Resumen
La Casa del Chofer (1927-1928), proyectada por Gerrit Rietveld como ampliación de la vivienda del doctor Vuurst de Vries en Utrecht, constituye un punto de inflexión dentro de su trayectoria arquitectónica. El proyecto evidencia el abandono progresivo de los principios compositivos más representativos de De Stijl para adoptar una arquitectura sustentada en la modulación, la prefabricación y la producción industrial. El edificio incorpora una estructura metálica combinada con paneles prefabricados de hormigón organizados mediante una retícula métrica de un metro, que coordina estructura, envolvente y distribución interior bajo un único criterio dimensional. La investigación destaca la economía de recursos, la rapidez de ejecución y la simplificación del detalle constructivo como aspectos centrales de la propuesta. Asimismo, interpreta la obra como un laboratorio para el desarrollo de sistemas seriados de vivienda, anticipando soluciones que adquirirían amplia difusión tras la Segunda Guerra Mundial y consolidando una etapa decisiva en la evolución proyectual de Gerrit Rietveld.
Palabras clave: Gerrit Rietveld, Casa del Chofer, prefabricación arquitectónica, modulación constructiva, arquitectura industrializada.
Chauffeur’s Workhome, Gerrit Rietveld
Marcelo Gardinetti | 13 de marzo de 2013
En 1925, Gerrit Thomas Rietveld instaló su estudio en la Casa Schroder, pero no recibió encargos importantes hasta 1927, cuando diseñó una ampliación para la vivienda del Doctor Vuurst de Vries en Utrecht. Rietveld trabajó en un proyecto que se alejaba de la arquitectura De Stijl, enfocándose en viviendas sociales y en la estandarización y prefabricación de los elementos constructivos. Su diseño incluyó una caja rectangular de dos niveles para la cochera y la vivienda del chofer, con una estructura de hierro y paneles de hormigón recubiertos con esmalte con círculos blancos en relieve. A pesar de una reciente restauración que eliminó este efecto visual, la obra de Rietveld sigue siendo un ejemplo de su enfoque innovador en la arquitectura.
El encargo como punto de inflexión en la obra de Rietveld
La rápida proyección internacional alcanzada por Gerrit Thomas Rietveld tras la construcción de la Casa Schröder (1924) contribuyó a consolidar tempranamente su posición dentro del panorama de la arquitectura moderna. Como señala la crítica historiográfica, este reconocimiento no parece haber condicionado su producción posterior mediante la reiteración de las soluciones ensayadas en aquella obra, sino que le permitió desarrollar nuevas investigaciones proyectuales desde una posición de relativa autonomía respecto de su propio éxito inicial.¹
En 1925, poco después de concluir la Casa Schröder, Rietveld instaló su estudio profesional en una de las habitaciones de la vivienda. A pesar de la amplia difusión alcanzada por el proyecto, los encargos arquitectónicos de mayor entidad tardaron en materializarse. Entre las primeras oportunidades profesionales posteriores a la casa destaca la intervención realizada en 1927 para el doctor Vuurst de Vries en Utrecht, consistente en la ampliación de una vivienda existente mediante la incorporación de una cochera y de un pequeño alojamiento destinado al chófer.²
Este encargo resulta significativo porque evidencia una aproximación proyectual distinta de aquella desarrollada en la Casa Schröder. Las condiciones funcionales, programáticas y constructivas de la ampliación requerían una respuesta más vinculada a la resolución específica del problema arquitectónico que a la experimentación formal asociada habitualmente a la imagen canónica de De Stijl. Sin embargo, interpretar esta diferencia como un alejamiento de los principios del movimiento conduciría a una simplificación historiográfica de un fenómeno considerablemente más complejo.
En este sentido, el análisis de Paolo Polano resulta particularmente esclarecedor. El autor sostiene que no puede hablarse de una arquitectura de De Stijl entendida como un cuerpo doctrinario homogéneo y plenamente sistematizado. Por el contrario, el movimiento reunió trayectorias y prácticas diversas que encontraron formas de expresión específicas en cada proyecto. Como señala Polano, la producción arquitectónica vinculada a De Stijl debe comprenderse a través de la labor concreta de sus arquitectos y diseñadores, atendiendo a la manera en que las formulaciones teóricas fueron transformadas, adaptadas o reinterpretadas en obras particulares (Polano, 1982, p. 88). Desde esta perspectiva, la ampliación para Vuurst de Vries permite observar cómo Rietveld trasladó determinadas inquietudes espaciales, constructivas y compositivas a un encargo de escala reducida y carácter eminentemente funcional, ampliando el alcance de su investigación arquitectónica más allá de las soluciones asociadas a la Casa Schröder.

De la experimentación neoplástica a la racionalización constructiva
La rápida proyección internacional alcanzada por Gerrit Thomas Rietveld tras la construcción de la Casa Schröder (1924) contribuyó a consolidar tempranamente su posición dentro de la arquitectura moderna. Como ha señalado la historiografía, este reconocimiento no derivó en la reiteración de las soluciones que habían dado notoriedad a la vivienda, sino que permitió al arquitecto desarrollar nuevas exploraciones proyectuales desde una posición de relativa autonomía respecto de su propia obra más difundida.¹
En 1925, poco después de concluir la Casa Schröder, Rietveld instaló su estudio profesional en una de las habitaciones de la vivienda. Sin embargo, la repercusión internacional del proyecto no se tradujo de inmediato en encargos arquitectónicos de relevancia. Entre las primeras oportunidades posteriores destaca la intervención realizada en 1927 para el doctor Vuurst de Vries en Utrecht, consistente en la ampliación de una vivienda existente mediante la incorporación de una cochera y un pequeño alojamiento para el chófer.²
El proyecto resulta significativo porque pone de manifiesto la capacidad de Rietveld para adaptar sus investigaciones arquitectónicas a condiciones programáticas y constructivas distintas de aquellas que dieron forma a la Casa Schröder. La ampliación responde a exigencias funcionales concretas y se aparta de la imagen habitualmente asociada a la arquitectura neoplástica. No obstante, esta diferencia formal no implica una ruptura con los planteamientos de De Stijl. Como advierte Paolo Polano, el movimiento no produjo una teoría arquitectónica homogénea ni un lenguaje unificado aplicable de manera sistemática, sino un conjunto diverso de experiencias proyectuales desarrolladas por arquitectos y diseñadores que reinterpretaron sus postulados en circunstancias específicas (Polano, 1982, p. 88). Desde esta perspectiva, la obra para Vuurst de Vries puede entenderse como una manifestación de esa flexibilidad disciplinar, donde preocupaciones espaciales, constructivas y compositivas asociadas a la trayectoria de Rietveld se reformulan en un encargo de escala reducida y carácter eminentemente funcional.

Modulación, prefabricación y arquitectura de componentes
Comprometido con los principios de racionalización y estandarización que atravesaron buena parte de los debates arquitectónicos de las primeras décadas del siglo XX, Rietveld incorporó de manera constante la reflexión sobre la producción industrial y los procesos seriados a su práctica proyectual. Esta posición se vincula con las preocupaciones desarrolladas en el ámbito de De Stijl en torno a la relación entre diseño, técnica y producción, entendidas como instrumentos para redefinir las formas de habitar y los métodos de construcción contemporáneos. En la obra de Rietveld, estas inquietudes se manifiestan tanto en el diseño de mobiliario como en la arquitectura, donde la simplificación constructiva, la modulación y la repetibilidad de los elementos adquieren un papel central. En este contexto, resulta pertinente la observación formulada por Tafuri:
“De Stijl y Bauhaus no dudaron en presentarse como alternativas globales a la praxis política. Alternativas que, cabe señalar, asumieron todas las características de una elección ética. De Stijl se oponía al caos, a lo empírico y a lo cotidiano con el principio de la forma. La suya era una Forma que tiene en cuenta lo que en concreto hace que la realidad sea informe, caótica y empobrecida. El horizonte de la producción industrial, que empobrece espiritualmente al mundo, fue descartado como un valor en sí mismo, pero posteriormente transformado en un nuevo valor a través de su sublimación. El desmantelamiento neoplasticista de las formas elementales correspondió al descubrimiento de que la «nueva riqueza» del Espíritu ya no podía ser buscada fuera de la «nueva pobreza» subsumida por la civilización de la máquina; la recomposición desarticulada de esas formas elementales luego sublimó el universo mecánico, demostrando que ya no puede haber ninguna forma de recuperación del todo (del ser como arte) que no derive de la problemática de la forma misma (Tafuri, 1969,19)”
Aun considerada desde una perspectiva contemporánea, la vivienda mantiene una notable capacidad para evidenciar el carácter anticipatorio de muchas de las investigaciones desarrolladas en torno a la industrialización de la construcción durante el siglo XX. Como señala García (1997), la obra prefigura soluciones que posteriormente serían adoptadas en numerosos prototipos residenciales y sistemas de vivienda producidos a gran escala, especialmente en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la prefabricación y la rapidez constructiva adquirieron una importancia creciente en la respuesta a la demanda habitacional (García, 1997, p. 40).
Pensamiento proyectual y experimentación material en la obra de Rietveld
La casa fue construida en apenas tres semanas, circunstancia que pone de manifiesto el grado de racionalización alcanzado por el sistema constructivo empleado. Aunque Rietveld continuó desarrollando propuestas basadas en principios de industrialización, estandarización y montaje en seco, la mayor parte de estos proyectos no llegó a materializarse.⁵
Dentro de su trayectoria profesional, esta obra ocupa una posición particularmente relevante, ya que constituye una de las primeras aplicaciones construidas de estos principios en los Países Bajos.⁶ Su interés historiográfico radica no solo en la experimentación técnica que incorpora, sino también en su capacidad para anticipar debates posteriores sobre prefabricación, producción seriada y vivienda moderna que adquirirían una dimensión central en la arquitectura europea de la posguerra.
Marcelo Gardinetti



Gerrit Rietveld Casa del Chofer, Notas:
1 Kuper, Marijke “Una introducción a la obra de Rietveld” 2G: revista internacional de arquitectura, ISSN 1136-9647, Nº. 39-40, (2006), 4-17
2 La casa está ubicada en Waldeck Pyromontkade 20, Schildersbuurt, Utrecht,
3 Un ejemplo posterior y muy atractivo es su proyecto de 1926 para el núcleo para una casa. Este concepto se basaba en un núcleo estándar prefabricado que incorporaba todas las necesidades habituales de una casa, no sólo el sistema de cañerías y cableado de los servicios y de la calefacción central (además de un sistema de aspiración), sino también la puerta de entrada, el vestíbulo, el hueco de la escalera, todas las puertas interiores, los armarios, la ducha, el baño e incluso el timbre y el buzón. Las habitaciones de distinto tamaño podían agruparse alrededor del núcleo según las necesidades. Rietveld siguió trabajando en este proyecto hasta la década de 1950, aunque nunca se llevó a la práctica. A pesar de ello, es posible identificar en los proyectos de sus casas elementos que tienen su origen en el núcleo para una casa; por ejemplo, la escalera alrededor de la que se distribuyen las habitaciones a dos niveles, y la proporción vertical de la cocina, el aseo y el baño. (Kuper,2006)
4 En los dibujos que preparó se aprecia el rigor de la descomposición de paneles y las notas de color que lo animaban. Respecto de los paneles, su acabado en relieve seguía la pauta indicada en el dibujo, con líneas dobles de círculos discurriendo horizontalmente. Con esto, además de vivificar la superficie esmaltada del hormigón, realizó un experimento perceptivo, ya que los círculos pintados de blanco sobre el fondo negro producían sensaciones cambiantes, según la distancia a la que se observara. De lejos todo parecía gris vibrante, y solo de cerca se percibían los contrastes figura-fondo. Se trata en fin de un sorprendente cajón, concebido con elegancia y cuidado, en el que destaca el intento de compatibilizar las ideas de prefabricación con la composición abstracta y elemental. Sólo que ésta vez de forma muy diferente al experimento Schroder, al someterse aquí al rigor de un sistema modulado cuyo juego formal se limitaba a las disposiciones contrastantes de los paneles rectangulares. Con él dejaba atrás, por tanto, toda su sintaxis anterior de planos y líneas yuxtapuestas. (García, 1997, 40)
5 Dos años después, desarrolló junto a Truus Schröder la casa Kernhuis, una vivienda que se estructura alrededor de un núcleo prefabricado que contiene los servicios esenciales de la casa: el vestíbulo, la escalera, las instalaciones, los armarios, los baños, la cocina y las puertas interiores. Al concentrar todas las funciones de servicio en el núcleo implantado en el centro de la parcela, los ambientes principales podían tener cualquier forma y dimensión. El proyecto fue presentado en la exhibición itinerante Neues Bauen de Utrecht en 1929, pero no se construyó ningún modelo
6 Rietveld publicó en la revista holandesa de vanguardia i10 su primer proyecto de una vivienda social (en el que colaboró Truus Schröder) y al que dio el nombre de “vivienda estándar”, donde introdujo una nueva tipología de casa que difería profundamente de los estereotipos de las viviendas holandesas de clase media y trabajadora, y a los que el arquitecto consideraba como absolutamente inadecuados para su finalidad. La casa convencional tenía un largo y estrecho pasillo de entrada que daba a las habitaciones de la planta baja, distribución que se repetía en las plantas superiores. Los puntos de partida del proyecto de la casa de Rietveld eran una nueva distribución espacial y la mayor entrada de luz natural posible. No sólo se concebía el espacio como un continuo horizontal, sino que los estratos verticales también se conectaban espacialmente. No había vestíbulo, y la zona de estar era abierta, aunque podía dividirse mediante particiones correderas en zonas de estar, comer y cocinar. El baño y el aseo estaban ubicados en una entreplanta situada entre la planta baja y la primera. Se podía acceder a todas las habitaciones de las plantas superiores a través de pequeños rellanos que eran un poco más anchos que las escaleras normales. Rietveld se refería a ellos como espacios de distribución: en las casas con una distribución tradicional, el vestíbulo conduce a las habitaciones y la escalera parte del vestíbulo y conduce al rellano, pero cuando la escalera cumple ambas funciones se produce un ahorro de espacio de circulación (Kuper,2006)
Bibliografía:
Friedman, Milderd (trans.) “De Stijl 1971-1931 Visiones de una utopía” (Madrid, Alianza Editorial: 1982).
García García, Rafael, “Gerrit Rietveld. Casas después de la Schröder” Cuaderno de notas N° 5 (1997), 39-56
Jaffé, H.L.C., “De Stijl 1917-1931. The Dutch Contribution to Modern Art” (Amsterdam: J.M. Meulenhoff, 1956)
Kuper, Marijke “Una introducción a la obra de Rietveld” 2G: revista internacional de arquitectura, ISSN 1136-9647, Nº. 39-40, (2006), 4-17
Polano, Sergio, “De Stijl/Arquitectura = Nieuwe Beelding” en Friedman, Milderd (trans.) “De Stijl 1971-1931 Visiones de una utopía” (Madrid, Alianza Editorial: 1982), 87-97
Tafuri, Manfredo, “Toward a Critique of Architectural Ideology” “Per una critica dell’ideologia architettonica,” Contropiano 1 (1969) en K. Michael Hays (ed.) “Architecture theory since 1968” (New York, Columbia book of architecture, 1998) 2-35






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