La Arquitectura Moderna Sudamericana, refleja una notable influencia de las obras y los principios teóricos desarrollados por Le Corbusier y este vínculo se continúa manifestando en los años posteriores, ya sea por adhesión o reacción. En la segunda mitad del siglo XX, diversos arquitectos latinoamericanos, de Brasil, Argentina, Chile y Colombia en particular, establecen conexiones proyectuales que se debaten entre los procesos locales y la vanguardia moderna arquitectónica.

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Este manifiesto fue leído en voz alta en los escalones del quemado Museo Olímpico de Sarajevo el 26 de noviembre de 1993, a la vista de los francotiradores y artilleros serbios. Felizmente, no hubo fuego sobre el público reunido, que, entre muchos otros estaba incluido. Al llegar a la última línea, uno de los dos actores-lectores asignados objetaron “¿Por qué esperar hasta mañana?” Típico de Sarajevo humor, sinceridad, y bravuconería frente a enormes obstáculos.

Perseguimos el paradigma del diseño paramétrico en toda su amplitud, penetrando en todos los aspectos de la disciplina. La variación sistemática y adaptativa, la continua diferenciación (antes que la mera variedad), y la figuración dinámica y paramétrica se aplica a todos los niveles de diseño, desde el urbanismo al detalle constructivo, mobiliario interior y el campo de los artículos de consumo.

Por suprematismo entiendo la supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas. Los fenómenos de la naturaleza objetiva en sí misma, desde el punto de vista de los suprematistas carecen de significado; en realidad, la sensibilidad como tal es totalmente independiente del ambiente en que surgió. La llamada “concretización” de la sensibilidad en la conciencia significa, en verdad, una concretización del reflejo de la sensibilidad mediante una representación natural.

comienzo por trazar la línea que en el proceso de nuestras percepciones, puede separar por un lado, el dominio de las cosas materiales, de los hechos cotidianos, de las tendencias razonables; y por el otro, aquello más particularmente reservado a las reacciones de orden espiritual. Bajo esa línea: lo que es; encima: lo que sentimos.

He recorrido a pie numerosas calles de Buenos Aires y eso representa un kilometraje imponente, ¿no es así? He mirado, visto y comprendido…

Debo hablarles de l’Esprit Nouveau a ustedes, que están en el Nuevo Mundo. Y bien, me pregunto si tendría fundamento hacerlo. Pues Buenos Aires es un fenómeno completo. Una unidad formidable existe aquí: un block único, homogéneo, compacto. Ninguna grieta.

No hay arquitectura sin concepto —una idea general, un diagrama o un esquema que da coherencia e identidad a un edificio. El concepto, no la forma, es lo que distingue a la arquitectura de la mera construcción. Sin embargo, no hay arquitectura sin contexto (excepto para la utopía). Una obra arquitectónica está siempre situada o “en situación”, localizada en un sitio. El contexto puede ser histórico, geográfico, cultural, político o económico. No es nunca sólo un asunto visual, o lo que en los años 80 y 90 se llamaba “contextualismo”, con cierto conservadurismo estético implícito. Dentro de la arquitectura, el concepto y el contexto son inseparables.