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Montemurlo, muralla conciliadora

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Centro de Salud de Montemurlo, Ipostudio Arquitectos

Situado en un paisaje de agrícola tradición, sobre en una colina en la Toscana Italiana, el proyecto reutiliza edificaciones rurales existentes para fusionarlas en nueva estructura funcional, mediante un cuerpo semicircular que recorre el borde del terreno. Esta decisión potencia la idea de una unica fachada hacia el valle.

El elemento que vincula las edificaciones mantiene el concepto de las masías típicas de las colinas Toscanas, construcciones que se caracterizan por tener un sótano de tamaño excesivo para establecer un jardín en la azotea. La serie de  terrazas construidas con muros de piedra seca refuerza el compromiso entre la filosofía del diseño y la complejidad morfológica del suelo.  

Las nuevas unidades del centro de salud se estructuran en una cuadrícula radial con vistas al valle, un sistema repetitivo que abarca los dos niveles del edificio. El muro y las carpinterías actúan como un sistema de doble piel: un plano de vidrio limita las habitaciones a 1.80 metros por detrás del muro, que resulta una segunda envolvente.  De esta forma, las habitaciones alcanzan una visión libre hacia el valle a través del juego de llenos y vacíos. El mampuesto de piedras dispone de aberturas al azar, que hace de cada habitación individual un signo identificable.

“Un compromiso entre la filosofía del diseño y de la complejidad morfológica del suelo tuvo que ser alcanzado debido a la peculiaridad de la clase de liquidación. A causa de eso, surge la idea de una sola fachada hacia el valle y su perfil de flexión que simula las curvas de nivel del suelo.”

Memoria descriptiva

El proyecto está situado en una zona de gran importancia paisajística por su intrínseca tradición agrícola, caracterizada por la presencia de terrazas construidas con muros de piedra seca de tamaño considerable. Debido a la peculiaridad del tipo de asentamiento, fue necesario llegar a un compromiso entre la filosofía de diseño y la complejidad morfológica del suelo. De ahí surge la idea de una sola fachada hacia el valle y su perfil de curvatura que simula las líneas de contorno del suelo.

El propósito ha sido, por tanto, éste de fusionar la nueva presencia con la existente mediante la reutilización funcional y la integración de los edificios rurales existentes a las nuevas estructuras. El elemento de unión deriva del concepto de corral, un aspecto típico de las casas de campo de las colinas toscanas. En los casos de gran inclinación, el corral se caracteriza por un sótano de tamaño excesivo como para componer un jardín de techo. Aquí el nivel del corral determina el nivel de las estructuras preexistentes y éste el del acceso al complejo.

Por consiguiente, las unidades residenciales están situadas en el volumen que se forma entre el muro límite y la ladera de la colina. La organización del complejo incluye las unidades dispuestas en una cuadrícula radial con vistas al valle según un sistema repetitivo en dos niveles. El sótano ofrece una mirada libre hacia el valle a través de un juego de sólidos y vacíos que se logró mediante un “muro” de dos niveles. La presencia de esta pared funciona como un diafragma de doble piel: una piel de pared de vidrio que permite un contacto directo con las habitaciones de huéspedes y una segunda situada a una distancia de 1,80 m de la primera.

Es una pared de piedra perforada con aperturas aleatorias que hace que cada habitación sea identificable a pesar de la configuración del plano. La fachada exterior del muro tiene un revestimiento de piedra local, tomada del lugar de la excavación, como una evocación de los muros de piedra seca, típicos de la campiña toscana.

Ipostudio Arquitectos

Fotografías: ©Pietro Savorelli, Jacopo Carli / Ipostudio

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