Casa sul Lago de Terragni: modulación, continuidad espacial y racionalismo italiano

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

El artículo examina la Casa sul Lago de Giuseppe Terragni, abordando el problema de cómo articular los principios del racionalismo italiano en una vivienda que integre paisaje, estructura y composición formal. La obra se analiza como un sistema volumétrico claro, donde la modulación geométrica y la organización ortogonal estructuran la distribución espacial, estableciendo relaciones precisas entre llenos y vacíos. La implantación frente al lago introduce una apertura controlada hacia el entorno, mediante terrazas, planos horizontales y superficies vidriadas que encuadran visuales específicas. La composición responde a una lógica de equilibrio entre masa y transparencia, donde los elementos estructurales ordenan la experiencia del habitar. En este marco, la arquitectura se construye a partir de una síntesis entre función y forma, evitando ornamento y enfatizando la claridad constructiva. El artículo concluye que la Casa sul Lago materializa los principios del racionalismo como sistema coherente, donde la relación entre geometría, paisaje y programa define una vivienda que integra precisión formal y sensibilidad contextual en una estructura unitaria.

Palabras clave: Casa Sul Lago, Giuseppe Terragni, racionalismo italiano, Gruppo 7, modulacion.

1. El racionalismo italiano: génesis, desarrollo y consolidación

La génesis del racionalismo italiano se inscribe en el contexto de la crisis del historicismo arquitectónico que caracterizó a la península durante las primeras décadas del siglo XX. Más que un episodio cronológico dentro de la historiografía de las vanguardias, el movimiento surgió como una reformulación crítica de los principios disciplinarios heredados, impulsada por una nueva generación de arquitectos formados en el ámbito académico del Politécnico de Milán. En 1926, la constitución del Gruppo 7, integrado inicialmente por Giuseppe Terragni, Luigi Figini, Gino Pollini, Carlo Enrico Rava, Sebastiano Larco, Guido Frette y Ubaldo Castagnoli, -sustituido en 1927 por Adalberto Libera- marcó un punto de inflexión en el debate arquitectónico italiano, al proponer la revisión sistemática del lenguaje académico decimonónico y su sustitución por un vocabulario basado en la claridad estructural y la racionalidad compositiva.

La actividad teórica del grupo se articuló a través de cuatro manifiestos publicados en la revista Rassegna Italiana entre 1926 y 1927. En estos textos, la crítica a la tradición se formuló como un proceso de depuración formal orientado a recuperar principios compositivos esenciales, eliminando la ornamentación considerada superflua. La arquitectura se entendía como una disciplina vinculada a las transformaciones técnicas y productivas contemporáneas, donde la modulación, la proporción y la lógica constructiva adquirían un papel central. La incorporación de referencias a la arquitectura de Le Corbusier y a la producción alemana contemporánea contribuyó a definir un marco conceptual basado en la claridad volumétrica, la continuidad espacial y la correspondencia entre estructura y forma. En este contexto, la noción de “sinceridad” arquitectónica se vinculó con la expresión directa de los sistemas constructivos y con la adopción de métodos de producción industrial.

A finales de la década de 1920, el racionalismo italiano inició un proceso de institucionalización progresiva en relación con el aparato cultural del régimen fascista. La arquitectura moderna comenzó a ser considerada un instrumento adecuado para representar una imagen estatal asociada a la eficiencia técnica y a la organización racional del espacio. Este proceso se estructuró en torno a tres principios recurrentes: la modulación estructural, la reinterpretación de la tradición clásica y la aplicación sistemática de criterios racionalistas en la composición arquitectónica. A través de estos ejes, el racionalismo italiano se presentó como una continuidad disciplinar, donde la herencia clásica se reinterpretaba mediante volúmenes elementales, fachadas despojadas y composiciones basadas en la proporción y la repetición modular.

La consolidación de este posicionamiento teórico encontró un espacio de difusión en las exposiciones milanesas de comienzos de la década de 1930, donde el racionalismo italiano adquirió visibilidad internacional y definió, con mayor precisión, su lenguaje arquitectónico. La producción del grupo evidenció una transición desde el debate teórico hacia la materialización de obras caracterizadas por la claridad volumétrica, la continuidad entre interior y exterior y la subordinación de la forma a la estructura.

Trienale Milano Parque Sempione
Trienale Milano Parque Sempione

2. La V Triennale di Milano de 1933

La V Triennale di Milano, celebrada entre mayo y septiembre de 1933, constituyó un punto de inflexión en la consolidación del racionalismo italiano, al trasladar el debate arquitectónico desde el plano teórico hacia su materialización expositiva y constructiva. El evento marcó el traslado definitivo del certamen desde Monza al nuevo Palazzo dell’Arte de Milán, proyectado por Giovanni Muzio. Este edificio introdujo una condición significativa en el panorama disciplinar: mientras su configuración volumétrica y su tratamiento compositivo mantenían una relación con la monumentalidad clásica, el interior se destinó a la experimentación racionalista, generando una coexistencia entre lenguajes arquitectónicos que evidenció las tensiones culturales del periodo.

La Triennale de 1933 se desarrolló en un contexto de creciente articulación entre arquitectura y política cultural del régimen fascista. El aparato estatal promovía una síntesis entre la tradición clásica, asociada a la construcción simbólica del Estado, y la modernidad técnica vinculada al desarrollo industrial. En este contexto, el racionalismo italiano se posicionó como una alternativa capaz de integrar ambos registros mediante la claridad estructural, la modulación geométrica y la depuración formal. La exposición funcionó, en este sentido, como un mecanismo de validación institucional, donde la conciliación entre continuidad histórica y racionalidad constructiva se formalizó en propuestas arquitectónicas concretas.

El eje central del evento fue la Muestra Internacional de Arquitectura Racionalista, dirigida por Luigi Figini, Gino Pollini, Adalberto Libera, Piero Bottoni y Giuseppe Terragni. La exposición se estructuró en torno a la estandarización tipológica, la funcionalidad programática y la racionalización constructiva, entendidas como principios fundamentales para la arquitectura contemporánea. Proyectos como la, Casa del Sabato per gli Sposi (Casa E.42), se presentaron como prototipos habitacionales donde la organización funcional, la economía de medios y la optimización de los espacios domésticos adquirían un carácter normativo. En estas propuestas, la composición volumétrica se subordinaba a la lógica del programa, mientras que la fachada se resolvía mediante superficies continuas, aperturas moduladas y una clara correspondencia entre estructura y envolvente.

Casa del Sabato per gli Sposi
Casa del Sabato per gli Sposi

La institucionalización del racionalismo dentro del Palazzo dell’Arte consolidó el movimiento como una corriente con capacidad de incidencia en la política arquitectónica nacional. La exposición evidenció la transición desde la experimentación teórica hacia la formulación de modelos aplicables a la vivienda, los equipamientos y la arquitectura pública, estableciendo un marco disciplinar donde la modulación, la repetición tipológica y la estandarización constructiva se integraban en una visión arquitectónica coherente con las transformaciones técnicas y sociales de la década de 1930.

3. Formación y consolidación del MIAR

La fundación del Movimento Italiano per l’Architettura Razionale (MIAR) en 1928 respondió a la necesidad de articular, en una escala nacional, las inquietudes formuladas por el Gruppo 7. La nueva organización se concibió como una plataforma de coordinación teórica y profesional, orientada a consolidar un lenguaje arquitectónico capaz de integrar las corrientes europeas contemporáneas con la tradición cultural italiana. En este contexto, el MIAR incorporó referencias provenientes de la Bauhaus, el constructivismo soviético y los Congrès Internationaux d’Architecture Moderne (CIAM), estableciendo un marco disciplinar donde la racionalización constructiva, la estandarización tipológica y la depuración formal adquirían un papel central. Sin embargo, el movimiento no constituyó una posición homogénea, sino un espacio de debate en el que coexistieron interpretaciones divergentes sobre el alcance social y político de la arquitectura racionalista.

Las diferencias internas se manifestaron particularmente en la relación con el régimen fascista. Un sector del movimiento interpretó el contexto político como una oportunidad para promover una transformación cultural y urbana a través de la arquitectura moderna, considerando la planificación racional del espacio como un instrumento para reorganizar la vida colectiva. Paralelamente, otros arquitectos mantuvieron una postura crítica frente a la progresiva revalorización de la monumentalidad clásica promovida por el aparato estatal, percibida como una deriva hacia formulaciones compositivas que contradecían la claridad estructural y la economía formal defendidas por el racionalismo. Estas tensiones influyeron en la producción arquitectónica del periodo, donde la abstracción volumétrica, la modulación de las fachadas y la organización funcional debían justificarse mediante referencias a la tradición mediterránea, con el fin de integrarse dentro del discurso cultural dominante.

El debate disciplinar se centró en la superación del eclecticismo y en la revisión crítica del lenguaje arquitectónico asociado al Novecento italiano. Los conceptos de sinceridad constructiva y economía de medios adquirieron un carácter normativo. La estructura se entendía como elemento generador de la forma, mientras que los materiales, empleados sin revestimientos superfluos, definían la expresión arquitectónica. La organización funcional del programa, la claridad volumétrica y la continuidad espacial se consolidaron como principios compositivos recurrentes. La incorporación de arquitectos como Pietro Lingeri reforzó esta orientación, contribuyendo a la definición de una arquitectura basada en la precisión técnica, la modulación geométrica y la correspondencia entre estructura y envolvente.

Este desarrollo teórico permitió que, hacia comienzos de la década de 1930, el racionalismo italiano se presentara como un sistema disciplinar coherente, capaz de responder a las transformaciones urbanas y sociales del periodo. La consolidación de estos principios facilitó su difusión en las exposiciones milanesas y, particularmente, en la Triennale de 1933, donde el movimiento adquirió visibilidad institucional y se posicionó como una referencia en el debate arquitectónico europeo.

4. La Mostra della Abitazione en la V Triennale di Milano

La Mostra della Abitazione de 1933 transformó el Parco Sempione de Milán en un campo de experimentación tipológica a escala real. Sobre una superficie aproximada de 386.000 m², situada entre el Castello Sforzesco y el Arco della Pace, el parque proyectado originalmente por Emilio Alemagna según criterios paisajísticos de carácter romántico, se convirtió en el soporte de una serie de unidades residenciales experimentales destinadas a investigar nuevas formas de habitar. La intervención introdujo una superposición entre el trazado paisajístico preexistente y la implantación de prototipos arquitectónicos, configurando un territorio expositivo donde la arquitectura se evaluaba en relación directa con el entorno natural, las condiciones de uso y la experiencia espacial.

La vivienda se abordó como una tipología susceptible de racionalización técnica y estandarización constructiva. Bajo la dirección de Gio Ponti y Mario Sironi, y con la colaboración de diseñadores y arquitectos como Osvaldo Borsani, la muestra promovió la integración entre arquitectura, mobiliario y artes aplicadas. La unidad doméstica se concibió como un organismo funcional en el que la distribución interior, el equipamiento fijo y los sistemas de iluminación se articulaban mediante criterios de economía espacial y continuidad funcional. Esta decisión implicaba una revisión del interior doméstico, donde los entrepisos, las circulaciones compactas y la modulación del mobiliario contribuían a optimizar superficies reducidas, mientras que la fachada y la envolvente se resolvían a partir de la lógica estructural y de las condiciones de iluminación natural.

La experimentación constructiva constituyó otro eje central de la muestra. Los prototipos implantados en el Parco Sempione exploraron la aplicación de nuevos materiales y sistemas estructurales ligeros, orientados a favorecer la diafanidad espacial y la continuidad entre interior y exterior. La disposición de grandes superficies acristaladas, la utilización de estructuras moduladas y la reducción de elementos portantes tradicionales permitieron investigar configuraciones espaciales abiertas, donde la relación con el paisaje se integraba en la composición arquitectónica. Estas unidades funcionaron como modelos de verificación, evaluando la viabilidad técnica y funcional de los principios racionalistas en condiciones reales de uso.

Dentro de este conjunto experimental, algunos prototipos adquirieron relevancia por su capacidad de sintetizar las aspiraciones del racionalismo italiano. Estas propuestas, caracterizadas por la claridad volumétrica, la precisión constructiva y la integración entre arquitectura y diseño industrial, evidenciaron la consolidación de un enfoque disciplinar que entendía la vivienda como un sistema técnico y espacial coherente, orientado a responder a las transformaciones sociales y productivas del periodo.

Terragni Casa sul lago per Artista, vista esterior
Terragni Casa sul lago per Artista, vista exterior

5. Casa sul Lago per un Artista

La Casa sul Lago per un Artista representa uno de los hitos más significativos del Gruppo di Como dentro del MIAR y un ejemplo destacado de interdisciplinariedad en la arquitectura italiana de principios del siglo XX. El proyecto surgió de una colaboración estructurada entre Giuseppe Terragni y Pietro Lingeri, apoyados por un equipo técnico conformado por Cereghini, Dell’Acqua, Giussani, Mantero, Ortelli y Ponci, al que se sumó la intervención de los pintores Marcello Nizzoli y Mario Radice para integrar la dimensión estética en la definición espacial y material del edificio. Este enfoque garantizó que la obra funcionara simultáneamente como laboratorio constructivo y como manifestación de la síntesis de las artes.

El carácter disciplinar de la casa se define por su doble condición: concebida inicialmente como residencia permanente en la Isla Comacina, fue materializada finalmente como un pabellón efímero dentro del recinto de la Triennale. Esta provisionalidad liberó a los autores de restricciones derivadas de la cimentación definitiva o de normativas de habitabilidad, permitiendo una exploración espacial y volumétrica de alta abstracción. La obra se configuró como un prototipo conceptual, en el que la pureza de los volúmenes geométricos y la articulación modular se desplegaban con una radicalidad que difícilmente habría sido viable en un encargo convencional.

El seguimiento del proyecto evidencia un fenómeno relevante en la historiografía arquitectónica: la persistencia de la idea frente a la desaparición del objeto construido. La casa existió físicamente solo durante los tres meses de la exposición, para ser desmontada posteriormente; no obstante, su impacto se mantuvo gracias a la documentación rigurosa en planos, fotografías y maquetas. Este registro permitió que la obra trascendiera su carácter temporal, transformándose en un referente teórico del racionalismo italiano. La Casa sul Lago per un Artista ejemplifica cómo una estructura efímera puede sostener un discurso disciplinar duradero, en el que la racionalización formal, la integración de las artes aplicadas y la experimentación espacial se consolidan como principios analíticos de la arquitectura moderna.

Terragni Casa sul lago per Artista, fachada posterior
Terragni Casa sul lago per Artista, fachada posterior

6. Fundamentación conceptual y referentes formales

La lectura de la Casa sul Lago per un Artista requiere situarla en el marco de la redefinición que Giuseppe Terragni operó sobre la figura del artista dentro del racionalismo italiano. Para Terragni, el artista deja de identificarse con el modelo romántico del bohemio o del excéntrico marginal para asumir un rol profesional plenamente integrado en la modernidad técnica. Esta condición demandaba un entorno arquitectónico que reflejara un modo de vida caracterizado por la ordenación, la eficiencia y la transparencia, donde el espacio de trabajo y residencia funcionara como un dispositivo operativo, y el rigor estructural se tradujera en un compromiso ético con la veracidad constructiva y la coherencia funcional.

Los principios teóricos de la obra se nutren de las corrientes más avanzadas de la época, especialmente del neoplasticismo y del grupo De Stijl. Esta influencia se evidencia en la autonomía de los planos y en la composición abstracta de los volúmenes, donde las líneas verticales y horizontales no delimitan únicamente el espacio, sino que articulan una sintaxis visual compleja y rigurosa. La profundidad no se concibe como vacío a rellenar, sino como una propiedad inherente a la superficie y a la disposición de los elementos constructivos. En este sentido, la casa se despoja de cualquier ornamentación aplicada: la estética surge de la proporción, de la lógica de las uniones estructurales y de la subordinación de la forma a la función programática.

La economía de medios, entendida como principio disciplinar más que como restricción económica, constituye una categoría ética: la supresión de elementos superfluos se traduce en una forma de honestidad intelectual. Para Terragni y Lingeri, el rigor estructural proyecta la disciplina interior del autor sobre la materialidad de la obra. Esta abstracción conceptual no permanece en el plano teórico, sino que condiciona todas las decisiones proyectuales, estableciendo una correspondencia directa entre pensamiento racional y construcción. La articulación espacial, la modulación volumétrica y la relación entre elementos portantes y cerramientos se entienden como prolongaciones materiales de una lógica intelectual, abriendo el análisis hacia la organización física de la casa y la resolución de su programa.

Terragni Casa sul lago per Artista, vestibulo
Terragni Casa sul lago per Artista, vestibulo

7. Estructura formal y organización espacial

La organización espacial de la Casa sul Lago per un Artista establece un ejemplo de precisión funcional articulada con una coreografía lumínica rigurosamente calculada. La planta se estructura en torno a dos cuerpos principales: la zona doméstica y el estudio creativo, vinculados mediante un pórtico permeable que funciona como elemento de transición. Este umbral asegura la autonomía de las funciones, permitiendo que el estudio mantenga independencia respecto al ámbito residencial sin perder una conexión orgánica con el entorno paisajístico.

El estudio constituye el núcleo gravitacional del proyecto. Con una altura interior de 5,50 metros, se configura como un vacío arquitectónico que aborda una carencia histórica en la arquitectura destinada a la producción plástica. Su orientación hacia el norte, combinada con un cerramiento sur cerrado y un muro de ladrillos de vidrio que se prolonga dos metros en la cubierta, genera una iluminación difusa y constante, optimizada para la actividad pictórica. Este volumen se entiende como un espacio de trabajo de luz calibrada, donde la arquitectura se subordina a las exigencias técnicas de la producción artística.

La interdisciplinariedad se evidencia en la integración de los frescos de Mario Radice, concebidos como elementos perceptivos más que ornamentales, y en la articulación cromática del conjunto. La fachada combina la neutralidad de los volúmenes blancos de la vivienda con la textura translúcida del estudio y un muro rojo en el pórtico, que ocupa aproximadamente una quinta parte de la superficie, generando un contraste visual que refuerza la legibilidad funcional del conjunto. La espacialidad resultante equilibra introspección y apertura: la configuración volumétrica, las aperturas moduladas y la materialidad seleccionada permiten articular la privacidad doméstica con la exposición controlada al paisaje lacustre, garantizando la coherencia entre concepción conceptual, funcionalidad y presencia escenográfica.

TTerragni Casa sul lago per Artista, Atelier
Terragni Casa sul lago per Artista, Atelier

8. Sistema estructural, materialidad y variaciones proyectuales

La Casa sul Lago per un Artista se concibió bajo el principio de “prototipo abierto”, en el que la idea arquitectónica precede a la materialización constructiva y permite su adaptación a diferentes sistemas estructurales sin comprometer la integridad conceptual. Esta premisa se materializó en tres versiones que evidencian la flexibilidad del diseño y la madurez técnica alcanzada por el Gruppo di Como:

  • Versión metálica: el proyecto inicial contemplaba una estructura de acero estandarizado, desmontable y transportable. Esta solución respondía a los principios más avanzados de la industrialización y la producción seriada promovidos por el Movimiento Moderno internacional, enfatizando la replicabilidad y la racionalización constructiva.
  • Versión en madera (gabbia lignea): con motivo de la temporalidad de la Triennale de 1933, se adoptó una estructura ligera de madera. Esta “jaula” demostró que la claridad volumétrica y la articulación espacial del racionalismo eran independientes del material; la geometría sofisticada se mantuvo íntegra, evidenciando que la lógica formal puede existir separada del soporte constructivo.
  • Versión en hormigón: proyectada para una posible construcción definitiva en la Isla Comacina, esta alternativa buscaba la permanencia y la consolidación de los planos neoplásticos. El hormigón armado permitía una mayor precisión en aristas y un refuerzo de la continuidad volumétrica, simbolizando la madurez técnica del racionalismo italiano y su capacidad de traducir la abstracción conceptual en obra duradera.

El rigor se extendió también al diseño interior y al mobiliario, concebidos como dispositivos funcionales orientados a la vida moderna. Parte del mobiliario fue proyectada específicamente por Terragni, mientras que el resto se seleccionó de catálogos industriales contemporáneos, priorizando la movilidad, la adaptabilidad y la eficiencia espacial. La temporalidad del pabellón de 1933 permitió evaluar estas hipótesis en condiciones reales de uso, verificando la coherencia entre programa, estructura y experiencia habitable. La lección fundamental de este enfoque es que la fuerza del concepto arquitectónico trasciende la materialidad: aun desmontada, la casa persiste como referente del racionalismo, sostenida por la solidez de su estructura intelectual.

Terragni Casa sul lago per Artista,  Interior
Terragni Casa sul lago per Artista, Interior

9. Proyección y legado del proyecto

Aunque su existencia física se limitó a tres meses, la Casa sul Lago per un Artista dejó un vestigio duradero en la arquitectura italiana del siglo XX. La obra se consolidó rápidamente como referencia tipológica para la vivienda-estudio del artista, influyendo en la definición de programas residenciales que integraran trabajo y vida privada durante varias décadas. Su demolición reforzó su condición de referente teórico, estableciéndose como un modelo analítico imprescindible para la comprensión de la modernidad italiana de entreguerras.

El legado del proyecto continuó en la década de 1940, tras la muerte prematura de Giuseppe Terragni, cuando Pietro Lingeri retomó la iniciativa en la Isla Comacina. Entre 1935 y 1940, en colaboración con la Accademia di Brera, se promovieron gestiones orientadas a materializar los principios de la Casa sul Lago en un conjunto de residencias permanentes. Este esfuerzo culminó en la construcción de las Case per Artisti, donde los fundamentos de 1933 se reinterpretaron y adaptaron a nuevas exigencias técnicas, programáticas y contextuales de la posguerra, consolidando físicamente una investigación que había comenzado como un experimento efímero.

La obra sintetiza la convergencia entre las lecciones de la vanguardia europea, particularmente del neoplasticismo holandés, y el rigor de la tradición racionalista italiana. Demostró que la arquitectura moderna podía funcionar simultáneamente como experimento de abstracción formal y como respuesta contextual sensible a un entorno paisajístico de fuerte carga histórica. Su mayor contribución radica en evidenciar que la permanencia simbólica de una obra puede superar la de muchos edificios monumentales, siempre que su sustento conceptual sea sólido y articulado. La Casa sul Lago permanece así como un referente ineludible para el estudio de la relación entre teoría, forma y materialidad en la arquitectura moderna.

10. Manifiesto del racionalismo italiano

La Casa sul Lago per un Artista puede ser considerada una “obra-manifiesto” del racionalismo italiano, donde se alcanzó un equilibrio notable entre teoría y forma. El proyecto evidencia cómo la subordinación de la forma a la función, la precisión geométrica de la planta y la integración armoniosa de arquitectura, arte y paisaje dejaron de constituir meras aspiraciones para materializarse como una experiencia espacial concreta y coherente.

La vigencia del rigor formal desarrollado por Giuseppe Terragni y su equipo reside en su capacidad de comunicar principios de claridad y organización a través del tiempo. La casa demuestra que la arquitectura es ante todo un ejercicio racional: un acto intelectual cuya persistencia no depende de la permanencia física del objeto. La articulación de los volúmenes, la gestión de la luz mediante el vetrocemento y la implementación estratégica del color constituyen lecciones que continúan siendo objeto de análisis y referencia para la investigación contemporánea.

Desde una perspectiva crítica, la obra plantea interrogantes que mantienen su relevancia: la tensión entre lo efímero y la memoria histórica, y la posibilidad de sostener la integridad conceptual en contextos políticos complejos. Su legado confirma que el pensamiento arquitectónico riguroso no caduca; su efecto perdura como modelo de modernidad que conjuga funcionalidad técnica, coherencia ética y sensibilidad contextual. El rigor proyectual de Terragni no es un vestigio histórico, sino un referente vigente para la práctica y la reflexión arquitectónica contemporánea.

Marcelo Gardinetti

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