Casa en Mar Azul: Arquitectura y Paisaje en el Bosque Costero

Gardinetti, Marcelo

Arquitecto, Editor de Tecnne · La Plata, Argentina

Resumen

La Casa en Mar Azul, proyectada por BAK Arquitectos, constituye una investigación sobre la inserción de arquitectura residencial en ecosistemas forestales costeros de alta sensibilidad ambiental. Implantada en un terreno boscoso de médanos estabilizados, la vivienda adopta una estrategia de mínima intervención que preserva la topografía natural y la totalidad de la masa arbórea preexistente. La organización espacial surge de la relación directa entre estructura, paisaje y condiciones climáticas, articulando espacios de distinta privacidad mediante sistemas portantes diferenciados. El hormigón visto, el vidrio y la madera conforman una materialidad austera orientada a la durabilidad y al bajo mantenimiento, mientras que la iluminación cenital y las amplias superficies vidriadas fortalecen el vínculo perceptivo con el entorno. La obra demuestra cómo las restricciones económicas, ambientales y constructivas pueden transformarse en principios proyectuales capaces de generar calidad espacial. Su relevancia reside en ofrecer un modelo de habitabilidad que compatibiliza preservación ambiental, eficiencia material y precisión tectónica dentro de la arquitectura contemporánea argentina.

Palabras clave: arquitectura de bajo impacto, BAK Arquitectos, vivienda en bosque costero, hormigón visto, integración paisaje-arquitectura.

Casa en Mar Azul: Arquitectura y Paisaje en el Bosque Costero

La implantación de arquitectura contemporánea en el litoral bonaerense exige una comprensión precisa de las dinámicas ambientales que caracterizan los sistemas de médanos y bosques costeros. En este contexto, la Casa en Mar Azul se presenta como una intervención que incorpora las condiciones preexistentes del sitio como parte constitutiva del proyecto. Su relevancia radica en la capacidad de establecer una ocupación compatible con un ecosistema sensible, preservando tanto la topografía natural como la masa arbórea existente.

El proyecto se desarrolla a partir de una lectura atenta de las condiciones ambientales y topográficas del sitio. La vivienda se implanta en el bosque sin alterar sustancialmente su configuración, incorporando las preexistencias vegetales y las particularidades del terreno como factores determinantes del diseño. De este modo, la parcela deja de entenderse como un soporte neutro para convertirse en un componente activo del proceso proyectual.

Las variaciones de sombra, la densidad del arbolado, la circulación de los vientos y la topografía existente condicionan la organización del volumen, la disposición de los espacios y la definición de los sistemas constructivos. La arquitectura adopta así una posición de adaptación frente al lugar, articulando una relación directa entre las condiciones ambientales y las decisiones de proyecto.

Esta aproximación se traduce en una implantación de bajo impacto que preserva la morfología natural del terreno y la masa arbórea existente. A partir de estas premisas, la vivienda configura una relación continua con el paisaje, aspecto que estructura el conjunto de las operaciones proyectuales analizadas en los apartados siguientes.

La ausencia de un cliente específico durante las etapas iniciales permitió a BAK Arquitectos desarrollar la obra como un campo de exploración proyectual centrado en tres condicionantes concretos: mínimo impacto sobre el terreno, bajo costo de ejecución y ausencia de requerimientos significativos de mantenimiento. Estas premisas dieron lugar a una arquitectura austera en términos materiales y constructivos, donde cada decisión responde simultáneamente a criterios ambientales, económicos y técnicos.

BAK Arquitectos, Casa en Mar Azul, vista frente en escorzo

Implantación Territorial y Adaptación a la Estructura Forestal Existente

La configuración del partido arquitectónico surge de una lectura detallada de las condiciones topográficas y forestales del lote. Ubicada en Mar Azul, la vivienda se implanta sobre un terreno con pendiente suave hacia la vía pública, circunstancia que condiciona la relación del volumen con la cota de acceso y contribuye a reducir su presencia visual dentro del paisaje. Con una superficie de 75 m², la obra adopta una volumetría compacta y exenta, cuya geometría responde a la necesidad de minimizar la ocupación del suelo y concentrar el programa en una única pieza edificada.

La presencia de cuarenta y tres pinos preexistentes constituyó el principal condicionante proyectual. En lugar de ordenar el terreno mediante la remoción de ejemplares o la modificación de la topografía, el proyecto ajusta su implantación a la estructura vegetal existente. La posición del volumen y la disposición de los apoyos fueron definidas a partir de la localización precisa de los troncos y de la preservación de los sistemas radiculares, permitiendo que la construcción se inserte entre los árboles con una mínima alteración del sustrato natural.

Esta operación determina una relación particular entre arquitectura y paisaje. La vivienda se percibe de manera fragmentaria entre las alineaciones verticales del pinar, mientras que la baja altura del prisma de hormigón contribuye a reducir el impacto visual de la masa construida. La volumetría acompaña las condiciones naturales del terreno y evita movimientos significativos de suelo, conservando la morfología del médano estabilizado sobre el que se asienta.

La secuencia de aproximación refuerza esta condición de integración. El edificio no se presenta como un objeto aislado dentro del bosque, sino como una presencia que se revela progresivamente a través de la vegetación. La implantación establece así una continuidad espacial entre el terreno forestal y los espacios habitables, relación que estructura tanto la percepción exterior de la obra como la organización de sus ambientes interiores.

Materialidad, Tectónica y Construcción de la Envolvente Arquitectónica

La materialidad de la Casa en Mar Azul se organiza a partir de tres componentes principales: hormigón armado, madera y vidrio. La selección de estos materiales responde tanto a criterios de durabilidad como a las exigencias ambientales del litoral atlántico, donde la humedad, la salinidad y la exposición permanente a los agentes climáticos condicionan el comportamiento de la envolvente. Bajo estas premisas, el proyecto adopta una lógica constructiva que prescinde de revestimientos y tratamientos posteriores, concentrando la expresión arquitectónica en los propios elementos estructurales.

El hormigón visto constituye el material predominante y define la identidad tectónica de la obra. Su superficie conserva la huella de las tablas de pino empleadas durante el encofrado, transfiriendo al material una textura estriada que registra el proceso constructivo y establece una relación visual con el contexto forestal. La modulación de las tablas queda incorporada a la masa del hormigón como parte de su acabado definitivo, evidenciando una concepción en la que estructura, cerramiento y terminación conforman una única unidad material.

Las superficies de hormigón visto establecen afinidades materiales con el contexto forestal mediante sus variaciones de textura, relieve y tonalidad. La huella del encofrado introduce una rugosidad que remite a las cortezas de los pinos circundantes, reduciendo el contraste entre la masa construida y el paisaje. Estas correspondencias no derivan de una imitación formal de la naturaleza, sino de la explotación consciente de las cualidades físicas inherentes al propio sistema constructivo.

En contraste con la masa opaca del hormigón, la fachada principal se resuelve mediante amplios paños vidriados que ocupan la totalidad del frente correspondiente al área social. Esta apertura introduce una condición de transparencia que amplía la percepción espacial del interior y establece una relación visual continua con el bosque. Al mismo tiempo, el vidrio adquiere un comportamiento variable según las condiciones lumínicas, alternando entre transparencia y reflexión. Durante determinados momentos del día, la superficie refleja la vegetación circundante y reduce la percepción volumétrica del edificio, incorporando fragmentos del paisaje a la imagen de la fachada.

La ausencia de revestimientos y terminaciones superpuestas refuerza la lógica material del proyecto. El hormigón, la madera y el vidrio se presentan de acuerdo con sus propiedades específicas, permitiendo que la expresión arquitectónica surja de la interacción entre estructura, textura y luz. Esta economía de recursos desplaza la atención hacia la precisión constructiva y la capacidad de los materiales para definir la identidad visual y tectónica de la obra.

Estructura Portante, Organización Funcional y Continuidad Espacial

El sistema estructural de la Casa en Mar Azul expresa con claridad la organización funcional de la vivienda y la diferenciación espacial entre áreas públicas y privadas. La estructura no constituye un soporte independiente de la arquitectura, sino que participa activamente en la definición de la espacialidad, la distribución del programa y las condiciones ambientales de cada recinto.

La cubierta se resuelve mediante una losa plana de hormigón armado que unifica el conjunto bajo un único plano horizontal. Su sistema de apoyos responde a dos situaciones diferenciadas. En el sector destinado a dormitorios y servicios, la losa descarga sobre tabiques portantes de hormigón armado. Estos elementos estructurales concentran las cargas verticales y, al mismo tiempo, configuran un ámbito de mayor resguardo e intimidad. La continuidad material entre muros y cubierta refuerza la percepción de solidez de este sector, mientras que la masa térmica del hormigón contribuye a estabilizar las condiciones interiores.

La resolución estructural cambia en el área social. El espacio destinado a estar y comedor reduce al mínimo la presencia de elementos portantes opacos mediante la incorporación de perfiles metálicos de sección contenida, integrados a los cerramientos vidriados. Esta operación permite liberar el frente principal y construir una relación directa entre el interior y el paisaje circundante. La cubierta adquiere así una marcada condición de liviandad visual, acentuada por la continuidad de los paños de vidrio y por la reducción de los apoyos perceptibles desde el exterior.

La diferenciación entre ambos sistemas estructurales traduce una jerarquía funcional precisa. Mientras los espacios privados se organizan a partir de una lógica de masa, espesor y cerramiento, las áreas comunes se articulan mediante transparencia, apertura y continuidad visual. La estructura se convierte así en un mecanismo de cualificación espacial capaz de expresar las distintas condiciones de uso que coexisten dentro de un volumen de dimensiones reducidas.

La expansión exterior prolonga esta lógica constructiva. Frente al área social, una plataforma de madera configura una transición gradual entre la vivienda y el terreno natural. Su resolución mediante apoyos puntuales minimiza el contacto con el suelo y evita modificaciones significativas de la topografía existente. La terraza funciona como un plano intermedio que extiende el espacio habitable hacia el exterior y establece una continuidad funcional con las actividades desarrolladas en el interior.

La disposición de las aberturas y la organización longitudinal de la planta favorecen la ventilación cruzada, aspecto especialmente relevante en las condiciones climáticas del litoral atlántico. En este sentido, la estructura participa también en el desempeño ambiental de la vivienda, permitiendo compatibilizar apertura, protección y eficiencia pasiva. La lógica portante, la organización programática y las condiciones de confort conforman así un sistema integrado en el que cada decisión constructiva contribuye simultáneamente a la definición espacial y al comportamiento ambiental del edificio.

Luz Natural, Percepción Espacial y Configuración Atmosférica

La configuración espacial de la Casa en Mar Azul depende en gran medida del tratamiento de la luz natural, incorporada al proyecto como un componente activo en la definición de la atmósfera interior. La iluminación no se distribuye de manera homogénea, sino que se modula a través de distintos dispositivos arquitectónicos que introducen variaciones de intensidad, dirección y profundidad perceptiva a lo largo del día.

Un elemento central en esta operación es la perforación practicada en la losa de cubierta sobre el sector del comedor. La abertura interrumpe la continuidad del plano horizontal y genera una depresión que actúa como captador de luz cenital. Su ubicación introduce una jerarquía espacial dentro de la planta, diferenciando el área de reunión mediante una condición lumínica específica. La presencia de las copas de los pinos sobre la cubierta transforma esta entrada de luz en un fenómeno variable, donde las sombras proyectadas y los cambios de densidad luminosa registran las oscilaciones del entorno inmediato.

Esta relación entre iluminación cenital y vegetación produce una espacialidad en constante transformación. El interior incorpora así referencias temporales y ambientales que modifican la percepción de los recintos sin necesidad de recurrir a recursos formales adicionales. La luz deja de funcionar únicamente como un factor de iluminación para convertirse en un mecanismo de articulación espacial y de cualificación perceptiva.

Las superficies interiores refuerzan este comportamiento. Los muros revocados y pintados de blanco incrementan la reflexión lumínica y favorecen una distribución más homogénea de la claridad en los distintos ambientes. Esta decisión establece un contraste deliberado con la materialidad exterior del hormigón visto, donde predominan la textura, la rugosidad y el registro constructivo. En el interior, por el contrario, las superficies continuas y uniformes contribuyen a construir una atmósfera más abstracta y contenida.

Los pavimentos de cemento alisado en tonalidades claras prolongan esta lógica material. Su neutralidad cromática reduce las interferencias visuales y contribuye a la lectura unitaria del espacio, aspecto especialmente relevante en una vivienda de superficie acotada. La continuidad de los acabados favorece una percepción ampliada de la planta y refuerza la fluidez entre los distintos ámbitos domésticos.

La economía de recursos materiales concentra la atención en los elementos que estructuran la experiencia espacial: la luz, las vistas y las relaciones visuales establecidas a través de los cerramientos vidriados. Como resultado, la habitabilidad de la vivienda no depende de la complejidad formal ni de la acumulación de elementos interiores, sino de una cuidadosa articulación entre iluminación natural, proporción espacial y materialidad. La atmósfera resultante combina claridad, profundidad visual y variabilidad perceptiva, cualidades que constituyen uno de los aspectos más significativos de la obra.

Volúmenes Auxiliares y Organización Programática del Conjunto

La claridad funcional de la propuesta se manifiesta también en la segregación de las funciones secundarias fuera del volumen principal de la vivienda. A una distancia prudencial del prisma de hormigón, se sitúa un volumen autónomo de madera, cuya geometría vertical se distingue nítidamente de la horizontalidad dominante de la casa. Este pequeño prisma vertical tiene como función albergar un baño auxiliar, el depósito y el tanque de reserva de agua. La decisión de separar estas piezas programáticas responde a la necesidad de mantener la pureza geométrica y la compacidad formal de la vivienda principal, evitando que elementos técnicos o de almacenamiento interfieran con la fluidez de la planta social o la privacidad de los dormitorios.

Este módulo de madera se oculta deliberadamente entre la densidad de los árboles, utilizando su esbeltez y su materialidad orgánica para mimetizarse con los troncos. Al desvincular estas funciones de la estructura principal, los arquitectos logran que la casa mantenga una relación más limpia con el paisaje, eliminando ruidos visuales que podrían derivarse de las instalaciones de servicios. La autonomía de este prisma no solo resuelve una necesidad técnica, sino que refuerza la lectura de la casa como un objeto liviano y exento que ha sido depositado con precisión en un claro del bosque. El uso de la madera en este volumen secundario establece además un contrapunto material con el hormigón, diversificando la paleta tectónica del conjunto sin romper la unidad cromática del paisaje costero. La separación programática garantiza que la vivienda conserve su carácter de mirador ininterrumpido hacia el entorno forestal.

BAK Arquitectos, Casa en Mar Azul, vista frontal

Aportes de la Obra a la Arquitectura Residencial de Bajo Impacto

El análisis de la Casa en Mar Azul permite identificar una correspondencia consistente entre las condiciones iniciales del encargo y las soluciones arquitectónicas adoptadas. El proyecto responde a tres condicionantes fundamentales —mínimo impacto sobre el terreno, presupuesto acotado y escasos requerimientos de mantenimiento— mediante una serie de decisiones que integran implantación, estructura, materialidad y organización espacial en un sistema coherente.

La preservación de la topografía existente y de la masa arbórea determina la localización del volumen y la configuración de sus apoyos, mientras que la compacidad de la planta contribuye a reducir la ocupación del suelo y a optimizar los recursos constructivos. Del mismo modo, la elección del hormigón visto como material predominante responde simultáneamente a criterios de durabilidad, mantenimiento y expresión arquitectónica, integrando estructura, cerramiento y terminación en una única solución tectónica.

La organización funcional, la diferenciación estructural entre áreas públicas y privadas, el empleo de amplias superficies vidriadas y la incorporación de iluminación cenital evidencian una atención particular a la calidad espacial de una vivienda de dimensiones reducidas. Estas operaciones permiten ampliar la percepción del espacio interior y establecer una relación continua con las condiciones ambientales del sitio sin recurrir a recursos formales complejos.

Desde una perspectiva disciplinar, la obra resulta relevante por la manera en que transforma restricciones técnicas, económicas y ambientales en criterios de proyecto. La austeridad material, entendida como una consecuencia de decisiones constructivas precisas, constituye uno de los rasgos más significativos de la propuesta. En este sentido, la vivienda ofrece una reflexión sobre las posibilidades de la arquitectura residencial en entornos naturales sensibles, demostrando cómo la optimización de recursos, la claridad tectónica y la adaptación al lugar pueden converger en una solución de elevada coherencia arquitectónica.

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Marcelo Gardinetti
Marcelo Gardinetti

Arquitecto, editor y director de Tecnne desde 2011.
Investigador en teoría y crítica de la arquitectura moderna y contemporánea.
La Plata, Argentina.
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6679-7951

Artículos: 1222

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