El Atheneum de New Harmony, proyectado por Richard Meier, es una pieza arquitectónica que articula principios del Movimiento Moderno con una interpretación más abierta del espacio y del significado, vinculada a debates teóricos posteriores. Implantado en el borde del río Wabash, el edificio asume una condición de umbral en donde la circulación adquiere un papel estructurante. La promenade architecturale organiza el recorrido como una secuencia continua, asociando el desplazamiento corporal a una lectura progresiva del contexto histórico. La composición se basa en la superposición de dos retículas giradas, una operación geométrica que introduce desajustes controlados y genera alternancias de compresión y dilatación espacial. Esta estrategia incide en la percepción del volumen y en la relación entre niveles, reforzando la conciencia del movimiento. La envolvente actúa como un plano continuo que modula la incidencia de la luz natural y atenúa la lectura material de los límites. En conjunto, el Atheneum funciona como una estructura de mediación entre paisaje e historia. La fragmentación controlada del volumen y la ausencia de una jerarquía frontal estricta permiten entender el edificio como una construcción discursiva.
1. Introducción: Forma autónoma y contingencia del lugar
El Atheneum de New Harmony, proyectado por Richard Meier entre 1975 y 1979, se concibe como un centro de visitantes cuya formulación arquitectónica establece una relación compleja entre los principios del Movimiento Moderno y los desplazamientos teóricos que, a partir de la década de 1970, comienzan a revisar críticamente sus sus premisas fundamentales. Implantado en el límite entre el tejido urbano de New Harmony y las riberas del río Wabash, el edificio adopta una condición de transición, desde la cual Se examina la dialéctica entre la lógica interna del proyecto y las múltiples capas históricas y físicas que componen el lugar.
El interés disciplinar del edificio radica en la articulación de una racionalidad moderna con estrategias de descentramiento espacial que complejizan su lectura y ponen en tensión la forma blanca del vocabulario de Meier, con la carga simbólica del lugar, asociada a la memoria del socialismo utópico del siglo XIX. La obra se eleva sobre pilotis en respuesta a las crecidas del río y se define por una envolvente blanca de alta reflectancia, concebida como un plano abstracto que establece una relación sensible con el entorno a través de la luz y las condiciones atmosféricas.
La organización geométrica del conjunto se articula a partir de una retícula ortogonal vinculada al trazado urbano histórico, sobre la cual se superpone una segunda retícula girada. La superposición genera una fricción geométrica que incide en la disposición volumétrica, en la configuración de las circulaciones y en la secuencia de los espacios interiores. Estas inflexiones geométricas producen una experiencia que exige una lectura activa del espacio por parte del usuario, en tanto los recorridos y las relaciones visuales no se resuelven de manera inmediata.

El recorrido arquitectónico se estructura mediante rampas, escaleras y pasarelas, retomando la noción de promenade architecturale, reformulada como un itinerario de interpretación del contexto local. Las visuales dirigidas hacia el río y hacia el asentamiento histórico configuran una secuencia no jerárquica, compuesta por fragmentos espaciales y visuales que permiten al visitante construir una comprensión progresiva del lugar.
La materialidad del edificio se resuelve mediante paneles de porcelana esmaltada blanca, organizados según una modulación cuadrada de cinco pies, que refuerza la legibilidad del sistema constructivo. Esta regularidad contrasta con la complejidad del espacio interior, donde la luz cenital, las transparencias parciales y las perspectivas diagonales atenúan las jerarquías tradicionales entre muros, entrepisos y circulaciones. Se establece así una estrategia que combina control técnico y ambigüedad perceptiva, concibiendo la forma arquitectónica como un sistema abierto a múltiples lecturas.
El Atheneum examina los límites de la modernidad desde una posición interna, manteniéndose en una zona intermedia entre orden geométrico y experiencia fragmentada. Su vigencia disciplinar se vincula a esta capacidad para operar como dispositivo de lectura del territorio y de la memoria histórica. La obra sostiene una distancia analítica que evita interpretaciones unívocas y la sitúa dentro de un campo de reflexión continua en la arquitectura contemporánea.

2. Marco teórico y estado de la cuestión: modernidad tardía y desplazamientos posestructuralistas
La arquitectura de Richard Meier se inscribe en una continuidad crítica del Movimiento Moderno, reformulada en el contexto de la tardomodernidad. Influida por el purismo geométrico de Le Corbusier, su obra se fundamenta en la proporción, la claridad estructural y la primacía del espacio, aunque incorpora desde etapas tempranas desplazamientos y ajustes que la alejan de una lectura estrictamente ortodoxa.
El aparato formal de Meier se estructura a partir de la abstracción como lenguaje operativo y del uso sistemático de la geometría euclidiana como fundamento regulador de masa, equilibrio y escala. La organización de sus proyectos mediante retículas precisas y proporciones moduladas privilegia la claridad constructiva y facilita la lectura de los volúmenes, que combinan cuerpos rectilíneos y curvos en relaciones de contraste controlado con el entorno. El blanco, presente de modo recurrente, actúa inicialmente como signo de neutralidad que subraya la estructura espacial y subordina la referencia figurativa; su lectura fenomenológica será reintroducida posteriormente en relación con luz, atmósfera y percepción.
En la sintaxis espacial de Meier, el movimiento y la luz se constituyen como agentes activos del espacio, vinculándose con tradiciones modernas que van de la promenade architecturale de Le Corbusier a la concepción espacio-temporal de Sigfried Giedion1 . El recorrido adquiere un carácter estructurante, generando secuencias de perspectivas variables y articulando una comprensión del lugar dependiente de la posición del observador.

Esta lógica incorpora mecanismos de fragmentación y espacialidad intermedia, expresados en colisiones volumétricas y en la presencia de planos complejos, sin abandonar un marco disciplinar regido por el orden geométrico. La luz natural, opera como medio de transformación que atenúa la materialidad, modifica la lectura volumétrica y contribuye a una espacialidad en la que el límite se presenta como membrana permeable.
Desde el punto de vista tectónico, la obra de Meier revela una atención rigurosa al detalle constructivo y a la legibilidad del sistema. Juntas, texturas y modulación definen una escala que reconcilia la pureza geométrica con la vivencia espacial.
Estas preocupaciones conectan su producción con debates disciplinarios que, desde mediados del siglo XX, reivindicaron la construcción y el ensamblaje como componentes irreductibles del hecho arquitectónico, anticipando aproximaciones que posteriormente se articularían desde las tesis de Kenneth Frampton sobre la recuperación de la arquitectura como un acto de construcción y en la importancia de la tectónica2 .
La reformulación crítica del Movimiento Moderno se produce a través de estrategias que dialogan con categorías teóricas propias del posmodernismo y del pensamiento posestructuralista. El purismo se reinterpreta mediante operaciones cercanas al collage disciplinar, abriendo la obra a un campo de interpretaciones no unificadas y alejándola del determinismo funcional característico de la modernidad heroica.
La funcionalidad moderna se redefine a partir de la experiencia fenomenológica del sujeto en movimiento y de su relación situacional con el lugar. La promenade arquitectónica adquiere espesor narrativo, en tanto el usuario construye el sentido espacial mediante el desplazamiento, el descubrimiento progresivo y la variación perceptiva.
En este contexto disciplinar, el Atheneum se concibe como un sistema espacial articulado que desplaza la idea de objeto autónomo hacia una organización basada en secuencias de recorrido, transiciones graduales y relaciones perceptivas complejas. La obra se define por la concatenación de espacios intermedios, las variaciones de escala y las modulaciones de la luz natural, configurando una continuidad espacial no lineal que estructura la experiencia sin imponer una jerarquía axial rígida. La noción de sistema sustituye a la de volumen unitario, habilitando múltiples trayectorias de lectura y estableciendo una relación activa entre usuario y espacio.
Desde una perspectiva teórica, el concepto de espacio liminal formulado por Charles Jencks ofrece un marco interpretativo significativo para analizar esta arquitectura. Jencks define la liminalidad como una condición de ambigüedad formal y semántica asociada a la fragmentación del conjunto y al debilitamiento de los límites entre interior y exterior, lleno y vacío, circulación y permanencia3 . En el Atheneum, estas condiciones se manifiestan en la superposición de planos, en la coexistencia de trayectorias alternativas y en la ausencia de jerarquías espaciales estables, generando un espacio relacional que se activa en el recorrido.
La comparación entre el espacio moderno descrito por Giedion, basado en la continuidad racional y la transparencia funcional, y el espacio posmoderno caracterizado por Jencks como umbral semántico entre tradición y modernidad, permite situar al Atheneum en una zona de intersección disciplinar. Este espacio no se define por una adscripción excluyente, sino por su permanencia en condición intermedia donde coexisten referencias dispares y significados no totalizados. En el Atheneum, la coexistencia de un orden geométrico riguroso con una experiencia espacial marcada por tensiones, desplazamientos y desajustes controlados habilita una lectura próxima a la noción de “perfección imperfecta” desarrollada por Jencks, que conserva fundamentos proporcionales y compositivos a la vez que introduce inestabilidad perceptiva y multiplicidad interpretativa.4

La obra ha sido localizada en el terreno de los debates posestructuralistas en arquitectura. Si bien su organización formal responde a una retícula clara y legible, la experiencia espacial activa mecanismos de descentramiento y fragmentación que impiden la consolidación de una jerarquía única o dominante. Esta condición aproxima el Atheneum a las reflexiones de Peter Eisenman sobre la pérdida de centro y la existencia de un orden subyacente, un “ur-logic”, que no se manifiesta de modo inmediato, sino que emerge progresivamente a través del recorrido y de la construcción sensorial del espacio5 . Lo que está en juego ya no es la transparencia, sino la legibilidad diferida de un sistema que se presenta como proceso.
Desde esta perspectiva, la posición de Meier puede interpretarse también en clave posthumanista, en tanto desplaza el énfasis desde la representación antropomórfica hacia una abstracción cognitiva donde la arquitectura se concibe como construcción intelectual antes que como proyección directa del cuerpo humano6 . Paradójicamente, esta dimensión se complementa con una atención constante a la fenomenología del lugar. Influido por los planteamientos de Christian Norberg-Schulz sobre el Genius Loci7 , Meier explora la capacidad de la luz, la sombra y la configuración volumétrica para transformar el espacio en un lugar significativo, integrando así abstracción conceptual y sensibilidad fenomenológica.
En el Atheneum, la elevación del volumen mediante pilotis responde inicialmente a condiciones hidráulicas del río Wabash, pero simultáneamente establece una separación controlada respecto del terreno natural. Como ha señalado Jodidio, esta operación configura una “arcada de cultura y precisión” en contraste con la naturaleza circundante8, contraste que debe entenderse como afirmación consciente del acto arquitectónico y no como negación del contexto9 . La tectónica y el emplazamiento se articulan así como dispositivos críticos, en consonancia con la noción de Frampton sobre resistencia cultural.
3. Desarrollo analítico y análisis arquitectónico
3.1. Morfogénesis geométrica y tectónica: el Atheneum como sistema relacional
La configuración formal del Atheneum de New Harmony se organiza a partir de un procedimiento sistemático de manipulación geométrica que opera como principio generador del espacio arquitectónico, y no como resultado de una composición figurativa autónoma. El proyecto se estructura mediante la superposición de dos retículas diferenciadas: una trama ortogonal primaria, alineada con el trazado urbano histórico de New Harmony, y una retícula secundaria rotada cinco grados, asociada a la orientación del río Wabash. La coexistencia de ambas tramas produce fricciones geométricas que introducen una inestabilidad controlada en la organización general, afectando la lectura formal del edificio y la experiencia del recorrido.
La rampa interior, concebida como eje longitudinal del conjunto, asimila de manera progresiva la rotación de la retícula secundaria, transformando la circulación en un itinerario no lineal donde la percepción espacial se construye a partir de la variación constante de perspectivas y alineaciones visuales10 . La superposición de planos y la aparición de diagonales intensifican la secuencia espacial, generando una alternancia de compresiones y expansiones que ordena el desplazamiento del usuario.
Esta lógica geométrica encuentra continuidad en la materialidad y en la resolución tectónica del edificio. La envolvente blanca, compuesta por paneles de porcelana esmaltada modulados a cinco pies, funciona como una superficie continua que registra las variaciones lumínicas y atmosféricas, al tiempo que define con precisión la volumetría. La monocromía contribuye a unificar planos y cuerpos edificados, desplazando el énfasis perceptivo hacia las tensiones espaciales derivadas de la superposición de retículas y del sistema de rampas. Las juntas visibles y la estricta modulación constructiva hacen legible el proceso de materialización, estableciendo una relación directa entre abstracción geométrica y experiencia corporal.
La luz natural, introducida mediante claraboyas y aperturas cuidadosamente dispuestas, actúa como un componente activo en la conformación del espacio, acentuando intersecciones volumétricas, atenuando la materialidad de los planos y reforzando la continuidad entre interior y exterior. De este modo, el Atheneum configura un sistema integrado en el que forma, estructura, materialidad y circulación se articulan de manera interdependiente, y donde la geometría y la tectónica operan como dispositivos de mediación entre el sujeto y el espacio arquitectónico11 .

3.2. Análisis programático: el recorrido como estructura interpretativa
El programa del Atheneum, concebido como centro de visitantes, se organiza a partir de un recorrido continuo que vincula al usuario con la historia de New Harmony mediante una promenade architecturale entendida como dispositivo espacial y narrativo. El acceso al edificio elevado configura un umbral previo que establece una distancia física y simbólica respecto al suelo urbano. A continuación, el vestíbulo inicial, caracterizado por una compresión espacial controlada, opera como instancia de transición antes de la apertura hacia el vacío central del edificio.
La secuencia programática se despliega a través de niveles sucesivos que responden a una organización gradual del contenido y de la experiencia espacial. La planta baja, estructurada según la retícula ortogonal primaria, alberga el auditorio introductorio, concebido como espacio de orientación inicial. En los niveles superiores se disponen, por un lado, una galería-mirador abierta hacia el río Wabash, que establece una relación visual directa con el paisaje, y, por otro, las salas de exposición permanente, donde se articulan los contenidos históricos con la lectura territorial del asentamiento. La secuencia culmina en la terraza superior, configurada como plataforma de observación sobre el tejido histórico, desde la cual el visitante reingresa al contexto urbano con una comprensión ampliada del lugar.
El recorrido, por tanto, no funciona únicamente como elemento de conexión entre áreas programáticas, sino como una estructura interpretativa que organiza la experiencia espacial y cognitiva del usuario. A través de la disposición secuencial de espacios y de la relación controlada entre interior, paisaje y asentamiento histórico, el programa refuerza la condición del Atheneum como un dispositivo de mediación entre arquitectura, memoria y territorio.

4. Conclusiones: la arquitectura como interfaz de conocimiento encarnado
El análisis del Atheneum de New Harmony permite situar la obra como un dispositivo crítico dentro del debate arquitectónico contemporáneo, en tanto su alcance excede la condición de objeto construido para operar sobre los modos de percepción y lectura del espacio. Su relevancia no se fundamenta en la consolidación de un lenguaje formal autónomo, sino en la capacidad del proyecto para poner en tensión los mecanismos mediante los cuales la arquitectura produce sentido. En este marco, el edificio se inscribe en una posición intermedia que articula los principios universalistas heredados del Movimiento Moderno con los cuestionamientos epistemológicos asociados al pensamiento posestructuralista, configurando un campo en el que la racionalidad geométrica se desarrolla junto a una ambigüedad interpretativa deliberadamente asumida.
La reinterpretación de la promenade architecturale transforma el recorrido en una estructura cognitiva, donde la percepción del usuario se activa como parte constitutiva del sistema espacial. Este proceso se apoya en la retícula entendida como principio conceptual y operativo, cuya superposición y rotación generan tensiones geométricas controladas que organizan el itinerario. La secuencia resultante introduce una lógica fragmentada que desplaza la noción de un orden único y estable, sustituyéndola por una estructura relacional en permanente ajuste. Recorrido y geometría operan así como dispositivos integrados de mediación, que construye la experiencia espacial se construye a partir de la interacción entre desplazamiento, orientación y lectura activa del entorno12 .
En síntesis, el Atheneum pone de manifiesto una concepción de la arquitectura entendida como interfaz cognitiva, donde la retícula y su desplazamiento introducen tensiones geométricas reguladas, la promenade architecturale organiza el recorrido como un proceso de construcción progresiva de significado, y la materialidad, mediada por la luz, articula percepción y experiencia espacial. De este modo, la obra se configura como un sistema arquitectónico en el que la lógica geométrica, la experiencia corporal y la lectura crítica del lugar se integran en una estructura espacial compleja, donde operan de manera interdependiente forma, recorrido y percepción.
Marcelo Gardinetti

Notas:
1 (Giedion,1941)
2 (Frampton,1990)
3 (Jencks, 1997)
4 «La noción de ‘perfección imperfecta’ (imperfect perfection) funciona como una figura retórica oximorónica que define la voluntad de crear un orden a través de la fragmentación, donde la unidad del edificio se alcanza, paradójicamente, mediante la dislocación de sus partes.» (Jencks,1990)
5 “Se puede argumentar que la estructura de cualquier disciplina puede definirse en dos niveles: primero, aquellos aspectos que generalmente la distinguen de otras disciplinas; segundo, aquellos que revelan que, en sí misma, es esa disciplina y ninguna otra”. (Eisenman,2004)
6 (Yeung, 2011)
7 (Norberg-Schulz, 1980)
8 (Jodidio, 2010)
9 (Cabas García, 2012)
10 (Jodidio, 2010)
11 (Yeung, 2011)
12 ( Yeung, 2011)
Bibliografía
Cabas García, Mauricio. «Richard Meier: Organización racional, estructuralismo espacial y luz». Arte & Diseño 10, n.º 2 (2012): 5-11.
Dietsch, Deborah K. «For Form’s Sake». Architecture (febrero de 1996): 15.
Eisenman, Peter. Eisenman Inside Out: Selected Writings, 1963–1988. New Haven: Yale University Press, 2004.
Frampton, Kenneth. Historia crítica de la arquitectura moderna. Barcelona: Gustavo Gili, 1993.
Frampton, Kenneth. «Rappel à l’ordre: The Case for the Tectonic». Architectural Design 60, n.º 3-4 (1990): 19-25.
Giedion, Sigfried. Space, Time and Architecture: The Growth of a New Tradition. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1941.
Jencks, Charles. «The Aesthetic of Richard Meier – Liminal Space». En Richard Meier, editado por Lisa Green. Londres: Academy Editions, 1990.
Jencks, Charles. The Architecture of the Jumping Universe. Londres: Academy Editions, 1997.
Jodidio, Philip. Richard Meier & Partners: Blanco es luz. Colonia: Taschen, 2010.
Meier, Richard. Richard Meier, Architect. Nueva York: Rizzoli, 1999.
Norberg-Schulz, Christian. Genius Loci: Paisaje, ambiente, arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 1981.
Ovando Grajales, Fredy. «La retícula en el proyecto arquitectónico de Richard Meier». EGA Expresión Gráfica Arquitectónica 23, n.º 33 (2018): 168-177. https://doi.org/10.4995/ega.2018.7737.
Rowe, Colin. «Introduction». En Five Architects: Eisenman, Graves, Gwathmey, Hejduk, Meier. Nueva York: Oxford University Press, 1972.
Sainz, Jorge. «Casas y museos: Meier en América». AV Monografías 59 (mayo-junio de 1996): 4-11.
Tafuri, Manfredo. «European Graffiti: Five x Five = Twenty-five». Oppositions 5 (1976): 35–73.
Tafuri, Manfredo. «Les bijoux indiscrets». En Five Architects N.Y., editado por Manfredo Tafuri. Roma: Officina Edizioni, 1981.
Vidler, Anthony. The Architectural Uncanny: Essays in the Modern Unhomely. Cambridge, MA: MIT Press, 1992.
Yeung, Stephanie. «Richard Meier Atheneum: Formal Strategies». Trabajo académico, University of Calgary, 2011.
Cómo citar este artículo:
Gardinetti, Marcelo. «El Atheneum de New Harmony: Dialéctica entre la Autonomía de la Forma y la Grieta Posestructuralista.» Tecnne N° 5, 2026.
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.18421860.
Disponible en: https://bit.ly/atheneumharmony
TECNNE | Arquitectura y contextos ©Marcelo Gardinetti 2026 – Todos los derechos reservados.
El contenido de este sitio web se encuentra protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual e industrial. Salvo en los supuestos expresamente previstos por la ley, queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública o transformación sin la autorización previa del titular de los derechos correspondientes. – Las imágenes y fotografías reproducidas se utilizan exclusivamente con fines informativos, críticos y educativos, en el marco de la divulgación de obras artísticas y arquitectónicas de relevancia cultural. En todos los casos, las imágenes proceden de fuentes de acceso público en línea, se presentan en baja resolución, carecen de idoneidad para usos comerciales y van acompañadas de la correspondiente mención de autoría, sin que ello implique desconocimiento alguno de los derechos de propiedad intelectual que les son inherentes. – Los esquemas y bocetos que acompañan los artículos han sido elaborados por el autor a partir de material fotográfico preexistente, con finalidad analítica e interpretativa, reconociendo explícitamente la autoría original de las obras representadas y respetando íntegramente los derechos que las protegen.


