Metaform y la Dialéctica del Pliegue en el Club de Playa Boos

El texto aborda el problema de cómo intervenir una preexistencia doméstica sin recurrir a la adición volumétrica autónoma, articulando continuidad material, espacial y programática en un contexto forestal. Analiza la ampliación del Boos Beach Club proyectada por el estudio Metaform en Luxemburgo, centrando la atención en la cubierta plegada de madera como dispositivo estructural y mediador espacial. La propuesta reorganiza el conjunto mediante una estructura autoportante que, apoyada puntualmente, libera la planta baja y establece una relación continua entre interior y paisaje, integrando visuales, luz y recorridos. El pliegue se define como principio operativo que vincula eficiencia estructural, economía material y configuración perceptiva, donde cada plano cumple simultáneamente funciones portantes y espaciales. La materialidad expuesta —madera carbonizada, hormigón pulido, acero y vidrio— refuerza la legibilidad tectónica del sistema. El proyecto concluye que la reversibilidad constructiva y la noción de intervención como capa temporal permiten reconsiderar la permanencia arquitectónica, proponiendo un modelo adaptable que articula estabilidad y cambio dentro de un mismo sistema disciplinar.

Intervención en preexistencias: caso Boos Beach Club

1. Descripción del proyecto: Anatomía de la propuesta y organización sistémica

La intervención proyectada para el Boos Beach Club, en Luxemburgo, se configura como una operación de articulación entre una preexistencia doméstica y un sistema contemporáneo que asume tanto funciones estructurales como representativas. El estudio Metaform plantea una ampliación que no se entiende como adición autónoma, sino como una inserción que reconfigura las relaciones entre los elementos existentes, estableciendo una continuidad material y espacial con la vivienda original. La propuesta responde a la necesidad de redefinir la identidad del conjunto, incorporando una nueva lectura institucional sin alterar de manera sustancial la memoria construida ni las condiciones del entorno forestal. En este sentido, la arquitectura actúa como un mediador tectónico que reorganiza la relación entre interior y exterior, evitando la fragmentación volumétrica y consolidando una unidad basada en la interacción entre sistemas constructivos diferenciados.

La organización espacial se estructura a partir de una cubierta ligera de madera cuya geometría deriva de principios de plegado. Este recurso formal se traduce en un sistema estructural autoportante que, mediante la triangulación de sus planos, adquiere rigidez suficiente para salvar grandes luces. La cubierta se apoya de manera puntual sobre la edificación existente, lo que permite reducir la cantidad de soportes periféricos y liberar la planta baja. Sobre esta superficie continua, el programa —superior a los 200 m²— se dispone de forma abierta, con una distribución que favorece la expansión hacia el paisaje. La inclinación de los planos no solo resuelve la estabilidad estructural, sino que también orienta las visuales hacia el arbolado circundante, integrando el entorno en la experiencia espacial y diluyendo los límites del cerramiento.

El sistema material se define mediante una selección acotada de elementos que permanecen expuestos y evidencian su función constructiva. La envolvente exterior se resuelve en madera tratada mediante carbonización superficial, cuya textura oscura reduce el impacto visual del volumen y establece un contraste con el entorno inmediato. En el interior, el pavimento continuo de hormigón pulido garantiza resistencia mecánica y continuidad superficial, mientras que los elementos de acero, visibles en uniones y soportes puntuales, explicitan la lógica estructural. Los cerramientos acristalados, de gran formato, permiten una relación directa con el exterior, equilibrando la masa visual de la madera con la transparencia del vidrio.

La reorganización funcional parte de la recuperación del acceso principal en la fachada de la vivienda existente, lo que restituye su esquema circulatorio original. En la planta baja se concentran los usos de servicio, incluyendo la cocina y las áreas de comedor, que se integran bajo la nueva cubierta manteniendo una relación directa con la ampliación. Las áreas exteriores se redefinen para reforzar la continuidad del conjunto: la terraza posterior se integra en el sistema general de circulación, mientras que uno de los laterales se transforma en una superficie de arena, incorporando un soporte material coherente con el programa recreativo.

La resolución del proyecto incorpora un criterio de reversibilidad que condiciona tanto la elección de materiales como el sistema constructivo. La cubierta ligera, concebida como un ensamblaje desmontable, permite una eventual retirada sin afectar de forma significativa a la edificación original. Esta condición introduce una lectura temporal de la intervención, entendida como una capa superpuesta que puede ser modificada o eliminada según evolucionen las necesidades del conjunto. La obra se inscribe así en una lógica de ciclo de vida abierto, donde la permanencia de la mampostería existente convive con la adaptabilidad de la nueva estructura, estableciendo una relación entre estabilidad y cambio dentro de un mismo sistema arquitectónico.

Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes
Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes

2. Lectura interpretativa: Fenomenología del pliegue y la mediación espacial

La interpretación conceptual del Boos Beach Club se articula a partir de la lectura de la envolvente como un límite activo, capaz de mediar entre la preexistencia construida y el paisaje inmediato. La noción de la hoja plegada, presente en la memoria del proyecto, se traduce en una operación de delimitación espacial donde la geometría responde a criterios de eficiencia estructural y economía material. El pliegue se define como un mecanismo de estabilización que permite resolver un programa de gran extensión dentro de un entorno densamente arbolado, evitando una ocupación excesiva del suelo. La estructura de madera se comporta como una membrana portante que envuelve la vivienda existente, generando una concavidad que protege y organiza las nuevas áreas de uso colectivo. En este sistema, la forma no se separa de su función: cada plano inclinado y cada arista participan simultáneamente en la transmisión de cargas y en la configuración perceptiva del espacio.

La relación entre los materiales refuerza esta condición de mediación. El pavimento de hormigón pulido establece una base continua, de carácter masivo y estable, mientras que los cerramientos acristalados introducen un alto grado de permeabilidad visual. Esta combinación permite que la vegetación circundante se incorpore a la percepción interior sin intermediaciones opacas. La cubierta plegada, con su geometría variable, dirige las visuales y modula la entrada de luz, generando un campo espacial donde se alternan zonas de mayor compresión con otras de expansión. En este contexto, el bar se sitúa como un elemento organizador dentro de la planta libre, actuando como referencia central en la distribución de los flujos. La variación de alturas y la direccionalidad de los planos contribuyen a una zonificación no explícita, basada en diferencias de sección más que en particiones físicas.

Desde el punto de vista estructural, la aparente ligereza del sistema se sustenta en la rigidez inherente a la triangulación. La geometría plegada incrementa la capacidad portante de la madera, permitiendo cubrir superficies amplias sin recurrir a una densificación de apoyos verticales. Esta condición garantiza la continuidad espacial del ámbito principal, cuya superficie supera los 200 m², y mantiene la claridad organizativa del programa. Los espacios intermedios, como la zona de fumadores con chimenea integrada, operan como dispositivos de transición térmica y funcional, introduciendo gradualmente al usuario en el espacio principal. La incidencia de la luz sobre los planos inclinados y las superficies materiales acentúa la lectura tridimensional del conjunto, haciendo perceptible la lógica constructiva a través de variaciones de iluminación y textura.

La dimensión conceptual del proyecto se vincula con una idea de intervención reversible, donde la arquitectura se plantea como una superposición temporal sobre un soporte preexistente. El empleo de materiales en estado relativamente bruto, junto con un sistema constructivo basado en ensamblajes, permite prever una eventual desmontabilidad sin comprometer la integridad de la edificación original. Esta condición introduce una reflexión sobre la permanencia y la adaptabilidad, situando la intervención dentro de un marco donde la transformación futura forma parte de su definición. La relación entre la madera, el hormigón, el vidrio y los elementos exteriores establece una continuidad material que vincula el espacio construido con su contexto inmediato, consolidando una unidad que se percibe tanto en términos técnicos como en su expresión arquitectónica.

Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes
Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes

3. Síntesis crítica final: El proyecto en la encrucijada del debate contemporáneo

La evaluación del Boos Beach Club permite establecer una correspondencia consistente entre los planteamientos proyectuales y su materialización construida. El análisis evidencia una síntesis operativa entre la actualización de la imagen institucional y la conservación de la estructura preexistente, evitando una lógica de crecimiento por adición volumétrica. La intervención se apoya en el principio de reversibilidad como criterio rector, introduciendo una lectura del proyecto vinculada al ciclo de vida del edificio y a la posibilidad de transformación futura. En un contexto disciplinar donde la permanencia ha sido tradicionalmente un valor dominante, la incorporación de sistemas desmontables plantea una reconsideración del carácter temporal de ciertos programas arquitectónicos, particularmente aquellos asociados al ocio.

La definición material refuerza esta posición mediante el empleo de componentes en estado expuesto, cuya lógica constructiva permanece legible. La utilización de madera tratada, hormigón continuo y acero sin revestimientos establece una relación directa entre materia y función, priorizando la coherencia tectónica frente a acabados de carácter industrial. Esta selección contribuye a preservar la identidad del lugar y a inscribir la obra en una línea de pensamiento que valora la expresividad inherente de los materiales. La organización de la planta y la modulación de los entrepisos permiten gestionar un programa de gran escala sin perder continuidad espacial ni relación con el entorno inmediato. La cubierta plegada, en tanto sistema estructural, resuelve la transición entre la vivienda existente y el paisaje, evitando discontinuidades formales y manteniendo una lectura unitaria del conjunto.

La posible transferencia de este modelo al contexto latinoamericano requiere una revisión de sus condicionantes técnicos y ambientales. Las diferencias en los sistemas constructivos, así como en las condiciones climáticas, introducirían ajustes significativos en la ejecución. Mientras que en el ámbito europeo la precisión del montaje en seco permite un alto grado de control geométrico, en América Latina predominan tradiciones asociadas al hormigón armado y a soluciones vernáculas de menor tecnificación. La implementación de estructuras de madera con geometrías complejas implicaría desafíos en términos de durabilidad, especialmente en regiones con elevada humedad o exposición solar intensa, donde los ciclos de mantenimiento resultan determinantes.

No obstante, los principios que estructuran la intervención —diálogo con la preexistencia, economía material y reversibilidad— mantienen su pertinencia en contextos diversos. La adaptación a materiales locales podría constituir una vía de traducción tectónica, permitiendo reinterpretar la lógica del plegado mediante sistemas constructivos disponibles en cada región. En este sentido, la obra establece un marco de referencia donde la arquitectura se entiende como un sistema abierto, capaz de integrar condicionantes específicos sin renunciar a la coherencia formal y técnica. La intervención en Luxemburgo demuestra que la calidad arquitectónica se vincula con la precisión en la respuesta al lugar, articulando estructura, programa y materialidad en una unidad que admite continuidad dentro de un mismo proceso proyectual.

Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes
Metaform, Club de Playa -Boos Beach Club- tecnne ©Steve Troes

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor de Tecnne. Ver perfil ORCID

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