Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Resumen
El texto aborda el problema de la relación entre arquitectura moderna y representación del poder estatal en el contexto del racionalismo italiano de entreguerras, examinando cómo la forma arquitectónica puede traducir un orden político específico. El análisis se centra en la Casa del Fascio de Como proyectada por Giuseppe Terragni, a partir de una reconstrucción crítica de sus escritos publicados en Quadrante. Se estudian las condiciones económicas y políticas que condicionaron el proyecto, así como la adopción de una modulación estructural rigurosa basada en hormigón armado y planta cuadrada. El texto examina la noción de “casa de cristal” como principio organizador, donde transparencia, visibilidad y control estructuran la relación entre interior, programa institucional y espacio urbano. Asimismo, se analiza la implantación del volumen prismático en el entorno del Duomo di Como, destacando la tensión entre modernidad arquitectónica y tejido histórico. Se concluye que el edificio constituye una síntesis precisa entre forma, función y representación política, donde la claridad geométrica y constructiva opera como lenguaje institucional, evidenciando la capacidad del racionalismo para asumir un rol central en la arquitectura de Estado.
Palabras clave: Casa del Fascio, Giuseppe Terragni, racionalismo italiano, arquitectura de Estado, representación política.
Introducción contextual: el racionalismo italiano
Entre 1932 y 1936, el racionalismo italiano atraviesa una fase de consolidación teórica y definición formal en la que la arquitectura deja de operar exclusivamente como ámbito experimental para situarse en el núcleo de la representación institucional. Los textos publicados por Giuseppe Terragni y el Gruppo 7 en la revista Quadrante intensifican el debate disciplinar en Milán y Roma, sosteniendo la necesidad de una arquitectura capaz de expresar la aspiración de modernidad del Estado italiano mediante claridad estructural, rigor compositivo y coherencia constructiva.
La Casa del Fascio, proyectada en 1932 y concluida en 1936, constituye uno de los episodios centrales de esta coyuntura. Su gestación estuvo condicionada por ajustes administrativos, restricciones presupuestarias y una supervisión política que exigía un lenguaje contemporáneo exento de experimentaciones formales consideradas improcedentes. Desde el inicio, se estableció que el edificio debía adoptar líneas modernas, aunque inscritas en un marco financiero estricto y sin soluciones que implicaran riesgos constructivos o desviaciones económicas.
Este condicionamiento, descrito por Terragni como un “lecho de Procustes”, desplazó la investigación proyectual hacia una depuración interna del sistema arquitectónico. La definición de la estructura portante de hormigón armado, la modulación de la planta cuadrada y la configuración volumétrica prismática fueron desarrolladas bajo criterios de racionalidad técnica. La economía material se asumió como principio regulador de la forma: la proporción exacta, la legibilidad de la retícula estructural y la claridad espacial sustituyeron cualquier retórica estilística, convirtiendo la restricción en instrumento de precisión compositiva.
En este sentido, la Casa del Fascio configura una síntesis entre estructura, volumen y representación política, que se inscribe en una discusión más amplia sobre la capacidad de la arquitectura moderna para articular identidad nacional y lenguaje contemporáneo. La tensión entre vanguardia y aparato estatal, característica del período de entreguerras, encuentra en esta obra una formulación especialmente nítida, donde el orden geométrico y la transparencia adquieren dimensión institucional.
La entrevista que sigue, reconstruye los argumentos teóricos y proyectuales que sustentaron esta arquitectura, situando la reflexión en la intersección entre el racionalismo arquitectónico, la representación del poder y la transformación urbana.

El proyecto como síntesis entre forma, política y ciudad: diálogo con Giuseppe Terragni
Tecnne: Arquitecto Terragni, se ha documentado que, al recibir el encargo de la Casa del Fascio en 1932, el Secretario Federal estableció condiciones precisas tanto en relación con el lenguaje formal como con el presupuesto. ¿Confirmaría que autorizó el uso de líneas modernas, aunque prohibió soluciones que comprometieran la viabilidad económica?
Giuseppe Terragni: Efectivamente. El Secretario comunicó que había elaborado un plan financiero destinado a materializar la aspiración del Partido de contar con una sede institucional adecuada, y fijó un marco operativo estricto: el proyecto definitivo debía presentarse en el plazo de un mes y ajustarse a límites presupuestarios rigurosos para su posterior aprobación en Roma. Se admitía un léxico formal moderno, basado en una composición racional y despojada, siempre que las decisiones relativas a estructura, modulación y materialidad no alteraran la economía general de la obra. La modernidad, en ese contexto, debía expresarse mediante una organización clara del volumen y de la fachada, sin recurrir a gestos formales que implicaran sobrecostes constructivos.
Tecnne: ¿Cómo valora esa restricción? ¿Supuso un condicionante para su labor como arquitecto vinculado al racionalismo?
Giuseppe Terragni: En realidad, entendí esa situación como un refinado lecho de Procustes, es decir, un dispositivo de control que obliga a ajustar el proyecto a una medida predeterminada. Este tipo de exigencia se aplicaba con frecuencia a los arquitectos modernos, pero rara vez se imponía con igual severidad a los del pasado. La limitación transformó el proceso proyectual en un ejercicio de precisión técnica, ya que fue necesario integrar en un único organismo arquitectónico las funciones de la Federación, el Fascio y el Dopolavoro, articulando circulaciones, entrepisos y espacios de representación dentro de un marco económico rígido. Esta operación se desarrolló, además, en un contexto de debate intenso en torno al racionalismo italiano, cuya legitimidad cultural aún se encontraba en discusión.
Tecnne: Usted ha afirmado que la aprobación del proyecto por parte del Secretario del Partido constituyó una consagración oficial de una arquitectura rigurosamente moderna. ¿Qué significado atribuye a ese momento, tanto en el plano personal como en el colectivo?
Giuseppe Terragni: Debo decir que aquel acto tuvo un alcance político y disciplinar significativo. La aprobación implicó un examen técnico minucioso del sistema estructural, de la organización en planta y de la configuración volumétrica antes de su validación definitiva. En esa revisión se dirimía la posibilidad de que el racionalismo fuese reconocido como lenguaje arquitectónico apto para representar institucionalmente al Estado. La aceptación del proyecto confirmó que una arquitectura basada en la claridad estructural, en la correspondencia entre forma y función y en la legibilidad de la fachada podía traducir espacialmente los principios políticos y sociales del régimen. Para nosotros, los integrantes del movimiento racionalista, este episodio marcó un punto de consolidación dentro del campo artístico y profesional.
Tecnne: ¿Por qué resultaba determinante que la obra fuese reconocida como rigurosamente moderna en un entorno de marcada tradición formal?
Giuseppe Terragni: Porque el Fascismo se definía a sí mismo como un acontecimiento histórico original, lo que dificultaba la adopción de repertorios estilísticos heredados. La aceptación del proyecto implicaba el reconocimiento institucional de la arquitectura moderna. La confirmación que una composición basada en la modulación, la transparencia y la articulación precisa de los volúmenes, podía encarnar valores de organicidad, claridad y honestidad. Siguiendo la metáfora mussoliniana de la “casa de cristal” encontramos una traducción arquitectónica concreta, donde la relación entre interior y exterior, la exposición pública de la estructura y de los espacios de reunión, reforzaban la idea de visibilidad y control asociada al nuevo orden político.

La aceptación del encargo y la consolidación del racionalismo
Tecnne: Considerando los años de tensión disciplinar que precedieron a este encargo, en particular tras la polémica suscitada por el Novocomum en 1929 y la Exposición de Arquitectura Racional celebrada en 1931 en Roma, ¿Qué significado tuvo para usted recibir el encargo de la Casa del Fascio?
Giuseppe Terragni: Siempre he sostenido la necesidad de una arquitectura de Estado coherente con su tiempo. Por ese motivo, considero que el encargo representó una confirmación institucional tras un periodo de controversias críticas y resistencias culturales. Después de debates intensos en torno a la legitimidad del racionalismo, la posibilidad de materializar sus principios a través de una obra promovida por el Régimen nos permitía el acceso a una escala representativa y a un programa de alta visibilidad. No se trataba únicamente de proyectar un edificio administrativo, sino de verificar si una sintaxis basada en la modulación estructural, la claridad volumétrica y la reducción ornamental podía consolidarse como lenguaje oficial.
Tecnne: Usted ha descrito estos proyectos como hitos dentro de un proceso de conquista cultural. ¿Podría desarrollar esa interpretación?
Giuseppe Terragni: Así es, estos edificios deben entenderse como puntos de inflexión dentro de una transformación progresiva del campo arquitectónico, que hasta entonces se caracterizaban por la persistencia de repertorios historicistas. Concebir la Casa del Fascio como un organismo compacto y rigurosamente articulado en planta y alzado, testimonia un esfuerzo intelectual orientado a redefinir la relación entre representación institucional y forma arquitectónica. Logramos que el racionalismo demuestre su capacidad para asumir funciones simbólicas mediante la proporción, la retícula estructural y la transparencia controlada de la fachada, sin recurrir a citas estilísticas del pasado.
Tecnne: ¿Interpreta esta obra como la culminación del proceso de modernización de la imagen arquitectónica italiana?
Giuseppe Terragni: no creo que esta obra sea una culminación, sino la validación de un proceso en curso. Confirmaba que nuestra arquitectura racionalista podía traducir en términos espaciales y constructivos las premisas políticas contemporáneas, integrando representación, funcionalidad y disciplina formal en un sistema coherente. La acción coordinada de arquitectos jóvenes, entre los que me incluyo, aspiraba a restituir al arte arquitectónico a una posición central en la cultura italiana, sustentada en las nuevas técnicas, la lógica estructural y la correspondencia entre programa y forma. Entendíamos que si confiábamos en la consistencia interna de su propio método proyectual, la arquitectura moderna afirmaba su autonomía disciplinar sin utilizar fórmulas heredadas.

Arquitectura, representación y programa institucional
Tecnne: Usted sostiene que un acontecimiento político que se define como ruptura histórica exige una expresión espacial coherente con su propio tiempo. ¿Por qué esta premisa excluía referencias tradicionales?
Giuseppe Terragni: Entiendo que la reproducción de tipologías palaciegas o de composiciones neoclásicas habría supuesto la transferencia acrítica de esquemas formales asociados a estructuras de poder anteriores, con lógicas simbólicas y distributivas que respondían a contextos políticos distintos. Por lo tanto, el proyecto debía derivarse estrictamente de las necesidades organizativas del Partido, de su estructura jerárquica interna y de su relación programática con el espacio público urbano. La configuración en planta debía responder a criterios de claridad funcional y legibilidad institucional, y la estructura portante, asumir un papel ordenador tanto en sección como en fachada. Al tratarse de una arquitectura representativa, no debía sustentarse en iconografías heredadas, sino articularse mediante una composición volumétrica coherente con el nuevo programa, donde la envolvente y el sistema estructural dieran evidencia de la correspondencia entre forma y función.
Tecnne: Usted establece una distinción entre una casa para el pueblo y una construcción de carácter popular. ¿Cómo se traduce esa diferencia en decisiones arquitectónicas concretas?
Giuseppe Terragni: Es muy simple: una construcción popular se define prioritariamente por criterios económicos y por estándares mínimos de habitabilidad, condicionando la escala, la materialidad y la resolución técnica. Por el contrario, la casa del pueblo incorporaba una dimensión representativa política e institucional. Requería un orden diferente que definiera la proporción de los ambientes, la jerarquización de los recorridos y la elección de materiales duraderos capaces de conferir estabilidad y permanencia al conjunto. Mi intención fue establecer una idea de monumentalidad expresada a través de la disciplina geométrica, la precisión constructiva y la articulación rigurosa entre estructura, volumen y fachada. En todo momento evite utilizar recursos escenográficos. El edificio debía expresar una cohesión organizativa y claridad institucional, que mantuviera una relación controlada y explícita con el espacio urbano circundante.
Transparencia, visibilidad y control espacial
Tecnne: La visibilidad parece constituir un principio organizador del edificio en todos sus niveles. ¿De qué modo se articula este criterio en el proyecto?
Giuseppe Terragni: Ese criterio de visibilidad que usted menciona se integra simultáneamente en planta y en sección. En realidad, configura un sistema espacial organizado para que la actividad en el interior los despachos y las salas de reunión pueda ser percibida desde los espacios comunes y, en determinados puntos estratégicos, desde el exterior. Eso implicó la reducción de compartimentaciones innecesarias y la incorporación de superficies de vidrio que favorecen la continuidad visual entre ámbitos diferenciados. Mi intención es que la transparencia opere como un principio organizador: la estructura portante y la modulación de la fachada permiten que el cerramiento no interrumpa la lectura del volumen ni la comprensión del funcionamiento interno. De ese modo, se alcanza un control visual recíproco que garantiza la transparencia administrativa.
Tecnne: El uso extensivo del vidrio podría interpretarse como una pérdida de solidez simbólica. ¿Cómo responde a esa objeción?
Giuseppe Terragni: No lo creo así. El empleo del vidrio expresa una voluntad de coherencia entre forma arquitectónica y discurso político. La noción de “casa de cristal” se traduce en una envolvente que permite una relación directa entre jerarquías políticas y ciudadanía. Creo que la visibilidad es el signo de una política que transparente, y que la solidez simbólica del edificio depende de la claridad estructural, la proporción del volumen y la disciplina compositiva.
Estética racionalista y materialidad
Tecnne: Resulta significativo que un arquitecto identificado con la funcionalidad incorpore mármol de Botticino o travertino en una obra de estas características. ¿Cómo se integran estos materiales en un marco racionalista?
Giuseppe Terragni: De un modo natural, porque un material no adquiere carácter decorativo si su empleo responde a una lógica constructiva precisa. Considero que en una sede de representación institucional, el revestimiento pétreo aporta densidad material, durabilidad y una percepción de estabilidad acorde con su función pública. Al ser utilizado sin referencias arqueológicas ni ornamentos aplicados, el mármol actúa como plano continuo que me permite además enfatizar la modulación de la fachada y la lectura del sistema estructural. Estoy convencido que la intensidad expresiva del edificio no procede de la acumulación ornamental, sino de la exactitud del detalle constructivo y de la relación entre llenos y vacíos.
Tecnne: El edificio se organiza en cuatro niveles superpuestos y usted ha señalado la necesidad de evitar recorridos reservados. ¿Cómo se materializa esta intención en la organización espacial?
Giuseppe Terragni: Concebimos la circulación como un sistema continuo, legible y jerárquicamente claro, donde las escaleras y los corredores se integran en la trama general sin accesos diferenciados para cargos superiores. Evitamos colocar antecámaras y pasillos cerrados para eliminar compartimentaciones que puedan favorecer el aislamiento decisional. Organizamos el movimiento interno mediante ejes directos y conexiones visuales que permiten verificar la actividad en los distintos niveles.
Espacio colectivo y jerarquía
Tecnne: Se advierte un contraste entre las áreas destinadas a concentraciones colectivas y las oficinas ordinarias. ¿Qué recursos arquitectónicos configuran ese carácter celebrativo?
Giuseppe Terragni: Las diferenciamos mediante parámetros estrictamente espaciales, a través de la escala, la iluminación y la materialidad. Dimos mayor altura a las salas de reunión y una captación de luz natural controlada, para producir una atmósfera de concentración colectiva que refuerza la percepción de unidad. La modulación estructural y el empleo de revestimientos pétreos aportan una expresión de solemnidad contenida. Por el contrario, dimos a los espacios de trabajo proporciones más reducidas y una organización funcional rigurosa. Al realizar eas gradación volumétrica y lumínica, añadimos una jerarquía perceptible sin recurrir a órdenes clásicos ni a dispositivos ornamentales añadidos.

El hecho urbanístico y la ciudad funcional
Tecnne: La Casa del Fascio se sitúa en las inmediaciones del Duomo di Como. Algunos críticos interpretaron esta proximidad como una amenaza para el equilibrio estético del entorno histórico. ¿Cómo fundamenta usted ese diálogo?
Giuseppe Terragni: No entendemos la ciudad histórica como una imagen fija e inmutable sino como una superposición de estratos temporales. En la plaza del Duomo conviven edificaciones de épocas diversas, y cada una es expresión de su tiempo. Por lo tanto, insertamos la Casa del Fascio como episodio contemporáneo, sin replicar lenguajes precedentes ni establecer analogías formales directas. El volumen cúbico del edificio manifiesta una lógica constructiva propia de su tiempo. El respeto hacia el Duomo se materializa a través de la claridad del sistema compositivo que adoptamos, buscando un contraste legible y controlado dentro del tejido urbano.
Tecnne: Usted ha mencionado la idea de una ciudad fascista integral en Como. ¿Qué función desempeña la Casa del Fascio en ese planteamiento?
Giuseppe Terragni: Si la consideramos en el marco del plan de ordenación de 1934, el centro político debía reorganizarse para articular funciones administrativas y representativas en continuidad con la estructura histórica existente. Por lo tanto, la plaza adyacente la concebimos como nodo institucional conectado con la del Duomo, integrando circulación peatonal y vialidad mejorada. No pretendía sustituir el tejido consolidado, sino incorporar nuevas funciones mediante una pieza arquitectónica capaz de centralizar la actividad política. El edificio actúa como elemento de concentración institucional dentro de un sistema urbano.
Tecnne: Arquitecto, ¿Cómo considera que la historia interpretará este esfuerzo?
Giuseppe Terragni: Espero que sea valorada como una conquista metódica en el ámbito cultural y profesional. La obra representa una síntesis entre forma arquitectónica, principio ético y función política. Queríamos definir una fisonomía acorde con una nueva etapa histórica, mediante una coherencia entre pensamiento y materia. Creo que el juicio definitivo corresponderá a la posteridad desde una evaluación crítica de su contexto y de sus implicaciones.
Cómo citar este artículo:
Gardinetti, Marcelo. «La Casa del Fascio y la arquitectura de Estado: conversaciones con Giuseppe Terragni.» Tecnne N° 11, 2026.
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.18644082.
Disponible en: https://bit.ly/giuseppe-terragni-interview
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