Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
La Casa Curutchet constituye una síntesis rigurosa entre los postulados de la arquitectura moderna y las condiciones específicas del tejido urbano platense. Este estudio examina la obra como un ejercicio de articulación entre estructura, programa y sección, destacando la adaptación crítica de los cinco puntos de Le Corbusier a un lote entre medianeras. Se analizan la organización en dos volúmenes, la rampa como dispositivo espacial, la integración del vacío como componente estructural y la relación entre materialidad, color y experiencia habitable. El texto aborda además el proceso epistolar que dio origen al proyecto, la intervención técnica de Amancio Williams y la dimensión colaborativa de su ejecución. Desde una perspectiva histórico-crítica, la obra se interpreta como un caso ejemplar donde modulación, promenade architecturale y respuesta climática convergen en una formulación madura del pensamiento corbusierano en América Latina.
Palabras clave: Casa Curutchet, Le Corbusier en América Latina, arquitectura moderna argentina, análisis arquitectónico de la sección, cinco puntos de la arquitectura moderna.
1. Introducción: La Síntesis Proyectual en un Contexto Específico
La Casa Curutchet se consolida como una de las piezas más depuradas de la arquitectura del siglo XX y, al mismo tiempo, como el único encargo de vivienda unifamiliar realizado por Le Corbusier en el continente americano. Su relevancia no deriva únicamente de esta singularidad geográfica, sino de su condición de síntesis entre un pensamiento proyectual de alcance universal y las restricciones concretas de una trama urbana consolidada como la de La Plata.
El proyecto traslada principios de la modernidad a un lote entre medianeras de geometría estricta, donde la compacidad del parcelario condiciona la definición del objeto arquitectónico. Lejos de operar como límite, esta condición se convierte en un campo de ajuste preciso entre estructura, programa y espacio. La obra evidencia así una lógica de proyecto basada en la adaptación rigurosa de un sistema teórico a una situación urbana preexistente, sin disolver sus principios estructurales.
La particularidad del encargo, que integra vivienda y consultorio médico para el doctor Pedro Curutchet, introduce un problema de coexistencia programática que organiza el proyecto en términos de separación y continuidad. La convivencia de funciones diferenciadas se resuelve mediante dispositivos de circulación y articulación vertical, donde la sección adquiere un papel determinante en la definición de los recorridos y de las jerarquías espaciales. Esta organización permite establecer gradientes claros entre el ámbito profesional y el doméstico, sin recurrir a soluciones de compartimentación estricta.
El desarrollo del proyecto en el atelier de la Rue de Sèvres se inscribe en una dinámica de trabajo colectivo que traduce el encargo en un sistema de decisiones técnicas encadenadas. En este proceso, la vivienda deja de ser un objeto aislado para convertirse en un ejercicio de aplicación crítica de principios modernos en un contexto urbano específico. La distancia respecto del sitio no introduce abstracción, sino que refuerza la precisión conceptual del proyecto, al exigir una definición exhaustiva de cada relación espacial y constructiva.
La génesis del encargo está vinculada a la voluntad del comitente de insertarse en los circuitos de producción arquitectónica más avanzados de su tiempo, estableciendo un vínculo directo con el centro de la teoría arquitectónica europea. Este origen sitúa la Casa Curutchet en una posición particular dentro de la obra de Le Corbusier, al articular un intercambio entre demanda local y formulación disciplinar internacional, donde el proyecto se configura como mediación entre contexto urbano y sistema teórico moderno.
2. Génesis y Vínculo Epistolar: El Encuentro entre Curutchet y Le Corbusier
El proceso fundacional de la Casa Curutchet puede rastrearse a partir de un intercambio epistolar iniciado en 1948 entre el comitente y Le Corbusier. Esta correspondencia excede el carácter administrativo habitual del encargo y adquiere un valor operativo dentro del desarrollo del proyecto, al constituirse en el principal soporte de información sobre el sitio y sus condiciones urbanas en La Plata.
En su respuesta del 7 de septiembre de ese año, el arquitecto manifiesta un interés que vincula el encargo doméstico con una lectura más amplia del territorio argentino, ya explorado en su viaje de 1929. En este marco, la posibilidad de intervenir en La Plata se inscribe dentro de una continuidad de investigaciones urbanas que incluyen el proyecto del Plan de Buenos Aires (1938–1939), desarrollado en colaboración con el Grupo Austral. La vivienda se presenta, por tanto, como una escala reducida dentro de un campo de reflexión territorial más amplio, en el que el problema urbano permanece como trasfondo disciplinar.
Según consta en la correspondencia (Le Corbusier, 1948), el objetivo del proyecto se orienta hacia la definición de una obra de “simplicidad, conveniencia y armonía”. Esta formulación no remite a una reducción formal entendida en términos estéticos, sino a una economía de medios vinculada a principios de racionalidad constructiva y claridad espacial. La simplicidad se plantea como una condición operativa del proyecto, asociada a la eliminación de elementos superfluos y a la precisión en la organización de los sistemas arquitectónicos.
El encargo encuentra en el doctor Pedro Curutchet un interlocutor dispuesto a proporcionar información detallada sobre el lote y su entorno inmediato. Planos catastrales, registros fotográficos y descripciones del contexto urbano son enviados al atelier de la Rue de Sèvres, permitiendo la construcción de una representación técnica del sitio a distancia. Esta documentación se convierte en el soporte principal para la interpretación de variables como orientación, asoleamiento y relación con el tejido urbano existente.
La aceptación del encargo inaugura así una fase de construcción conceptual del proyecto basada en la mediación documental. La distancia física entre París y La Plata no se traduce en una disminución del control proyectual, sino en una intensificación del trabajo analítico sobre la información disponible. En este contexto, la Casa Curutchet se origina como una operación de traducción entre datos del sitio y sistema arquitectónico, donde la correspondencia epistolar funciona como instrumento fundacional del proceso de diseño.
3. Configuración del Equipo y Estrategias Proyectuales Iniciales
La organización operativa del estudio de Le Corbusier desempeñó un papel determinante en la definición de la Casa Curutchet, al asegurar la traducción coherente entre las ideas rectoras del proyecto y su desarrollo técnico. En este proceso, la conducción del trabajo se articula mediante una estructura colaborativa en la que intervienen Bernhard Hoesli y Roger Aujame, responsables de la elaboración y ajuste de las soluciones constructivas dentro del atelier de la Rue de Sèvres. Esta modalidad de trabajo permite que las directrices conceptuales se conviertan en decisiones operativas aplicables a un contexto urbano distante como el de La Plata.
Desde las primeras fases del proyecto, la estrategia se organiza en torno a la diferenciación de dos volúmenes principales, correspondientes a los programas de consultorio médico y vivienda. Esta partición introduce una lógica de separación funcional que no se resuelve mediante compartimentación horizontal, sino a través de la superposición vertical de sistemas espaciales. La autonomía relativa de ambos bloques permite mantener su independencia programática dentro de un mismo sistema constructivo, configurando una estructura capaz de responder a la complejidad del encargo sin disolver la unidad del conjunto.
Una de las decisiones estructurales fundamentales consiste en la adopción de un sistema de columnas independientes de las medianeras existentes. Al desvincular la estructura portante de los muros laterales del lote, el proyecto se libera de las restricciones tipológicas asociadas a la edificación entre muros de carga, frecuente en el tejido urbano platense. Esta operación introduce una condición de autonomía estructural que permite reorganizar la relación entre soporte, cerramiento y vacío, redefiniendo el comportamiento del edificio dentro del parcelario.
La separación entre estructura y límites laterales habilita la incorporación de vacíos estratégicos en el interior del volumen construido. Estos espacios no edificados cumplen una función activa en la regulación de la iluminación natural y la ventilación, introduciendo condiciones ambientales que penetran en la profundidad del lote. La arquitectura se organiza así como un sistema abierto, donde la relación entre lleno y vacío adquiere un valor estructural equivalente.
En este marco, el proyecto se concibe como un ensamblaje de componentes relativamente autónomos, en el que cada elemento responde a una función específica dentro de un sistema mayor. Esta lógica de articulación permite que la organización espacial no dependa exclusivamente de la masa construida, sino también de la configuración de los espacios intersticiales. El vacío se integra como parte constitutiva del proyecto, en igualdad de condiciones con los elementos estructurales, redefiniendo la manera en que la arquitectura se inscribe en el tejido urbano de La Plata.
4. Análisis de la Organización Espacial: Los Dos Volúmenes y la Rampa
La experiencia habitable de la Casa Curutchet se organiza a partir de la rampa, entendida como un dispositivo estructurador de la promenade architecturale más que como un simple elemento de circulación. En la obra de Le Corbusier, este componente establece una continuidad espacial que articula la transición entre la condición pública del espacio urbano y la esfera privada de la vivienda, sin recurrir a soluciones de ruptura abrupta.
El recorrido ascendente introduce una secuencia de variaciones perceptivas en la que la arquitectura actúa como mediación entre el observador y el entorno. A lo largo de la rampa, las visuales se reconfiguran progresivamente, incorporando el paisaje como parte del sistema de percepción del edificio. Esta condición convierte el recorrido en un mecanismo de construcción espacial, donde la experiencia se define por la sucesión de encuadres y no por la estabilidad de una única perspectiva.
El bloque frontal, destinado al consultorio médico, se sitúa en una posición intermedia dentro de la sección, lo que permite un acceso directo desde el nivel urbano sin interferir con el desarrollo del programa doméstico. Esta disposición introduce una jerarquización vertical del programa que organiza la relación entre usos diferenciados dentro de un mismo sistema estructural. En cambio, el volumen de la vivienda se desplaza hacia la parte posterior del lote y se eleva por encima del nivel del consultorio, lo que le permite establecer una relación visual más abierta con el entorno vegetal de La Plata.
El análisis de la sección revela una filiación conceptual con el sistema de las viviendas Citrohan, en las que la organización vertical y la presencia de dobles alturas se utilizan para compensar las restricciones de la planta. En la Casa Curutchet, esta lógica se reinterpreta mediante la continuidad del espacio en sentido vertical, donde la sección adquiere un rol determinante en la articulación de la luz, las visuales y la relación entre niveles. La arquitectura deja de organizarse como una sucesión de compartimentos cerrados para configurarse como un sistema de estratos interconectados.
La presencia de un árbol integrado dentro del volumen construido, refuerza la relación entre arquitectura y naturaleza como parte de una misma estructura perceptiva. Este elemento atraviesa la sección y establece una continuidad visual y espacial entre los distintos niveles, introduciendo una referencia vertical que contrasta con la lógica geométrica del sistema estructural.
En este contexto, el recorrido se configura como un mecanismo de lectura del espacio arquitectónico, en el que la alternancia entre compresión y apertura permite experimentar la profundidad del lote de manera gradual. La organización del corte transforma un terreno estrecho entre medianeras en La Plata en una secuencia de situaciones espaciales diferenciadas, donde la luz, la estructura y el vacío operan conjuntamente en la construcción de la experiencia habitada.
5. La Integración de los Cinco Puntos de la Arquitectura Moderna
En la Casa Curutchet, los cinco puntos adquieren una formulación más compleja que la establecida en la década de 1920. En lugar de operar como principios normativos, estos elementos se incorporan como instrumentos de proyecto susceptibles de ajuste dentro de un sistema de proporciones asociado al Modulor. En la obra de Le Corbusier, esta transición implica un desplazamiento desde la regla tipológica hacia una lógica de adaptación contextual en la que la medida humana y la organización estructural se integran de manera simultánea.
Los pilotis estructuran la relación entre edificio y suelo mediante la elevación del volumen principal. Esta operación libera el plano de contacto con el terreno y permite la continuidad visual y espacial entre la calle y el interior del lote en La Plata. El espacio resultante bajo la edificación no se limita a una condición residual, sino que se configura como una zona de transición cubierta que media entre lo público y lo privado. La dimensión de estos soportes responde a criterios proporcionales derivados del Modulor, lo que introduce una relación directa entre escala estructural y percepción corporal del espacio.
La planta libre se desarrolla a partir de un sistema estructural independiente de muros portantes, basado en columnas de hormigón armado y losas horizontales. Esta condición permite una organización interna flexible, en la que la disposición del consultorio y de la vivienda se define en función de requerimientos programáticos más que de restricciones estructurales. La independencia entre estructura y cerramiento introduce una separación clara entre soporte y organización espacial, lo que facilita la adaptación del espacio a distintas configuraciones funcionales.
La fachada libre se manifiesta como un plano de composición independiente, en el que los cerramientos dejan de cumplir una función estructural para convertirse en superficies de regulación ambiental y visual. En este sistema, la ventana longitudinal adquiere un rol determinante al extender el campo visual hacia el parque situado frente a la Avenida 53, estableciendo una relación continua entre interior y paisaje urbano.
El brise-soleil introduce un dispositivo de control climático y perceptivo que regula la incidencia de la radiación solar. Su modulación responde a criterios geométricos precisos, lo que permite equilibrar la entrada de luz natural con la protección térmica de los espacios interiores. Este elemento no solo cumple una función técnica, sino que organiza la lectura de la fachada como un sistema estratificado de transparencias y opacidades.
La terraza jardín culmina el sistema mediante la restitución de la superficie ocupada por la edificación al ámbito de la naturaleza. Su función trasciende el uso recreativo, al participar en la regulación térmica del conjunto y en la continuidad del ciclo ambiental del edificio. En este sentido, la cubierta se integra como parte activa del sistema arquitectónico, cerrando la secuencia vertical del proyecto.
La articulación de estos cinco elementos evidencia una etapa de consolidación en la trayectoria de Le Corbusier, en la que los principios modernos se reconfiguran en relación con un contexto específico. En la Casa Curutchet, la precisión del sistema constructivo se combina con una atención rigurosa a las condiciones del sitio en La Plata, lo que permite una integración entre lógica estructural, proporción y respuesta ambiental dentro de un mismo marco proyectual.
6. La Dirección Técnica y el Diálogo Crítico con Amancio Williams
La imposibilidad de desplazamiento de Le Corbusier a Argentina implicó la delegación de la dirección técnica de la obra en actores locales, estableciendo un sistema de mediación entre el atelier de la Rue de Sèvres y la ejecución en La Plata. En este marco, la coordinación de la obra recae en Amancio Williams, figura central en la materialización del proyecto, junto con la participación de arquitectos vinculados al Grupo Austral, entre ellos Juan Kurchan y Antonio Bonet. La elección de estos profesionales no responde únicamente a criterios de disponibilidad, sino al reconocimiento de una sensibilidad moderna local capaz de interpretar con rigor las directrices del proyecto.
La relación entre París y Buenos Aires se configura así como un sistema de intercambio técnico y crítico, sostenido por correspondencia continua y revisión de planos. Este circuito de comunicación no opera como simple transmisión de instrucciones, sino como un proceso de ajuste progresivo en el que las decisiones de proyecto son sometidas a verificación y discusión. La Casa Curutchet se define, en este sentido, como un objeto arquitectónico construido también a través del debate disciplinar.
En una de las instancias más significativas de este intercambio, correspondiente a septiembre de 1949, Amancio Williams señala una inconsistencia en la resolución del primer tramo de la escalera de acceso, tal como había sido planteada en los planos enviados desde el estudio de Le Corbusier. La solución inicial, adosada al muro y vinculada a tipologías convencionales, introducía una inercia espacial que contrastaba con la lógica de continuidad que organiza el resto del proyecto. La observación de Williams no se limita a una cuestión constructiva, sino que pone en discusión la coherencia interna del sistema espacial.
A partir de esta crítica, se propone una reinterpretación de la escalera en relación con la rampa, entendiendo ambos elementos como parte de una misma secuencia de circulación. Esta integración permite reforzar la continuidad del recorrido y eliminar soluciones que remiten a modelos compositivos previos. La respuesta de Le Corbusier, al aceptar la observación y ajustar el diseño, introduce un reconocimiento explícito del valor operativo de la crítica técnica en el desarrollo del proyecto.
Este episodio permite comprender la Casa Curutchet como un proceso de autoría distribuida, en el que la definición final del proyecto se construye a partir de múltiples instancias de revisión. La intervención de Amancio Williams actúa como un mecanismo de verificación de la coherencia espacial del sistema, asegurando la continuidad entre las decisiones conceptuales y su resolución constructiva.
En este contexto, la obra no puede entenderse únicamente como la materialización de un diseño centralizado, sino como el resultado de un proceso colaborativo en el que la distancia geográfica se compensa mediante una intensa densidad de intercambio técnico. La Casa Curutchet se configura así como un sistema de precisión compartida, donde la calidad final del proyecto depende de la articulación entre concepción teórica, interpretación local y ajuste constructivo.
7. Materialidad, Color y Percepción Habitable
La materialidad de la Casa Curutchet se articula a partir de una economía constructiva que busca la depuración formal del conjunto, sin renunciar a una cuidadosa regulación de la experiencia perceptiva. En este sistema, el uso del color no responde a una lógica decorativa, sino a un conjunto de instrucciones precisas emitidas por Le Corbusier desde el atelier de la Rue de Sèvres, destinadas a estabilizar la lectura de los planos arquitectónicos y a reforzar la jerarquía de las operaciones espaciales en el interior del edificio.
El tratamiento del suelo en un tono marrón establece una base continua que ancla visual y táctilmente la composición al terreno en La Plata. Este plano inferior introduce una condición de estabilidad perceptiva que contrasta con la liviandad de los elementos estructurales superiores. En oposición, los planos verticales predominan en blanco, lo que permite intensificar el efecto de la luz natural sobre las superficies y enfatizar la lectura de la estructura mediante sombras proyectadas, particularmente en relación con los pilotis y el sistema de brise-soleil.
El color adquiere un papel más específico en determinadas áreas del programa doméstico, donde se introducen acentos cromáticos en azul y rojo sobre superficies reducidas. Estos elementos no funcionan como ornamento, sino como dispositivos de diferenciación espacial. Su presencia contribuye a la delimitación de ámbitos interiores y a la modulación de la temperatura visual de los espacios, estableciendo transiciones perceptivas entre sectores de distinta intensidad programática.
Esta organización cromática se integra con la lógica general del sistema arquitectónico, en el que la luz y la sombra desempeñan un rol estructural. La materialidad del hormigón, en su condición de superficie continua, actúa como soporte para la inscripción de estas variaciones lumínicas, reforzando la lectura de los planos como elementos activos dentro de la composición.
La percepción de la vivienda evoluciona en el tiempo, según se desprende del testimonio del propio doctor Pedro Curutchet en una correspondencia de 1957. En dicha comunicación, el comitente señala que la obra, inicialmente percibida como extraña dentro del contexto social de La Plata, fue progresivamente comprendida y valorada por arquitectos y estudiantes. Este proceso de recepción evidencia una transformación en la interpretación del edificio, que pasa de ser una anomalía formal a consolidarse como referencia disciplinar.
La condición de la Casa Curutchet como “máquina de habitar” se complejiza en este proceso de apropiación, en el que la relación entre estructura modular, materialidad y color contribuye a una experiencia espacial más matizada de lo que su aparente austeridad podría sugerir. En este sentido, la obra revela una articulación precisa entre rigor constructivo y cualificación ambiental, en la que la habitabilidad se define a través de la interacción entre sistema estructural, luz y color dentro de un marco coherente de diseño.
8. Conclusión: Relevancia en la Cultura Arquitectónica Contemporánea
La Casa Curutchet se consolida como un caso paradigmático dentro de la arquitectura moderna por su capacidad de articular una inserción crítica en la ciudad preexistente sin abandonar los principios formales de la vanguardia. Su relevancia contemporánea se sustenta en una condición dual: la de objeto de alcance universal y, simultáneamente, la de respuesta situada en el contexto urbano de La Plata. Esta tensión le permite mantenerse vigente como instrumento de análisis disciplinar, más allá de su condición histórica.
El proyecto de Le Corbusier organiza el programa médico y el doméstico mediante una secuencia vertical continua, en la que la sección adquiere un papel estructurante. La superposición programática se resuelve a través de gradientes de privacidad y de relaciones visuales controladas, que permiten la coexistencia de funciones diferenciadas dentro de un mismo sistema constructivo.
El reconocimiento de la obra como Patrimonio de la Humanidad no se limita a la valoración de su autoría, sino que incorpora la participación de actores fundamentales en su materialización. La intervención de Amancio Williams resulta determinante en la resolución técnica del proyecto, mientras que la figura del doctor Pedro Curutchet introduce la dimensión del encargo como motor cultural de la obra. En este sentido, la arquitectura se entiende como un proceso colectivo en el que convergen decisiones técnicas, criterios de diseño y una voluntad de inserción cultural.
El valor del proyecto reside en la capacidad de articular teoría y práctica dentro de un sistema coherente de relaciones espaciales. La precisión del lenguaje arquitectónico permite operar con condiciones urbanas restrictivas sin renunciar a la claridad conceptual del conjunto. En este marco, la obra demuestra que la organización rigurosa de la estructura, la luz y el recorrido puede generar condiciones de habitabilidad complejas y estables, incluso en contextos de alta densidad urbana.
En el contexto latinoamericano, la Casa Curutchet se mantiene como un referente disciplinar para el estudio de la relación entre arquitectura y ciudad. Su análisis permite comprender cómo la articulación entre sección, circulación y estructura puede producir formas de continuidad espacial que responden tanto a la escala humana como a las exigencias del entorno construido.
Marcelo Gardinetti
Le Corbusier, correspondencia con el Dr. Pedro Curutchet y Amancio Williams
En 1948, el Dr. Curutchet remite carta a Le Corbusier solicitándole la elaboración del proyecto para su vivienda-consultorio en el terreno adquirido en Avenida 53 nº 320.
El 7 de Septiembre de ese año, Le Corbusier responde la correspondencia aceptando el encargo. Conocía la ciudad por una visita que realizo en su viaje a América del Sur de 1929 y le parecía oportuno tener una obra en el país mientras esperaba respuesta del gobierno al plan urbano de Buenos Aires que junto al grupo Austral había elaborado años antes.
El Dr. Curutchet le envía al estudio de 35 Rue de Sèvres en París planos catastrales, fotos del entorno y el programa de necesidades, evacuando algunas de las consultas realizadas:
“de que manera están construidas las casas vecinas a la suya, a la derecha, a la izquierda? ¿Llegan hasta el borde de la vereda? ¿Estoy obligado a construir hasta el límite de la línea municipal o puedo retirarme de ese límite? puedo sacar partido de la línea municipal si se me impone; ¿se tiene derecho a construir balcones en saliente sobre la fachada como parece indicado en una de las fotografías que usted me ha enviado?; sería muy útil que usted dibujara en un croquis la ocupación del terreno por vuestros vecinos. (Correspondencia de Le Corbusier al Dr. Pedro Curutchet, 1949)
Le Corbusier designa a Bernhard Hoesli como colaborador responsable para el proyecto, con quien colabora el Arq. Roger Aujame. Desde un primer momento el proyecto adoptó la idea de dos bloques que se mantuvo en todos los esquemas realizados, uno al frente y otro atrás, articulados por el núcleo de circulación vertical y el patio, dentro de un módulo estructural cuadrado independiente de las medianeras. El bloque trasero se desarrollaba en cuatro niveles, pero posteriormente se resolvió el proyecto en tres plantas, incorporando la rampa para unir los dos bloques: el mas pequeño y mas bajo que seria ocupado por el consultorio sobre el frente, y el de la vivienda por detrás y por encima de éste, expandiendo sobre la cubierta del primero, en una gran terraza con vista al bosque; el corte de la vivienda adopta similares características a los de las casas Citröhan.
Según consta en la correspondencia entre Le Corbusier y Curutchet, los planos y la maqueta de la casa fueron terminados el día 26 de abril de 1949. Le Corbusier solicita al Dr. Curutchet que la construcción de la casa sea controlada por alguno de sus amigos en Buenos Aires, aportándole los nombres de Amancio Williams y de los arquitectos del Grupo Austral (Ferrari Hardoy, Bonet y Kurchan) optando Curutchet por encomendarle a Williams la dirección técnica. Antes de iniciar la obra, Amancio Williams envía al estudio de 35 rue de Sèvres algunas sugerencias sobre el proyecto, la más importante es la modificación del primer tramo de la escalera. Estas modificaciones fueron aceptadas por Le Corbusier y modificadas en los planos originales, tal como resulta de la correspondencia entre ambos:
A.W. – “Querido Le Corbusier: yo encuentro que esta parte no está a la misma altura que el resto del proyecto y sería muy malo dejarla pasar, pues me parece que se obtuvo esta solución para no complicarse. Evidentemente el primer tramo de escalones ‘a la petit hotel’ esta adosado a la escalera y no concuerda con la libertad espacial que exhiben las plantas… le envío algunos planos con otra posibilidad, con la menor transformación. Los dibujos no están en la escala modulor. La conexión con la rampa no es feliz, pero se podría estudiar más. Estoy seguro que encontrará usted la solución. Si me envía la respuesta en 20 días, la construcción no se retrasará, pero si considera que todas estas consideraciones son idioteces, lo tomaré como un tirón de orejas” (correspondencia de Amancio Williams a Le Corbusier el 14/09/49)
L.C “Mon Chere Williams; su crítica relativa a la entrada de la casa Curutchet está perfectamente justificada y su solución es excelente. Le propongo una mejora a su propuesta en tres croquis, planta, sección y perspectiva. Usted puede perfeccionar la solución si es posible” (correspondencia de Le Corbusier a Amancio Williams el 22/09/49)
Al finalizar la obra, Le Corbusier envió indicaciones sobre los colores a utilizar: el color del piso debía ser marrón y los muros debían ser blancos, a excepción de algunos muros interiores en los dormitorios de color azul claro rojo en algunos paños de pequeñas dimensiones. Años después, ya instalado en la casa, Curutchet escribió a Le Corbusier:
«La obra es visitada por estudiantes y profesionales…. El público en general va comprendiendo cada vez más esta obra que a muchos les pareció tan extraña al principio. Esta es “la casa de Le Corbusier”; me honra ser el propietario. Así lo digo y quiero que se repita. Ud. Puede hacer cualquier indicación que será cumplida y agradecida. Es y seguirá siendo su casa” (Correspondencia del Dr. Pedro Curutchet a Le Corbusier, 1957)
Bibliografía
Fondation Le Corbusier. Correspondencia de Amancio Williams a Le Corbusier (14 de septiembre de 1949).
Fondation Le Corbusier. Correspondencia de Le Corbusier a Amancio Williams (22 de septiembre de 1949).
Fondation Le Corbusier. Correspondencia Le Corbusier – Dr. Pedro Curutchet (1948-1957).
Lapunzina, Alejandro. Le Corbusier’s Maison Curutchet. Nueva York: Princeton Architectural Press, 1997.
Liernur, Jorge Francisco y Pablo Pschepiurca. La Red Austral: Obras y proyectos de Le Corbusier y sus discípulos en la Argentina. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, 2008.
Merro Johnston, Enrica. El autor y el intérprete: Le Corbusier y Amancio Williams en la Casa Curutchet. Buenos Aires: Ediciones 1:100, 2009.
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