Vitruvio: De Architectura

El artículo aborda De Architectura de Marco Vitruvio Polión como tratado fundacional para la definición teórica de la arquitectura en la Antigüedad. El texto examina su estructura en diez libros, donde se sistematizan principios como firmitas, utilitas y venustas, entendidos como base para la concepción, construcción y valoración de la obra arquitectónica. A través de esta lectura, se analizan contenidos relativos a materiales, técnicas constructivas, tipologías edilicias, urbanismo y proporción, articulados mediante un enfoque que integra conocimiento técnico y reflexión cultural. El artículo desarrolla una interpretación en la que el tratado funciona como compendio disciplinar que establece normas, métodos y criterios de diseño, vinculando arquitectura con otras áreas como la ingeniería y la matemática. Asimismo, se examina su influencia en la tradición occidental, particularmente en el Renacimiento. La conclusión principal sostiene que De Architectura configura un marco teórico integral que define la arquitectura como práctica técnica y cultural, consolidando sus fundamentos conceptuales y operativos.

Vitruvio Polión, Marco. Los diez libros de arquitectura

La figura del arquitecto y la noción de educación integral en Vitruvio

En la tradición vitruviana, la figura del arquitecto se define como la de un profesional dotado de una formación amplia y multidisciplinar, cuyo horizonte excede la mera práctica constructiva para situarse en un terreno de integración entre artes, ciencias y humanidades. Esta concepción, reiterada a lo largo de los tratados, subraya que la arquitectura debe entenderse como un saber articulado en diálogo con múltiples disciplinas.

Vitruvio señala que el arquitecto debe poseer “conocimiento de muchas letras y artes” y cultivar una “multitud de ciencias”, condición indispensable para responder con solvencia a la complejidad de la práctica arquitectónica. La geometría y la aritmética aparecen como fundamentos para la resolución de problemas proporcionales, garantizando el rigor métrico y la exactitud formal. La astronomía, entendida entonces bajo la denominación de astrología, aporta la capacidad de situar las construcciones en relación con los ciclos cósmicos equinoccios, solsticios y orientación cardinal, estableciendo así un vínculo entre la obra y el orden celeste.

La música se relaciona con la comprensión de la armonía y con la posibilidad de proyectar dispositivos técnicos, como máquinas hidráulicas. La medicina, por su parte, proporciona al arquitecto un conocimiento del clima, la calidad del aire y la naturaleza de las aguas, elementos determinantes para la salubridad de los asentamientos. El derecho se incorpora como disciplina necesaria para regular cuestiones de servidumbres, desagües y derechos de luces, aspectos que definen no solo la técnica constructiva, sino también el marco legal de la vida urbana.

Vitruvio distingue entre teoría y práctica: la primera corresponde al dominio intelectual de los principios, común a los doctos; la segunda se vincula con la ejecución, propia de los ejercitados en el oficio. El arquitecto debe situarse en un punto intermedio, con un conocimiento suficiente de cada disciplina, particularmente de aquellas que se entrelazan directamente con la arquitectura.

La dimensión ética ocupa un lugar central. La integridad del arquitecto se presenta como condición indispensable, valorándose la honradez por encima de la riqueza y subraya que el encargo de una obra debe recibirse como reconocimiento y no como súplica, pues solicitarlo podría suscitar sospechas sobre la rectitud del profesional.

Vitruvio denuncia las apropiaciones indebidas de su obra por parte de autores posteriores como Columela, Plinio el Joven, Paladio o Vegecio, a quienes acusa de reproducir sus escritos sin el debido reconocimiento. Esta crítica refleja la preocupación por la transmisión del conocimiento, y la exigencia de un compromiso ético en la producción intelectual.

Principios fundamentales de la arquitectura: firmitas, utilitas y venustas

En la teoría vitruviana, la arquitectura se organiza en tres grandes ámbitos: la construcción, la gnomónica y la maquinaria. La primera, núcleo esencial de la disciplina, se subdivide a su vez en edificaciones públicas y privadas, y constituye el campo donde se ponen en práctica los principios fundamentales que rigen toda obra arquitectónica: firmeza, comodidad y hermosura.

La firmitas se garantiza mediante la correcta disposición de los cimientos y la adecuada selección de materiales. Vitruvio enfatiza que las zanjas deben profundizarse hasta alcanzar un terreno firme y que los materiales, de cualquier naturaleza, han de ser empleados sin escatimar recursos, con un control minucioso de su calidad y resistencia. Este principio asegura la estabilidad estructural y la durabilidad de la edificación.

La utilitas se vincula con la funcionalidad del espacio y con la pertinencia de su orientación. Para Vitruvio, la arquitectura cumple su propósito cuando la disposición de las partes responde a un criterio de uso fluido, libre de obstáculos, y cuando la orientación de los recintos aprovecha las condiciones más favorables de la luz, el aire y el clima. En este sentido, la utilidad implica una correspondencia entre el edificio, su entorno natural y las necesidades de sus ocupantes.

La venustas se alcanza cuando la obra manifiesta un aspecto armónico y proporcionado, capaz de suscitar agrado en la contemplación. La belleza arquitectónica es el resultado de una modulación rigurosa de las dimensiones, de la simetría de las partes y de la coherencia formal que articula el conjunto.

Estos tres principios han perdurado como categorías centrales de la teoría arquitectónica occidental, reapareciendo en distintas formulaciones desde el Renacimiento hasta la teoría moderna, donde continúan funcionando como criterios fundamentales de evaluación y de diseño.

Vitruvio casa de campo
Vitruvio casa de campo

Conceptos clave en el diseño arquitectónico según Vitruvio

La teoría arquitectónica vitruviana establece un conjunto de principios que organizan tanto la belleza como la funcionalidad de las edificaciones, articulando criterios formales, espaciales y constructivos que han tenido una influencia perdurable en la historia del diseño. Estos conceptos, formulados como categorías técnicas, operan de manera conjunta en la definición de la obra arquitectónica.

La ordinatio se refiere a la determinación de las dimensiones y capacidades de los espacios en planta, en función del uso previsto, del carácter de sus ocupantes y de la escala general del edificio. Su regulación por la cantidad introduce una dimensión cuantitativa y racional, asegurando la correspondencia entre programa y proporción.

La dispositio alude a la adecuada colocación de los recintos, garantizando su correspondencia con la función que albergan y minimizando incomodidades. Este principio se extiende a la organización urbana, incluyendo la ubicación de áreas de uso común y la orientación de los edificios de acuerdo con los aspectos celestes, lo que revela una comprensión integral entre arquitectura, ciudad y naturaleza.

La symmetria designa la conmensuración entre las partes del edificio, entendida no solo como proporción matemática, sino también como principio de coherencia estructural y formal. En este sentido, la simetría asegura la estabilidad del conjunto y su armonía perceptiva.

La eurythmia, en estrecha relación con la simetría, incorpora el componente estético y perceptivo, manifestado en la gracia de los perfiles, contornos y proporciones. Mientras la simetría responde a una lógica geométrica, la euritmia añade el efecto visual de plenitud y satisfacción en la mirada experta, articulando belleza y corrección técnica.

El decor exige la adecuación de cada elemento arquitectónico a su función, tanto real como simbólica, rechazando lo superfluo o inadecuado. Incluye consideraciones de materialidad, jerarquía espacial (como la magnificencia requerida en vestíbulos) y la orientación precisa de los ambientes: dormitorios hacia oriente, baños hacia occidente, y galerías hacia septentrión, en correspondencia con el uso y las condiciones de iluminación.

La distributio se centra en la administración prudente de los recursos, estableciendo un equilibrio entre la magnitud de la obra, el costo de ejecución y la idoneidad en el uso de los materiales. Este principio introduce una dimensión económica y pragmática, que reconoce la arquitectura como gestión racional de medios.

Estas categorías conforman un sistema normativo en el que se entrelazan proporción, función, estética y economía, constituyendo la base de una teoría arquitectónica que influirá decisivamente en los tratados posteriores del Renacimiento y en la consolidación de la disciplina como saber autónomo.

Vitruvio casa romana
Vitruvio casa romana

Órdenes arquitectónicos y sus orígenes en la teoría vitruviana

Vitruvio establece una clasificación de los órdenes arquitectónicos que se articula a partir de referencias antropomórficas, vinculando las proporciones de la columna con las formas y atributos del cuerpo humano. Esta lectura, de raíz simbólica, explica la evolución formal de los órdenes griegos y su codificación en el tratado.

El orden dórico, considerado el más antiguo, se atribuye a Doro, quien edificó un templo dedicado a Hera en Argos. Su proporción inicial se basaba en la figura masculina, con una altura equivalente a seis veces el diámetro del imoscapo, incluyendo el capitel. Posteriormente, la proporción se alargó hasta siete diámetros, reforzando la relación entre robustez estructural y sobriedad formal que caracteriza al orden.

El orden jónico se concibió para el templo de Artemisa, y se reguló a partir de la delicadeza de la figura femenina. La columna adquirió una esbeltez mayor, equivalente a ocho diámetros del imoscapo, proporción que más tarde se extendió hasta ocho y medio. La incorporación de basa, la voluta en el capitel es interpretada como una alusión al cabello rizado y las acanaladuras de la caña se asimilan a los pliegues de la túnica matronal, reforzando su carácter refinado y ornamental.

El orden corintio se vinculó con la imagen de una doncella, de miembros airosos y proporciones aún más esbeltas. Su capitel, según la tradición legendaria, se originó cuando un artesano observó una canastilla depositada sobre la tumba de una joven, rodeada de hojas de acanto que crecían a su alrededor. Esta anécdota ejemplifica la relación entre naturaleza, mito y forma arquitectónica en la génesis de los órdenes.

El orden toscano, de procedencia etrusca, se menciona en el tratado en relación con la disposición de los templos, aunque Vitruvio no lo incluye dentro de la tipología griega de órdenes propiamente dichos. Se trata de una tradición constructiva de carácter local, adoptada posteriormente en Roma y reinterpretada en la arquitectura clásica latina.

Los órdenes constituyen un sistema de proporciones que refleja concepciones culturales sobre el cuerpo, la naturaleza y la identidad cívica, anticipando la permanencia de su vigencia en la teoría arquitectónica del Renacimiento y en los manuales académicos de la Edad Moderna.

Materiales de construcción en la teoría vitruviana

El tratado vitruviano dedica especial atención a la caracterización de los materiales de construcción, subrayando que la solidez y durabilidad de las obras dependen tanto de su adecuada elección como de los procesos de preparación y puesta en obra. Cada material se describe en función de sus propiedades físicas, de sus aplicaciones específicas y de las precauciones necesarias para garantizar su comportamiento estructural a lo largo del tiempo.

En relación con los ladrillos, se prescribe el uso de tierras blanquecinas o gredosas, libres de arena y gravas, y se distinguen tres formatos principales: el dídoron (un pie y medio), el pentádoron (cinco palmos) y el tetrádoron (cuatro palmos). Vitruvio insiste en la necesidad de un proceso de secado no inferior a dos años y de una cocción adecuada para evitar fisuras o debilitamientos. Ciertos ladrillos procedentes de regiones como Calento en Hispania, Marsella en la Galia o Pitana en Asia se mencionan por su capacidad excepcional de no hundirse en el agua, lo que revela un conocimiento rutinario de la resistencia y ligereza del material.

La arena, indispensable en la elaboración del mortero, se clasifica según su color en negra, blanca, roja y de tipo carbúnculo. Su calidad se evalúa de manera práctica: la mejor rechina al frotarse con la mano y no deja mancha al contacto con un lienzo. Vitruvio distingue entre la arena de mina, de secado rápido y apta para revoques, y la arena de río o mar, cuyo contenido salino dificulta el secado y puede comprometer la durabilidad de los revestimientos.

La cal se describe tanto el proceso de calcinación como las proporciones de mezcla con la arena: tres partes de arena de mina por una de cal, o dos partes de arena de río o mar por una de cal. El apagado y la maceración se consideran operaciones esenciales para asegurar la cohesión del mortero.

Particular relevancia adquiere la puzolana, roca volcánica cuyo origen se atribuye a la acción del fuego sobre tobas y suelos ricos en humedad. Al mezclarse con cal y agua, la reacción exotérmica que se produce favorece una unión íntima de los componentes, generando un cuerpo sólido y resistente. Este material resulta fundamental en la construcción de obras hidráulicas, al conferir impermeabilidad y estabilidad incluso bajo el agua.

Respecto a las piedras de cantera, Vitruvio distingue entre las denominadas “flojas” como las rojizas de Roma, Palia, Fidene o Alba y las “templadas”, entre las que destacan las tiburtinas, amiterninas y sirmenses. Se recomienda extraer los bloques con dos años de antelación y exponerlos al sol para descartar aquellos que presenten fisuras o debilidades, asegurando así la calidad estructural de la fábrica.

La selección de maderas debía realizarse en otoño, cuando los árboles han perdido sus hojas y recuperado el vigor tras la fructificación. Cada especie se valoraba por sus características: el abeto, ligero y rígido, aunque vulnerable a la carcoma y al fuego; la encina, de gran dureza en ambientes subterráneos, pero propensa a deformar y agrietar las estructuras; el cedro y el enebro, resistentes y productores de aceites preservativos; y el larigno, célebre por su resistencia al fuego, descubierto en los Alpes durante las campañas de Julio César, especialmente adecuado para aleros y estructuras expuestas a riesgo de incendio.

La clasificación vitruviana responde a una descripción empírica de propiedades, constituyendo un sistema de criterios técnicos que buscan garantizar la durabilidad, la estabilidad y la pertinencia de cada material en relación con su función constructiva. Este descripción anticipa la importancia de la ciencia de los materiales en la práctica arquitectónica posterior y revela la estrecha relación entre observación natural, conocimiento técnico y aplicación proyectual.

Urbanismo y tipologías edilicias en Vitruvio

El tratado vitruviano aborda de manera sistemática los principios del urbanismo y las tipologías arquitectónicas, estableciendo criterios de emplazamiento, orientación y funcionalidad que buscan articular la ciudad con su entorno natural y social.

En la fundación de ciudades, Vitruvio prescribe la selección de un emplazamiento saludable, situado en altura, libre de nieblas y con un clima templado. Se desaconseja la proximidad a lagunas estancadas, salvo que estas tengan salida al mar y se mezclen con agua salubre, que evita la proliferación de organismos nocivos. Esta preocupación revela un temprano vínculo entre urbanismo y salubridad ambiental.

El trazado de calles se organiza con el objetivo de mitigar el impacto de los vientos dominantes. Las vías deben orientarse de modo que los barrios se dispongan oblicuamente respecto de los vientos, de manera que, al incidir estos en los ángulos de las manzanas, se disipen y pierdan fuerza.

El emplazamiento de los espacios cívicos y religiosos responde a criterios de centralidad y simbolismo. El foro se ubica junto al puerto en ciudades marítimas, mientras que en asentamientos mediterráneos ocupa el centro. Los templos se distribuyen según la naturaleza de cada divinidad: los dioses celestes en lugares elevados; Mercurio, Isis y Serapis en el foro; Apolo y Dionisio cerca del teatro; Hércules junto al circo; Marte extramuros; y Venus en las inmediaciones de las puertas de la ciudad.

Entre los edificios públicos, destacan las basílicas, concebidas como centros de intercambio mercantil y judicial. Vitruvio refiere con detalle la basílica que proyectó en Fano, en la que se empleó una cubierta central abovedada, ejemplo temprano de tipología monumental con carácter cívico.

Los teatros, tanto griegos como latinos, reciben especial atención en lo relativo a la acústica. Se desaconsejan emplazamientos donde el sonido resulte “obtuso o sordo”, y se describe la propagación de la voz en ondas concéntricas. La organización de la cavea, la orquesta, el proscenio y la escena responde a criterios de visibilidad y resonancia, complementados por la instalación de vasos metálicos resonadores para potenciar la calidad sonora.

Los baños se detallan en su disposición de estancias: laconicum, tepidarium, caldarium y alveus, así como en el sistema de calefacción mediante suspensura. Las palestras, de origen griego, se conciben como recintos peristilados con espacios anexos para la formación filosófica y retórica, integrando dimensión corporal y educativa.

En el ámbito de la infraestructura marítima, los puertos se conciben como naturales o artificiales, estos últimos construidos mediante cáixones de madera rellenos de piedra y el empleo de puzolana, cuya capacidad de fraguar bajo el agua asegura la durabilidad de las obras.

Sobre los edificios privados, Vitruvio insiste en su adaptación al clima. Distingue cinco tipos de atrio: toscano, corintio, tetrástilo, displuviado y cubierto con bóveda, a los que se suman estancias como alae, tablinium (archivo) y peristilo. Las viviendas griegas se describen con el prothyrum de acceso y la división entre gineconitis (espacio femenino) y andronitis (espacio masculino), con salones, bibliotecas, exedras y triclinia. Las villas rurales integran cocinas, establos, graneros y caballerizas, cuya disposición responde a la orientación solar y a la funcionalidad agrícola.

Este conjunto de indicaciones refleja una concepción integral de la ciudad y de sus edificios, en la que se entrelazan criterios de salubridad, eficiencia funcional, adecuación simbólica y adaptación climática, configurando una teoría urbanística formulada en el contexto romano, que anticipa principios de vigencia universal en la historia de la arquitectura.

El agua: búsqueda, conducción y propiedades en Vitruvio

El Libro VIII del tratado vitruviano está dedicado íntegramente al agua, considerada un recurso esencial tanto para la vida como para la configuración de la ciudad. Su análisis abarca desde cuestiones de origen y calidad hasta aspectos técnicos de captación, conducción y almacenamiento, revelando una concepción integral en la que se entrelazan observación natural, salud pública e ingeniería hidráulica.

En cuanto al origen del agua, Vitruvio recoge las teorías de los filósofos antiguos que la consideraban principio de todas las cosas, pero centra su atención en criterios prácticos para identificar su presencia y evaluar su calidad. La agua de lluvia se califica como la más saludable, mientras que las fuentes de montaña son preferibles a las de llanura, por su pureza y frescura. El autor señala también la existencia de manantiales con propiedades medicinales, otros nocivos, capaces de alterar la voz, la complexión o el comportamiento, una temprana observación empírica de los efectos fisiológicos del agua.

Las pruebas de calidad se basan en la observación del entorno. Se recomienda atender a la complexión de los habitantes, a la salud de los animales, al vigor de las plantas e incluso al efecto del agua sobre metales sumergidos en ella. Si una fuente produce enfermedad o debilidad en quienes la consumen, debe descartarse.

Para la nivelación y conducción, Vitruvio describe instrumentos como la dióptra, el nivel de agua y, especialmente, el corobate, una regla de gran longitud dotada de plomadas que garantizaba la precisión en el trazado de pendientes. El agua podía canalizarse mediante acueductos abiertos, galerías subterráneas o tuberías de plomo y arcaduces de barro. La distribución urbana se organizaba a partir de castella o depósitos, que regulaban el suministro hacia las diferentes zonas de la ciudad.

Para el almacenamiento, las cisternas debían construirse con mortero de opus signinum, una mezcla de cal y ladrillo triturado que aseguraba impermeabilidad y resistencia. Esta técnica, muy difundida en el mundo romano, permitía acumular agua de lluvia y garantizar su disponibilidad en contextos de escasez o en ausencia de manantiales cercanos.

La atención que Vitruvio dedica al agua revela una dimensión estratégica del urbanismo romano, atendiendo un factor que determina la habitabilidad de los asentamientos, el desarrollo de infraestructuras y la calidad de vida urbana.

Maquinaria y mecánica en Vitruvio

El Libro X del tratado vitruviano aborda de manera sistemática la mecánica y el diseño de máquinas, entendidas no solo como instrumentos de la construcción, sino también como dispositivos hidráulicos, artefactos de entretenimiento y máquinas bélicas.

Vitruvio distingue entre máquinas escansorias, empleadas para la elevación de espectadores en espectáculos; máquinas espirituales, capaces de producir sonidos y movimientos mediante la presión del aire; y máquinas tractorias, destinadas al desplazamiento y elevación de grandes pesos.

Dentro de estas últimas, describe con detalle las cabrias compuestas por trípodes de madera, poleas, súculas y palancas, cuya función era multiplicar la fuerza humana para izar cargas pesadas, indispensables en las obras de gran escala. Se relata asimismo la innovación de Ctesifonte, quien ideó un sistema de transporte de columnas en Éfeso mediante el uso de vigas montadas sobre ruedas, solución perfeccionada por su hijo Metágenes para trasladar arquitrabes.

Un apartado relevante está dedicado a los artefactos hidráulicos. El tímpano consiste en una gran rueda dividida en compartimentos que eleva agua de forma rápida, aunque limitada en altura. Las aceñas o molinos hidráulicos aprovechan la energía de la corriente para mover ruedas que, además de elevar agua, podían moler grano. La cóclea de Arquímedes, formada por un cilindro con un canal helicoidal, permitía un ascenso continuo del agua, útil en terrenos bajos aunque con escasa capacidad de elevación. La máquina de Ctesibio, precursora de la bomba hidráulica, utilizaba cilindros y émbolos para impulsar agua a presión, generando surtidores y, mediante adaptaciones, incluso autómatas que producían sonidos o movimientos.

Vitruvio menciona también un ingenioso sistema para la medición de distancias, instalado en carruajes o embarcaciones. Basado en engranajes y ruedas dentadas, el mecanismo liberaba pequeñas bolillas tras cada milla recorrida, constituyendo un antecedente del odómetro.

El tratado dedica finalmente un espacio a las máquinas opugnatorias, es decir, a la tecnología militar. Entre ellas figuran el ariete, las torres móviles, los taladros, los cuervos para demoler murallas y la tortuga arietaria. Sin embargo, el propio autor enfatiza que, en la defensa de una ciudad, la estrategia y la inventiva del ingeniero son más determinantes que la mera acumulación de artefactos. Cita el ejemplo de Diogneto y la helépolis, una gigantesca torre de asedio, para ilustrar cómo la prudencia y la táctica pueden neutralizar el poder destructivo de la maquinaria bélica.

Cronología de Vitruvio y aspectos complementarios de su obra

La datación de la vida y obra de Vitruvio puede reconstruirse únicamente a partir de las referencias internas del De Architectura y de las alusiones históricas contenidas en el texto. La evidencia apunta a un marco temporal estrecho, situado en las últimas décadas del siglo I a. C., coincidente con la consolidación del poder augusteo.

Un primer indicio procede de la mención al templo de Augusto en Fano, denominado aedes Augusti. La consagración de templos en honor al princeps se inició tras la obtención del título de Augustus en el año 30 a. C. (723 de Roma) y se consolidó hacia el 26 a. C. (727 de Roma). La referencia implica, por tanto, que el tratado se redactó en un momento en que Augusto aún estaba vivo, lo que descarta fechas posteriores al 14 d. C.

El segundo elemento cronológico es la alusión al “teatro de piedra” de Roma, fórmula que parece designar el teatro de Pompeyo (55 a. C.). El hecho de que Vitruvio no mencione otros teatros permanentes como el de Statilio Tauro, inaugurado en el 29 a. C., o el de Marcelo, abierto en el 13 a. C. sugiere que redactó su obra antes de la construcción de estos últimos, o bien que, por motivos políticos, evitó nombrar a Pompeyo directamente y optó por la designación genérica.

La figura de Octavia, hermana de Augusto, aporta otro dato relevante. Vitruvio reconoce haber recibido de ella una pensión vitalicia, lo que apunta a un mecenazgo directo. Dado que Octavia falleció hacia el 11/12 a. C. (741 de Roma), la redacción del tratado debe situarse antes de esa fecha. A ello se suma la referencia al templo de Quirino, construido por Augusto en el 20 a. C. (734 de Roma), lo que establece un terminus post quem para la obra.

De la combinación de estos datos se deduce que Vitruvio habría publicado el De Architectura entre los años 20 y 13 a. C., en el marco del programa cultural y político del principado.

Observaciones sobre pintura mural, color y teoría natural

El tratado vitruviano incluye digresiones que revelan la preocupación técnica del autor y su postura crítica ante las prácticas contemporáneas. En el ámbito de la decoración mural, censura el gusto de su tiempo por las representaciones fantásticas con columnas sustituidas por juncos, estructuras imposibles sostenidas por candelabros y defiende la imitación de la naturaleza y la adecuación al decoro arquitectónico. Detalla igualmente el procedimiento de enlucido con capas sucesivas de mortero y polvo de mármol, destinado a lograr superficies tersas y duraderas.

En cuanto a los pigmentos y colorantes, distingue entre aquellos de origen mineral (ocre, almagre, crisócola, índigo, minio, entre otros) y los de producción artificial (negro de humo, azul alejandrino, albayalde, cardenillo, sandáraca, púrpura). Describe procesos de obtención y conservación, como el uso de cera púnica para preservar el brillo del bermellón frente a la oxidación.

Vitruvio articula estas observaciones técnicas con una reflexión filosófica sobre la naturaleza, retomando las doctrinas de Tales, Heráclito, Demócrito, Epicuro y Pitágoras en torno a los cuatro elementos fundamentales —tierra, aire, fuego y agua—, cuya interacción explicaría las cualidades de los materiales de construcción. No duda en integrar hallazgos de la tradición matemática y mecánica, como los de Arquímedes y Platón, reforzando así la idea de que la arquitectura debía sustentarse en un cuerpo de saber interdisciplinar.

Conclusión

De Architectura se presenta como un tratado exhaustivo que, en sus diez libros, sistematiza los principios fundamentales de la construcción antigua y establece las bases de la disciplina para la posteridad. Vitruvio organiza la arquitectura en torno a categorías esenciales como ordenación, disposición, euritmia, simetría, decoro y distribución que, conjugadas, aseguran la solidez, la utilidad y la belleza de toda obra edificada.

El recorrido temático del tratado es amplio y preciso. Se inicia con la fundación de ciudades y la selección de emplazamientos saludables, considerando factores como la orientación de los vientos y la traza de las calles. Continúa con un análisis de los materiales, sus propiedades y aplicaciones. Dedica un extenso desarrollo a la composición de templos, diferenciando los órdenes griego (dórico, jónico y corintio) del toscano, y desglosando cada elemento arquitectónico desde las basas hasta los frontones. Asimismo, aborda la disposición de edificios públicos como foros, basílicas, teatros, baños, palestras y puertos y formula pautas para la vivienda privada tanto en el modelo romano como en el griego. Incluye especificaciones técnicas sobre pavimentos, revestimientos, policromía y durabilidad de los acabados, junto con un apartado detallado sobre el abastecimiento de agua mediante captación, análisis, nivelación y conducción hacia los núcleos urbanos. El tratado se completa con capítulos sobre gnomónica para la construcción de relojes solares y sobre mecánica, describiendo dispositivos de elevación, norias y máquinas de guerra como catapultas y ballestas.

La obra presenta con autoridad un compendio enciclopédico de la ciencia constructiva antigua. La traducción y el aparato crítico de Ortiz y Sanz preserva y amplifica la herencia vitruviana, además de corregir errores acumulados en ediciones previas. De Architectura constituye un testimonio insustituible del saber arquitectónico de la Antigüedad y como un instrumento teórico de alcance universal para arquitectos, historiadores y estudiosos del arte y el diseño.

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Marcelo Gardinetti
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