Entre tradición y modernidad: estudio crítico de la Casa Bianchi (1973)

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El texto aborda el problema de la articulación entre autonomía formal y relación territorial en la arquitectura doméstica, en el contexto del debate entre tradición y modernidad en la Europa de la década de 1970. El análisis se centra en la Casa Bianchi (1973) de Mario Botta, examinada como un caso temprano donde la geometría primaria actúa como instrumento disciplinar para ordenar el habitar y el territorio. A partir de su formación influenciada por Louis Kahn, Le Corbusier y Carlo Scarpa, el texto estudia la compacidad volumétrica, la organización vertical del programa y la relación entre masa y vacío en la sección. Se examina además la reinterpretación tipológica de los roccoli y la implantación en el contexto de Riva San Vitale, donde el volumen prismático actúa como referencia estable frente a la topografía. Se concluye que la obra logra una síntesis rigurosa entre monumentalidad, memoria y lógica constructiva, aunque introduce tensiones en la flexibilidad funcional, evidenciando los límites de un enfoque que privilegia la coherencia formal como principio rector.

Palabras clave: Mario Botta, Casa Bianchi, geometría arquitectónica, regionalismo crítico, tectónica.

1. Introducción: génesis intelectual y formación de Mario Botta

La Casa Bianchi (1973) compone una declaración programática dentro del panorama arquitectónico suizo de la década de 1970, en la que Mario Botta articula los fundamentos de su pensamiento proyectual. La vivienda constituye la síntesis operativa de una formación académica desarrollada en un contexto marcado por el neo-racionalismo veneciano y por el contacto directo con figuras centrales del Movimiento Moderno.

En la Escuela de Arquitectura de Venecia, donde inició sus estudios en 1965, Botta se insertó en un clima intelectual que promovía la recuperación de la lógica estructural y la disciplina geométrica frente a las tendencias organicistas predominantes. En ese marco, la geometría primaria dejó de ser un recurso formal para convertirse en un principio ordenador, capaz de establecer relaciones claras entre estructura, envolvente y espacio interior. La elección del cubo en la Casa Bianchi responde a esa voluntad de modulación rigurosa, donde el volumen compacto se impone como mecanismo de control frente a la fragmentación del paisaje.

La influencia de Louis Kahn resulta decisiva en esta etapa formativa. Mario Botta asimila de Kahn una concepción tectónica del proyecto, entendida como manifestación legible del sistema constructivo y de la lógica estructural que lo sustenta, donde cada elemento revela su función dentro del orden general. También incorpora una valoración rigurosa del material en su doble condición estructural y simbólica, reconociendo en la masa, el espesor y la modulación constructiva instrumentos capaces de conferir densidad espacial y claridad formal al conjunto arquitectónico. En la Casa Bianchi, el bloque de hormigón constituye la sustancia misma de la obra, cuya masa y textura revelan el proceso constructivo y definen la espacialidad interior. Esta “verdad del material”, en términos kahnianos, se traduce en una arquitectura donde estructura y forma se identifican.

El contacto profesional con Le Corbusier, durante el desarrollo del proyecto para el hospital de Venecia en 1965, consolidó su comprensión del racionalismo moderno y de la dimensión monumental del volumen arquitectónico. La escala controlada, la autonomía del objeto y la claridad compositiva presentes en la Casa Bianchi evidencian esa herencia, reinterpretada desde una sensibilidad más contenida y territorial.

Asimismo, se advierte la influencia de Carlo Scarpa en la atención minuciosa al detalle constructivo, en la precisión de las juntas y en la articulación entre planos, donde cada encuentro material se resuelve como una operación consciente y técnicamente calibrada. En esta lógica, la unión entre elementos adquiere espesor conceptual, dejando evidencia de la transición entre sistemas constructivos para subrayar la condición estratificada de la arquitectura.

A estas referencias modernas se suma la tradición vernácula del cantón del Tesino, región natal del arquitecto. Las tipologías rurales, caracterizadas por su compacidad volumétrica y su implantación estratégica en la topografía, informan la relación entre edificio y terreno. En particular, los roccoli, estructuras verticales destinadas históricamente a la caza de aves en Lombardía y el Tesino, constituyen un antecedente tipológico pertinente para comprender la afirmación vertical de la Casa Bianchi. Estas construcciones rurales, difundidas en el norte de Italia y en el ámbito alpino, se configuran como torres o cuerpos edificados de escala contenida, implantados en el paisaje agrícola con una clara función de observación y captura.

Desde el punto de vista arquitectónico, los roccoli presentan muros perimetrales de espesor significativo y desarrollo vertical acusado, con vanos de reducida dimensión, estratégicamente dispuestos para garantizar el control visual del entorno sin comprometer el ocultamiento del usuario. La envolvente opera como un dispositivo de regulación perceptiva y climática, estableciendo un límite denso que filtra vistas, sonido y luz mediante una estrategia de apertura selectiva.

En términos tipológicos, estas estructuras evidencian una lógica de concentración volumétrica y control territorial que trasciende su función cinegética. La relación entre masa compacta, verticalidad y control visual del paisaje configura una actitud proyectual que, reinterpretada en términos disciplinares, puede reconocerse en la morfología prismática y en la organización seccional de la Casa Bianchi, donde el volumen se afirma en su compacidad, para actuar como dispositivo de observación y elemento de orden en el paisaje.

Desde el punto de vista conceptual, la arquitectura de Botta se estructura en torno a una tensión constante entre geometría y experiencia espacial. La forma pura antecede al programa y lo contiene, actuando como marco disciplinar. La luz interviene como un agente que cualifica el espacio interior, especialmente mediante entradas cenitales que perforan la masa compacta y generan gradaciones lumínicas controladas. La envolvente se concibe como una “cáscara” protectora, que contrasta con un interior organizado según criterios domésticos precisos, donde la secuencia de entrepisos y circulaciones verticales modula la experiencia del habitar.

En este sentido, la Casa Bianchi consolida una posición crítica frente a las rupturas radicales de su tiempo. Botta asume la tradición como un capital disciplinar que puede ser reconfigurado a través de la geometría, la modulación estructural y el uso austero de materiales. El resultado es una arquitectura de fuerte presencia volumétrica, cuya aparente simplicidad formal encierra una reflexión compleja sobre estructura, territorio y memoria arquitectónica.

Mario Botta Casa Bianchi vista de la pasarela exterior

2. Contexto geográfico e histórico de Riva San Vitale

El emplazamiento de la Casa Bianchi en Riva San Vitale constituye un componente estructural del proyecto, en tanto el territorio actúa como matriz histórica y morfológica que condiciona la implantación, la escala y la tipología adoptada. Situada en el distrito de Mendrisio, en el cantón del Tesino1, en la ribera meridional del Lago de Lugano, en la base del Monte San Giorgio, cuya presencia topográfica define un paisaje de fuerte pendiente y densidad vegetal.

La topografía desciende de manera pronunciada hacia el lago, formando plataformas naturales desde las cuales se obtienen visuales amplias hacia los Prealpes lombardos. Esta condición orográfica incide directamente en la estrategia proyectual de Botta, quien opta por una implantación elevada mediante pilotis, para reducir la huella en el terreno y permitir que el volumen cúbico se incorpore en la pendiente sin disolver su compacidad. De ese modo, el edificio se afirma como objeto autónomo, pero su verticalidad responde a la lógica del sitio.

Desde el punto de vista histórico, Riva San Vitale posee una continuidad de ocupación que se remonta a la época romana, de la cual subsisten vestigios arqueológicos dispersos en el área. La densidad patrimonial se concentra en su arquitectura religiosa. El Baptisterio de San Giovanni Battista2, datado en torno al año 500, constituye el edificio cristiano más antiguo conservado íntegramente en Suiza; su planta centralizada y su masa muraria compacta establecen un antecedente significativo en términos de volumetría y relación entre geometría y sacralidad. A este se suman la Iglesia de San Vitale, reconstruida entre 1756 y 1759 sobre un sustrato paleocristiano, y el Templo de Santa Croce, edificado a finales del siglo XVI según cánones renacentistas. Estos hitos configuran un horizonte simbólico donde la arquitectura se asocia a permanencia, espesor histórico y centralidad cívica.

Sin embargo, el recurso tipológico más relevante para comprender la Casa Bianchi es el de los roccoli, emplazados estratégicamente en elevaciones del paisaje lombardo y tesinés. Botta opera aquí un desplazamiento tipológico preciso: transforma una estructura originalmente vinculada a una práctica cinegética en un dispositivo doméstico de contemplación. La torre deja de ser instrumento de captura para convertirse en espacio de habitar. Esta operación constituye una reinterpretación abstracta de la verticalidad, la compacidad y la condición de hito territorial.

La escala del volumen y el carácter cerrado de su masa pétrea establecen una dialéctica con las arquitecturas sacras circundantes, cuyas envolventes densas y geometrías elementales remiten a una tradición constructiva de larga duración. La vivienda adopta así una presencia que la sitúa en un punto intermedio entre lo doméstico y lo simbólico.

La estrategia proyectual no recurre al mimetismo ni a la reproducción literal de formas históricas. Botta compone una lectura crítica del lugar, en la que la memoria material y la morfología del paisaje se traducen en operaciones geométricas precisas en una envolvente de espesor significativo. La obra integra referencias históricas articulando continuidad cultural y autonomía disciplinar mediante recursos estrictamente arquitectónicos.

En consecuencia, el contexto geográfico e histórico de Riva San Vitale actúa como sistema de referencias que orienta la definición volumétrica y la condición tipológica de la obra. La Casa Bianchi se inserta en ese entramado como una pieza contemporánea que asume la continuidad del territorio, al tiempo que introduce una interpretación disciplinar rigurosa de sus antecedentes formales.

Mario Botta Casa Bianchi vista desde el jardin delantero

3. Morfología de la torre: volumen, monumentalidad y límite

En un entorno afectado por procesos de densificación heterogénea, la Casa Bianchi se configura como un volumen autónomo de planta cuadrada de 10 metros de lado y 13 metros de altura, estableciendo una presencia inequívoca en el paisaje de Riva San Vitale. La geometría primaria resulta una estrategia de control territorial: al concentrar el programa en un prisma vertical, el proyecto reduce la ocupación del suelo del solar4, preservando la continuidad de la vegetación circundante. La torre opera como mojón territorial, un punto fijo y reconocible dentro de un tejido edificado disperso.

La volumetría se articula mediante una lógica sustractiva. Botta excava selectivamente la masa para alojar vacíos estratégicos. Estas incisiones afectan de manera diferenciada a cada fachada según su orientación.  Revelan un interior blanco y luminoso que contrasta con la envolvente de bloques de hormigón vistos, cuya textura y aparejo subrayan la dimensión tectónica del conjunto. La oposición entre exterior pétreo e interior claro constituye un dispositivo espacial que regula la transición desde paisaje hacia el ámbito doméstico.

La referencia tipológica a los roccoli se traduce aquí en una reinterpretación abstracta de la verticalidad y del carácter de hito territorial. La torre doméstica sustituye la función cinegética por una función contemplativa, manteniendo la condición de estructura elevada que domina visualmente el entorno.

La envolvente funciona como límite físico y simbólico. En las fachadas norte y oeste, orientadas hacia el lago y el paisaje alpino, las grandes aberturas enmarcan vistas precisas, controladas mediante el espesor del muro, que actúa como diafragma visual. En las caras sur y este, expuestas a condiciones climáticas adversas y a la proximidad del tejido construido, el volumen se presenta más cerrado, reforzando su carácter protector. En las fachadas sur y este, orientadas hacia condiciones climáticas más exigentes y hacia la proximidad del tejido construido, el volumen reduce la proporción de vanos y acentúa la continuidad del paramento murario. Esta decisión incrementa la inercia térmica de la envolvente y refuerza su condición de límite protector, consolidando la compacidad formal del prisma frente a las solicitaciones ambientales y al contexto inmediato.

En conjunto, la morfología de la torre sintetiza dos operaciones complementarias: por un lado, afirma una presencia monumental mediante la compacidad volumétrica y la materialidad pétrea; por otro, establece un límite preciso frente al entorno inmediato, regulando visuales, accesos y relaciones climáticas. La forma pura actúa como un mecanismo disciplinar que organiza el habitar y redefine la relación entre arquitectura y territorio.

Mario Botta Casa Bianchi vista axonometrica seccionada

4. Recorrido iniciático: pasarela y organización vertical

En la Casa Bianchi, el sistema de circulación constituye una estructura proyectual determinante, en tanto articula la relación entre el cuerpo del habitante y la secuencia perceptiva del espacio interior. El acceso se produce a través de una pasarela metálica elevada, de aproximadamente 18 metros de longitud, que subraya la separación entre la vivienda y la pendiente natural, enfatizando la autonomía del objeto arquitectónico respecto del terreno. Ejecutada en acero pintado de rojo, la pasarela opera como un plano lineal de transición entre el espacio público y el nivel superior del prisma. Su condición liviana y suspendida contrasta con la masa compacta del volumen principal, intensificando la percepción de umbral. El recorrido sobre la pasarela expone gradualmente al usuario al vacío y al paisaje circundante, configurando una antesala perceptiva que antecede a la lógica cerrada y tectónica del edificio.

El ingreso por la cota superior reorganiza la jerarquía funcional de la vivienda, al sustituir la relación directa con el suelo por una secuencia descendente estructurada según grados de privacidad. En el nivel de acceso se ubica el estudio, vinculado a una terraza que amplía el campo visual y establece un contacto mediado con el entorno. Desde este punto, la circulación vertical distribuye los espacios domésticos en sentido descendente, articulando los entrepisos mediante una secuencia coherente.

La escalera central, ligeramente desplazada del eje geométrico del cuadrado, introduce una asimetría controlada que tensiona la regularidad abstracta del prisma sin alterar su claridad volumétrica. Este corrimiento permite diferenciar ámbitos principales y espacios de servicio, consolidando la escalera como núcleo estructurante del proyecto. El vacío vertical resultante organiza la continuidad visual entre niveles y define la percepción del espacio interior como una totalidad estratificada.

La organización descendente del programa produce un recorrido secuencial preciso, donde la alternancia entre compresión y expansión, y entre opacidad y apertura visual, estructura la experiencia doméstica dentro de un contenedor. El acceso elevado y la disposición vertical actúan como dispositivos que integran topografía, límite constructivo y programa bajo una lógica proyectual rigurosa, donde cada elemento de circulación adquiere un papel estructural en la configuración espacial.

Mario Botta Casa Bianchi sección

5. Disposición espacial: vacíos, luz y fluidez doméstica

La configuración del espacio interior de la Casa Bianchi se asienta en una estrategia de vacíos escalonados insertos en la sección vertical del prisma, que establece relaciones visuales continuas entre los distintos entrepisos. Las dobles y triples alturas funcionan como dispositivos de articulación perceptiva, que conectan ámbitos privados y áreas comunes mediante visuales cruzadas y balconeos interiores cuidadosamente modulados.

Esta operación consolida una dialéctica entre masa y excavación. El volumen exterior se manifiesta como un cuerpo compacto, de geometría nítida y envolvente continua, mientras que el interior revela una estructura espacial compleja, construida a partir de incisiones que convierten a la sección en el principal instrumento organizativo.

La liberación puntual de vértices en determinados niveles habilita aperturas controladas hacia el paisaje, preservando el carácter protector de la envolvente. El muro portante mantiene su espesor y su condición de límite estructural, actuando como filtro que enmarca visuales específicas y regula la relación entre interior y exterior.

La luz natural adquiere un papel estructurante dentro de esta lógica. La combinación de aberturas laterales y vacíos verticales favorece la penetración gradual de iluminación cenital y horizontal hacia los niveles inferiores, acompañando el recorrido descendente y reforzando la lectura estratificada del espacio. El contraste entre la envolvente de hormigón visto y los paramentos interiores de tonalidad clara intensifica la percepción del espesor constructivo y subraya la dimensión tectónica del conjunto.

El desplazamiento a través de la torre configura una secuencia controlada, donde la circulación vertical articula planos superpuestos y establece una continuidad perceptiva entre niveles. Estas conexiones espaciales moderan la rigidez potencial del contenedor y convierten la verticalidad en una experiencia doméstica articulada, donde la fluidez interior se integra con la compacidad formal del volumen exterior sin desdibujarla.

6. Análisis crítico: fortalezas y limitaciones

La Casa Bianchi manifiesta una coherencia formal aguda, sustentada en la concentración del programa doméstico dentro de un prisma vertical autónomo que articula geometría y territorio en una única operación disciplinar. La claridad tipológica resultante, la precisión en el manejo de la sección y la integración entre materialidad, recorrido y control visual consolidan una obra de nítida legibilidad arquitectónica, que se afirma como hito territorial sin apelar a recursos expresivos ajenos a su propia lógica tectónica. La compacidad volumétrica y el espesor del muro portante refuerzan esta condición, al tiempo que estabilizan la relación entre interior excavado y envolvente continua.

Sin embargo, esa consistencia introduce tensiones en el funcionamiento cotidiano de la vivienda. La disposición vertical intensiva y la modulación estricta del sistema portante restringen la adaptabilidad del programa. La experiencia espacial, estructurada en torno a un recorrido descendente cuidadosamente secuenciado, subordina la flexibilidad doméstica a la coherencia tipológica, reforzando el carácter introspectivo del conjunto, mientras que la afirmación volumétrica y su densidad material intensifican la separación entre el armazón arquitectónico y su entorno inmediato. Estas tensiones surgen como consecuencia directa de una toma de posición disciplinar definida, asumida por Mario Botta con claridad conceptual.

La Casa Bianchi propone la afirmación de un modelo arquitectónico donde la autonomía geométrica y la claridad constructiva operan como principios rectores de una densidad simbólica. En este marco, la obra puede interpretarse como un manifiesto construido que privilegia la consistencia formal y la dimensión territorial de la arquitectura doméstica, anticipando una línea de pensamiento que tendrá continuidad en la producción posterior Mario Botta.

7. Conclusión: síntesis crítica y aportes de la obra

La Casa Bianchi constituye un caso representativo de la manera en que Mario Botta articula geometría, memoria y topografía dentro de un volumen unitario de marcada compacidad formal. La obra evidencia un control preciso del programa y de la secuencia perceptiva, incorporando una asimilación crítica de la tradición constructiva del Tesino, entendida como un sistema de referencias tipológicas abstractas. Esta síntesis sitúa el proyecto en un campo disciplinar en el que la forma geométrica se convierte en instrumento de orden territorial.

La vivienda señala un momento de transición entre la herencia del modernismo tardío y la consolidación de una arquitectura arraigada al lugar, donde el edificio asume la responsabilidad de instaurar un orden frente al paisaje. La envolvente compacta contrasta con una interioridad doméstica articulada mediante vacíos, entrepisos y perforaciones estratégicas.

Botta desvincula la monumentalidad de toda intención representativa y la redefine como condición espacial, al configurar un volumen cuya compacidad, espesor murario y control de las perforaciones responden a una lógica interna antes que a una voluntad icónica. La perforación controlada de la masa cúbica demuestra que un volumen geométricamente puro puede establecer un diálogo crítico con el entorno sin recurrir al mimetismo ni a la fragmentación. La relación entre materialidad y espacios excavados, consolida una síntesis entre abstracción geométrica y experiencia primaria del habitar. El espesor del muro portante, la modulación de las aberturas y la continuidad de la sección vertical refuerzan la legibilidad tectónica del conjunto, donde la honestidad constructiva opera como principio rector.

Al mismo tiempo, la obra pone de manifiesto los límites inherentes a su propia lógica disciplinar. La concentración vertical del programa y la afirmación volumétrica introducen restricciones en términos de adaptabilidad funcional, mientras que la dependencia de un recorrido de acceso específico condiciona de manera decisiva la percepción del espacio interior. Estas tensiones se presentan como consecuencias de una toma de posición proyectual coherente, en la que la densidad tipológica y la claridad formal se privilegian frente a la flexibilidad pragmática.

En consecuencia, la Casa Bianchi puede interpretarse como un ejercicio de afirmación arquitectónica que examina el equilibrio entre monumentalidad y experiencia íntima del habitar, a partir de una estrategia de concentración volumétrica y control seccional que redefine la escala doméstica. Su inserción en el contexto europeo de la década de 1970 permite situarla dentro del debate sobre la relación entre geometría, paisaje y domesticidad, en un momento en que la arquitectura revisaba críticamente los postulados del modernismo tardío y reintroducía la memoria constructiva como componente estructural del proyecto.

©Marcelo Gardinetti

Notas

1 Mendrisio se localiza en el sur de Suiza, en el cantón del Tesino, próximo a la frontera con Italia y dentro del ámbito suizo de lengua italiana. Su posición geográfica, en un territorio de transición entre el mundo alpino y la llanura lombarda, ha determinado históricamente su carácter cultural y urbano. La ciudad posee una trayectoria histórica que se remonta a la época romana, condición que ha dejado huellas en su estructura territorial y en la estratificación de su tejido construido.

2 El Baptisterio de San Giovanni Battista, en Riva San Vitale, constituye uno de los testimonios más relevantes de la arquitectura paleocristiana en el territorio suizo. Datado en torno al año 500, se reconoce como el edificio cristiano más antiguo del país que ha llegado hasta la actualidad en un estado de conservación íntegro, condición que refuerza su valor histórico, tipológico y simbólico dentro del contexto regional.

3 La Iglesia de San Vitale corresponde a un templo del siglo XVIII, adscrito al barroco tardío, edificado sobre una base paleocristiana datada en el siglo V, adyacente al Baptisterio de San Giovanni Battista. El Templo de Santa Croce, construido en el siglo XVI, constituye un ejemplo significativo del Renacimiento tardío en la región. Su planta de cruz griega, de clara simetría centralizada, organiza el espacio en torno a un eje compositivo equilibrado.

4 Un lote de 850 m², caracterizado por una pendiente pronunciada

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Fotografías: ©Alo Zanetta / © Marco Danna

Cómo citar este artículo:
Gardinetti, Marcelo. «Entre tradición y modernidad: estudio crítico de la Casa Bianchi (1973).» Tecnne N° 12, 2026.
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.18700701.
Disponible en: https://bit.ly/casa-bianchi-1973

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Marcelo Gardinetti
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