La impermanencia como sistema operativo en la arquitectura de Margot Krasojevic

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La producción arquitectónica de Margot Krasojevic plantea una reconsideración de la arquitectura como un sistema adaptativo capaz de responder a escenarios ambientales caracterizados por la incertidumbre climática y la transformación continua. Su trabajo desplaza el interés desde la estabilidad formal hacia el desempeño dinámico mediante la incorporación de materiales inteligentes, envolventes cinéticas y herramientas de modelación computacional que integran variables ambientales durante el proceso proyectual. La representación digital adquiere un papel operativo al convertirse en un mecanismo de generación espacial que vincula simulación, percepción y comportamiento físico de la obra. Paralelamente, sus investigaciones cuestionan las tradiciones tectónicas y las tipologías permanentes, proponiendo paisajes artificiales definidos por procesos energéticos antes que por analogías formales con la naturaleza. El marco teórico incorpora aportaciones de Heidegger, Kant, Jameson, Lebbeus Woods y Ken Yeang para interpretar la arquitectura como un sistema abierto donde la adaptabilidad, la complejidad y la interacción entre tecnología, ambiente y experiencia constituyen los principios fundamentales del proyecto contemporáneo.

Palabras clave: Margot Krasojevic, arquitectura adaptativa, diseño computacional, arquitectura experimental, arquitectura y cambio climático.

Arquitectura adaptativa frente a la incertidumbre climática

La arquitectura contemporánea atraviesa un proceso de revisión impulsado por la inestabilidad de los sistemas climáticos globales y por el cuestionamiento de las condiciones materiales que sustentaron la modernidad. En este contexto, la obra de Margot Krasojevic constituye un campo de investigación centrado en la capacidad de adaptación de la arquitectura frente a condiciones ambientales extremas. La impermanencia se configura como el principio organizador de su producción, al sustituir la búsqueda de estabilidad permanente por sistemas capaces de responder a escenarios de transformación continua. En proyectos emplazados en territorios afectados por el avance del permafrost, vientos de alta velocidad o amplias oscilaciones térmicas que comprometen el desempeño de los materiales convencionales, la autora incorpora estas variables como parámetros de diseño. Este enfoque mantiene afinidad con los principios ecológicos planteados por Ken Yeang (1999), quien propone una arquitectura articulada con los procesos naturales. Krasojevic amplía esta perspectiva al concebir el edificio como un sistema tecnológico capaz de incorporar la incertidumbre climática en su funcionamiento.

Desde esta aproximación, la impermanencia deja de entenderse como una condición asociada a la fragilidad para asumir un papel operativo dentro del proyecto arquitectónico. La estructura se configura como un sistema capaz de interactuar con los flujos energéticos del entorno mediante componentes cinéticos y materiales inteligentes que modifican su comportamiento en respuesta a variaciones térmicas. Esta condición replantea la relación entre arquitectura y territorio al cuestionar la noción de estabilidad como atributo permanente. En su lugar, el edificio se concibe como un sistema abierto cuya configuración evoluciona en función de los procesos ambientales que lo afectan.

La incorporación de materiales sensibles y geometrías derivadas de procesos de morfogénesis computacional permite integrar las dinámicas del entorno en la definición de la forma arquitectónica. Como resultado, la arquitectura deja de imponerse sobre el emplazamiento para establecer una relación de interacción continua con él. La obra adquiere así una condición variable que reconoce el cambio como característica inherente de los paisajes extremos y sitúa al edificio como una interfaz dinámica entre materia, energía y ambiente.

Esta capacidad de adaptación encuentra su fundamento en metodologías de diseño computacional que permiten simular el comportamiento de la estructura antes de su materialización. La modelación digital evalúa la respuesta del edificio frente a distintos escenarios ambientales e incorpora dichas variables al proceso proyectual. De este modo, el cálculo computacional se vincula con el comportamiento físico de la obra, estableciendo una correspondencia entre el modelo digital, las propiedades de los materiales y las condiciones fenomenológicas del lugar.

Margot Krasojevic

Representación computacional y generación de nuevas configuraciones espaciales

En el proceso proyectual de Krasojevic, la tecnología digital trasciende su función como instrumento de representación para convertirse en un medio de configuración espacial. La representación digital actúa como un dispositivo que integra elementos del entorno físico en lo que la autora denomina contingencias virtuales inquisidoras (Krasojevic, 2008). Los sistemas de representación constituyen mecanismos de producción de conocimiento que surgen de la interacción entre la percepción y un entorno en permanente transformación. Los datos ambientales se procesan mediante algoritmos generativos que permiten explorar configuraciones espaciales alejadas de la geometría euclidiana y reformular las relaciones entre forma, programa y contexto. Como resultado, las propuestas adquieren una condición variable que cuestiona las correspondencias estables entre configuración arquitectónica y función (Krasojevic, 2011).

El análisis formal de estas investigaciones evidencia una revisión de los sistemas convencionales de representación, en los que la planta y la sección han ocupado un lugar central como instrumentos de definición proyectual. Krasojevic incorpora modelos de simulación capaces de modificar parámetros ambientales, como la incidencia de la radiación solar y la proyección de sombras, con el propósito de construir escenarios que trascienden la descripción objetiva del espacio construido. Estas simulaciones introducen una dimensión interpretativa que amplía la comprensión del proyecto y convierte la representación en un campo de experimentación formal y perceptiva.

En este contexto, la estructura, la materialidad y el significado arquitectónico evolucionan de manera simultánea. La manipulación de variables visuales mediante modelos digitales altera los mecanismos convencionales de percepción y cuestiona las lecturas históricas o funcionales que tradicionalmente han definido la identidad del edificio. La representación deja de registrar una realidad preexistente para participar activamente en la producción del proyecto, incorporando la incertidumbre y la transformación como condiciones del proceso de diseño.

La inserción de estas morfologías en contextos urbanos genera nuevas relaciones entre simulación y realidad construida. La imagen digital deja de constituir una fase preliminar de la arquitectura para convertirse en una dimensión constitutiva del proyecto, capaz de anticipar comportamientos espaciales, evaluar escenarios ambientales y ampliar las posibilidades de configuración del entorno construido. Desde esta perspectiva, la representación computacional adquiere un papel operativo dentro del proceso arquitectónico y contribuye a redefinir los modos en que la arquitectura produce y comunica espacio.

Paisajes artificiales, procesos ambientales y transformación tectónica

La crítica a una arquitectura de carácter descriptivo constituye uno de los ejes conceptuales del pensamiento de Krasojevic. La autora cuestiona aquellas aproximaciones que reproducen las formas de la naturaleza sin incorporar los procesos ambientales que las originan, pues considera que esta actitud limita la capacidad proyectual de la arquitectura para producir nuevas configuraciones espaciales (Krasojevic, 2011). Desde esta perspectiva, la sostenibilidad no se reduce a la reproducción de geometrías orgánicas, sino que exige comprender e integrar las dinámicas energéticas que condicionan el comportamiento del entorno construido. En consecuencia, sus proyectos plantean paisajes artificiales concebidos mediante procesos de modelación digital y experimentación material, donde la forma surge de la interacción entre variables ambientales, estructurales y tecnológicas.

Esta posición encuentra un sustento teórico en la concepción kantiana de la representación, entendida como la articulación de múltiples representaciones posibles mediante las cuales el sujeto construye su comprensión del mundo (Kant, 2005). En este marco, la arquitectura se interpreta como una realidad abierta a diversas configuraciones espaciales, mientras que el objeto trascendental, analizado por Beade (2009), establece el límite de una percepción necesariamente parcial. El proyecto arquitectónico deja de constituir una representación unívoca para convertirse en un sistema capaz de admitir múltiples interpretaciones derivadas de la interacción entre el espacio, el observador y las condiciones ambientales.

La experiencia de espacios carentes de una identidad formal estable introduce una relación distinta entre el usuario y el entorno construido. La impermanencia deja de entenderse como una excepción para asumirse como una condición inherente a los paisajes sometidos a procesos continuos de transformación. En este contexto, la arquitectura privilegia la capacidad de adaptación antes que la permanencia material, incorporando sistemas que responden a las variaciones del medio mediante dispositivos de captación de humedad atmosférica, control de corrientes eólicas o modificación de su comportamiento físico. Estas operaciones desplazan el interés desde la estabilidad formal hacia el desempeño ambiental y la interacción entre estructura, materia y clima.

Esta aproximación también cuestiona modelos disciplinares sustentados en la repetición de tipologías y metodologías consolidadas, cuya permanencia limita la incorporación de nuevas herramientas proyectuales (Voyatzaki, 2010). La modelación digital y la simulación ambiental adquieren, en consecuencia, un papel central dentro del proceso de diseño al permitir anticipar el comportamiento del edificio y evaluar escenarios de transformación antes de su materialización. La arquitectura se configura así como un sistema abierto, donde la técnica constructiva, la experimentación computacional y la reflexión teórica convergen para explorar nuevas relaciones entre espacio, percepción y adaptación ambiental.

Arquitectura, complejidad y crítica al urbanismo contemporáneo

La producción teórica y proyectual de Krasojevic se inscribe en el debate contemporáneo sobre la transformación de la ciudad y la relación entre arquitectura, técnica y experiencia del habitar. En consonancia con las reflexiones de Heidegger (2001) acerca de la técnica y el habitar, la autora reconoce la importancia del contexto como condición inseparable de la existencia humana. Sin embargo, desplaza esta interpretación al cuestionar la posición del edificio dentro del tejido urbano contemporáneo e introducir el concepto de la ilusión como un nuevo contexto de verdad (Krasojevic, 2011). En este planteamiento establece una distinción entre la aproximación fenomenológica, orientada a comprender la experiencia desde la presencia, y una perspectiva dualista que diferencia percepción y construcción. Esta separación permite entender la ilusión como un recurso proyectual capaz de revelar dimensiones espaciales que no resultan evidentes en la experiencia inmediata.

Desde esta perspectiva, la arquitectura se enfrenta a una tensión entre la velocidad de las transformaciones sociales y la permanencia de las estructuras urbanas. Mientras las formas de vida se modifican por efecto de la digitalización y la aceleración de los procesos de comunicación, gran parte del entorno construido mantiene modelos espaciales vinculados a identidades históricas consolidadas. Krasojevic interpreta este desfase como una limitación para la disciplina, ya que la arquitectura suele responder a cambios que ya se han producido en lugar de anticipar nuevas formas de habitar.

Esta crítica se amplía hacia las condiciones ideológicas que orientan la producción arquitectónica en el capitalismo tardío. Jameson (2008) sostiene que el sistema económico incorpora la arquitectura icónica como un mecanismo de legitimación cultural asociado al mercado y a la tradición. En este contexto, la innovación disciplinar tiende a validarse en la medida en que permanece vinculada a estructuras institucionales consolidadas, lo que restringe la exploración de alternativas proyectuales y reduce el margen para la experimentación.

Frente a este escenario, Krasojevic propone una práctica arquitectónica fundamentada en la investigación y en la producción colectiva de conocimiento. La colaboración entre el autor y las redes globales de intercambio disciplinar favorece el desarrollo de propuestas abiertas a la transformación y a la incorporación de nuevas variables ambientales, tecnológicas y sociales (Kim, 2011). La investigación adquiere así un papel central como instrumento para revisar modelos establecidos y formular formas de habitabilidad acordes con contextos de cambio permanente. En este marco, la teoría de la complejidad y los sistemas adaptativos proporcionan un soporte conceptual para comprender la arquitectura como un proceso dinámico, cuya capacidad de respuesta resulta más relevante que la permanencia de sus configuraciones formales.

Percepción espacial, fragmentación formal y sistemas dinámicos

La arquitectura, entendida como un sistema de organización espacial, posee la capacidad de modificar las formas en que el habitante percibe, interpreta y utiliza el entorno construido. En la obra de Krasojevic, esta condición se expresa mediante una fragmentación de la composición arquitectónica que sustituye la unidad formal tradicional por secuencias espaciales articuladas a través de discontinuidades geométricas, cambios de escala y relaciones dinámicas entre los distintos elementos del proyecto. La escala deja de operar únicamente como un recurso compositivo para convertirse en un mecanismo que transforma la experiencia espacial y cuestiona las referencias tipológicas convencionales. En este contexto, el concepto de hiperrealidad resulta pertinente para describir escenarios en los que la percepción oscila entre la experiencia física y los entornos digitales simulados (Krasojevic, 2011). La configuración espacial responde así a una lógica de transformación continua, donde la axialidad, la volumetría y la secuencia de recorridos se subordinan a procesos de interacción y cambio.

La relación entre espacio y percepción se fundamenta en el movimiento del cuerpo y en la experiencia del recorrido, tal como plantea Graham Livesey (2004) en sus estudios sobre la experiencia urbana contemporánea. Desde esta perspectiva, los proyectos de Krasojevic conciben la inserción de la arquitectura en el contexto como un proceso dinámico en el que el significado del edificio se construye mediante la interacción con el usuario y las condiciones del entorno. El edificio deja de entenderse como un objeto destinado exclusivamente a la contemplación para configurarse como un sistema espacial cuya interpretación depende de la experiencia del recorrido y de la variabilidad de las condiciones ambientales.

Las operaciones proyectuales basadas en la alteración de escalas, la superposición de sistemas geométricos y el empleo de topologías complejas buscan redefinir la experiencia de habitar desde una condición cambiante. Estas configuraciones se complementan con envolventes cinéticas y sistemas capaces de modificar su comportamiento en respuesta a estímulos externos, estableciendo una relación activa entre estructura, materialidad y ambiente. La complejidad formal derivada de estos procesos exige, a su vez, una resolución constructiva capaz de materializar los modelos computacionales que originan el proyecto, estableciendo una correspondencia entre diseño algorítmico, comportamiento estructural y factibilidad técnica.

Proyectos como el Buenos Aires Observatory Art Museum sintetizan estos planteamientos al integrar simulación digital, percepción y contexto urbano dentro de un mismo sistema proyectual. En esta propuesta, el edificio funciona simultáneamente como dispositivo de observación y como objeto de observación, generando relaciones cambiantes entre usuario, arquitectura y paisaje mediante el uso de reflejos, transparencias y variaciones controladas de la iluminación. La experiencia espacial resulta de la interacción entre estos factores y sitúa la percepción como un componente activo en la construcción del significado arquitectónico.

Investigación, construcción y validación de arquitecturas adaptativas

La investigación teórica constituye un componente esencial de la arquitectura contemporánea, especialmente cuando el proyecto explora escenarios que exceden los marcos disciplinares convencionales. En este sentido, Lebbeus Woods (2012) sostiene que la necesidad de dibujar o construir determinadas propuestas surge cuando los procedimientos tradicionales dejan de ofrecer respuestas adecuadas a los desafíos de la sociedad contemporánea. Desde una perspectiva similar, Livesey (2004) señala que el espacio construido incorpora hábitos, supuestos y formas de ocupación que condicionan la experiencia cotidiana, lo que otorga a la arquitectura un papel activo en la transformación de esas relaciones. La producción de Krasojevic se inscribe en este marco de investigación al utilizar el dibujo, la simulación digital y la experimentación computacional como instrumentos para ampliar el conocimiento disciplinar. Sin embargo, el alcance de estas investigaciones depende, en gran medida, de su capacidad para trasladar los modelos especulativos al ámbito de la construcción y evaluar su desempeño en condiciones reales.

Este paso hacia la materialización no implica abandonar los principios de impermanencia y adaptabilidad que caracterizan su trabajo, sino comprobar su viabilidad mediante sistemas constructivos capaces de responder a contextos ambientales cambiantes. En territorios sometidos a condiciones climáticas extremas, la adaptación deja de constituir una cualidad exclusivamente conceptual para convertirse en un criterio de desempeño arquitectónico. Desde esta perspectiva, la arquitectura se configura como una interfaz entre la estructura, los materiales y las dinámicas ambientales, incorporando mecanismos de respuesta capaces de modificar el comportamiento del edificio en función de las condiciones del entorno.

La articulación entre investigación teórica, diseño computacional y experimentación constructiva permite plantear modelos arquitectónicos concebidos como sistemas abiertos, integrados en procesos ambientales y adaptativos. Esta aproximación desplaza el interés desde la permanencia formal hacia la capacidad del edificio para responder a escenarios variables, incorporando principios procedentes de la teoría de la complejidad y del diseño basado en el desempeño. En consecuencia, la arquitectura se entiende como un proceso evolutivo cuya configuración depende de la interacción continua entre condiciones ambientales, desarrollo tecnológico y transformación social.

En este contexto, la obra de Krasojevic plantea una reflexión sobre las posibilidades de una arquitectura concebida para operar en escenarios de incertidumbre. La consolidación de este enfoque dependerá de la capacidad de materializar las hipótesis desarrolladas mediante la simulación digital y verificar su comportamiento frente a solicitaciones ambientales reales, como la acción del viento, los ciclos de hielo y deshielo o las variaciones térmicas. La correspondencia entre el modelo computacional y el desempeño físico de la obra constituye, en última instancia, el principal criterio para valorar el alcance arquitectónico y técnico de estas investigaciones.

Marcelo Gardinetti

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1232