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Frank Lloyd Wright, entre dos culturas

Frank Lloyd Wright, Ward W. Willits House, 1901, tecnne

Algunas de las reflexiones más violentas de la contestación cultural contemporánea, van dirigidas contra las experiencias individuales mitificadas por la historia; en parte esta agresividad sin matices, tiene una vigencia justificada, porque la objetividad crítica-histórica ha estado administrada por una historia y una crítica, ambigua y retórica, pero conviene matizar que un gran sector de estos jóvenes hegelianos, confunde en no pocas ocasiones la experiencia individual y la experiencia social, la condición individual del hombre y su condición social.

Las experiencias individuales cuando están dramatizadas por la historia y condicionan al hombre a una soledad sin esperanza, son experiencias que conviene arrasar, porque frustran la conducta progresiva del ser humano, pero cuando estas experiencias y conductas contribuyen de una forma positiva a crear un clima que favorezca la esperanza social, las actitudes individuales y sus experiencias ofrecen un salto de escala, adquiriendo una auténtica condición social.

Frank Lloyd Wright, Oak Park Home & Studio, 1889, tecnne
Frank Lloyd Wright, Oak Park Home & Studio, 1889

Si alguna figura, dentro del campo de la cultura arquitectónica contemporánea, ha favorecido más una conducta individual y ha desarrollado de forma más consciente el culto a la personalidad, ninguna lo ha realizado con tanto ceremonial como la del “gran gigante americano”, el arquitecto Frank Lloyd Wright, pero si su ceremonial ha registrado todos los cánones posibles de la vanidad personificada, sus conquistas arquitectónicas siguen siendo hoy, cosa pocas veces lograda, por la gran legión de aprendices, que trata tantas veces de rastrear los fondos culturales de su testamento.

Wright inicia sus trabajos en una América ganada por el pragmatismo, una ideología técnica, aparece mezclada con un culto hedonista, que trataba a los supuestos arquitectónicos, con un lenguaje de ropaje europeo y un culto a la naturaleza, codificado para la clase media, que había formulado ya su credo político para la conquista del poder.

Frank Lloyd Wright, Robie House 1906, tecnne
Frank Lloyd Wright, Robie House 1906

La nostalgia del emigrante europeo y su nueva conciencia de clase, creaba unas imágenes arquitectónicas, mezcla de idealismo clásico y de utilitarismo preindustrial. Esta incipiente arquitectura de consumo, infravalorada, ascrita a configurar unos modelos ambientales que garantizaran la imagen del status, más que a resolver y enseñar los auténticos problemas del habitat humano, ofrecía un campo de lucha lo suficientemente atractivo para el Wright joven, que había abandonado los estudios de ingeniería y se negaría a seguir estudios en aquellos “centros de perdición” que se denominaban escuelas de Arquitectura.

Wright como Mies, como Le Corbusier, fueron los primeros contestatarios, frente a un academicismo estéril y superficial, que trataba de controlar la enseñanza con títulos y diplomas. Su intransigente americanismo, nacía de una conducta típica de la América de finales de siglo, Jefferson, Roth y sobre todo Sullivan, su gran maestro, le habían iniciado en las propuestas de una arquitectura autóctona, producto de una sociedad sin clases donde la técnica iba a protagonizar la historia del futuro pueblo americano, poetas, economistas. sociólogos, junto con los grandes pioneros de la industria ofrecían un canto a la incipiente forma de vida americana. El racionalismo económico que en arquitectura había provocado el funcionalismo arquitectónico, la industrialización progresiva, que formula los nuevos códigos de la estandarización y prefabricación y el desarrollo del capitalismo que en sus últimas fases provocaría la arquitectura de consumo, han sido los tres grandes apartados, por los que ha discurrido la historia más conflictiva de la arquitectura contemporánea, historia que en la figura de Frank Lloyd Wright ha tenido unas respuestas elocuentes.

Frank Lloyd Wright, E. E. Boynton House, 1908, tecnne
Frank Lloyd Wright, E. E. Boynton House, 1908

La yuxtaposición de espacios, es decir, la arquitectura que trabaja por formas aditivas, tenía sentido cuando la escala era monumental, cuando la arquitectura intenta abordar temas más domésticos de habitalidad como lo es, el de la vivienda, el análisis espacial ha de moverse por otros presupuestos. Wright cuando atacaba los aspectos más vulnerables del primer racionalismo, lo hacía desde una plataforma con una profundidad mayor de campo, desde la plataforma orgánica.

El racionalismo como lo precisó hace ya bastante tiempo Bruno Zevi, “era racional y científico particularmente en lo que respecta al tema social. a las exigencias utilitarias y a la técnica constructiva. El movimiento orgánico. al cual podría darse el nombre de segundo funcionalismo, es funcional respecto a estas cosas y además respecto a la sicología, aún más es funcional técnicamente, no respecto a la industria moderna, es funcional socialmente, no respecto a las abstractas teorías sociales, sino es funcional técnica, social y económicamente en nombre de la vida del hombre y de su mensaje espiritual. El movimiento orgánico es consciente de la diferencia que hay entre el robot y el hombre, el problema de la arquitectura es problema cualitativo y no solo cuantitativo, los seres humanos no son números para ser encasillados en cajas, que son ridículas cuando no delictuosas las definiciones de la “máquina para habitar” atribuidas a la vivienda del hombre, y su búsqueda se ha distinguido diferenciado, profundizado por esto” ¿Es búsqueda romántica?

Frank Lloyd Wright, S.C. Johnson Administrative Complex, 1936, tecnne
Frank Lloyd Wright, S.C. Johnson Administrative Complex, 1936

Quizás a este interrogante es a lo que el sector más joven del materialismo dialéctico, le formula su mayor agresividad, porque su dogmatismo rígido. al menos en el panorama de la dialéctica arquitectónica, le impide superar un concepto de ciencia a nuestro juicio hoy sin mucho valor, “la noción de ciencia como demostración unívoca y estática de fenómenos no relativos está superada”, máxime hoy cuando el campo de actuación de la ciencia proyecta su visión en la amplia panorámica, sicológica del hombre. La corriente orgánica de la cual Wright fue un decidido propulsor acepta en sus supuestos y recoge en sus objetivos los movimientos irracionales. no para protagonizarlos, pero sí para relacionarlos, para estudiarlos, para liberarlos a través de una metodología científica.

En este sentido, “en esta búsqueda, la obra de Wright representa una intuición fundamental, una guía, una directriz”. La arquitectura como interpretación personal tiene vigencia en relación y en orden a la capacidad de quien la realiza, y por supuesto en el testimonio y la aportación que entrega a su momento histórico, la obra de Frank Lloyd Wright vivió los procesos de dos culturas, una a nivel geopolítico, formular la imagen para una democracia en la que creían muchos americanos, otra a nivel antropológico, presionado por un nuevo campo de visión, postulando nuevos enfoques a una forma del principio de la realidad.

Frank Lloyd Wright, Taliesin West, 1937, tecnne
Frank Lloyd Wright, Taliesin West, 1937

Bastaría recorrer algunos de sus edificios, para poder comprobar estos supuestos, hoy más en boga por la difusión de las corrientes filosóficas más radicales, marginando su retórica, eludiendo la anécdota de su fetichismo personal, su obra sigue siendo un estímulo y un tratado valioso, frente a tanta arquitectura de panfleto, mantenida por una publicidad al servicio del capitalismo más agresivo, que trata de formularnos imágenes de idílicas experiencias o una rastrera habitabilidad donde el lucro es el único protagonista de la realidad espacial y que usurpa unas formas, que habían nacido para una realidad social con una conciencia de clase, frente a este mercantilismo arquitectónico o su evasión en formalismo “IN” o “OUT”, recorrer el testimonio de Wright es confirmar el proceso de la auténtica creación, la intuición al servicio de la razón, la razón al servicio de la metodología, la razón y la lógica al servicio del principio de la realidad.

Antonio Fernández Alba

Fernández Alba, Antonio “Frank Lloyd Wright, entre dos culturas” Nueva Forma N° 46/47 (1969), 86-87 ISSN 0532-1743

Foto de portada: Frank Lloyd Wright, Ward W. Willits House, 1901

Fotografías: ©franklloydwright.org

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