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Gerrit Rietveld, Casa Slegers

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Slegers House, Velp, Gerrit Rietveld

Rietveld construyó la casa para el artista Piet Slegers entre 1952 y 1955 sobre un lote irregular ubicado en Velp, Paises Bajos. A diferencia de su obra más relevante, la Casa Schröder, la volumetría no se compone mediante planos desplazados sino en forma determinada mediante un equilibrado dialogo de elementos  autónomos. Rietveld combinación planos ciegos y transparentes para construir volúmenes de formas rectas y angulares, donde el uso del color sobre las superficies opacas confiere carácter propio a cada plano. 

En ese arreglo, la vivienda distingue tres volumetrías autónomas y complementarias. Un volumen de planta cuadrada con cubierta inclinada, que contiene el estudio del artista y la sala de estar. Otro más bajo en el lado opuesto, de cubierta plana, que aloja los tres dormitorios y el baño. Un tercer volumen más pequeño que articula ambas partes forma el vestíbulo, que contiene la escalera que conduce al sótano.

El carácter de la casa queda establecido en la relación entre estos tres volúmenes, y en el tratamiento particular de cada uno de ellos. En tal sentido, la esencia de esa composición se establece en el contraste perceptivo que propone el volumen mayor, donde la densidad visual que exhibe el oscuro muro de ladrillos acentúa la transparencia límpida del ventanal. La Carpintería envolvente es de madera, y esta modulada en paños de un metro de lado, interrumpido en la puerta de acceso maciza. Los vanos existentes en las paredes de ladrillo no son el resultado de una composición de planos. Por el contrario, son perforaciones que revelan la existencia de un espacio detrás de la pared. Los muros del lado izquierdo tienen un acabado negro alquitrán, por el contrario, los de la derecha son de color blanco sobre un zócalo negro levemente hundido que sugiere un efecto de suspensión.

Aunque el tratamiento de los muros laterales y la carpintería envolvente sitúan la obra lejos de los conceptos promulgados por De Stijl, el color amarillo de la puerta de acceso y el rojo de la puerta doble del estudio, junto a los planos blancos y negros rememora parte de esa dialéctica. Esa insinuación se ratifica en los interiores, donde Rietveld compone el equipamiento mediante planos de colores diferentes tamaños y posiciones, mediando el equilibrio figurativo neoplástico. Parte del mobiliario también fue propuesto por Rietveld, como la minimalista silla  “zig zag” que diseñó en 1934.

Esta casa es representativa de los trabajos de posguerra de Gerrit Thomas Rietveld, donde el espacio se concreta mediante formas puras y se prioriza la luminosidad interior y las visuales por encima de las articulaciones plásticas de la arquitectura, aunque impregnada con pequeñas pinceladas del carácter poético de sus primeros trabajos.

©Marcelo Gardinetti

Teoría y práctica

Rietveld era un hombre que pensaba sobre todo con sus manos: expresaba sus ideas y puntos de vista con más facilidad a través de sus proyectos que de sus escritos. El primer paso para proyectar algo solía ser un boceto en un trozo de papel o una maqueta montada de forma improvisada con fragmentos de vidrio, cerillas, tiras de papel, cartón o cualquier otro material que tuviese a mano en ese momento.

El resultado era sólo un paso en el proceso del proyecto y no tenía la intención de ser una maqueta de presentación. Las ideas para los muebles se traducían también en maquetas muy pequeñas. La maqueta arquitectónica más antigua, la de la casa Rietveld-Schröder, es un pequeño volumen que mide sólo 7,5 x 10 x 5,3 cm. La mayoría de las maquetas son un poco más grandes, pero casi nunca tienen más de 10 cm de altura y 20-30 cm de anchura o profundidad.

La tridimensionalidad indica la minuciosidad de su trabajo, incluso cuando realizaba estas maquetas informales. Las maquetas no suelen estar hechas a escala, pero, sorprendentemente, las proporciones generales se acercan mucho a las del proyecto real. Con frecuencia, sin embargo, las maquetas y los bocetos difieren del producto final, ilustrando de este modo la inclinación de Rietveld a decidir los detalles e idear soluciones sobre la marcha.

Rietveld no sentía ninguna necesidad apremiante de expresar sus ideas o teorías por escrito. La introducción a su primer artículo de importancia revela esta actitud:

“Desde mi punto de vista, para hacer algo es completamente innecesario empezar por dar una explicación o justificación de por qué tiene que ser así; al contrario, la necesidad de expresarse en la forma desaparece tan pronto como uno la traduce a palabras”.

No obstante, consciente de la utilidad que podría tener, Rietveld escribió y publicó textos con regularidad. Los escritos tienen a menudo una naturaleza metafísica y no siempre son fáciles de comprender. Sus intentos de explicar sus ideas afirmándolas una y otra vez, utilizando otras palabras, suelen conllevar más confusión que esclarecimiento. El relativismo que impregna sus escritos, y que con frecuencia le lleva a contradecir afirmaciones anteriores, es todavía más desconcertante. Se trataba de un relativismo consciente, porque quería evitar cualquier indicio de estar ofreciendo respuestas definitivas en su arquitectura. (…)’

Marijke Kuper

Bibliografía:

Kuper, Marijke, “Una introducción a la obra de Rietveld” 2G: revista internacional de arquitectura, ISSN 1136-9647, Nº. 39-40, (2006), 4-17

Crédito de las Fotografías:  Portada: ©Klaas Vermaas / Exteriores: ©Arjan  Bronkhorst / Interiores: ©Kim Zwarts /  Maquetas: ©zoeken.nai.nl

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