Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El Garage Citroën de Jan Wils constituye una obra decisiva para comprender la transición de la arquitectura neerlandesa entre la tradición tectónica de H.P. Berlage y los lenguajes industriales de la modernidad de entreguerras. El edificio integra programas vinculados a la movilidad mecanizada mediante una organización espacial basada en estructura metálica, transparencia y modulación funcional. A través de una composición rigurosa de entrepisos, bandas vidriadas y circulaciones diferenciadas, Wils articula exhibición, mantenimiento y administración dentro de una lógica arquitectónica asociada a la producción industrial y a la cultura del automóvil. La obra adquiere además una dimensión urbana al completar uno de los bordes estratégicos del Plan Zuid de Ámsterdam, estableciendo continuidad con el Estadio Olímpico y con la estructura territorial diseñada por Berlage. El análisis aborda también la permanencia y rehabilitación contemporánea del edificio, destacando su capacidad de adaptación funcional y la vigencia de sus principios tectónicos, espaciales y urbanos dentro del debate sobre conservación moderna.
Palabras clave: Jan Wils, Garage Citroën, arquitectura moderna neerlandesa, tectónica industrial, Plan Zuid.
1. De la Tradición Tectónica al Neoplasticismo Industrial
La formación intelectual y técnica de Jan Wils, nacido en Alkmaar en 1891, estuvo estrechamente vinculada al estudio de H.P.Berlage , donde colaboró desde 1914. Esa experiencia resultó decisiva en la consolidación de una concepción arquitectónica basada en la claridad estructural, la legibilidad del sistema portante y la expresión material como principios compositivos. La influencia de Berlage introdujo en Wils una comprensión tectónica de la arquitectura, sustentada en la relación entre construcción, orden y permanencia.
El encuentro con Theo van Doesburg en 1916 modificó ese horizonte disciplinar al incorporar los postulados abstractos que comenzaban a definir la vanguardia neerlandesa. A partir de entonces, Wils orientó su producción hacia una reducción geométrica progresiva y hacia una concepción espacial menos dependiente de las referencias históricas. Cuando estableció su práctica independiente en Voorburg en 1917, ya participaba activamente de los debates que desembocarían en la fundación de De Stijl. Sin embargo, su adhesión al neoplasticismo no implicó una ruptura absoluta con la tradición tectónica heredada de Berlage. Su obra temprana se desarrolló precisamente en la tensión entre ambos sistemas: por un lado, la disciplina constructiva del racionalismo holandés; por otro, la abstracción espacial promovida por Theo van Doesburg, Piet Mondriaan y Robert van’t Hoff.
La evolución de Wils entre 1914 y 1917 permite comprender la configuración de la denominada Nueva Escuela Holandesa, orientada a compatibilizar la solidez material de la tradición local con los principios espaciales de la arquitectura moderna. La firma del primer manifiesto de De Stijl en 1918 consolidó su incorporación a una arquitectura basada en planos autónomos, equilibrio volumétrico y supresión ornamental. El conjunto Daal en Berg, proyectado en 1920, constituye una síntesis temprana de esas búsquedas. Allí, las operaciones de interpenetración espacial y continuidad visual propias del neoplasticismo se integran con una materialidad cerámica y una composición aún vinculadas al orden berlagiano.
Esta capacidad de articulación entre tradición constructiva y abstracción moderna situó a Wils en una posición relevante dentro de la arquitectura neerlandesa de entreguerras. El encargo del Estadio Olímpico de Ámsterdam en 1924 confirmó esa proyección, particularmente en relación con programas de escala metropolitana y representación institucional. El edificio evidenciaba un dominio preciso de la composición axial, la modulación estructural y la construcción de una imagen pública asociada a la modernidad técnica.
El Garage Citroën debe interpretarse a partir de este recorrido intelectual y profesional. El proyecto constituye la consolidación de un proceso de investigación desarrollado durante más de una década, en el que Wils desplazó progresivamente el objeto arquitectónico desde una concepción ligada a la masa y al trabajo artesanal hacia una lógica basada en la producción industrial, la serialización y la transparencia constructiva. La arquitectura deja de organizarse en torno a la densidad material y pasa a definirse mediante sistemas ensamblados, estructuras metálicas y superficies continuas de vidrio.
Ese cambio permitió incorporar el programa automovilístico dentro de una formulación arquitectónica con capacidad representativa. El garaje asumió así una condición institucional comparable a la de los equipamientos públicos contemporáneos, integrando función técnica e imagen corporativa en un mismo dispositivo espacial. La experiencia acumulada por Wils en la articulación entre tectónica y abstracción resultó fundamental para abordar un programa cuya complejidad operativa exigía precisión funcional y control formal.
El proyecto también respondió a una coyuntura urbana específica. Tras los Juegos Olímpicos de 1928, la expansión de Ámsterdam demandaba operaciones capaces de concluir sectores estratégicos del tejido urbano incorporando los nuevos programas vinculados a la movilidad mecanizada. En ese contexto, el Garage Citroën funcionó como una pieza de transición entre la ciudad consolidada del Plan Zuid y las nuevas tipologías industriales asociadas a la modernidad metropolitana.

2. Plan Zuid, Infraestructura Automovilística y Continuidad Urbana
La relevancia del Garage Citroën radica, en primer término, en su capacidad para completar uno de los vacíos urbanos surgidos dentro del Plan Zuid de H.P. Berlage. Tras los Juegos Olímpicos de 1928, la demolición de las estructuras temporales instaladas en la Stadionplein dejó sin resolución uno de los bordes de acceso al Estadio Olímpico. Frente a esa situación, el ayuntamiento de Ámsterdam estableció una condición precisa para la implantación de la nueva sede de Citroën: el proyecto debía ser desarrollado por Jan Wils, autor del estadio y figura capaz de garantizar continuidad formal y urbana dentro del conjunto.
La decisión municipal respondía a la necesidad de preservar la coherencia espacial y material de un enclave concebido como parte de la expansión monumental del sur de Ámsterdam. La incorporación de un programa industrial y comercial en un punto de alta visibilidad urbana exigía controlar su impacto sobre la composición general de la plaza. El encargo a Wils aseguraba, por tanto, una relación proporcional y volumétrica consistente con el orden definido previamente por Berlage y consolidado por el Estadio Olímpico.
La presencia de Citroën en los Países Bajos se remontaba a 1919, aunque hasta mediados de la década de 1920 sus actividades se distribuían en distintos talleres dispersos por la ciudad. La construcción del Citroëngebouw Zuid permitió centralizar funciones mecánicas, administrativas y comerciales dentro de una única estructura, asociando la imagen corporativa de la empresa con los valores de eficiencia técnica y modernidad industrial. Wils comprendió que el edificio no podía resolverse exclusivamente desde criterios operativos. Su implantación debía contribuir a definir el espacio público de la Stadionplein y establecer una transición adecuada entre la escala monumental del estadio y el tejido urbano circundante.
La respuesta arquitectónica se organizó mediante el fraccionamiento volumétrico y la modulación de los cuerpos edificados, evitando la presencia compacta y cerrada característica de la arquitectura industrial tradicional. La disposición de los volúmenes permitió introducir continuidad visual, ventilación y permeabilidad espacial dentro del conjunto, integrando el edificio en la secuencia urbana de la plaza. La estructura metálica y los cerramientos vidriados reforzaron esa condición abierta, sustituyendo la lógica masiva del bloque por una composición basada en transparencia, ritmo estructural y lectura horizontal.
En este contexto, la arquitectura industrial asumió una función cívica vinculada a la consolidación del tejido urbano moderno. El Garage Citroën operó simultáneamente como infraestructura automovilística y como elemento de cierre urbano dentro de la denominada “ciudad de piedra y deporte”. Aunque el edificio conservaba autonomía funcional, su composición permanecía subordinada al sistema de ordenación territorial concebido por Berlage. La obra introducía así una relación precisa entre movilidad mecanizada, representación corporativa y estructura urbana.
Diversos estudios críticos, entre ellos los de Tummers y Sorgedrager (2000), han señalado que el edificio forma parte de un conjunto arquitectónico fundamental para la identidad moderna de Ámsterdam. Esa valoración se explica por la capacidad del proyecto para integrar programas asociados a la producción y circulación automovilística dentro de una composición urbana de carácter monumental. La racionalidad técnica del garaje no se presenta como un elemento autónomo o disruptivo, sino como parte de una continuidad arquitectónica más amplia.
La coherencia del proyecto se extiende desde la escala urbana hasta la organización interna del edificio. La claridad compositiva de la envolvente encuentra correspondencia en una estructura funcional rigurosa, donde circulación, exhibición y mantenimiento se articulan mediante un sistema espacial continuo y jerarquizado.

3. Análisis Arquitectónico: Sistemas, Lógica y Materialidad
El Garage Citroën se organiza a partir de una correspondencia precisa entre programa, circulación y sistema estructural. Wils articuló el edificio mediante una división funcional tripartita, asociada a accesos independientes que ordenaban los distintos flujos operativos. El primero, ubicado próximo a la esquina, conducía al salón principal de exposiciones, un espacio continuo destinado a la exhibición de vehículos cuya relación con la calle se intensificaba mediante amplias superficies acristaladas. La transparencia de la planta baja permitía extender visualmente el interior hacia el espacio público, incorporando la actividad comercial a la dinámica urbana de la Stadionplein.
El segundo acceso, dispuesto sobre la fachada principal, conectaba con el área de talleres mecánicos y lubricación. Allí se integraba la rampa vehicular que organizaba la circulación hacia los niveles superiores, resolviendo de manera eficiente el movimiento interno de automóviles dentro del edificio. Un tercer ingreso daba acceso a las áreas administrativas, al sector de atención al público y a la venta de repuestos. Esta diferenciación funcional permitía separar recorridos técnicos, comerciales y administrativos sin interrumpir la continuidad espacial general. En los niveles superiores se incorporaban viviendas para personal residente, comedores y servicios sanitarios, evidenciando una complejidad programática poco frecuente dentro de la arquitectura industrial de entreguerras.
La resolución técnica se apoyaba en una estructura combinada de acero y hormigón armado que liberaba la planta de condicionamientos murarios tradicionales. El sistema portante permitía grandes luces en talleres y áreas de exposición, así como una planta baja prácticamente transparente. Esta condición estructural favorecía la incorporación de bandas horizontales de ventanas continuas que recorrían la envolvente y garantizaban iluminación natural homogénea en los espacios de trabajo. La horizontalidad de los entrepisos y la repetición modular de los vanos reforzaban el carácter racional de la composición.
Sin embargo, el edificio no abandonaba completamente las referencias materiales de la tradición neerlandesa. Wils recubrió la fachada principal con ladrillo ocre dispuesto en un aparejo de gran precisión, similar al empleado posteriormente en el Teatro de la Ciudad. La utilización de la cerámica introducía una continuidad cromática y táctil con la arquitectura de Berlage y con el contexto urbano de Ámsterdam. Ese revestimiento operaba como una capa intermedia entre la lógica industrial de la estructura metálica y la permanencia material asociada a la tradición constructiva local.
La tensión entre la masa visual del ladrillo y la ligereza del esqueleto estructural se resolvía mediante una modulación rigurosa de llenos y vacíos. Los planos opacos alternaban con superficies transparentes en una composición regulada por el ritmo estructural y la proporción horizontal de los huecos. La fachada adquiría así una función representativa que excedía el mero cerramiento técnico. Su composición traducía hacia el exterior el orden funcional interno y construía una imagen corporativa vinculada a precisión, racionalidad y modernidad mecánica.
El equilibrio entre volúmenes horizontales y elementos verticales, desprovistos de ornamentación aplicada, otorgaba al edificio una identidad claramente reconocible dentro del paisaje urbano del sur de Ámsterdam. Aunque en 1970 la fachada fue recubierta con estuco blanco para establecer continuidad visual con la ampliación realizada en 1962, la estructura compositiva original permaneció legible. La persistencia de esa organización formal demuestra que la consistencia arquitectónica del proyecto reside principalmente en su sintaxis espacial, en la modulación estructural y en la relación entre transparencia y volumen, antes que en sus acabados superficiales.
La obra trasladó los principios de la cultura automovilística de entreguerras a una arquitectura de vocación permanente. La transparencia de la envolvente permitió establecer una relación directa entre actividad industrial, representación corporativa y espacio público, integrando el funcionamiento interno del edificio dentro de la experiencia urbana de la plaza.
4. Arquitectura, Movilidad y Representación Corporativa
Situar el Garage Citroën en el contexto sociopolítico de entreguerras implica comprender el modo en que la arquitectura participó en la consolidación de nuevas formas de movilidad, producción y consumo asociadas a la expansión de la cultura mecánica. El encargo de Citroën formó parte de una convergencia entre intereses privados y objetivos urbanos municipales, orientada a completar el desarrollo del Plan Zuid y consolidar la Stadionplein como uno de los principales espacios representativos del sur de Ámsterdam. En este marco, la intervención de Jan Wils adquirió una dimensión urbana que excedía el programa comercial del edificio.
Wils definió el garaje mediante una lógica arquitectónica diferenciada de la empleada en el Estadio Olímpico. Mientras el estadio recurría a una composición axial y a una monumentalidad vinculada a la representación pública, el Garage Citroën asumía una expresión asociada a la racionalidad técnica, la transparencia y la circulación mecanizada. La historiografía del proyecto ha señalado que el arquitecto insistió en preservar la autonomía funcional y formal del edificio, evitando que quedara subordinado al carácter simbólico del complejo deportivo. Esa independencia permitió desarrollar un lenguaje arquitectónico coherente con la naturaleza industrial del programa y con las demandas operativas del automóvil.
La relevancia urbana de la obra se consolidó a través de la configuración del denominado “tríptico de Wils”, integrado por el Estadio Olímpico y los dos edificios de Citroën emplazados sobre la plaza. El conjunto establecía una continuidad espacial y compositiva donde deporte, industria y comercio se integraban dentro de una misma estructura urbana. La presencia de Citroën dejaba así de responder exclusivamente a una lógica empresarial para incorporarse activamente a la construcción del paisaje metropolitano moderno.
La decisión municipal de concentrar el diseño del conjunto en un único arquitecto permitió mantener una relación equilibrada entre la tradición constructiva de Ámsterdam y los nuevos lenguajes asociados a la arquitectura racionalista. Wils articuló materiales y sistemas divergentes mediante una composición rigurosa que vinculaba la permanencia de la mampostería con la ligereza de las estructuras metálicas y las superficies vidriadas. Para el usuario de la década de 1930, la Stadionplein representaba un escenario donde deporte, tecnología y consumo se organizaban bajo un orden visual homogéneo, asociado a la idea de progreso urbano y eficiencia moderna.
La permanencia del Garage Citroën a lo largo del siglo XX demuestra la capacidad adaptativa de su estructura arquitectónica. Durante la Segunda Guerra Mundial, el edificio fue utilizado para el mantenimiento de aeronaves y posteriormente como depósito logístico de la Cruz Roja, aprovechando la flexibilidad espacial proporcionada por su sistema estructural. Esa versatilidad volvió a manifestarse en la posguerra, cuando el crecimiento comercial de Citroën impulsó la construcción de un segundo edificio frente a la plaza, proyectado también por Wils e inaugurado en 1962.
La nueva sede, caracterizada por una estructura de hormigón y una envolvente blanca de amplias superficies transparentes, permitió reorganizar el funcionamiento del conjunto. El edificio original de 1931 pasó a concentrar las áreas de venta y administración, mientras las nuevas instalaciones absorbían parte de las funciones técnicas y logísticas. Esta transformación programática no alteró la claridad espacial ni la coherencia formal del proyecto inicial.
La continuidad funcional del Garage Citroën confirma que la arquitectura desarrollada por Wils no dependía exclusivamente de un uso específico, sino de una organización espacial capaz de admitir modificaciones sin perder legibilidad estructural ni equilibrio compositivo. La precisión de la modulación, la flexibilidad de las plantas y la claridad del sistema portante permitieron que el edificio mantuviera vigencia dentro de contextos históricos y operativos profundamente distintos.




5. Rehabilitación, Permanencia y Adaptación Funcional
La restauración del Citroëngebouw Zuid, desarrollada por Bierman Henket entre 2017 y 2019, constituye un caso relevante para el estudio de la conservación y reutilización de la arquitectura moderna. La intervención transformó el antiguo garaje industrial en un complejo de oficinas y servicios comerciales, incorporando nuevas exigencias técnicas y normativas sin alterar la lógica espacial del proyecto original. El desafío principal consistió en adaptar una tipología concebida para la circulación y mantenimiento de automóviles a un programa contemporáneo basado en espacios de trabajo, permanencia prolongada y confort ambiental.
Uno de los aspectos centrales de la rehabilitación fue la recuperación material de la fachada. A partir de estudios estratigráficos y análisis técnicos, el proyecto restituyó el acabado original mediante la aplicación de pintura mineral de silicato, devolviendo al edificio la textura y las variaciones lumínicas propias de su configuración histórica (Bierman Henket, 2019). Esta operación permitió recuperar la relación entre superficie, modulación y profundidad material que había quedado parcialmente anulada por intervenciones posteriores.
La actuación contemporánea no se limitó a una restauración conservativa. El proyecto incorporó nuevos elementos arquitectónicos concebidos en continuidad con la sintaxis espacial de Wils. La demolición parcial del antiguo taller posibilitó la construcción de un espacio central de reuniones cubierto por una cúpula vidriada, cuya transparencia prolonga uno de los principios compositivos fundamentales del edificio original. Del mismo modo, la incorporación de un nuevo acceso acristalado y de una escalera orientada hacia el Estadio Olímpico intensificó la relación visual entre los componentes del conjunto urbano.
Las nuevas fachadas utilizaron paneles de cerámica vidriada cuyos tonos establecen continuidad cromática con el ladrillo pintado del edificio de 1931. Esta decisión evitó tanto la mimetización literal como el contraste excesivo entre las distintas etapas constructivas. La intervención mantuvo legible la jerarquía de los volúmenes históricos mientras incorporaba materiales y soluciones compatibles con los requerimientos técnicos contemporáneos.
La rehabilitación demuestra que la calidad arquitectónica del proyecto de Wils excedía las condiciones específicas de su programa original. La preservación de las bandas acristaladas, los acentos verticales y la modulación estructural confirmó la capacidad del edificio para admitir nuevos usos sin perder coherencia espacial. La flexibilidad de la planta y la claridad del sistema portante facilitaron la incorporación de instalaciones, circulaciones y espacios de trabajo contemporáneos sin comprometer la lectura general de la obra.
En este sentido, la intervención reafirma una condición característica de buena parte de la arquitectura moderna de entreguerras: su capacidad para operar como una estructura abierta a transformaciones funcionales sucesivas. El Citroëngebouw Zuid conserva vigencia no únicamente por su valor histórico, sino por la precisión de un orden espacial capaz de absorber cambios programáticos y técnicos manteniendo continuidad formal y urbana.
La obra de Wils permanece como un testimonio de la modernidad neerlandesa vinculada a la industria, la movilidad y la construcción metropolitana. Su permanencia contemporánea demuestra que la racionalidad compositiva y la claridad tectónica desarrolladas durante las primeras décadas del siglo XX continúan ofreciendo marcos operativos válidos para la reutilización arquitectónica actual.
6. El Garage Citroën y la Consolidación de la Modernidad Neerlandesa
El Garage Citroën de Jan Wils constituye una de las expresiones más precisas de la transición experimentada por la arquitectura neerlandesa durante el período de entreguerras. El edificio sintetiza la tradición tectónica asociada a H.P. Berlage con los principios espaciales y constructivos derivados de la modernidad industrial, articulando una relación equilibrada entre permanencia urbana y transformación técnica.
A través de una composición rigurosamente modulada, Wils logró incorporar un programa ligado al automóvil dentro de la estructura monumental del Plan Zuid sin alterar la coherencia urbana del conjunto. El garaje asumió así una doble condición: infraestructura funcional vinculada a la circulación mecanizada y pieza de definición territorial dentro de la Stadionplein. La precisión de su implantación, la transparencia de las fachadas y la claridad del sistema estructural permitieron integrar actividad industrial y espacio público en una misma operación arquitectónica.
La obra demuestra que la modernidad holandesa no se construyó a partir de una negación absoluta de la tradición, sino mediante la reformulación de sus principios materiales y urbanos. La persistencia del ladrillo como envolvente, combinada con estructuras metálicas y superficies continuas de vidrio, evidencia una continuidad crítica entre la ciudad de mampostería del siglo XIX y la estética técnica asociada a la producción industrial del siglo XX.
La permanencia del edificio y su adaptación a programas contemporáneos confirman la consistencia de la propuesta desarrollada por Wils. La flexibilidad de la planta, la racionalidad estructural y la claridad compositiva han permitido sucesivas transformaciones funcionales sin comprometer la identidad arquitectónica de la obra. En ese sentido, el Garage Citroën mantiene vigencia como parte activa de la estructura urbana de Ámsterdam y como referencia significativa dentro de la arquitectura moderna europea.
Su valor reside tanto en la resolución técnica del programa como en su capacidad para establecer relaciones duraderas entre industria, representación institucional y forma urbana. El edificio permanece como un testimonio de una etapa en la que la arquitectura buscó responder a las nuevas condiciones de movilidad y producción mediante sistemas espaciales precisos, abiertos y capaces de integrarse de manera estable en la ciudad histórica.
Marcelo Gardinetti
Bibliografía:
Bierman Henket Architecten. «Renovation and Extension of the Former Citroëngebouw Zuid». Memoria del Proyecto. Amsterdam: Bierman Henket, 2019.
Jaffé, Hans L. C. De Stijl, 1917-1931: La génesis, el contenido y el porvenir de un movimiento estético. Vertaald door José Manuel de Prada. Madrid: Alianza Editorial, 1985.
Tummers, Tijs, en Bart Sorgedrager. Het drieluik van Wils [El tríptico de Wils]. Amsterdam: Bas Lubberhuizen, 2000.
Imágenes de Portada: ©Klaas Vermaas / ©Citroën Nederland BV
Fotografías: ©Osslp van Dulvenbode ©Vincent Steenberg
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