Steven Holl y el Lewis Arts Complex: fenomenología y porosidad

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Tecnne · Año 2020, n.º 12

Resumen

El Lewis Arts Complex, proyectado por Steven Holl Architects junto con BNIM para la Universidad de Princeton, constituye un caso de estudio sobre la integración entre arquitectura, fenomenología y espacio público. El conjunto organiza tres edificios dedicados a las artes mediante un foro subterráneo común que articula recorridos, relaciones visuales y continuidad espacial. El artículo examina cómo la noción de intencionalidad desarrollada por Steven Holl, en diálogo con la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty, estructura la implantación, la organización programática y la experiencia perceptiva del proyecto. Asimismo, analiza la reinterpretación arquitectónica del concepto de porosidad formulado por Walter Benjamin y Asja Lacis, adaptado al contexto de un campus universitario contemporáneo. La investigación aborda también la dimensión tectónica, la selección material y la relación entre estructura, acústica y percepción. Finalmente, valora críticamente los límites de la apertura institucional, mostrando cómo el proyecto articula arquitectura, ciudad y programa cultural mediante una organización espacial rigurosamente concebida.

Palabras clave: Steven Holl, Lewis Arts Complex, fenomenología arquitectónica, porosidad urbana, tectónica arquitectónica.

El Lewis Arts Complex: arquitectura, programa e implantación urbana

El Lewis Arts Complex corresponde a la ampliación de las instalaciones dedicadas a las artes escénicas y la música de la Universidad de Princeton, proyectada por Steven Holl Architects en asociación con el estudio BNIM. El conjunto está integrado por tres edificios: el Edificio de Danza y Teatro Wallace, la Torre de las Artes con la Galería Hurley y el Edificio de la Nueva Música. Estas piezas amplían los espacios destinados a la enseñanza, el ensayo y la producción artística del Lewis Center for the Arts y del Departamento de Música.

Los tres volúmenes se articulan mediante un nivel subterráneo común organizado en torno a un Foro de aproximadamente 8.000 pies cuadrados. Este espacio funciona como núcleo de encuentro y circulación, además de permitir la observación simultánea de los ensayos de danza, teatro y orquesta. Sobre el Foro se dispone una plaza pública con una piscina reflectante, cuya superficie incorpora tragaluces que conducen la luz natural hacia el nivel inferior, reforzando la continuidad espacial entre ambos estratos del conjunto.

La configuración arquitectónica del complejo responde a un planteamiento urbano que busca consolidar un nuevo acceso al campus. La implantación de los edificios favorece la permeabilidad peatonal y establece múltiples recorridos desde los distintos frentes del predio, promoviendo la interacción entre la Universidad y su entorno inmediato. En este sentido, el proyecto se concibe como un dispositivo de transición entre el ámbito académico y la ciudad, integrando espacios públicos y culturales dentro de una estructura de circulación abierta.

El complejo recibe su nombre de la donación de ciento un millones de dólares realizada en 2006 por Peter B. Lewis, egresado de Princeton en 1955 y antiguo fideicomisario de la institución. Este aporte constituye una de las inversiones filantrópicas de mayor envergadura destinadas a la expansión de la infraestructura cultural de un campus universitario estadounidense durante las primeras décadas del siglo XXI. Esta condición institucional y urbana proporciona el contexto necesario para examinar, en las secciones siguientes, el marco conceptual con el que Steven Holl y la crítica especializada interpretan las relaciones entre arquitectura, espacio público y vida académica.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, vista fachada
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University

Intencionalidad y fenomenología en la arquitectura de Steven Holl

Para comprender por qué Steven Holl subordina la resolución de los tres edificios a la noción de puerta y umbral, resulta necesario considerar su concepto de intencionalidad arquitectónica. Este principio ocupa un lugar central en su pensamiento y se sitúa por encima de las cuestiones estrictamente perceptivas, diferenciando su posición de una interpretación fenomenológica limitada al ámbito de las ciencias naturales. Holl sostiene que, independientemente de las múltiples lecturas que pueda suscitar una obra construida, la energía intelectual que le da origen permanece incompleta si no se articula en un propósito reconocible (Holl, 2008: 41). En el Lewis Arts Complex, la intención de transformar un programa cultural en un umbral urbano precede y organiza las decisiones relativas a la implantación, la organización espacial y la materialización del conjunto.

Esta concepción se relaciona con la manera en que Holl entiende la experiencia del espacio. Según el arquitecto, los elementos presentes en el interior de una habitación y aquellos que se perciben a través de una abertura visual se integran en una experiencia continua, donde primer plano, plano intermedio y horizonte conforman una única estructura perceptiva (Holl, 2008: 45)1. Esta condición constituye uno de los problemas fundamentales de la configuración espacial y remite al pensamiento de Maurice Merleau-Ponty, particularmente a la noción de l’entre-deux, entendida como un ámbito intermedio en el que las cosas adquieren relación y unidad (Pombo, 2013: 184)2. Desde esta perspectiva, el retorno de la fenomenología al debate arquitectónico amplió el marco conceptual de la disciplina al recuperar la experiencia perceptiva como una vía de conocimiento del espacio construido (Yorgancioglu, 2007: 26-27).

En el complejo de Princeton, estos postulados encuentran una traducción arquitectónica precisa. El Foro subterráneo, el teatro de caja negra y las salas de ensayo suspendidas del Edificio de la Nueva Música articulan relaciones visuales y espaciales que superponen distintos niveles de percepción, conectando actividades simultáneas mediante transparencias, vacíos y recorridos. La organización del conjunto convierte la percepción en un componente activo de la experiencia arquitectónica, al tiempo que hace explícita la intencionalidad proyectual que estructura el programa.

Esta aproximación se inscribe en una línea de pensamiento compartida por otros autores vinculados a la fenomenología de la arquitectura. Juhani Pallasmaa sostiene que la tradición arquitectónica occidental del siglo XX privilegió la experiencia visual en detrimento de los demás sentidos y propone una arquitectura capaz de involucrar la totalidad sensorial del cuerpo (Pallasmaa, 2005: 10-22). Gaston Bachelard, por su parte, interpreta el espacio habitado como un soporte de la memoria y la imaginación (Bachelard, 2000: 34-37), mientras que Christian Norberg-Schulz desarrolla una fenomenología del lugar orientada a comprender el genius loci, es decir, el carácter específico del entorno que la arquitectura interpreta y materializa (Norberg-Schulz, 1980: 5-23).

En este contexto teórico, el Lewis Arts Complex puede entenderse como una síntesis entre intencionalidad proyectual, experiencia perceptiva y construcción del lugar. La articulación entre espacio público, programa institucional y organización arquitectónica materializa estos principios en una intervención que integra la dimensión urbana, la estructura espacial y la experiencia del usuario dentro de un mismo sistema proyectual.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, vista exterior
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University

Porosidad urbana y continuidad espacial en el campus de Princeton

El concepto de porosidad al que Steven Holl recurre para interpretar su intervención en Princeton trasciende el ámbito estrictamente arquitectónico. Walter Benjamin y Asja Lacis lo formularon en 1925 en un ensayo dedicado a la ciudad de Nápoles, publicado en el Frankfurter Zeitung, donde definieron la porosidad como el principio que estructura la vida urbana a través de una red de umbrales capaces de atravesar el espacio y el tiempo de la ciudad (Benjamin y Lacis, 1925). En esta interpretación, la vivienda deja de constituir una unidad autónoma para integrarse en una secuencia continua de cuevas, patios, escaleras, arcadas y balcones que diluyen los límites entre el espacio público y el privado, entre las actividades domésticas y la vida colectiva. La porosidad describe, por tanto, una condición relacional antes que una configuración formal: un sistema espacial que favorece la transferencia de usos, recorridos y experiencias entre ámbitos tradicionalmente diferenciados.

En el Lewis Arts Complex, Holl incorpora este concepto como un principio de organización arquitectónica y urbana. El proyecto configura un nuevo acceso al campus de la Universidad de Princeton mediante una implantación que favorece la permeabilidad peatonal y la continuidad de los recorridos desde todos los frentes del conjunto. La porosidad se entiende aquí como la capacidad de establecer conexiones físicas, visuales y funcionales entre la universidad y su entorno inmediato, integrando el programa artístico en la dinámica cotidiana del campus y promoviendo el intercambio entre la comunidad académica y la ciudad.

Esta condición no se expresa únicamente en los puntos de acceso o en el tratamiento de las fachadas. Se manifiesta en la organización seccional del conjunto, donde los tres edificios convergen en un Foro subterráneo que articula las circulaciones y conecta visualmente las distintas actividades del programa. La plaza situada en el nivel superior, vinculada al Foro mediante tragaluces y vacíos, establece una continuidad espacial entre el espacio exterior y el interior, reforzando la percepción del complejo como un sistema integrado. La superposición de niveles, recorridos y relaciones visuales materializa una interpretación arquitectónica de la porosidad comparable a la descrita por Benjamin y Lacis para la ciudad de Nápoles, aunque adaptada a la escala y a las exigencias de un campus universitario.

En este contexto, el campus funciona como un tejido urbano condensado, donde el proyecto reproduce el problema planteado por Benjamin y Lacis: la construcción de umbrales que permitan la interacción entre distintas formas de vida colectiva. La Torre de las Artes refuerza esta lectura mediante su relación proporcional con el histórico Blair Arch, uno de los accesos monumentales del campus de Princeton. Esta referencia trasciende la semejanza formal y establece una continuidad urbana e institucional entre ambos elementos. El nuevo volumen prolonga la función de acceso asociada al arco histórico e incorpora el programa artístico a una secuencia espacial ya consolidada dentro de la estructura del campus.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, vista desde el espacio interior
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University

Organización espacial y programa arquitectónico del Lewis Arts Complex

La organización subterránea de los tres edificios en torno al Foro materializa el principio de continuidad espacial que estructura el conjunto. La plaza pública situada en el nivel superior y el espacio institucional ubicado por debajo permanecen vinculados mediante un sistema de tragaluces que introduce iluminación natural y establece una relación visual constante entre ambos estratos. La luz adquiere así una función arquitectónica que trasciende el requerimiento técnico de iluminación, al reforzar la continuidad perceptiva entre los espacios exteriores e interiores.

El Edificio de Danza y Teatro Wallace se configura a partir del principio de una estructura contenida dentro de otra. El teatro de caja negra, construido en acero, y las salas de danza, revestidas con paneles de aluminio espumado y madera lavada en blanco, se alojan dentro de un volumen mayor de hormigón visto. Esta organización responde a criterios estructurales y acústicos: el recinto escénico requiere aislamiento frente a vibraciones y transmisión sonora, condición que se resuelve mediante la independencia entre el volumen interior y la estructura portante exterior. La escalera principal articula los distintos niveles del edificio y organiza la secuencia de circulación vertical, integrando el desplazamiento del usuario en la experiencia espacial del conjunto.

La Torre de las Artes desarrolla una lógica de inserción en el tejido histórico del campus. Su volumen revestido en piedra establece una relación proporcional con el Blair Arch, incorporando al nuevo conjunto una referencia directa a uno de los accesos monumentales de la Universidad de Princeton. En su interior se distribuyen la Galería Hurley, dependencias administrativas y espacios de trabajo, concentrando funciones complementarias al programa artístico y consolidando el carácter institucional del edificio.

El Edificio de la Nueva Música se organiza a partir de un sistema estructural de suspensión. Sobre la sala principal de ensayo orquestal se disponen salas de práctica individuales suspendidas mediante varillas de acero, configuradas como volúmenes independientes revestidos en madera. La separación física entre estas cámaras y la estructura principal reduce la transmisión de vibraciones y mejora el aislamiento acústico, resolviendo una exigencia funcional mediante la organización estructural del edificio. Esta condición resulta igualmente perceptible durante el recorrido: la disposición suspendida de los recintos hace visible el funcionamiento constructivo del conjunto y establece una correspondencia entre la organización espacial, la estructura portante y las condiciones acústicas que caracterizan cada ambiente.

Percepción, recorrido y experiencia espacial en la obra de Holl

Steven Holl concibe el espacio arquitectónico en función de la experiencia del sujeto que lo recorre. Parte del supuesto de que las superficies, los límites y las relaciones espaciales modifican su percepción según la posición y el desplazamiento del observador. Este principio orienta el proyecto desde su concepción: el espacio se organiza como una secuencia de experiencias articuladas en el tiempo, antes que como una composición destinada a ser comprendida desde un único punto de vista.

Esta comprensión dinámica del espacio encuentra un correlato en la noción de cultura tectónica desarrollada por Kenneth Frampton, quien sostiene que la arquitectura se define tanto por la resolución material de sus sistemas constructivos como por la capacidad de hacer legible, a través de la forma, la lógica estructural que los organiza (Frampton, 1995: 2-27). En el Lewis Arts Complex, este principio se expresa mediante la diferenciación explícita de los sistemas portantes y de los recintos que contienen. La caja de acero del teatro, el marco estructural de hormigón que la envuelve y las salas de práctica suspendidas del Edificio de la Nueva Música manifiestan su funcionamiento constructivo sin quedar ocultos por una envolvente homogénea. El recorrido permite identificar sucesivamente distintas lógicas estructurales —contención, inserción y suspensión—, cada una asociada a requerimientos funcionales y espaciales específicos.

Materialidad, tectónica y construcción arquitectónica

La estructura de hormigón de los tres edificios se reviste con piedra de Lecce, extraída en la región italiana del mismo nombre y formada hace aproximadamente veintiún millones de años. La incorporación de este material introduce una dimensión temporal que trasciende la escala del edificio y del campus. La piedra sedimentaria establece un contraste con los sistemas contemporáneos de hormigón armado y acero, incorporando a la obra una referencia material vinculada a la permanencia geológica y a la tradición constructiva.

La selección y distribución de los materiales organizan una jerarquía perceptible tanto en el exterior como en el interior del conjunto. La piedra caracteriza la envolvente y define la presencia urbana de los edificios dentro del campus; el acero conforma los recintos escénicos, donde predominan las exigencias de precisión estructural y control acústico; la madera reviste las salas de danza y las cámaras suspendidas del Edificio de la Nueva Música, aportando condiciones acústicas específicas y una cualidad táctil acorde con los espacios destinados a la práctica artística. La materialidad deja de cumplir una función exclusivamente expresiva para participar en la definición estructural, ambiental y sensorial de cada programa.

Esta organización material guarda correspondencia con la distinción que Holl establece entre intencionalidad proyectual y experiencia perceptiva. La envolvente pétrea proporciona continuidad institucional y relación con la escala urbana; los sistemas metálicos responden a las exigencias técnicas de los espacios escénicos; la madera interviene en la construcción de las condiciones acústicas y ambientales que caracterizan los ámbitos de ensayo y representación. Cada material contribuye, desde sus propiedades físicas y constructivas, a la configuración arquitectónica del conjunto.

La elección de la piedra de Lecce también puede interpretarse a la luz de las reflexiones desarrolladas por Holl en Anchoring, donde plantea que cada proyecto debe surgir de una lectura específica de su emplazamiento y de las condiciones que lo definen (Holl, 1989: 9-11). En el Lewis Arts Complex, esta relación con el lugar no se establece mediante la reproducción de un lenguaje histórico propio de Princeton, sino a través de un material cuya procedencia geográfica y profundidad temporal introducen una referencia externa al contexto inmediato. La piedra incorpora una escala geológica que amplía la lectura del edificio y subraya su condición de nuevo acceso al campus, estableciendo una relación entre permanencia material, memoria constructiva e identidad institucional.

Espacio público e infraestructura cultural universitaria

Holl concibe el complejo como una infraestructura cultural integrada al espacio público, cuya organización favorece la relación entre la actividad académica y la comunidad circundante. La plaza ubicada sobre el Foro, con su piscina reflectante y el sistema de tragaluces que ilumina el nivel inferior, constituye el principal dispositivo de articulación entre ambos ámbitos. Desde este espacio exterior es posible establecer una relación visual con las actividades desarrolladas en los niveles subterráneos, incorporando el programa artístico a la experiencia cotidiana del campus.

Esta organización espacial puede interpretarse a la luz del concepto de porosidad formulado por Walter Benjamin y Asja Lacis. Al igual que en la descripción de Nápoles, el proyecto construye una secuencia de umbrales que relaciona ámbitos de uso diferenciado, permitiendo que la vida universitaria y las actividades artísticas mantengan una interacción continua. Sin embargo, esta condición no se apoya en la transparencia de la envolvente, sino en la sección arquitectónica del conjunto. La disposición escalonada de la plaza y del Foro establece conexiones visuales entre superficie y subsuelo, haciendo perceptible la actividad interior desde el espacio público y reforzando la continuidad entre ambos niveles.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, vista patio de agua
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University

Límites de la porosidad en la arquitectura universitaria contemporánea

La interpretación de la porosidad en el Lewis Arts Complex requiere, no obstante, una consideración crítica. En el ensayo de Benjamin y Lacis, la porosidad describe una condición urbana basada en el uso cotidiano y en la circulación espontánea entre espacios públicos y privados. En Princeton, en cambio, este principio se manifiesta principalmente mediante relaciones visuales y espaciales. Aunque el Foro y algunos espacios de ensayo pueden observarse desde la plaza, el acceso a las áreas de trabajo permanece regulado por el funcionamiento institucional de la Universidad. La continuidad espacial propuesta por el proyecto no implica, por sí misma, una apertura equivalente en términos de uso.

Esta diferencia pone de manifiesto el alcance y, al mismo tiempo, los límites de la operación arquitectónica. La porosidad construida por Holl depende de decisiones de gestión que exceden el proyecto, como los criterios de acceso, la programación cultural o las políticas de seguridad. En consecuencia, la arquitectura puede facilitar condiciones de interacción entre la institución y la ciudad, pero no determina de manera autónoma las formas de apropiación social del espacio.

Esta tensión también ha sido señalada en los estudios sobre la relación entre universidades y ciudad. Diversos autores sostienen que la apertura física de los campus contemporáneos continúa condicionada por factores vinculados a la propiedad, la seguridad y las políticas institucionales, circunstancias que restringen el grado de integración con el entorno urbano (O’Mara, 2012: 236-241). El Lewis Arts Complex participa de este contexto. La financiación filantrópica que hizo posible su construcción, la relación de la Torre de las Artes con el histórico Blair Arch y la inserción del conjunto dentro de una universidad de reconocido prestigio refuerzan su dimensión institucional al mismo tiempo que expresan una voluntad de apertura.

Desde esta perspectiva, la porosidad propuesta por Holl no constituye una condición plenamente equivalente a la descrita por Benjamin y Lacis, sino una reinterpretación arquitectónica adaptada a un programa universitario contemporáneo. Su principal aporte consiste en hacer visible la coexistencia entre apertura y control institucional mediante la organización espacial del conjunto. El proyecto no elimina esa tensión, pero la incorpora como parte de su configuración arquitectónica, convirtiéndola en un aspecto explícito de la relación entre edificio, campus y espacio público.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, vista interior
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University

Fenomenología, porosidad y arquitectura universitaria contemporánea

El Lewis Arts Complex sintetiza dos líneas conceptuales presentes en la producción teórica y proyectual de Steven Holl. La primera corresponde a una comprensión fenomenológica del espacio, influida por el pensamiento de Maurice Merleau-Ponty, que sitúa la percepción corporal y la intencionalidad como fundamentos de la experiencia arquitectónica. La segunda se vincula con la noción de porosidad, reinterpretada desde un concepto de origen urbano para redefinir las relaciones entre el campus universitario y su entorno. En el proyecto, ambas perspectivas convergen en una organización arquitectónica donde las decisiones constructivas y espaciales materializan un marco conceptual preciso. La caja de acero del teatro, el marco estructural de hormigón que la contiene, la Torre de las Artes vinculada al Blair Arch y las salas de práctica suspendidas del Edificio de la Nueva Música expresan simultáneamente requerimientos técnicos, estructurales y acústicos, así como una reflexión sobre la percepción, el recorrido y la continuidad espacial.

La relevancia del conjunto trasciende su resolución formal y constructiva. El proyecto propone una interpretación de la infraestructura cultural universitaria en la que la organización del espacio favorece la interacción entre la institución y el ámbito urbano. La porosidad se materializa mediante una red de recorridos, relaciones visuales y espacios intermedios que articulan el programa artístico con la vida cotidiana del campus. Si bien su alcance depende de condiciones institucionales que exceden el diseño arquitectónico, la configuración espacial hace explícita la voluntad de aproximar la actividad académica al espacio público.

En este sentido, el Lewis Arts Complex constituye una aplicación coherente de los principios desarrollados por Holl en torno a la fenomenología, la tectónica y la relación entre arquitectura y lugar. Asimismo, el proyecto incorpora aportes teóricos de autores como Merleau-Ponty, Juhani Pallasmaa, Gaston Bachelard y Christian Norberg-Schulz, integrándolos en una propuesta que vincula experiencia perceptiva, construcción material y organización urbana. Su contribución al debate contemporáneo sobre la arquitectura educativa radica en demostrar que las decisiones relativas a la estructura, la materialidad y la implantación pueden constituir, al mismo tiempo, respuestas técnicas y formulaciones espaciales capaces de interpretar las relaciones entre institución, ciudad y espacio público.

Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, bosquejos
Steven Holl, Lewis Arts Complex, Princeton University, bosquejos ©Steven Holl

Fotografías: ©Paul Warchol


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©TECNNE, publicado en 2017, actualizado en 2020

Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1234

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