Tecnología, comunicación y representación en la arquitectura de los años sesenta
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2025, n.º 5
Resumen
Archigram transformó el pensamiento arquitectónico de la década de 1960 al desplazar el interés desde el edificio hacia los sistemas de información, comunicación y representación. Este artículo examina la producción del colectivo británico entre 1961 y 1970, argumentando que su principal aportación no residió en las megaestructuras o ciudades móviles que imaginó, sino en una reformulación epistemológica de la disciplina. La revista Archigram funcionó como un laboratorio editorial donde el dibujo, el collage y el diagrama adquirieron autonomía como instrumentos de proyecto, anticipando nuevas formas de representación arquitectónica. A partir del contexto de la Gran Bretaña de posguerra, el estudio analiza la mediación crítica de Reyner Banham, las principales propuestas del grupo y su relación con la cultura de masas, la cibernética y la teoría de sistemas. Finalmente, evalúa su influencia sobre la arquitectura high-tech, la representación digital y la concepción contemporánea de la arquitectura como proceso dinámico, red de información e infraestructura adaptable.
Palabras clave: Archigram, arquitectura de la información, Reyner Banham, megaestructuras, arquitectura experimental.
Archigram y el desplazamiento del objeto arquitectónico hacia la información
Entre 1961 y 1970, seis arquitectos londinenses —Warren Chalk, Peter Cook, Dennis Crompton, David Greene, Ron Herron y Michael Webb— publicaron de manera irregular una revista autoeditada que acabaría dando nombre al propio colectivo: Archigram. Lo que comenzó como un panfleto de circulación limitada, producido en la cocina de Peter Cook, se convirtió en pocos años en uno de los fenómenos editoriales más influyentes de la cultura arquitectónica de posguerra (Sadler, 2005). La influencia del grupo contrastó con la escasa cantidad de obras construidas: aunque su producción material fue reducida, proyectos como Plug-In City, Walking City, Instant City, la Cushicle y el Suitaloon pasaron a formar parte del repertorio fundamental de la historiografía de la arquitectura del siglo XX.
Este ensayo sostiene que la principal aportación de Archigram fue de carácter epistemológico antes que formal. El colectivo desplazó el edificio, entendido como unidad estable de análisis, hacia el sistema de información como principio organizador de la práctica proyectual. Desde esta perspectiva, ampliamente desarrollada por la bibliografía especializada, la revista constituye el principal artefacto arquitectónico del grupo, incluso por encima de los proyectos que difundía (Steiner, 2009). A partir de esta premisa, el texto examina el contexto cultural que favoreció su aparición, los recursos editoriales que consolidaron su discurso y los proyectos mediante los cuales estas ideas adquirieron expresión gráfica.

La Gran Bretaña de posguerra y el origen cultural de Archigram
La aparición de Archigram respondió a las condiciones materiales y culturales de la Gran Bretaña de posguerra. La reconstrucción urbana avanzó bajo restricciones derivadas de la escasez de materiales y de un régimen de racionamiento que se prolongó hasta finales de la década de 1950. Paralelamente, la sociedad británica incrementó su exposición a los patrones de consumo estadounidenses mediante el cine, la publicidad y la prensa ilustrada (Sadler, 2005). La coexistencia entre una economía todavía marcada por la austeridad y un imaginario asociado a la abundancia tecnológica configuró un escenario propicio para especular con ciudades móviles, infraestructuras transformables y dispositivos habitacionales portátiles.
En Theory and Design in the First Machine Age, Reyner Banham estableció una interpretación historiográfica que vinculaba las vanguardias europeas de entreguerras con una concepción de la máquina como motor de transformación cultural (Banham, 1960). Según su lectura, el Movimiento Moderno había reducido esa condición al convertir la máquina en un repertorio formal. Archigram recuperó este imaginario desde una perspectiva distinta: la tecnología dejó de entenderse como metáfora compositiva para asumirse como infraestructura de movilidad, energía, comunicación y cambio permanente (Sadler, 2005).
El grupo incorporó, además, un amplio repertorio visual procedente del cómic estadounidense, la ciencia ficción, la carrera espacial y la publicidad de consumo. Esta apropiación modificó el papel del dibujo arquitectónico dentro del proceso disciplinar. Como señala Hadas Steiner, estos lenguajes gráficos transformaron la representación arquitectónica en un medio autónomo de producción y difusión de ideas, capaz de adquirir significado y circular independientemente de su materialización constructiva (Steiner, 2009). En consecuencia, la imagen dejó de funcionar exclusivamente como documento técnico para convertirse en el soporte principal de la investigación proyectual y de la circulación pública de las propuestas del grupo.
La revista Archigram: representación, edición y proyecto arquitectónico
Uno de los aportes historiográficos más sólidos sobre Archigram consiste en reconocer que la revista no funcionó como un medio de difusión de un proyecto arquitectónico preexistente, sino como el proyecto arquitectónico en sí. Peter Cook y Michael Webb sostienen, en la compilación retrospectiva dedicada al colectivo, que la publicación operó como un laboratorio editorial donde cada número constituía un experimento formal. El diseño gráfico, la tipografía, la secuencia de lectura y los recursos materiales —pliegos desplegables, encartes y soportes no convencionales— formaban parte del proceso proyectual y asumían un papel equivalente al que la práctica disciplinar tradicional atribuye al edificio (Cook & Webb, 1999).
Esta transformación permite comprender el desplazamiento que propone este ensayo. Si la arquitectura ha definido históricamente su campo de acción a partir de la producción de obras construidas, Archigram trasladó ese núcleo hacia la elaboración y circulación de imágenes, diagramas y sistemas de representación. Steiner sostiene que el repertorio gráfico desarrollado en la revista —collages, axonometrías, superposición de escalas y montajes visuales— no ilustraba edificios concebidos con anterioridad, sino que constituía el soporte donde se producía el proyecto arquitectónico (Steiner, 2009). En este sentido, la representación adquirió autonomía disciplinar y dejó de entenderse como una etapa subordinada a la construcción. La arquitectura pasó a formularse mediante sistemas de información visual cuya circulación era parte constitutiva del proyecto.
El número 4 de la revista, conocido como Zoom (1964), sintetiza con claridad esta concepción editorial. Inspirado en los cómics de ciencia ficción y en la iconografía pop asociada a Roy Lichtenstein, el ejemplar presentó la arquitectura como un producto inserto en la cultura visual de masas y cuestionó la retórica institucional que caracterizaba al modernismo de posguerra (Sadler, 2005). Su difusión adquirió una dimensión internacional cuando Reyner Banham lo llevó a Estados Unidos y lo compartió con arquitectos y críticos, entre ellos Philip Johnson, contribuyendo a consolidar la visibilidad del grupo fuera del contexto británico.
La decisión de adoptar el formato de una pequeña revista autoeditada también tuvo implicaciones disciplinarias. Según Sadler, la elección de un soporte independiente, distante del modelo de las publicaciones profesionales con su estructura editorial, publicidad y predominio de obras construidas, expresó una posición crítica frente a los mecanismos tradicionales de legitimación de la arquitectura (Sadler, 2005). La autoedición y el autofinanciamiento otorgaron al colectivo una libertad editorial que favoreció la experimentación gráfica y conceptual. En ese contexto, la revista dejó de ser un instrumento de divulgación para convertirse en el espacio donde la investigación proyectual encontraba su principal forma de producción y circulación. Esta condición explica, en parte, que Steiner la interprete como un objeto arquitectónico autónomo, cuya materialidad editorial posee un valor disciplinar equivalente al de las propuestas que contiene (Steiner, 2009).

Reyner Banham y la construcción crítica de Archigram
La relación entre Archigram y Reyner Banham requiere un análisis específico, ya que excedió el marco de una recepción crítica convencional. La proximidad personal y geográfica entre Banham y Peter Cook favoreció un intercambio continuo de ideas que convirtió al historiador en uno de los principales mediadores intelectuales del grupo. En 1966 publicó en New Society el artículo «Zoom Wave Hits Architecture», donde acuñó el término Zoom Wave, posteriormente utilizado para identificar un conjunto de publicaciones alternativas surgidas durante esa década (Banham, 1966).
La expresión Zoom Wave constituyó una operación historiográfica orientada a situar a Archigram dentro de una tradición disciplinar más amplia. Banham vinculó al colectivo con las vanguardias europeas de las décadas de 1910 y 1920 y con experiencias contemporáneas que compartían una exploración tecnológica y experimental de la arquitectura, entre ellas el grupo vienés Haus-Rucker-Co, el colectivo francés Utopie, el Metabolismo japonés y las investigaciones de Frei Otto sobre estructuras neumáticas (Cook & Webb, 1999). Esta lectura proporcionó un marco histórico capaz de contextualizar la producción de Archigram y contribuyó a consolidar su reconocimiento dentro del debate arquitectónico internacional. Al mismo tiempo, permitió interpretar su lenguaje gráfico y sus propuestas especulativas como parte de una continuidad disciplinar, en lugar de reducirlas a manifestaciones aisladas de experimentación editorial.
Esta interpretación encontró posteriormente una revisión crítica en la obra de Manfredo Tafuri. En Architecture and Utopia, el historiador italiano sostuvo que la arquitectura, integrada en la lógica de desarrollo del capitalismo, había perdido su capacidad para actuar como un instrumento autónomo de transformación social (Tafuri, 1976). Desde esta perspectiva, las propuestas megaestructurales desarrolladas durante la década de 1960, entre las que puede situarse Archigram, expresaban una libertad proyectual desligada de las condiciones históricas y materiales de la ciudad existente. Su potencial crítico quedaba, por ello, restringido al ámbito de la representación.
Esta objeción introduce un matiz relevante para comprender el papel de Archigram. Si la circulación de imágenes amplió el campo de acción de la disciplina y abrió nuevas formas de producción proyectual, también desplazó parte de la reflexión arquitectónica hacia un territorio donde la representación adquirió un protagonismo creciente frente a la construcción. La autonomía alcanzada por los medios gráficos amplió las posibilidades de experimentación conceptual, aunque también planteó interrogantes sobre la capacidad de estas propuestas para incidir en la transformación material del entorno urbano.
Una segunda interpretación crítica, desarrollada por Beatriz Colomina, permite ampliar este marco de análisis. En sus estudios sobre la arquitectura moderna, Colomina sostiene que la disciplina se configuró durante el siglo XX mediante su articulación con los medios de comunicación de masas, de modo que el edificio y su representación impresa, fotográfica o publicitaria participaron conjuntamente en la construcción del discurso arquitectónico (Colomina, 1994). Aunque su investigación se centra en figuras como Adolf Loos y Le Corbusier, esta hipótesis ofrece una perspectiva pertinente para interpretar el trabajo de Archigram. El colectivo no inauguró la dimensión mediática de la arquitectura moderna; intensificó una condición ya presente desde comienzos del siglo XX al convertir la publicación, la imagen y los sistemas de representación en el principal soporte de producción, difusión y legitimación del proyecto arquitectónico.
Megaestructuras y sistemas urbanos dinámicos
Plug-In City: infraestructura modular y obsolescencia programada
Presentado por Peter Cook en el tercer número de Archigram, Plug-In City propuso una megaestructura permanente compuesta por una armadura destinada a concentrar los sistemas de circulación, servicios e infraestructura. Sobre esta estructura portante se acoplaban unidades habitacionales intercambiables, concebidas para ser instaladas, reemplazadas o retiradas mediante grúas móviles de acuerdo con ciclos de obsolescencia programada inspirados en los procesos de producción industrial (Cook & Webb, 1999).
El proyecto reformuló la relación entre estructura y programa al establecer una clara diferenciación entre ambos. Mientras la arquitectura convencional concibe el edificio como una unidad relativamente estable, Plug-In City planteó una infraestructura de larga duración capaz de admitir componentes habitacionales de vida útil limitada. La permanencia dejó de asociarse al conjunto edificado para concentrarse en la estructura soporte, mientras que los espacios de habitación pasaron a entenderse como elementos modulares, reemplazables y sujetos a actualización continua.

Walking City: movilidad, megaestructuras y territorio
Concebido por Ron Herron, Walking City constituye una de las imágenes más representativas del repertorio de Archigram. El proyecto presenta grandes estructuras autónomas, provistas de patas mecánicas, capaces de desplazarse por el territorio y de conectarse entre sí para conformar configuraciones urbanas temporales. La ciudad deja de entenderse como una organización fija del suelo y pasa a concebirse como un sistema móvil, susceptible de reorganizarse en función de condiciones cambiantes.
Reyner Banham incorporó esta propuesta a su estudio sobre las megaestructuras urbanas, donde reconstruyó la genealogía de estos modelos de gran escala desde los proyectos visionarios de Le Corbusier hasta su amplia difusión internacional durante la década de 1960 (Banham, 1976). En este contexto, Walking City representa una formulación extrema de la arquitectura entendida como infraestructura dinámica. La movilidad deja de ser un atributo de los habitantes para incorporarse al propio soporte arquitectónico, suprimiendo la dependencia física entre la ciudad y un emplazamiento permanente. De este modo, el proyecto traduce en términos espaciales las transformaciones asociadas a un contexto marcado por el incremento de la movilidad tecnológica, económica y territorial.

Instant City: información, temporalidad y cultura itinerante
A diferencia de Plug-In City y Walking City, concebidas como infraestructuras permanentes de escala urbana, Instant City trasladó el interés proyectual hacia la temporalidad y la circulación de información. El proyecto planteó una infraestructura itinerante, transportada mediante dirigibles, camiones y sistemas desplegables, capaz de instalarse provisionalmente en ciudades de menor escala para incorporar, durante un periodo limitado, equipamientos culturales, medios de comunicación y actividades asociadas al dinamismo de los grandes centros urbanos.
Esta propuesta expresa con especial claridad el desplazamiento conceptual desarrollado por Archigram. La arquitectura deja de definirse por la permanencia de sus estructuras materiales y pasa a organizar procesos temporales vinculados a la información, la comunicación y el intercambio cultural. El proyecto sitúa el valor de la intervención en la activación transitoria del territorio y no en la consolidación de una forma construida estable. Desde esta perspectiva, Instant City concibe la infraestructura como un soporte para la circulación de flujos materiales e inmateriales, en consonancia con la interpretación propuesta por Steiner sobre la centralidad de los sistemas de información dentro del pensamiento proyectual de Archigram (Steiner, 2009).

La información como principio organizador del proyecto arquitectónico
La interpretación de Archigram como una «arquitectura de la información» puede enriquecerse mediante un marco conceptual desarrollado con posterioridad a la experiencia del grupo. La noción de sociedad red propuesta por Manuel Castells describe una organización social y económica estructurada a partir de la circulación de información, la conectividad y las redes, antes que sobre la estabilidad del territorio físico (Castells, 1996). Aunque esta formulación pertenece a un contexto histórico diferente, ofrece una herramienta analítica útil para examinar determinadas lógicas presentes en la producción de Archigram.
Este tipo de aproximación exige, sin embargo, evitar interpretaciones anacrónicas. Atribuir retrospectivamente al colectivo una teoría que no conoció supondría sustituir el análisis histórico por una lectura teleológica, en la que las propuestas del pasado se interpretan únicamente como anticipaciones del presente. El interés de incorporar a Castells no reside en adjudicar a Archigram una conciencia conceptual inexistente, sino en utilizar una categoría posterior para describir con mayor precisión procesos que el grupo formuló mediante un vocabulario distinto, vinculado a la cibernética, las infraestructuras, los sistemas modulares y el principio del plug-in.
La historiografía arquitectónica recurre con frecuencia a este tipo de relecturas, siempre que los conceptos posteriores funcionen como instrumentos de interpretación y no sustituyan la evidencia documental correspondiente al periodo estudiado. Su legitimidad depende de la capacidad del marco teórico para esclarecer relaciones ya presentes en las fuentes sin alterar su significado histórico.
En el caso de Archigram, los propios documentos del colectivo evidencian una organización proyectual basada en diagramas de circulación, sistemas de conexión e intercambio de componentes e infraestructuras concebidas para admitir transformaciones continuas. Estas propuestas otorgaban prioridad a las relaciones entre elementos y a la capacidad de conexión frente a la permanencia de las formas construidas. Desde esta perspectiva, la noción de sociedad red no introduce un significado ajeno a la obra de Archigram, sino que permite describir con mayor precisión una lógica proyectual ya presente en sus representaciones y formulaciones teóricas (Castells, 1996).
En consecuencia, la aportación de Archigram no puede entenderse como una anticipación literal de la arquitectura digital. Su relevancia reside en la construcción de un vocabulario conceptual basado en nociones como flujo, red, sistema, interfaz y plug-in, que posteriormente adquirirían nuevas posibilidades de desarrollo con la incorporación de tecnologías digitales al proyecto arquitectónico. Steiner ha señalado que el lenguaje gráfico desarrollado en la revista —diagramas de circulación, superposición de escalas y representación de procesos— constituyó un antecedente significativo de formas de representación que más tarde serían habituales en entornos digitales, pese a haber sido elaboradas mediante procedimientos exclusivamente analógicos (Steiner, 2009).
Otro aspecto relevante de este marco interpretativo es la influencia de la cibernética y de los modelos biológicos sobre el pensamiento del grupo. Steiner observa que proyectos como Suitaloon, de Michael Webb, se apoyaban en analogías con procesos orgánicos de adaptación y metabolismo antes que en una concepción exclusivamente mecánica de la tecnología (Steiner, 2009). Esta referencia sitúa a Archigram dentro de un campo de investigación más amplio, característico de la década de 1960, en el que arquitectos, ingenieros y teóricos de sistemas exploraron estructuras capaces de responder a variaciones del entorno mediante mecanismos de autorregulación. En este contexto, la información deja de entenderse únicamente como contenido transmitido por medios gráficos y pasa a desempeñar un papel estructurante en la organización y el funcionamiento de sistemas materiales capaces de procesar, adaptar y reorganizar sus relaciones con el medio.
Archigram frente al modernismo de posguerra
La comparación con el modernismo de posguerra permite delimitar con mayor precisión la posición de Archigram dentro de la arquitectura del siglo XX. Mientras figuras como Le Corbusier y Mies van der Rohe desarrollaron una arquitectura sustentada en principios de validez universal, en la racionalidad constructiva y en una estética de abstracción geométrica, Archigram propuso un cambio de enfoque. La permanencia cedió lugar a la obsolescencia programada; la unidad formal fue reemplazada por conjuntos de componentes técnicos intercambiables; y el edificio dejó de concebirse como un objeto concluido para entenderse como un sistema abierto, sujeto a transformación continua (Sadler, 2005).
Estas diferencias no implican una ruptura absoluta con el proyecto moderno. Reyner Banham interpretó la producción de Archigram como una prolongación de la tradición tecnológica iniciada por las vanguardias históricas, cuya dimensión experimental, según su lectura, había sido atenuada por la institucionalización del Movimiento Moderno (Banham, 1960). Desde esta perspectiva, el colectivo mantuvo la aspiración moderna de vincular la arquitectura con las condiciones técnicas de su tiempo, aunque reformuló sus fundamentos conceptuales.
La revisión propuesta por Archigram desplazó el interés desde la estandarización formal hacia la capacidad de adaptación de los sistemas arquitectónicos. La incorporación de la electrónica, la cibernética, los materiales sintéticos y las infraestructuras modulares respondió a la intención de ampliar el campo operativo de la disciplina mediante tecnologías emergentes. Estos elementos dejaron de desempeñar un papel accesorio o expresivo para integrarse como componentes estructurales del pensamiento proyectual, redefiniendo las relaciones entre permanencia, transformación e información dentro del proceso arquitectónico.
Del pensamiento de Archigram a la arquitectura high-tech y digital
Antes de examinar la proyección posterior de Archigram, conviene situar al colectivo dentro del conjunto de experiencias con las que compartió un horizonte intelectual durante las décadas de 1960 y 1970. Aunque estas propuestas respondieron a contextos y objetivos diversos, todas exploraron modelos arquitectónicos basados en la flexibilidad, la indeterminación programática y la transformación de la infraestructura.
El Fun Palace (1961-1964), desarrollado por Cedric Price en colaboración con Joan Littlewood, constituye uno de los antecedentes más próximos. Concebido como una estructura reconfigurable destinada a albergar actividades culturales cambiantes, el proyecto organizaba su funcionamiento mediante grúas, plataformas móviles y componentes intercambiables. Esta concepción guarda una estrecha afinidad con Plug-In City, al establecer una distinción entre una infraestructura permanente y programas susceptibles de modificarse en el tiempo. La historiografía ha identificado en el Fun Palace uno de los referentes directos de la noción de sistema abierto que Archigram desarrolló posteriormente desde una dimensión más especulativa y gráfica (Banham, 1976).
Durante el mismo periodo, Constant Nieuwenhuys elaboró New Babylon (1956-1974), una propuesta de ciudad nómada concebida desde los postulados del situacionismo. Al igual que Archigram, el proyecto rechazó la rigidez funcional de la ciudad moderna y planteó espacios abiertos a la transformación continua. Sin embargo, sus fundamentos conceptuales difieren de los del colectivo británico. Mientras Archigram articuló sus propuestas a partir de la tecnología, la cultura de masas y la infraestructura, New Babylon se desarrolló como una crítica a la organización del trabajo y a las formas establecidas de producción del espacio urbano (Sadler, 2005).
Una exploración paralela tuvo lugar en Japón con el Metabolismo. Arquitectos como Kisho Kurokawa desarrollaron sistemas urbanos compuestos por megaestructuras y unidades intercambiables, de los cuales la Torre de Cápsulas Nakagin constituye el ejemplo más difundido. Aunque ambos movimientos surgieron de manera independiente, Cook y Webb documentan la existencia de intercambios editoriales y contactos directos que favorecieron la circulación de ideas entre Archigram y los metabolistas (Cook & Webb, 1999).
La influencia de Archigram resulta especialmente visible en la arquitectura construida de las décadas posteriores. El Centre Pompidou, de Richard Rogers y Renzo Piano, constituye el ejemplo más citado debido a la exteriorización de la estructura, las circulaciones y las instalaciones técnicas como componentes expresivos de la composición arquitectónica. Esta concepción prolongó principios presentes en las representaciones de Archigram y encontró continuidad en la producción temprana de Norman Foster y en el desarrollo de la arquitectura high-tech, cuya filiación con el colectivo ha sido ampliamente documentada por Sadler (2005).
Su legado también puede reconocerse en la evolución de la representación arquitectónica contemporánea. La autonomía concedida al dibujo, al diagrama y a la imagen como instrumentos de investigación proyectual anticipó formas de representación que adquirieron una amplia difusión con la incorporación de herramientas digitales desde la década de 1990. Steiner sostiene que la relación entre ambos momentos es de carácter genealógico: recursos como la superposición de escalas, la representación de procesos y el empleo del diagrama como estructura argumental constituyen antecedentes directos de los lenguajes visuales asociados al modelado digital y al diseño computacional (Steiner, 2009).
Este legado también se proyectó sobre una generación de oficinas que recuperó las nociones de sistema, proceso e indeterminación programática como principios organizadores del proyecto. En la obra temprana de OMA, los programas híbridos y la articulación de los flujos de circulación desempeñan un papel central en la configuración espacial, estableciendo vínculos conceptuales con las investigaciones desarrolladas por las megaestructuras de la década de 1960 (Sadler, 2005). Posteriormente, estudios como NOX, dirigido por Lars Spuybroek, y arquitectos como Greg Lynn trasladaron estas ideas al ámbito del diseño digital mediante herramientas de animación, simulación y modelado paramétrico. La lógica procesual que Archigram había formulado mediante diagramas y recursos gráficos analógicos encontró así nuevas posibilidades de desarrollo a través de tecnologías computacionales.
Archigram y la arquitectura como sistema de información
La revisión de la producción de Archigram permite delimitar el sentido de su vigencia en la arquitectura contemporánea. Esta permanencia no radica en la materialización de sus propuestas, ya que las megaestructuras móviles y los sistemas urbanos especulativos apenas tuvieron traducción constructiva, sino en la reformulación de los fundamentos conceptuales del proyecto arquitectónico. El colectivo desplazó la atención desde el edificio entendido como objeto estable hacia la arquitectura concebida como sistema dinámico, abierto a la transformación, la circulación de información y la adaptación de sus componentes. Esta interpretación debe, no obstante, considerar las objeciones planteadas por Tafuri respecto a las tensiones entre experimentación disciplinar y representación especulativa, así como la cautela metodológica necesaria al emplear categorías posteriores para interpretar un fenómeno histórico anterior.
Las interpretaciones desarrolladas por Banham, Sadler y Steiner permiten comprender este desplazamiento desde perspectivas complementarias. Banham identificó en Archigram una continuidad crítica con la tradición tecnológica de las vanguardias modernas; Sadler reconstruyó las condiciones culturales, editoriales e intelectuales que hicieron posible la aparición del colectivo; y Steiner mostró cómo sus procedimientos gráficos redefinieron el papel de la representación dentro del proyecto arquitectónico. En conjunto, estas aportaciones explican por qué un grupo con una producción construida limitada ocupa un lugar central en la historiografía de la arquitectura del siglo XX.
La principal contribución de Archigram reside, así, en haber convertido la publicación en el núcleo de la práctica proyectual. La revista dejó de ser un soporte de difusión para constituirse en un espacio de experimentación donde el diseño editorial, el diagrama y la representación gráfica adquirieron autonomía disciplinar. Con recursos analógicos, el colectivo formuló un vocabulario conceptual basado en sistemas, redes, procesos e infraestructuras transformables que encontró nuevas formas de desarrollo con la incorporación de tecnologías digitales al proyecto arquitectónico. En este sentido, su legado se reconoce menos en la reproducción de sus formas que en la continuidad de las preguntas que introdujo sobre la relación entre arquitectura, información y representación.
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Listado cronológico de las publicaciones de la revista Archigram
Archigram No. 1 (1961) Proyectos destacados: Introducción de conceptos iniciales sobre arquitectura futurista y tecnología.
Archigram No. 2 (1962) Proyectos destacados: Desarrollo de ideas sobre la «Ciudad Viva» y la arquitectura móvil.
Archigram No. 3 (1963) Proyectos destacados: «Plug-In City» por Peter Cook.
Archigram No. 4 (1964) Proyectos destacados: «Walking City» por Ron Herron.
Archigram No. 5 (1965) Proyectos destacados: «Instant City» y conceptos de urbanismo temporal.
Archigram No. 6 (1965) Proyectos destacados: Desarrollo de la «Cushicle» por Michael Webb.
Archigram No. 7 (1966) Proyectos destacados: Análisis de la «Ciudad Instantánea» y estructuras inflables. “Drive-in Housing” de Michael Webb; «Blow-out Village» de Peter Cook
Archigram No. 8 (1968) Proyectos destacados: Estudio de la «Ciudad de la Información» y la influencia de la tecnología en la arquitectura.
Archigram No. 9 (1970) Proyectos destacados: Reflexiones sobre la arquitectura del futuro y compilación de proyectos anteriores.
Bibliografía
Banham, Reyner. Theory and Design in the First Machine Age. Londres: Architectural Press, 1960.
Banham, Reyner. «Zoom Wave Hits Architecture». New Society 8, n.º 179 (3 de marzo de 1966): 21–23.
Banham, Reyner. Megastructure: Urban Futures of the Recent Past. Londres: Thames and Hudson, 1976.
Castells, Manuel. The Rise of the Network Society. Oxford: Blackwell, 1996.
Colomina, Beatriz. Privacy and Publicity: Modern Architecture as Mass Media. Cambridge, MA: MIT Press, 1994.
Cook, Peter, y Michael Webb. Archigram. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1999.
Sadler, Simon. Archigram: Architecture without Architecture. Cambridge, MA: MIT Press, 2005.
Steiner, Hadas A. Beyond Archigram: The Structure of Circulation. Nueva York: Routledge, 2009.
Tafuri, Manfredo. Architecture and Utopia: Design and Capitalist Development. Traducido por Barbara Luigia La Penta. Cambridge, MA: MIT Press, 1976. (Publicado originalmente en italiano en 1973).
Imágenes: ©Archigram
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