La transformación de la torre-podio en la arquitectura de Ole Scheeren
Gardinetti, Marcelo
Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina
Tecnne · Año 2020, n.º 3
Resumen
El ensayo analiza MahaNakhon, torre de 314 metros proyectada por Ole Scheeren en Bangkok y concluida en 2018, desde una perspectiva tipológica, tectónica y urbana. Frente a la interpretación de su configuración como una simple “pixelación” superficial, el estudio examina cuatro operaciones relacionadas: la reformulación de la relación torre-podio, la transformación de la fachada en una envolvente espacial habitable, la sustracción como mecanismo generador de espacio y la verticalización de componentes asociados a la ciudad horizontal. La documentación estructural permite vincular la irregularidad volumétrica con losas post-tensadas, grandes voladizos, megacolumnas, outriggers y procedimientos específicos de preajuste derivados de las deformaciones previstas. El análisis también considera la secuencia programática entre plaza, comercio, vivienda, terrazas y mirador, así como sus límites de accesibilidad pública. MahaNakhon aparece así como una obra de transición en la trayectoria de Scheeren, donde estructura, habitabilidad e imagen arquitectónica convergen en una reformulación de la torre contemporánea.
Palabras clave: MahaNakhon, Ole Scheeren, arquitectura vertical, tectónica arquitectónica, torre-podio.
MahaNakhon: de la imagen pixelada a la lógica constructiva
MahaNakhon, torre de 314 metros y 77 plantas concluida en Bangkok en 2018, suele describirse mediante una metáfora tomada del vocabulario digital: la “pixelación” de un prisma cuya superficie se fragmenta para producir terrazas, balcones y volúmenes salientes. Esta formulación, recurrente tanto en la difusión periodística del edificio como en el material de Büro Ole Scheeren, identifica un efecto visual reconocible, pero tiende a reducir la operación arquitectónica a una transformación gráfica. Un examen más detenido revela una intervención simultánea sobre la tipología en altura, la envolvente, el sistema estructural y la organización programática. El análisis desplaza así el énfasis del píxel como imagen al píxel como unidad tectónica y espacial, a partir de cuatro problemas relacionados: la transformación de la relación torre-podio, la sustitución de la fachada convencional por una envolvente espacialmente habitable, la relación entre sustracción y habitabilidad, y la incorporación vertical de elementos asociados tradicionalmente a la ciudad horizontal.
El proyecto fue encargado en 2008 por PACE Development Corporation a Ole Scheeren, entonces socio de Office for Metropolitan Architecture (OMA), responsable de la oficina de Pekín y, junto con Rem Koolhaas, de varios proyectos de la firma en Asia (OMA, 2010). En marzo de 2010, durante el desarrollo del proyecto, Scheeren dejó OMA después de quince años de colaboración, ocho de ellos como socio, y fundó Büro Ole Scheeren, oficina que asumió posteriormente el desarrollo y la construcción de la torre hasta su finalización en 2018 (OMA, 2010; Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). MahaNakhon se sitúa, por tanto, en un período de transición entre dos etapas de la práctica de Scheeren. Por una parte, recoge la experiencia adquirida en proyectos como la Estación Central de Televisión de China (CCTV) y el Centro Cultural de Televisión (TVCC) en Pekín, que consolidaron su participación en operaciones arquitectónicas de gran escala dentro de OMA. Por otra, anticipa la producción posterior de su estudio independiente, dentro de la cual constituye su primera torre de gran altura completada bajo una estructura de autoría propia. Esta condición de proyecto-bisagra permite precisar su filiación: aunque la obra conserva vínculos conceptuales con la producción de OMA, su desarrollo pertenece a una etapa distinta de la trayectoria profesional de Scheeren. MahaNakhon hereda de CCTV el interés por reformular la tipología en altura, pero traslada esa investigación a un marco de producción independiente.

La continuidad vertical entre suelo, podio y torre
La tipología torre-podio, consolidada en la arquitectura de usos mixtos desde mediados del siglo XX, establece una separación relativamente precisa entre el edificio vertical y su base urbana. El podio concentra habitualmente actividades comerciales, públicas o de acceso, mientras la torre se eleva como un volumen autónomo cuya configuración formal puede mantener una relación limitada con las condiciones espaciales de la base. MahaNakhon conserva ambos componentes, pero modifica su relación mediante una continuidad vertical que articula suelo, podio y torre dentro de una misma secuencia espacial.
La base del proyecto, denominada por la oficina “La Colina” (The Hill), se organiza mediante una sucesión escalonada de terrazas interiores y exteriores que remite a una topografía de valle. Esta configuración se vincula con “El Cubo” (The Cube), edificio comercial independiente de siete plantas, a través de un atrio exterior compartido (Büro Ole Scheeren, s. f.). La base deja así de funcionar exclusivamente como soporte de la torre y adquiere una condición espacial propia: sus plataformas, desniveles y vacíos establecen una transición gradual entre la cota urbana y el volumen vertical. La irregularidad que caracteriza esta plataforma anticipa además el mecanismo formal empleado en la torre, de modo que ambos elementos pueden entenderse como partes de una misma operación morfológica.
Esta continuidad entre suelo y torre puede relacionarse con la crítica de Kenneth Frampton (1999) a la abstracción del volumen moderno respecto de su asentamiento territorial. Desde una concepción tectónica de la arquitectura, Frampton plantea la necesidad de considerar la relación entre construcción y terreno junto con aquella que vincula estructura y revestimiento. En MahaNakhon, esta relación adquiere una expresión particularmente evidente: la sustracción que modifica el perímetro de la torre encuentra un antecedente formal en la configuración escalonada del podio. La irregularidad de ambos componentes responde, por tanto, a una lógica común y no a la yuxtaposición de dos lenguajes independientes.
La propia memoria descriptiva del proyecto presenta esta operación como una disolución de la “fórmula tradicional de un tótem sin costuras” en favor de un edificio que se funde con la ciudad “mientras se mueve verticalmente entre el suelo y el cielo” (Büro Ole Scheeren, s. f.). Aunque se trata de una formulación programática, permite identificar con precisión el desplazamiento tipológico propuesto por el proyecto. MahaNakhon no elimina la distinción entre podio y torre; modifica su relación mediante la prolongación vertical de las condiciones espaciales de la base. El suelo urbano deja así de constituir un plano de llegada para convertirse en el punto de partida de una secuencia que continúa, con distintas escalas y grados de apertura, a través del edificio en altura.
De la superficie de fachada al espesor habitable
La segunda transformación que MahaNakhon introduce en la tipología del rascacielos afecta al estatuto de la fachada. En el edificio convencional, ya sea resuelto mediante estructura reticular y cerramiento independiente o mediante muro cortina, la fachada funciona principalmente como una superficie de separación entre interior y exterior. Su profundidad suele estar determinada por el espesor del sistema de cerramiento y por las tolerancias necesarias para resolver encuentros, juntas y subestructuras. En MahaNakhon, en cambio, la denominada “cinta tridimensional de píxeles” que recorre verticalmente el edificio modifica esta relación: la operación no se aplica sobre el volumen como una composición superficial, sino que altera su perímetro e introduce espacios de profundidad variable, entre ellos terrazas, balcones, piscinas de inmersión y cajas de vidrio proyectadas, los llamados skyboxes, que contienen ambientes principales de las viviendas (Büro Ole Scheeren, s. f.). La fachada adquiere así espesor arquitectónico. Ya no constituye únicamente un plano de separación, sino una franja espacial que incorpora superficies exteriores, recintos interiores y transiciones entre ambos.
Esta condición permite interpretar la envolvente de MahaNakhon en relación con la noción de espacio como producción social desarrollada por Henri Lefebvre (2013). La envolvente no representa simplemente la relación entre el edificio y la ciudad, sino que construye las condiciones materiales mediante las cuales esa relación puede ser habitada. La profundidad del “píxel” funciona simultáneamente como condición exterior y como ámbito doméstico, de manera que cada sustracción establece una relación específica entre orientación, profundidad, apertura y programa. El material de Büro Ole Scheeren describe esta operación como “una erosión que genera espacios vitales reales” (Büro Ole Scheeren, s. f.). La formulación resulta pertinente en tanto distingue la modificación volumétrica de una alteración puramente gráfica: aquello que desde la distancia puede percibirse como una discontinuidad de la masa corresponde, a escala arquitectónica, a un espacio con dimensiones, límites y usos determinados. La irregularidad de la envolvente adquiere así una dimensión funcional y espacial que complementa su condición icónica.




El píxel como unidad espacial, estructural y programática
La descripción de MahaNakhon como una torre “pixelada” o “tallada” requiere, sin embargo, precisar las condiciones estructurales que permiten producir esa configuración. La documentación técnica elaborada por los equipos responsables del diseño estructural, con Bouygues Thai como contratista estructural en asociación con Arup, muestra que la irregularidad del perímetro afecta directamente al comportamiento resistente de la torre. El sistema vertical se organiza mediante un núcleo central de hormigón armado que mide 23 × 23 metros en la base y se reduce progresivamente hasta alcanzar 23 × 14 metros en los niveles superiores. Este núcleo está acompañado por doce megacolumnas de hormigón de 60 MPa que absorben una parte sustancial de las cargas gravitatorias (Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). Tres niveles de vigas de arriostramiento (outriggers), situados en los pisos 19-20, 35-36 y 51-52, vinculan el núcleo con las megacolumnas y contribuyen al control de la deriva lateral producida por las acciones de viento y sismo.
Sobre este sistema resistente, las losas se resuelven mediante vigas de banda postensadas combinadas con losas planas de hormigón armado. La relación entre estructura y geometría se vuelve especialmente significativa en los voladizos: aproximadamente el 30 % de la superficie total de las losas se encuentra en voladizo, con luces habituales de unos 8 metros en las plantas residenciales que alcanzan los 10 metros en determinados puntos (Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). El postensado, ejecutado por la empresa especializada VSL, permite controlar la deflexión de las losas y mantener dentro de parámetros admisibles el desplazamiento relativo entre los paneles de fachada. Este último aspecto resulta especialmente relevante debido al sistema de juntas horizontales (stack joints) empleado en el muro cortina. La apariencia fragmentada de la envolvente depende, por tanto, de una coordinación precisa entre la geometría de las losas, el comportamiento estructural y las tolerancias del cerramiento.
La complejidad se extiende hasta la cimentación. El peso total de la torre, estimado en 3.000 meganewtons e incluyendo peso propio, cargas permanentes, sobrecargas y el peso de la losa de fundación, se transmite mediante un radier de 8,75 metros de espesor apoyado sobre 129 pilotes barrette de hasta 65 metros de profundidad. Estos alcanzan la segunda capa de arena del subsuelo de Bangkok (Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). La escala de la cimentación muestra que la singularidad formal del edificio no se concentra en la envolvente visible: modifica también las condiciones mediante las cuales las cargas son conducidas hacia el terreno.
El comportamiento diferido de la estructura ofrece otra evidencia de esta relación entre forma y construcción. La configuración del remate superior desplaza hacia el oeste el centro de gravedad de los niveles altos y produce un desplazamiento horizontal de largo plazo de 440 milímetros debido exclusivamente a efectos gravitatorios. Al incorporar la acción del viento, el desplazamiento previsto alcanza 780 milímetros, superando el límite admisible para el funcionamiento de los ascensores, establecido en H/500 (Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). Para compensar esta deformación, el equipo de obra desarrolló un procedimiento de pre-setting: cada nivel se ejecutó con un desplazamiento intencional hacia el este, de manera que las deformaciones previstas condujeran progresivamente la estructura hacia su posición vertical de diseño. La solución requirió ensayos específicos sobre la fluencia del hormigón, realizados en colaboración con la King Mongkut University of Technology Thonburi (Chanvaivit, Ly y Clair, 2015).
Este procedimiento permite observar que la geometría de MahaNakhon no puede separarse de su proceso constructivo. La singularidad de las plantas exigió coordinar variaciones geométricas, comportamiento estructural, tolerancias de fachada y secuencias de ejecución. En este contexto, el modelado tridimensional y la detección automatizada de interferencias entre disciplinas adquirieron una función operativa: no se utilizaron únicamente para representar una forma previamente definida, sino para coordinar las condiciones necesarias para construirla.
La relación entre imaginación tectónica e ingeniería estructural, planteada por Kenneth Frampton (1999), adquiere en este caso una dimensión concreta. La irregularidad de MahaNakhon requiere losas postensadas de geometría variable, sistemas específicos de control de deformaciones y una coordinación digital capaz de resolver las diferencias entre plantas. El “píxel” puede entenderse entonces como una unidad que articula tres dimensiones del proyecto. Es espacial, porque define ambientes de profundidad variable; es estructural, porque introduce condiciones particulares de voladizo y transmisión de cargas; y es programático, porque puede alojar terrazas, skyboxes o espacios interiores según su posición dentro de la secuencia de sustracciones.
La sustracción adquiere, en consecuencia, un papel generativo dentro de la organización arquitectónica. No se trata simplemente de retirar fragmentos de un prisma previamente configurado, sino de producir mediante el vacío determinadas relaciones entre estructura, espacio, programa y envolvente. Cada porción ausente modifica simultáneamente la experiencia interior, el comportamiento del borde y la percepción exterior de la torre. En MahaNakhon, la forma construida depende tanto de la continuidad de la masa como de la definición precisa de los vacíos que la interrumpen.
La ciudad horizontal trasladada al eje vertical
El cuarto problema que MahaNakhon plantea es el de la traslación al eje vertical de elementos tradicionalmente asociados con la ciudad horizontal. La secuencia programática del edificio —desde el suelo hasta el mirador— no se limita a apilar funciones, sino que organiza una transformación progresiva de la escala pública a la privada: la plaza pública en el nivel del suelo da paso al podio escalonado de “La Colina”, que aloja las terrazas comerciales con jardines y un mercado de veinticuatro horas; a estas se suman los espacios intermedios del atrio compartido entre la torre y “El Cubo”; por encima, las viviendas gestionadas por Ritz-Carlton se despliegan en plantas que alternan volúmenes contenidos dentro del prisma regular con plantas que incorporan terrazas, balcones o los skyboxes proyectados; finalmente, en el remate, el mirador y el bar panorámico ocupan un volumen de triple altura que culmina en una plataforma de vidrio en voladizo suspendida a 314 metros sobre la ciudad (Büro Ole Scheeren, s. f.; Chanvaivit, Ly y Clair, 2015). Esta secuencia —suelo, plaza, podio, comercio, espacios intermedios, vivienda, terraza, skybox, mirador— constituye el verdadero mecanismo de continuidad urbana del proyecto, antes que las terrazas consideradas de manera aislada: no se trata de un conjunto de balcones distribuidos en altura, sino de una gradación continua de espacios públicos, semipúblicos y privados que replica, en sentido vertical, la secuencia que en la ciudad horizontal se recorre caminando desde la calle hasta el interior doméstico.
La pertinencia de esta operación puede discutirse a la luz de dos referencias que, desde perspectivas distintas, han examinado la relación entre forma urbana y vida pública. Jane Jacobs (2011) sostuvo que la vitalidad de una ciudad depende de la diversidad de usos, la densidad de encuentros casuales y la continuidad de un espacio público accesible y vigilado por sus propios habitantes —condiciones que, en su formulación original, presuponen la horizontalidad de la calle y la manzana urbana tradicional. Rem Koolhaas (2004), por su parte, en su lectura del rascacielos neoyorquino como dispositivo capaz de multiplicar sobre un mismo lote una serie indefinida de “plantas” independientes entre sí —lo que denominó la “cultura de la congestión”—, advirtió tempranamente que la verticalidad no reproduce mecánicamente las condiciones de la ciudad horizontal, sino que instaura una relación radicalmente distinta entre estructura, programa y experiencia urbana, en la cual cada planta puede alojar un mundo autónomo, desconectado de sus vecinas inmediatas.
MahaNakhon se sitúa en la tensión entre ambas posiciones. Por un lado, la secuencia suelo-plaza-podio-terrazas-mirador intenta recuperar, en el eje vertical, algo de la continuidad y la gradación de usos que Jacobs identificó como condición de la vitalidad urbana: la plaza pública, el mercado de funcionamiento continuo, los espacios intermedios compartidos entre la torre y el edificio comercial adyacente. Por otro lado, la persistencia de una fuerte estratificación funcional —comercio en la base, vivienda de alto valor en el cuerpo de la torre, observatorio en el remate— reproduce, en sentido vertical, precisamente la lógica de plantas autónomas y desconectadas entre sí que Koolhaas describió como constitutiva del rascacielos moderno. La apertura espacial de la torre —la multiplicación de terrazas, vacíos y espacios intermedios— no equivale, en consecuencia, de manera automática a una apertura urbana: buena parte de esos espacios, en particular los correspondientes a las residencias y a los skyboxes, permanecen de uso privado o restringido a los propietarios, mientras que la continuidad efectivamente pública del proyecto se concentra en la plaza de acceso, las terrazas comerciales y el mirador. La pregunta crítica que MahaNakhon plantea a la tipología del rascacielos contemporáneo no es, entonces, si logra trasladar la ciudad al eje vertical, sino cuáles de los atributos de esa ciudad —la plaza, el mercado, el encuentro casual— admiten esa traslación sin transformarse en su naturaleza, y cuáles, en cambio, se convierten en simulacro de continuidad urbana al ser reproducidos dentro de un régimen de propiedad y acceso restringido.
Un aspecto adicional de esta verticalización, insuficientemente desarrollado en la difusión periodística del proyecto, es su vínculo con el clima tropical de Bangkok. Los espacios intermedios que la sustracción produce —terrazas cubiertas, balcones profundos, atrios exteriores con vegetación— no son únicamente dispositivos formales o programáticos, sino también climáticos: ofrecen sombra, favorecen la ventilación cruzada y permiten incorporar vegetación en niveles muy elevados, condiciones que Ken Yeang (2001) identificó como componentes centrales de una teoría del proyecto ecológico aplicada a edificios de gran escala, en la que el rascacielos no se concibe como un volumen hermético climatizado artificialmente en toda su altura, sino como una estructura capaz de gestionar de manera diferenciada su relación con el entorno según la orientación y la exposición de cada nivel. En MahaNakhon, la alternancia entre plantas contenidas dentro del prisma regular y plantas que incorporan vacíos o volúmenes en voladizo no responde entonces a un criterio exclusivamente compositivo, sino que articula, planta por planta, una respuesta específica a la incidencia solar, la necesidad de sombra y la posibilidad de ventilación natural, de un modo que sería estructuralmente inviable —y climáticamente redundante— en un prisma liso de fachada continua.




Estructura, habitabilidad y continuidad urbana en altura
El análisis precedente permite sostener que la transformación operada por MahaNakhon sobre la tipología del rascacielos no puede reducirse a un efecto de “pixelación” aplicado sobre un volumen prismático convencional. La documentación estructural disponible demuestra que la irregularidad formal del edificio es indisociable de un sistema constructivo específico —losas post-tensadas de geometría variable, un método de preajuste desarrollado para compensar el desplazamiento inducido por la propia forma del remate, una coordinación digital indispensable para resolver la singularidad de cada nivel—, lo que permite responder a la pregunta que orienta este ensayo: la irregularidad de MahaNakhon es, en un sentido estricto, una consecuencia espacial de su estructura antes que una operación exclusivamente representacional superpuesta sobre una torre convencional, aun cuando ambas dimensiones —la constructiva y la icónica— resulten, en la práctica, inseparables.
Los cuatro problemas examinados —la reformulación de la relación torre-podio, la sustitución de la fachada por una envolvente espacial habitable, la sustracción como operación generadora de espacio y no solo de imagen, y la verticalización parcial y desigual de elementos de la ciudad horizontal— permiten situar a MahaNakhon dentro de una discusión disciplinar más amplia sobre la tipología del rascacielos contemporáneo, discusión en la que confluyen la tradición tectónica formulada por Frampton, la lectura de la congestión vertical propuesta por Koolhaas, la teoría del espacio de Lefebvre y las exigencias de la vida urbana señaladas por Jacobs y por Yeang desde el proyecto ecológico. Considerado en el marco de la trayectoria de Ole Scheeren —desde CCTV, dentro de OMA, hasta la producción posterior de Büro Ole Scheeren—, MahaNakhon se revela como un proyecto de transición cuyo interés no reside únicamente en la singularidad de su imagen, sino en la manera en que articula, con un grado de resolución técnica poco frecuente en la bibliografía de difusión, la relación entre estructura, espacio habitable y continuidad urbana en la altura.
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Referencias bibliográficas
Büro Ole Scheeren. s. f. «MahaNakhon». Büro Ole Scheeren. Accedido el 25 de enero de 2020. https://buro-os.com/projects/mahanakhon.
Chanvaivit, K., A. Ly, y C. Clair. 2015. «The Structural Design and Construction of the MahaNakhon Tower». En The Future of Tall: A Selection of Written Works on Current Skyscraper Innovations, 46-55. Chicago: Council on Tall Buildings and Urban Habitat. https://global.ctbuh.org/resources/papers/download/2403-the-structural-design-and-construction-of-the-mahanakhon-tower.pdf.
Frampton, Kenneth. 1999. Estudios sobre cultura tectónica: poéticas de la construcción en la arquitectura de los siglos XIX y XX. Madrid: Akal.
Jacobs, Jane. 2011. Muerte y vida de las grandes ciudades. Madrid: Capitán Swing.
Koolhaas, Rem. 2004. Delirio de Nueva York: un manifiesto retroactivo para Manhattan. Barcelona: Gustavo Gili.
Lefebvre, Henri. 2013. La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing.
OMA. 2010. «OMA and Ole Scheeren to Work Independently». Comunicado de prensa. 1 de marzo de 2010. https://www.oma.com/news/oma-and-ole-scheeren-to-work-independently.
Yeang, Ken. 2001. El rascacielos ecológico. Barcelona: Gustavo Gili.
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