Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
La arquitectura de Herzog & de Meuron se caracteriza por una comprensión proyectual centrada en la percepción como mecanismo fundamental de construcción espacial. Su obra desplaza el interés desde la forma entendida como objeto autónomo hacia la experiencia sensible producida por la interacción entre materia, superficie, luz y contexto. En este marco, la envolvente adquiere un papel decisivo como dispositivo de mediación entre edificio, ciudad y observador, transformándose en un campo de experimentación material capaz de modificar la lectura del volumen y la percepción del espacio. El estudio examina la evolución de esta posición teórica a través de intervenciones sobre estructuras preexistentes como la Tate Modern, CaixaForum Madrid y la Filarmónica del Elba. Estos proyectos evidencian una aproximación que integra memoria histórica y transformación contemporánea mediante operaciones materiales que preservan la legibilidad de distintas temporalidades urbanas. La Filarmónica del Elba sintetiza estas investigaciones al articular patrimonio industrial, innovación constructiva y experiencia perceptiva, consolidando una arquitectura donde la materia y la atmósfera actúan como instrumentos fundamentales de significación.
Palabras clave: Herzog & de Meuron, percepción arquitectónica, envolvente arquitectónica, intervención patrimonial, fenomenología del espacio.
Percepción y experiencia sensorial en el pensamiento proyectual de Herzog & de Meuron
La producción arquitectónica de Jacques Herzog y Pierre de Meuron sitúa la percepción como uno de los fundamentos centrales de su pensamiento proyectual, desplazando el interés desde la composición formal hacia la experiencia sensible y fenomenológica de la arquitectura. En este marco, el edificio deja de entenderse como un objeto autónomo para configurarse como un sistema de estímulos capaz de modificar la relación entre el habitante y su entorno mediante una mediación sensorial continua.
Sus obras se articulan a partir de procesos materiales cuya capacidad expresiva reside en las cualidades táctiles de sus componentes. La materialidad adquiere así un papel determinante en la construcción de la experiencia arquitectónica, ampliando el campo perceptivo desde la dimensión visual hacia el ámbito háptico. Esta aproximación produce formas particulares de interacción con la ciudad, al considerar que las propiedades físicas de los elementos constructivos participan activamente en la generación de significado y en la inserción de la obra dentro del contexto social y urbano.
La concepción de la arquitectura como una experiencia sensorial comparable a la música o al olfato, planteada por Brausch (1996), sustenta una comprensión de la materia desvinculada de jerarquías predeterminadas. Desde esta perspectiva, los materiales no responden a teorías de aplicación universales, sino que adquieren sentido a través de su activación perceptiva. La experiencia del usuario se convierte así en el mecanismo que articula la relación entre forma, materia y significado, reforzando una noción de autonomía disciplinar próxima a las prácticas artísticas.
En este sentido, Jacques Herzog sostiene que la arquitectura mantiene una relación de especial proximidad con el arte, aunque sin renunciar a su condición constructiva ni a las exigencias funcionales que le son propias (Ursprung, 2002). Esta posición teórica constituye uno de los antecedentes del debate contemporáneo sobre la envolvente arquitectónica, desplazando la atención desde la estructura portante hacia la piel del edificio como principal campo de experimentación material y perceptiva.
La relevancia otorgada a la presencia física de la arquitectura conduce a abordar cada proyecto como una respuesta específica a sus condiciones particulares. En consecuencia, la obra evita la aplicación de modelos tipológicos o categorías formales rígidas, favoreciendo soluciones capaces de intensificar la interacción perceptiva entre el sujeto, el objeto construido y el contexto en el que se inserta.

La envolvente arquitectónica como dispositivo material y perceptivo
El desarrollo de las envolventes en la obra de Herzog & de Meuron marca una transformación significativa respecto de las concepciones de fachada heredadas del periodo posmoderno. La piel arquitectónica adquiere una condición relativamente autónoma, capaz de mediar entre el edificio, el contexto y el observador mediante operaciones materiales y perceptivas que exceden su función de cerramiento.
Esta posición implica una comprensión contextual de los materiales. Desvinculados de significados estables o atributos simbólicos universales, los elementos constructivos adquieren valor a través de las relaciones que establecen con su entorno y con las condiciones específicas de percepción. La superficie deja así de ser un componente subordinado a la estructura para convertirse en un campo activo de producción de significado arquitectónico.
Las bases teóricas de esta aproximación pueden rastrearse en los planteamientos de Gottfried Semper y Rudolf, quienes cuestionaron las jerarquías tradicionales entre estructura y revestimiento al otorgar un papel central al ornamento y a la superficie como mecanismos de expresión arquitectónica (McCall, 2011). Herzog y de Meuron retoman esta tradición mediante envolventes concebidas como membranas independientes de la lógica tectónica subyacente, concentrando la atención en los efectos espaciales, las cualidades materiales y las transformaciones perceptivas que producen.
Mariann Simon (2011) describe este procedimiento como una forma de alquimia material sustentada en la investigación experimental y en el empleo de tecnologías de fabricación avanzadas. El resultado son superficies capaces de modificar la percepción del edificio mediante variaciones de textura, reflexión, transparencia o densidad visual, configurando atmósferas que transforman la experiencia del espacio construido.
En esta línea, Foster (2013) señala que algunas obras mantienen una relación directa entre materialidad y apariencia, mientras que otras intensifican los efectos fenoménicos mediante revestimientos, filtros y dispositivos de control lumínico que diluyen los límites entre superficie, imagen y construcción. La envolvente se convierte entonces en un elemento capaz de alterar la lectura del volumen y de redefinir la presencia del edificio en su contexto.
Esta aproximación incorpora una tensión deliberada entre abstracción y ornamento, entre la expresión de la materia y la ocultación de la estructura. La contradicción resultante no busca resolverse, sino constituirse como parte de la experiencia arquitectónica, situando al observador entre la comprensión racional del objeto construido y la percepción inmediata de sus efectos físicos (Ursprung, 2002).
Según McCall (2011), este enfoque recupera una dimensión experimental de la arquitectura al utilizar la envolvente como un dispositivo de mediación entre el interior y el espacio urbano. Su función trasciende la protección climática o la definición del límite edificatorio para participar activamente en la construcción de una imagen pública y en la configuración de relaciones visuales y materiales con el entorno.
Estas cuestiones adquieren especial relevancia en los proyectos de intervención sobre edificios existentes. En tales casos, la envolvente opera como un mecanismo de articulación entre las preexistencias y las nuevas incorporaciones, estableciendo un diálogo entre memoria y contemporaneidad que privilegia la transformación material y perceptiva de la obra sobre la expresión tectónica convencional.

Intervención patrimonial y transformación de las preexistencias arquitectónicas
La intervención sobre estructuras preexistentes constituye uno de los ámbitos más significativos de exploración en la obra de Herzog & de Meuron. En estos proyectos, la arquitectura se enfrenta simultáneamente a las condiciones materiales de la historia y a las exigencias contemporáneas de uso, produciendo respuestas que reformulan la relación entre memoria, transformación y experiencia espacial. Como señala Chevrier (2010), este tipo de actuación permite que la obra se abra a múltiples formas de interpretación y percepción, derivadas de la superposición de tiempos, materiales y sistemas constructivos.
Dentro de este campo, los arquitectos desarrollan aproximaciones diversas que oscilan entre la conservación de las cualidades esenciales del edificio existente y operaciones de transformación que alteran de manera sustancial su configuración original. La intervención en la Tate Modern de Londres constituye un ejemplo de la primera posición. El proyecto preserva la presencia urbana y la envolvente de la antigua central eléctrica de Bankside, manteniendo la potencia volumétrica que caracteriza al conjunto industrial. Las principales modificaciones se concentran en la reorganización espacial y en la incorporación de una cubierta acristalada sobre la nave central, elemento que incrementa el ingreso de luz natural y modifica las condiciones atmosféricas del espacio interior. La utilización de materiales compatibles con el carácter industrial del edificio contribuye a reforzar la continuidad entre la nueva institución cultural y la memoria productiva del lugar, favoreciendo su integración en el tejido urbano londinense.
Una actitud distinta se observa en el CaixaForum de Madrid, donde la intervención establece una relación más conflictiva con la preexistencia. El proyecto parte de una antigua central eléctrica de ladrillo cuya transformación altera de manera sustancial la percepción de su estructura original. La operación más significativa consiste en la eliminación del basamento pétreo, generando la impresión de que el volumen histórico se encuentra suspendido sobre el espacio público. Esta decisión libera la planta baja y permite la formación de una plaza urbana cubierta que amplía las áreas de circulación peatonal y redefine la relación del edificio con su entorno inmediato.
Simon (2011) observa que, tanto en esta obra como en el Fórum de Barcelona, el interés proyectual se desplaza desde la expresión de la construcción hacia la intensificación de los efectos materiales y perceptivos. La luz, los reflejos, las texturas y las cualidades hápticas de las superficies adquieren un protagonismo que reconfigura la experiencia del observador y modifica la lectura convencional del edificio.
No obstante, esta aproximación también ha suscitado cuestionamientos críticos. Garnica (2010) señala que el cierre de los vanos originales mediante fábricas de ladrillo elimina parte de la lógica compositiva y funcional asociada a la construcción histórica, reduciendo la legibilidad de algunos de sus rasgos patrimoniales. La incorporación de un nuevo volumen metálico en la coronación intensifica esta condición. Su geometría y materialidad dialogan con las cubiertas circundantes, aunque desde una lógica formal claramente contemporánea. El resultado es una composición basada en la coexistencia de sistemas arquitectónicos pertenecientes a épocas distintas, cuya relación se articula a través del contraste más que de la continuidad estilística.
Jencks (2013) interpreta esta superposición como una condición adhocista en la que tradición y contemporaneidad permanecen deliberadamente diferenciadas. La intervención no persigue una síntesis formal unitaria, sino la construcción de una tensión productiva entre ambos registros, privilegiando la experiencia espacial y material de la obra. Esta dialéctica entre conservación y transformación alcanza posteriormente un grado de mayor complejidad en la Filarmónica del Elba, donde la articulación entre estructura histórica y nueva envolvente se convierte en el principal argumento arquitectónico del proyecto.


La Filarmónica del Elba: superposición temporal y experiencia arquitectónica
La Filarmónica del Elba constituye una de las síntesis más complejas de las investigaciones desarrolladas por Herzog & de Meuron en torno a la materialidad, la envolvente y la intervención sobre estructuras preexistentes. El proyecto articula la memoria industrial del puerto de Hamburgo con un programa cultural de gran escala, combinando la reutilización del Kaispeicher A, antiguo almacén diseñado por Werner Kallmorgen en 1963, y la construcción de un nuevo volumen destinado a albergar la sala de conciertos y los espacios públicos asociados.
La intervención se apoya en la permanencia del edificio histórico, cuya presencia masiva y carácter portuario son preservados como parte fundamental de la composición arquitectónica. A diferencia de otras actuaciones donde la transformación altera de forma significativa la lectura de la preexistencia, en este caso las cualidades materiales y volumétricas del almacén son integradas como soporte físico y simbólico de la nueva construcción (Herzog & de Meuron, 2017). El basamento de ladrillo establece una continuidad con el paisaje industrial del puerto y actúa como contrapunto de la estructura superior, configurando una relación de complementariedad entre ambos cuerpos.
Esta superposición de tiempos arquitectónicos remite a lo que Jencks (2013) denomina ciudad-tiempo, una condición urbana en la que las diferentes capas históricas permanecen visibles y participan activamente en la construcción de nuevos significados. La intervención no persigue la homogeneización entre lo existente y lo añadido; por el contrario, mantiene la legibilidad de cada etapa constructiva y convierte su coexistencia en uno de los principales argumentos del proyecto.
La articulación entre ambas partes se produce mediante un amplio espacio intermedio situado a 37 metros de altura. Este nivel alberga una plaza pública elevada que funciona como umbral entre la estructura histórica y el nuevo volumen, al tiempo que ofrece vistas panorámicas sobre la ciudad y el puerto. Su posición estratégica permite organizar los flujos de acceso y distribuir los distintos programas del edificio, consolidando un ámbito de encuentro que vincula la institución cultural con el espacio urbano.
El recorrido de acceso desempeña un papel central en esta secuencia espacial. Una escalera mecánica de largo desarrollo atraviesa el interior del antiguo almacén y construye una experiencia gradual basada en la dosificación de las visuales hacia el exterior. La progresiva apertura del campo visual culmina en un gran mirador panorámico, recurso que puede asociarse a estrategias espaciales empleadas por Diller Scofidio + Renfro en The Broad, donde el desplazamiento del visitante forma parte de la construcción narrativa de la arquitectura.
En el interior, la Sala Principal concentra gran parte de la complejidad técnica del proyecto. Su diseño responde a exigencias acústicas de alta precisión, motivo por el cual el auditorio se encuentra estructuralmente desacoplado del resto del edificio mediante sistemas de apoyo destinados a minimizar la transmisión de vibraciones. La configuración espacial adopta una disposición envolvente de terrazas escalonadas alrededor del escenario central, garantizando una proximidad constante entre intérpretes y público. Ningún espectador se sitúa a más de treinta metros de los músicos, condición que favorece tanto la percepción sonora como la relación visual con la ejecución musical.
La definición material del auditorio contribuye de manera decisiva a estas prestaciones. Los revestimientos de fibra de yeso, conformados mediante miles de paneles individualizados, trabajan conjuntamente con el reflector acústico suspendido sobre el escenario para optimizar la difusión del sonido y controlar su comportamiento dentro de la sala.
La envolvente superior constituye otro de los aspectos distintivos de la obra. Su geometría ondulante y la utilización de paneles de vidrio curvados y serigrafiados generan una superficie cambiante que responde a las variaciones atmosféricas del entorno portuario. Los reflejos del agua, las modificaciones de la luz natural y las condiciones meteorológicas alteran continuamente la percepción del volumen, produciendo una imagen dinámica que contrasta con la estabilidad material del basamento de ladrillo.
La composición se apoya asimismo en una cuidadosa diferenciación de materiales y texturas. La rugosidad y densidad cromática del ladrillo establecen un vínculo con la infraestructura histórica del puerto, mientras que las superficies acristaladas introducen una condición más ligera y variable. La cubierta blanca y los balcones cóncavos perforados en la fachada contribuyen a modular la escala del conjunto, interrumpiendo la continuidad de la piel y reforzando la relación entre el edificio, el paisaje y sus usuarios.
En esta obra, la envolvente deja de entenderse como un simple cerramiento para asumir un papel activo en la definición formal, ambiental y perceptiva de la arquitectura. La relación entre materia, luz, reflejo y contexto se convierte en un componente esencial del proyecto, evidenciando cómo la configuración de la epidermis arquitectónica participa directamente en la construcción de su identidad y de su presencia urbana (Hernández Soriano, 2014).

Percepción, memoria y contexto en la arquitectura contemporánea
La trayectoria de Herzog & de Meuron, particularmente visible en obras de la escala y complejidad de la Filarmónica del Elba, permite reflexionar sobre el papel que la arquitectura desempeña en la configuración de la experiencia colectiva y en la construcción de nuevas relaciones entre ciudad, historia y espacio público. En este contexto, la pregunta formulada por Jacques Herzog acerca de la capacidad de la arquitectura para transformar una nación o modificar sus formas de vida continúa ocupando un lugar central dentro de su pensamiento. Aunque reconoce los límites de la disciplina frente a los procesos económicos, políticos y sociales, sostiene que la arquitectura puede intervenir en la manera en que las personas perciben, utilizan y comparten el entorno construido (Adam et al., 2012).
Los proyectos analizados muestran una práctica arquitectónica que sitúa la experiencia material y espacial como instrumentos fundamentales para producir significado. La atención otorgada a la envolvente, a las cualidades físicas de los materiales y a la construcción de atmósferas específicas configura una aproximación en la que la arquitectura actúa como un medio de mediación entre el individuo y el contexto. Desde esta perspectiva, la percepción no constituye un efecto secundario del proyecto, sino uno de sus principales mecanismos operativos.
La Filarmónica del Elba sintetiza de manera especialmente clara estas preocupaciones. La superposición entre la infraestructura portuaria existente y la nueva estructura cultural produce una articulación compleja entre permanencia y transformación, integrando distintas temporalidades urbanas dentro de una composición unitaria. En este sentido, el proyecto ejemplifica la noción de ciudad-tiempo propuesta por Jencks (2013), donde las huellas históricas permanecen activas y participan en la producción de nuevas formas de identidad urbana.
La relación entre el basamento de ladrillo y el volumen superior acristalado expresa esta condición mediante un contraste material y volumétrico cuidadosamente controlado. La aparente ligereza del cuerpo emergente no busca ocultar la presencia de la estructura histórica, sino establecer una relación de complementariedad que hace visible la coexistencia de distintos momentos de la ciudad. La arquitectura adquiere así la capacidad de revelar continuidades y transformaciones que habitualmente permanecen diluidas en el tejido urbano.
En conjunto, la obra de Herzog & de Meuron plantea una comprensión de la arquitectura como una práctica de interpretación crítica del contexto histórico y material. Sus proyectos exploran las posibilidades de la envolvente, la materia y la percepción como herramientas para construir nuevas formas de relación con el entorno. La arquitectura aparece entonces como un campo de mediación entre memoria y contemporaneidad, donde la interacción entre superficie, estructura y experiencia permite hacer visibles dimensiones del lugar que, sin la intervención proyectual, permanecerían latentes en la ciudad contemporánea.
Marcelo Gardinetti

Bibliografía
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