del conjunto frente a eventos extremos y minimizando la interferencia con el bentos al evitar intervenciones directas sobre el lecho submarino. Esta lógica de adaptación formal, basada en la lectura precisa de la topografía y de las dinámicas costeras, privilegia la flexibilidad operativa sobre la imposición constructiva, como se evidencia en la planta piloto de AltaSea, en Los Ángeles, diseñada para una potencia de 100 kW, suficiente para abastecer a unas 80 viviendas, cuya puesta en funcionamiento está prevista para septiembre de 2025.
De forma paralela, la energía mareomotriz explota la regularidad de los ciclos gravitacionales sol-lunares mediante turbinas submarinas instaladas en estrechos con elevada amplitud de marea. Proyectos como Orbital O2, en las islas Orcadas, con una potencia de 2 MW y una estructura flotante de 74 metros de eslora equipada con rotores duales de 20 metros de diámetro, o el conjunto MeyGen en el canal de Pentland, que alcanza una capacidad instalada de 6 MW, ilustran la capacidad de estas tecnologías para suministrar energía de manera predecible a miles de hogares. Estos casos subrayan la eficiencia energética del medio acuático, donde la mayor densidad del fluido permite una captación volumétrica superior a la del viento. En el contexto ibérico, la central mareomotriz de Mutriku, en Guipúzcoa, operativa desde 2011 e integrada en un dique mediante 16 cámaras de columna de agua oscilante (OWC), ha superado los 2 GWh de producción acumulada. A ello se suma un prototipo en desarrollo en la costa valenciana, con una potencia de 20 kW y una producción anual estimada de 130.000 kWh, equivalente al consumo de un bloque residencial de unas 40 viviendas y con una reducción asociada de 36 toneladas de CO₂. Estas intervenciones, de escala controlada, señalan una transición progresiva hacia redes energéticas híbridas que buscan integrarse en la morfología litoral sin alteraciones drásticas. Desde una lectura formal y conceptual, estos sistemas remiten a una lógica moderna en la que la estructura se ajusta a los ritmos naturales del medio, abriendo interrogantes sobre su posible ampliación y combinación con otros gradientes energéticos, como los térmicos o salinos, dentro de estrategias costeras más complejas.

Tecnologías Undimotrices: Captación Ondulatoria y Conversión Mecánica
La energía undimotriz se basa en la captación del movimiento oscilatorio superficial de las olas, generado principalmente por la fricción del viento sobre la masa acuática, mediante dispositivos capaces de transformar una cinética irregular en una producción eléctrica regulada. Entre las soluciones más extendidas se encuentran las columnas de agua oscilante (OWC), en las que el oleaje provoca la compresión y descompresión de aire en cámaras parcialmente cerradas para accionar turbinas, y los absorbedores puntuales, donde flotadores articulados activan pistones hidráulicos conectados a generadores situados en tierra. Estos sistemas, generalmente anclados a infraestructuras portuarias preexistentes como espigones o muelles, adoptan configuraciones volumétricas adaptativas que reducen la necesidad de intervenciones directas sobre el sustrato marino. La incorporación de mecanismos de retracción automática frente a eventos extremos permite preservar la integridad estructural del conjunto, como ocurre en los prototipos de Eco Wave Power, que convierten el vaivén del oleaje en flujos hidráulicos cerrados mediante fluidos biodegradables. Desde una lectura formal, esta modulación técnica remite a principios racionalistas de articulación fluida, en los que la envolvente flotante responde a los ritmos ambientales sin imponer rigideces constructivas, si bien su menor predictibilidad, en comparación con los ciclos mareales, exige sistemas híbridos con capacidad de almacenamiento para garantizar la estabilidad de las redes eléctricas.
En contraste, la energía mareomotriz obtiene su potencia a partir de las variaciones periódicas del nivel del mar, inducidas por la atracción gravitacional sol-lunar, mediante presas o turbinas submarinas que canalizan flujos bidireccionales en estrechos de elevada amplitud. Estas configuraciones generan volúmenes de agua regulados que impulsan rotores horizontales con una regularidad temporal predecible a lo largo de las 24 horas. Ejemplos representativos son la plataforma Orbital O2, con una eslora de 74 metros y rotores duales de 20 metros de diámetro para una potencia de 2 MW, o los parques del proyecto MeyGen, que emplean turbinas de 1,5 MW en las corrientes del canal de Pentland. La elevada densidad hidrostática del agua, significativamente superior a la del aire, incrementa la eficiencia volumétrica de captación y reduce la dependencia de condiciones climáticas variables. Esta periodicidad cíclica posiciona a la mareomotriz como un componente estabilizador dentro de matrices energéticas renovables diversificadas, aunque su aplicación queda restringida a ámbitos geográficos con gradientes significativos, abriendo interrogantes sobre su articulación futura con otros aprovechamientos, como los gradientes térmicos o salinos, en estrategias de mayor escala.
Eficiencia Energética: Undimotriz versus Mareomotriz
La eficiencia energética de las tecnologías undimotrices, orientadas a modular la cinética irregular del oleaje superficial mediante absorbedores flotantes o columnas de agua oscilante, se encuentra condicionada por la variabilidad del régimen eólico que genera las olas. Esta dependencia se traduce en factores de capacidad generalmente situados entre el 20 y el 40 %, aunque dicha limitación se ve parcialmente compensada por el elevado potencial energético global del recurso, estimado en torno a los 29.500 TWh anuales, una magnitud superior al consumo eléctrico mundial actual. Este rendimiento se explica por la alta densidad hidrostática del medio acuático, que permite concentrar una mayor potencia por unidad de superficie en comparación con el viento.
En contraste, las tecnologías mareomotrices aprovechan flujos gravitacionales de carácter periódico y altamente predecible, alcanzando factores de capacidad superiores, que pueden situarse entre el 40 y el 60 % en emplazamientos óptimos. La explotación de corrientes mareales resulta eficiente incluso a velocidades relativamente bajas, del orden de 1 m/s, debido a que la densidad del agua es entre 800 y 1.000 veces mayor que la del aire. Esta condición favorece la configuración de volúmenes hidráulicos regulados y de ciclos bidireccionales que reducen las pérdidas energéticas y garantizan una producción estable. La regularidad mareal, comparable a una modulación rítmica constante, sitúa a la energía mareomotriz como un elemento con capacidad estructurante dentro de redes eléctricas diversificadas, aunque su potencial teórico global sea inferior al del recurso undimotriz.
Desde una perspectiva formal y de escalabilidad, ambas tecnologías presentan lógicas constructivas diferenciadas. La undimotriz se apoya en envolventes adaptativas, con flotadores capaces de responder a amplitudes variables del oleaje, lo que exige soluciones estructurales robustas frente a la fatiga mecánica y la corrosión marina, incrementando los costos operativos. La mareomotriz, en cambio, recurre a geometrías fijas, como turbinas instaladas en estrechos o sistemas de cierre parcial, que optimizan la conversión volumétrica con una menor variabilidad operativa, aunque dependen de gradientes mareales significativos, generalmente superiores a los cuatro metros. Estas diferencias técnicas y formales abren la posibilidad de plantear sistemas híbridos de aprovechamiento múltiple, en los que plataformas integren tecnologías undimotrices, mareomotrices y eólica marina, siguiendo una lógica de integración territorial en la que la forma construida se subordina a los flujos naturales del medio sin imponer rigideces innecesarias.

Rendimiento Energético Típico por MW Instalado
El rendimiento energético por megavatio instalado en tecnologías undimotrices se sitúa, de forma general, entre 1.750 y 3.500 MWh anuales, condicionado por factores de capacidad que oscilan entre el 20 y el 40 % como consecuencia directa de la irregularidad del oleaje superficial. Sistemas como los absorbedores flotantes o las columnas de agua oscilante (OWC) transforman amplitudes variables, que pueden alcanzar valores próximos a los cinco metros, en flujos hidráulicos o neumáticos regulados. La planta de Mutriku, integrada en un dique mediante 16 cámaras OWC y operativa desde 2011, ha acumulado en torno a 2 GWh, lo que se traduce en un rendimiento medio anual modesto por megavatio instalado. De manera similar, los prototipos de Eco Wave Power, con potencias del orden de los 100 kW, presentan producciones marcadamente estacionales, dependientes de la persistencia y dirección de los regímenes eólicos marinos.
Las tecnologías mareomotrices, en cambio, alcanzan valores significativamente superiores, situados entre 4.000 y 7.000 MWh anuales por MW instalado, gracias a factores de capacidad que pueden superar el 40 % y aproximarse al 60 % en emplazamientos óptimos. Esta diferencia se explica por la explotación de ciclos gravitacionales bidireccionales altamente predecibles, asociados a dos pleamares diarias, que permiten una operación continua y estable. Instalaciones como Orbital O2, con una potencia de 2 MW, o el conjunto MeyGen, con 6 MW instalados en corrientes del canal de Pentland, evidencian esta capacidad, beneficiándose de velocidades relativamente moderadas del flujo —en torno a 1,5 m/s— amplificadas por la elevada densidad hidrostática del agua, aproximadamente 800 veces superior a la del aire.
Desde un análisis comparativo, la disparidad de rendimiento entre ambas tecnologías responde a la diferencia estructural entre la estabilidad rítmica del gradiente sol-lunar y la naturaleza entrópica del oleaje. Mientras las turbinas mareomotrices canalizan flujos laminares en estrechos definidos, con pérdidas reducidas por fricción y una geometría de operación constante, los dispositivos undimotrices deben incorporar sistemas de retracción y sobredimensionamiento estructural para resistir eventos extremos, lo que atenúa los picos de producción y acelera los procesos de fatiga y corrosión. En términos formales, la mareomotriz se aproxima a una lógica de modulación fija, comparable a infraestructuras portuarias como esclusas o compuertas, optimizada para contextos geográficos específicos con amplitudes mareales superiores a los cuatro metros. La undimotriz, por su parte, privilegia configuraciones adaptativas y envolventes móviles, más adecuadas para tramos costeros extensos pero menos eficientes desde el punto de vista volumétrico.
Estas diferencias técnicas y operativas abren el campo a estrategias híbridas, en las que la complementariedad entre fuentes permita equilibrar variabilidad y estabilidad sin alterar de forma sustancial las morfologías litorales existentes. La combinación de sistemas undimotrices, mareomotrices y soluciones de almacenamiento plantea así un escenario de integración progresiva, en el que la eficiencia energética se articula a partir de la lectura precisa de los flujos naturales y de su traducción en estructuras técnicas coherentes con el territorio.
Variabilidad por configuración y sitio específico
En parques de corrientes mareales como MeyGen, en Escocia, con una potencia instalada de 6 MW distribuida en turbinas de 1,5 MW, el rendimiento medio alcanza valores cercanos a los 6.500 MWh anuales por MW instalado, asociado a velocidades de flujo comprendidas entre 2 y 4 m/s. De forma comparable, la plataforma Orbital O2, con una potencia de 2 MW y rotores duales de 20 metros de diámetro, registra producciones estimadas en torno a los 5.000 MWh/MW-año, suficientes para abastecer aproximadamente a 2.000 hogares. Estos resultados evidencian la influencia decisiva de la profundidad, la amplitud mareal y la geometría de los canales, particularmente optimizadas en el sistema pentlandiano, donde la captación cinética se mantiene elevada y estable sin una dependencia estacional significativa.
Desde el punto de vista operativo, esta regularidad remite a una lógica de geometría fija en la que el flujo es canalizado y controlado por ciclos previsibles, favoreciendo esquemas de operación continua. La posibilidad de escalar estos sistemas mediante conjuntos de turbinas submarinas plantea escenarios de reducción progresiva del coste nivelado de la energía (LCOE), con estimaciones que sitúan valores futuros entre 0,10 y 0,20 €/kWh en contextos de madurez tecnológica, a pesar de los desafíos asociados a la corrosión marina y a los costos de operación y mantenimiento. Estas métricas refuerzan el papel de la energía mareomotriz como componente estabilizador dentro de matrices energéticas híbridas, con un impacto limitado sobre las morfologías litorales extensas.
Potencial mareomotriz en Argentina: amplitudes y rendimiento estimado
En el contexto argentino, el Estrecho de Magallanes se perfila como un emplazamiento de alto interés para el desarrollo mareomotriz, con amplitudes medias de entre 6 y 12 metros entre mareas bajas y altas, condicionadas por efectos de resonancia en el sistema patagónico. En este ámbito, los flujos bidireccionales en canales estrechos permitirían la instalación de turbinas submarinas con rendimientos anuales estimados del orden de 5.000 a 6.500 MWh por MW instalado, asumiendo factores de capacidad del 50 al 60 %, derivados de la periodicidad sol-lunar y de la elevada densidad hidrostática del agua.
Estudios prospectivos, como los desarrollados por el ITBA, identifican potenciales instalables de entre 200 y 500 MW en sectores como Punta Loyola o Bahía San Gregorio, donde gradientes superiores a los 8 metros generan volúmenes de agua regulables con baja variabilidad estacional. Sin embargo, la complejidad logística de los entornos australes y la ausencia de infraestructuras energéticas asociadas limitan estas estimaciones a un plano teórico, sin validación empírica a partir de instalaciones operativas.
Potencial mareomotriz en Chile: amplitudes y rendimiento estimado
Chile presenta condiciones particularmente favorables para la energía mareomotriz en áreas como el Canal de Chacao y el Golfo de Corcovado, donde se registran amplitudes de entre 7 y 15 metros, con máximos superiores a los 10 metros en sectores australes. Las modelizaciones hidrodinámicas realizadas en estos emplazamientos indican rendimientos potenciales de entre 6.000 y 8.000 MWh anuales por MW instalado, asociados a velocidades de flujo de 2 a 4 m/s y a una elevada eficiencia de conversión, en algunos casos superior al 80 %.
Evaluaciones preliminares publicadas en ámbitos académicos y técnicos estiman capacidades instalables de entre 100 y 300 MW en zonas como Ancud o Mejillones, donde la implantación de conjuntos de turbinas en fiordos y canales permitiría una producción continua y altamente predecible. No obstante, factores como el impacto sobre los ecosistemas bentónicos y los costos operativos vinculados a la corrosión marina condicionan la escalabilidad de estos sistemas, a pesar de su alto potencial como fuente de potencia firme en redes eléctricas híbridas.
Ausencia de datos medidos en estaciones mareomotrices argentinas
En Argentina no existen, hasta el momento, estaciones mareomotrices operativas que aporten datos medidos de rendimiento anual en términos de MWh por MW instalado. El desarrollo de esta tecnología permanece en una fase prospectiva, sustentada en simulaciones y estudios teóricos aplicados a emplazamientos como el Estrecho de Magallanes o Punta Loyola. En estos casos, las amplitudes mareales de entre 6 y 12 metros permiten proyectar rendimientos potenciales de 5.000 a 6.500 MWh/MW-año, basados en factores de capacidad hipotéticos del 50 al 60 %.
La ausencia de validación empírica introduce un margen de incertidumbre significativo en la evaluación de la eficiencia real de estos sistemas, reflejando tanto las dificultades logísticas de los territorios australes como la falta de marcos regulatorios y financieros consolidados. Aunque la elevada densidad hidrostática del medio marino ofrece condiciones favorables para una producción energética estable, la materialización de este potencial requiere inversiones iniciales sustanciales y proyectos piloto que permitan calibrar, con datos reales, la viabilidad técnica y económica de la energía mareomotriz en el país.
Estimaciones Teóricas y Comparaciones Globales Contextuales
Proyectos académicos del ITBA y similares proyectan rendimientos en Bahía San Gregorio o Ushuaia basados en gradientes >8 m, extrapolando métricas globales como La Rance (Francia, ~2.300 MWh/MW histórico ajustado) o Sihwa (Corea), adaptadas a resonancias locales que amplifican cinética en canales estrechos, aunque sin mediciones in situ que cuantifiquen pérdidas por fricción bentónica o varianza estacional. Reflexionando sobre su formalidad conceptual, esta ausencia de datos medidos invita a interrogantes sobre la integración situs de turbinas submarinas en fiordos magallánicos, donde la modulación fija evocaría principios modernos de articulación fluida —subordinando geometrías al ritmo sol-lunar—, priorizando simulaciones numéricas que duplican salidas undimotrices locales hasta que pilotos validen la escalabilidad sin alterar equilibrios ecosistémicos preexistentes. Tales limitaciones subrayan el rol complementario en matrices híbridas renovables argentinas, pendientes de incentivos para trascender lo especulativo.
NT
Fuentes Bibliográficas
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