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Alvar Aalto, la luz del norte

Alva Aalto, Saynatsalo Town Hall, tecnne

Respecto a las líneas canónicas del M.M, siempre fue un “outsider”. Y, sin embargo, su figura resulta imprescindible para entender el sentido más vital del Movimiento. Sorprendió a todos desde joven por su madurez tan temprana (Proyectó Paimio con tan sólo 30 años). Por ello quizás, y por tener, además, voz propia, independiente e inconfundible, supuso, entre las luchas por hacerse con el mando de la tribu, una opción silenciosa y segura.

Aalto y Finlandia. La luz del norte

Visitando Finlandia, donde nació hace cien años, podemos entender cómo la luz del Norte se nos presenta como trasunto de su ejemplo. Quieta, suspendida, sin dirección y sin sombras arrojadas. Una luz cenital quizás, horizontal probablemente, capaz de mantenerse en el tiempo de forma indefinida, disolviendo su relación con el espacio, la que nosotros aceptamos, y cómo aquel resulta así indiferente a toda dirección, quieto y silente. La iglesia de Muurame, traslación renacentista y albertiana, donde espera una Virgen virtual el retrato del Angélico, manifiesta la tensa relación cultural con Occidente. Su trabajo en las fronteras del Norte y del Este, Rovaniemi y Viipuri, nos hacen presentir la búsqueda del origen y la necesidad de amparo, superando incluso la certeza de una noche continua, bajo la sofisticada aplicación de un día permanente. En Finlandia se le recuerda con el respeto y el cariño de aquel a quien consideran “uno de los suyos”.

No un genio extraño, de gusto estrafalario que desde fuera reconviene, dicta normas morales o se distancia por sus triunfos. Sus obras pertenecen, eso nos parece todavía, al lugar en que se asientan, hasta el punto de “ser” ellas mismas el lugar. Diluyen la distancia entre el ser y el parecer. Parecen lo que son y son lo que parecen. No se apropian del lugar, le constituyen.

Resulta sorprendente para nuestras costumbres que aquel a quien hoy podemos contemplar en sus bustos de bronce colocados en tantas de sus obras, utilizara como lema de su barco, el dicho latino “Nema propheta in Patria”. Ironía, sin duda, de quien sabía quién era y dónde estaba… Fue la luz del Norte1. A otros, les pareció “primitivo y actual”2. Hoy, cuando celebramos el centenario de su nacimiento, nos sigue pareciendo, además, vivo. En alguna ocasión3, me he referido a lo que considero la condición principal de los maestros: su autoridad moral. Pasan los tiempos y las modas, los homenajes efímeros, las lecciones “magistrales”, pero no las actitudes rigurosas. Quizás pocos como él pueden personalizar al Eupalinos de Valery. Aquella referencia fiable, que nos acompaña en la vigilia, independiente de la literatura, es alguien como él, o él mismo. En cualquier caso, un guía exigente y también, probablemente, comprensivo. En su caso concreto, su influencia se filtró sin estridencias en nuestras propias conciencias como si, desde siempre, nos hubiese pertenecido. Aalto es, no sólo por razones gramaticales, siempre el primero de la lista cuando muchos nos fallan. Siempre nos quedará Aalto. «…»

La vigencia de Aalto

Si una cuarta y aun una quinta generación4 de arquitectos del Norte nos muestran en su aparente frialdad que portan los rescoldos del maestro, su lección también entre nosotros puede seguirse en aportaciones más recientes. Cómo entender, si no, algunas variantes en el modo de trasgredir las “ortodoxias” del M.M., o en la forma, liberada de prejuicios, que algunas arquitecturas adoptan frente a su propia voluntad formalizadora, dejada así a un “controlado azar”. La modernidad que podemos advertir en arquitectos “tranquilos”, es mucho más profunda que la de aquellos “terroristas de la forma”, que incapaces de toda sutileza, pretenden avasallarnos con su desasosegada incompetencia. Aunque ésta actitud no es, lógicamente, nueva, sí lo es cuando viene asumida conscientemente como un “suave” manifiesto cultural.

Hoy, más que ayer, podemos rastrearla en el viejo museo de Belllas Artes de Bilbao5, que resulta, me parece, cada día más moderno comparado, inevitablemente, con su reciente y pretencioso vecindario. La elegancia no es, no suele ser, patrimonio de los nuevos ricos. Entre otras cosas, es ese situarse en la distancia exacta, en la posición conveniente, lo que permite la tensión emotiva que Alvar Aalto trasmite todavía tan intensamente. El centenario de su nacimiento no sólo hay que celebrarlo como conmemoración de un hecho histórico más, de esos que podemos encontrar entre las efemérides que nos facilita la prensa diaria, sino como una reivindicación de la razón sin “ismos”, de la emoción serena, del sentido “común”, sepultado por el sinsentido propugnado como meta. La vigencia del mensaje aaltiano resulta hoy, a las puertas del próximo milenio, incuestionable. La actitud promovida, entre otros por él, se nos presenta como, quizás, la más consistente, puesto que está asumiendo las respuestas sólo como propuestas abiertas, como modo de mirar. La gran transformación latente en sus respuestas está contenida en la pregunta inicial, en la forma de plantearla, volviendo cada vez, desde su origen, a comenzar de nuevo, sin cansancio, con la emoción de quien celebra un rito iniciático sin oficiantes. En una soledad que se sabe compartida.

Miguel Ángel Baldellou

Extracto de: Baldellou, Miguel Ángel “La luz del norte. Alvar Aalto, cien años”, Arquitectura N°315 (1998), 8-11. ISSN 0004-2706.

Notas:

1 J. P. Cousin, tituló “Une lumiere qui vient du Nord”, un artículo aparecido en L’architecture d’aujourd’hui, nº134, de 1967, dedicado a las arquitecturas nórdicas. Recogemos de ese trabajo la idea, con un sentido diferente.

2 Así encabezó Giedion en “Espacio, tiempo y arquitectura”, el amplio apartado, de 42 páginas, dedicado a Aalto, tras Gropius (34), Le Corbusier (24) y Mies (22)

3 En varias ocasiones, especialmente al referirme a Alejandro de la Sota. Ver:” Alejandro de la Sota El magisterio interior.” en “Obradoiro”, nº15, 1989.” Alejandro de la Sotaou la autoridade moral” en “Grial”, 109, 1991.

4 Drew acuño el término cuando una nueva generación de arquitectos apareció con fuerza en la escena internacional. Una de sus características, la dispersión poética, anunciaba la ineviatable ruptura de la imagen unitaria del M.M.A finales de los 60, en los países nórdicos una serie de nombres reclamaba su puesto en la saga:Ruusuvuori, Pallasma, Paatelainen, Friis, Larsen, Lund, Uhlin

5 Urrutia y Segurola, 1945

Fotografía: ©Maija Holma / Alvar Aalto Museum

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