Museo de la Acrópolis: estructura, recorrido y contexto

El Museo de la Acrópolis, proyectado por Bernard Tschumi, se configura como una estructura estratificada que articula recorrido, soporte y contexto arqueológico mediante una lógica de superposición programática. Implantado sobre restos excavados, el edificio eleva su volumen principal mediante pilotis, lo que permite la preservación visual y física del sustrato histórico. La modulación estructural responde a una retícula precisa que organiza las salas expositivas y los entrepisos, estableciendo una secuencia espacial continua. La envolvente, predominantemente vidriada, introduce relaciones de transparencia y control lumínico que enfatizan la conexión visual con la Acrópolis de Atenas. En el nivel superior, la rotación del volumen alinea la sala del Partenón con su referente directo, integrando geometría y significado. El proyecto evidencia una síntesis entre racionalidad constructiva y lectura contextual, donde estructura y recorrido operan como dispositivos interpretativos.

Retícula y transparencia en el Museo de la Acrópolis

Marcelo Gardinetti | 11 de octubre de 2021

Ubicado en correspondencia con el acceso a los recorridos peatonales que conducen a la Acrópolis y a los principales conjuntos arqueológicos de Atenas, el museo se concibe como un contenedor especializado para albergar una colección significativa de escultura de la antigüedad griega. El edificio se implanta en un pasaje atravesado por vestigios arqueológicos dispersos en toda el área de intervención, a escasa distancia de la colina del Partenón, hacia el sector sudeste, lo que condiciona tanto su implantación como su configuración volumétrica.

El planteo arquitectónico de Bernard Tschumi se encuentra determinado por la complejidad inherente a la intervención en un sitio de alta densidad histórica, donde la coexistencia de restos arqueológicos y una trama urbana compacta y de baja altura exige una resolución precisa. En este contexto, el proyecto prioriza la continuidad del recorrido arqueológico, integrando los vestigios existentes mediante operaciones de elevación y liberación del plano de suelo, al tiempo que establece una relación visual y geométrica con el Partenón. La propuesta se materializa a través de una composición de volúmenes de geometría elemental y organización estratificada, cuya modulación y control formal definen un carácter contenido, descrito por el propio autor como “deliberadamente no monumental”(Tschumi) .

En la formulación conceptual de Tschumi , el proyecto se organiza en torno a la noción de contemplación como principio rector, lo que deriva en la supresión de referencias monumentales explícitas y en la evitación de configuraciones formales arbitrarias que pudieran alterar la percepción serena del entorno inmediato. Si bien el volumen del museo adquiere una presencia extendida en relación con el contexto y la materialidad del voladizo de la marquesina introduce una carga visual significativa, el tratamiento compositivo de los volúmenes, basado en la claridad geométrica y la modulación, permite regular esa incidencia y establecer un equilibrio entre masa y transparencia.

El edificio se articula mediante una organización tripartita —basamento, desarrollo intermedio y coronamiento— que, aunque remite tangencialmente a una lógica clásica, no se constituye como una alegoría directa. Esta disposición posibilita la descomposición del conjunto en estratos relativamente autónomos, vinculados a través de una estructura que coordina programa, circulación y soporte. A partir de esta operación, el proyecto resuelve simultáneamente la preservación del sustrato arqueológico existente, mediante la elevación del plano principal sobre pilotis, y la relación con la Acrópolis, introduciendo una secuencia espacial en la que el recorrido se entiende como una experiencia diacrónica, donde el desplazamiento articula distintas capas temporales superpuestas.

Cada volumen responde a una lógica unitaria y diferenciada; sin embargo, su articulación configura una experiencia museográfica continua, en la que la secuencia espacial se construye a partir de la superposición y coordinación de sistemas. El criterio adoptado por Bernard Tschumi remite al aplicado en el Parc de La Villette, donde la coexistencia de estructuras autónomas —folies, recorridos y superficies— organiza el conjunto mediante relaciones no jerárquicas. En este caso, el denominado “palimpsesto de La Villette” se traduce en una composición volumétrica estratificada, integrada por una planta libre elevada, un cuerpo intermedio de carácter más compacto y un volumen superior configurado como mirador orientado hacia la Acrópolis.

El recorrido museográfico se organiza según una secuencia cronológica ascendente, que estructura la experiencia del visitante desde un punto de vista tanto espacial como temporal. El itinerario se inicia en los períodos prehistóricos, continúa a través de las fases arcaica y romana tardía, y culmina en la sala del friso del Partenón, cuya disposición reproduce la orientación y dimensiones del templo original. La articulación entre niveles se resuelve mediante un sistema continuo de rampas y escaleras mecánicas, que configura un circuito tridimensional cerrado, en el cual las conexiones visuales y físicas refuerzan la lectura secuencial del conjunto. El descenso se produce atravesando las galerías correspondientes al período romano, hasta alcanzar la cota de salida, en relación directa con el acceso a la Acrópolis.

El basamento se eleva sobre el sustrato arqueológico mediante una retícula de pilotis dispuestos con precisión, cuya implantación responde a la necesidad de evitar interferencias con los restos existentes. Este nivel inferior alberga los programas complementarios —exposiciones temporales, áreas comerciales y servicios— y se caracteriza por una envolvente perimetral transparente que, al tiempo que define el límite del edificio, permite la continuidad visual entre interior y exterior. La modulación del cerramiento y su relación con la estructura portante facilitan la identificación de los accesos y de las áreas de expansión vinculadas al circuito expositivo.

El volumen intermedio adopta una configuración trapezoidal que responde tanto a las condiciones de la parcela como a la organización del programa. En uno de sus extremos, una marquesina en voladizo de gran desarrollo cubre parcialmente el área arqueológica y señala el acceso principal, introduciendo una transición entre el espacio urbano y el interior del museo. Este nivel se estructura en torno a un espacio de doble altura —aproximadamente diez metros— que organiza la distribución de las circulaciones. El acceso a las salas se produce mediante una rampa longitudinal dispuesta en paralelo a un plano vidriado, cuya transparencia permite establecer una relación visual continua con los restos de la antigua ciudad ateniense, revelados durante las excavaciones previas a la construcción. Las galerías alojadas en esta planta abarcan un arco temporal que se extiende desde el período arcaico —incluyendo fragmentos del Hecatompedón— hasta el período romano tardío. Un entrepiso, dispuesto como nivel intermedio, incorpora un espacio multimedia y un área de bar, vinculados a una terraza desde la cual se establece una visual directa hacia la Acrópolis.

El volumen superior se configura como un prisma rectangular de envolvente transparente que, mediante una rotación de 23 grados respecto de la ortogonal del basamento, se alinea con el Partenón. Esta operación geométrica permite establecer una correspondencia precisa entre la disposición de las piezas expuestas y su localización original en el templo, particularmente en el caso de los mármoles del friso. La sala resultante funciona como un mirador perimetral, en el que la relación visual con la Acrópolis de Atenas adquiere un papel estructurante dentro del recorrido. La secuencia culmina en este nivel, donde la articulación entre espacialidad, orientación y contenido expositivo refuerza la comprensión del conjunto arquitectónico original (Tschumi).

El tratamiento de la luz natural constituye un componente central en la definición del dispositivo expositivo. Dado que las piezas exhibidas corresponden a elementos escultóricos originalmente concebidos para espacios exteriores, su presentación se resuelve mediante iluminación natural controlada, evitando distorsiones perceptivas. La envolvente vidriada incorpora distintos tipos de vidrio con propiedades de filtrado diferenciadas según la orientación, lo que permite regular la incidencia lumínica en cada fachada. Asimismo, una serie de lucernarios dispuestos en la cubierta posibilita la penetración de luz cenital hacia los niveles inferiores, alcanzando tanto las galerías arcaicas como el sustrato arqueológico visible bajo el edificio.

La incorporación de superficies transparentes orientadas hacia la Acrópolis introduce una referencia constante al contexto durante todo el recorrido. Esta relación visual articula la secuencia cronológica con el entorno físico, estableciendo una correspondencia entre los objetos exhibidos y su emplazamiento original. En consecuencia, la organización espacial, la modulación estructural y el tratamiento de la luz convergen en la construcción de una experiencia de contemplación en la que el edificio opera como mediador entre las ruinas, las piezas museográficas y la presencia dominante del Partenón.

©Marcelo Gardinetti

«Primero articulamos el edificio en una base, un medio y una parte superior, que se diseñaron en torno a las necesidades específicas de cada parte del programa. La base del museo flota sobre pilotes sobre las excavaciones arqueológicas existentes, protegiendo el sitio con una red de columnas colocadas en cuidadosa negociación con expertos. Este nivel contiene el vestíbulo de entrada, así como espacios de exhibición temporal, un auditorio y todas las instalaciones de apoyo. Una rampa de vidrio con vista a las excavaciones arqueológicas conduce a las galerías del medio, en forma de una espectacular sala de doble altura sostenida por altas columnas. La parte superior, que se compone de la Galería rectangular del Partenón dispuesta alrededor de un patio interior, gira suavemente para orientar los mármoles del Friso exactamente como lo estaban en el Partenón hace siglos. Su recinto transparente proporciona la luz ideal para la escultura en vista directa hacia y desde la Acrópolis. La ruta de circulación narra una rica experiencia espacial desde la calle de la ciudad hacia el mundo histórico de los diferentes períodos de investigación arqueológica. El recorrido del visitante por el museo forma un claro bucle tridimensional, ofreciendo un paseo arquitectónico e histórico que se extiende desde las excavaciones arqueológicas, visibles a través de un suelo de cristal en la galería de entrada, hasta el Friso del Partenón en una galería con vistas a la ciudad, y hacia atrás a través del período romano.» Bernard Tschumi [tschumi.com]

Acrópolis museum, Bernard Tschumi Architects

Notas:

Fotografías: ©Christian Richters

Dibujos y renders: ©Bernard Tschumi Architects

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Arquitecto, editor de Tecnne. Ver perfil ORCID

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