Un marco teórico para el diseño ambiental

En su artículo, “The Formulation of a Design Discourse” publicado Perspecta,  Emilio Ambasz plantea la necesidad de formular un discurso sistemático y explícito en torno al diseño ambiental, a partir de una crítica al estado fragmentado y ambiguo que caracteriza actualmente tanto a la práctica profesional como a la disciplina y a la enseñanza en este ámbito. Con el objetivo de establecer una base metodológica para el diseño, propone un marco conceptual que concibe el proceso proyectual como una transformación progresiva de aspiraciones colectivas en configuraciones materiales, mediada por la elaboración de modelos interpretativos y operaciones de síntesis formal. Asimismo, examina los problemas inherentes a cada fase del proceso, así como las implicaciones teóricas y prácticas que conllevan dichas transformaciones dentro del campo del diseño ambiental.

Emilio Ambasz: Discurso y Estructura del Diseño Ambiental

En su análisis del estado actual del diseño ambiental, Ambasz manifiesta una insatisfacción estructural respecto a los modos en que la disciplina enfrenta sus propias problemáticas. Señala que el ejercicio profesional del arquitecto se ve limitado por dos carencias fundamentales: en primer lugar, la ausencia de un conocimiento abstracto que permita comprender la estructura profunda de los problemas proyectuales, lo que impide abordar el diseño desde una perspectiva conceptual y no meramente operativa; en segundo lugar, una comprensión deficiente de los significados inherentes a las formas arquitectónicas, lo que restringe la capacidad del proyectista para interpretar, articular y manipular las implicancias simbólicas, culturales y funcionales que esas formas pueden asumir en distintos contextos.

Ambasz identifica tres dimensiones fundamentales desde las cuales es posible diagnosticar las deficiencias estructurales del diseño ambiental: la profesional, la disciplinar y la educativa.

En el plano profesional, observa una carencia de enfoques sistemáticos para enfrentar los problemas contemporáneos, señalando que la práctica del diseño ambiental ha quedado rezagada respecto a otras profesiones —como la medicina o la sociología— al no haber logrado organizar su corpus experiencial en una teoría estructurada y susceptible de ser transmitida. Esta falta de codificación teórica limita la capacidad de la disciplina para evolucionar de manera coherente y acumulativa.

Como disciplina académica, el diseño ambiental carece de un discurso conceptual propio que le permita establecer vínculos efectivos con campos afines en las ciencias sociales y naturales. Esta ausencia discursiva no solo obstaculiza la integración epistemológica con disciplinas correlativas, sino que impide además la coordinación entre diversas terminologías y metodologías proyectuales que, al desarrollarse de forma aislada, reproducen fragmentaciones internas dentro del campo.

En el ámbito educativo, Ambasz advierte que la enseñanza del diseño no ha formulado aún un marco pedagógico claro ni objetivos bien definidos. Critica el hecho de que la formación siga centrada en el desarrollo de habilidades compositivas orientadas a la producción formal, en detrimento de una comprensión integral del diseño como resolución de problemas complejos. En este sentido, los estudiantes son entrenados como generadores de configuraciones antes que como agentes capaces de sintetizar, a través de operaciones proyectuales, los múltiples procesos que configuran la experiencia humana en el entorno construido.

Factores específicos del análisis

En el análisis de los factores específicos que obstaculizan la consolidación de un enfoque sistemático para el diseño ambiental, Ambasz dirige su crítica hacia la insuficiencia de las herramientas conceptuales y proyectuales actualmente en uso, particularmente los denominados modelos proporcionales. Aunque algunas instituciones académicas han comenzado a explorar metodologías más estructuradas, esta tendencia ha derivado, según el autor, en una doble desviación: por un lado, en una fetichización del método, donde la rigidez procedimental suplanta el juicio crítico; por otro, en una adopción superficial de la metodología como solución universal, sin atender a la complejidad intrínseca de la Forma como fenómeno multidimensional y relacional.

Paralelamente, identifica una creciente inclinación a pensar el diseño en términos de procesos, lo que denomina una “nueva dimensión en la ecuación arquitectónica espacio-tiempo”. Sin embargo, esta conciencia emergente no ha sido acompañada de una comprensión operativa adecuada, en gran parte debido a las limitaciones inherentes a las herramientas tradicionales. Los modelos proporcionales, definidos como construcciones bidimensionales o tridimensionales que conservan las proporciones relativas del objeto original, resultan inadecuados para representar procesos, comportamientos, relaciones o transformaciones. Al limitarse a expresar relaciones formales, estos modelos no permiten acceder a niveles abstractos de análisis, y sus interpretaciones en clave procesual suelen ser vagas, imposibles de verificar y, en muchos casos, poco fiables incluso para la especulación proyectual.

Asimismo, cuestiona el uso recurrente de enfoques metafóricos en el diseño, en los que se emplean formas conocidas como referentes indirectos para entender fenómenos nuevos o complejos. Este recurso, aunque operativamente inmediato, impone restricciones cognitivas y proyectuales al diseñar, ya que obliga a codificar los problemas en términos de categorías formales heredadas, lo que inhibe la producción de soluciones innovadoras y reduce los tipos arquitectónicos a clichés desprovistos de sentido.

Frente a esta situación, Ambasz propone el desarrollo y uso de modelos estructurales, concebidos como instrumentos analíticos diseñados para representar la estructura de relaciones que organizan los procesos implicados en un problema de diseño. Estos modelos permitirían al proyectista establecer y examinar de forma explícita las interacciones entre procesos, su vinculación con los usuarios y las condiciones espaciales y objetuales requeridas. El uso de modelos estructurales, además, haría posible la evaluación de alternativas sin necesidad de determinar previamente una forma final, desplazando así el centro del diseño desde la configuración hacia la comprensión y estructuración de las relaciones. Esta propuesta no implica un rechazo a la Forma, sino una reformulación de su uso, orientada a integrarla dentro de un marco metodológico más informado, crítico y sistemático.

Estructura del proceso de diseño ambiental

En su esfuerzo por sistematizar el proceso de diseño ambiental, Ambasz propone un marco conceptual que distingue dos actitudes fundamentales y complementarias en la resolución de problemas proyectuales. Por un lado, plantea la necesidad de operar sobre las condiciones existentes consideradas indeseables, es decir, intervenir sobre “lo que es”; por otro, enfatiza la importancia de proyectar hacia un estado deseado, estableciendo como horizonte normativo “lo que debería ser”.

Esta dualidad metodológica no solo estructura el modo en que se formulan los problemas de diseño, sino que orienta también la naturaleza de las estrategias proyectuales adoptadas. Mientras la primera actitud implica un análisis crítico de las condiciones presentes y una identificación de los factores que requieren transformación, la segunda introduce una dimensión normativa y anticipatoria, a través de la cual el diseño se concibe como un medio para acercarse a configuraciones ideales. En este marco, el proceso proyectual se constituye como una mediación entre el diagnóstico de una situación problemática y la construcción de un futuro deseado, articulado mediante modelos conceptuales que guían la generación de soluciones espaciales, funcionales y formales.

El marco operativo propuesto por Ambasz para el diseño ambiental se articula en tres etapas secuenciales interdependientes que configuran una estructura metodológica básica: aspiración, transformación y síntesis.

La primera fase, denominada aspiración, consiste en la definición de las condiciones deseadas a través de la formulación de modelos hipotéticos construidos desde distintas perspectivas disciplinares —fisiológicas, psicológicas, sociológicas, económicas, entre otras—. Esta tarea es llevada a cabo por diversos especialistas o consultores, quienes traducen expectativas sociales, funcionales y culturales en esquemas conceptuales abstractos que establecen objetivos proyectuales preliminares.

En la fase de transformación, dichas aspiraciones son traducidas en un Programa de Diseño que especifica las actividades a ser albergadas, los actores involucrados, las entidades físicas requeridas y los estándares de desempeño que deben cumplirse. Ambasz subraya que esta etapa presenta dificultades notables, en gran parte debido a la ausencia de un discurso explícito del diseño ambiental y a la falta de criterios objetivos que permitan verificar la correspondencia entre los modelos aspiracionales y su expresión programática. La ambigüedad en esta traducción puede comprometer la coherencia del diseño final.

Finalmente, en la etapa de síntesis, se procede a la materialización del diseño físico mediante representaciones gráficas convencionales —planos, secciones, elevaciones— que intentan encarnar, de manera operativa, las aspiraciones previamente formuladas. Ambasz aborda en este punto lo que denomina el “problema eterno del diseño”: la dificultad de convertir con precisión los modelos conceptuales en configuraciones espaciales formales. Rechaza la idea de un determinismo directo entre programa y forma, proponiendo en su lugar una “metodología sintética” que reconozca el papel de la indeterminación, la interpretación y la intuición en el proceso proyectual. Esta metodología, más que sustituir la Forma por el Programa, busca establecer una relación crítica entre ambos términos, en la cual la forma no es un simple derivado del programa, sino una construcción operativa que surge en diálogo con él.

Segregación del marco operativo

En el desglose del marco básico propuesto, Ambasz profundiza en los problemas específicos que surgen en cada una de las etapas del proceso de diseño, comenzando por la formulación de aspiraciones mediante modelos estructurales. Esta fase inicial enfrenta tres tipos de dificultades fundamentales: la aprehensión conceptual de las aspiraciones, la representación de dichas aspiraciones mediante un medio expresivo, y la formulación de reglas que rijan la conversión del concepto al medio.

En primer lugar, plantea el problema epistemológico de cómo acceder a la estructura conceptual subyacente a nuestras aspiraciones. La dificultad radica en la necesidad de descomponer nociones abstractas —como bienestar, funcionalidad o eficiencia— en componentes estructurados que puedan ser posteriormente formalizados. Esta operación implica una tarea hermenéutica compleja, en la que se deben explicitar nociones frecuentemente tácitas o normativas.

En segundo lugar, se plantea lo que Ambasz denomina la transformación e-sub-uno (T1), que consiste en traducir el concepto del modelo en un medio de representación capaz de vehicular sus relaciones internas. Aquí se identifican dos tipos fundamentales de medios: el analógico y el denotativo.

  • El medio analógico consiste en utilizar una estructura conocida —proveniente de un campo distinto— como modelo para representar las relaciones deseadas. Un ejemplo de ello sería el uso de modelos biológicos para explicar dinámicas económicas. Sin embargo, este tipo de representación implica un cambio de medio que conlleva riesgos de distorsión conceptual, debido a problemas de fidelidad y aproximación.
  • El medio denotativo, por el contrario, consiste en desarrollar un lenguaje específico para representar de forma directa las relaciones estructurales del modelo. En este caso, el medio no es una analogía externa sino una construcción simbólica autónoma —como un sistema de diagramas gráficos— que se convierte en el modelo mismo. El desafío principal aquí consiste en la invención de un sistema simbólico coherente, capaz de expresar adecuadamente las propiedades y relaciones del fenómeno modelado.

Por último, Ambasz subraya la necesidad de formular un conjunto de reglas de transformación que permitan guiar la conversión del concepto del modelo al medio seleccionado, teniendo en cuenta tanto las exigencias semánticas del contenido como las restricciones y posibilidades inherentes al medio expresivo. Sin tales reglas, el proceso de modelización corre el riesgo de volverse arbitrario o ininteligible, comprometiendo la coherencia del diseño desde sus etapas iniciales.

Problemas de síntesis

En el análisis de la etapa de síntesis dentro del proceso de diseño, Ambasz subraya la necesidad de formular una teoría integral de la Forma que articule los distintos niveles discursivos implicados en su conceptualización, interpretación y materialización. Propone que dicha teoría debe integrarse estructuralmente en cualquier intento serio de establecer la sintaxis del proceso proyectual. Esta teoría no puede limitarse a la dimensión compositiva o visual, sino que debe abarcar la totalidad de los discursos que intervienen en la producción y lectura de la forma, incluyendo sus propiedades abstractas, operacionales, simbólicas, históricas, psicológicas, matemáticas, filosóficas y estéticas, articuladas a través de registros sintácticos, semánticos y pragmáticos.

Ambasz introduce aquí una distinción analítica fundamental entre la concepción de la forma por parte del diseñador y su representación a través de un medio. La forma, en su fase inicial, existe como imagen mental, como construcción conceptual dotada ya de las características estructurales de una Forma. Esta fase implica una operación proyectual de naturaleza abstracta, en la cual confluyen múltiples condicionantes —funcionales, culturales, simbólicos— que no son inmediatamente reducibles a parámetros proporcionales.

La representación de esta forma concebida se efectúa mediante medios proporcionales —planos, secciones, maquetas—, en los que, a diferencia de etapas anteriores del proceso de diseño, el problema de transformación es menos complejo. La transformación e-sub-dos (T12), no exige una reconstrucción simbólica del objeto, sino la preservación de las proporciones internas de la forma previamente concebida. En este punto, los modelos proporcionales adquieren plena validez como medios adecuados de expresión y control proyectual.

En consecuencia, las reglas de transformación requeridas en esta etapa se reducen a aquellas que aseguran la fidelidad proporcional entre la imagen mental del diseñador y su representación gráfica o física. A diferencia de las fases anteriores, donde la traducción entre dominios discursivos planteaba desafíos semánticos y epistemológicos de mayor envergadura, aquí la problemática se restringe al plano técnico de la equivalencia formal, lo cual no implica una menor relevancia operativa, sino una mayor claridad estructural en el tipo de correspondencia a establecer entre contenido y medio.

La transformación de las estructuras hipotéticas

La última fase del proceso proyectual, implica la transformación de las estructuras hipotéticas —concretadas en representaciones proyectuales tales como planos, diagramas o maquetas— hacia el ámbito de las estructuras reales, es decir, su inserción en el dominio de las condiciones concretas que rigen la materialización física del entorno construido. Esta operación, denominada transformación e-dos (T2), no puede comprenderse únicamente como una ejecución técnica, sino como una articulación compleja entre los modelos proyectuales y los marcos normativos, políticos, sociales y tecnológicos que condicionan su viabilidad. Las reglas que regulan esta transformación se expresan en forma de estrategias, tácticas y técnicas que permiten implementar el cambio, en diálogo con las disciplinas involucradas en la formulación de las aspiraciones iniciales y con los sistemas institucionales y materiales responsables de su realización.

Sin embargo, conlleva inevitablemente un proceso de deterioro conceptual, al que Ambasz alude mediante el uso del término residuo. El residuo designa la distancia —estructural y no meramente cuantitativa— entre el ideal formulado en las fases iniciales del diseño y su concreción material bajo condiciones reales. Esta pérdida de coherencia o ajuste entre intención y ejecución afecta a todas las etapas del proceso, desde la construcción del modelo hasta la implementación física. En este sentido, el diseño físico no es la realización exacta del ideal, sino el resultado de un proceso de negociación y ajuste, un «pacto de conciliación» entre las aspiraciones humanas y los límites naturales, culturales, económicos o tecnológicos que configuran el mundo empírico.

Finalmente, Ambasz aborda la cuestión de los valores implicados en el diseño, interrogando los modos en que estos pueden ser objetivados o reconstruidos analíticamente. Mientras que los valores que informan los modelos de los consultores suelen ser explícitos y operativamente formulables, los valores estéticos del diseñador que guían la producción formal resultan menos accesibles, especialmente antes del momento de la síntesis. En respuesta a esta dificultad, se propone concebir el diseño como un modelo para la retroalimentación de información, mediante el cual es posible reconstruir los valores funcionales y simbólicos implicados por los consultores, y al mismo tiempo inferir, por vía interpretativa, los valores estéticos del diseñador. Esta formulación exige el desarrollo de una lógica de la preferencia estética, entendida como un sistema racional que permita analizar el diseño como prototipo y establecer, desde allí, los principios que rigen la toma de decisiones formales en relación con los sistemas de valores proyectuales.

Teoría de los Tipos Formales

Ambasz propone un marco teórico que establece una analogía entre el proceso proyectual y una teoría de los tipos formales, donde se articulan relaciones entre aspiraciones culturales, configuración de objetos y sus significados compartidos.

3.1 Correspondencia entre aspiraciones culturales y configuración formal

El marco básico es equiparado a una teoría en la que las aspiraciones proyectuales, entendidas como motivaciones estructurantes del diseño, se corresponden con la noción de arquetipo, en tanto estructura simbólica previa. La concreción de dichas aspiraciones en objetos diseñados explícitamente encuentra su paralelo en el concepto de prototipo formal, entendido como configuración morfológica derivada del arquetipo en un contexto cultural determinado.

3.2 Determinación cultural del prototipo, tipo y estereotipo

La teoría distingue entre “prototipo”, “tipo” y “estereotipo” atendiendo a su relación con los valores culturales. Los arquetipos, en el sentido junguiano, se manifiestan en prototipos formales que, a su vez, están condicionados por su entorno cultural y lo condicionan recursivamente. Cuando las asociaciones culturales del prototipo se estabilizan en el discurso semántico colectivo, este adquiere el estatuto de tipo. Sin embargo, cuando ese discurso se rigidiza o pierde vigencia, el tipo degenera en estereotipo, perdiendo su capacidad de significación activa.

3.3 Función icónica del diseño en contextos culturales

El prototipo puede ser interpretado como un agente icónico que media entre los valores de la cultura y su expresión material. En tanto tal, su conversión en tipo implica un reconocimiento consciente de su valor representacional dentro de una comunidad. Este proceso convierte al objeto en un instrumento para la articulación y reproducción simbólica de los valores culturales que lo originaron.

3.4 Del diseñador como artista al diseñador como profesional

Ambasz distingue dos esferas de actuación en el ejercicio del diseño: la creación del prototipo, vinculada a la dimensión artística y experimental del diseñador, y la consolidación del tipo, asociada a su rol profesional e institucional. En este segundo ámbito se sitúan la construcción de discursos disciplinares, la elaboración metodológica y el desarrollo de una teoría pedagógica del diseño, en tanto práctica sistematizable.

Conclusiones y Direcciones Futuras

Ambasz concluye su propuesta reafirmando el propósito de establecer las bases para la formulación de un discurso explícito sobre el proceso de diseño, así como de delinear una estructura preliminar que permita su articulación conceptual. Reconoce, no obstante, que muchos de los conceptos introducidos requieren un desarrollo ulterior, tanto teórico como metodológico. La intención no es clausurar el debate, sino señalar trayectorias posibles para la investigación y subrayar las implicancias prácticas de construir un discurso formalizado del diseño.

Se identifican varias líneas de investigación pertinentes:

  • Traducción operativa de requerimientos: Se plantea la necesidad de investigar mecanismos para traducir los requerimientos provenientes de modelos de consultores en formulaciones que posean implicaciones explícitas de diseño, operables dentro del proceso proyectual.
  • Teoría integral de la forma: Se postula la carencia de una teoría que proporcione al diseñador una comprensión operativa de los significados inscritos en las formas que manipula, lo cual limita su capacidad de proyectar con intención semántica.
  • Diseño como modelo informativo e interpretativo: Se propone elaborar una teoría operativa que permita analizar el diseño como estructura de información e interpretación, orientada a objetivar valores y construir una lógica de la preferencia estética que sustente decisiones proyectuales.
  • Teoría del residuo y sistemas de transformación: Se subraya la necesidad de una teoría del residuo que aborde los procesos de transformación proyectual —identificados como T1 y T2— y que formule un sistema de reglas capaz de describir y regular dichas transformaciones dentro del diseño.
  • Meta-metodología del diseño: Se considera fundamental un enfoque que permita objetivar el proceso de diseño en tanto actividad proyectual sujeta a indeterminación e intuición, a través de un marco meta-metodológico que dé cuenta de estas variables en términos operativos.

Desde una perspectiva práctica, se destacan varias ventajas derivadas de la formulación explícita de este discurso. En primer lugar, se facilitaría la articulación de diversas teorías y métodos de diseño en torno a una gramática común del proceso proyectual. En segundo lugar, se optimizaría el intercambio entre el diseño ambiental y disciplinas afines como el diseño regenerativo, mediante la explicitación de reglas sintácticas compartidas. Por último, se abriría la posibilidad de transferir métodos y soluciones de otras áreas disciplinares al campo del diseño, a partir de una comprensión estructural de las aspiraciones proyectuales y de los diversos medios mediante los cuales estas se configuran.

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Marcelo Gardinetti
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